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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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La vinculación con la JAE del catedrático de instituto Antonio Jaén Morente entre 1911 y 1913

Antonio Jaén Morente tuvo una dilatada trayectoria vital . Nacido en Córdoba en 1879 falleció en el exilio en San José de Costa Rica en 1964.

Antonio Jaén Morente hacia 1902, con poco más de veinte años.

A principios del próximo mes de abril de este año de 2019 hablaré de él en un congreso sobre el exilio que ha organizado la Diputación de Córdoba en el marco del programa de actividades conmemorativas del 80 aniversario del inicio de la diáspora republicana (ver aquí).

Trabajando en estos días en su trayectoria biográfica como catedrático de instituto, -función que ejerció desde que consiguió la cátedra en 1910 trabajando en Cuenca (por muy breve tiempo), Segovia, Córdoba, Sevilla y nuevamente Córdoba-, como investigador, como político republicano, como diplomático y como exiliado, me he percatado que sus biógrafos, entre los que destaca Manuel Toribio García, no han tomado en consideración un documento que presento a continuación en las dos obras principales dedicadas a su vida y obra como son las siguientes.

Tal documento se conserva en su breve expediente del archivo de la JAE, formado por siete hojas. Está fechado en Madrid el 14 de febrero de 1913 cuando llevaba poco tiempo vinculado al Instituto de Segovia. Muestra su estrecha relación con Rafael Altamira, quien en abril de 1911 le consiguió una ayuda de la JAE para hacer una investigación de corta duración en archivos de Córdoba y Sevilla sobre Los afrancesados en Andalucía, en el marco de las actividades que promovía en la sección de Historia contemporánea del Centro de Estudios Históricos. El 21 de noviembre de 1912 desde Segovia Antonio Jaén solicitó prorrogar su vinculación con el Centro de Estudios Históricos para culminar ese estudio que había iniciado meses atrás, del que no se tiene constancia que lo finalizara.

Pocos meses después se dirigirá nuevamente al presidente de la JAE, que era Santiago Ramón y Cajal, para desplazarse a Italia con vistas a proseguir sus estudios de historia moderna y contemporánea y adentrarse en el conocimiento de la metodología de esa ciencia y el “modo de concebirla y explicarla”. Su intención era adscribirse a la Escuela española de Historia y Arqueología que dependiente del Centro de Estudios Históricos venía funcionando en Roma desde 1910, institución a la que se dedicó un importante libro en su centenario, en el que tuve la fortuna de colaborar.

En una detallada exposición explica Antonio Jaén por qué deseaba trasladarse a Italia, y particularmente a Roma, y muestra su familiaridad con la historiografía italiana del momento en la que destacaban historiadores como Amedeo Crivellucci (1850-1914). Aparte de su interés por conocer de manera práctica cómo concebían y explicaban la historia moderna los universitarios italianos también detalla su afán de localizar manuscritos existentes en Roma sobre la historia de los países ibéricos que había catalogado en el siglo XVIII el jesuita Hervás y Panduro o si esa tarea era imposible formar un epistolario con los fondos que procedían de la antigua biblioteca Borghese.

La pensión no le fue concedida cuando la solicitó. Poco después se inició la Gran Guerra que afectó de manera profunda al funcionamiento de la JAE y de la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma. De ahí que cuando el 14 de mayo de 1918 una comisión vio de nuevo la petición de Antonio Jaén según consta en su expediente de la JAE cayese en saco roto de manera definitiva su petición de recibir una pensión en el extranjero.

Entre tanto logró publicar dos interesantes monografías en su época de catedrático en Segovia como fueron sus libros de 1916 y de 1917 Segovia y Enrique IV y Retratos de mujeres: estudio sintético de la evolución del retrato en la pintura española. Luego sería autor de una Historia de Córdoba que ha tenido siete ediciones desde 1921, de numerosos manuales entre los que destacaría una Historia de América y una Geografía de América que fueron elegidos como manuales obligatorios de esas asignaturas en un concurso organizado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1929 y de interesantes textos sobre historia del arte ecuatoriano en su época de exiliado en la República del Ecuador entre 1939 y 1953 como su folleto publicado en Guayaquil en 1948  De la imaginería quiteña: La mística y otros motivos.

Anteriormente durante la Segunda República fue diputado de las Cortes constituyentes, ejerciendo como líder de la minoría africanista en el Congreso de los Diputados durante 1932, y representante diplomático de la república española en el Perú. De esa experiencia diplomática hizo balance en su interesante libro La lección de América publicado en 1934. Tras ejercer de director del Instituto de Córdoba volvió a ser elegido diputado, obteniendo el mayor número de votos, en la candidatura presentada por el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Tras el estallido de la “guerra incivil” fue designado en 1937, siendo ministro de Estado José Giral, ministro plenipotenciario de España en el Extremo Oriente, Filipinas y Guam, y cónsul general en Manila entre 1937 y 1939.

Presento a continuación la transcripción de su instancia al presidente de la JAE allá por 1913 en la que solicitaba una pensión para desplazarse a Italia, particularmente a la Escuela Española de Arqueología e Historia dependiente del Centro de Estudios Históricos que la JAE había creado en 1919, documento que presenté brevemente líneas arriba.

Excmo. Sr. Presidente de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas.

D. Antonio Jaén Morente, Catedrático dos veces por oposición de Historia y Geografía, en el Instituto de Segoviaa V. E. con todo respeto expone: 

         Que, acudiendo a la convocatoria que para la concesión de pensiones en el extranjero se hace en la Gaceta de 17 de enero pasado y deseando seguir completando sus trabajos de investigación a V. E. manifiesta: Que dentro de su modesta esfera científica y por razones profesionales dos cosas le han preocupado con preferencia: 1ª, los estudios de Historia de España moderna y contemporánea; 2ª, la Metodología de esta ciencia y el modo de concebirla y explicarla.

    A la comprensión de ambos extremos tiende sus esfuerzos científico-didácticos, laborando en la actualidad por un tiempo de dos meses, en el Centro de Estudios históricos dependiente de esa Junta.

         Pide hoy a la Junta de su dirección se sirva concederle una pensión para ir a Roma a ser posible en la Escuela de Arqueología,pues quiere ver en Italia, 1º prácticamente como se enseña la Historia en las Universidades italianas y especialmente en la Capital.

         La Universidad de Génova donde explican Historia moderna Luigi Stafetti y Gabotti, la de Turín donde profesan Pidele Segre y Lemni; Bolonia, donde principalmente llevan la dirección Gasperoni, Sorboni y Urbani; Nápoles, con Scheppa le interesan especialmente para documentar su estudio. 

         Pero fundamentalmente y por eso decía antes que a ser posible desearía ser agregado a la Escuela española de Arqueología de Roma, cree podría ser para él y su asignatura de mayor utilidad la “Storia moderna” explicada en la Capital// de Italia por Crivellucci Amadeo y la “Storia del risurgimento italiano” que profesa Michels donde por su mayor carácter de contemporaneidad se estudia y metodiza la Historia casi actual y presente. 

         La organización y el avance histórico de Italia se ha modificado profundamente a partir del último Congreso de Roma y como el solicitante cree que en la Universidad Central, en la Escuela del Magisterio y en el Instituto histórico de dicha ciudad, se podrá apreciar perfectamente esta orientación y además su manifestación metodológica es por lo que pide la residencia en Roma aunque con autorización para extender con brevedad sus investigaciones a otras Universidades italianas, que aun dentro de la unidad común puedan tener otra modalidad digna de servir de enseñanza.

         Hay otro objeto a la vez principal y complementario de la pension que solicita: Hervás y Panduro ha dejado inédito un “Catálogo de manuscritos de escritores españoles y portugueses que se hallan en las bibliotecas de Roma”: excepción hecha de la Vaticana. Este catálogo que combenientemente (sic) modernizado quizá convendría modernizar (tachado) publicar por ser muy poco o casi nada conocido, puede servirme de base para entresacar de esos manuscritos los que tengan carácter histórico o metodológico de la Historia, estudiando esta rama de pedagogía española que ahora empezamos a rehacer; dando a conocer los que realmente tengan importancia, incorporando unos a la bibliografía y otros a la circulación, si su contenido lo merece.

         No se conoce en la actualidad mas que un ejemplar del referido catálogo pues otro que fue propiedad de D. Vicente Lafuente no lo he podido encontrar a pesar de mis esfuerzos, pareciéndome de manifiesta utilidad para los estudiantes españoles en Roma.

         Si por el tiempo transcurrido desde la formación del catálogo fuera imposible rehacerlo en lugar y biblioteca tan preciada colección de escritos ibéricos cuya pista, clasificación y aun publicación combiene (sic) intentar, o si tal empeño pareciese a la Junta poco llevadero dada la magnitud de la empresa por mi humilde personalidad me vería // muy complacido con haber llamado la atención de los estudiantes en Roma sobre tal catálogo. 

         Debiendo advertir también, no porque lo ignore la Junta, que en el archivo que fue de los príncipes de Borghese (hoy en la Vaticana) y en los papeles llamados “Nunziatura di Espagna” hay una preciada colección de cartas españolas con las que metódicamente puede formarse un epistolario de verdadera importancia histórica y didáctica, quizá mas llevadero y fácil de hacer por el solicitante, a ser imposible el otro trabajo por haber desaparecido la huella para formar de nuevo la metódica colección de Hervás y Panduro. 

         Además pido a la Junta ir a Italia, porque no habiendo aun estudiado fuera de España desearía ampliar mi horizonte científico con extranjeras enseñanzas: Porque no siendo con el auxilio oficial es imposible pueda realizar tal deseo: además no conociendo hoy mas idiomas que el francés y el italiano y pudiendo traducir los otros idiomas y dialectos neolatinos no tengo preparación para ir con aprovechamiento mas que a estos países, mientras gradualmente me preparo para otras excursiones, habiendo elegido Roma por su enorme interés que sería inútil y pedante querer ahora explicar, máxime después de la afirmación generalmente sostenida por didácticos y tratadistas españoles, que como el Sr. Altamira han dicho en el libro “Cuestiones Modernas de Historia”, la significación de Roma para los españoles como centro de estudios históricos.

         Serían imaginativos todos los datos que en cumplimiento de la convocatoria yo pudiera añadir referentes a cuantía y tiempo de la pensión; la Junta con su superior criterio podrá dirigir e ilustrar al solicitante que aspira como resumen de su larga exposición al conocimiento, no ideal y teórico de los libros, sino práctico  y de inmediata observación de cómo los universitarios italianos conciben y explican la Historia moderna, a documentar estas observaciones con lo que referente a su especialidad histórico-metodológica halle en los manuscritos casi del todo inéditos que catalogó Hervás y Panduro o en su defecto como decía antes a la formación de un “Epistolario español de la antigua biblioteca Borghese”:residiendo para esto en Roma como centro y base de sus investigaciones , aprovechando al mismo tiempo en todo momento y ocasión precisamente por amor a lo español el encuentro con otro medio civilizador que aunque de tipo latino tiene su propia y personal modalidad.

         Espera merecer de la Junta la gracia y pensión que solicita, sin añadir en su solicitud hojas de servicios ni de estudios porque la mejor es a su juicio el haber merecido aunque por plazo breve trabajar en una de las secciones que dependen de esa Junta.

         Señor Presidente guarde Dios a V.E. muchos años.

         Madrid 14 de febrero de 1913

                   Antonio Jaén.

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El impulso republicano a los estudios oceanográficos en Málaga en 1935

El Centro Oceanográfico de Málaga fue creado en 1911. A partir de entonces la ciudad andaluza fue una de las bases de operaciones del Instituto Español de Oceanografía que dirigiera el gran biólogo marino Odón de Buen desde la creación de ese organismo en 1914 hasta la guerra “incivil”.

Odon de Buen
Odón de Buen en 1936

El papel desempeñado por Málaga en la historia de la oceanografía española ha sido abordado por diversos autores como José A. Bandera, Juan A. Camiñas Hernández y Juan A. Pérez de Rubín.

En esa historia el año 1935 tuvo una cierta importancia cuando el Laboratorio Oceanográfico existente en esa ciudad andaluza se convirtió en un Centro internacional para el estudio del mar tras una serie de medidas gubernamentales. En primer lugar, gracias a una orden del Ministerio de Industria y Comercio publicada en la Gaceta de Madrid el 7 de febrero de ese año de 1935. Luego, gracias a  un decreto firmado por Antonio Royo Villanova, ministro de Marina en un gobierno lerrouxista, en La Granja el 29 de agosto de 1935 y publicado por la Gaceta dos días después, el 31 de agosto. Este documento ha sido poco tomado en consideración por la historiografía por lo que me parece pertinente darlo a conocer en esta bitácora en el marco de mis investigaciones sobre las actividades científicas impulsadas por la Segunda República.

Para entender el contexto de esa iniciativa gubernamental -en un momento de cierta efervescencia cultural en Málaga donde a principios de septiembre de 1935 se celebró una importante semana pedagógica en la que se adoptaron importantes resoluciones sobre la escuela rural- cabe resaltar la siguiente secuencia de hechos. En abril de ese año se había celebrado tanto en Madrid como en Málaga la primera asamblea plenaria del Consejo Oceanográfico Iberoamericano; el 21 de mayo de 1935 el Consejo de Ministros decretó que el Laboratorio Oceanográfico de Málaga pasase a depender del Ministerio de Marina y en ese año de 1935  la Junta de Obras del Puerto de Málaga finalizó la construcción en el malagueño Paseo de la Farola nº 27 de un edificio de dimensiones y disposición adecuadas, en el que podían tener amplia y cómoda instalación importantes servicios nacionales e internacionales, que las disposiciones que estaban en vigor concedían al Instituto español de Oceanografía. La construcción de ese edificio había sido autorizada en 1932 por Indalecio Prieto cuando era ministro de Obras públicas.

Malaga 1935 Centro Internacional de Estudios Marinos

Teniendo en cuenta esos antecedentes el Ministerio de Marina acordó a finales de agosto de 1935 elevar la categoría del Laboratorio que ese Instituto tenía en Málaga y convertirlo en Centro internacional para el estudio del Mar.

De esa manera, según se señalaba en el preámbulo del decreto, el Gobierno de la República respondía a “demandas persistentes de importantes reuniones internacionales y a ofrecimientos reiterados de servirlas”.

Los objetivos de ese nuevo centro de investigaciones marítimas eran ambiciosos dada su apuesta internacionalista y su orientación global en el estudio de los recursos marinos:

“En este Centro pueden tener cabida servicios de gran interés mundial que reúnan y coordinen datos e investigaciones y experiencias, aprovechando, con la máxima eficacia, los esfuerzos aislados para el estudio y aprovechamiento de los Océanos y sus riquezas.

Muchos problemas preocupan al Mundo entero, a los Centros científicos y a los Gobiernos, relacionados con la observación constante, la investigación metódica y la coordinación de esfuerzos en el estudio del Mar; a tales problemas puede dedicar sus trabajos el Centro de Málaga, prestando servicios de incalculable alcance en lo referente a la previsión del tiempo, a la navegación aérea, a los viajes marítimos, a la navegación submarina, a la posible previsión de los terremotos, a la obtención de productos químicos, a la vida y emigración de los seres que pueblan los mares, a la conservación y fomento de la pesca, a la racionalización de las industrias pesqueras“.

Tras mostrar la pluralidad de objetivos que aspiraba obtener esa renovada instalación científica el decreto gubernamental establecía cómo tenía que ser organizado el nuevo Centro internacional para el estudio del Mar proporcionando “mayores facilidades y más libertad de acción al Instituto Español de Oceanografía, dentro de los fines para que fue creado hace más de veinte años, facultándole para hallar en legítimos ingresos el medio de desarrollar sus servicios con el menor esfuerzo del Estado”.

El decreto se componía de nueve artículos y dos adicionales.

El primer artículo aludía a que el nuevo Centro Internacional para el Estudio del Mar puesto en marcha en Málaga era un desarrollo de lo que se había dispuesto en una Orden del Ministerio de Industria y Comercio de 7 de febrero de 1935, a la que ya se ha aludido anteriormente.

El segundo especificaba que el Instituto Español de Oceanografía podría añadir a los servicios que había determinado el Reglamento de 24 de enero de 1929 los de Geofísica que se relacionen con la Oceanografía, a medida que lo permitiesen los medios disponibles.

El tercero señalaba que los servicios internacionales que el Centro de Málaga tenía que realizar serían los que ya estaban confiados al Instituto Español de Oceanografía o se le confiasen en lo sucesivo, “ya por el Gobierno español, ya por Consejos, Comisiones o Instituciones internacionales, relativas al estudio y explotación del Mar, siempre con la debida autorización del Gobierno de la República”.

El cuarto explicaba los procedimientos a seguir en la labor internacionalista del nuevo Centro en estos términos:

Para establecer servicios internacionales permanentes, el Instituto se pondrá de acuerdo con las entidades interesadas y, si fuera conveniente, propondrá al Gobierno español las gestiones o convenios diplomáticos que procedan. 

Los Laboratorios de investigación podrán cederse temporalmente a entidades científicas extranjeras, y el Director del Instituto Español de Oceanografía queda autorizado para firmar los respectivos convenios, fijando en ellos el canon que en cada caso deberán abonar, siguiendo las costumbres de los Laboratorios extranjeros.

Podrá igualmente el Director del Instituto admitir temporalmente investigadores extranjeros, sean o no pensionados oficiales.

Los artículo quinto y el sexto insistían en las labores educativas que tenía que desarrollar ese centro de investigaciones.

Por un lado ofreciendo cursos y conferencias de divulgación de los problemas marítimos que se llevarían a cabo en invierno y serían orales, con demostraciones y proyecciones fijas y cinematográficas. Se procuraría que asistiesen a ellos becarios de los Centros oficiales docentes y técnicos. El Director del Instituto podría contratar para impartir esos cursos y conferencias a “personalidades prestigiosas nacionales y extranjeras”.

Por otra parte organizando cursos de trabajos experimentales, técnicos y de aplicación práctica que se impartirían entre noviembre y marzo. Podrían asistir a esos cursos, previo el pago de la matrícula que se asignase, según los casos, pensionados y becarios nacionales y extranjeros en el número que el director del centro señalase, según los medios disponibles. El plan general de esos cursos tenía que ser trazado por el Director del Instituto Español de Oceanografía, con los asesoramientos que estimase necesarios.

Para asistir a esos cursos, el Instituto podría conceder cierto número de pensiones, según los medios disponibles, por concurso entre Licenciados en Ciencias, Oficiales de la Armada, Ingenieros y Capitanes de la Marina civil que tuviesen la necesaria preparación.

Para realizar esos cursos, y aun para servicios especiales fijos, el Director del Instituto Español de Oceanografía podría contratar, a especialistas nacionales y extranjeros, “sin el carácter permanente, que sólo tendrán los cargos de plantilla”.

El artículo séptimo regulaba el funcionamiento del Acuario y el Museo de esta manera:

Para el fomento de los servicios públicos del Acuario y el Museo se constituirá en Málaga un Patronato local, que auxiliará al Director del Centro, con el fin de darles el máximo interés  y el mayor rendimiento. A la vez procurará que, tanto Profesores como alumnos de los que concurran a los cursos o realicen trabajos en el Centro, hallen las mayores facilidades y atenciones en la ciudad. 

Este Patronato, que elegirá su Presidente y del que será Secretario el mismo del Centro, fijará de acuerdo con el Director, las horas de entrada y el precio por visita o por abono.

El mismo Patronato, en vista de los ingresos del Acuario  y Museo, determinará cada año la cantidad que debe entregarse a la Junta de Obras del Puerto, en justa compensación por los esfuerzos económicos que ha realizado.

Serán Vocales natos de este Patronato: el Alcalde de Málaga, el Presidente de la Diputación provincial, el Presidente de la Junta de Obras del Puerto y el Ingeniero Jefe, el Jefe de la Armada, cuando exista; el Ingeniero Jefe de Obras públicas de la provincia, los Presidentes de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación; de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Sociedad de Ciencias; el Director del Instituto de Segunda enseñanza y el Jefe de Sanidad del Puerto.

El artículo octavo regulaba su organización interna y explicaba su organigrama de esta manera .

La dirección de todos los servicios del Centro correspondería al jefe del Departamento de Oceanografía del Instituto Español de Oceanografía.

A él le acompañarían los Directores de Laboratorio y Ayudantes que exigiera el desarrollo de los servicios, siendo dos de cada categoría, por lo menos; todos ellos “debidamente especializados”.

El Director más antiguo sería el secretario general del Centro y ejercería igualmente las funciones de Administrador, dentro de las condiciones que señalaba el reglamento del Instituto Español de Oceanografía. Residiría en el Centro.

Para los servicios de Biología era preciso el título de Doctor o Licenciado en Ciencias Naturales, o el de Medicina, siempre que se demostrase la debida competencia en los problemas biológicos por los trabajos realizados y las publicaciones originales, cuyas condiciones juzgaría la Junta del Instituto Español de Oceanografía.

Los servicios de Química, a su vez, serían desempeñados por doctores o licenciados en Ciencias químicas, y los de Geofísica y Cartografía, por doctores o licenciados en Ciencias físicas o exactas, hidrógrafos de la Armada, ingenieros geógrafos o meteorólogos, según la especialidad.

El personal técnico que en lo sucesivo se nombrase para los servicios internacionales debería hablar correctamente uno de los idiomas francés, inglés o alemán, y traducir otro de ellos.

El artículo noveno derogaba todas las disposiciones que se opusiesen a ese decreto.

Por su parte el primer artículo adicional señalaba que para todo aquello que no estuviese concretamente especificado en ese decreto regía el Reglamento del Instituto Español de Oceanografía, aprobado por Decreto de 24 de enero de 1929.

A su vez el segundo artículo adicional señalaba que “si el Instituto obtuviera subvenciones suficientes fuera de las consignaciones del Presupuesto del Estado, con ellas podrá dotar interinamente los servicios que conceptúe urgentes hasta que tenga la debida consignación”.

Meses después, – poco antes del estallido de la guerra “incivil” que desmantelaría esa instalación científica tal y como fue concebida pues los vencedores consideraron al Instituto Español de Oceanografía “una cueva de rojos” tal y como destaca en un interesante post de su bitácora Pere Oliver-, el 7 de marzo de 1936 el mencionado patronato se reunió en el local de la Sociedad Malagueña de Ciencias, bajo la presidencia de Odón de Buen, director del Instituto Español de Oceanografía.

A la reunión, tal y como consta en los libros de actas del Acuario y Museo de Málaga que se custodian la sede de Fuengirola del Centro Oceanográfico de Málaga -como nos recuerda Camiñas (2018) asistieron:

D. José Méndez, Alcalde accidental; D. Manuel Vallecillo, Vicepresidente de la Diputación; D. José Campos, Ingeniero Jefe de Obras Públicas; D. Emilio Baeza Medina (1892-1980), presidente de la Sociedad de Amigos del País (y diputado de Izquierda Republicana elegido en las candidaturas del Frente Popular; exiliado en México regresaría a Málaga en 1953); D. Juan Carrasco Guerrero, Presidente de la Junta de Obras del Puerto; D. Enrique Martínez Jiménez, director del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza; D. Luis Ortega Nieto, Director de Sanidad del Puerto y D. Álvaro de Miranda y Rivera (1896-1940, director del Laboratorio Oceanográfico.

En esa reunión se eligió como presidente del Patronato al alcalde de la ciudad malagueña por aclamación.

Décadas después la dibujante María R. Mora evocaría esa reunión de esta manera al recrear momentos significativos de la relación de Odón de Buen con la ciudad de Málaga en el texto “Ciencia, Oceanografía, Patrimonio” de Juan A.Camiñas Hernández.

Dibujo de María R. Mora extraído del texto de Juan A. Camiñas Hernández, “Ciencia, Oceanografía Patrimonio” de 2018, p. 26.

Para saber más

José Antonio Bandera (1997) Historia de la investigación marina en Andalucía, 1908-1994. El Laboratorio Oceanográfico, Acuario y Museo de Málaga, Málaga, Studia Malacitana, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Málaga.

Antonio Calvo Roy (2015) Ciencia y política entre las dos repúblicas: Odón de Buen, México, El Colegio de México.

Juan A. Camiñas Hernández (2018), Ciencia, Oceanografía y Patrimonio. Inicios del Laboratorio, Acuario y Museo Oceanográfico de Málaga, Málaga, Asociación Cultural Amigos de la Barca de Jábega, Cuadernos del Rebalaje nº 41, marzo de 2018. 44 páginas.

Juan A. Pérez de Rubín (2014), “El Centro Oceanográfico de Málaga (1913-2013)”, en 100 años investigando el mar, Instituto Español de Oceanografía.

Juan A. Pérez de Rubín (2015), “El combate por el liderazgo institucional de las ciencias marinas civiles en España (1904-1942)”, en Emilio Cervantes, edit., Naturalistas en debate, pp. 203-248, CSIC.


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Matemáticos que compartieron mesa y mantel en el Madrid de marzo de 1936

El pasado martes 2 de octubre de 2018, mi colega y amigo Jean-Louis Guereña me mostró uno de sus libros, recién editado por Biblioteca Nueva,  Cultura, ocio, identidades. Espacios y formas de sociabilidad en la España de los siglos XIX y XX.

Guereña Sociabilidad

Al hojearlo me dí cuenta, y así se lo hice saber a Jean-Louis, que faltaba un capítulo dedicado a la sociabilidad de los científicos, quienes la practicaron, y la siguen practicando, en diversos espacios y de diversas formas a lo largo de la época contemporánea.

Al adentrarme en estos meses en el quinquenio republicano 1931-1936, he percibido, por ejemplo, que era habitual homenajear en torno a una mesa y mantel a los jóvenes científicos que accedían a una cátedra universitaria, o que obtenían una distinción. Imitaban así los científicos a otros intelectuales, como quienes decidieron dar la bienvenida en el Madrid de febrero de 1936 a Rafael Alberti y María Teresa de León tras un largo viaje a tierras mexicanas y cubanas, cuestión de la que he dado cuenta recientemente en mi otra bitácora. (ver aquí)

Ya en esta bitácora advertí hace unas semanas cómo la escuela del médico y notable investigador Jiménez Díaz mostró musculatura en el convulso Madrid de la primavera de 1936 al celebrar el triunfo de uno de los suyos -Manuel Díaz Rubio Lurueña- en unas reñidas oposiciones. (ver aquí)

Ahora doy cuenta de cómo otro colectivo científico que se había fortalecido en los años republicanos, como era el de los matemáticos -tal y como constató Julio Rey Pastor en una entrevista que le hiciese José Gallego Díaz en el diario El Sol de la que informé en la anterior entrada de esta bitácora (ver aquí) – compartió ese rito de celebrar un ágape para reforzar su identidad como grupo social y colectivo profesional.

En efecto, con motivo de la obtención de la cátedra de Análisis matemático, que se impartía en el segundo curso de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, por parte de un joven Ricardo San Juan Llosá (1908-1969), -ganó la cátedra con menos de 30 años- un grupo de sus compañeros y amigos decidieron mostrarle su reconocimiento y afecto, y “testimoniarle la admiración por su intensa labor científica”, celebrando un banquete en el Hotel Gran Vía de Madrid, ubicado enfrente del actual edificio de Telefónica, el sábado 7 de marzo de 1936.

Hotel Gran Via

En su desarrollo tomaron la palabra el decano de la Facultad de Ciencias, el astrónomo Pedro Carrasco Garrorena -presente en esta bitácora con motivo de haber sucedido a Echegaray en su cátedra  (ver aquí) , el homenajeado Ricardo San Juan, y el secretario de la Comisión organizadora José Gallego Díaz, y a quien también vamos siguiendo a través de diversas entradas de este cuaderno de investigación.

Este joven matemático, que luego sería padre de la actual directora del diario El País, e hiperactivo en aquellas semanas de gobierno del Frente Popular, leyó las adhesiones al homenaje de los ausentes en el banquete, varios de ellos cualificados representantes de la elite científica republicana, al encontrarse fuera de Madrid, probablemente. Entre ellos estaban Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), Honorato de Castro (1885-México 1962), Pedro González Quijano (1870-1958), Huidobro, Fontenla, Morales y Fraile, Reyas, [Mariano] Mataix, Sixto Ríos (1913-2008), Luis Bru Villaseca (1909-1997) y Carmen Martínez Sancho (1901-1995).

Luego el decano Pedro Carrasco Garrorena, impulsor de la organización del banquete, “hizo una brillante apología del agasajado y expresó su seguridad en que las excelentes dotes de investigador del sr. San Juan encontrarán eco propicio en esa juventud actual, a la que, por fortuna, le interesa más el saber que el aprobar”, según el testimonio de uno de los periodistas asistentes al evento.

El evento finalizó con unas palabras de agradecimiento del doctor San Juan y las felicitaciones al homenajeado de una “numerosa concurrencia, entre la que se contaban las figuras más destacadas de la investigación científica española”, tal y como destacó el gacetillero de El Sol que dio noticia a sus lectores de ese acto social al día siguiente de su celebración.

Entre los asistentes se encontraba el grueso del comité organizador del homenaje formado por un relevante grupo de científicos, según noticia ofrecida por el diario Ahora, que dirigía en los meses previos al estallido de la guerra civil ese gran periodista que fue Manuel Chaves Nogales. La casi veintena de nombres que enumero a continuación representaban en gran medida la vanguardia del conocimiento matemático existente en la España republicana, si bien había otras notorias ausencias en ese comité organizador del homenaje a Ricardo San Juan, como era el caso de Esteban Terradas (1883-1950).

Estos son los personajes que constituyeron el mencionado comité organizador: Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), creador de una escuela de matemáticos en España y Argentina y gran renovador de la enseñanza de las matemáticas parte de cuyo archivo está accesible on line (ver aquí), José Alvarez Ude (1876-1958), catedrático de Geometría Descriptiva de la Universidad Central -así se denominaba a la de Madrid- desde 1916, José Barinaga (1890-1965), catedrático de Análisis Matemático 1º de la Universidad Central desde 1931, Pedro Pineda (1891-1983), catedrático de Geometría Diferencial y de Geometría y Trigonometría de la Universidad Central desde 1933, Tomás Rodríguez Bachiller (1899-1980), catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central, un gran tertuliano y un matemático humanista según Antonio Rodríguez Huéscar (ver aquí) , Sixto Cámara (1878-1964), catedrático de Geometría Analítica de la Universidad Central desde 1935, Pedro González Quijano (1870-1958), profesor de Hidráulica e Hidrología de la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos de Madrid desde 1924, Blas Cabrera (1878-México 1945), catedrático de Electricidad y Magnetismo de la Universidad Central desde 1905, y rector de la Universidad Internacional de Verano de Santander desde 1934, Julio Palacios (1891-1970), catedrático de Termología de la Universidad Central desde 1916, Pedro Carrasco (1883-México 1966), catedrático de Física-Matemática de la Universidad Central desde 1917 o 1918 sustituyendo en ella a José Echegaray, y decano de su Facultad de Ciencias en los años republicanos, Honorato de Castro (1885-México 1962), catedrático de Cosmografía y Física del Globo de la Universidad Central desde 1920, Francisco Navarro Borrás (1905-1974), catedrático de Mecánica Racional de la Universidad Central desde 1930, José Sánchez Pérez (1882-1958), catedrático de Matemáticas en varios institutos desde 1908 -entre ellos el madrileño Instituto-Escuela adscrito a la JAE, del que este año conmemoramos su centenario- y relevante historiador de las matemáticas hechas en España, Pedro Puig Adam (1900-1960), catedrático de Matemáticas en el madrileño Instituto San Isidro desde 1926, el militar Vicente Inglada (1879-1949), geodesta y sismólogo de renombre internacional, un joven Sixto Ríos (1913-2008), profesor auxiliar del catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central Tomás Rodríguez Bachiller, el también joven Luis Santaló (1911-Buenos Aires 2001), recién regresado de Hamburgo donde había hecho estudios de doctorado con el geómetra Wilhelm Blaschke, Antonio I. Flores de Lemus (1876-1941), notable economista y catedrático de Economía Política de la Universidad Central desde 1920 y el también joven José Gallego Díaz (1913-Caracas 1965), quien dirigía desde 1932 la revista Matemática Elemental y era un activo divulgador de las matemáticas en las páginas del diario El Sol, como estoy destacando en este cuaderno de investigación.

Indudablemente uno de los méritos del joven catedrático Ricardo San Juan, -del que años después Sixto Ríos haría una sentida necrológica (ver aquí)-, fue sentar en torno suyo a matemáticos de diferentes ideologías y distintos grupos generacionales, que reaccionarían de muy diferente manera meses después cuando sobrevino el estallido de la guerra civil que produjo la desarticulación de un colectivo de matemáticos que se estaba esforzándose por internacionalizar su producción científica. Unos marcharon al exilio, como Pedro Carrasco, Honorato de Castro, Luis Santaló, otros serían figuras relevantes de las matemáticas producidas en la era de Franco, como Sixto Ríos.

 


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Rey Pastor hace un balance de la situación científica española y argentina en vísperas de la guerra civil

Julio Rey Pastor sello

 

En las primeras semanas de 1936 el matemático riojano Julio Rey Pastor (1888-1962) -uno de los líderes científicos de la generación de 1914-, quien desde 1921 tenía su base de operaciones en Buenos Aires, viajó a Italia para impartir conferencias en las universidades de Génova, donde fue presentado por Gino Loria (1862-1954) y de Padua y en el Instituto Matemático de la Ciudad Universitaria de Roma, que dirigía el profesor Gaetano Scorza (1876-1939).

De regreso a Sudamérica recaló en Madrid, donde tenía fuertes vínculos y numerosos discípulos. Uno de ellos era un joven matemático, al que ya hemos seguido en esta bitácora (ver aquí), que era en los meses previos al estallido de la guerra civil un asiduo colaborador del diario El Sol. Me refiero a José Gallego Díaz, padre de la actual directora del diario El País Soledad Gallego-Díaz, el cual decidió entrevistar a su maestro. Ese diálogo, publicado en las páginas de El Sol del sábado 11 de abril de 1936, pocos días después de la destitución del Jefe del Estado Niceto Alcalá-Zamora por el Parlamento surgido de las elecciones del 16 de febrero de 1936, nos ofrece información de interés sobre lo que opinaba un relevante científico, como era Julio Rey Pastor, de la situación de la ciencia que se hacía en España y la Argentina por aquella época.

Dado el interés documental de esta entrevista me permito transcribirla tal cual.

P. ¿En cuál parcela de las disciplinas científicas cree usted que el espíritu español ha marcado más honda huella en lo que va de siglo?

R. En las ciencias que pueden llamarse “geográficas”; esto es, en el estudio de nuestro solar, de nuestra historia, de nuestra raza. Nuestros naturalistas, primero, nuestros filólogos, después, nos han librado de la vergïenza de que los investigadores extranjeros tuvieran que descubrirnos y administrarnos nuestros bienes. La escuela de Bolívar, con su gran obra de catalogación, preparó el terreno para que los nuevos naturalistas puedan elevarse a otros planos de las ciencias naturales, siguiendo las huellas de Cajal, figura máxima y eternamente ejemplar de nuestra historia científica. La escuela de Menéndez Pidal, figura pareja en la escrupulosidad instrumental  y en el vuelo teorético, es también universalmente conocida y estimada, según tengo oido a grandes filólogos alemanes; la obra concienzuda de [Tomás] Navarro Tomás, la aguda crítica literaria de [Américo] Castro, los estudios medievalistas de Sánchez Albornoz y tantas otras figuras que han levantado la monumental “Revista de Filología”. La escuela de nuestros arabistas, cuya cumbre máxima es hoy la gran figura de Asín, encontró al fin la protección que merece tamaña empresa de descubrimiento de España. Empresa que justamente se inicia en los comienzos del siglo por obra de filósofos, ensayistas y literatos, cuyos nombres están en la mente de todos y que es la obra epónima del primer tercio ya vivido.

P. ¿Y cuál cree usted que debe ser la Empresa científica española en lo sucesivo?

R. Sin abandonar, claro está, los problemas de casa, es cuestión de honor nacional intensificar la incipiente colaboración en las ciencias “universales” para pensar en ellas y contribuir a sus progresos. Se ha comenzado, como es natural, con ejercicios experimentales, por cierto muy escrupulosos y meritorios, que acumulan valioso material para el futuro avance de la Física, Química y demás ciencias no racionalizadas: los progresos en este orden de actividad son enormes, y justo es rendir tributo a Cabrera, (1878-1945), Palacios (1891-1970) y Moles (1883-1953),  sus principales propulsores en Madrid, sin olvidar a Emilio] Jimeno [Gil] [1886-1976], que en Barcelona realiza meritísima labor orientada hacia la técnica.

Es de esperar que las generaciones así adiestradas en la experimentación cuidadosa han de colaborar pronto en la construcción de la Física, esto es, en la formulación de leyes, descubrimiento de fenómenos y aun quizá en las grandes concepciones teóricas que caracterizan el momento actual. Hasta ahora creo que el único descubrimiento experimental ha sido el de los multipletes del espectro realizado por [Miguel] Catalan (1894-1957) en Inglaterra.

P. ¿Y cree usted que llegaremos a los descubrimientos y a las creaciones teóricas?

R. Es ley natural de evolución, y todo es cuestión de tiempo. Cuando fundé el Laboratorio de Matemáticas, a petición de la Junta para Ampliación de Estudios, hubo que comenzar con trabajos de investigación matemática experimental, que exigiesen muchos aparatos; primero, por ser cuestiones que requieren más paciencia que genio, y permiten hasta a los más torpes imprimir mucho papel, justificando ante el Estado los dineros gastados; después, para satisfacer a las autoridades de la institución, impregnadas, como es natural, del espíritu positivista dominante en el siglo XIX, que rendía culto fetichista al vidrio y al metal. Al cabo de los años tales aparatos han sido arrumbados, pues hay ya un núcleo de jóvenes que colaboran en el movimiento universal de la Matemática teórica con aportaciones que todavía no tienen gran trascendencia; pero ya son tomadas en consideración a la par de otros trabajos que se producen en todo el orbe culto.

P. ¿Cuáles son las figuras sobresalientes en esta generación de investigadores?

R. No hay incoveniente en citarlas en el orden cronológico de su aparición en nuestro firmamento, antes tan nublado: [Ricardo] San Juan (1908-1969), que ya lleva publicadas interesantes comunicaciones en revistas internacionales; Flores, cuyos ingeniosos métodos topológicos tienen gran exito entre los especialistas, [Sixto] Ríos, (1913-2008)  que ha completado un importante capítulo de la hiperconvergencia; [Lluis] Santaló (1911-Buenos Aires 2001), cuyas aportaciones a la novísima geometría integral merecen altos elogios de Blaschke; el catalán [Pere] Pi Calleja (1907-1986), de la escuela de Terradas y Torroja, que se ha iniciado con una estimable nota en acreditada revista alemana (1), y de quien esperamos óptimos frutos.

P. ¿Qué valor relativo tiene este progreso respecto del realizado en otras ciencias?

R. Alejado definitivamente de la Universidad española, por resolución ministerial, y convertido en predicador ambulante por el viejo y el nuevo mundo, vida plenamente internacional que me mantiene en contacto con hombres de ciencia de países diversos y especialidades varias, creo gozar de la lejanía necesaria para abarcar amplio horizonte y poder comparar hombres y cosas sin los errores de perspectiva que ocasiona la cercanía.

Quien se coloque así, en plano de imparcialidad, verá lo que en el momento actual representa la producción científica española de mas alta envergadura, a pesar de su modestia; sin dejar de reconocer el valor que tienen los experimentos de comprobación y rectificación de resultados ajenos o su extensión a casos análogos más o menos difíciles, dirección que también convendría fuese seguida por algunos jóvenes matemáticos.

P. Usted que conoce como nadie el mundo científico suramericano, ¿estima la producción actual de allá comparable con la nacional?

R. Nota característica de toda juventud sana es la ambición, y lógico es que la juventud de un país joven lo sea doblemente; los noveles investigadores de los paises suramericanos quieren estrenarse con un disparo de tan largo alcance, que casi siempre yerran el tiro sin dar en blanco alguno. Muchos debutan, no con la resolución de un problema concreto, sino con la creación de una teoría, empresa mucho más lucida y a la par menos comprometida, sobre todo si no sirve para nada concreto. Hay, sin embargo, en Buenos Aires y La Plata algunos jóvenes laboriosos, que conocen y manejan la matemática con fruto estimable, aunque no proporcionado a sus ilusiones. La generación anterior, llamada de la Reforma de 1918 (que consistió en desalojar a los viejos caciques para ocupar sus puestos), se ha dedicado a la política universitaria y a la divulgación de conocimientos; confiamos en que la nueva generación, a pesar del ambiente mefítico para la investigación desinteresada que ha creado el absurdo sistema de elecciones académicas, único en el mundo, y a pesar de las trabas que habilmente le ponen quienes temen ser superados, logre realizar obra más estimable y duradera.

A este interesante diálogo entre dos matemáticos españoles que realizarían el grueso de su obra en tierras americanas añadió la siguiente coda el entrevistador, pocos meses antes de comprometerse activamente con el bando republicano durante la guerra civil. En efecto José Gallego Díaz finalizó su artículo-entrevista a Julio Rey Pastor rindiendo un pequeño homenaje a ese “predicador ambulante” de las matemáticas modernas.

“Nos despedimos del eximio maestro, cuyos ojos se iluminaron de alegría mientras nos hablaba del actual renacimiento de la matemática española. Y nosotros conmemoramos aquí su gesto magnífico, iniciado hace más de veinte años, cuando, al remontarse en vuelo aquilino sobre las llanuras desoladas y yermas, sembró con viva fe, entre las dudas y los recelos de siempre, el germen inmortal de las inquietudes superiores”.

J. GALLEGO DÍAZ

 

(1) Posiblemente se refiera al trabajo titulado “Über die Konvergenzbedingungen der komplexen Form des Fourierschen Integrals”, en Mathematische Zeitschrift, 40 (1935), págs. 349-374.


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El homenaje a un joven catedrático de Medicina en el Madrid de 14 de febrero de 1936

Si en la última entrada de mi bitácora fijé la atención en el homenaje que un grupo de amigos brindaron a María Teresa León y Rafael Alberti el domingo 9 de febrero de 1936 ahora me traslado a unos días después -al viernes 14 de febrero-. En esa ocasión fueron 23 médicos quienes se movilizaron para homenajear a uno de los suyos, a alguien que sería importante posteriormente en la medicina española, como fue el caso del doctor Manuel Díaz Rubio Lurueña (Madrid 1908-1976), creador de la hepatología en España. Como veremos a continuación ese homenaje sirvió para que la escuela de Jiménez Díaz sacase músculo ante los méritos de un joven médico pensionado en el extranjero que obtuvo su cátedra a los 28 años, en otra muestra del rejuvenecimiento que se produjo en las plantillas universitarias durante la Segunda República.

Nuestra fuente de información es la siguiente noticia aparecida en la segunda página del diario republicano La Libertad, uno de cuyos subdirectores era el padre del periodista Eduardo Haro Tecglen, del jueves 13 de febrero de 1936

EN HONOR DE UN CATEDRATICO

“Habiendo sido nombrado, después de reñidas oposiciones, para ocupar la cátedra de Patología médica de la Facultad de Medicina de Cádiz el joven doctor D. Manuel Díaz Rubio, y deseando expresar a éste nuestro entusiasmo por su triunfo y nuestra admiración por su intensa labor científica, con tanta modestia llevada a cabo al lado de sus maestros, un grupo de amigos y compañeros se reunirá para ofrecerle un sencilo homenaje que le sirva de estímulo en su labor docente y profesional.

Doctores Leonardo de la Peña (Ciudad Real 1875-Madrid 1957), Carlos Jiménez Díaz (Madrid 1898-1967), Lorenzo Gironés (Barcelona 1902-Managua 1955), Felipe Morán, Heliodoro G. Mogena, [especialista del aparato digestivo], Victoriano B. Acosta  [Ayudante de Otorrinolaringología de Antonio García Tapia desde 1933[,  Baldomero Sánchez Cuenca (Alcalá la Real-Jaén 1896-Madrid 1967) [discípulo de Jiménez Díaz],  Miguel Sancho, Alfonso de la Peña (Valladolid 1904-Madrid 1971),  Francisco Bielchowsky, [exiliado  de la Alemania nazi e hijo de Max Bielschovsky quien había solicitado a Cajal que le acogiese en Madrid, habiéndose incorporado a la clínia de Carlos Jiménez Díaz a principios de 1933 como ya señalé en mi edición de Los tónicos de la voluntad de Cajal], Luis Recatero, Carlos Albert, José de Paz, Francisco Vega Diaz (Sevilla 1907-Madrid 1995), Juan López Brenes, Darío del Pozo, Angel Suils (Logroño 1906), [gestionaba una clínica siquiátrica en Ciudad Lineal al empezar la guerra civil donde se refugiaría el fundador del Opus Dei José María Escrivá de Balaguer] Manuel Marcos, Carlos Lorca, Luis Cifuentes (Madrid 1907-2005), Manuel Arredondo (Madrid 1879- ?), Antonio G. Tapia (Ayllón, Segovia, 1875-Madrid 1950), Plácido G. Duarte (Carcelén 1897-Madrid 1986).

El banquete se celebrará mañana, 14 de Febrero, a las diez de la noche en el restaurante Capitol. Las tarjetas para el acto se pueden recoger en la portería del Hospital Clínico de San Carlos hou jueves, y mañana viernes, de diez a una y media de la mañana y hasta las seis de la tarde del mismo día en la Conserjería del edificio Capitol”.

Ese edificio Capitol, uno de los símbolos de la Gran Vía madrileña se había inaugurado el 15 de octubre de 1933. Su restaurante tenía unas magníficas vistas sobre la ciudad como subraya M.G. Giménez en su interesante blog sobre Antiguos cafés de Madrid (ver aquí).

Vcisitudes posteriores de ese colectivo de médicos pueden seguirse en trabajos como en la obra autobiográfica de F. Pérez Peña, Los últimos clínicos de San Carlos. Estampas y Vivencias de la Facultad de Medicina de San Carlos.

Añadiré que muchos de esos médicos habían sido alumnos, discípulos o colegas de Cajal, cuya huella seguía viva y omnipresente en el Madrid de 1936. Días antes del banquete mencionado, el jueves de la semana anterior, el 6 de febrero, se había representado en el teatro Victoria de Madrid, con gran éxito de crítica y público “Nuestra Natacha” de Alejandro Casona, estrenada el otoño anterior en Barcelona. Pues bien nada más iniciarse la obra el público podía apreciar cómo presidía la habitación de la Residencia de Estudiantes donde se desarrolla el acto primero un retrato de Cajal que parece inspirar la labor de algunos de los protagonistas de la obra como el médico Somolinos, doble del que sería en México un gran historiador de la medicina Germán Somolinos, o el entomólogo Mario, e incluso me atrevería a decir de la misma protagonista “Natacha”, la primera mujer doctora en Pedagogía surgida de una universidad española, con la misma voluntad pedagógica que Cajal.


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Una reseña de José Gallego Díaz a una obra conjunta de los matemáticos Julio Rey Pastor y Pedro Puig Adam de 1933

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En 1933, un año especialmente significativo en la producción científica, en el empuje educativo y en la labor cultural de la Segunda República española, apareció en las librerías un importante libro didáctico que un joven matemático reseñó así en las páginas del diario El Sol del miércoles 3 de enero de 1934

J. REY PASTOR y P. PUIG ADAM: “Elementos de Geometría racional”. Tomo I: Geometría plana. Madrid, 1933. Un volumen en 8º, de 296 páginas, encuadernado.

No es la primera vez que colaboran ambos insignes profesores en la publicación de obras de carácter didáctico, y como siempre, la originalidad en la exposición se encuentra unida a una claridad admirable en los conceptos. Así, en estos “Elementos de Geometría racional”, destinados a los alumnos de tercer año de bachillerato, pueden comprender los espíritus aferrados a la rutina en la enseñanza – y que, por desgracia, abundan más de lo que fuera de desear- las ventajas que reporta la elección de un texto que rompe con la cómoda tarea de establecer teoremas apoyándose en argumentos de apariencia irreprochables y que no son sino el disfraz de falsas construcciones, hundidas ante el menor examen crítico. Una vez explicada la admisión de un cierto número de postulados, la teoría se edifica sobre el sólido cimiento del rigor, eliminando de la arquitectura del conjunto todo detalle superfluo que distraiga la atención del lector, la cual discurre por seguros cauces con un mínimo esfuerzo y un máximo rendimiento total.

[Anotemos que ] Los autores han cuidado muy especialmente de seleccionar más de 250 ejercicios, que, distribuidos al final de las elecciones, contribuyen a ejercitar al lector en la práctica de los conocimientos adquiridos y a que se entere del abismo que separa el “saber cómo se resuelven los problemas” del “saber resolverlos por sí mismo”.

Merecen señalarse diversos puntos que no estamos acostumbrados a ver en estas obras de carácter elemental. Tales son la introducción del grupo armónico [el tratar el problema de la costa o de Pothenot, en el capítulo de lugares geométricos]; el destacar las significaciones físicas de las simetrías; la nueva y plausible definición que el Sr. Puig aporta a la equivalencia de polígonos [la nueva definición -por todos conceptos plausibles- que el Sr. Puig da de equivalencia de polígonos]; las determinaciones del centro y del eje radical; idea de la construcción del pantógrafo, etc., etc.

La obra de perfecta presentación tipográfica e ilustrada con cerca de trescientas figuras termina con un bello apéndice sobre los métodos para la resolución de los problemas geométricos.

José GALLEGO DÍAZ

 

Ese firmante, José Gallego-Díaz Moreno, era un joven matemático , de apenas veinte años, pues habia nacido en la ciudad jienense de Ubeda, en la Andalucía oriental, en 1913. Su biografía ha sido evocada por José Alvarez-Cornett en una interesantísima entrada de su blog en el que da cuenta de las aportaciones de científicos extranjeros al desarrollo cultural de Venezuela, país en el que fallecería el mencionado José Gallego-Díaz en 1965, tras haber sido padre en 1951 de la flamante directora de El País Soledad Gallego-Díaz, y exiliarse a las Américas en 1956. (ver aquí).

El original de la mencionada reseña se encuentra entre los papeles de Julio Rey Pastor, que el Instituto de Física Experimental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha digitalizado.  El texto manuscrito se adecúa casi en su totalidad con la reseña aparecida en el diario El Sol el 3 de enero de 1934. Las diferencias entre ambos textos están marcadas por los corchetes que he insertado en la transcripción.

bibliografia libro de Rey Pastor y Puig Adames

Comparando los dos textos de la aludida reseña es fácil reconstruir el camino que siguió el texto de un joven José Gallego-Díaz desde que lo elaboró hasta que llegó a las páginas de El Sol, un diario al que se puede considerar un lejano antecedente del actual diario El País, y que daba cobertura a las actividades científicas de Rey Pastor. Este matemático, que en aquellos tiempos republicanos combinaba sus tareas docentes e investigadoras entre Madrid y Buenos Aires, convencería a uno de sus discípulos más brillantes para que le ayudase a divulgar un libro que se adecuaba perfectamente al esfuerzo de renovación educativa que estaba impulsando la Segunda República en las aulas de bachillerato. Así lo estamos intentando mostrar en el proyecto de investigación “Dinámicas de renovación educativa y científica en las aulas de bachillerato en el primer tercio del siglo XX: una perspectiva ibérica”, dos de cuyos resultados serán el libro Aulas abiertas, de próxima publicación por la editorial Dykinson y la Universidad Carlos III y el diccionario on-line JAEeduca. Diccionario de profesores de instituto vinculados a la JAE (1900-1936), en el que precisamente hay una entrada dedicada a Pedro Puig-Adam (ver aquí), el tercer personaje de esta historia que he evocado en esta entrada. Así añadimos un dato más a la noticia biográfica de José Álvarez-Cornett ya mencionada, y resaltamos la interesante  labor pedagógica y científica de un matemático, injustamente olvidado, al haberse exiliado al continente americano, y padre de una destacada periodista, como es Soledad Gallego-Díaz, la primera mujer que dirige el diario El País.

 


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La sociedad Española de Física y Química en 1917: un balance

En la página semanal que el diario El Sol dedicaba a la Ingeniería y Arquitectura apareció en el ejemplar correspondiente al viernes 24 de mayo de 1918 una noticia en la que conviene fijar la atención .

En la sección Libros y Revistas, que acompañaba a un artículo del ingeniero industrial M[anuel] Lucini sobre “La electrificación del Pajares”, se insertaba una reseña de la Memoria anual reglamentaria de la Sociedad Española de Física y Química que nos ofrece información de interés sobre tres cuestiones: las repercusiones que tuvo la Gran Guerra en el sistema científico español de hace un siglo cuando la JAE logró incorporar a sus laboratorios a un grupo de investigadores europeos; la consolidación en el panorama investigador español de dos disciplinas que experimentaron un gran auge antes y después de la Primera Guerra Mundial como fueron la Física y Química; el relevante papel organizativo desempeñado por un químico poco conocido José Rodríguez Mourelo (1857-1932) catedrático de la Escuela de Artes e Industrias, que además de ser secretario de la Sociedad Española de Física y Química desde su momento fundacional en 1903, ayudó de manera inestimable a Santiago Ramón y Cajal en la dirección del Instituto de Material Científico, como secretario de ese organismo del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, dedicado a proveer de recursos pedagógicos e instrumentos adecudados a los centros docentes.

Una buena vía para profundizar en la trayectoria científica de Rodríguez Mourelo sería sacar más provecho de los materiales relacionados con su trayectoria científica que alberga la red de bibliotecas del CSIC donde en su catálogo informático hay más de un centenar de referencias bibliográficas y documentales relacionadas con este científico gallego. Por ellas sabemos, por ejemplo, que Rodríguez Mourelo fue uno de los destinatarios en 1896 de uno de los ejemplares que editara el americanista Marcos Jiménez de la Espada de la Historia del Nuevo Mundo, obra escrita en el siglo XVII por el  jesuita Bernabé Cobo, y que permanecía inédita. Por esos años finiseculares del siglo XIX Rodríguez Mourelo estaba muy presente en la esfera pública como lo muestra el artículo que dedicara en 1895 a Santiago Ramón y Cajal en las páginas de La Ilustración Española y Americana, que reproduje en el anexo documental que acompaña a mi edición de Los tónicos de la voluntad. Consejos y reglas para la investigación científica, el best seller de Cajal, publicada por Gadir por primera vez en 2005, y que se sigue reeditando.

Anales Sociedad Española Fisica y Quimica

La reseña, no firmada, aparecida en el diario El Sol, se titulaba José Rodríguez Mourelo: Memoria anual reglamentaria de la Sociedad Española de Física y Química, y su contenido es del siguiente tenor:

La meritoria labor científica realizada durante el año de 1917 por la Sociedad Española de Física y Química, ha sido reseñada a grandes rasgos en un folleto de reciente publicación, por el catedrático y académico D. José Rodríguez Mourelo, que desempeña desde la fundación de la Sociedad el cargo de secretario general.

La guerra mundial ha influido, como no podía menos de ocurrir, en los trabajos científicos de esta Corporación, privándola del intercambio y relación con sociedades y sabios extranjeros, y aminorando considerablemente el número de extractos de revistas que publican en sus anales y que constituyen un arsenal de datos bibliográficos y científicos de inestimable labor.

A pesar de ello, y gracias al excelente acuerdo de la Junta de Ampliación de Estudios de traer a Madrid algunos profesores extranjeros, uno de ellos, monsieur [Georges] Urbain, profesor de Química en la Sorbona, asistió a las juntas de la Sociedad y dio cuenta en ellas de su notable trabajo acerca de una teoría de los conductores eléctricos perfectos. Y entre las notas de investigación científica publicadas en los Anales, figuran dos, procedentes de la Argentina, que tal vez marquen el comienzo del intercambio científico con la América española.

Los estudios de magnetoquímica, anunciados en el Laboratorio de Investigaciones Físicas; los de espectroquímica, los referentes a complejos minerales ocupan buen número de páginas del último tomo de los Anales. Y comienzan, con los mayores entusiasmos, las correcciones y determinaciones del peso atómico de los cuerpos simples.

La Memoria del Sr. Rodríguez Mourelo, correcta y sucintamente redactada, da clara idea de la brillante labor que en quince años de existencia está realizando la Sociedad Española de Física y Química, sin el apoyo oficial a que es acreedora y sin la colaboración de personas y entidades moralmente obligadas a auxiliarla en los altos y patrióticos fines que persigue.