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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Un encuentro en Londres en febrero de 1936 entre el pensionado de la JAE José María Muguruza y el diplomático republicano Vicente Alvarez-Buylla

Mientras Miguel de Unamuno se encontraba en tierras inglesas para ser investido doctor honoris causa por la Universidad de Oxford, allá por la segunda quincena de febrero de 1936, un grupo de pensionados españoles en el Reino Unido se reunió en un restaurante londinense para homenajear al abogado del Estado y cónsul general de España en Londres: Vicente Alvarez-Buylla Lozana (1890-1969), perteneciente a una saga asturiana de estirpe liberal y republicana y miembro del cuerpo diplomático desde 1920.

Vicente Alvarez-Buylla

Vicente Alvarez-Buylla hacia 1933

Sabemos de ese acto social por una breve mención que hizo Luis Calvo, el corresponsal que tenía el diario El Sol en Londres. En efecto, en el ejemplar de ese periódico del domingo 1 de marzo de 1936, tras comentar ese periodista que a Unamuno no le había agradado mucho Londres porque “tiene un sol lunático”, escribió lo siguiente en la última página:

Un grupo numeroso de pensionados españoles en Londres, estudiantes de Arquitectura, Medicina, Derecho internacional y Economía, ha dado en un restaurante español un banquete al cónsul general, D. Vicente Alvarez Buylla, como testimonio de gratitud por las atenciones que éste continuamente les dispensa. El Sr. Muguruza, haciéndose portavoz de todos los estudiantes, pensionados o no, expresó al Sr. Alvarez Buylla el agradecimiento de todos. Fue un acto sencillo, simpático y juvenil”.

No conocemos qué tipo de atenciones había concedido Vicente Alvarez-Buylla a esos pensionados, pues no llevaba mucho tiempo en su destino londinense. Quizás ese acto social tuviese mucho más que ver con un acto de reafirmación republicana. Hay que tener en cuenta que uno de los hermanos de ese cónsul general, Plácido Alvarez-Buylla Lozana (1885-1938), acababa de ser nombrado ministro de Industria y Comercio en el gabinete que días atrás había conformado Manuel Azaña tras haber ganado las candidaturas del Frente Popular las elecciones del 16 de febrero de 1936 y haberse constituido un gabinete integrado por militantes de Izquierda Republicana y Unión Republicana. Ese flamante ministro, -como otros compañeros de gabinete había tenido relaciones con la JAE (1)-. En su caso tuvo la consideración de pensionado mientras realizó estudios de economía en Alemania, en Munich, en el curso 1913-1914. Luego Plácido Alvarez-Buylla ingresó, como su hermano Vicente, en el cuerpo diplomático realizando funciones importantes en diversos consulados y ejerciendo, en el gabinete que presidió Diego Martinez Barrio en octubre de 1933, el cargo de Director General de Marruecos y Colonias.  Por su parte Vicente Alvarez-Buylla, desde su la dirección administrativa del Ministerio de Estado, ayudó en ese año de 1933 a “republicanizar” la diplomacia española como sostuvo el periodista Fernado de la Villa en las páginas de la revista ilustrada Nuevo Mundo y en el diario vespertino Heraldo de Madrid. (2)

Ahora conviene fijar la atención en otro de los protagonistas de la velada londinense que estoy evocando aquí. Me refiero al tal Muguruza que se erigió en portavoz de sus compañeros en ese homenaje a Vicente Alvarez-Buylla de los pensionados españoles en Inglaterra. Se trataba del arquitecto José María Muguruza y Otaño (Murcia, 1899-Madrid 1984).  Probablemente era el más veterano de los estudiantes presentes en ese homenaje pues residía en Londres desde mediados de 1934. Tenía tras de sí una acreditada trayectoria profesional, aunque no tan importante como la de su hermano mayor Pedro Muguruza (1893-1952) que acababa de finalizar la rehabilitación de la casa de Lope de Vega antes de que la Academia de la Lengua la abriese como museo a finales de 1935 en la madrileña calle de Cervantes.

En los inicios de la Segunda República José María Muguruza había trabajado como arquitecto jefe de la Oficina técnica aneja a la Junta para la sustitución de la segunda enseñanza y arquitecto jefe de la sección de Arquitectura de la Junta técnica de Inspección general de segunda enseñanza en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Ocupando esas responsabilidades se interesó por las construcciones escolares en el Reino Unido. Para estudiarlas solicitó un pensión a la JAE que empezó a disfrutar a partir del 15 de junio de 1934.

En un principio de su estancia inglesa se interesó por el estudio las construcciones e instalaciones de Nursey Schools y Nursey Classes, como consta en su expediente de la JAE, y como ha subrayado Teresa Marín (3).

Luego, tras prorrogar su pensión, orientó su atención en el estudio de los edificios ingleses destinados a escuelas secundarias. Justificó la ampliación de sus intereses ante los responsable de la JAE en que era necesario dar respuesta a los problemas que suscitaba la puesta en marcha de la ley de sustitución de segunda enseñanza, que implicó la  creación de más de cien nuevos centros y la ampliación en su capacidad de los ya existentes.  El incremento del control de la segunda enseñanza por parte del Estado que quitó prerrogativas que tenían las órdenes religiosas en ese nivel educativo exigía en opinión de José María Muguruza “estudiar de manera minuciosa y pausada unas líneas generales técnicas para poder marcar un criterio oficial de acoplamiento de necesidades y servicios en el desarrollo de nuevas construcciones”. Los evaluadores de la JAE, como Leopoldo Torres Balbás, apoyaron su petición y en junio de 1935 se le prorrogó la pensión hasta finales de ese año.

Ahora bien, próxima la conclusión de esa prórroga, presentó otra razonada solicitud para que la JAE apoyase su afán de proseguir sus estudios entre enero y julio de 1936 en una nueva institución docente creada en Londres, la School of Planning and Research for National Development, – parte de cuyos archivos entre 1946 y 1957 están accesibles aquí– Esa flamante institución académica iniciaba su trayectoria dirigida por un consejo directivo formado por economistas,  industriales, expertos en ferrocarriles y arquitectos. A su frente se encontraban precisamente dos prestigiosos arquitectos: sir Raymond Unwin (1863-1940) y el doctor Thomas Adams (1871-1940), expertos en planificación urbanística. El primero había publicado en 1909 Town Planning in Practice: An Introduction of the Art of Designing Cities and Suburbs en la que desarrolló su propuesta de hacer “ciudades jardines”. El segundo fue un notable diseñador de desarrollos residenciales de baja densidad.

Explicó José María Muguruza, tay como consta en su expediente de pensionado de la JAE (4), que en esa nueva institución londinense en la que quería matricularse se pretendía estudiar los problemas teóricos de urbanización, considerándolos como la consecuencia final de toda una serie de influencias políticas, sociales o económicas “que determinan el movimiento y desarrollo de grandes y pequeñas o nuevas agrupaciones de habitantes”. En ella se estudiarían asuntos como los sistemas de transportes en las ciudades, el tráfico interurbano por tierra, mar y airte, la financiación de los planes de urbanización, la preparación de “planning surveys”, el desarrollo de las zonas rurales, el impacto en la ciudades de la agricultura y las industrias del hierro y el acero.

Todos esos problemas se iban a abordar de manera práctica, -explicaba a los responsables de la JAE en su intento de conseguir su apoyo-, “sobre casos o problemas determinados y vitales, no con el fin de aplicar o ensayar teorías establecidas, sino más bien con el criterio de recoger otras enseñanzas”.  Y a propósito de la forma de trabajo de esa nueva escuela de planificación urbanística señalaba que contaba con la cooperación de las diversas autoridades gubernamentales que facilitarían no sólo el acceso a los lugares en los que el problema estaba planteado, sino también la información precisa que fuese menester. Y añadía que el trabajo llevado a cabo en esa escuela se efectuaba colaborativamente entre los técnicos encargados de encauzarlos, los economistas e industriales que actuaban como conferenciantes, y los estudiantes. Todos ellos realizaban conjuntamente la labor investigadora. Ese cúmulo de cicunstancias -sostenía en su escrito- incrementaba el interés de la labor que iba a llevar a cabo esa escuela, cuyo curso se inauguraría el 7 de enero de 1936 y terminaría a finales de julio de ese año.

José María Muguruza fue persuasivo y consiguió fondos para seguir ese curso, según se deduce de una carta que escribió desde Londres el 22 de junio de 1936 al laborioso funcionario de la JAE Gonzalo Jiménez de la Espada.

Como ya he señalado los Alvarez-Buylla formaron una relevante saga republicana. Varios de sus integrantes se exiliaron. Así le sucedió a Vicente Alvarez-Buylla que en en Londres mantuvo su fidelidad y colaboración con el gobierno de la República en el exilio, como consta en la documentación de José Giral depositada en el Archivo Histórico Nacional (ver aquí).  Otros fueron asesinados tras el inicio de la guerra “incivil” como le sucedió a Arturo Alvarez-Buylla Godino (1895-1937), secretario general del Alto Comisario de Marruecos, fusilado en Ceuta. A finales de 2013 tuve la oportunidad de conocer en tierras mexicanas, en Colima, a quien llegaría a ser yerna suya, Elena Roces, viuda en aquel entonces de Ramón Alvarez-Buylla y Aldana (1919-1999), quien tras formarse como fisiólogo en la URSS, pudo desplazarse a México en 1947 donde desarrolló una notable labor investigadora. Esa pareja, a su vez, tuvo como descendientes a otros dos notables científícos: el neurobiólogo Arturo Alvarez-Buylla Roces (1958-), premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2011 y la bióloga María Elena Alvarez-Buylla (1959-), actual directora general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de la República mexicana.

En cambio José María Muguruza, tras defender el patrimonio artístico de Aragón y Cataluña durante la guerra civil, continuaría su labor profesional durante el franquismo (ver aquí), a cuyo régimen prestó notables servicios su hermano mayor, el afamado arquitecto Pedro Muguruza (1893-1952) en la última etapa de su vida, en la década de 1940.

(1) Ese gabinete presidido por Manuel Azaña y constituido tras la victoria electoral del 16 de febrero de 1936 estuvo en funcionamiento entre el 19 de febrero y el 7 de abril de 1936. Estuvo consituido por los siguientes ministros, cuya relación con la JAE es la que expongo a continuación:

Presidente del Consejo de Ministros: Manuel Azaña Díaz. (pensionado de la JAE en Francia 1911-1912. Expediente JAE/13-264)

Ministro de Estado: Augusto Barcia Trelles (pensionado de la JAE en Alemania 1911-1912. Expediente JAE/15-89)

Ministro de Justicia: Antonio Lara Zárate

Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión Social: Enrique Ramos y Ramos

Ministro de la Guerra: Carlos Masquelet Lacaci y José Miaja Menant

Ministro de Marina: José Giral Pereira (solicitante de pensión de la JAE en 1908. Expediente JAE/68-540)

Ministro de Hacienda: Gabriel Franco López (pensionado de la JAE en Alemania en 1920-1921. Durante un año entre 1919 y 1920 tuvo la consideración de pensionado también en Alemania y por otros seis meses en 1924 en Alemania y Bélgica. Expediente JAE/57-380)

Ministro de Gobernación: Amós Salvador Carreras. (Solicitante de pensión de la JAE en 1919. El 11 de diciembre de 1922 la JAE le nombró miembro del comité director de la Residencia de Estudiantes. Expediente JAE/131-102)

Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes: Marcelino Domingo Sanjuán. (Solicitante de pensión de la JAE en 1913. Expediente JAE/44.161)

Ministro de Obras Públicas: Santiago Casares Quiroga

Ministro de Industria y Comercio: Plácido Alvarez-Buylla y Lozana. (Tuvo la consideración de pensionado de la JAE mientras estudió en Alemania en 1913. Expediente JAE/25-573)

Ministro de Agricultura: Mariano Ruiz-Funes García

Ministro de Comunicaciones y Marina Mercante: Manuel Blasco Garzón

(2) “Hoy que las Embajadas ya no son pequeñas cortes..La República ha modificado radicalmente el régimen de ingreso en la carrera diplomática. Una charla de Fernando de la Milla con el director de Administración del Ministerio de Estado”, Nuevo Mundo, 18 agosto 1933, p. 33;  Fernando de la Milla,  “Una obra y un hombre. Don Vicente Alvarez Buylla, director de Administración del Ministerio de Estado, explica por qué y cómo se ha operado tan profunda reorganización en los servicios de la diplomacia española”, Heraldo de Madrid 18 julio 1933 p. 16

(3) Teresa Marín, Innovadores de la educación en España: becarios de la Junta para Ampliación de Estudios, Universidad de Castilla-La Mancha, 1991, pp. 242-243.

(4) Archivo de la JAE. Residencia de Estudiantes. Expediente JAE/104-849.


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Prensa técnica y desarrollo científico en los inicios de la Segunda República: el caso de la Revista de Pedagogía

El diario republicano Luz, en su corta existencia, hizo un seguimiento detenido del movimiento cultural del período enero 1932-septiembre 1934. En el ejemplar de los sábados solía ofrecer en sus inicios un balance de la producción bibliográfica en su página titulada “La Semana de los Libros”.

Así en el número correspondiente al 9 de enero de 1932 esa página tenía las siguientes secciones:

– Reseña de libros con la firma de J. Díaz Fernández (Aldea del Obispo 1898-Toulouse 1941)

– Revista de revistas

– Actualidad literaria en el extranjero con la firma de Máximo José Kahn (Francfort del Meno 1898-Buenos Aires 1953)

– Consultas bibliográficas, una de las cuales he desarrollado en mi entrada del blog Jaeinnova titulada “Fisica amable para los niños republicanos

– Vilanos literarios

Estaban acompañadas de publicidad de la editorial Zeus y de la librería F. Hernando que tenía su sede en la madrileña calle Pi Margall, 18.

Precisamente uno de los dos asuntos que abordó el redactor anónimo que elaboró  la sección Revista de revistas fue un elogio de la Revista de Pedagogía con motivo del décimo aniversario de su fundación. Dado su interés para quienes estamos interesados en el proceso de renovación educativa y científica que tuvo lugar en la sociedad española del primer tercio del siglo XX lo transcribo a continuación:

Revista de Pedagogia I 3

La Revista de Pedagogía.- En diversas ocasiones nos hemos referido a los progresos que viene realizando la prensa técnica de España, como una consecuencia de nuestro mayor desarrollo científico. Cada día, en efecto, son más y mejores las publicaciones periódicas, que abarcan ya casi todos los aspectos de la vida intelectual. Entre ellas ocupa un lugar muy distinguido la “Revista de Pedagogía”, que acaba de cumplir ahora el décimo año de su existencia. Fundada y dirigida por nuestro querido amigo y colaborador Lorenzo Luzuriaga, por ella han desfilado los hombres más representativos de la Pedagogía, la Psicología y la Filosofía contemporáneas. Basta recordar al efecto los nombres de Adler, Claparede, Decroly, Dewey, Jaensch, Kerschensteiner, Lipmann, Messer, Piaget, Spranger, Stern, etc. Por otra parte, entre los colaboradores y redactores españoles se encuentran también personalidades tan significadas en nuestra cultura como Ortega y Gasset, Zulueta, Américo Castro, Morente, Lafora, Xirau, Martí Alpera, Santullano, Dantín Cereceda. etc.

La “Revista de Pedagogía” ha contribuido con esta colaboración tan distinguida a intensificar en España los estudios pedagógicos y a renovar nuestra enseñanza nacional, desarrollando en ella las ideas esenciales de la educación contemporánea: escuela activa, escuela unificada, métodos individualizados, etc. Esta labor innovadora ha sido completada con una serie de publicaciones del mayor interés para los estudiosos de estas cuestiones”.

Esta publicación técnica ha merecido diversos estudios en las últimas décadas. Bien por parte de los estudiosos de la trayectoria intelectual del pedagogo de origen castellano manchego Lorenzo Luzuriaga, quien fundó la Revista de Pedagogía tras haber tenido una pensión de la JAE en Alemania en 1913. Bien por quienes, como Eloisa Mérida-Nicolich y sobre todo Antonio Viñao, han estudiado específicamente esa empresa cultural que resultó fundamental en la diseminación de nuevos métodos pedagógicos en el sistema educativo español en la década de 1920 y en los años republicanos.

En ellos se han desarrollado aspectos enunciados en el diario Luz como los siguientes:

– la amplitud de colaboradores de la revista. En los catorce años de su existencia firmaron en sus páginas 349 autores, de los que 39 fueron mujeres. Escribieron 868 artículos y 554 reseñas de libros. Un indice de toda la producción de la revista fue realizado por Eloisa Mérida-Nicolich. Antonio Viñao ha destacado cómo de los 167 pensionados por la JAE en el ámbito de la pedagogía, 66 fueron redactores y colaboradores de la Revista de Pedagogía.

– la contribución de la revista a establecer conexiones de la Pedagogía con la Sicología como han estudiado Ignacio Alfaro y Helio Carpintero y con la Filosofía, según ha apuntado A. Casado Marcos de León.

– el papel desempeñado por la Revista de Pedagogía que en septiembre de 1933 tenía una tirada de cuatro mil ejemplares en la innovación educativa como órgano oficial en España a partir de 1927 de la Liga Internacional de Educación Nueva, de la que Lorenzo Luzuriaga era miembro del comité ejecutivo.

– la importante labor editorial auspiciada por la revista que se tradujo en el lanzamiento de varias colecciones a lo largo de sus catorce años de existencia. El listado completo de publicaciones ha sido reconstruido por Antonio Viñao, remito por tantoa su artículo, mencionado en la nota bibliográfica adjunta,  que está accesible en la red.

Luzuriaga libro La nueva educacion

 

Margarita Comas Como se enseña la arimtetica y la geometria

Del suelto del diario Luz que he reproducido conviene retener cuatro aspectos: tres visibles en el texto, y uno invisible.

El primero se refiere a la larga colaboración que tenía Lorenzo Luzuriaga con las empresas periodísticas de Nicolás de Urgoiti y José Ortega y Gasset. Recuérdese, como hice constar en varias entradas de esta bitácora, (ver aquí), que Luzuriaga se hizo cargo desde los inicios de El Sol allá a finales de 1917, y por varios meses, de la página semanal que dedicaba ese diario a las custiones de Pedagía e Instrucción Pública.

El segundo alude a la conciencia existente en los círculos ilustrados republicanos de estar viviendo en una fase de consolidación de la cultura científica del país una de cuyas manifestaciones fue el incremento de la calidad de su prensa técnica, estudiada solo esporádicamente en casos concretos como el de la Revista de Pedagogía.

El tecero está relacionado con el hecho de que las elites científico-técnicas que protagonizaron esa fase dorada del desarrollo científico español estaban plenamente incorporadas en las redes internacionales del conocimiento científico como lo manifiesta la amplia gama de colaboradores no españoles de la Revista de Pedagogía, entre los que el redactor de Luz enumera a casi una docena de los máximos especialistas en Pedagogía, Filosofía y Sicología del escenario internacional en aquella coyuntura de 1932.

El cuarto aspecto, no destacado en el suelto de Luz, es el decisivo papel en la fundación e impulso de la Revista de Pedagogía de la compañera de Lorenzo Luzuriaga: María Luisa Navarro Margati (Sete [Francia] 1890-Buenos Aires 1947). Ambos se había conocido en las aulas de la Escuela Superior del Magisterio en la que fueron integrantes de la primera promoción -la que estudió entre 1909 y 1912- junto a María de Maeztu. Desde entonces María Luisa fue una estrecha colaboradora de su marido, tanto en el suplemento pedagógico de El Sol, (ver aquí), como en la Revista de Pedagogía, donde era reseñadora habitual de libros, aportando además 98 colaboraciones por 112 de su marido. Participó asimismo en las publicaciones asociadas a la Revista. En 1932 tradujo los textos de un volumen sobre “La escuela laica” o publicó un libro sobre “Rousseau” en la colección -creada en 1930- dedicada a la pedagogía clásica. Asimismo María Luisa compartió con su marido responsabilidades políticas y culturales durante el primer quinquenio republicano. Mientras Lorenzo Luzuriaga ejerció desde mayo de 1931 como secretario de la influyente Junta de Relaciones Culturales dependiente del Ministerio de Estado María Luisa Navarro se adscribió al Patronato de Misiones Pedagógicas, dirigiendo algunas de ellas como la de Navalcán, que estudié en otra entrada de esta bitácora (ver aquí). Posteriormente ambos vivirían juntos las desdichas del exilio, primero en el Reino Unido, luego en Argentina.

Luzuriaga

Lorenzo Luzuriaga

 

Maria Luisa Navarro Margati

María Luisa Navarro Margati

 

 

Para saber más:

Ignacio Alfaro y Helio Carpintero, “La psicología en la educación. Un análisis a través de la “Revista de Pedagogía” (1922-1936)”, Revista de Historia de la Psicología, 4-3, 1983, pp. 197-233

Angel Luis Aritmendi Villanueva, “Lorenzo Luzuriaga y la “Revista de Pedagogía” (1922-1936): crónica de un proyecto educativo truncado”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, nº 73, 2009, pp. 87-102.

Herminio Barreiro Rodríguez, Lorenzo Luzuriaga y la renovación educativa en España (1889-1936), Ediciós do Castro, A Coruña, 1989

A. Casado Marcos de León, “Filosofía y educación en España: Luzuriaga y la Revista de Pedagogía”, Bajo Palabra, nº 6, 2011.

Eloísa Mérida-Nicolich, Una alternativa pedagógica: la Revista de Pedagogía (1922-1936), Pamplona, Eunsa, 1983

Eloísa Mérida-Nicolich, Indice de la Revista de Pedagogía (1922-1936). Indice de contenido, Pamplona, Eunsa, 1983.

María Isidora Ollero García y Antonio Rodríguez Martínez, “La filosofía educativa de la Escuela Nueva y la política educativa de la II República a través de la Revista de Pedagogía (1932-1936), en AA.VV. Lorenzo Luzuriaga y la política educativa de su tiempo, Ciudad Real, Diputación. Area de Cultura, 1986, pp. 223-239.

Antonio Viñao, “La modernización pedagógica española a través de la “Revista de Pedagogía” (1922-1936, en Anales de Pedagogía, nº 12-13, 1994-1995, pp. 7-45.

 

 


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Física amable para los niños republicanos

En tiempos republicanos, durante el lustro transcurrido entre 1931 y 1936, los lectores interactuaban con los redactores de periódicos y revistas intentando saciar su curiosidad intelectual o pidiendo información sobre diversas cuestiones culturales. En diversos medios de comunicación se disponía de una sección para que los lectores efectuasen preguntas de carácter científico-técnico.

En esta ocasión doy cuenta de una pregunta fomulada por un lector del diario Luz, en su ejemplar de 9 de enero de 1932, en la que mostraba interés por saber si había en español algún libro que explicase “los experimentos de Física en forma amena y aplicable para niños”.

La respuesta del redactor de Luz fue la siguiente:

“Hay varios. El último que conocemos es “Ciencia recreativa“, por el doctor José Estalella, segunda edición, Barcelona, Gustavo Gili, 16 pesetas. Está dividido en varias secciones (cuestiones de Aritmética, de Geometría, etc.), una de ellas Física. Vea también “Tratado popular de Física”, por Kleiber y Karsten, traducido por Estalella, 10 pesetas, y “Recreaciones científicas”, de Tissandier, 12 pesetas”.

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Estalella traductor

Tissandier cubierta

Tissander portada
Era una escueta contestación la de ese redactor pero nos ofrece pistas sobre diversas cuestiones.

En primer lugar sobre la preeminencia que tuvo el catedrático de instituto, de origen catalán, Josep Estalella, en hacer accesibles los conocimientos físicos a los estudiantes españoles del primer tercio del siglo XX mediante el impulso de la ciencia recreativa y el manualismo. Así lo apuntó Leonor González de la Lastra en la nota biográfica que le dedicó en el diccionario on line jaeeduca (ver aquí), reproducida también el el libro Aulas abiertas. Profesores viajeros y renovación de la enseñanza secundaria en los países ibéricos (1900-1936) y como ha desarrollado Victor Guijarro en varias partes de su librosArtefactos y acción educativa. La cultura del objeto científico en la enseñanza secundaria en España (1845-1930). En él enumera por ejemplo en la p. 175 nota 33 cómo plasmó su visión específica sobre la instrumentación científica y didáctica en una serie de artículos que publicó entre 1924 y 1926 en publicaciones como los Anales de la Sociedad Española de Física y Química y la Revista de Segunda Eseñanza y cómo sus plantemientos didácticos fueron muy influyentes en la práctica pedagógica de los dos principales catedráticos de Física y Química del Instituto-Escuela de la JAE Miguel Catalán y Andrés León Maroto.

En segundo lugar acerca de la larga pervivencia en el mercado editorial de uno de los clásicos de la popularización científica al uso del siglo XIX, edad de oro de los divulgadores científicos franceses entre los que ocupó un lugar destacado Gaston Tissandier, fundador de la revista La Nature en 1873. La primera edición en francés del libro recomendado por el redactor de Luz Les Récréations scientifiques, ou l’Enseignement par les jeux, la physique sans appareils, la chimie sans laboratoire, la maison d’un amateur de science databa de 1881, siendo traducido al castellano inmediatamente en 1882 (ver aquí).

En tercer lugar sobre la relevante labor llevada a cabo por la editorial barcelonesa Gustavo Gili por dar a conocer materiales relevantes sobre la enseñanza de las ciencias, como he dado a conocer recientemente en una entrada de mi otra bitácora (ver aquí). Tal función mediadora entre la cultura científica europea y española, en la que desempeñó un notable papel ante de la guerra civil el ingeniero comunista balear Estanislao Ruiz Ponseti, la seguiría desarrollando esa editorial en la era franquista.  Así lo ha mostrado Fernando García Naharro en su libro Editando ciencia y técnica durante el franquismo. Una historia cultural de la editorial Gustavo Gili (1939-1966).

En cuarto lugar acerca de la importancia adquirida en la renovación de la enseñanza no sólo de la física y la química, sino también de otras disciplinas los profesores de instituto que tuvieron una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese fue el hilo conductor del libro colectivo que coedité en 2018  Aulas abiertas. Profesores viajeros y renovación de la enseñanza secundaria en los países ibéricos (1900-1936), accesible aquí. En su cuarta parte ofrecimos las biografías de 55 de esos profesores. Entre ellos se encuentran los mencionados Josep Estalella, Miguel Catalán y Andrés León Maroto, biografiados por Leonor González de la Lastra, en las pp.  395-402, 411-414.


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Economistas, matemáticos y juristas de la mano en noviembre de 1935.

Durante su gestión al frente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, entre el 16 de diciembre de 1931 y el 12 de junio de 1933, el socialista Fernando de los Ríos puso particular empeño en fomentar los estudios e investigaciones relacionados con las ciencias sociales planteando que las facultades de Derecho se abriesen a nuevas disciplinas científicas como la economía y la sociología.

Como una derivación de esas preocupaciones cabe considerar la organización por parte de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de unos cursos especiales de Estudios Económicos, Políticos y Administrativos. Su primera edición tuvo lugar en noviembre de 1932 como destacara José María Puyol Montero en su libro Enseñar derecho en la república. La facultad de Madrid (1931-1939).

Ahora fijaré la atención en el último de esos cursos, el que tuvo lugar a lo largo de noviembre de 1935, inaugurado por el efímero ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Luis Bardají (1880-1942), del partido republicano radical, al que acompañaba el decano de la Facultad Adolfo G. Posada. Por esa época Fernando de los Ríos, como presidente del Ateneo, estaba concentrado en la organización de una serie de actos académicos para conmemorar el centenario de esa institución tan importante en la historia de la democracia española. Y Madrid era un hervidero científico y cultural no obstante el dificil contexto político derivado de la persistencia de las secuelas de la revolución de octubre de 1934 protagonizada por una fracción del PSOE e independentistas catalanes.

Expongo a continuación  el programa de esos cursos, tanto en lo concerniente a los estudios económicos como a las correspondientes a los estudios políticos y administrativos.  Un repaso a los profesores que los impartieron permite constatar el peso relevante adquirido en el sistema académico republicano por antiguos y recientes pensionados de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.

Así los cursos de Estudios Económicos, previstos inicialmente -pues algunos de ellos al decir de José María Puyol no llegaron a celebrarse, fueron los siguientes:

Luis Olariaga Pujana

Luis Olariaga Pujana

“Política monetaria” por Luis Olariaga (1885-1976), a impartir el viernes 8 de noviembre de 4 a 5. Olariaga, tras haber sido pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) para hacer estudios de Economía Política en Berlín, obtuvo en 1917 la cátedra de Política Social y Legislación Comparada del Trabajo. Cuando a finales de ese año se fundó El Sol se hizo cargo de la Hoja semanal dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas que publicaba ese diario todos los miércoles, como ya apunté en otra entrada de esta bitácora que publiqué el 28 de febrero de 2018 (ver aquí). Durante la dictadura de Primo de Rivera colaboró con ese régimen. Poco tiempo después de impartir el curso que estoy presentando y  tras iniciarse la guerra civil Olariaga huyó del Madrid republicano y pasó a la zona rebelde donde ejerció de director del Comité Central de la Banca Española. Tiempo después fue designado catedrático de Economía Política de la Facultad de Derecho.

Enrique Rodriguez Mata

Enrique Rodríguez Mata

“Dinero y Bancos” por Enrique Rodríguez Mata  (1890-1975), el viernes 8 de noviembre de 5 a 6. Rodríguez Mata también había sido pensionado por la JAE para formarse en Alemania entre 1912 y 1914. Catedrático de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Salamanca en 1923 pasó en 1930 a la de Zaragoza por permuta de la cátedra con Gabriel Franco, del que sería subsecretario cuando este ocupó el ministerio de Hacienda entre febrero y mayo de 1936. Militante de Acción Republicana e Izquierda Republicana, los partidos liderados por Manuel Azaña,  Rodríguez Mata previamente a su participación en ese curso del otoño de 1935 fue gobernador del Banco de Crédito Local de España en mayo de 1932. Posteriormente sería consejero de Campsa, de marzo a junio de 1936, y del Banco de España en junio de 1936. Exiliado en Francia durante un tiempo regresaría a España reincorporándose a su cátedra en 1960 tras ser depurado.

Jose Castañeda Chornet

Jose Castañeda Chornet

“Economía de la empresa privada” por sr. Castañeda, el sábado 9 de noviembre de 4 a 5. Este sr. Castañeda era José Castañeda Chornet (1900-1987) quien tras haber finalizado sus estudios de ingeniería industrial en 1925 fue pensionado para estudiar en Francia la aplicación del factor humano en la industria. A su regreso ingresó en el Cuerpo de Ingenieros Industriales al servicio de Hacienda siendo trasladado en 1931 al Tribunal Económico-Administrativo Central. Cuando participó en el ciclo que estoy evocando cursaba sus estudios de doctorado en Derecho que finalizó en 1936 y era profesor ayudante de Economía Política en la cátedra de Antonio Flores de Lemus y de Economía de la Empresa, asignatura que en ese curso de 1935-1936 se impartía por primera vez en la Universidad española. Depurao tras la  guerrra civil al haber sido comandante del ejército republicano fue posteriormente rehabilitado obteniendo en 1945 la cátedra de Teoría Económica de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. Durante la era de Franco llevaría a cabo una importante labor docente hasta su jubilación en 1970 considerándose que en las décadas de 1950 y 1960 fue el principal introductor y difusor en España del análisis microeconómico moderno. En 1950 se doctoró en Ciencias Económicas y en 1960 en Ingeniería Industrial. Según consta en el archivo de la JAE el 5 de febrero de 1935 solicitó una pensión a la JAE para completar su formación como economista en la Universidad de Viena durante un año, donde pensaba asistir a los cursos, entre otros, de Ludwig von Mises.

“Haciendas locales” por Manuel Díaz Pedregal, el sábado 9 de noviembre de 7 a 8. Este conferenciante probablemente era hijo de José Manuel Díaz Pedregal Sánchez-Calvo y nieto de Manuel Díaz Pedregal Cañedo, muy vinculados a la Institución Libre de Enseñanza.

“Política ferroviaria” por Federico Reparaz, el lunes 11  de 6 a 7. Federico Reparaz Linazasoro (1899-1979), hijo del periodista y dramaturgo Federico Reparaz Chamorro, era un ingeniero industrial, profesor de Economía en la Escuela de Ingenieros Industriales desde 1931 y vinculado a la poderosa compañía ferroviaria del Norte,de la que era al iniciarse la guerra civil secretario del Consejo de Administración.  Durante los años republicanos fue autor de una decena de artículos sobre obras públicas y transportes terrestres en la Revista de Obras Públicas. En 1942 fundaría la empresa SEMAT

“Matemáticas aplicadas a la economía” por José Barinaga, el martes 12 de 4 a 5. Como ya apunté en una entrada anterior el catedrático de la Facultad de Ciencias José Barinaga (1890-1965) fue uno de los matemáticos más activos en el Madrid republicano. Remito pues  a la información ofrecida en ella. Ver aqui.

“Política comercial” por Jesús Prados Arrarte (1909-1983), el martes 12 de 5 a 6. Este joven economista tuvo una carrera académica meteórica en los años republicanos. Si el 2 de octubre de 1931 fue nombrado Ayudante de clases prácticas de Economía política el 4 de abril de 1936 una orden le nombró, tras haber ganado la correspondiente oposición, catedrático numerario de Economía política y Hacienda pública de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. Entre 1932 y 1934 vivió durante largos meses en Alemania y en Inglaterra, pensionado por la Universidad Central y por la JAE. En Berlín siguió cursos, entre otros, con Sombart, y en Londres estudió en la prestigiosa The London School of Economics and Political Science, según consta en su amplio expediente que se conserva en el archivo de la JAE. En él hay una amplia correspondencia con Gonzalo Jiménez de la Espada, el funcionario de la secretaría de esa institución que hizo el seguimiento de su beca. Iniciada la guerra civil se incorporó al ejército republicano. En 1937 formaba parte del Estado mayor de la 45 división. Su dominio de diversas lenguas le permitió después ganarse la vida en diversos momentos de los quince años de su exilio latinoamericano, transcurrido en Argentina y Chile donde fue funcionario de la CEPAL, organismo de Naciones Unidas, tal y como evocara en una entrevista que le hiciera la periodista Rosa María Pereda en el diario El País el 28 de noviembre de 1981 (ver aquí). Esa conversación se llevó a cabo días después  de haber sido nombrado académico de la Lengua. A mediados de la década de 1950 se acogió a una amnistía del régimen franquista y regresó a España donde se reincorporó a su sistema académico pero volvió a exiliarse durante dos años al haber participado en la reunión que la oposición antifranquista organizó en Munich en 1962.

Gabriel Franco y Lopez

Gabriel Franco y López

“Política económica, agraria e industrial” por Gabriel Franco (1897-1972), el martes 12 de 6 a 7. Este conferenciante había mantenido una relación con la JAE entre 1919 y 1924. A finales de 1919 obtuvo la consideración de pensionado para ampliar durante un año estudios de Economía Política y Hacienda en Alemania. Luego, del 11 de noviembre de 1920 al 10 de agosto de 1921 disfrutó de una pensión de la JAE para continuar los mencionados estudios, presentando a su regreso a Madrid una memoria sobre “Ciencia y política económica”. En 1924 la JAE le volvió a otorgar la consideración de pensionado para estudiar durante seis meses en Alemania y Bélgica asuntos relacionados con la reforma agraria. A partir de septiembre de 1928 fue catedrático de Economía Política y Elementos de Hacienda Pública, primero de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza y desde febrero de 1930 de la de Salamanca. Entre 1931 y 1933 fue diputado de Acción Republicana, el partido liderado por Manuel Azaña, por la circunscripción de León. En ese bienio también fue gobernador del Banco Exterior de España, consejero del Estado en el Consejo del Banco de España, delegado de España en la Conferencia del Desarme, celebrada en Ginebra el 2 de febrero de 1932, miembro de la delegación española que participó en la Conferencia Económica de Londres celebrada en 1933. Posteriormente, en las elecciones de febrero de 1936, volvería al Congreso de Diputados, también representando a León, dentro de las filas de Izquierda Republicana. Días después fue nombrado ministro de Hacienda por Manuel Azaña, ocupando ese cargo entre el 19 de febrero y el 13 de mayo de 1936. Su exilio lo vivió entre Francia, México  y Puerto Rico. Regresó a España en 1967 sin conseguir ser repuesto en el cuerpo de catedráticos de universidad.

“Conceptos fundamentales de la economía” por Julio Tejero (1908-1992), el miércoles 13 de 5 a 6. Este conferenciante era desde febrero de 1930 profesor ayudante de la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Meses despues de la conferencia que impartió el 13 de noviembre de 1935 obtuvo la cátedra de Economía Política y Hacienda Pública de la Universidad de Murcia, de la que tomó posesión el 12 de mayo de 1936, permutándola semanas despues, tras un acuerdo con Gabriel Franco, por la de Salamanca, de la que tomó posesión el 1 de julio de 1936. En su proceso de depuración tuvo dificultades pero conservó su cátedra salmantina hasta 1954 en que pidió la excedencia voluntaria. Fue uno de los cinco catedráticos que no firmó en un claustro, compuesto por 36 integrantes, celebrado el 9 de junio de 1948 la concesión del doctorado honoris causa a Francisco Franco. (ver aquí)jefe de estudios de bancos. A partir de 1954 se vinculó primero al Banco Urquijo y luego al Banco Hispano-Americano  de los que fue responsable de sus secciones de investigación económica. Su vinculación con la JAE se limitó a que en el año de 1931 fue becado para asistir al curso de verano de la Escuela de Estudios Internacionales de Ginebra.

Ramon Carande

“Historia económica” por Ramón Carande (1887-1986) el jueves 14 de 4 a 5. Este economista e historiador tenía una larga relación con la JAE. Entre 1911 y 1912, poco después de haber finalizado su licenciatura de Derecho, estuvo un año en Alemania con una pensión de la JAE, asistiendo a cursos de Economía y Filosofía en las universidades de Munich y Berlín. Años después, en 1922, y ya siendo catedrático de Economía Política y Hacienda Pública de la Universidad de Sevilla decidió pasar una nueva temporada en Alemania, con la consideración de pensionado de la JAE pagándose él los gastos de ese desplazamiento y estancia que duró un año. Se dedicó entonces a formarse como historiador siguiendo los cursos que daban en Friburgo Von Below y Finke. A su regreso fue uno de los impulsores del Anuario de Historia del Derecho Español, la revista del Centro de Estudios Históricos que fundó en 1924 Claudio Sánchez Albornoz. En ella publicó en ese año de 1925 su influyente artículo “Sevilla, fortaleza y mercado”. Al año siguiente la JAE le abonaría 882 pesetas por la traducción de las 294 páginas del segundo volumen de la obra Historia de las instituciones sociales y políticas de España y Portugal durante los siglos V al XIV de Ernesto Mayer, publicada por el Centro de Estudios Históricos.

Valentin Andres Alvarez

Valentin Andres Alvarez

“Economía matemática y estadística” por Valentín Andrés Alvarez (1891-1982), el viernes 15 de 6 a 7. Considerado el “genio polifacético y oculto de la generación de 1927” (ver aquí) este singular personaje obtuvo en 1912 una doble licenciatura en Farmacia y Ciencias físico-matemáticas. En el diccionario biográfico de la Academia de la Historia se dice que en 1919 fue pensionado de la JAE en Francia, pero en el archivo de esa institución no se conserva su expediente. Al regreso de París donde hizo estudios de Astronomía decidió convertirse en economista para lo que tuvo que obtener su tercera licenciatura en Derecho. Tras publicar diversas obras literarias como las novelas Sentimental Dancing (1924) y Telarañas en el cielo (1925) con contenidos autobiográficos inició en 1927 su carrera docente de economista como ayudante de Flores de Lemus en la Universidad Central. Políticamente estuvo cerca del liberalismo democrático de Melquíades Alvarez. Tras doctorarse en 1941 con su tesis Valoraciones del comercio exterior de España obtuvo al año siguiente la cátedra de Economía Política de la Universidad de Oviedo y en 1945 la cátedra de Teoría Económica de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad de Madrid.

“Conceptos fundamentales de la economía”, señor Bloch, sábado 23 de 5 a 6. No he podido averiguar quién fue este conferenciate.

 


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Actividades del matemático José Barinaga en el otoño de 1935

El pasado 18 de marzo estaba prevista la intervención de Luis Español en el seminario mensual que tiene establecido el departamento de historia de la ciencia del Instituto de Historia del CSIC como se aprecia en el siguiente cartel anuncio de ese evento.

CARTEL_Seminario_HC_mar_2020

 

Lamentablemente debido a la declaración de estado de alarma el pasado sábado 14 de marzo para afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19 en España hubo de suspenderse la intervención de Luis Español en el mencionado seminario.

Probablemente este historiador de las matemáticas, gran conocedor de la obra de Julio Rey Pastor, presente en esta bitácora en varias ocasiones, en su intervención hablaría también de otro notable matemático, muy activo en los años republicanos. Me refiero a José Barinaga (1890-1965), cuya vida y obra fue presentada en líneas generales por Elena Ausejo en 2007 en la Gaceta de la Real Sociedad Matemática (ver aquí).

Barinaga no fue pensionado de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) pero estuvo vinculado a esa institución pues en la sesión de 8 de mayo de 1934 su comisión ejecutiva acordó que asumiese la dirección del Laboratorio Matemático dada la ausencia de Madrid de Julio Rey Pastor. Antes y después de ejercer la responsabilidad de dirigir uno de los centros de investigación del conglomerado de laboratorios que sostenía la JAE Barinaga desplegó una notable actividad científica en el Madrid republicano, donde se instaló después de ganar en 1931 la cátedra de Análisis Matemático 1º de la Universidad Central que estaba vacante por la jubilación de Luis Octavio de Toledo.

A continuación, y con vistas a ofrecer información para completar su biografía ofrezco cuatro datos de la incesante actividad de Barinaga entre 1931 y 1936, ciñéndome a un momento determinado del período republicano como fue el otoño de 1935, situándome más en concreto en noviembre de ese año al que estoy intentando aproximarme desde una perspectiva microhistórica. Para ello estoy elaborando una crónica científica del día a día del curso 1935-1936 como muestro en otra bitácora  (ver aquí).

La primera información concierne a su participación en las sesiones mensuales que tenía la Sociedad Matemática Española. Sobre la celebrada en el mes de noviembre el diario El Sol, en su número de 5 de noviembre informó a sus lectores en estos términos

“Ayer celebró su acostumbrada sesión científica mensual la Sociedad Matemática Española

El catedrático de la Universidad Central doctor Barinaga, después de hacer una breve exposición histórica de los resultados clásicos obtenidos en la teoría de los números trascendentes, dio cuenta de las recientísimas investigaciones debidas a los matemáticos rusos Kuzmin y Galfond (sic) [Gelfond], que resuelven por completo el famoso problema enunciado por Hilbrat (sic) Hilbert a principios de siglo.

El sr. [Antonio] Flores de Lemus [y Giménez]expuso una aplicación de su original método del “autoenlace” al demostrar rigurosamente el lema de Dehn que estaba sin probar desde que hace años Kneserdescubrió la invalidez de la demostración dada por el mismo Dehn. Este método le permite generalizar el lema respecto de la dimensión de la esfera y del espacio que la contiene.

El joven profesor de la Universidad de Salamanca doctor [Ricardo] San Juan comunicó las ideas directrices para resolver un problema de funciones cuasi analíticas que Carleman había planteado en 1926, como cuestión fundamental. La profundidad de los recursos utilizados en esta solución está de acuerdo con la dificultad del problema.”

Como ya expuse en otra entrada de esta bitácora (ver aquí) estos matemáticos españoles compartirían mesa y mantel el sábado 7 de marzo de 1936 cuando un conjunto representativo de los matemáticos españoles se reunieron para homenajear precisamente a Ricardo San Juan Llosá (1908-1969) con motivo de haber obtenido la cátedra de Análisis matemático que se impartía en el segundo curso de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central.

La segunda información concierne a la noticia proporcionada por el mismo diario mencionado líneas arriba y en la misma jornada concerniente al sumario del número 7 del tomo VI de la revista Matemática elemental. Ese número, correspondiente  a septiembre de 1935, fue presentado de la siguiente manera:

“Matemática elemental.- Tomo VI, número 7. Septiembre 1935. Madrid-Buenos Aires, 1935.

De la popular revista de matemáticas editada por los Círculos Matemáticos de Estudiantes, y publicada bajo los auspicios de la Sociedad Matemática Argentina y de la Sociedad Matemática Española, se ha puesto a la venta el número 7, correspondiente a septiembre, que contiene interesantes artículos: de J. Barinaga, sobre “Notas breves y comentarios”, de A. Moessner, sobre “Algunas identidades numéricas”. Asimismo ejercicios resueltos y propuestas varias entre sus interesantes secciones.”

Se manifestaba así la excelente cooperación científica existente en aquel momento entre matemáticos españoles y argentinos, dado el doble magisterio en Madrid y Buenos Aires de Julio Rey Pastor.

matematica elemental

La tercera noticia se refiere a cómo José Barinaga fue uno de los participantes de los cursos especiales de Estudios económicos, políticos y administrativos -sobre los que volveré en otra entrada de este blog- organizados por la Facultad de Derecho de la Universidad Central e inaugurados el jueves 7 de noviembre en el pabellón Valdecilla de la ciudad de Madrid. En efecto el protagonista de esta entrada dio en el marco de esos cursos una conferencia el martes 12 de ese mes de 1935 sobre Matemáticas aplicadas a la Economía, de cuatro a cinco.

La cuarta y última referencia corresponde a que este matemático fue uno de los participantes en el ciclo de conferencias organizado por el Ateneo de Madrid, que dirigía Fernando de los Ríos, para conmemorar su centenario entre el 23 de noviembre y el 5 de diciembre de 1935. Barinaga optó por hacer una disertación sobre Alberto Lista como matemático, trabajo que publicaría poco después, ya entrado el año 1936, en el volumen quinto de los Anales de la Universidad de Madrid.

Esa implicación de Barinaga en la labor científica y académica promovida por la República española se prolongaría durante la guerra civil editando en 1937 la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas su Miscelánea matemática.

Miscelanea matematica 1937

Ese compromiso republicano de Barinaga supondría que tras la guerra civil fuese depurado y separado de su cátedra hasta que fue rehabilitado en 1946.

Addenda:

Quien desee acercarse más en profundidad a la obra de José Barinaga puede encontrar obras y documentos suyos en la Red de Biblotecas del CSIC, en esta URL

https://csic-primo.hosted.exlibrisgroup.com/primo-explore/search?query=creator,exact,%20Barinaga%20Mata,%20Jos%C3%A9,AND&tab=default_tab&search_scope=default_scope&vid=34CSIC_VU1&lang=es_ES&mode=advanced&offset=0

Debo esta información a la vicedirectora de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC Carmen Mª Pérez-Montes, a quien agradezco sus noticias.

Asimismo con motivo del día internacional de los Archivos, celebrado el 9 de junio de 2020 Ricardo Martínez de Madariaga ha elaborado un interesante video sobre José Barinaga, accesible en

 

 


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“Hoy que la Segunda Enseñanza está más abierta que nunca a los jóvenes de España”: una circular de Antonio Jaén Morente

Hace unos días en mi reciente viaje a Quito, durante la mañana del viernes 16 de agosto, tuve la oportunidad de conversar, largo y tendido,  a pesar de su delicado estado de salud, con D. Manuel García-Jaén, quien conserva amorosamente recuerdos de su abuelo, D. Antonio Jaén Morente, catedrático de instituto, diputado republicano y representante de la Segunda República española en el Perú en el bienio azañista, y en Filipinas durante la guerra civil, y al que ya se dedicó una entrada en esta bitácora. (ver aquí)

 

En homenaje a este nieto del exilio presento en esta nueva entrada una circular que firmó su abuelo el 29 de agosto de 1935, cuando era director rector del Instituto y Colegio de la Asunción de Córdoba, en un período en el que estaba volcado en sus tareas docentes, antes de volver al Congreso de los Diputados en las elecciones de febrero de 1936 como diputado del Frente Popular. Elaboró esa circular en unos días de intensa actividad científico-educativa y cultural en la sociedad española de aquel entonces como se puede comprobar en la crónica científica que estoy presentando en otro sitio web sobre el día a día del curso 1935-1936 (ver aquí).

La circular aludida es un documento que publicaron dos periódicos republicanos – Heraldo de Madrid de 6 de septiembre de 1935 y El Liberal del domingo 8 de septiembre- al considerarla interesante por su significación pedagógica al defenderse en ella el modelo de “escuela única”, según el cual era conveniente intensificar la colaboración de las escuelas de enseñanza primaria y de los institutos de enseñanza secundaria y entre los maestros y catedráticos de instituto. Al respecto Antonio Jaén pedía en ese documento a los maestros que elaborasen una ficha pedagógica que permitiese asegurar la continuidad entre esos dos grados del sistema educativo que querían fortalecer los pedagogos republicanos.

De Antonio Jaén Morente hablaré el próximo miércoles 11 de septiembre en el marco del congreso internacional Educación, Cultura y Sociedad, – cuyo programa está accesible aquí- organizado por diversas entidades para conmemorar el centenario de la creación de la Universidad Popular de Segovia, de cuyo instituto fue catedrático de Geografía e Historia entre 1912 y 1919, aproximadamente.

Ahora transcribo el contenido de la circular que el mencionado catedrático elaboró cuando ya tenía una larga experiencia docente, investigadora y política.

“No con carácter obligatorio, hoy no lo es, lo será, sino como orientación básica que facilite al profesorado un camino cierto para elegir y educar mejor al alumno de Segunda enseñanza, esta dirección rectorado dice a los familiares y maestros de sus futuros alumnos:

Que sería conveniente y muy necesario que todos los alumnos que vayan a iniciar sus estudios presenten antes del examen de ingreso de septiembre, y antes de comenzar el curso los ya examinados en junio, una ficha pedagógica suscrita por su profesor de Primera enseñanza y por él avalada.

Esta ficha tiene por finalidad afirmar un postulado “que en las pruebas de admisión debe tenderse fundamentalmente a evaluar la aptitud tanto como la comprobación de conocimientos”.

Hoy que la Segunda enseñanza, por sugestión de las ideas pedagógicas y por el impulso de la Constitución, está más abierta que nunca a los jóvenes de España; hoy que por el número de matrículas gratuitas, becas, auxilios para estudios, etc., se ofrece con relativa facilidad a los niños capaces de aprovecharlas, está más obligado que antes el profesorado a una mayor cuidado en la selección.

No basta la escasez ni aun la pobreza para ser estudiante: una inteligencia, una aptitud y una voluntad de trabajo son sus condiciones primarias.

Queremos conocer bien a nuestros escolares. Que estudie la Segunda enseñanza con todo auxilio por nosotros y por el Estado el niño capacitado. Que no se pierdan más las energías vitales del pueblo, sin posible acceso a la enseñanza, para que desaparezca la eterna historia del “diamante bruto” y el lamento tan repetido de “si yo hubiera estudiado…”

Pero el auxilio del Estado y de las Corporaciones debe estar cuidadosamente organizado.

Niño no dotado por la naturaleza, incapaz por su voluntad o por insuficiente dote intelectiva, que actúa no de “estudiante”, sino de “alumno”, es un niño que engaña y a quien se engaña, y no es para él el espíritu de nuestra Constitución y de las complementarias  disposiciones ni las que vendrán en este camino justo, que cada vez han de ser más amplias y acogedoras.

Los que hemos estudiado en tiempos de dureza social, sin el menor auxilio del Estado ni una mano amiga, ni un aliento fervoroso de los organismos provinciales ni municipales; antes al contrario, mirados como seres un poco extraños que perturbaban por su escasez pecuniaria y aun su pobre indumento, sabemos y alabamos el gran paso dado por el estudiante pobre y nos enorgullece el haber votado y laborado en los artículos de la Constitución, aunque todavía nos parezcan insuficientes, para el pobre inteligente y de voluntad con capacidad de ser y querer todo.

Para los otros sin estas condiciones, lo noble y lo justo y hasta lo humano es orientarlo por otro camino.

Para el estudiante acomodado, pero sin condiciones que le negó la Naturaleza, sin voluntad, debe también cerrarse el camino de los estudios.

La ficha pedagógicaque se quiere implantar, pidiéndola a la Primera enseñanza, es para continuarla nosotros en nuestro grado propio. Para corregirla, completarla o afirmarla; para que sea cierto el lazo de continuidad entre la escuela y el Instituto.

Todos los grados de enseñanza son eso, grados; pero dentro de una armonía y fuerte unidad.

La “escuela única”, en el sentido de continuidad que comprenda desde la escuela a la Universidad, se impone. Ningún grado es superior a otro. Cuando el maestro sabe verlo vale tanto como el mejor universitario.

En la escuela y en la vida, al régimen absoluto ha sucedido un régimen que podíamos llamar constitucional. Nadie es más que nadie.

Por sentirlo así, y por no laborar solos, se pide esta auténtica colaboración a los maestros de Primera enseñanza.

Córdoba, 29 de agosto de 1935.- El director rector del Instituto y Colegio de la Asunción, Antonio Jaén.

– – – – –

La ficha pedagógica deberá contener, aparte de otras indicaciones que el maestro considere útil, lo siguiente:

Primero. Nombre

Segundo. Fecha y lugar del nacimiento

Tercero. Parentesco. Medio familiar del alumno (dónde ha residido, ambiente, etc.)

Cuarto. Historia médica. Tan completa que indique el valor del elemento humano (desarrollo, talla, fuerza, etc.)

Quinto. Aplicación de los “textos” de inteligencia

Sexto. Características individuales. (Hábitos, carácter, etc.)

Séptimo. Conocimientos y medios de expresión. (Cómo lee, redacta, etc.)

Octavo. Sentido artístico

Noveno. Habilidad y trabajo manual

Décimo. Observaciones.

Córdoba, 29 de agosto de 1935.

 

 

 

 


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Una salutación de Ignacio Bolívar en el inicio del VI Congreso Internacional de Entomología

A finales del verano de 1935 la situación de la República española era paradójica. Como consecuencia de los graves acontecimientos que se habían sucedido en octubre de 1934 -sublevación obrera en varios puntos del país, particularmente intensa en Asturias que se saldó con una violenta represión, y conato independentista en Cataluña- estaban suspendidas las garantías constitucionales, el país se encontraba en estado de alarma y no existía libertad de opinión. Pero la efervescencia científica y cultural era notoria, de lo que hay abundantes testimonios en la prensa de aquellos días.

Así en la mañana del viernes 6 de septiembre de ese año se inauguró en la Residencia de Estudiantes de Madrid, con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el VI Congreso Internacional de Entomología, al que estamos dedicando varias entradas en esta bitácora. 

Los diarios vespertinos de esa jornada, Heraldo de Madrid La Voz, dieron cobertura al acontecimiento que congregaría en la capital española por varios días a los más destacados entomólogos del mundo.

 

Congreso Alvarez Sierra Cajal

Congreso Residencia estudiantes

Pero fue el periódico matutino El Sol el que ofreció ese viernes su primera página para dar cabida al presidente del comité organizador, Ignacio Bolívar. Este naturalista “benemérito” -tal y como lo calificara días después Miguel de Unamuno en un artículo que publicara en el diario Ahora como señalé en la entrada anterior de esta bitácora– se encontraba entonces en la cúspide de su influencia política y social como director del Museo Nacional de Ciencias Naturales y presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Y “con su fresca y a la vez antigua vejez”, al decir de Unamuno, en el culmen de su carrera científica que había iniciado más de medio siglo atrás, desde que se constituyó la Sociedad Española de Historia Natural en 1871. 

Portada El Sol

En su artículo “España, paraíso de los naturalistas” explicaba a los variopintos lectores de ese periódico, pertenecientes en su mayor parte a los sectores cultos del país, por qué Madrid había sido elegida sede de esa importante reunión científica. Mostraba además la importancia de las investigaciones de los entomólogos más punteros del mundo para esclarecer problemas vitales relevantes como la herencia, la determinación del sexo y la reproducción asexual, y su convicción de la importancia de los artrópodos, de los que se estimaba más de un millón de especies para esclarecer relevantes problemas biológicos. Informó finalmente que el hecho de que España fuese considerada como un “paraíso” para los naturalistas explicaba el éxito de la convocatoria del comité organizador de ese congreso, en el que desempeñó un papel relevante su hijo Cándido Bolívar Pieltain. 

Dado su interés me permito reproducirlo tal cual.

 

Ignacio Bolivar hacia 1935

 

España, paraíso de los naturalistas por el profesor Ignacio Bolívar

La vasta extensión que ha tomado el estudio de la Entomología ha obligado a segregar casi por completo de los Congresos zoológicos los asuntos relacionados con aquella ciencia y a celebrar reuniones exclusivamente dedicadas a ella, siendo ésta la razón de los Congresos entomológicos; de los que ha comenzado a efectuarse en Madrid, es el sexto de la serie de los que vienen celebrándose cada tres años desde que se verificó en Bruselas la primera de estas reuniones, a la que sucedieron las de Oxford, Ithaca, Budapest y París. En esta última reunión, celebrada en 1932, coincidiendo con el primer centenario de la Sociedad Entomológica de Francia, se tomó por aclamación el acuerdo de que el VI Congreso se verificara en Madrid, desechando proposiciones muy ventajosas de otros países ante el deseo de conocer los progresos del nuestro en esta ciencia, acreditados ya por numerosos escritos y publicaciones, bien conocidos y reputados en el Extranjero, que han valido a los entomólogos españoles puesto y consideraciones honoríficas en las anteriores reuniones.

El conocimiento del insecto como entidad zoológica, de por sí interesante y fecundo para las ciencias naturales, ha centuplicado su importancia por haber suministrado a la Biología general y a la Biología aplicada datos importantísimos que han contribuido por modo extraordinario a su progreso y desarrollo. Cada vez son mayores las aportaciones del estudio de los insectos a aquellas ciencias, pues los biólogos más eminentes han hallado en estos pequeños seres un material precioso e insustituible para sus ensayos y experimentos sobre las cuestiones más abstrusas de los problemas vitales, como la herencia, la determinación del sexo, la reproducción asexual, etc. etc. ¿Dónde encontrar un agente como la diminuta mosca llamada “Drosophila”, que a la extrema facilidad con que puede cultivarse reúne la asombrosa fecundidad de producir hasta 25 generaciones al año, lo que en veinte años da un equivalente de 125 siglos de la vida humana, o como la “Phytodecta”, que viene estudiándose en los laboratorios de nuestro Museo, que ofrece un número de variedades cuya combinación y transmisión da tanta luz sobre ciertas modalidades de la herencia mendeliana relacionadas con los cromosomas sexuales? ¿Dónde hallar un conjunto tan considerable de formas y una tan diversa gradación que sean más apropiados para el estudio de las relaciones del medio con el ser vivo y en el que su influencia en la evolución de las especies sea más patente y más instructiva?

Los trabajos de la escuela de Morgan sobre el primero de los insectos citados, como tantos otros de diversos autores, sobre insectos y crustáceos muy diversos, aparte de su interés teórico, han contribuido enormemente a que veamos hoy completamente dilucidados problemas zootécnicos que parecían oscurísimos. Gracias a las experiencias de H.J. Muller, de R. Goldschmidt y de otros eminentes sabios, se han manifestado caminos francos para las investigaciones sobre el transformismo experimental y se ha demostrado la influencia considerable que ciertas radiaciones pueden ejercer en las mutaciones germinales; Pictet ha señalado que variando las condiciones de cría de ciertas especies de lepidópteros como la “lasiocampa” de la encina, se producen variaciones somáticas análogas a las hereditarias en especies de repartición geográfica conocida; hechos, como se puede comprender, de extraordinaria importancia para el conocimiento de la evolución de las especies; en suma, se ha demostrado que no existe ningún material más a propósito para el estudio de los trascendentales problemas de la Biología como el que ofrece la Entomología en su más amplia concepción, abarcando el estudio total de los artrópodos, en los que están incluidos los crustáceos y también los arácnidos, que de sus precursores, los merostomas, seres de formas extrañas y como de ensueño, han heredado lo que tienen de poco atrayente y aun repulsivo.

En verdad, como dice Marchal, no les ha faltado tiempo a los artrópodos para realizar tan asombrosa producción de formas y diversificación de especies, pues que existiendo desde los tiempos geológicos más antiguos los factores evolutivos, han podido alcanzar todo su desarrollo y ejercer su acción sobre los seres vivos que pudieron creerse formados de una materia plástica, de tal modo obedecen a las influencias externas sin embargo de estar, por lo común, protegidos por cubiertas quitinosas bastante resistentes; tal es su acomodación a la vida libre, ya se efectúe en un medio seco o, por el contrario, en el agua dulce o salada, o en el interior de sustancias inorgánicas o de las orgánicas más diversas. Así vemos que el número de especies hoy conocidas se aproxima a un millón, aun descontando las que han sido descritas como nuevas varias veces, pues las hay con más títulos en su nomenclatura que los que pueden ostentar la más linajuda casa de la más rancia nobleza.

Hoy supera, como se ve, el número de especies conocidas a todas las de los restantes grupos zoológicos. Calcúlese si entre tantas formas diversas no se han de mostrar ejemplos y material de estudio para las investigaciones biológicas; esto explica la extraordinaria importancia que se reconoce hoy a la Entomología.

El Congreso de Madrid ha logrado despertar la atención de gran número de naturalistas de todos los países; los Gobiernos de muchas naciones, así como las Academias, Universidades, sociedades científicas, etc., han enviado Delegaciones, algunas extraordinariamente notables por el número y mérito de sus componentes, según puede verse en los programas publicados por el Comité del Congreso. España siempre fue considerada como el paraíso de los naturalistas, y en esta ocasión justifica esta idea el interés con que han acudido entomólogos de los más remotos países. Esperemos el resultado de los trabajos y deliberaciones del Congreso de Madrid, no dudando de que ha de corresponder a aquel renombre tan justificado y a la asistencia de tan ilustres naturalistas, venidos a nuestro país para dar cuenta de sus últimas y más importantes deliberaciones.


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Ciencia y literatura: el caso de Unamuno en septiembre de 1935

En las dos entradas anteriores mostré cómo uno de los hitos científicos sucedidos en la España republicana a finales del verano de 1935 fue la celebración en Madrid del VI Congreso Internacional de Entomología. En mi seguimiento de las actividades que se desplegaron en esa asamblea científica me he encontrado con un singular texto de Miguel de Unamuno, publicado en el diario Ahora. Ese congreso tuvo pues múltiples efectos en la sociedad española de aquel entonces. Ratificó en diversos ámbitos nacionales e internacionales la calidad científica de la escuela de Ignacio Bolívar. Mostró a expertos y profanos la capacidad organizativa del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Y activó la memoria infantil de ese gran creador literario, maestro del ensayismo en lengua española, que fue Miguel de Unamuno, siempre alerta a todos los fenómenos científicos que le rodeaban. Buena muestra de ello es el siguiente texto que rescato del desván para revelar las profundas interrelaciones que hubo entre ciencia y literatura en los años de la segunda república, como tendré ocasión de exponer más pormenorizadamente dentro de unos meses en un dossier de la revista Studi Ispanici, dirigida por Loreto Busquets.

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Retrato de Miguel de Unamuno realizado en 1935 por José Aguiar García

El siguiente texto, titulado “Comentario. De Mitología Entomológica”, fue publicado por Unamuno en una de sus colaboraciones periódicas para el diario centrista Ahora, del que era subdirector ese gran periodista que fue Manuel Chaves Nogales, el viernes 27 de septiembre de 1935.

En él se aprecia el alarde que hace de sus aficiones naturalistas, su familiaridad con la obra del gran divulgador del mundo de los insectos Jean-Henri Fabre (1823-1915), cuyos Souvenirs entomologiques fueron traducidos a quince idiomas, su cercanía a la obra artística del dibujante y pintor Luis Bagaría (1882- La Habana1940), su admiración por quien era el patriarca de las ciencias naturales en la España de 1935, Ignacio Bolívar (1850-Ciudad de México 1944) -presidente de la JAE en aquel momento-, en cuya Residencia de Estudiantes observó un “escribano del agua” en sus canalillos y su interés por el folklore entomológico infantil. Y además exhibe sus conocimientos sobre la literatura y filosofía de todos los tiempos y culturas. Asi nos evoca sus lecturas bíblicas, clásicos griegos como Aristófanes, filósofos como Spinoza y  escritores españoles como Félix María de Samaniego (1745-1801), famoso por sus fábulas. Y muestra su aprecio por un poema del escritor belga-flamenco Guido Gezelle  (1830-1899) al mencionado “escribano del agua”.

Y aprovecha su aproximación al mundo de los insectos para transmitirnos reflexiones socio-políticas en las que se revela su rechazo al nazismo y su querencia por los insectos solitarios y no tanto por los sociales, derivada quizás de su fuerte ego o acaso de su personalidad individualista o de sus tendencias libertarias.

Unamuno de paseo

Unamuno de paseo

Pero es mejor que el lector juzgue por sí mismo. He aquí pues los contenidos del texto entomológico de Miguel de Unamuno.

“Al inaugurarse en Madrid el Congreso de Entomología se me subieron a la memoria muchos de mis mejores y más puros recuerdos de niñez y muchas de mis más íntimas enseñanzas de mis patriarcales observaciones de los niños en relación con los insectos. Como en la animalidad los insectos, son en la humanidad los niños, los más recientes y más frescos y a la vez los más antiguos y más asentados. Más antiguos aquéllos –los insectos– acaso que los monstruos paleontológicos; más antiguos éstos –los niños- que los salvajes prehistóricos y cavernarios. Y así es que por los insectos, a los que puede manejar y jugar con ellos, es como el niño mejor se adentra, intuitivamente, en el espíritu de la naturaleza del reino animal. ¡Qué descubrimientos y qué sencillos asombros! “Tan chiquito y sabe ya tanto!”, me decía de un bichito un niño. ¡Y lo que su imaginación les debe! Si el que se ha llamado el Homero de los insectos, Enrique Fabre, llegó a tan viejo, con tan fresca, infantil y antigua vejez, se debió, sin duda, a su trato familiar con los insectos. Y entre nosotros, en España, ahí está la fresca y a la vez antigua vejez del benemérito don Ignacio Bolívar.

¡Qué bien estaría que se escribiese –para niños y mayores- algo de folklore entomológico infantil, de leyendas de insectos, de su mitología! Juguetes fueron de nosotros, niños, los grillos, los llamados en mi Bilbao “cochorros” (esto es, cochinillos), en Santander “jorges”, en Asturias “bacallarines”; el “melontha” de que habló Aristófanes y al que, por mi parte, he dedicado más de una mención; la vaquita o coquito de Dios –“…¡cuénteme los dedos y vete con Dios!”-, la que llamábamos “solitaña” -¡soli solitaña, vete a la montaña: dile al pastor que traiga buen sol para hoy y pa mañana y pa toda la semana!”-, la luciérnaga, el caballito del diablo (en vascuence, “asador del infierno”), de un pobre diablo (y asador de un pobre infierno); el por mote científico “mantis religiosa” (en tierra de Ávila, santa-teresa) y tantos más con su cancioncilla o jaculatoria a las veces.

Hay uno que personalmente me intrigó desde niño y que hace poco contemplaba en el canalillo del agua del Lozoya, al pie de la Residencia de Estudiantes. Es el llamado zapatero, tejedor y escribano. El Diccionario oficial, en “escribano del agua” (1), le llama araña, cuando es insecto, pues tiene tres pares de patitas y no cuatro. Y, por otra parte, al registrar su mote científico –“girino”- le toma por renacuajo, que es cría de rana, un vertebrado. ¿Qué tendrá este misterioso animalito que el íntimo poeta flamenco Guido Gezelle –capellán de un cementerio donde cultivaba flores- le dedicó un precioso poemita? Y en flamenco se le llama también escribano. (O escribiente.) Gezelle le cantó con la misma alma con que cantó aquella misteriosa visión de una puesta de sol en el horizonte de una laguna, donde dos discos solares, uno bajando del azul del cielo y otro subiendo del azul del agua se asumen y funden uno en otro. ¡Escribano! ¿Y qué escribe en el agua? “Triste cosa –pensaba yo contemplándole- arar en la mar; pero …¿escribir en el agua?” Y recordaba cuando Jesús dijo a sus discípulos: “Soy yo; no temáis” (Juan, VI, 19). Fue que se asustaron al verle marchar sobre el agua, como el escribano y tejedor de ésta. El, Jesús, si paseó (“peripatounta” dice el texto) por sobre el agua, no escribió en ella, sino una vez en tierra; mas ¿no escribieron en agua los escribanos que de El escribieron?

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Ejemplar de Gyrinus natator o Escribano del agua tomado de las ilustraciones del cuento “Escribano del agua” de José Zuleta Ortiz, Gaceta, El País, Cali 13 septiembre 2009

Todo esto es mitología, poesía entomológica; pero la ciencia se interesa más por la economía, por los insectos útiles o perjudiciales al hombre y a sus frutos, por las plagas del campo, por la apicultura, la sericultura y demás culturas entomológicas. Y por los insectos sociales. Sobre todo las abejas, las hormigas con sus diversos fajos y esos horribles térmites –en el Diccionario oficial no figuran-, especie de “nazis” de la entomocracia. ¡La colmena, el hormiguero, la termitera! ¡Cómo los admiran muchos! Por mi parte, me atraen más los pobres insectos señeros, solitarios, individualistas si queréis. Y que si se nos presentan a las veces en muchedumbre, no es formando masas. Tales las moscas, las tan aborrecibles y calumniadas moscas.

También las moscas fueron juguete de mi niñez y lo fueron –y seguirán siéndolo- de los niños. ¡Qué sorprendente efecto el de ver pasearse a una pajarita de papel –de fumar y de un solo pliegue- sobre una mesa, llevada por una mosca, sujetas sus alitas –con cera- a las patitas del artefacto! (Hace falta destreza). Cada vez que recuerdo aquella fábula que empieza: “A un panal de rica miel dos mil moscas (¡son demasiadas!) acudieron y, por golosas, murieron presas de patas en él…”, me represento la tragedia de los pobres animalitos anarquistas o libertarios. Como alguna vez me he detenido a contemplar esos mosqueros que son una botella especial con agua y una trampa, por la que entrando las moscas caen en el agua y allí se ahogan. ¡Y verlas subiéndose las unas sobre las otras y hundiéndolas más al querer sostenerse sobre ellas, para hundirse, a su vez, por falta de sostén! ¡Qué espejo de la sociedad humana! De sociedad individualista – se me dirá.

 Hubo, por otra parte, siendo yo un mocito, en que –como creo que dicen que hacía Spinoza- crié en una caja una araña dándole moscas y haciéndole inútil su tela. Y pude observar con qué parca ración se satisfacía la araña. No así el vencejo ni el camaleón. Del que dicen que se mantiene en el aire. No cabe fiarse de los que se dice que viven del aire.

Mas …¿ a qué seguir? ¡Qué de cosas podría decir a mis lectores si recogiese todos mis recuerdos infantiles de la historia, y la leyenda, y la fábula, y la mitología de los insectos! De los articulados, como también se les llama. ¡Qué de artículos podrían inspirarme los articulados esos! Pero hay otros articulados –mejor, desarticulados- humanos que interesan más a nuestros lectores. Y, sin embargo, yo les digo a éstos que no hay articulado humano que nos ofrezca más puras enseñanzas que un grillo, un “cochorro”, un coquito de Dios – ¡qué tierna ocurrencia la de consagrarle al Creador!-, un caballito del diablo, un ciervo volante, un…¡Y qué espejos para los hombres! Supe una vez de Bagaría que se había dedicado a dibujar –del natural, ¡claro!- insectos. Lo había yo adivinado al ver las profundas caracterizaciones humorísticas que lograba al caricaturizar a los hombres con formas de ortópteros, coleópteros, himenópteros…Y chupópteros. Toda una psicología entomológica humana.

Y que aquellos de mis lectores que, a su vez, escriban para el público se paren a la orilla de algún remanso, a la sombra de un sauce o de un aliso, a contemplar la obra del escribano del agua. ¿Habré estado yo escribiendo este artículo en ella?

(1) María Moliner, años adelante, en su diccionario lo define como “Insecto coleóptero de color bronceado, con las patas adaptadas para la natación, que se ve muy frecuentemente haciendo giros rapidísimos sobre las aguas estancadas”.


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Entomólogos reunidos en el Madrid republicano de 1935, fotografiados y caricaturizados.

Como expuse en una entrada anterior uno de los grandes acontecimientos científicos que se produjo en el Madrid de finales del verano de 1935, cuando el timón de la gobernación española lo ejercía una coalición entre republicanos radicales, cedistas, y representantes de fuerzas conservadoras agraristas, fue el VI Congreso Internacional de Entomología.

Expongo ahora dos muestras del impacto que tuvo esa reunión científica no sólo en medios académicos españoles sino también en ciertos grupos sociales y representantes de una cultura republicana en plena efervescencia creativa.

La primera se refiere al acto solemne de imposición del doctorado honoris causa de la Universidad de Madrid por su rector, el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina León Cardenal Pujals (1878-1960), a los profesores e investigadores franceses Maurice Caullery (1868-1958) y René Gabriel Jeannel (1879-1965), al alemán Richard Benedict Goldschmidt (1878-1958), que se exiliaría en ese año de 1935 al Reino Unido y un año después a Estados Unidos, al italiano Filippo Silvestri (1873-1949) y ruso-británico Boris Uvarov (1886-1970).

Todos ellos tenían méritos suficientes para recibir esa distinción por parte de sus pares de la principal universidad española.

Caullery había sido elegido presidente en 1915 de la Sociedad Zoológica de Francia, y en 1931 y 1933 había escrito dos importantes obras: Le problème de l’évolution Present Theories of Evolution and the Problem of Adaptation. 

Jeannel era una autoridad mundial en la entomología subterránea, área de trabajo en la que se había formado junto a Emile Racovitza, cuando este dirigía la estación de biología marina de Banyuls, donde habían ido a estudiar varios naturalistas españoles pensionados por la JAE

Goldschmidt, que había estado vinculado al Kaiser Wilhelm-Gesellschaft zur Forderung de Berlín, era un importante genetista, quien desde 1915 había realizado relevantes investigaciones sobre la naturaleza y la función de los genes. Y rescató la importancia de la embriología experimental para el análisis filogenético. Michael R. Dietrich, que le ha dedicado diversos trabajos y un interesante sitio web (ver aquí), lo considera una de las más controvertidas y enigmáticas figuras de la biología del siglo XX.

Silvestri introdujo en Italia la experimentación en el campo de la lucha biológica y era uno de los principales entomólogos italianos.

Uvarov, por su parte, está considerado el fundador de la acridología, la rama de la entomología destinada al conocimiento del ciclo vital de las langostas para conseguir el control de las movimientos masivos de ese insecto tan destructivo en los terrenos agrícolas de diversas partes del mundo como ha mostrado Antonio Buj en su libro Plagas de langosta. De la plaga bíblica a la ciencia de la acridología, del que me hice eco en mi otra bitácora (ver aquí), y en particular en la Península Ibérica como han destacado recientemente las investigadoras portuguesas Inês Gomes, Ana Isabel Queiroz y el investigador Daniel Alves (ver aquí).

De ese evento académico dejó registro en las páginas del diario centrista Ahora, del que era subdirector ese gran periodista y reportero que fue Manuel Chaves Nogales, el fotógrafo Yusti, tanto en una portada como en las páginas centrales de ese periódico del 10 de septiembre de 1935

Caullery doctorado honoris causaDoctorado honoris causa colectivo

 

La segunda está relacionada con el impacto de ese evento científico en diversos creadores culturales como el ilustrador, pintor y uno de los principales caricaturistas españoles de la primera mitad del siglo XX, Luis Bagaría (Barcelona 1882-La Habana 1940). De él son conocidas innumerables caricaturas de personalidades del mundo cultural, político y empresarial de Barcelona y Madrid y su faceta de glosador gráfico de la actualidad política en diversas publicaciones desde que se estableció en la capital española en 1912. Así la eficacia política de su lápiz se manifestó sucesivamente en La Tribuna, el semanario España, impulsado por Ortega y Gasset, Luis Araquistáin y Manuel Azaña, y al que estuvo estrechamente unido entre 1915 y 1922, y sobre todo El Sol donde desarrolló la mayor parte de su carrera periodística.

Pero como tantos artistas Bagaría también sintió atracción por determinadas actividades científicas y fue un agudo observador de los fenómenos naturales, donde encontró inspiración para sus críticas sociales. Ya Emilio Marcos Villalón reparó en el hecho de que Bagaría se interesó por la generación médica de 1914. A su vez, Miguel de Unamuno, otro escritor al que el Congreso Internacional de Entomología interpeló, comentó a sus lectores que sabía que Bagaría había dibujado insectos, lo que él ya había adivinado ” al ver las profundas caracterizaciones humorísticas que lograba al caricaturizar a los hombres con formas de ortópteros, coleópteros, himenópteros…y chupópteros”, [creando]. toda una psicología entomológica humana”.

Es muy posible que esa familiaridad con el mundo de los insectos inspirase a Bagaría a ofrecer a sus lectores de El Sol el viernes 13 de septiembre de 1935 la siguiente caricatura de nueve destacadas figuras del mencionado congreso de entomología, ninguna de las cuales coincide con los que se han enumerado anteriormente.

El lápiz del caricaturista catalán, de estilo sintético, nos ofrece perfiles sui generis de los siguientes naturalistas, a los que presenta como figuras zoomorfas variadas con alas de diverso tipo:

De izquierda a derecha arriba: el italiano doctor Malinotti, el alemán Martin K. O. Schwartz, del Biologische Reichsanstalt für Land und Fortswirtschaft de Berlin, el español Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián 1867-Tánger 1949).

En el centro el sueco Ivor Tragardh (1878-1951), el ruso-francés Sergei Metalnikoff (1870-1946), y el también sueco Bror Yngve Sjötedt (1866-1948,

Y abajo de izquierda a derecha: el holandés Uyttenboogaart, el español Ignacio Bolívar (Madrid 1850-Ciudad de México 1944), -presidente de la JAE tras el fallecimiento de Cajal, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y factótum del congreso que estamos presentando -y el egipcio Efflatoum.

Figuras del Congreso vistas por Bagaria

 

 

 

 

 


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Cuando Madrid fue la capital de los entomólogos del mundo

A principios de septiembre de 1935 más de 400 entomólogos, procedentes de todo el mundo, se reunieron en Madrid.

Medalla distribuida a los congresistas

El viernes 6 de septiembre de ese año, cuando el escenario internacional estaba pendiente del conflicto desencadenado por la Italia de Mussolini en tierras de Etiopía, se inauguró en la capital española el VI Congreso internacional de Entomología.

Desde tiempo atrás los estudiosos del mundo de los insectos, cuyo número de especies se calculaba en torno a un millón en aquella época, se reunían periódicamente. El primer congreso se había celebrado en Bruselas (1910), y luego itineró por Oxford (1912), Zurich (1925), Ithaca (1928), y París (1932). Precisamente en esta ciudad se decidió en el año 1932 que el siguiente se celebrara en Madrid “ante el deseo de conocer los progresos del nuestro en esta ciencia, acreditados ya por numerosos escritos y publicaciones, bien conocidos y reputados en el Extranjero, que han valido a los entomólogos españoles puesto y consideraciones honoríficas en las anteriores reuniones”, como diría el presidente del comité organizador del congreso madrileño Ignacio Bolívar, quien se había hecho cargo de la presidencia de la JAE tras el fallecimiento de Santiago Ramón y Cajal, en octubre de 1934.

A la espera de hacer un estudio en profundidad de esa reunión científica quisiera ahora resaltar dos hechos: la capacidad que tuvo Ignacio Bolívar, ayudado por su hijo Cándido Bolívar, para reunir en Madrid a los más cualificados representantes de esa rama de la zoología, que estaba teniendo un gran desarrollo por los beneficios que estaba brindando al conocimiento de problemas que preocupaban a los biólogos generales, y a los biólogos prácticos, y la importante masa crítica de entomólogos existentes entre los naturalistas españoles de hace más de ocho décadas, de los que había una cualificada representación en el comité organizador del Congreso.

Así sabemos que entre los asistentes a la sesión inaugural del VI Congreso Internacional de Entomología de Madrid se encontraban los siguientes investigadores y profesores:

Martin. K. O. Schwartz, del Biologische Reichsanstalt für Land und Fortswirtschaft, de Berlin; Richard Benedict Goldschmidt, del Kaiser Wilhelm-Gesellschaft zur Forderung, de Berlín; Franz Poche, de Viena; Armand d’Orchymont, del Musée Royale d’Histoire Naturelle de Bélgica; Arthur Gibson (1875-1959), de Ottawa y Crawford, también canadiense; Zarrel, de Checoeslovaquia; H. Efflatonn y Mausour, de Egipto; Avinoff, Mayne, Riley y Steineger, de Estados Unidos; Karl Hjalmar Richard Frey (1886-1965) de Finlandia; René Gabriel Jeannel (1879-1965) Regnier, Auguste Eugene Mequignon (1875-1958), Fage, Lucien Chopard (1885-1971) y Du Dresnay, de Francia; Pandagis, de Grecia; Uyttenboogaart, Hermann Schmitz (1878-1960 y Klyastra, de Holanda; sir Guy Anstruther Knox Marshall (1871-1959), Karl Jordan (1861-1959), Fox Wilson, H. Barnes, Hugh Scott (1885-1960) y Malcolm Burr (1878-1954), de Inglaterra; Malenotti, Capra y Giuseppe Franchini (1879-1938), de Italia; Stanislaw Minkiewicz (1877-1944), de Polonia; Bror Yngve Sjötedt (1866-1948), de Suecia, y Robert Biedermann (1869-1954), de Suiza.

A esos congresistas se unirían posteriormente investigadores de otras delegaciones procedentes de Japón, la Unión Surafricana, Australia y las Antillas inglesas.

Por su parte el comité organizador estaba formado por los siguientes once naturalistas españoles que meses después vivirían situaciones muy diferentes ante el estallido de la guerra de España:

Presidente: Ignacio Bolívar (Madrid 1850-Ciudad de México 1944); secretario Cándido Bolívar Pieltain y vocales: Miguel Benlloch Martínez (Valencia 1893-Madrid 1983), Federico Bonet Marco (Madrid 1906-México 1980), José del Cañizo (1894-1972), Gonzalo Ceballos y Fernández de Córdoba (Madrid, 1895-1967), José María Dusmet (Ambel [Zaragoza] 1869-1960), Juan Gil Collado (Martos [Jaén] 1901-Madrid 1986), cuya trayectoria ha sido recuperada en un libro reciente como acaba de resaltar el periodista Manuel Ansede (ver aquí) Fernando Martínez de la Escalera,(Villaviciosa de Odón [Madrid] 1895-Montevideo [Uruguay] 1986 Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián 1867-Tánger 1949), Antonio de Zulueta (Barcelona 1885-Madrid 1971).

Cándido Bolívar Pieltain, secretario del congreso, y que asumiría meses después importantes cargos de responsabilidad política en el gobierno del Frente Popular, formaba parte, a su vez, del comité ejecutivo de la asociación internacional de los entomólogos, integrado por:

Cándido Bolívar Pieltain, de Madrid; H. Eltringahm, de Oxford; W. Horn, de Berlín; R. Jeannel, de París; O. A. Johannsen, de Ithaca (EEUU), K. Jordan, Tring; F. Silvestri, de Nápoles; T. Shiraki, de Tainoku (Formosa); M.N. Rimsky-Korsakov, de Leningrado; Y. Sjöstedt, de Estocolmo.

Las sesiones de ese congreso, que supusieron el momento de mayor influencia de los entomólogos españoles liderados por Ignacio Bolívar en el panorama internacional de la entomología, se celebraron en cuatro significativos lugares de la colina de las ciencias que construyó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en el entorno del hipódromo madrileño en torno a los años republicanos: el Museo de Ciencias Naturales, el Auditorium de la Residencia de Estudiantes, el Instituto Nacional de Física y Química y el Instituto-Escuela.

Una parte importante de esos congresistas se hicieron una fotografía que está accesible en la Red, y en una entrada dedicada a ese congreso por la Associació Catalana de Bioespeleología, donde su autor -Lluis Auroux- se ha preocupado de dividirla en seis partes para que podamos identificar mejor a los congresistas y sus acompañantes.

Para saber más:

Alberto Gomis, “Mimbres para otro cesto: De la Sección de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales al Instituto Español de Entomología”, Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Sección Biología, 108, 2014, pp. 37-47. (accesible en la red: aquí

“The First International Congress of Entomology”, Nature, 84, (1910), pp. 214-215,

E. O. Essig, “A Sketch History of Entomology”, Osiris, vol. 2 (1936), pp. 80-123

Felicitas Marwinski, “Aus der Arbeit der Bibliothek des ehemaligen Deutschen Entomologischen Instituts: 20. Nachlass HORN, Berlin, Beiträge zur Entomologie., Bd. 23. H. 5/8, S. 445-471. Berlin. (accesible en la red: aquí)

 

 


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La vinculación con la JAE del catedrático de instituto Antonio Jaén Morente entre 1911 y 1913

Antonio Jaén Morente tuvo una dilatada trayectoria vital . Nacido en Córdoba en 1879 falleció en el exilio en San José de Costa Rica en 1964.

Antonio Jaén Morente hacia 1902, con poco más de veinte años.

A principios del próximo mes de abril de este año de 2019 hablaré de él en un congreso sobre el exilio que ha organizado la Diputación de Córdoba en el marco del programa de actividades conmemorativas del 80 aniversario del inicio de la diáspora republicana (ver aquí).

Trabajando en estos días en su trayectoria biográfica como catedrático de instituto, -función que ejerció desde que consiguió la cátedra en 1910 trabajando en Cuenca (por muy breve tiempo), Segovia, Córdoba, Sevilla y nuevamente Córdoba-, como investigador, como político republicano, como diplomático y como exiliado, me he percatado que sus biógrafos, entre los que destaca Manuel Toribio García, no han tomado en consideración un documento que presento a continuación en las dos obras principales dedicadas a su vida y obra como son las siguientes.

Tal documento se conserva en su breve expediente del archivo de la JAE, formado por siete hojas. Está fechado en Madrid el 14 de febrero de 1913 cuando llevaba poco tiempo vinculado al Instituto de Segovia. Muestra su estrecha relación con Rafael Altamira, quien en abril de 1911 le consiguió una ayuda de la JAE para hacer una investigación de corta duración en archivos de Córdoba y Sevilla sobre Los afrancesados en Andalucía, en el marco de las actividades que promovía en la sección de Historia contemporánea del Centro de Estudios Históricos. El 21 de noviembre de 1912 desde Segovia Antonio Jaén solicitó prorrogar su vinculación con el Centro de Estudios Históricos para culminar ese estudio que había iniciado meses atrás, del que no se tiene constancia que lo finalizara.

Pocos meses después se dirigirá nuevamente al presidente de la JAE, que era Santiago Ramón y Cajal, para desplazarse a Italia con vistas a proseguir sus estudios de historia moderna y contemporánea y adentrarse en el conocimiento de la metodología de esa ciencia y el “modo de concebirla y explicarla”. Su intención era adscribirse a la Escuela española de Historia y Arqueología que dependiente del Centro de Estudios Históricos venía funcionando en Roma desde 1910, institución a la que se dedicó un importante libro en su centenario, en el que tuve la fortuna de colaborar.

En una detallada exposición explica Antonio Jaén por qué deseaba trasladarse a Italia, y particularmente a Roma, y muestra su familiaridad con la historiografía italiana del momento en la que destacaban historiadores como Amedeo Crivellucci (1850-1914). Aparte de su interés por conocer de manera práctica cómo concebían y explicaban la historia moderna los universitarios italianos también detalla su afán de localizar manuscritos existentes en Roma sobre la historia de los países ibéricos que había catalogado en el siglo XVIII el jesuita Hervás y Panduro o si esa tarea era imposible formar un epistolario con los fondos que procedían de la antigua biblioteca Borghese.

La pensión no le fue concedida cuando la solicitó. Poco después se inició la Gran Guerra que afectó de manera profunda al funcionamiento de la JAE y de la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma. De ahí que cuando el 14 de mayo de 1918 una comisión vio de nuevo la petición de Antonio Jaén según consta en su expediente de la JAE cayese en saco roto de manera definitiva su petición de recibir una pensión en el extranjero.

Entre tanto logró publicar dos interesantes monografías en su época de catedrático en Segovia como fueron sus libros de 1916 y de 1917 Segovia y Enrique IV y Retratos de mujeres: estudio sintético de la evolución del retrato en la pintura española. Luego sería autor de una Historia de Córdoba que ha tenido siete ediciones desde 1921, de numerosos manuales entre los que destacaría una Historia de América y una Geografía de América que fueron elegidos como manuales obligatorios de esas asignaturas en un concurso organizado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1929 y de interesantes textos sobre historia del arte ecuatoriano en su época de exiliado en la República del Ecuador entre 1939 y 1953 como su folleto publicado en Guayaquil en 1948  De la imaginería quiteña: La mística y otros motivos.

Anteriormente durante la Segunda República fue diputado de las Cortes constituyentes, ejerciendo como líder de la minoría africanista en el Congreso de los Diputados durante 1932, y representante diplomático de la república española en el Perú. De esa experiencia diplomática hizo balance en su interesante libro La lección de América publicado en 1934. Tras ejercer de director del Instituto de Córdoba volvió a ser elegido diputado, obteniendo el mayor número de votos, en la candidatura presentada por el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Tras el estallido de la “guerra incivil” fue designado en 1937, siendo ministro de Estado José Giral, ministro plenipotenciario de España en el Extremo Oriente, Filipinas y Guam, y cónsul general en Manila entre 1937 y 1939.

Presento a continuación la transcripción de su instancia al presidente de la JAE allá por 1913 en la que solicitaba una pensión para desplazarse a Italia, particularmente a la Escuela Española de Arqueología e Historia dependiente del Centro de Estudios Históricos que la JAE había creado en 1919, documento que presenté brevemente líneas arriba.

Excmo. Sr. Presidente de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas.

D. Antonio Jaén Morente, Catedrático dos veces por oposición de Historia y Geografía, en el Instituto de Segoviaa V. E. con todo respeto expone: 

         Que, acudiendo a la convocatoria que para la concesión de pensiones en el extranjero se hace en la Gaceta de 17 de enero pasado y deseando seguir completando sus trabajos de investigación a V. E. manifiesta: Que dentro de su modesta esfera científica y por razones profesionales dos cosas le han preocupado con preferencia: 1ª, los estudios de Historia de España moderna y contemporánea; 2ª, la Metodología de esta ciencia y el modo de concebirla y explicarla.

    A la comprensión de ambos extremos tiende sus esfuerzos científico-didácticos, laborando en la actualidad por un tiempo de dos meses, en el Centro de Estudios históricos dependiente de esa Junta.

 

         Pide hoy a la Junta de su dirección se sirva concederle una pensión para ir a Roma a ser posible en la Escuela de Arqueología,pues quiere ver en Italia, 1º prácticamente como se enseña la Historia en las Universidades italianas y especialmente en la Capital.

         La Universidad de Génova donde explican Historia moderna Luigi Stafetti y Gabotti, la de Turín donde profesan Pidele Segre y Lemni; Bolonia, donde principalmente llevan la dirección Gasperoni, Sorboni y Urbani; Nápoles, con Scheppa le interesan especialmente para documentar su estudio. 

         Pero fundamentalmente y por eso decía antes que a ser posible desearía ser agregado a la Escuela española de Arqueología de Roma, cree podría ser para él y su asignatura de mayor utilidad la “Storia moderna” explicada en la Capital// de Italia por Crivellucci Amadeo y la “Storia del risurgimento italiano” que profesa Michels donde por su mayor carácter de contemporaneidad se estudia y metodiza la Historia casi actual y presente. 

         La organización y el avance histórico de Italia se ha modificado profundamente a partir del último Congreso de Roma y como el solicitante cree que en la Universidad Central, en la Escuela del Magisterio y en el Instituto histórico de dicha ciudad, se podrá apreciar perfectamente esta orientación y además su manifestación metodológica es por lo que pide la residencia en Roma aunque con autorización para extender con brevedad sus investigaciones a otras Universidades italianas, que aun dentro de la unidad común puedan tener otra modalidad digna de servir de enseñanza.

         Hay otro objeto a la vez principal y complementario de la pension que solicita: Hervás y Panduro ha dejado inédito un “Catálogo de manuscritos de escritores españoles y portugueses que se hallan en las bibliotecas de Roma”: excepción hecha de la Vaticana. Este catálogo que combenientemente (sic) modernizado quizá convendría modernizar (tachado) publicar por ser muy poco o casi nada conocido, puede servirme de base para entresacar de esos manuscritos los que tengan carácter histórico o metodológico de la Historia, estudiando esta rama de pedagogía española que ahora empezamos a rehacer; dando a conocer los que realmente tengan importancia, incorporando unos a la bibliografía y otros a la circulación, si su contenido lo merece.

         No se conoce en la actualidad mas que un ejemplar del referido catálogo pues otro que fue propiedad de D. Vicente Lafuente no lo he podido encontrar a pesar de mis esfuerzos, pareciéndome de manifiesta utilidad para los estudiantes españoles en Roma.

         Si por el tiempo transcurrido desde la formación del catálogo fuera imposible rehacerlo en lugar y biblioteca tan preciada colección de escritos ibéricos cuya pista, clasificación y aun publicación combiene (sic) intentar, o si tal empeño pareciese a la Junta poco llevadero dada la magnitud de la empresa por mi humilde personalidad me vería // muy complacido con haber llamado la atención de los estudiantes en Roma sobre tal catálogo. 

 

         Debiendo advertir también, no porque lo ignore la Junta, que en el archivo que fue de los príncipes de Borghese (hoy en la Vaticana) y en los papeles llamados “Nunziatura di Espagna” hay una preciada colección de cartas españolas con las que metódicamente puede formarse un epistolario de verdadera importancia histórica y didáctica, quizá mas llevadero y fácil de hacer por el solicitante, a ser imposible el otro trabajo por haber desaparecido la huella para formar de nuevo la metódica colección de Hervás y Panduro. 

         Además pido a la Junta ir a Italia, porque no habiendo aun estudiado fuera de España desearía ampliar mi horizonte científico con extranjeras enseñanzas: Porque no siendo con el auxilio oficial es imposible pueda realizar tal deseo: además no conociendo hoy mas idiomas que el francés y el italiano y pudiendo traducir los otros idiomas y dialectos neolatinos no tengo preparación para ir con aprovechamiento mas que a estos países, mientras gradualmente me preparo para otras excursiones, habiendo elegido Roma por su enorme interés que sería inútil y pedante querer ahora explicar, máxime después de la afirmación generalmente sostenida por didácticos y tratadistas españoles, que como el Sr. Altamira han dicho en el libro “Cuestiones Modernas de Historia”, la significación de Roma para los españoles como centro de estudios históricos.

         Serían imaginativos todos los datos que en cumplimiento de la convocatoria yo pudiera añadir referentes a cuantía y tiempo de la pensión; la Junta con su superior criterio podrá dirigir e ilustrar al solicitante que aspira como resumen de su larga exposición al conocimiento, no ideal y teórico de los libros, sino práctico  y de inmediata observación de cómo los universitarios italianos conciben y explican la Historia moderna, a documentar estas observaciones con lo que referente a su especialidad histórico-metodológica halle en los manuscritos casi del todo inéditos que catalogó Hervás y Panduro o en su defecto como decía antes a la formación de un “Epistolario español de la antigua biblioteca Borghese”:residiendo para esto en Roma como centro y base de sus investigaciones , aprovechando al mismo tiempo en todo momento y ocasión precisamente por amor a lo español el encuentro con otro medio civilizador que aunque de tipo latino tiene su propia y personal modalidad.

         Espera merecer de la Junta la gracia y pensión que solicita, sin añadir en su solicitud hojas de servicios ni de estudios porque la mejor es a su juicio el haber merecido aunque por plazo breve trabajar en una de las secciones que dependen de esa Junta.

         Señor Presidente guarde Dios a V.E. muchos años.

         Madrid 14 de febrero de 1913

                   Antonio Jaén.


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El impulso republicano a los estudios oceanográficos en Málaga en 1935

El Centro Oceanográfico de Málaga fue creado en 1911. A partir de entonces la ciudad andaluza fue una de las bases de operaciones del Instituto Español de Oceanografía que dirigiera el gran biólogo marino Odón de Buen desde la creación de ese organismo en 1914 hasta la guerra “incivil”.

Odon de Buen
Odón de Buen en 1936

El papel desempeñado por Málaga en la historia de la oceanografía española ha sido abordado por diversos autores como José A. Bandera, Juan A. Camiñas Hernández y Juan A. Pérez de Rubín.

En esa historia el año 1935 tuvo una cierta importancia cuando el Laboratorio Oceanográfico existente en esa ciudad andaluza se convirtió en un Centro internacional para el estudio del mar tras una serie de medidas gubernamentales. En primer lugar, gracias a una orden del Ministerio de Industria y Comercio publicada en la Gaceta de Madrid el 7 de febrero de ese año de 1935. Luego, gracias a  un decreto firmado por Antonio Royo Villanova, ministro de Marina en un gobierno lerrouxista, en La Granja el 29 de agosto de 1935 y publicado por la Gaceta dos días después, el 31 de agosto. Este documento ha sido poco tomado en consideración por la historiografía por lo que me parece pertinente darlo a conocer en esta bitácora en el marco de mis investigaciones sobre las actividades científicas impulsadas por la Segunda República.

Para entender el contexto de esa iniciativa gubernamental -en un momento de cierta efervescencia cultural en Málaga donde a principios de septiembre de 1935 se celebró una importante semana pedagógica en la que se adoptaron importantes resoluciones sobre la escuela rural- cabe resaltar la siguiente secuencia de hechos. En abril de ese año se había celebrado tanto en Madrid como en Málaga la primera asamblea plenaria del Consejo Oceanográfico Iberoamericano; el 21 de mayo de 1935 el Consejo de Ministros decretó que el Laboratorio Oceanográfico de Málaga pasase a depender del Ministerio de Marina y en ese año de 1935  la Junta de Obras del Puerto de Málaga finalizó la construcción en el malagueño Paseo de la Farola nº 27 de un edificio de dimensiones y disposición adecuadas, en el que podían tener amplia y cómoda instalación importantes servicios nacionales e internacionales, que las disposiciones que estaban en vigor concedían al Instituto español de Oceanografía. La construcción de ese edificio había sido autorizada en 1932 por Indalecio Prieto cuando era ministro de Obras públicas.

Malaga 1935 Centro Internacional de Estudios Marinos

Teniendo en cuenta esos antecedentes el Ministerio de Marina acordó a finales de agosto de 1935 elevar la categoría del Laboratorio que ese Instituto tenía en Málaga y convertirlo en Centro internacional para el estudio del Mar.

De esa manera, según se señalaba en el preámbulo del decreto, el Gobierno de la República respondía a “demandas persistentes de importantes reuniones internacionales y a ofrecimientos reiterados de servirlas”.

Los objetivos de ese nuevo centro de investigaciones marítimas eran ambiciosos dada su apuesta internacionalista y su orientación global en el estudio de los recursos marinos:

“En este Centro pueden tener cabida servicios de gran interés mundial que reúnan y coordinen datos e investigaciones y experiencias, aprovechando, con la máxima eficacia, los esfuerzos aislados para el estudio y aprovechamiento de los Océanos y sus riquezas.

Muchos problemas preocupan al Mundo entero, a los Centros científicos y a los Gobiernos, relacionados con la observación constante, la investigación metódica y la coordinación de esfuerzos en el estudio del Mar; a tales problemas puede dedicar sus trabajos el Centro de Málaga, prestando servicios de incalculable alcance en lo referente a la previsión del tiempo, a la navegación aérea, a los viajes marítimos, a la navegación submarina, a la posible previsión de los terremotos, a la obtención de productos químicos, a la vida y emigración de los seres que pueblan los mares, a la conservación y fomento de la pesca, a la racionalización de las industrias pesqueras“.

Tras mostrar la pluralidad de objetivos que aspiraba obtener esa renovada instalación científica el decreto gubernamental establecía cómo tenía que ser organizado el nuevo Centro internacional para el estudio del Mar proporcionando “mayores facilidades y más libertad de acción al Instituto Español de Oceanografía, dentro de los fines para que fue creado hace más de veinte años, facultándole para hallar en legítimos ingresos el medio de desarrollar sus servicios con el menor esfuerzo del Estado”.

El decreto se componía de nueve artículos y dos adicionales.

El primer artículo aludía a que el nuevo Centro Internacional para el Estudio del Mar puesto en marcha en Málaga era un desarrollo de lo que se había dispuesto en una Orden del Ministerio de Industria y Comercio de 7 de febrero de 1935, a la que ya se ha aludido anteriormente.

El segundo especificaba que el Instituto Español de Oceanografía podría añadir a los servicios que había determinado el Reglamento de 24 de enero de 1929 los de Geofísica que se relacionen con la Oceanografía, a medida que lo permitiesen los medios disponibles.

El tercero señalaba que los servicios internacionales que el Centro de Málaga tenía que realizar serían los que ya estaban confiados al Instituto Español de Oceanografía o se le confiasen en lo sucesivo, “ya por el Gobierno español, ya por Consejos, Comisiones o Instituciones internacionales, relativas al estudio y explotación del Mar, siempre con la debida autorización del Gobierno de la República”.

El cuarto explicaba los procedimientos a seguir en la labor internacionalista del nuevo Centro en estos términos:

Para establecer servicios internacionales permanentes, el Instituto se pondrá de acuerdo con las entidades interesadas y, si fuera conveniente, propondrá al Gobierno español las gestiones o convenios diplomáticos que procedan. 

Los Laboratorios de investigación podrán cederse temporalmente a entidades científicas extranjeras, y el Director del Instituto Español de Oceanografía queda autorizado para firmar los respectivos convenios, fijando en ellos el canon que en cada caso deberán abonar, siguiendo las costumbres de los Laboratorios extranjeros.

Podrá igualmente el Director del Instituto admitir temporalmente investigadores extranjeros, sean o no pensionados oficiales.

Los artículo quinto y el sexto insistían en las labores educativas que tenía que desarrollar ese centro de investigaciones.

Por un lado ofreciendo cursos y conferencias de divulgación de los problemas marítimos que se llevarían a cabo en invierno y serían orales, con demostraciones y proyecciones fijas y cinematográficas. Se procuraría que asistiesen a ellos becarios de los Centros oficiales docentes y técnicos. El Director del Instituto podría contratar para impartir esos cursos y conferencias a “personalidades prestigiosas nacionales y extranjeras”.

Por otra parte organizando cursos de trabajos experimentales, técnicos y de aplicación práctica que se impartirían entre noviembre y marzo. Podrían asistir a esos cursos, previo el pago de la matrícula que se asignase, según los casos, pensionados y becarios nacionales y extranjeros en el número que el director del centro señalase, según los medios disponibles. El plan general de esos cursos tenía que ser trazado por el Director del Instituto Español de Oceanografía, con los asesoramientos que estimase necesarios.

Para asistir a esos cursos, el Instituto podría conceder cierto número de pensiones, según los medios disponibles, por concurso entre Licenciados en Ciencias, Oficiales de la Armada, Ingenieros y Capitanes de la Marina civil que tuviesen la necesaria preparación.

Para realizar esos cursos, y aun para servicios especiales fijos, el Director del Instituto Español de Oceanografía podría contratar, a especialistas nacionales y extranjeros, “sin el carácter permanente, que sólo tendrán los cargos de plantilla”.

El artículo séptimo regulaba el funcionamiento del Acuario y el Museo de esta manera:

Para el fomento de los servicios públicos del Acuario y el Museo se constituirá en Málaga un Patronato local, que auxiliará al Director del Centro, con el fin de darles el máximo interés  y el mayor rendimiento. A la vez procurará que, tanto Profesores como alumnos de los que concurran a los cursos o realicen trabajos en el Centro, hallen las mayores facilidades y atenciones en la ciudad. 

Este Patronato, que elegirá su Presidente y del que será Secretario el mismo del Centro, fijará de acuerdo con el Director, las horas de entrada y el precio por visita o por abono.

El mismo Patronato, en vista de los ingresos del Acuario  y Museo, determinará cada año la cantidad que debe entregarse a la Junta de Obras del Puerto, en justa compensación por los esfuerzos económicos que ha realizado.

Serán Vocales natos de este Patronato: el Alcalde de Málaga, el Presidente de la Diputación provincial, el Presidente de la Junta de Obras del Puerto y el Ingeniero Jefe, el Jefe de la Armada, cuando exista; el Ingeniero Jefe de Obras públicas de la provincia, los Presidentes de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación; de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Sociedad de Ciencias; el Director del Instituto de Segunda enseñanza y el Jefe de Sanidad del Puerto.

El artículo octavo regulaba su organización interna y explicaba su organigrama de esta manera .

La dirección de todos los servicios del Centro correspondería al jefe del Departamento de Oceanografía del Instituto Español de Oceanografía.

A él le acompañarían los Directores de Laboratorio y Ayudantes que exigiera el desarrollo de los servicios, siendo dos de cada categoría, por lo menos; todos ellos “debidamente especializados”.

El Director más antiguo sería el secretario general del Centro y ejercería igualmente las funciones de Administrador, dentro de las condiciones que señalaba el reglamento del Instituto Español de Oceanografía. Residiría en el Centro.

Para los servicios de Biología era preciso el título de Doctor o Licenciado en Ciencias Naturales, o el de Medicina, siempre que se demostrase la debida competencia en los problemas biológicos por los trabajos realizados y las publicaciones originales, cuyas condiciones juzgaría la Junta del Instituto Español de Oceanografía.

Los servicios de Química, a su vez, serían desempeñados por doctores o licenciados en Ciencias químicas, y los de Geofísica y Cartografía, por doctores o licenciados en Ciencias físicas o exactas, hidrógrafos de la Armada, ingenieros geógrafos o meteorólogos, según la especialidad.

El personal técnico que en lo sucesivo se nombrase para los servicios internacionales debería hablar correctamente uno de los idiomas francés, inglés o alemán, y traducir otro de ellos.

El artículo noveno derogaba todas las disposiciones que se opusiesen a ese decreto.

Por su parte el primer artículo adicional señalaba que para todo aquello que no estuviese concretamente especificado en ese decreto regía el Reglamento del Instituto Español de Oceanografía, aprobado por Decreto de 24 de enero de 1929.

A su vez el segundo artículo adicional señalaba que “si el Instituto obtuviera subvenciones suficientes fuera de las consignaciones del Presupuesto del Estado, con ellas podrá dotar interinamente los servicios que conceptúe urgentes hasta que tenga la debida consignación”.

Meses después, – poco antes del estallido de la guerra “incivil” que desmantelaría esa instalación científica tal y como fue concebida pues los vencedores consideraron al Instituto Español de Oceanografía “una cueva de rojos” tal y como destaca en un interesante post de su bitácora Pere Oliver-, el 7 de marzo de 1936 el mencionado patronato se reunió en el local de la Sociedad Malagueña de Ciencias, bajo la presidencia de Odón de Buen, director del Instituto Español de Oceanografía.

A la reunión, tal y como consta en los libros de actas del Acuario y Museo de Málaga que se custodian la sede de Fuengirola del Centro Oceanográfico de Málaga -como nos recuerda Camiñas (2018) asistieron:

D. José Méndez, Alcalde accidental; D. Manuel Vallecillo, Vicepresidente de la Diputación; D. José Campos, Ingeniero Jefe de Obras Públicas; D. Emilio Baeza Medina (1892-1980), presidente de la Sociedad de Amigos del País (y diputado de Izquierda Republicana elegido en las candidaturas del Frente Popular; exiliado en México regresaría a Málaga en 1953); D. Juan Carrasco Guerrero, Presidente de la Junta de Obras del Puerto; D. Enrique Martínez Jiménez, director del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza; D. Luis Ortega Nieto, Director de Sanidad del Puerto y D. Álvaro de Miranda y Rivera (1896-1940, director del Laboratorio Oceanográfico.

En esa reunión se eligió como presidente del Patronato al alcalde de la ciudad malagueña por aclamación.

Décadas después la dibujante María R. Mora evocaría esa reunión de esta manera al recrear momentos significativos de la relación de Odón de Buen con la ciudad de Málaga en el texto “Ciencia, Oceanografía, Patrimonio” de Juan A.Camiñas Hernández.

Dibujo de María R. Mora extraído del texto de Juan A. Camiñas Hernández, “Ciencia, Oceanografía Patrimonio” de 2018, p. 26.

Para saber más

José Antonio Bandera (1997) Historia de la investigación marina en Andalucía, 1908-1994. El Laboratorio Oceanográfico, Acuario y Museo de Málaga, Málaga, Studia Malacitana, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Málaga.

Antonio Calvo Roy (2015) Ciencia y política entre las dos repúblicas: Odón de Buen, México, El Colegio de México.

Juan A. Camiñas Hernández (2018), Ciencia, Oceanografía y Patrimonio. Inicios del Laboratorio, Acuario y Museo Oceanográfico de Málaga, Málaga, Asociación Cultural Amigos de la Barca de Jábega, Cuadernos del Rebalaje nº 41, marzo de 2018. 44 páginas.

Juan A. Pérez de Rubín (2014), “El Centro Oceanográfico de Málaga (1913-2013)”, en 100 años investigando el mar, Instituto Español de Oceanografía.

Juan A. Pérez de Rubín (2015), “El combate por el liderazgo institucional de las ciencias marinas civiles en España (1904-1942)”, en Emilio Cervantes, edit., Naturalistas en debate, pp. 203-248, CSIC.


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Matemáticos que compartieron mesa y mantel en el Madrid de marzo de 1936

El pasado martes 2 de octubre de 2018, mi colega y amigo Jean-Louis Guereña me mostró uno de sus libros, recién editado por Biblioteca Nueva,  Cultura, ocio, identidades. Espacios y formas de sociabilidad en la España de los siglos XIX y XX.

Guereña Sociabilidad

Al hojearlo me dí cuenta, y así se lo hice saber a Jean-Louis, que faltaba un capítulo dedicado a la sociabilidad de los científicos, quienes la practicaron, y la siguen practicando, en diversos espacios y de diversas formas a lo largo de la época contemporánea.

Al adentrarme en estos meses en el quinquenio republicano 1931-1936, he percibido, por ejemplo, que era habitual homenajear en torno a una mesa y mantel a los jóvenes científicos que accedían a una cátedra universitaria, o que obtenían una distinción. Imitaban así los científicos a otros intelectuales, como quienes decidieron dar la bienvenida en el Madrid de febrero de 1936 a Rafael Alberti y María Teresa de León tras un largo viaje a tierras mexicanas y cubanas, cuestión de la que he dado cuenta recientemente en mi otra bitácora. (ver aquí)

Ya en esta bitácora advertí hace unas semanas cómo la escuela del médico y notable investigador Jiménez Díaz mostró musculatura en el convulso Madrid de la primavera de 1936 al celebrar el triunfo de uno de los suyos -Manuel Díaz Rubio Lurueña- en unas reñidas oposiciones. (ver aquí)

Ahora doy cuenta de cómo otro colectivo científico que se había fortalecido en los años republicanos, como era el de los matemáticos -tal y como constató Julio Rey Pastor en una entrevista que le hiciese José Gallego Díaz en el diario El Sol de la que informé en la anterior entrada de esta bitácora (ver aquí) – compartió ese rito de celebrar un ágape para reforzar su identidad como grupo social y colectivo profesional.

En efecto, con motivo de la obtención de la cátedra de Análisis matemático, que se impartía en el segundo curso de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, por parte de un joven Ricardo San Juan Llosá (1908-1969), -ganó la cátedra con menos de 30 años- un grupo de sus compañeros y amigos decidieron mostrarle su reconocimiento y afecto, y “testimoniarle la admiración por su intensa labor científica”, celebrando un banquete en el Hotel Gran Vía de Madrid, ubicado enfrente del actual edificio de Telefónica, el sábado 7 de marzo de 1936.

Hotel Gran Via

En su desarrollo tomaron la palabra el decano de la Facultad de Ciencias, el astrónomo Pedro Carrasco Garrorena -presente en esta bitácora con motivo de haber sucedido a Echegaray en su cátedra  (ver aquí) , el homenajeado Ricardo San Juan, y el secretario de la Comisión organizadora José Gallego Díaz, y a quien también vamos siguiendo a través de diversas entradas de este cuaderno de investigación.

Este joven matemático, que luego sería padre de la actual directora del diario El País, e hiperactivo en aquellas semanas de gobierno del Frente Popular, leyó las adhesiones al homenaje de los ausentes en el banquete, varios de ellos cualificados representantes de la elite científica republicana, al encontrarse fuera de Madrid, probablemente. Entre ellos estaban Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), Honorato de Castro (1885-México 1962), Pedro González Quijano (1870-1958), Huidobro, Fontenla, Morales y Fraile, Reyas, [Mariano] Mataix, Sixto Ríos (1913-2008), Luis Bru Villaseca (1909-1997) y Carmen Martínez Sancho (1901-1995).

Luego el decano Pedro Carrasco Garrorena, impulsor de la organización del banquete, “hizo una brillante apología del agasajado y expresó su seguridad en que las excelentes dotes de investigador del sr. San Juan encontrarán eco propicio en esa juventud actual, a la que, por fortuna, le interesa más el saber que el aprobar”, según el testimonio de uno de los periodistas asistentes al evento.

El evento finalizó con unas palabras de agradecimiento del doctor San Juan y las felicitaciones al homenajeado de una “numerosa concurrencia, entre la que se contaban las figuras más destacadas de la investigación científica española”, tal y como destacó el gacetillero de El Sol que dio noticia a sus lectores de ese acto social al día siguiente de su celebración.

Entre los asistentes se encontraba el grueso del comité organizador del homenaje formado por un relevante grupo de científicos, según noticia ofrecida por el diario Ahora, que dirigía en los meses previos al estallido de la guerra civil ese gran periodista que fue Manuel Chaves Nogales. La casi veintena de nombres que enumero a continuación representaban en gran medida la vanguardia del conocimiento matemático existente en la España republicana, si bien había otras notorias ausencias en ese comité organizador del homenaje a Ricardo San Juan, como era el caso de Esteban Terradas (1883-1950).

Estos son los personajes que constituyeron el mencionado comité organizador: Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), creador de una escuela de matemáticos en España y Argentina y gran renovador de la enseñanza de las matemáticas parte de cuyo archivo está accesible on line (ver aquí), José Alvarez Ude (1876-1958), catedrático de Geometría Descriptiva de la Universidad Central -así se denominaba a la de Madrid- desde 1916, José Barinaga (1890-1965), catedrático de Análisis Matemático 1º de la Universidad Central desde 1931, Pedro Pineda (1891-1983), catedrático de Geometría Diferencial y de Geometría y Trigonometría de la Universidad Central desde 1933, Tomás Rodríguez Bachiller (1899-1980), catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central, un gran tertuliano y un matemático humanista según Antonio Rodríguez Huéscar (ver aquí) , Sixto Cámara (1878-1964), catedrático de Geometría Analítica de la Universidad Central desde 1935, Pedro González Quijano (1870-1958), profesor de Hidráulica e Hidrología de la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos de Madrid desde 1924, Blas Cabrera (1878-México 1945), catedrático de Electricidad y Magnetismo de la Universidad Central desde 1905, y rector de la Universidad Internacional de Verano de Santander desde 1934, Julio Palacios (1891-1970), catedrático de Termología de la Universidad Central desde 1916, Pedro Carrasco (1883-México 1966), catedrático de Física-Matemática de la Universidad Central desde 1917 o 1918 sustituyendo en ella a José Echegaray, y decano de su Facultad de Ciencias en los años republicanos, Honorato de Castro (1885-México 1962), catedrático de Cosmografía y Física del Globo de la Universidad Central desde 1920, Francisco Navarro Borrás (1905-1974), catedrático de Mecánica Racional de la Universidad Central desde 1930, José Sánchez Pérez (1882-1958), catedrático de Matemáticas en varios institutos desde 1908 -entre ellos el madrileño Instituto-Escuela adscrito a la JAE, del que este año conmemoramos su centenario- y relevante historiador de las matemáticas hechas en España, Pedro Puig Adam (1900-1960), catedrático de Matemáticas en el madrileño Instituto San Isidro desde 1926, el militar Vicente Inglada (1879-1949), geodesta y sismólogo de renombre internacional, un joven Sixto Ríos (1913-2008), profesor auxiliar del catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central Tomás Rodríguez Bachiller, el también joven Luis Santaló (1911-Buenos Aires 2001), recién regresado de Hamburgo donde había hecho estudios de doctorado con el geómetra Wilhelm Blaschke, Antonio I. Flores de Lemus Giménez (1913-1992), hijo del relevante economista Antonio Flores de Lemus, compañero de curso de los mencionados Sixto Ríos y Luis Santaló -ellos tres fueron los últimos doctores en matemáticas de la Edad de Plata- y cuya prometedora carrera de topólogo quedó truncada por la guerra civil, según me comunicó Luis Español por comunicación escrita de 18 de noviembre de 2019 y el también joven José Gallego Díaz (1913-Caracas 1965), quien dirigía desde 1932 la revista Matemática Elemental y era un activo divulgador de las matemáticas en las páginas del diario El Sol, como estoy destacando en este cuaderno de investigación.

Indudablemente uno de los méritos del joven catedrático Ricardo San Juan, -del que años después Sixto Ríos haría una sentida necrológica (ver aquí)-, fue sentar en torno suyo a matemáticos de diferentes ideologías y distintos grupos generacionales, que reaccionarían de muy diferente manera meses después cuando sobrevino el estallido de la guerra civil que produjo la desarticulación de un colectivo de matemáticos que se estaba esforzándose por internacionalizar su producción científica. Unos marcharon al exilio, como Pedro Carrasco, Honorato de Castro, Luis Santaló, otros serían figuras relevantes de las matemáticas producidas en la era de Franco, como Sixto Ríos.

 


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Rey Pastor hace un balance de la situación científica española y argentina en vísperas de la guerra civil

Julio Rey Pastor sello

 

En las primeras semanas de 1936 el matemático riojano Julio Rey Pastor (1888-1962) -uno de los líderes científicos de la generación de 1914-, quien desde 1921 tenía su base de operaciones en Buenos Aires, viajó a Italia para impartir conferencias en las universidades de Génova, donde fue presentado por Gino Loria (1862-1954) y de Padua y en el Instituto Matemático de la Ciudad Universitaria de Roma, que dirigía el profesor Gaetano Scorza (1876-1939).

De regreso a Sudamérica recaló en Madrid, donde tenía fuertes vínculos y numerosos discípulos. Uno de ellos era un joven matemático, al que ya hemos seguido en esta bitácora (ver aquí), que era en los meses previos al estallido de la guerra civil un asiduo colaborador del diario El Sol. Me refiero a José Gallego Díaz, padre de la actual directora del diario El País Soledad Gallego-Díaz, el cual decidió entrevistar a su maestro. Ese diálogo, publicado en las páginas de El Sol del sábado 11 de abril de 1936, pocos días después de la destitución del Jefe del Estado Niceto Alcalá-Zamora por el Parlamento surgido de las elecciones del 16 de febrero de 1936, nos ofrece información de interés sobre lo que opinaba un relevante científico, como era Julio Rey Pastor, de la situación de la ciencia que se hacía en España y la Argentina por aquella época.

Dado el interés documental de esta entrevista me permito transcribirla tal cual.

P. ¿En cuál parcela de las disciplinas científicas cree usted que el espíritu español ha marcado más honda huella en lo que va de siglo?

R. En las ciencias que pueden llamarse “geográficas”; esto es, en el estudio de nuestro solar, de nuestra historia, de nuestra raza. Nuestros naturalistas, primero, nuestros filólogos, después, nos han librado de la vergïenza de que los investigadores extranjeros tuvieran que descubrirnos y administrarnos nuestros bienes. La escuela de Bolívar, con su gran obra de catalogación, preparó el terreno para que los nuevos naturalistas puedan elevarse a otros planos de las ciencias naturales, siguiendo las huellas de Cajal, figura máxima y eternamente ejemplar de nuestra historia científica. La escuela de Menéndez Pidal, figura pareja en la escrupulosidad instrumental  y en el vuelo teorético, es también universalmente conocida y estimada, según tengo oido a grandes filólogos alemanes; la obra concienzuda de [Tomás] Navarro Tomás, la aguda crítica literaria de [Américo] Castro, los estudios medievalistas de Sánchez Albornoz y tantas otras figuras que han levantado la monumental “Revista de Filología”. La escuela de nuestros arabistas, cuya cumbre máxima es hoy la gran figura de Asín, encontró al fin la protección que merece tamaña empresa de descubrimiento de España. Empresa que justamente se inicia en los comienzos del siglo por obra de filósofos, ensayistas y literatos, cuyos nombres están en la mente de todos y que es la obra epónima del primer tercio ya vivido.

P. ¿Y cuál cree usted que debe ser la Empresa científica española en lo sucesivo?

R. Sin abandonar, claro está, los problemas de casa, es cuestión de honor nacional intensificar la incipiente colaboración en las ciencias “universales” para pensar en ellas y contribuir a sus progresos. Se ha comenzado, como es natural, con ejercicios experimentales, por cierto muy escrupulosos y meritorios, que acumulan valioso material para el futuro avance de la Física, Química y demás ciencias no racionalizadas: los progresos en este orden de actividad son enormes, y justo es rendir tributo a Cabrera, (1878-1945), Palacios (1891-1970) y Moles (1883-1953),  sus principales propulsores en Madrid, sin olvidar a Emilio] Jimeno [Gil] [1886-1976], que en Barcelona realiza meritísima labor orientada hacia la técnica.

Es de esperar que las generaciones así adiestradas en la experimentación cuidadosa han de colaborar pronto en la construcción de la Física, esto es, en la formulación de leyes, descubrimiento de fenómenos y aun quizá en las grandes concepciones teóricas que caracterizan el momento actual. Hasta ahora creo que el único descubrimiento experimental ha sido el de los multipletes del espectro realizado por [Miguel] Catalan (1894-1957) en Inglaterra.

P. ¿Y cree usted que llegaremos a los descubrimientos y a las creaciones teóricas?

R. Es ley natural de evolución, y todo es cuestión de tiempo. Cuando fundé el Laboratorio de Matemáticas, a petición de la Junta para Ampliación de Estudios, hubo que comenzar con trabajos de investigación matemática experimental, que exigiesen muchos aparatos; primero, por ser cuestiones que requieren más paciencia que genio, y permiten hasta a los más torpes imprimir mucho papel, justificando ante el Estado los dineros gastados; después, para satisfacer a las autoridades de la institución, impregnadas, como es natural, del espíritu positivista dominante en el siglo XIX, que rendía culto fetichista al vidrio y al metal. Al cabo de los años tales aparatos han sido arrumbados, pues hay ya un núcleo de jóvenes que colaboran en el movimiento universal de la Matemática teórica con aportaciones que todavía no tienen gran trascendencia; pero ya son tomadas en consideración a la par de otros trabajos que se producen en todo el orbe culto.

P. ¿Cuáles son las figuras sobresalientes en esta generación de investigadores?

R. No hay incoveniente en citarlas en el orden cronológico de su aparición en nuestro firmamento, antes tan nublado: [Ricardo] San Juan (1908-1969), que ya lleva publicadas interesantes comunicaciones en revistas internacionales; Flores, cuyos ingeniosos métodos topológicos tienen gran exito entre los especialistas, [Sixto] Ríos, (1913-2008)  que ha completado un importante capítulo de la hiperconvergencia; [Lluis] Santaló (1911-Buenos Aires 2001), cuyas aportaciones a la novísima geometría integral merecen altos elogios de Blaschke; el catalán [Pere] Pi Calleja (1907-1986), de la escuela de Terradas y Torroja, que se ha iniciado con una estimable nota en acreditada revista alemana (1), y de quien esperamos óptimos frutos.

P. ¿Qué valor relativo tiene este progreso respecto del realizado en otras ciencias?

R. Alejado definitivamente de la Universidad española, por resolución ministerial, y convertido en predicador ambulante por el viejo y el nuevo mundo, vida plenamente internacional que me mantiene en contacto con hombres de ciencia de países diversos y especialidades varias, creo gozar de la lejanía necesaria para abarcar amplio horizonte y poder comparar hombres y cosas sin los errores de perspectiva que ocasiona la cercanía.

Quien se coloque así, en plano de imparcialidad, verá lo que en el momento actual representa la producción científica española de mas alta envergadura, a pesar de su modestia; sin dejar de reconocer el valor que tienen los experimentos de comprobación y rectificación de resultados ajenos o su extensión a casos análogos más o menos difíciles, dirección que también convendría fuese seguida por algunos jóvenes matemáticos.

P. Usted que conoce como nadie el mundo científico suramericano, ¿estima la producción actual de allá comparable con la nacional?

R. Nota característica de toda juventud sana es la ambición, y lógico es que la juventud de un país joven lo sea doblemente; los noveles investigadores de los paises suramericanos quieren estrenarse con un disparo de tan largo alcance, que casi siempre yerran el tiro sin dar en blanco alguno. Muchos debutan, no con la resolución de un problema concreto, sino con la creación de una teoría, empresa mucho más lucida y a la par menos comprometida, sobre todo si no sirve para nada concreto. Hay, sin embargo, en Buenos Aires y La Plata algunos jóvenes laboriosos, que conocen y manejan la matemática con fruto estimable, aunque no proporcionado a sus ilusiones. La generación anterior, llamada de la Reforma de 1918 (que consistió en desalojar a los viejos caciques para ocupar sus puestos), se ha dedicado a la política universitaria y a la divulgación de conocimientos; confiamos en que la nueva generación, a pesar del ambiente mefítico para la investigación desinteresada que ha creado el absurdo sistema de elecciones académicas, único en el mundo, y a pesar de las trabas que habilmente le ponen quienes temen ser superados, logre realizar obra más estimable y duradera.

A este interesante diálogo entre dos matemáticos españoles que realizarían el grueso de su obra en tierras americanas añadió la siguiente coda el entrevistador, pocos meses antes de comprometerse activamente con el bando republicano durante la guerra civil. En efecto José Gallego Díaz finalizó su artículo-entrevista a Julio Rey Pastor rindiendo un pequeño homenaje a ese “predicador ambulante” de las matemáticas modernas.

“Nos despedimos del eximio maestro, cuyos ojos se iluminaron de alegría mientras nos hablaba del actual renacimiento de la matemática española. Y nosotros conmemoramos aquí su gesto magnífico, iniciado hace más de veinte años, cuando, al remontarse en vuelo aquilino sobre las llanuras desoladas y yermas, sembró con viva fe, entre las dudas y los recelos de siempre, el germen inmortal de las inquietudes superiores”.

J. GALLEGO DÍAZ

 

(1) Posiblemente se refiera al trabajo titulado “Über die Konvergenzbedingungen der komplexen Form des Fourierschen Integrals”, en Mathematische Zeitschrift, 40 (1935), págs. 349-374.


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El homenaje a un joven catedrático de Medicina en el Madrid de 14 de febrero de 1936

Si en la última entrada de mi bitácora fijé la atención en el homenaje que un grupo de amigos brindaron a María Teresa León y Rafael Alberti el domingo 9 de febrero de 1936 ahora me traslado a unos días después -al viernes 14 de febrero-. En esa ocasión fueron 23 médicos quienes se movilizaron para homenajear a uno de los suyos, a alguien que sería importante posteriormente en la medicina española, como fue el caso del doctor Manuel Díaz Rubio Lurueña (Madrid 1908-1976), creador de la hepatología en España. Como veremos a continuación ese homenaje sirvió para que la escuela de Jiménez Díaz sacase músculo ante los méritos de un joven médico pensionado en el extranjero que obtuvo su cátedra a los 28 años, en otra muestra del rejuvenecimiento que se produjo en las plantillas universitarias durante la Segunda República.

Nuestra fuente de información es la siguiente noticia aparecida en la segunda página del diario republicano La Libertad, uno de cuyos subdirectores era el padre del periodista Eduardo Haro Tecglen, del jueves 13 de febrero de 1936

EN HONOR DE UN CATEDRATICO

“Habiendo sido nombrado, después de reñidas oposiciones, para ocupar la cátedra de Patología médica de la Facultad de Medicina de Cádiz el joven doctor D. Manuel Díaz Rubio, y deseando expresar a éste nuestro entusiasmo por su triunfo y nuestra admiración por su intensa labor científica, con tanta modestia llevada a cabo al lado de sus maestros, un grupo de amigos y compañeros se reunirá para ofrecerle un sencilo homenaje que le sirva de estímulo en su labor docente y profesional.

Doctores Leonardo de la Peña (Ciudad Real 1875-Madrid 1957), Carlos Jiménez Díaz (Madrid 1898-1967), Lorenzo Gironés (Barcelona 1902-Managua 1955), Felipe Morán, Heliodoro G. Mogena, [especialista del aparato digestivo], Victoriano B. Acosta  [Ayudante de Otorrinolaringología de Antonio García Tapia desde 1933[,  Baldomero Sánchez Cuenca (Alcalá la Real-Jaén 1896-Madrid 1967) [discípulo de Jiménez Díaz],  Miguel Sancho, Alfonso de la Peña (Valladolid 1904-Madrid 1971),  Francisco Bielchowsky, [exiliado  de la Alemania nazi e hijo de Max Bielschovsky quien había solicitado a Cajal que le acogiese en Madrid, habiéndose incorporado a la clínia de Carlos Jiménez Díaz a principios de 1933 como ya señalé en mi edición de Los tónicos de la voluntad de Cajal], Luis Recatero, Carlos Albert, José de Paz, Francisco Vega Diaz (Sevilla 1907-Madrid 1995), Juan López Brenes, Darío del Pozo, Angel Suils (Logroño 1906), [gestionaba una clínica siquiátrica en Ciudad Lineal al empezar la guerra civil donde se refugiaría el fundador del Opus Dei José María Escrivá de Balaguer] Manuel Marcos, Carlos Lorca, Luis Cifuentes (Madrid 1907-2005), Manuel Arredondo (Madrid 1879- ?), Antonio G. Tapia (Ayllón, Segovia, 1875-Madrid 1950), Plácido G. Duarte (Carcelén 1897-Madrid 1986).

El banquete se celebrará mañana, 14 de Febrero, a las diez de la noche en el restaurante Capitol. Las tarjetas para el acto se pueden recoger en la portería del Hospital Clínico de San Carlos hou jueves, y mañana viernes, de diez a una y media de la mañana y hasta las seis de la tarde del mismo día en la Conserjería del edificio Capitol”.

Ese edificio Capitol, uno de los símbolos de la Gran Vía madrileña se había inaugurado el 15 de octubre de 1933. Su restaurante tenía unas magníficas vistas sobre la ciudad como subraya M.G. Giménez en su interesante blog sobre Antiguos cafés de Madrid (ver aquí).

Vcisitudes posteriores de ese colectivo de médicos pueden seguirse en trabajos como en la obra autobiográfica de F. Pérez Peña, Los últimos clínicos de San Carlos. Estampas y Vivencias de la Facultad de Medicina de San Carlos.

Añadiré que muchos de esos médicos habían sido alumnos, discípulos o colegas de Cajal, cuya huella seguía viva y omnipresente en el Madrid de 1936. Días antes del banquete mencionado, el jueves de la semana anterior, el 6 de febrero, se había representado en el teatro Victoria de Madrid, con gran éxito de crítica y público “Nuestra Natacha” de Alejandro Casona, estrenada el otoño anterior en Barcelona. Pues bien nada más iniciarse la obra el público podía apreciar cómo presidía la habitación de la Residencia de Estudiantes donde se desarrolla el acto primero un retrato de Cajal que parece inspirar la labor de algunos de los protagonistas de la obra como el médico Somolinos, doble del que sería en México un gran historiador de la medicina Germán Somolinos, o el entomólogo Mario, e incluso me atrevería a decir de la misma protagonista “Natacha”, la primera mujer doctora en Pedagogía surgida de una universidad española, con la misma voluntad pedagógica que Cajal.


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Una reseña de José Gallego Díaz a una obra conjunta de los matemáticos Julio Rey Pastor y Pedro Puig Adam de 1933

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En 1933, un año especialmente significativo en la producción científica, en el empuje educativo y en la labor cultural de la Segunda República española, apareció en las librerías un importante libro didáctico que un joven matemático reseñó así en las páginas del diario El Sol del miércoles 3 de enero de 1934

J. REY PASTOR y P. PUIG ADAM: “Elementos de Geometría racional”. Tomo I: Geometría plana. Madrid, 1933. Un volumen en 8º, de 296 páginas, encuadernado.

No es la primera vez que colaboran ambos insignes profesores en la publicación de obras de carácter didáctico, y como siempre, la originalidad en la exposición se encuentra unida a una claridad admirable en los conceptos. Así, en estos “Elementos de Geometría racional”, destinados a los alumnos de tercer año de bachillerato, pueden comprender los espíritus aferrados a la rutina en la enseñanza – y que, por desgracia, abundan más de lo que fuera de desear- las ventajas que reporta la elección de un texto que rompe con la cómoda tarea de establecer teoremas apoyándose en argumentos de apariencia irreprochables y que no son sino el disfraz de falsas construcciones, hundidas ante el menor examen crítico. Una vez explicada la admisión de un cierto número de postulados, la teoría se edifica sobre el sólido cimiento del rigor, eliminando de la arquitectura del conjunto todo detalle superfluo que distraiga la atención del lector, la cual discurre por seguros cauces con un mínimo esfuerzo y un máximo rendimiento total.

[Anotemos que ] Los autores han cuidado muy especialmente de seleccionar más de 250 ejercicios, que, distribuidos al final de las elecciones, contribuyen a ejercitar al lector en la práctica de los conocimientos adquiridos y a que se entere del abismo que separa el “saber cómo se resuelven los problemas” del “saber resolverlos por sí mismo”.

Merecen señalarse diversos puntos que no estamos acostumbrados a ver en estas obras de carácter elemental. Tales son la introducción del grupo armónico [el tratar el problema de la costa o de Pothenot, en el capítulo de lugares geométricos]; el destacar las significaciones físicas de las simetrías; la nueva y plausible definición que el Sr. Puig aporta a la equivalencia de polígonos [la nueva definición -por todos conceptos plausibles- que el Sr. Puig da de equivalencia de polígonos]; las determinaciones del centro y del eje radical; idea de la construcción del pantógrafo, etc., etc.

La obra de perfecta presentación tipográfica e ilustrada con cerca de trescientas figuras termina con un bello apéndice sobre los métodos para la resolución de los problemas geométricos.

José GALLEGO DÍAZ

 

Ese firmante, José Gallego-Díaz Moreno, era un joven matemático , de apenas veinte años, pues habia nacido en la ciudad jienense de Ubeda, en la Andalucía oriental, en 1913. Su biografía ha sido evocada por José Alvarez-Cornett en una interesantísima entrada de su blog en el que da cuenta de las aportaciones de científicos extranjeros al desarrollo cultural de Venezuela, país en el que fallecería el mencionado José Gallego-Díaz en 1965, tras haber sido padre en 1951 de la flamante directora de El País Soledad Gallego-Díaz, y exiliarse a las Américas en 1956. (ver aquí).

El original de la mencionada reseña se encuentra entre los papeles de Julio Rey Pastor, que el Instituto de Física Experimental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha digitalizado.  El texto manuscrito se adecúa casi en su totalidad con la reseña aparecida en el diario El Sol el 3 de enero de 1934. Las diferencias entre ambos textos están marcadas por los corchetes que he insertado en la transcripción.

bibliografia libro de Rey Pastor y Puig Adames

Comparando los dos textos de la aludida reseña es fácil reconstruir el camino que siguió el texto de un joven José Gallego-Díaz desde que lo elaboró hasta que llegó a las páginas de El Sol, un diario al que se puede considerar un lejano antecedente del actual diario El País, y que daba cobertura a las actividades científicas de Rey Pastor. Este matemático, que en aquellos tiempos republicanos combinaba sus tareas docentes e investigadoras entre Madrid y Buenos Aires, convencería a uno de sus discípulos más brillantes para que le ayudase a divulgar un libro que se adecuaba perfectamente al esfuerzo de renovación educativa que estaba impulsando la Segunda República en las aulas de bachillerato. Así lo estamos intentando mostrar en el proyecto de investigación “Dinámicas de renovación educativa y científica en las aulas de bachillerato en el primer tercio del siglo XX: una perspectiva ibérica”, dos de cuyos resultados serán el libro Aulas abiertas, de próxima publicación por la editorial Dykinson y la Universidad Carlos III y el diccionario on-line JAEeduca. Diccionario de profesores de instituto vinculados a la JAE (1900-1936), en el que precisamente hay una entrada dedicada a Pedro Puig-Adam (ver aquí), el tercer personaje de esta historia que he evocado en esta entrada. Así añadimos un dato más a la noticia biográfica de José Álvarez-Cornett ya mencionada, y resaltamos la interesante  labor pedagógica y científica de un matemático, injustamente olvidado, al haberse exiliado al continente americano, y padre de una destacada periodista, como es Soledad Gallego-Díaz, la primera mujer que dirige el diario El País.

 


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La sociedad Española de Física y Química en 1917: un balance

En la página semanal que el diario El Sol dedicaba a la Ingeniería y Arquitectura apareció en el ejemplar correspondiente al viernes 24 de mayo de 1918 una noticia en la que conviene fijar la atención .

En la sección Libros y Revistas, que acompañaba a un artículo del ingeniero industrial M[anuel] Lucini sobre “La electrificación del Pajares”, se insertaba una reseña de la Memoria anual reglamentaria de la Sociedad Española de Física y Química que nos ofrece información de interés sobre tres cuestiones: las repercusiones que tuvo la Gran Guerra en el sistema científico español de hace un siglo cuando la JAE logró incorporar a sus laboratorios a un grupo de investigadores europeos; la consolidación en el panorama investigador español de dos disciplinas que experimentaron un gran auge antes y después de la Primera Guerra Mundial como fueron la Física y Química; el relevante papel organizativo desempeñado por un químico poco conocido José Rodríguez Mourelo (1857-1932) catedrático de la Escuela de Artes e Industrias, que además de ser secretario de la Sociedad Española de Física y Química desde su momento fundacional en 1903, ayudó de manera inestimable a Santiago Ramón y Cajal en la dirección del Instituto de Material Científico, como secretario de ese organismo del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, dedicado a proveer de recursos pedagógicos e instrumentos adecudados a los centros docentes.

Una buena vía para profundizar en la trayectoria científica de Rodríguez Mourelo sería sacar más provecho de los materiales relacionados con su trayectoria científica que alberga la red de bibliotecas del CSIC donde en su catálogo informático hay más de un centenar de referencias bibliográficas y documentales relacionadas con este científico gallego. Por ellas sabemos, por ejemplo, que Rodríguez Mourelo fue uno de los destinatarios en 1896 de uno de los ejemplares que editara el americanista Marcos Jiménez de la Espada de la Historia del Nuevo Mundo, obra escrita en el siglo XVII por el  jesuita Bernabé Cobo, y que permanecía inédita. Por esos años finiseculares del siglo XIX Rodríguez Mourelo estaba muy presente en la esfera pública como lo muestra el artículo que dedicara en 1895 a Santiago Ramón y Cajal en las páginas de La Ilustración Española y Americana, que reproduje en el anexo documental que acompaña a mi edición de Los tónicos de la voluntad. Consejos y reglas para la investigación científica, el best seller de Cajal, publicada por Gadir por primera vez en 2005, y que se sigue reeditando.

Anales Sociedad Española Fisica y Quimica

La reseña, no firmada, aparecida en el diario El Sol, se titulaba José Rodríguez Mourelo: Memoria anual reglamentaria de la Sociedad Española de Física y Química, y su contenido es del siguiente tenor:

La meritoria labor científica realizada durante el año de 1917 por la Sociedad Española de Física y Química, ha sido reseñada a grandes rasgos en un folleto de reciente publicación, por el catedrático y académico D. José Rodríguez Mourelo, que desempeña desde la fundación de la Sociedad el cargo de secretario general.

La guerra mundial ha influido, como no podía menos de ocurrir, en los trabajos científicos de esta Corporación, privándola del intercambio y relación con sociedades y sabios extranjeros, y aminorando considerablemente el número de extractos de revistas que publican en sus anales y que constituyen un arsenal de datos bibliográficos y científicos de inestimable labor.

A pesar de ello, y gracias al excelente acuerdo de la Junta de Ampliación de Estudios de traer a Madrid algunos profesores extranjeros, uno de ellos, monsieur [Georges] Urbain, profesor de Química en la Sorbona, asistió a las juntas de la Sociedad y dio cuenta en ellas de su notable trabajo acerca de una teoría de los conductores eléctricos perfectos. Y entre las notas de investigación científica publicadas en los Anales, figuran dos, procedentes de la Argentina, que tal vez marquen el comienzo del intercambio científico con la América española.

Los estudios de magnetoquímica, anunciados en el Laboratorio de Investigaciones Físicas; los de espectroquímica, los referentes a complejos minerales ocupan buen número de páginas del último tomo de los Anales. Y comienzan, con los mayores entusiasmos, las correcciones y determinaciones del peso atómico de los cuerpos simples.

La Memoria del Sr. Rodríguez Mourelo, correcta y sucintamente redactada, da clara idea de la brillante labor que en quince años de existencia está realizando la Sociedad Española de Física y Química, sin el apoyo oficial a que es acreedora y sin la colaboración de personas y entidades moralmente obligadas a auxiliarla en los altos y patrióticos fines que persigue.

 


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Antes de su exilio Pedro Carrasco y Garrorena sucedió a Echegaray en su cátedra

 

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Ilustración de Mikel Murillo para Ciencia de acogida

En el ejemplar de El Sol del viernes 17 de mayo de 1918, en la sección semanal dedicada a la Ingeniería y Arquitectura, M.M.C. -siglas que probablemente corresponderían a Manuel Moreno Carracciolo, uno de los colaboradores de esa sección que dirigía el ingeniero Federico de la Fuente- informó a sus lectores de la oposición en la que se dilucidó quién sustituyó en su cátedra de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central a José Echegaray (1832-1916), el científico, político y dramaturgo que había dado un gran impulso en la España del último tercio del siglo XIX a los estudios de física matemática, según ha destacado en diversos estudios José Manuel Sánchez Ron, 

Dada la riqueza del testimonio de Manuel Moreno Carracciolo, a pesar de algunas opiniones discutibles como su minusvaloración de los científicos del Sexenio democrático, me permito reproducirlo en su integridad a continuación, pues nos ofrece información sobre un momento importante de la trayectora académica de Pedro Carrasco Garriorena que sus mejores biógrafos – José M. Vaquero y José M. Cobos- trataron muy someramente.

pedrocarrasco

Pedro Carrasco Garrorena

He aquí el testimonio de Manuel Moreno Carracciolo, al que de vez en vez hago apostillas.

Hace tres años, en el tablón de anuncios del Ateneo, donde se previene al público de las horas en que conviene abstenerse de entrar en el salón de sesiones, so pena de escuchar alguna conferencia soporífera, apareció el aviso referente a un curso de “Teoría de la relatividad”, explicado por D. Pedro Carrasco y Garrorena. [En otra entrada de esta bitácora di cuenta de ese curso que formó parte de un importante ciclo de conferencias organizado por el Ateneo de Madrid en 1915. Ver aquí]

Cuando había pasado, con creces, la hora de la conferencia, entramos en la docta casa y sufrimos una reprimenda del bondadoso presidente de la sección de Ciencias, D. Luis Hoyos. [Luis de Hoyos (1868-1951) había sustituido ese año de 1915 en la presidencia de esa sección a Eduardo López Navarro según la lista de socios del Ateneo de 1914 que se puede consultar aquí]

– ¡Pero hombre! ¿Cómo no ha venido usted a oir a Carrasco? ¡Lo que se ha perdido usted! Es una maravilla de claridad con que ha expuesto las más difíciles cuestiones de física y de matemáticas. No en balde lleva seis años de ayudante de Echagaray en su cátedra de la Universidad.

Asistimos arrepentidos a las siguientes conferencias, y confirmamos plenamente el exacto juicio de D. Luis Hoyos. Aquel muchacho dominaba la física moderna, y sus explicaciones, claras y sencillas, recordaban a las de su maestro Echagaray.

Muerto el sabio catedrático, [en 1916] único prestigio científico de la mediocre generación que asistió a la inútil revolución septembrina y a la ramplona restauración monárquica, fue necesario proveer su cátedra, y por feliz casualidad se han guardado en este acto científico-administrativo los respetos debidos al ilustre D. José.

El tribunal de oposiciones, a pesar de haber sido propuesto por el Consejo de Instrucción Pública, estaba formado por personas competentes. Lo presidía D. Augusto Krahe, (1867-1930) nuestra primera autoridad matemática, y lo formaban con él, Cabrera, (1878-1945) el renovador de la enseñanza de la física; Vela, (1865-1927) uno de los más prestigiosos astrónomos del Observatorio de Madrid, y Risco (1888-1954), que en plena juventud ha ganado la cátedra de Termología en la Facultad de Ciencias de la Central. [la cátedra que gana en Madrid es la de Acústica y Óptica tras haberla desempeñado desde 1914 en la Universidad de Zaragoza]

Con Carrasco, el discípulo y ayudante de Echegaray, luchó en estas oposiciones D. Vicente Burgaleta, ingeniero industrial y doctor en Ciencias, que ha demostrado en el curso de los ejercicios una cultura y una capacidad realmente excepcionales. Nos dicen que en oposiciones celebradas hace poco en la Escuela Central de Ingenieros Industriales fue pospuesto a otro de los opositores. [años después el ingeniero industrial Vicente Burgaleta (Valladolid 1891) emigraría a Bolivia donde llevaría a cabo una relevante carrera empresarial y académica, poco conocida] O su contrincante era una verdadera eminencia, o el tribunal calificador se parecía muy poco al que acaba de actuar en estos momentos y que, después de hacer justicia a los méritos de los dos aspirantes, ha propuesto a D. Pedro Carrasco [1883-1966] para substituir a Echegaray en la cátedra de Física matemática de la Universidad Central.

Y todos ellos, jueces y opositores, han hecho algo más que realizar un acto de justicia los unos y un brillante alarde de su competencia los otros: han rendido un postrer homenaje a la memoria de aquel hombre sabio y bueno que regentó en los últimos años de su vida la más alta cátedra de la Facultad de Ciencias.

Si Echegaray hubiera presenciado los ejercicios, habría felicitado, seguramente, a los opositores y a los jueces.

M.M.C.

Pedro Carrasco Garrorena en la Red.-

https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Carrasco_Garrorena

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2959901

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-35422008000200017

http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=57028302005

http://cienciadeacogida.org/es/expo/protagonista/pedro-carrasco-garrorena

https://acelerandolaciencia.wordpress.com/2018/01/29/nuestro-sol-uno-de-tantos-pedro-carrasco-garrorena-en-ciencia-de-acogida/

http://www.hoy.es/v/20101218/sociedad/pedro-rafael-carrasco-garrorena-20101218.html

 

 

 


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Ciencia, educación y cultura en El Sol: del 18 al 24 de febrero de 1918

El domingo 24 de febrero de 1918 se celebraron elecciones al Congreso de los Diputados. Evidentemente la información electoral fue muy amplia en el diario El Sol en los días previos a esas elecciones.Así el lunes 18 de febrero el editorialista se lamentaba de que la vieja política “vuelve a sentirse optimista” porque se detectaba una falta de reacción del electorado a las triquiñuelas de los partidos turnantes. Y presentaba a los 56 diputados que habían sido elegidos sin lucha, acogiéndose al artículo 29 de la Ley electoral. Los intelectuales no cesaban de emitir sus opiniones ante la batalla electoral. Así el jueves 21, el viernes 22 y el sábado 23 de febrero El Sol insertaba en su primera página, mediante tres entregas, el artículo de José Ortega y Gasset, “Hacia una mejor política” en los que abordaba, entre otras cuestiones, la necesidad de reorganizar la institución ministerial.

Simultáneamente la sociedad española seguía con atención y aprensión el desarrollo de la Gran Guerra. Así el jueves el periódico mostraba a sus lectores con esta representación gráfica la situación del frente italo-austriaco tras una ofensiva de las tropas aliadas.

Frente italiano El Sol 21 febrero 1918En el ámbito educativo cabe destacar cómo la colaboradora de El Sol Beatriz Galindo en un artículo del lunes 18 de febrero echaba en falta la existencia de una gran revista femenina en el seno de la sociedad española que fuese modelo de “modernidad y buen gusto” como lo eran The Queen, Fémina, The Lady’s Field, Harper’s Bazaar, The Woman’s, Home Journal y muchas otras, que estaban repletas de información útil y recreativa.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

La sección semanal de Pedagogía e Instrucción Pública, que aparecía en el ejemplar de los lunes, se abría con un extenso artículo del responsable de la sección el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n.1889) titulado “Para las próximas Cortes. La enseñanza técnica general“, que por su interés presento en su totalidad en otra entrada de esta bitácora (ver aquí). Además se denunciaba en otro artículo de esa sección corruptelas que habían ocurrido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia donde, como se aprecia en el siguiente cuadro, había acudido un tropel de alumnos a inscribirse por la fama que se había extendido de la facilidad de aprobar los exámenes en ella.

Universidad de Murcia Derecho

En efecto si la media de suspensos en todas esas Facultades de Derecho era del 15 % de los alumnos oficiales, y del 48% de los alumnos libres, en el caso de la Facultad murciana esas cifras eran el 9% de los alumnos oficiales, y el 88% de los libres.

En el apartado de Libros y revistas de esa sección se reseñaba ampliamente un artículo sobre la enseñanza agrícola escolar publicado en la revista francesa Manuel général de l’instruction primaire.

El Sol Biologia y Medicina

El martes 19 de febrero la sección Biología y Medicina de El Sol se abría con un amplio artículo “El corazón y el ejercicio” de su colaborador el cardiólogo Luis Calandre (n. 1890), quien muy joven -en 1912- había tenido una pensión de la JAE en Berlín para realizar estudios de Fisiología. En él ilustraba a sus lectores sobre el funcionamiento de ese “perfectísimo aparato hidrodinámico”, que por su interés reproduzco en otra entrada de esta bitácora. (ver aquí).

En el apartado de Libros y Revistas de esa sección, a través del cual se pretendía tener informados a los profesionales de la medicina repartidos por el país de todas las novedades en las investigaciones médicas y biológicas, había hasta diez reseñas de otras tantas publicaciones extranjeras firmadas por tres de los principales colaboradores de la sección. Así el responsable de la sección el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (n. 1886) reseñaba “La psicología de los sueños de los soldados”, de Mott, en The Lancet de 2 de febrero de 1918; “Los lápices explosivos empleados por los alemanes” de Le Caducée de 15 noviembre 1917, reproducido por Medical Record; “Un método para combatir el bocio hiperticoideo”, de Watson, publicado por Endrocrinology en abril de 1917, y tres artículos de los que informaba la publicación Zentralb. f. shw. Aerzte: “Un nuevo método operatorio descomprensivo suboccipital (drenaje) en los casos de aumento de la presión intracraneal” de Anton y Schmieden; “¿Está justificada la provocación del aborto en los casos de otoesclerosis? de Nelle; “Alteraciones y sensaciones de la lengua, como síntoma prematuro y acompañante de la anemia perniciosa” de Zimmermann. Por su parte Luis Calandre reseñaba el artículo “Ulceras gastroduodenales” de Greggio, publicado en Archives de Médécine Experimentale, de agosto de 1917. Y Juan Negrín, con sus siglas J.N., firmaba las reseñas de estos tres artículos:  “Contribución al estudio del páncreas de los teleosteos. El páncreas de “Tinca vulgaris” en condiciones normales de nutrición, y después de un ayuno prolongado” de Gianelli publicado en el tomo 27 del Monitore Zoologico Italiano; “Sobre el compuesto cristalino yodado, que se manifiesta en el tiroides” de Kendall, que conoció a través de Annal. del Journal de Physiol., y un artículo de Albertoni en los Archives Italiennes de Biologie.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El miércoles 20 de febrero la sección semanal que dedicaba El Sol a las Ciencias Sociales y Económicas se abría con el artículo “La investigación científica de la economía española” del responsable de la sección Luis Olariaga (n. 1885), quien expresaba por primera vez en la prensa su opinión sobre publicaciones españolas que trataban de temas de carácter económico, y que dado su interés reproducimos en otra entrada de esta bitácora. (ver aquí).

Junto a ese artículo el lector de El Sol accedía a tres amplias reseñas. La primera correspondía a un artículo de Charles Trevelyan  sobre la fusión del socialismo y el liberalismo radical que había publicado en The Nation el 2 de febrero de 1918. Y las otras dos a sendos artículos publicados por The Economic Journal en diciembre de 1917 con información de periódicos alemanes sobre la escasez de capital después de la guerra y sobre la próxima guerra comercial.

El Sol Historia y Geografía

El jueves 21 de febrero la sección semanal dedicada por El Sol a la Historia y Geografía se abría con un amplio artículo del responsable de su sección el humanista mexicano Alfonso Reyes (n. 1889) sobre “Los ensayistas” en el periodismo inglés del siglo XVIII que arrancaba de esta manera:

Para esta época, el público de periódico era ya abundante. Al periódico puede atribuir el doctor Johnson el alto nivel de cultura del pueblo inglés. Los coches correos de Palmer salían a horas fijas de Londres para distribuir las hojas volantes, y en ellas se procuraba mezclar lo agradable con lo útil.

Aparte del desarrollo de la simple información, los mayores periodistas de esta época fueron verdaderos literatos, “ensayistas” dedicados a exponer opiniones sobre todas las cosas y, por lo general, humoristas. Como Swift, Addison y Steele, Johnson y Goldsmith. Cierto es que sus ensayos, improvisados sobre el suceso o la discusión del día, se iban alejando del tipo tradicional del ensayo, caracterizado en la obra de Bacon. Ya no eran ensayos sedentes, sino ensayos en marcha: literatura combativa y plenamente “movlizada”, a la que conviene menos la erudición con sus abismos de cifras y sus guijarrales de nombres, que el ritmo o el olor de la erudición con sus insinuaciones precisas y suficientes.

Ese artículo de Reyes estaba acompañado de otro -no firmado- titulado “El crítico y el poeta. (Según las “Memorias de un crítico”, de Benedetto Croce)” que abordaba las relaciones entre ese filósofo e historiador liberal italiano y el poeta Carducci, que había obtenido el Nobel de Literatura en 1906, el mismo año en el que Cajal junto a Golgi obtuvo el Nobel de Medicina y Fisiología.

En el apartado de Libros y Revistas de esa sección se ofrecían reseñas de dos trabajos: el de Juan B. Ambrosetti (1865-1917), “Fantasmas de la Selva Misionera”, publicado en la Revista de Filosofía de Buenos Aires, en el que ese naturalista y etnógrafo argentino daba noticia y analizaba algunas tradiciones populares paraguayas; y el de R. M. sobre “Las fronteras lingüisticas en Europa“, aparecido en La Nature el 19 de enero de 1918, con seis mapas, al que el colaborador habitual de El Sol el catedrático del Instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda (n.1881) sometía a una interesante crítica. Dantín señalaba que ese artículo se apoyaba, “casi exlusivamente”, en un estudio muy completo y documentado de Leon Dominian que habia aparecido en el Bulletin of the American Geographical Society. Pero reconocía que “metodiza la cuestión y da a la repartición de los idiomas que se hablan en la Europa combatiente clara expresión cartográfica”. Y añadía: “Aparte de Francia, una siempre, los demás actuales Estados no son más que complejos de nacionalidades; la Historia del Centro y del Oriente de Europa tiene sus raíces en este problema. España misma, pese a quien pese, es otro caso, no tan agudo, ciertamente; pero presta, y en plazo breve, a una diversificación nacionalista”.

En ese mismo ejemplar de El Sol su crítico de arte Francisco Alcántara (n. 1854) se hacía eco, elogiosamente, del “importantísimo descubrimiento arqueológico sobre el arco de herradura” que se había hecho en el muro lateral izquierdo de la iglesia toledana de Santa Justa, fundada por el rey visigodo Atanagildo a mediados del siglo VI. La significación  de ese hallazgo, que mostraba un origen visigodo de ese elemento arquitectónico atribuido hasta entonces a la arquitectura traída por los musulmanes, había sido expuesta por su descubridor, el profesor de la Escuela de Artes e Industrias de la ciudad de Toledo Aurelio Cabrera (n. 1870) e integrante de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de esa ciudad castellana, en las páginas de la “simpática revista ilustrada Toledo.

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Detallle del arco de herradura ubicado en lo que constituía la puerta principal de la actual iglesia toledana de Santa Justa y Rufina construida en el siglo VI.

 

El Sol Ingeniería y Arquitectura

El viernes 22 de febrero la sección semanal dedicada por El Sol a Ingeniería y Arquitectura se abría con el artículo firmado por el responsable de la sección, el ingeniero Federico de la Fuente, “La combustión del nitrógeno. Cómo se fabrica un sol“. En él se explicaba el interés del físico, inventor e industrial noruego Kristian Birkeland (1867-1917) y de su socio industrial el ingeniero también noruego Sam Eyde (1866-1940) por desarrollar un horno calentado por arco eléctrico y el proceso industrial que crearon en 1903 para producir fertilizantes artificiales para la agricultura mediante la fijación del nitrógeno del aire. Ese proceso Birkeland-Eyde se revelaría ineficiente en términos de consumo de energía. Pero a Federico de la Fuente le interesó explicar a sus lectores las claves de ese proceso, como la utilización de un arco eléctrico formado entre dos electrodos coaxiales que a través del uso de un campo magnético intenso se extiende al exterior hacia un disco delgado. Para facilitar su explicación se valió del siguiente esquema.

Arco electrico El Sol 22 febrero 1918

El trabajo de Federico de la Fuente estaba acompañado del artículo no firmado “La tasa del hierro“. En él se resumía el informe que había elaborado el comandante de Ingenieros Jaime Coll sobre el precio de coste de los productos siderúrgicos españoles, a petición de los metalúrgicos sevillanos, cuya labor se elogiaba en estos términos: “dicho señor ha evacuado su cometido con un trabajo conciso y preciso, que no dudamos habrá tenido presente la Comisión encargada de la tasa de los materiales de construcción por Real orden del 6 de corriente”.

En el apartado Libros y Revistas de esa sección se reseñaban cuatro trabajos de los que destaco dos: el de L.W.W. Morrow, director del departamento de Ingeniería eléctrica de la Universidad de Oklahoma, sobre “Los ingenieros titulares y las necesidades de la industria“, publicado en Engineering News Record, en enero de 1918 y uno sobre “El bicentenario de D’Alembert”, publicado en Engineering el 25 de enero de 1918.

Y aparecía un apartado dedicado a la correspondencia con los lectores donde se respondía a cuestiones planteadas por lectore de Puertollano, Barcarrota (Badajoz) y Coruña.

También ese día el ya mencionado crítico de arte del periódico Francisco Alcántara (n. 1854) hacía un amplio y atinado resumen de la “notabilísima” conferencia que había impartido en el Ateneo de Madrid el día anterior el profesor de Historia del Arte y crítico de ABC Rafael Domenech (n. 1874) sobre “La cultura de un artista”, organizada por una activa sección de Artes Plásticas de esa institución cultural madrileña.

Por su parte la colaboradora Beatriz Galindo firmó el artículo “Lo que lee la mujer” donde hacía una valoración de las lecturas preferidas por las mujeres cultas italianas, francesas e inglesas, dejando para un próximo artículo su valoración sobre las lecturas de las mujeres norteamericanas y españolas.

El Sol Derecho y Legislación

La sección semanal que dedicaba El Sol al Derecho y Legislación los sábados se abría el 23 de febrero de 1918 con un amplio artículo del responsable de la sección el catedrático de Derecho Político de la Universidad de Granada Fernando de los Ríos (n. 1879) quien firmaba el artículo “En torno al sufragio. El derecho electoral y la democracia”, en vísperas de unas importantes elecciones al Congreso de los Diputados. En él exponía las diferencias entre el escrutinio uninominal y el escrutinio por lista y explicaba cómo la legislación española sobre gastos electorales impedía la igualdad de oportunidades en la lucha electoral mostrando cómo “la lucha del poderoso con la del hombre modesto es en extremo desigual, por el carácter hondamente plutocrático de nuestra ley. Se ha hecho un Senado a base de una condición en sus miembros, que excluye a los no ricos, y se ha dado una ley electoral para diputados que opone serios obstáculos a la incorporación de las clases medias”, finalizando su reflexión con esta pregunta retórica: ¿Y es conciliable una legislación de este tipo con las exigencias más elementales de la democracia?”.

El apartado Libros y Revistas de esa sección ofrecía la reseña de tres trabajos aparecidos en el volumen de 1917 del Journal du Droit International. Uno era el del profesor de la Universidad de Neuchatel, G. Sauser-Hall, sobre “La nacionalidad y la naturalización en Derecho suizo”. Otro era del profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Toulouse A. Merignhac sobre “Los procedimientos diplomáticos de los imperios austroalemanes en el curso de la guerra 1914-1917″. Y el tercero de M. D’Amelio sobre “Signos por los cuales puede reconocerse una Sociedad como nacional en Italia”.

En el apartado Jurisprudencia el colaborador de la sección Pablo de Azcárate (n. 1890) resumía varias sentencias de tribunales franceses e italianos.

El Sol Agricultura y Ganaderia

En la sección semanal dedicada a Agricultura y Ganadería El Sol del domingo 24 de febrero publicaba el artículo del responsable de esa sección Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) “Por la España agrícola. Las elecciones y la agricultura” en el que hacía un detallado análisis sobre las razones de la inexistencia de un partido agrarista entre las fuerzas políticas que concurrían a las elecciones que se celebraban ese domingo.

En el apartado “Original ajeno” de esa sección aparecía el nombre del ingeniero agrónomo José María de Soroa firmando un artículo sobre “Los abonos radiactivos“. En él trataba de los fundamentos de la radiactividad agrícola y las reglas de aplicación de sus fertilizadores, cuestión “que nos parece el de más oportunidad e interés para los agricultores, por si alguno los ensaya”. Recomendaba a demás a quienes tuviesen interés por conocer la teoría de las emanaciones del radium la obra de Carlos R. Gibrou “La ciencia al día” e informaba de diversas experiencias realizadas por el catedrático de la Universidad Central Muñoz del Castillo, por agricultores mallorquines y en el Instituto de Radiactividad que había conseguido un aumento notable de la producción de diversos productos como maiz y alfalfa, y diversos frutales   empleando fertilizadores radiactivos extranjeros o uno preparado en la localidad mallorquina de Andraitx.

En el apartado “Leyendo revistas” de esa sección había una breve reseña de un artículo sobre “La clorosis de la viña” publicado en Le progrès Agricole et Vinicole de Montpellier, en su número de 2 de diciembre de 1917.

También el ejemplar de El Sol del domingo 24 de febrero publicaba su suplemento cultural “Hoja Literaria”. En él el lector tenía acceso a las siguientes colaboraciones: el artículo “Galana y Relucia” de la condesa de Pardo Bazán (n. 1851); el apunte de la semana que en esa ocasión Enrique Díez-Canedo (n. 1879) con el títutlo “El planeta chino” dedicaba a la edición que había hecho Mr. A. D. Waley, de la Escuela de Estudios Orientales de Londres, de poemas chinos de la dinastía T’ang, “la más gloriosa en la literatura del celeste imperio”, donde destacó el poeta llamado Po-Chu-I, que vivió entre los años 772 y 846 de nuestra era; el poema “Las palomas del molino” de Pilar de Cavia (n.1860); Sonetos de Ramón de Basterra (n.1888) y el folletón de Ramón Pérez de Ayala (n. 1880), “Lás máscaras”, que dedicaba ese día a “La tradición y los gitanos”.

 


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La producción española de obras de economía hace un siglo: un balance de Luis Olariaga

Luis Olariaga (Vitoria 21 de marzo 1885-Madrid 3 de agosto de 1976) fue un importante economista en la España de la primera mitad del siglo XX. Tras haber sido pensionado por la JAE para hacer estudios de Economía Política en Berlín obtuvo en 1917 la cátedra de Política social y Legislación comparada del trabajo en la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Cuando a finales de ese año nació el diario El Sol  fue llamado por Nicolás de Urgoiti, vasco como él, y por José Ortega y Gasset para hacerse cargo de la Hoja semanal de Ciencias Sociales y Económicas que ese diario publicaba todos los miércoles.

En el número correspondiente al miércoles 20 de febrero de 1918 publicó un interesante artículo sobre “La investigación científica de la economía española” que me parece oportuno dar a conocer en esta bitácora por la relevante información que ofrece acerca de cuál era la situación de la investigación de una de las ciencias sociales emergentes en la España de hace un siglo, como era la economía. En ella tenía una posición de liderazgo el Seminario de Economía Política de Flores de Lemus, como queda patente en el texto que se ofrece a continuación.

            En nuestras manos ha caído un librito publicado por la Academia Universitaria Católica con el título “Documentos de asunto económico correspondientes al reinado de los Reyes Católicos”. En él van contenidos los trabajos realizados durante los cursos de 1915 a 1916 y 1916 a 1917 por los alumnos del laboratorio de Historia de la Economía social en España que en la citada academia dirige el catedrático de Historia de la Universidad central, don Eduardo Ibarra.

            Es la primera vez que expresamos en la Prensa nuestra opinión sobre publicaciones españolas que traten temas de carácter económico. Repetidas veces hemos sido invitados a ello, pero la falta de justificación para distraer la atención de los lectores nos ha impuesto un discreto silencio. De aquí que tampoco nos ocupemos habitualmente, en esta página, de comentar disertaciones que, basadas en esta clase de problemas, hacen ruido de vez en cuando en nuestros más solemnes centros de cultura.

           Hace no muchos días acudimos a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación a escuchar una conferencia de D. Augusto González Besada acerca de “El crédito público después de la guerra”. Era nuestro propósito entresacar de las ideas que expusiera el Sr. González Besada aquellas que más relevantes nos parecieran para hacer en este lugar alguna pequeña glosa. Pues no nos fue posible sacar en limpio nada, sino que el Sr. González Besada, eminente hacendista y varias veces ministro de la Corona, en toda una Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, ante un auditorio de ex ministros, académicos y otros representantes muy principales del saber oficial, había tenido serenidad bastante para leer unos datos de una revista extranjera y aderezarlos con varias vaguedades de alarmante puerilidad, sin demostrar conocimiento ni estudio alguno de la trascendental cuestión que en el tema se enunciaba.

            Y como nos cuesta mucho tener que expresarnos en ese tono tan seco de antipatía, optamos entonces por callarnos, puesto que, al fin y al cabo, las recreativas veladas de nuestras Reales Academias no suelen ejercer sobre el país gran influencia.

           Mas hoy se nos presenta ocasión de mencionar cordialmente una obra que, aunque es modesta por ser labor de estudiantes, representa una orientación que puede ser fecunda para la investigación de nuestra economía; y aprovechamos la coyuntura para contrastarla con las tendencias que predominan actualmente en la producción española de obras de Economía.

            En dos categorías podemos separar la generalidad de los libros de esa clase que en España han aparecido en estos últimos años: obras de carácter general teórico y obras de política económica. Entre las primeras recordamos el libro de D. Joaquín Portuondo “Estudios de Economía social”, el de don Germán Bernácer “Sociedad y felicidad” y aun el de Pedro de Castilla titulado “El ahorro colectivo”. No es intención nuestra hacer un especial análisis, ni siquiera establecer el valor que pueda tener cada una de estas obras; nos interesa más bien su significación general con relación al fomento de los conocimientos económicos en nuestra patria. Desde este punto de vista se nos figura que cuantas obras de este tipo se han editado en España últimamente, representan un error. Tal clase de trabajos sólo pueden justificarse bajo uno de estos aspectos: como sistemas originales o como escrupulosa exposiciones de doctrinas ajenas. A ninguna de ambas exigencias responden las obras a que hacemos alusión. En unos casos se trata de la repetición confusa de un sistema ajeno, sin que, al parecer, el autor se dé cuenta clara de que sus conceptos fundamentales no son más que recuerdos que sus lecturas favoritas le han dejado. En este sentido es verdaderamente extraordinaria la influencia ejercida en nuestro país desde hace algunos años por Henry George. La explicación está, probablemente, en el talento lírico del agitador norteamericano, en su sencilla y profética visión de los problemas económicos, y en su falta de preparación científica, que le permitía desenvolver sus ideas con incauta pero absoluta confianza. El georgismo como manera de representarse la vida económica – pues suele llamarse también georgismo a muchas cosas que no lo son-, cuando se da en algún país de Europa, se da en el extrarradio de la zona científica, entre los periodistas, los literatos y las gentes de buena voluntad que tienen afición a los problemas generales económicos. También aquí, en España, los hombres que han escrito recientemente libros de Economía política bajo el influjo de Henry George son simplemente aficionados.

            Otras de las obras que nos referimos tienden a exponer las doctrinas de los principales maestros. Pero suelen adolecer de dos importantes defectos: primero, el uso excesivo de juicios de segunda mano o de representaciones fantásticas, por falta de conocimiento directo de las fuentes originales –así vemos, por ejemplo, incluir a Adolfo Wagner entre los historicistas alemanes y a Marshall entre los historicistas ingleses -; segundo, la falta de noticias acerca de toda la producción científica en la Economía política desde hace cincuenta años.

            Repetimos que, a nuestro juicio, es un error intentar hoy en España escribir ambas clases de obras: las que pretenden ser sistemas nuevos, porque –fuera de alguna rara excepción- carecemos de economistas suficientemente preparados y con capacidad para hacer una construcción fuerte y original, y las de exposición doctrinal, porque, aun cuando, afortunadamente, tenemos ya gentes jóvenes que conocen varios idiomas, han estudiado en las primeras Universidades de Europa y trabajan sobre las fuentes mismas…es más sencillo que hagan traducir un buen manual extranjero y dediquen, en cambio, su tiempo a otros trabajos de los que nuestra ciencia se halla en España tan necesitada.

            En cuanto a las obras de política económica que en estos años se han hecho editar, destacan por su amplitud las que escribió sobre “El problema agrario” y sobre “El problema económico de España”, el señor vizconde de Eza. Tanto en la una como en la otra, no pertenece al señor vizconde lo que hay de investigación estadística; en cambio, al señor vizconde se deben los datos puestos a ojo de buen cubero, los buenos deseos de regenerar a España y el caótico surtido de fragmentos de la sociología cristiana francesa repartidos profusamente en el texto con sistemática proporcionalidad. Todo nuestro respeto por personas sin duda bien intencionadas como el señor vizconde de Eza no nos excusa de afirmar que esa mesiánica pretensión de arreglar el país sin haber estudiado previamente con seriedad ninguno de sus problemas, podrá serle a él muy útil en nuestra política pintoresca, pero tenemos cierta aprensión de que no va a serle tan útil a la Economía política.

            De otro linaje son los trabajos recientes del Sr. Sánchez de Toca, algunos de los cuales ha recogido en un volumen titulado “Los problemas actuales de mayor urgencia para el gobierno de España”, y otros ha publicado en folletos separados. El señor Sánchez de Toca se plantea los problemas con más cautela y concreción; prepara con pulcritud su información, entra en ellos con agudeza y con fruición intelectual, y procura aclararlos.., si bien desde su punto de vista. Esto es lo a veces tiene de científicamente recusable: su punto de vista de hombre de negocios.

            Análogo reproche puede hacerse a casi todos los estudios de carácter político-económico que vienen de Cataluña: parecen más bien encargos de Ligas de productores y elaboraciones de oficinas de información. En Cataluña se hacen trabajos realmente objetivos en otras manifestaciones científicas, pero en la Economía política son demasiado raros.

            Y así estamos en España: aguardando a que se formen investigadores profesionales que nos vayan descubriendo la realidad pasada y presente de la economía nacional. No sabemos aún lo que España ha sido económicamente, ni lo que es, ni por consiguiente, lo que en el día de mañana podrá ser. Por esa razón nuestros partidos no están ligados poco ni mucho a doctrinas de política económica; y si alguno pretende estarlo –como el socialista-, se ha traído a cuestas de la luna unas doctrinas tan fantásticas, por lo inadecuadas, que no puede en ellas hallar el corazón español incitación alguna a liberarse de sus apuros económicos.

            No tenemos investigadores que busquen datos, los clasifiquen, los mediten, los elaboren y los conviertan en problemas reales. Unicamente allí, encerrado en su laboratorio del ministerio de Hacienda, el maestro Flores de Lemus – uno de los primeros investigadores de Europa- trabaja desde hace catorce años, anónima e incansablemente, en la dura faena de surtir de realidades a una política irresponsable que las malogra o desaprovecha casi siempre. Sus investigaciones sobre la Hacienda pública de España, algunas de las cuales forman el monumental trabajo que se atribuye a la Comisión que se nombró para el estudio de la sustitución del impuesto de consumos, y sus investigaciones de diversos problemas de nuestra economía, son la cantera de donde se sacan los únicos conocimientos precisos sobre la situación de la España actual, que en esta esfera del saber humano tenemos. Fuera de ese hombre, cuyo trabajo mejor está desperdiciando España inconscientemente, ¿qué puede decirse que haya juzgado honestamente? Ha sido preciso que un alemán –Leonhard– haya venido hace pocos años a nuestra patria a historiarnos la política agraria en tiempo de Carlos III, y que otro alemán – Rühe– nos haya hecho el estudio de nuestro problema monetario, y que otros extranjeros nos hayan legado la mayor parte de las restantes investigaciones que existen de nuestros problemas sociales y económicos.

            Por eso es altamente plausible la labor que está realizando en la Academia Universitaria Católica el señor Ibarra, con sus alumnos. Es menester continuar la obra histórica que Ignacio de Asso, Canga Argüelles y Colmeiro comenzaron. Tal vez los alumnos del Sr. Ibarra no puedan llegar a hacer una lucida elaboración del material histórico. Esa ha de ser necesariamente obra de hombres que tengan buena preparación de Economía, de hombres conocedores de instituciones análogas a las que se hayan de investigar, y que estén al tanto de los problemas generales de la ciencia que se ha de utilizar para valorar la Historia. Lamprecht, que fue uno de los historiadores generales de más renombre que ha tenido el mundo, no pudo dibujar, ni aproximadamente, la organización social de la ciudad medioeval alemana con la precisión y diafanidad con que lo hizo Inama-Sternegg, un economista de menos fama.

            Pero ningún trabajo bien orientado se pierde. Y como la ciencia se compone de muchas distintas averiguaciones que van armonizándose como los temas de una sinfonía, todo cuanto se haga por descubrir el sentido profundo de la vida pasada o de la vida presente ha de aprovecharse en una u otra forma. Las cátedras de Economía y Hacienda de nuestras Universidades se van llenando, por otra parte, de economistas jóvenes que han trabajado al lado del Sr. Flores de Lemus, y sabrán mostrar a las nuevas generaciones los caminos más certeros para llegar a saber algo en serio en esos asuntos. Y cuando tengamos en España unas docenas de hombres habituados a ver con sus propios ojos las cosas cuya significación económica trata de buscarse, y advertidos de la infinidad de matices y complejidades en que se dan los fenómenos de orden social, entonces podrán concebirse en nuestro país sistemas de Economía que no sean eco servil del pensamiento ajeno ni fantasías más o menos ingeniosas y más o menos pueriles. La ciencia económica se ha de tejer con ideas sutiles e impalpables, pero han de estar henchidas de innumerables referencias al mundo vital, al mundo de las realidades.