jaeinnova

Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal

calderon-de-la-barca-nov-32-aula-matematicas


1 comentario

La etapa inicial del instituto republicano Calderón de la Barca en medio de las disensiones entre Unamuno y Azaña

A la espera de hacer un estudio pormenorizado de la breve existencia que tuvo el Instituto Calderón de la Barca creado por la Segunda República, como el que ha efectuado Rebeca Herrero para el caso de otro instituto republicano madrileño como fue el Quevedo en el libro Aulas modernas, puede ser de interés fijar la atención en un reportaje periodístico publicado por el diario Luz el 18 de noviembre de 1932 sobre esa iniciativa educativa republicana, de cuyo claustro inicial se ofreció información en la entrada anterior de esta bitácora (ver aquí).

Ese reportaje se titulaba “La obra de la República. Los nuevos Institutos de segunda enseñanza. El de Calderón de la Barca”. En él un redactor del periódico Luz que por esas fechas dirigía el pedagogo y diputado de Acción Republicana Luis Bello, del círculo íntimo de Manuel Azaña pues le acompañaba por aquellas fechas en sus paseos por las afueras de Madrid,  entraba en las instalaciones de ese flamante instituto y entrevistaba al director del Instituto, el catedrático de Física y Química Salvador Velayos González, quien ofreció un vívido testimonio de las dificultades iniciales que tuvo que afrontar para que ese Instituto pudiese abrir sus puertas en el curso 1932-1933.

He aquí parte de ese reportaje de Luz.

Este Instituto ha sido establecido en el edificio que los jesuitas tenían en la calle de Alberto Aguilera, y que, al abandonarlo, desmantelaron y destrozaron sañudamente. Seguramente recordará todavía el lector las fotografías que se publicaron en algunos periódicos, y que tanta indignación produjeron. Lo que hicieron los frailes es algo increíble en personas que se dedicaban a la enseñanza.

Pues bien: al Instituto Calderón de la Barca se le adjudicó solamente el segundo piso de ese edificio. Su estado era tal, que en los primeros días de curso no hubo posibilidad de dar clases. Sin embargo, la fuerza de voluntad y el entusiasmo de su director, D. Vicente (sic por Salvador) Velayos, -quien ya tenía experiencia en la gestión de un centro docente pues había sido director del Instituto de Lugo-, obró milagros, y bien pronto quedaron abiertas las aulas. Justo es consignar aquí, con el aplauso al Sr. Velayos, otro al Claustro  [formado por el catedrático de Filosofía Mariano Quintanilla Romero, los catedráticos de Matemáticas Miguel del Río Guinea y Amós Sabrás Gurrea, el de Literatura Rafael Lapesa Melgar, el de Latín Antonio Roma Rubíes, la catedrática de Geografía e Historia María Elena Gómez-Moreno, el de Francés Antonio Machado Ruiz, el de Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial Angel Hernansáenz Meoro, el de Historia Natural Enrique Alvarez López, el de Dibujo Eduardo Rojas Vilches y el de Educación Física Luis Rojas Calvo], y muy especialmente al catedrático de Matemáticas y diputado a Cortes Sr. Sabrás [de quien se reprodujo la siguiente fotografía impartiendo una clase rodeado de sus alumnos entre los que a lo mejor se encontraba Eduardo Haro Tecglen que guardaría buenos recuerdos de las clases de ese diputado socialista, exiliado a la República Dominicana]

calderon-de-la-barca-nov-32-aula-matematicas

Normalizada ya la vida docente, comenzó la lucha por obtener para el Instituto algo más que el segundo piso. El Sr. Velayos quería las tres plantas del edificio, pero la necesidad de locales para otros centros hizo que los deseos del director- que, seguramente, serían también los del ministro [de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos]- no prosperasen. Y, al fin, se ha dispuesto que parte de la Escuela de Arquitectura se instale en el principal, y se ha adjudicado al Instituto la planta baja y el segundo piso. 

– Es lástima -nos dice el Sr. Velayos-, porque podía haber sido este Instituto un verdadero modelo, aparte de que nuestro local tiene que ser muy grande, porque acaso sea éste el establecimiento de más matrícula que hay en Madrid. 

El Sr. Velayos, siempre que se habla de la labor que ha realizado, pone especial empeño en atribuir todo lo hecho a sus compañeros de Claustro, cuya ayuda y consejo solicita siempre.

– Este Claustro -insiste- está animado de los mejores deseos y siente el mayor entusiasmo por secundar las inspiraciones del Gobierno para acercar la segunda enseñanza al pueblo, hacerla más humana y dar a los alumnos todas las facilidades posibles.

Actualmente, se dan todas las clases en el segundo piso, pero en adelante, con la concesión de la planta baja, irán a ésta los alumnos de los primeros años, y en ella se instalarán también el patio de recreo, las oficinas administrativas y cinco aulas. Estas, así como las del segundo piso, son hermosas y están dotadas de material moderno de toda clase. Lo que fue sala de Electrotecnia ha sido convertido en laboratorio de Física y museo de Historia Natural. El laboratorio de Química, que quedó destrozado por completo, ha sido restaurado, y es verdaderamente magnífico. 

Pero el Claustro no se ha limitado a esta labor de restauración ni a la puramente docente de la cátedra, sino que ha creado una llamada Permanencia, que es un término medio entre la ausencia y el internado.

Por una cantidad insignificante al mes, el alumno, que ha dado sus clases por la mañana, pasa la tarde en el Instituto, y allí los profesores conviven con ellos, les dan explicaciones complementarias, les adiestran en el estudio, fomentan su afición a éste haciéndoselo agradable, les dan consejos, les hacen relatos instructivos y, finalmente dirigen sus juegos, con miras al sport y al perfeccionamiento físico, en el gran patio central que tiene el edificio. [Una vista de él se aprecia en la otra fotografía que ilustraba este reportaje periodístico. En ella, como se puede apreciar, destaca un numeroso grupo de alumnas, que irrumpieron masivamente en las aulas de los institutos republicanos como ha mostrado Rebeca Herrero en su mencionada contribución al libro Aulas modernas, simulan hacer una tabla gimnástica, orientadas por su profesor de Educación Física.]

calderon-de-la-barca-nov-32-gimnasia-en-el-patio

Y como remate de esta magnífica labor complementaria, se organizan excursiones, que los alumnos irán haciendo escalonadamente, y visitas a laboratorios, museos y centros industriales.

He ahí la gran labor cultural de que la República puede envanecerse. Y puede envanecerse porque si, en otras épocas, se quiso intentar algo parecido, nada se logró: faltaba el entusiasmo en todos, que ahora ha hecho posible el progreso de la enseñanza, y que ha de transformar a España en un espacio de pocos años.

Sin embargo en otro de los institutos republicanos creados en Madrid en el verano de 1932, como el instituto Velázquez, la situación no era tan halagüeña para las fechas en las que se publicó el reportaje del diario Luz del que he dado cuenta. En efecto el viernes 25 de noviembre de 1932 a la salida de las clases, hacia la una de la tarde, hubo en las inmediaciones de ese instituto un serio altercado con puñetazos de por medio entre dos bandos existentes en el Instituto -el de los católicos y el de la F.U.E-, que tuvieron que ser disueltos por el personal de la Comisaría de Buenavista, según información que transmitió el diario El Sol al día siguiente que transcurriesen esos hechos, que también menudeaban en las aulas universitarias.

Tres días después, el lunes 28 de noviembre, Miguel de Unamuno, – de cuya etapa de desterrado en Fuerteventura durante la dictadura de Primo de Rivera se está proyectando actualmente la película La isla del viento–  quien en el otoño de 1932 era diputado y presidente del flamante Consejo Nacional de Cultura y vivía en aquellos días “un instante de gran pesimismo” dio una conferencia en el Ateneo de Madrid sobre “El momento político de la España de hoy”, en la que marcó distancias de manera vehemente con la labor política de la conjunción republicano-socialista. Afirmó, entre otras reflexiones, que la revolución se estaba haciendo “con actos verdaderamente temerarios, como fue la quema de los conventos y la disolución de la Compañía de Jesús y confiscación de sus bienes por el subterfugio del cuarto voto” [de obediencia al Papa], cuestiones con las que mostró su disconformidad expresando su opinión, según recogió un periodista de El Sol en su edición del 29 de noviembre, de “que este modo de producirse concluye siempre en hechos sangrientos”.

unamuno-en-el-ateneo

Esa conferencia que abría un ciclo organizado por la sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid tuvo una amplia resonancia. El primer ministro Manuel Azaña en las reflexiones del 29 de noviembre de su diario se hizo eco de ella en los siguientes términos: Ayer en el Ateneo pronunció Unamuno su anunciada conferencia. Gran golpe de gente, según cuentan. La conferencia ha sido lastimosa. Una estupidez, o una mala acción. Le gritaron. Mucha gente se indignó con Unamuno. Si todos le hubieran hecho el mismo caso que yo, desde que le hice el artículo del leonero [se refiere a su artículo “El león, D. Quijote y el leonero” que publicó en el semanario Españaque tanto le mortificó, se evitarían el indignarse.

En esa atmósfera empezó su andadura el Instituto Calderón de la Barca y otro instituto republicano madrileño como el Nebrija, de cuyas interioridades se dará cuenta en una próxima entrada de esta bitácora.


Deja un comentario

Los primeros profesores de los institutos de enseñanza secundaria creados por la Segunda República en Madrid

En el marco del impulso dado a la segunda enseñanza por la Segunda República española el ministerio de Instrucción Pública, dirigido por el socialista Fernando de los Ríos, dotó a la ciudad de Madrid de tres nuevos institutos durante el verano de 1932.

Dos de ellos -el Nebrija y el Calderón de la Barca- ocuparon edificios que habían pertenecido a los jesuitas, cuya orden fue disuelta a principios de 1932. Así el Nebrija ocupó las instalaciones del gran colegio jesuita de Chamartín de la Rosa

colegio-de-chamartin-en-1925

Foto de Andrés Fabert de 1925 de la fachada y los jardines del colegio jesuita de Chamartín de la Rosa

Con destino al Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Antonio de Nebrija fueron nombrados los siguientes profesores:

reportaje-de-luis-vazquez-dodero-sobre-la-desaparicion-del-colegio-jesuita-de-chamartin-de-la-rosa

Para la cátedra de Literatura española el poeta canario Fernando González Rodríguez  (Telde 1901-Valencia 1972), quien políticamente estaba en la órbita de Acción Republicana el partido de Manuel Azaña, y había obtenido la cátedra en 1930.

Para la de Historia Natural a Federico Bonet Marco (1906-México 1980), quien tras licenciarse en Medicina y doctorarse en Ciencias Naturales había obtenido la cátedra del Instituto de Zafra también en 1930. Simultaneó sus tareas docentes en los años republicanos con una labor investigadora en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y con la enseñanza en la Facultad de Veterinaria. Este destacado disícpulo de Ignacio Bolívar, relevante entómologo y director de la mencionada institución científica, sería uno de los integrantes de la diáspora científica republicana en México tras haber combatido durante la guerra civil en el batallón Félix Barzana fomado por profesores afiliados a la FETE de la UGT.

Para la de Física y Química a Cándido Francisco Fernández Anadón (Zaragoza 1903-1987), quien había sido catedrático de esa asignatura en los institutos de Orense desde 1925, y de Avila desde 1930.

Para la de Geografía e Historia a Amós Ruiz Lecina (Logroño 1897-México 1954),  quien había sido catedrático en el Instituto de Reus. Fue diputado socialista por la circunscripción de Tarragona en las tres elecciones celebradas durante la Segunda República y fallecería en el exilio en México.

Para la de Agricultura a Simón Paniagua Sánchez (Carpio de Azaba [Salamanca 1899 o 1900] -?, quien tras obtener el título de ingeniero agrónomo en 1931 y licenciarse en Ciencias Químicas en la Universidad de Madrid en 1932 obtuvo la cátedra de Agricultura y Técnica Agrícola en agosto de 1932. Desde julio de 1931 era afiliado a la Agrupación Socialista de Madrid, llegando a ser tesorero de la UGT. En 1935 obtuvo la cátedra de Física General y Técnica Micrográfica de la Escuela de Ingenieros Agrónomos. Finalizada la guerra civil se exilió en Francia y posteriormente en México donde llegó a bordo del Sinaria en junio de 1939, cuando aún no había cumplido los cuarenta años.

Para la de Filosofía a José Chacón de la Aldea (Toleo 1891-?), catedrático desde 1917 y que había sido docente en los institutos de Córdoba y Las Palmas donde fue un destacado masón en los años republicanos. En 1929 había realizado un viaje de estudios a París otorgándole la Junta para Ampliación de Estudios la condición de pensionado.

Para la de Dibujo a Aurelio Vicén Vila, quien había sido profesor en el Instituto de Soria hacia 1918, y más tarde se trasladó a Mahón, donde en 1922 era secretario del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Mahón, según han mostrado Llorenç Gelabert Gual y Xavier Motilla Salas.

Para la de Latín al valenciano, nacido en Manises, José Albiñana Mompó, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Central con una tesis sobre Orígenes de los idiomas novolatinos , traductor hacia 1920 de la Historia de la civilización ibérica de Oliveira Martins y en 1927 de La leyenda del Cid Campeador de Alexandre Arnoux y autor en 1932 de una Nueva antología latina.

Para la de Francés a Rosario Fuentes Pérez, quien había ingresado en el profesorado de enseñanza secundaria por real orden de 22 de junio de 1928, junto a otras profesoras según ha mostrado Natividad Araque en su contribución al libro Aulas modernas. Casada con Fernando González Rodríguez sería depurada junto a su marido al finalizar la guerra como ha mostrado María Antonia Salvador González (ver aquí).

Para las de Matemáticas al castellonense nacido en 1902 Federico Alicart Garcés, cuya primera cátedra la tuvo en el instituto de Melilla. Considerado un pionero en el cálculo analógico su biblioteca se conserva en la Universidad Jaume I de Castellón, y también se designó a Enrique Selfa Más.

El cuerpo directivo del Instituto Nebrija estuvo configurado inicialmente por el director Fernando González Rodríguez, catedrático de Lengua y Literatura Española; el vicedirector Federico Alicart Garcés, catedrático de Matemáticas; el secretario José Chacón de la Aldea, catedrático de Filosofía y el vicesecretario Amós Ruiz Lecina, catedrático de Geografía e Historia.

El Instituto Calderón de la Barca se instaló en la que había sido sede del ICAI (Instituto Católico de Artes e Industrias) que tenían los jesuitas en la calle madrileña de Alberto Aguilera junto a su convento que había sufrido un incendio por ataques anticlericales en mayo de 1931 .

quema_icai

Incendio de la sede del Instituto Católico de Artes e Industria (ICAI) el 11 de mayo de 1931. Ardieron veinte mil volúmenes de su biblioteca y desapareció el archivo del paleógrafo García Villada

El primer cuadro de profesores del Instituto Calderón de la Barca, entre cuyos alumnos se encontraría ese niño republicano que fue Eduardo Haro Tecglen, fue el siguiente:

La cátedra de Física y Química la ocupó Salvador Velayos González, quien había sido director del Instituto de Lugo, y padre del que sería notable físico Salvador Velayos Hermida.

La de Filosofía el segoviano Mariano Quintanilla Romero (1896-1969), quien había sido catedrático en los institutos de Osuna y Zamora. Había ayudado en su ciudad natal a promover la Universidad Popular. En la posguerra, tras ser sancionado por la dictadura franquista, trabajó como profesor en colegios privados de Olmedo y Medina del Campo. Fue reintegrado a la enseñanza oficial en 1949.

Para la cátedra de Matemáticas se designaron dos profesores: Miguel del Río Guinea, nacido en Vitoria-Gasteiz en 1873, y que llegaría exiliado a Mexico, vía Veracruz, el 13 de junio de 1939. Hacia 1914 era profesor del Instituto de Cáceres, donde se casó con la institucionista Juana Ontañón y Valiente (1886-1972). Luego vivirían durante casi dos décadas en Pamplona antes de su instalación en Madrid. Y Amós Sabrás Gurrea (1890-1976), quien había sido catedrático en el Instituto de Educación Secundaria de Huelva, donde fundó en 1923 el Ateneo Popular, y fue por dos meses el primer alcalde republicano. Ingresó en la francmasonería en marzo de 1925 con el nombre simbólico de “Newton” y fue durante la Segunda República diputado a Cortes por el Partido Socialista Obrero Español. En 1933 sería elegido presidente de la Asociación de Catedráticos de Institutos Nacionales de Segunda Enseñanza. Tras la guerra se exilió en la República Dominicana, regresando a España en 1960.

Para la de Literatura Española al valenciano Rafael Lapesa Melgar (1908-2001), quien se había formado como filólogo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE doctorándose con un estudio sobre El dialecto asturiano occidental en la Edad Media. En 1930 ganó por oposición una cátedra de instituto de enseñanza media en Lengua Española y Literatura, que desempeñó en Madrid (1932-1941), Oviedo (1942) y Salamanca (1942-1947). Posteriormente, de 1947 a 1978, desempeñaría la cátedra de historia de la lengua española en la Universidad Complutense de Madrid. En 1986 fue premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Para la de Latín el leridano Antonio Roma Rubíes (1872-1967) quien era catedrático de Lengua Latina desde 1903 desarrollando su carrera docente fundamentalmente en el Instituto de Jerez de la Frontera. En octubre de 1920 ingresó en el PSOE y fue teniente de alcalde del ayuntamiento de Jerez tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y posteriormente diputado del PSOE a Cortes por Cádiz. Tras la guerra fue detenido en Valencia el 8 de mayo de 1939 y encarcelado unos años. Tras su puesta en libertad sobrevivió dando clases particulares de latín y griego.

Para la de Geografía e Historia a María Elena Gómez Moreno (1907-1998). Esta hija del historiador del arte y arqueólogo Manuel Gómez-Moreno, uno de los humanistas más relevantes del Centro de Estudios Históricos de la JAE, había obtenido su cátedra en 1930. Tras unas estancias breves en los institutos de Osuna y San Sebastián recaló en Madrid donde llevaría a cabo una larga carrera docente e investigadora.

Para la de Francés al gran poeta Antonio Machado Ruiz (1875-1939), quien se incorporó al instituto madrileño Calderón de la Barca tras haber sido catedrático en los institutos de Soria (1907-1912), Baeza  (1913-1919)y Segovia (1920-1931).  Fallecería en tierras francesas, en el pueblecito de Colliure, poco después de exiliarse y atravesar la frontera en unas trágicas circunstancias, el 22 de febrero de 1939.

Para la de Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial a Angel Hernansáenz Meoro, quien había sido catedrático previamente en los institutos de Osuna y Orihuela  y que en 1933 obtendría una pensión de la JAE para hacer estudios en Francia durante dos meses sobre la enseñanza de las ciencias naturales.

Para la de Historia Natural al madrileño Enrique Alvarez López (1897-1961), quien había sido catedrático desde 1920 en los institutos de Huesca y de Cádiz, donde también fue director y alcalde del ayuntamiento republicano, como representante de la Agrupación al Servicio de la República, desde el 12 de junio de 1931 dimitiendo un año después con motivo de su traslado a Madrid. Durante las décadas de 1940 y 1950 simultaneó sus labores docentes en el Instituto Cervantes de Madrid con las llevadas a cabo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, llegando a redactor jefe de los Anales del Instituto Botánico A. J. Cavanilles y presidente en 1953 de la Real Sociedad Española de Historia Natural. En esos años efectuó diversas aportaciones a la historia de las ciencias naturales en el ámbito cultural hispánico.

Para la de Dibujo a Eduardo Rojas Vilches, quien había sido profesor en el Instituto de Huelva.

Para la de Educación Física a Luis Rojas Calvo.

El equipo directivo inicial del Instituto Calderón de la Barca estuvo formado por el director Salvador Velayos González, catedrático de Física y Química; el vicedirector Miguel del Río Guinea, catedrático de Matemáticas; el secretario Mariano Quintanilla Romero, catedrático de Filosofía y el vicesecretario Enrique Alvarez López, catedrático de Historia Natural.

El tercer centro educativo de los que estoy dando noticia -el Instituto Velázquez-, se instaló en la madrileña calle homónima, en el nº 74 según el callejero del Madrid de 1932. Tras la guerra civil sería sede durante unos años del IES femenino Beatriz Galindo.

calle-velazquez-hacia-1930

Perspectiva de la madrileña calle Velázquez hacia 1930

Se designó a los siguientes profesores para ocupar sus diversas cátedras:

Para la cátedra de Latín al valenciano Juan Sapiña Camaró (Cullera 1905-México DF 1974), quien previamente había enseñado en los institutos de Tarragona, Teruel, donde ayudó a fundar la UGT y la Agrupación Socialista de esa ciudad, Zaragoza y Castellón. Tradujo al castellano la obra de Dante Alighieri De Monarchia. En las elecciones generales de 1931 fue elegido diputado del PSOE por Castellón. Durante la guerra civil sería entre 1937 y 1939 Director General de Minas y Combustibles. Durante su exilio en México fue profesor del Colegio Franco-Español, gerente general y director de publicaciones de la editorial Renacimiento. Además fue subdirector del Diccionario Enciclopédico UTEHA (Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana) (1950) y de la Enciclopedia Cultural Contón (1957) y director del Diccionario González Porto (1971).

Para la de Filosofía al andaluz Antonio Bernárdez Tarancón (Jerez de la Frontera 1882-?). Este profesor había sido a principios de la década de 1920 catedrático en el Instituto General y Técnico de Cáceres, y era autor de obras como “Evolución de la Psicología y sus métodos” y “Juvenal y su ambiente histórico-científico: comentarios a la primera sátira”. Durante la guerra civil se trasladaría al instituto Luis Vives de Valencia, ciudad en la que fue testigo el 3 de enero de 1939, junto a María Moliner, del matrimonio del filólogo Antonio Rodríguez Moñino, quien se había adscrito al partido de Azaña Acción Republicana en el verano de 1932, con María Brey, tía  segunda del  actual presidente del gobierno español Mariano Rajoy Brey.

Para la de Agricultura a Cayetano García Gutiérrez, quien en febrero de 1940 se encontraba en la séptima y última escala del escalafón de catedráticos de institutos.

Para la de Francés a Manuel Núñez de Arenas (Madrid 1886-Paris 1951), quien tras su exilio en tierras francesas durante la dictadura de Primo de Rivera obtuvo una cátedra en el Instituto de Alicante, antes de recalar en el Instituto Velázquez. Este catedrático se había doctorado en 1915 en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid con una tesis sobre el científico y socialista utópico Ramón de la Sagra. Previamente, en 1911, había ingresado en el PSOE creando la Escuela Nueva ese mismo año como centro de estudio y divulgación para la acción social. Una década después, al ser partidario de la Tercera Internacional, se dio de baja en el PSOE para incorporarse al Partido Comunista de España, exiliándose en 1924 en Burdeos, donde fue profesor de su Universidad. Durante la guerra civil trabajó en el Instituto Obrero de Valencia. Tras la derrota republicana se exilió nuevamente a Francia donde estuvo preso por sus actividades antifascistas entre 1942 y 1943, incorporándose al sistema educativo y científico francés a partir de 1945, primero en la Universidad de Burdeos y luego en la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud.

Para la de Matemáticas a Antonio Tuñón de Lara, y a Carlos Calvo Carbonell. El primero había sido catedrático desde 1908 de los institutos de Canarias, Avila y Almería, donde presidió su Ateneo y fue líder del partido Republicano Radical. Entre abril y julio de 1931 fue gobernador civil de Cáceres y diputado a Cortes. Masón, en los años republicanos fue estrecho colaborador de Diego Martínez Barrio y de Alejandro Lerroux. Tras la guerra continuó vinculado al Instituto de Almería hasta 1949. Fue tío del historiador Manuel Tuñón de Lara. El segundo, Carlos Calvo Carbonell fue cuñado de José Gutiérrez-Ravé, un periodista de ABC conservador y monárquico. En la década de 1950 fue colaborador de la Gaceta Matemáticala revista que publicaba el Instituto “Jorge Juan” de Matemáticas y la Real Sociedad Matemática Española.

Para la de Geografía e Historia a José Ferreros Sánchez.

Para la de Física y Química a Jenara Vicenta Arnal Yarza (Zaragoza 1902-Madrid 1960), doctora en Ciencias desde 1928 y catedrática de Física y Química desde 1930 siendo sus primeros destinos los institutos de Calatayud, Infanta Cristina de Barcelona y el de Bilbao antes de incorporarse al madrileño Velázquez. Su trayectoria docente e investigadora ha sido trazada por Natividad Araque en el portal en construcción JaeEduca, resultado de dos proyectos de investigación que estoy coordinando. (ver aquí).

Para la de Lengua y Literatura española al gran poeta y crítico literario Gerardo Diego Cendoya (Santander 1896-Madrid 1987), catedrático de esa asignatura desde 1920. Antes de llegar al Instituto Velázquez había impartido clases en los institutos de Soria, Gijón y Santander, ciudad en la que había dirigido dos de las más importantes revistas literarias de la generación del 27 Lola Carmen, habiendo obtenido en 1925, antes de llegar a los 30 años, el Premio Nacional de Literatura. Tras la guerra civil, en la que manifestó sus simpatías por el bando rebelde al gobierno republicano, se incorporó al Instituto madrileño Beatriz Galindo, donde permaneció hasta su jubilación. En 1979 obtuvo el premio Cervantes junto a Jorge Luis Borges. Actualmente una fundación mantiene vivo su legado

Para la de Historia Natural a Carlos Vidal Box (1906-1970), quien antes de incorporarse al Instituto Velázquez había sido auxiliar del catedrático de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco. Durante el franquismo sería de uno de los profesores más interesados en promover la enseñanza ambiental de las ciencias naturales publicando importantes trabajos como Didáctica y Metodología de las Ciencias Naturales en la Enseñanza Media de 1961. Años después, tras fallecer Franco, el CSIC dio a conocer en 1976 su obra póstuma Guía de recursos pedagógicos en Madrid y sus alrededores. Fue asimismo autor de un conjunto de bloques-diagrama para el estudio de los relieves y la geomorfología del terreno tanto de la Península Ibérica como de otras zonas del continente europeo, y que actualmente se encuentran distribuidos en diversos centros educativos como el IES Vega del Turia de Teruel.

Para la de Dibujo a Angel Hernández Mohedano, quien había sido profesor durante muchos años en el Instituto de Cabra, habiendo diseñado hacia 1930 la espectacular vidriera de su patio de cristales. Precisamente en octubre de 1932 se trasladó a ese instituto el presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora, antigo alumno de ese centro educativo, para inaugurar el curso académico 1932-1933 en compañía del ministro Fernando de los Ríos.

Para la de Educación Física al médico Ricardo Pradels (Zaragoza 1876-?), quien había sido profesor en los Institutos de Palencia y de Logroño y autor de la obra El Libro de la Salud,  publicado en Barcelona en 1914.

Su equipo directivo inicialmente estuvo integrado por  el director Antonio Bernárdez Tarancón, catedrático de Filosofía; el vicedirector Gerardo Diego Cendoya, catedrático de Lengua y Literatura; el secretario Manuel Núñez de Arenas, catedrático de Francés y el vicesecretario Juan Sapiña Camaró, catedrático de Latín.

Para saber más:

Diario Luz 8 septiembre 1932 p. 2; 15 septiembre 1932 p.2; 27 septiembre 1932 p.2; 30 septiembre 1932 p.15

Vicente José FERNÁNDEZ BURGUEÑO, “Los institutos republicanos madrileños (1931-1939) y su plantilla de Catedráticos”, en Leoncio López-Ocón, editor, Aulas modernas. Nuevas perspectivas sobre las reformas de la enseñanza secundaria en la época de la AJE (1907-1939), Madrid, Dykinson-Universidad Carlos III, 2014, pp. 249-285. Accesible aquí


Deja un comentario

Un impulso a la Fundación Nacional para investigaciones científicas y ensayos de reformas en el verano de 1932

Una de las iniciativas más destacadas de  la Segunda República en su política científica fue la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas (FNICER). Tal y como señaló David Castillejo el impulsor de ese organismo autónomo fue su padre José Castillejo (Ciudad Real 1877-Londres 1945), quien inicialmente quería crear un think thank que ayudase a los gobernantes republicanos a “efectuar una renovación general de servicios basada en principios científicos y en técnicas modernas”, actuando como “sostén técnico de cualesquiera Gobiernos para las más delicadas o arriesgadas innovaciones”. De ahí que considerase José Castillejo que lo más pertinente para cumplir esas tareas era crear un Departamento de ensayos adscrito a la Presidencia del Gobierno (1).

Pero dado que Marcelino Domingo, el ministro de Instrucción Pública del primer gobierno provisional republicano,  fue quien mostró más interés por la propuesta de Castillejo sería ese político y maestro catalán quien llevó a la Gaceta el decreto de 13 de julio de 1931 en el que se creaba una Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas. Ese decreto fue confirmado por las Cortes por la ley de 5 de diciembre de 1931. Más adelante las Cortes republicanas aprobaron el 23 de julio de 1932 la ley por la que se dotaba a la FNICER de los medios económicos necesarios con los que tenía que financiar la expedición al alto Amazonas, cuya dirección técnica correspondía al capitán de ingenieros y piloto aviador Francisco Iglesias Brage.

No es momento ahora de exponer en detalle las vicisitudes de la FNICER, expuesta en líneas generales en el año 2001 por Justo Formentín Ibáñez y Esther Rodríguez Fraile, quienes ya apuntaron -basándose en las actas de su consejo de administración- que uno de los lastres para el buen funcionamiento de esa institución republicana fueron sus difíciles relaciones  con la mencionada expedición al alto Amazonas.

Justo Formentín portada

Baste ahora señalar que entre sus logros cabe mencionar:

  • la creación de un Centro de Investigaciones Vinícolas asociado a la Escuela de Ingenieros Agrónomos, dirigido por Juan Marcilla. En él, entre otras actividades, se efectuaron experimentos químicos y bacteriológicos sobre levaduras andaluzas.
  • la organización en Madrid de un Instituto de Estudios Internacionales y Económicos destinado a efectuar investigaciones sobre cuestiones relevantes de la economía española y de sus relaciones con otros países.
  • y el sostenimiento de diversos laboratorios científico-técnicos en diversas ciudades, capitales de distritos universitarios, como Oviedo, Valencia, Santiago y Salamcanca, entre otras.

Además la FNICER se hizo cargo de dos centros que hasta entonces dependían de la JAE: el Laboratorio Torres Quevedo, que continuó bajo sus auspicios su labor como Centro de investigaciones de mecánica y taller de construcción de aparatos científicos e inventos; y el Seminario Matemático de Julio Rey Pastor. Asimismo asumió parte de la financiación del Instituto Cajal en una coyuntura de expansión de esa institución científica con motivo de estrenar una nueva sede.

Ahora me interesa destacar que en el devenir de la FNICER fue importante la labor de su patronato o consejo de administración, constituido por un decreto del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos Urruti de 27 de agosto de 1932, publicado en la Gaceta de Madrid días después: el 1 de septiembre. (ver aquí).

Ese primer patronato lo presidía Teófilo Hernando (Torreadrada [Segovia] 1881- Madrid 1976), experto en farmacología,  catedrático de Terapéutica, Materia médica y arte de recetar en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, autor junto a Gregorio Marañón de un magnífico manual de Medicina interna que fue mejorado progresivamente desde su primera edición en 1915 y médico personal de Santiago Ramón y Cajal. Sorprendentemente quienes se han acercado o evocado su trayectoria vital y científica, como Fernando Pérez Peña, Alejando José Domingo Gutierrez y Pedro Laín Entralgo omiten el papel desempeñado por Teófilo Hernando en la FNICER, revelador del desconocimiento que tenemos de la política científica republicana. Tampoco disponemos de una sólida monografía sobre la trayectoria de este relevante representante de las ciencias biomédicas en la España del siglo XX.

hernando_ortega_teofilo_20120330_1233178192

Teófilo Hernando, presidente del Patronato de la FNICER republicana

 

Alejandro José Domingo Gutiérrez sí nos recuerda este retrato que hizo Juan Ramón Jiménez de Teófilo Hernando:

Para mi la medida mas alta de un hombre, está en su capacidad de salvar un sello de correos, una palabra buena, una hoja seca. Teófilo Hernando es de los que salvan. Ama y guarda todo, lo mayor y lo menor, con delectación de niño ávido, no en balde él cree, científico, en todo, desde la influencia de los astros, hasta la última hipótesis juvenil. Esta inquietud ansiosa le da su aspecto simpático de niño travieso, de buen chico pillastre, pálida, rosada cara risueña y seguridad de captación y entre bromas y veras, derrama luego así el tesoro de su experiencia y de su ciencia captada entre libros, de los que es tan enamorado, o en su no menor amor de la naturaleza plena.

Los doce vocales nombrados inicialmente fueron: Julián Besteiro (Madrid 1870-cárcel de Carmona 1940), Angel Ossorio y Gallardo (Madrid 1873-Buenos Aires 1946), José Pedregal (Oviedo 1871-Avilés 1948), Pedro Corominas (Barcelona 1870-Buenos Aires 1939), Agustín Viñuales (Huesca 1881-Madrid 1959), Fernando Tallada (Barcelona 1881-Barcelona 1937), Antonio García Varela (Carballiño [Ourense]- Madrid 1942), Pedro González Quijano (Jerez 1870-Madrid 1958), Carmelo Benaiges (Tarragona 1879-Zaragoza 1976), Ernesto Winter (Gijón 1872-Oviedo 1936),  Rodrigo de Rodrigo y José Giral (Santiago de Cuba 1872-México 1962).

Es decir en ese grupo había destacados dirigentes políticos republicanos, como el presidente del Congreso de los Diputados el filósofo socialista Julián Besteiro, -de quien ya dimos noticias en una entrada anterior-, el ministro de Marina y ex rector de la Universidad de Madrid el químico José Giral, sobre el que recientemente Javier Puerto ha escrito una monumental biografía, apoyada en el archivo privado de ese prominente científico y político que los descendientes de José Giral donaron al Archivo Histórico Nacional no hace muchos años y el notable diputado Angel Ossorio y Gallardo, un jurista poliédrico de posiciones políticas socialcristianas, que había sido ministro de Fomento entre 1919 y 1920, y que desde 1928 era integrante de la Unión internacional para el estudio científico de los problemas de población.

De estos políticos solo se implicaría en las labores de la FNICER, y por ciertos períodos de tiempo, Julián Besteiro. Ossorio y Gallardo ya manifestó en la primera sesión del patronato, celebrada el 24 de octubre de 1932, “su extrañeza de verse llamado a cooperar en un servicio de investigaciones científicas, cuando su vida, en la política y en el foro, le ha llevado por otros caminos”. El ministro Fernando de los Ríos, presente en esa sesión fundacional, le explicó, según consta en el acta que “podrá aportar, no solo su preparación científica en los estudios a que se ha dedicado, sino su fino sentido crítico y la representación política de un sector de opinión del país en los problemas de cultura y de riqueza que la Fundación ha de abordar”. José Giral, sin embargo, presentó su dimisión, con carácter irrevocable, desde que fue nombrado, por motivos que convendría averiguar. Sería sustituido en la sesión del patronato de 12 de mayo de 1933 por el catedrático de Química Orgánica de la Facultad de Farmacia Antonio Madinaveitia (Madrid 1890-México 1974).

También estaban presentes dos economistas, especialistas en cuestiones hacendísticas, el asturiano José Pedregal, de familia republicana, pues su padre fue ministro durante la Primera República, él mismo ministro de Hacienda por cuatro meses entre 1922 y 1932 cuando militaba en el Partido Reformista de Melquíades Alvarez,  y vinculado a la Institución Libre de Enseñanza de la que llegó a ser su presidente por varios años;  y el aragonés Agustín Viñuales, integrante del partido azañista Acción Republicana, director general del Timbre cuando fue nombrado miembro del mencionado patronato, catedrático de Economía Política de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada desde 1918 y catedrático de Hacienda Pública de la Universidad Central a partir de enero de 1933. Entre junio y septiembre de 1933 sería ministro de Hacienda en un gobierno presidido por Manuel Azaña.

Dos significados catalanes fueron también nombrados miembros del patronato de la FNICER. Uno el economista y político Pedro Corominas o Pere Coromines, diputado en las Cortes, militante de Esquerra Republicana de Catalunya desde 1932, había sido consejero secretario del Banco de Catalunya, y presidente del Ateneo Barcelonés entre 1928 y 1930. En 1933 fue nombrado consejero de Justicia y Derecho de la Generalitat de Catalunya. También fue presidente del Institut d’Estudis Catalans de manera intermitente de 1931 a 1937. El segundo era  Ferran (o Fernando) Tallada Comella, catedrático de Cálculo y Mecánica Racional de la Escuela de Ingenieros de Barcelona desde 1907. Este ingeniero tenía sólidos conocimientos matemáticos y de la nueva física. Por la información disponible parece ser que la participación de Pere Coromines y de Fernando Tallada en las tareas del patronato fue mínima. De las 25 reuniones celebradas por el patronato entre el 24 de octubre de 1932 y el 11 de enero de 1937, Corominas solo asistió a una reunión -el 20 de junio de 1934- y Tallada a ninguna.

 

quisom-ferrantallada

Pere Coromines i Montanya

Pedro Corominas Montaña o Pere Coromines i Montanya

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El grupo profesinal más numeroso de los miembros de ese patronato estuvo formado por los ingenieros. De ellos cabe destacar: al ingeniero jerezano Pedro González Quijano, un especialista en el cálculo de probabilidales, en Hidrología y geografía hidráulica y profesor de Hidrología en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid; al ingeniero de minas Ernesto Winter, quien había escrito en 1922 Elogio de la inquietud con prólogo de Fernando de los Ríos, director del Orfanato Minero de Oviedo desde 1930 y vilmente asesinado, junto a su hijo mayor, por fascistas en Oviedo en el otoño trágico de 1936, según evocara en un vibrante y emotivo texto Gregorio Morán (ver aquí) y al ingeniero geógrafo y catedrático de Hidráulica General y Agrícola y complementaria de Ingenieria Sanitaria de la Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos desde 1925 Carmelo Benaiges.

pedro-gonzalez-quijano

Pedro González Quijano

ernesto-winter

Ernesto Winter

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De todos ellos el que mantuvo un compromiso más activo con el consejo de administración o patronato de la FNICER fue Pedro González Quijano, asistente a casi todas sus reuniones, y presidente de la última sesión celebrada el 11 de enero de 1937 en un Madrid en guerra cuando Teófilo Hernando había huido a Francia para encontrar refugio en París.

Antes de su abandono de Madrid dos personas que colaboraron estrechamente con Teófilo Hernando en las reuniones del patronato de la FNICER, y en el día a día de ese organismo, tal y como consta en sus actas fueron: el catedrático de Fisiología Vegetal y director del Jardín Botánico desde finales de 1930 Antonio García Varela, y el verdadero hombre fuerte de este nuevo organismo impulsor de la política científica republicana el director administrativo de la FNICER José Castillejo, algunos de cuyos rasgos físicos fueron definidos así por su esposa, la inglesa Irene Claremont: “Bajo la calva-cúpula, flanqueada por corto pelo negro, resaltaban, castaños y dulces, los ojos más bondadosos que he visto en mi vida”, como ya recordé en otro lugar (ver aquí).

jose-castillejo

José Castillejo

 

Como colofón de esta entrada cabe decir que  a pesar del esfuerzo efectuado por Justo Formentín y Esther Rodríguez Fraile allá por el año 2001 al dar a conocer las Actas del Consejo de Administración o Patronato de la FNICER queda aún mucha investigación por hacer para conocer a fondo el funcionamiento de ese singular instrumento de la política científica republicana. Su importancia radica en que fue concebido para complementar a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, favorecer la conexión de las investigaciones científico-técnicas con el tejido empresarial de la España republicana, e intensificar la descentralización de su sistema científico-técnico en aquellos agitados años de la década de 1930.

 

(1). David Castillejo, Los intelectuales reformadores de España. Epistolario de José Castillejo. vol. III. Fatalidad y porvenir 1913-1937, Madrid, Editorial Castalia, 1999, p. 672-677.


1 comentario

Acto festivo republicano en la sierra de Madrid: la inauguración de la Fuente de los Geólogos en junio de 1932

En el año 2013 una parte de la sierra de Guadarrama, divisoria natural entre las dos Castillas y unida estrechamente a la ciudad de Madrid desde hace largo tiempo, fue declarada parque nacional. Con tal motivo el Instituto Geológico y Minero de España ha auspiciado en 2015 la publicación del magnífico libro colectivo El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cumbres, paisaje y gente, editado por Miguel Mejías Moreno, accesible aquí.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

En uno de sus capítulos el gran geógrafo Eduardo Martínez de Pisón efectúa un apasionante recorrido por su imagen cultural. En él expone cómo los artistas, fuesen literatos o pintores, y científicos se han aproximado a ella, fundamentalmente desde el siglo XVII, que es la época en la que “arranca el sentimiento del Guadarrama con caracteres modernos”. En la página 92 de su texto Martínez de Pisón alude a que un hito fundamental en la valoración cultural de esa sierra fue el homenaje que se hizo en 1932 en la Fuente de los Geólogos a los naturalistas Casiano de Prado (1797-1866), José Macpherson (1839-1902), Salvador Calderón (1851-1911) y Francisco Quiroga (1853-1894) por ser los “primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y amor a la naturaleza”. Así dice la placa inserta en esa fuente, inaugurada el domingo primaveral de 12 de junio de 1932 según se ha recordado recientemente en una curiosa guía del turista friki. (ver aquí).

Esa alusión de Martínez de Pisón es muy somera, así como otra dedicada a ese evento efectuada en el capítulo tercero del mencionado libro titulado”El descubrimiento científico de la sierra de Guadarrama: origen del desarrollo de la geología en España”. Por ello me ha parecido pertinente en esta entrada acercarme con más detalle al contexto en el que se produjo la inauguración de la fuente de los geólogos, monumento republicano que aún pervive para solaz de quienes la visitan y se refrescan en sus saludables aguas.

En la organización del acto cumplió un destacado papel la Sociedad Peñalara. De hecho el arquitecto autor de la fuente, Julián Delgado Ubeda, era un destacado montañero integrante de esa sociedad. Ante el encargo que le hizo la Comisaría de Parques Nacionales optó por construir un arco austero de piedra que descansa sobre un pilón, en el que vierte agua un caño de bronce.

Fuente de los Geólogos

No ha de extrañar por tanto que fuese un  periodista deportivo – Angel Cruz y Martín- quien diese cuenta de las características de ese evento en las páginas de la revista ilustrada Crónica con las siguientes palabras:

En la carretera de Madrid a La Granja, cerca del bello puerto de Navacerrada, cara a los Siete Picos majestuosos y rodeada de pinos olorosos y fuertes, brota una fuente, de linfa clarísima y fresca, que en homenaje a la memoria de cuatro ilustres hombres de ciencia, amantes de la Naturaleza por lo que tiene de vida, llevará el nombre de Fuente de los Geólogos. Es un sencillo y precioso monumento- el segundo de los que en el Guadarrama ha levantado la Junta de Parques Nacionales por iniciativa del insigne y modesto sabio, como todos los sabios de verdad, señor Hernández Pacheco, obra del joven y admirable arquitecto don Julián Delgado Ubeda, que en construcciones montañeras tiene un insuperable prestigio, ganado en una labor estimadísima por cuantos las conocen y disfrutan.

Este monumento –que ofrece agua y descanso al caminante- está elevado a la memoria de Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y de amor a la Naturaleza, según reza la lápida conmemorativa. La Fuente de los Geólogos ha sido inaugurada con la solemnidad sencilla en cosas de montaña y con el realce prestado con la presencia y el aplauso de personas conspicuas en las esferas de la inteligencia, que saben lo que es la religión montañera, de la que “San” Francisco Giner fue su mejor apóstol.

Cronica 1

En efecto, el ente promotor de la construcción de ese lugar de la memoria científica en pleno corazón de la sierra de Guadarrama había sido la Comisaría de Parques Nacionales, que presidía el aristócrata asturiano Pedro Pidal (1870-1941), y el delegado de Sitios y Monumentos Nacionales de interés adscrito a esa comisaría, que era el hiperactivo catedrático de Geología de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), militante en aquellos meses del partido radical de Lerroux. Más adelante veremos cómo Hernández Pacheco padre, -cuyo hijo Francisco, otro eminente geólogo, estuvo entre el público asistente a ese acto de inauguración-, aprovechó el acto para reivindicar la labor de los geólogos en la sociedad española.

Ahora conviene fijarse en que lo que ocurrió aquella mañana del 12 de junio de 1932 fue un acto de exaltación de la labor cultural, científica y pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), como lo muestran no sólo las intervenciones del rector de la ILE Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) y de Julián Besteiro (1870-1940) -presidente del Congreso de los Diputados, destacado dirigente socialista y antiguo alumno de la ILE-, sino también la intervención musical de la masa coral del Instituto-Escuela, el innovador centro educativo que venían impulsando los institucionistas desde su creación en 1918 gracias al apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese coro estaba dirigido por el notable compositor y pedagogo valenciano Rafael Benedito Vives (1885-1963), quien aparece en el centro de la siguiente fotografía rodeado de sus alumnas.

alumnas Instituto-Escuela fuente geologos

Manuel Bartolomé Cossío, dada su avanzada edad y sus achaques de salud, no pudo desplazarse al solar donde se emplazó la fuente, pero preparó unas cuartillas que fueron leídas por el presidente de la ILE, el jurista asturiano Manuel Pedregal (1871-1948). Expongo a continuación el contenido de las breves reflexiones de Cossío, de gran interés, por exponer con claridad la labor llevada a cabo por los institucionistas para “domesticar” el Guadarrama. Esa labor  fue impulsada por Francisco Giner de los Ríos quien, para estimular el amor a la Naturaleza patria desde una de las columnas vertebrales de la península ibérica, contó con la inestimable ayuda de sus amigos geólogos. A esos amigos -Macpherson, Calderón y Quiroga- los institucionistas republicanos quisieron rendir homenaje aquel 12 de junio de 1932, pronto hará 85 años.

De los cuatro geólogos cuya gloria cantará desde hoy esta agua sonora, tres fueron de la Institución desde que ella nació hasta que ellos murieron. En la Institución enseñaron, en ella investigaron y, lo que vale más todavía, en ella espiritual y plenamente convivieron.

El año que viene hará precisamente medio siglo que un amanecer del mes de julio de 1883 salía de Villalba por esta misma carretera de Navacerrada un grupo de alumnos y maestros; todos a pie, con su cayado y con su lío al hombro. Era la primera vez que la Institución acometía la conquista de la Sierra. Había ya visitado monumentos y ciudades próximas y lejanas; había deambulado por otras regiones de llanura y montaña; pero la Sierra, esta Sierra, estaba todavía para ella inmaculada.  

¿Quién acompañaba al grupo como maestro geólogo? Salvador Calderón.

Cuando la conciencia pública señala a Giner como apóstol y profeta del amor a la Sierra, ¿habrá quien pueda extrañarse de que su nombre se invoque en este acto al lado del de sus fraternales amigos los geólogos, de quienes tanto aprendiera, a quienes tanto enseñara y a quienes, si viviese sería el primero en glorificar hoy aquí con todo el fuego de su alma inflamada!”

En efecto  Giner, aunque había fallecido en 1915, estaba ominipresente en cualquier evento institucionista. En su proceso de mitificación también participaron los redactores de la revista Crónica al denominarlo “San Francisco Giner”.

Giner Cronica 1932

La sentida intervención de Cossío, quien hacía de patriarca de los institucionistas en el primer bienio republicano, fue complementada con el discurso más improvisado del mencionado Julián Besteiro, cuyas palabras fueron escuchadas con atención. Tras contrastar varias fuentes estimo que su discurso pudo ser el siguiente:

Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno , porque, como es sabido, no desempeño funciones gubernamentales. Seguramente las Cortes, que por méritos de la suerte más que por merecimientos personales represento, se sentirán compenetradas con la significación de este acto. Pero yo quiero dar a esta intervención mía más bien un carácter sentimental, de reminiscencia, de los días de mi infancia que evocan la ocasión, el lugar y, sobre todo, las bellas palabras del Sr. Cossío, leídas por mi amigo José Pedregal.

Cuando yo tenía trece años mis compañeros y yo seguíamos por estos caminos a nuestros maestros, y aquellos jóvenes maestros seguían a don Francisco Giner y al nuevo espíritu que don Francisco Giner trataba de infundir en el país.

Como ha ocurrido con frecuencia en las épocas de decadencia y en el momento de iniciarse un impulso renovador, los mejores espíritus de aquellos tiempos fueron a buscar ejemplos estimulantes en el Extranjero. Fue el ejemplo de la filosofía alemana llegado a nosotros con Sanz del Río; fue el ejemplo de la filosofía y de la pedagogía inglesas introducido aquí más directamente por D. Francisco Giner.

Y animados de aquel espíritu nuevo seguían a don Francisco Giner por estas montañas los maestros jóvenes y les seguíamos también un puñado de niños, animados de un entusiasmo que nos hacía realizar empresas tal vez superiores a nuestras fuerzas, y cuya significación solamente hoy podemos comprender plenamente.

Era, sin duda, que el injerto de ideales ajenos iba prendiendo en la planta que ahonda sus raíces en el pasado de nuestra historia, como una promesa de una nueva vida nueva y fecunda.

Con frecuencia, en nuestras marchas y expediciones contaban en nuestro espíritu la palabra del viejo poeta:

“Allá a la vegüela de Matadespino, por ese camino que va a Lozoyuela”.

Sin saberlo nosotros íbamos buscando por estos montes, no lo serranillo del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir.

Ahora, en esta ocasión, yo veo congregados en torno a la fuente de los geólogos a amigos de la infancia, como Pedregal, como García del Real, como José Cebada, como Palomares, como Pedro Blanco, y me parece que estoy viendo marchar a nuestro lado a D. Francisco Quiroga, con su bondad juvenil y su cabellera blanca, o me siento transportado a orilla del Tormes y veo aparecerse a D. José Macpherson mezclando sus enseñanzas con un tono afectivo de sencillez.

En los días a que estos recuerdos se remontan éramos un grupo reducido, fuertemente unido por el entusiasmo, pero aislado en la gran masa del país.

Luego ese espíritu se ha ido extendiendo y hoy vemos participar de él a los hombres de características sociales más diversas: restos algunos de viejas aristocracias, clases medias dedicadas a profesiones liberales, hombres de la oficina y hombres del taller y de la fábrica. Y al ver este alentador espectáculo comprendemos la significación de aquellas primeras excursiones por la Sierra y aprendemos a querer y honrar cada día más a nuestros maestros.

Besteiro discurso

Discurso de Julián Besteiro en la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Fotografía de Cortés reproducida en Mundo Gráfico 15 junio 19232 p. 16

De estas intervenciones se deduce que Giner y las diferentes oleadas de ginerianos concibieron la Sierra de Guadarrama desde 1883 como la atalaya desde la que otear el horizonte y trazar planes de acción para la reforma de España. Téngase en cuenta, por ejemplo que, semanas después al evento del domingo 12 de junio de 1932 que estoy rememorando, en una reunión que tuvieron en los pinares del Guadarrama Fernando de los Ríos, Pedro Salinas y otra media docena de intelectuales en el verano de 1932 se diseñó la construcción de la Universidad Internacional de Santander que entraría en funcionamiento al verano siguiente de 1933.

En su afán de conocer la Sierra de Guadarrama y convertirla en símbolo cultural y en un instrumento de higiene física y mental, los institucionistas no sólo promovieron su detallado conocimiento científico, sino que también ayudaron a redescubrir a los poetas castellanos que glosaron su paisaje y su paisanaje. Así promovieron el estudio de la obra del célebre arcipreste de Hita, cuyo Libro del Buen Amor introdujeron en el canon de la literatura clásica en lengua castellana. En esa tarea se inscribe, por ejemplo, la edición popular que hizo en 1917 para la editorial Saturnino Calleja el mexicano Alfonso Reyes en sus años de trabajo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE, a los que ha prestado atención recientemente Mario Pedrazuela en su trabajo “Alfonso Reyes y la Filología: entre la Revista de Filología Española y la Nueva Revista de Filología Hispánica” (ver aquí). Dada la estrecha relación entre el Centro de Estudios Históricos y el Instituto-Escuela, dependientes ambos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, no ha de sorprender que en la actuación musical del Coro del Instituto-Escuela que amenizó la excursión campestre a la fuente de los geólogos aquel 12 de junio de 1932 se cantase la “Serranilla” del mencionado Libro del Buen Amor y otras coplas populares.muchachas Instituto-Escuela Estampa

Esa actuación musical era prolongación de la que el mismo coro había ofrecido el 23 de noviembre de 1930 en el homenaje que se hizo a la memoria del arcipreste de Hita cerca del alto del León de la sierra de Guadarrama cuando se inauguró el monumento natural conocido desde entonces como “Peña del Arcipreste”. En él se leía la inscripción”1330-1930/Al ARCIPRESTE/ DE HITA/CANTOR DESTA SIERRA/DO GUSTÓ LAS AGUAS/ DEL RIO DE BUEN AMOR”. El homenaje fue auspiciado por la Real Academia Española, que dirigía el filólogo Ramón Menéndez Pidal, también director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y por la Comisaría de Parques Nacionales a través de la figura del geólogo Francisco Hernández Pacheco, el mismo promotor de la Fuente de los Geológos inuagurada el 12 de junio de 1932. Y, tal y como ha subrayado Alvaro Ceballos Viro en un muy interesante artículo (ver aquí), tal homenaje de 1930 al arcipreste de Hita era de inspiración institucionista. De tal manera que en la Real Orden publicada el 12 de octubre de 1930, mediante la cual se declaraba la Peña del Arcipreste “sitio y monumento natural de interés nacional”, se hacía mención explícita al principal promotor de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, quien el 6 de junio de 1915, a las pocas semanas de su fallecimiento, había recibido no muy lejos de allí el tributo póstumo de sus discípulos.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Llegada la República la exaltación de la Sierra de Guadarrama como espacio de demofilia se consolidó. Ya Agustín de Foxá había constatado, según nos recuerda Alvaro Ceballos, que antes de la llegada del nuevo régimen político “la sierra era republicana. Allí acudían los hombres pulcros a maldecir la España oficial. Allí extraían todas sus metáforas para una Patria joven, fresca, limpia y europea, la España del sol y la alegría, en oposición al Madrid clerical y reaccionario”. Ese marco de demofilia practicado en la Sierra de Guadarrama por los republicanos es el que explica, según Alvaro Ceballos, que el Arcipreste, reivindicado por los institucionistas y cantado por la Masa Coral del Instituto-Escuela, “no fuera el experto jurista, ni el versado mudejarista, ni el prerroformista de inspiración goliárdica, ni el producto de muchos otros textos singulares posibles, sino precisamente el autor de las serranillas. Serranilas que, no se olvide, escenificaban los turbulentos amores entre un letrado y una mujer del pueblo: no es difícil, por lo tanto, leerlas como una traducción simbólica, complaciente y aun lúdica de la relación entre las elites intelectuales y los estratos populares de la sociedad española”.

Pero los institucionistas no fueron los únicos protagonistas el día de la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Aquel domingo 12 de junio de 1932 también intervinieron activamente en la sierra madrileña científicos y naturalistas para reivindicar las tareas que habían hecho sus antecesores y las que ellos mismos estaban efectuando para conocer mejor el territorio español. Las palabras que pronunció el decano de la Facultad de Ciencias Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966), catedrático de Física Matemática de la Universidad Central y director del Observatorio Astronómico de Madrid, y que posteriormente se exiliaría a México donde falleció, no nos han llegado. Sí disponemos, gracias a su inclusión en las páginas del diario El Sol de 15 de junio de 1932, del discurso de Eduardo Hernández-Pacheco, el primer orador que intervino en aquel acto conmemorativo al haber sido su principal promotor.

Hernandez Pacheco fuente geologos

Eduardo Hernández-Pacheco mientras lee su discurso en la inauguración de la Fuente de los Geólogos.

Un extracto de su discurso, ejemplo elocuente del papel desempeñado por los naturalistas para fomentar el sentimiento de amor a la patria y de las permanentes quejas de los científicos españoles acerca del desdén al que, según ellos, le han sometido los poderes públicos, fue este:

Es la memoria de hombres de los tiempos modernos  a quienes rendimos hoy homenaje al inaugurar este sentido monumento que tan admirablemente armoniza con el paisaje, en este espléndido bosque de la olímpica montaña castellana y que tan acertadamente simboliza, sin pretenciosas alegorías arquitectónicas ni escultóricas, el limpio espíritu, la labor frucífera, la ciencia de estos cuatro sembradores de cultura y amor a la Naturaleza.

Los cuatro fueron exploradores y descubridores de la constitución geológica y geográfica de la Península Hispánica, de esta amada tierra nuestra, que debemos considerar como un minúsculo continente porque en el conjunto de sus diversas regiones se integra la variedad de climas, de topografía y de producciones naturales que en los extensos continentes del planeta componen sus distintos países y naciones.

Venimos a honrar hoy la grata memoria de sabios devotos de Gea, diosa resplandeciente y venerable, madre de todos y de todo. Y les rendimos nuestro homenaje porque con su callada y noble labor asentaron los primeros jalones del conocimiento de la Geología y de la Geografía Física de nuestra España.

No fueron hombres alentados y favorecidos por la protección oficial, ni brillaron conocidos por las muchedumbres, sino trabajadores austeros y callados, cuya labor fue apreciada por el escogido núcleo de los intelectuales de todos los países.

Ninguno de los tres eximios españoles: Macpherson, Calderón y Quiroga, recibieron recompensas ni honor alguno, concedido a sus grandes méritos, por el Estado o las corporaciones oficiales; ni tan siquiera la entonces Real Academia de Ciencias les llamó a su seno, honor que ellos hubieran agradecido mucho, aun siendo de notoria justicia, pero que ni se les otorgó ni ellos solicitaron. Por esto el acto de hoy tiene, no sólo el carácter de exaltación de sus méritos, sino también el de reivindicatorio.

El arquitecto Delgado Ubeda, que a su exquisito arte y mucha ciencia une el ser gran amante de la Naturaleza, e intrépido montañero, es el autor de este sencillo y bello monumento.

En recuerdo de tan eximios ciudadanos denominamos a esta fuente Fuente de los Geólogos, que brota en el corazón de la Sierra Carpetana, por ellos estudiada; junto a las altas divisorias de los dos ríos caudales castellanos: Duero y Tajo; en medio de este espléndido bosque de recios y aromáticos pinos, frente a la bella y fuerte montaña de Siete Picos, coronada de abruptos canchales graníticos, y en el corazón de la vieja cordillera castellanolusitana, que une a ambas Castillas y enlaza a las dos naciones hespéricas.

En representación del Instituto Geológico también tomó la palabra el ingeniero de Minas Agustín Marín y Beltrán de Lis (1877-1963), en cuya intervención no hubo ninguna alusión a la labor llevada a cabo por los geólogos institucionistas. De ahí que el único periódico entre los que he consultado que se hizo eco de su intervención fue el diario católico antirrepublicano El siglo  Futuro.  En su edición del 14 de junio de 1932 extractó una parte del  discurso de Agustín Marín en estos términos.

Gran satisfacción es para el Instituto Geológico la que le han dispensado los organizadores de esta fiesta de tan fina y elegante espiritualidad, invitándole a tomar parte en ella, y sólo lamento que no pueda asistir el director de ese Centro, que  os hablaría con una elocuencia y una altura que a mi humilde persona le está vedado alcanzar. Todos mis compañeros de Instituto y de Ingeniería se unen de todo corazón a este homenaje por dos razones: por las personas a quien está dedicado y por la forma con que se ha llevado a la práctica.

Vemos que al dedicar esta fuente a los geólogos habéis querido hacerlo de un modo integral a todos los que creen que el fundamento, la base de la civilización está en fomentar la naturaleza. A esta sierra se puede venir como un artista a aprender cómo se crea la poesía y la emoción. Así, nuestro gran Velázquez supo en el cuadro del príncipe Baltasar Carlos, resaltar el contraste que produce la pompa y la vanidad que acumularon en el niño con la austeridad y la grandeza del paisaje de La Maliciosa. El excursionista busca solaz, trata de disolver sus preocupaciones en el aire de las serranías, y la persona culta relaciona la estructura orogénica con la historia y la leyenda, y así exclamó uno de los grandes cantores del Guadarrama, Enrique de Mesa, desde lo alto de la divisoria:

“A un lado el solar del Cid; al otro, la tierra de Don Quijote”.

Pero el geólogo llega a más: comprende que los seres, las cosas, las montañas, no son completas si no se enlazan a su pasado y no se vislumbra en ellas su porvenir; no piensa sólo en el momento, sino que investiga cómo se llegaron a formar estas cordilleras, por qué los ríos circulan por dónde lo hacen, a qué fenómenos de erosión, de formación morfológica, están sometidas las rocas, por qué los canchales y las peñas, jugando a esculturas, tienen esas formas tan caprichosas, y hasta se ocupa de qué será de estas piedras en el más allá, en el porvenir.

Pero además, la forma de perpetuar la memoria de los geólogos que se ocuparon del Guadarrama, tiene tan poética sencillez, tan justa expresión, tan exacta aplicación (y en esto hay que hacer el cumplido elogio al artista que lo interpretó), que habla mucho más el corazón que lo puedan hacer las magnificencias escultóricas y arquitectónicas, como lo fue la tumba de Napoleón.

El manantial es símbolo de misterio, y así Plinio exclama: “En ninguna parte muestra la Naturaleza ser tan milagrosa como en las fuentes”. Para los geólogos ya no hay casi enigmas, y ahora escudriñan los conductos por donde deben circular el agua, las entrañas de la tierra, que visita, y buscan la relación de la ciencia pura con la ciencia de aplicación, y así las grandes lucubraciones que se fraguan en la mente de los sabios o de los ingenieros, se resuelve en veneros de riqueza, que inundan esos campos de Dios.

Pero además, la fuente lleva unida la idea de reposo material y aún más la de actividad mental. Yo me figuro a nuestro gran Casiano de Prado, padre de la geología del Guadarrama, hace casi un siglo, fatigado de sus andanzas por la sierra, recibir con deleite el descanso que le brinda la fuente, sentarse en una piedra, dejar el martillo, la brújula, abrir su libreta, y lo mismo que los filetes de agua se suceden unos a otros en el chorro de esa fuente, así las ideas se engarzaban en la mente de aquel hombre y luego se relacionan con las de los que vinieron después, y con los que ahora la visitan y con la de los que llegarán más adelante, y retenidas en los libros, como el agua en los embalses, elévase así la cultura de los pueblos, y, por tanto, la dignidad de los hombres.

¡Gentes de la ciudad: venid a estas sierras, oled a tomillo, reposad en estas fuentes y reverenciad, y a ser posible, seguid el camino de hombres como los que hoy honramos y así trabajaréis por el bien de la humanidad!”.

Curiosamente en ese mismo ejemplar del Siglo Futuro uno de sus colaboradores, con el seudónimo fray Junípero, presentó un suelto que evidenciaba las fobias anti institucionistas del nacional catolicismo, y su obsesión, dado su antisemitismo, con la política favorable a los sefarditas que intentó implantar el gobierno republicano de aquella época, particularmente el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Revela el suelto que transcribo el grado de virulencia de  la guerra de ideas instalada en la sociedad española en aquel año de 1932, anunciadora de las tormentas de fuego futuras:

Anteayer se inauguró en la Sierra la Fuente de los Geólogos. El acto, con pretensiones científicas, fue un himno al triunfo de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que se cantó allí. Por cierto que en las reseñas echamos de menos al piisimo don Elías Tormo, que otorgó a la funestísima Institución el monopolio de la enseñanza oficial y nos trajo a la Central al insigne rabino honorario don Erasmo, que ayer fue muy de mañana a Toledo a visitar y orar largamente en la sinagoga del Tránsito, que se rumorea será entregada a los sefardíes para sus ritos.

En fin, múltiples significados tuvo el evento que se celebró aquel domingo de 12 de junio de 1932 en un incomparable marco de la sierra más castellana frente a Siete Picos y la Maliciosa. Es de esperar que en los meses que faltan para conmemorar el 85 aniversario de aquella iniciativa cultural, cuyos promotores intentaron mezclar ciencia, naturaleza, arte y alegría, se pueda seguir profundizando en ellos.

sierra Guadarrama

 

Para saber más:

Santos CASADO, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons Historia, 2010.

Santos CASADO, “Ciencia y política en los orígenes de la conservación de la naturaleza en España”. En Eduardo Hernández-Pacheco, La comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España, edición facsímil, Madrid, Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.

Santos CASADO, La ciencia en el campo: Quiroga, Calderón, Bolívar, Madrid, Nivola (Colección Novatores), 2001.

Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO, “En la inauguración de la Fuente de los Geólogos”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 56 (867), p. 221-222

Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Música para un ideal: Pensamiento y actividad musical del krausismo e institucionismo españoles (1854-1936), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2009

La Sierra de Guadarrama en el Museo del Prado. Itinerarios didácticos. Acceso on line en:

https://www.museodelprado.es/recorrido/la-sierra-de-guadarrama-en-el-museo-del-prado/8c434691-d84e-483d-ac69-8c73ec307a10

 


Deja un comentario

Culturas nativas del Chaco paraguayo en un diario madrileño de 1932

En junio de 1932 avanzaban los preparativos de la expedición al alto Amazonas que proyectó el aviador capitán Francisco Iglesias, con apoyo del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, el destacado dirigente del PSOE Fernando de los Ríos. El capitán Iglesias, un especialista en marketing diríamos hoy, hacía lo indecible para convencer a actores diversos del interés de su proyecto político-científico. Y logró, por ejemplo, que el 8 de junio de ese año de 1932  la revista ilustrada Mundo Gráfico insertase el siguiente suelto sobre el libro que acababa de editar donde explicaba los objetivos de su expedición científica.

Anteproyecto viaje Amazonas

Simultáneamente, el colaborador del diario Luz el escritor alemán, de origen judío-askenazí y nacionalizado español en 1934, Máximo José Kahn (Frankfurt 1897- Buenos Aires 1953), -al que ya hemos mencionado en otra entrada de esta bitácora (ver aquí)-  decidió el viernes 3 de junio de 1932 dedicar una de sus colaboraciones habituales en ese diario a hacer una breve crítica de otra publicación de tema americanista. Como es sabido Luz estaba financiado por Nicolás María de Urgoiti, y era usado por José Ortega y Gasset como plataforma política.

En efecto ese 3 de junio de 1932 ese inquieto periodista ofreció a sus lectores con el titulo “El mundo exótico” la reseña de un libro publicado por el antropólogo alemán Herbert Baldus, (1899-1970), quien había vivido en Sudamérica entre 1920 y 1928, y convivido con poblaciones nativas del Chaco, adonde se había dirigido en 1923 para hacer filmaciones cinematográficas.

Baldus Herbert portrait_4fdbbff841feb

El antropólogo alemán Herbert Baldus, nacionalizado brasileño en 1941

Retornado a Alemania Herbert Baldus se doctoró en 1932 como antropólogo americanista en la Universidad de Berlín con una tesis sobre las lenguas zamucanas, habladas en el Chaco boliviano-paraguayo, las cuales se encuentran actualmente en peligro de extinción. En sus estudios de doctorado se formó como investigador al lado del etnólogo y sociólogo Richard Thurnwald (1869-1954), el antropólogo e historiador de las religiones de poblaciones amerindias de México  y Colombia Konrad Theodor Preuss (1869-1938), quien formó un importante archivo fotográfico sobre los indígenas de la sierra colombiana de Santa Marta, y el etnólogo, lingüista y arqueólogo Walter Lehmann (1878-1939).

El año anterior a la defensa de su tesis doctoral, es decir en 1931, Baldus logró publicar en Leipzig el libro Indianerstudien im nordöstlichen Chaco. Sus más de doscientas páginas estaban acompañadas de dibujos sobre los indígenas chaqueños. Se considera a ese libro como su primera obra científica destacada, en la que hizo estudios comparativos sincrónicos entre los grupos indígenas Chamacoco y Kaskihá o guanás, del Chaco boreal de Paraguay, y los Mbiá-Guarani del Mato Grosso brasileño.

Baldus libro

La obra mostraba el conocimiento de su autor sobre unas etnias paraguayas que poco después sufrirían la hecatombe de la “mala guerra”del Chaco entre Bolivia y Paraguay, iniciada el 9 de septiembre de 1932 y finalizada el 12 de junio de 1935, precedida de una serie de incidentes militares en la frontera entre los dos países desde 1928.

guerra-del-chaco

 

Dado el interés de la breve reseña de este libro por Máximo José Kahn la reproduzco íntegra a continuación, actualizando entre corchetes la grafía de las etnias mencionadas.

La cultura nativa del Chaco pertenece a los problemas más sugestivos del mundo de los indios. Baldus vivía entre chamacocos, que se componen de esas tres tribus: horios [ório], ebidosos [ybitosos o ebitosos][ y tumerehas [tomárahos]. Explora y describe sus usanzas, su vida sexual, su idioma, su mentalidad. Descontentos de nuestra cultura europea contemporánea escuchamos con ansiedad la narración exótica. Aunque las investigaciones de Baldus son acentuadamente científicas dan la impresión de fábula: nuestra ciencia es occidental -la vitalidad de esos indios excede de la comprensión del Occidente.

Mapa-py

En color naranja el área ocupada por los chamacocos, entre los que convivió Herbert Baldus

El indio de Baldus llama “detrás” el frente del objeto que mira, pues este lado corresponde a la espalda del espectador. Las muchachas chamacocos, antes de unirse a su futuro esposo, se casan con algún anciano para prepararse al matrimonio auténtico. Esos indios representan en un mismo dibujo frente y perfil de las personas. Para poder correr bien comen carne de ciervo; para ser nadadores ligeros se alimentan con pescado; para llegar a ser listos devoran carne de zorro. Propiedad es lo que uno hizo para sí. Los juegos de los niños consisten en imitar los trabajos de sus padres.

Estos ejemplos, cuyo número se podría aumentar excesivamente, sirven de prueba de que el libro de Baldus transparenta una cultura refinada. Si se quiere comprimir ese refinamiento en un concepto de la civilización se diría que los chamacocos son materialistas hipersensibles. Ciertos rasgos (por ejemplo, el del hombre que se acusa de impotencia por no tener que declarar la esterilidad de su mujer) que parecen indicar idealismo en efecto son una vehemente afirmación de la convicción materialista desfigurada por el temor de ser tomado por pobre. El trabajo de Baldus permite una penetración singular del alma india y del encanto paisajista del Chaco.

Dos años después de la publicación de ese libro sobre los chamacocos, habitantes del Chaco boreal paraguayo, y al año de haber obtenido su título de doctor Herbert Baldus, en 1933, tras la llegada al poder de Hitler, retornó a tierras sudamericanas, exiliándose por sus convicciones antifascistas y liberales democráticas. Se instaló entonces definitivamente en Brasil, país en el que desarrolló una importante labor académica e investigadora como antropólogo y sociólogo. También se exiliaría en tierras americanas su reseñista en las páginas de Luz Máximo José Khan, quien se instaló en Buenos Aires en 1944, falleciendo en la capital argentina en 1953.


Deja un comentario

De Madrid al cielo en abril de 1932: interés popular por la astronáutica y la labor de Emilio Herrera

El militar Emilio Herrera Linares (Granada 13 febrero 1879-Ginebra 13 septiembre 1967) es conocido por haber inventado en 1935  una “escafandra astronáutica“, que posteriormente la NASA adaptó para los viajes espaciales, y ser uno de los impulsores del desarrollo de la aeronáutica española en el primer tercio del siglo XX. De convicciones católicas, se mantuvo leal a la República cuando sobrevino el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Al finalizar la guerra “incivil” inició un largo exilio, en el que combinó, hasta su fallecimiento en tierras suizas, una activa oposición al franquismo con tareas de asesoramiento científico-técnico en organizaciones internacionales.

Durante los años de la República en paz desempeñó brillantemente múltiples funciones: llevó a cabo una importante labor científica en el Laboratorio de Cuatro Vientos; efectuó una relevante labor docente como director de la Escuela de Aerotecnia situada en la carretera de Extremadura, en el extrarradio de Madrid, en la que se formaron los primeros ingenieros aeronáuticos españoles, y tuvo una meritoria actividad diplomática en la Sociedad de Naciones, donde abogó en el año de 1932 por la política de desarme que defendía el gobierno presidido por Manuel Azaña. También a finales de ese año tuvo  que defenderse de acusaciones que se le hicieron en el diario anarquista La Tierra sobre actividades que había realizado antes del advenimiento de la República, asunto que abordaré en otra ocasión.

Pero ahora, en esta entrada, me ciño a dar cuenta de cómo la prensa informó en abril de 1932 de una conferencia de Emilio Herrera sobre los últimos avances de la astronáutica, una ciencia de moda, por lo que el cine se interesó por ella, y “moderna”, como informaba a sus lectores el gran diario republicano Luz el viernes 15 de abril de 1932.

Días después sería la revista gráfica Estampa la que se hizo eco de manera llamativa de esa conferencia, en  la que Herrera explicó técnicamente cómo se harían antes de medio siglo -lo que así sucedió- viajes interplanetarios.

En efecto, junto a una portada que conectaba cine y ciencia,  Estampa, en su ejemplar de 23 de abril de 1932, insertó un amplio reportaje titulado “Cómo se realizarán, antes de cincuenta años, los viajes a la Luna. Los viajeros irán en una astronave que recorrerán los espacios a 33.000 kilómetros por hora”. Varias de sus ilustraciones, como la propia portada de la revista, correspondían a escenas del filme alemán “La mujer en la luna” [Frau im Mond] expresivo de los comienzos de la carrera espacial que se iniciaba en aquella época, y extraordinario vector para la popularización de la astronáutica a principios de la década de 1930. Esa magnífica película muda había sido dirigida por Fritz Lang en 1929, quien contó con la colaboración de su esposa Thelma von Harbou como guionista, y con el asesoramiento del ingeniero y físico Hermann Oberth, considerado uno de los padres de la aeronáutica mundial.

Cartel pelicula

Quizás pueda existir una relación entre la conferencia de Emilio Herrera y la proyección en pantallas españolas de la película de Fritz Lang.

El reportaje de Estampa, firmado por  el periodista  Francisco Díaz Roncero, – quien también se exiliaría convirtiéndose durante muchos años en la voz de Radio París para España con la que muchos radio oyentes,  como mi padre y quien suscribe, procurábamos estar bien informados y sortear la falta de libertades a principios de la década de 1970- consistió en una larga entrevista a Emilio Herrera, donde este impulsor de la astronáutica española explicó cómo serían los  futuros viajes a la Luna y a Marte. Sus reflexiones, mezcla de ciencia y ficción, explican por qué se le conoce como el “Verne” español.

Estas son las imágenes de esa portada y del mencionado reportaje-entrevista:

Portada Estampa

 

Reportaje Estampa 1

 

Reportaje Estampa 2

 

Reportaje Estampa 3

 

Reportaje Estampa 4

 

Para saber más:

Emilio Herrera: Memorias, edición de Thomas F. Glick y José Manuel Sánchez Ron, Madrid, ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 1988

Emilio Atienza Rivero: El general Herrera: aeronáutica, milicia y política en la España contemporánea, Madrid, Tabapress, 1994

Carlos Lázaro Avila: La aventura aeronáutica: Emilio Herrera y Juan de la Cierva, Madrid, Nivola, 2001.

 

 


Deja un comentario

La apertura al mundo del Madrid científico-técnico y artístico en marzo de 1932

Los asuntos científico-técnicos estuvieron bien presentes en la esfera pública madrileña en el mes de marzo de 1932, en el que la actualidad política estuvo dominada por la tensión creciente entre el partido radical de Lerroux y el PSOE, que formaba parte de la coalición gubernamental que sostenía al gobierno de Azaña.

Diversos textos e imágenes dan prueba de ello como se aprecia en los dos asuntos que abordo en esta entrada. El primero se refiere a la campaña emprendida para superar el déficit tecnológico en el uso de la radio como medio de comunicación y conocimiento. El segundo a la acogida dispensada en Madrid a los integrantes del IX Congreso internacional de Cirugía que se reunieron en la capital española en ese mes de marzo de 1932 antes de visitar también Sevilla y Barcelona.

Superar las deficiencias de la radiodifusión en España fue un tema recurrente en las páginas de la prensa de aquel mes.  Con ese motivo el 2 de marzo, en la interesante sección semanal Ondas sonoras del diario Luz,  se entrevistó a Pedro Regueiro, que había sido jefe de la sección de Radio del ministerio de Comunicaciones. Unas interesantes estadísticas, publicadas a la semana siguiente, en la misma sección de ese diario, probaban el retraso del uso de la radio en la sociedad española comparándola con la de otros países europeos.

radio Europa 1932

Dos días después, el viernes 11 de marzo, era el filólogo Américo Castro quien, en el mismo periódico, escribía un artículo titulado “Hacia la mejor España” en el que instaba  a expandir el uso de la radio por su potencial cultural. Más adelante, el miércoles 16 de marzo, sería el pedagogo, y diputado de Acción Republicana, Luis Bello quien, también en el diario Luz, publicaría su artículo “La radio en el pueblo” en el que informaba que Madrid sería sede en septiembre de 1932 del próximo congreso internacional de Radiotelegrafía y Telegrafía que daría lugar a la creación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

No ha de extrañar entonces que las páginas de las publicaciones ilustradas republicanas reflejasen con humor cómo penetraba progresivamente en los domicilios de sus lectores el uso de la radio, como revela la historieta “Una estación de radio” de un dibujante de Crónica , creador de los personajes infantiles Lolín y Bobito.

Lolin y Bobito Una cronica de radio

O que informasen de los avances de esa tecnología en otras partes del mundo como Estados Unidos. Así el lector de Estampa, al abrir el ejemplar de 12 de marzo de 1932, podía encontrarse con un reportaje sobre el gran proyecto neoyorquino, impulsado por el “rey del petróleo” John D. Rockefeller, para construir una “Radio City”.

Nueva York radio city

 

Ese mismo día, en otro medio de comunicación, se avisaba que al miércoles siguiente, el 16 de marzo, Federico García Lorca daría en la sede de la Residencia de Señoritas una conferencia sobre su libro Poeta en Nueva York, en la que Lorca dio a conocer por primera vez al público madrileño algunos de los versos del que ha sido considerado el poemario más importante de la lírica española del siglo XX, publicado en 1940 tras el asesinato de su autor en el trágico verano de 1936.

Ese evento fue organizado por la sección madrileña del Comité de Cooperación Intelectual que había nacido el mes anterior. El diario Luz, en su ejemplar del jueves 17 de marzo de 1932, se hizo eco de la conferencia con un breve suelto:

Lorca Poeta en N York Luz

 

Pero el gran acontecimiento científico internacional que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1932 fue la celebración en la sede del Senado, cámara legislativa que había sido disuelta por la República, del IX Congreso internacional de Cirugía.

Su inauguración oficial, a la que asistieron las máximas autoridades republicanas, tuvo lugar el martes 15 de marzo. El siempre mordaz Azaña da cuenta en su diario del acto en los siguientes términos: “El Consejo [de Ministros] de hoy ha empezado tarde, porque he ido al Senado; a la sesión inaugural del Congreso Internacional de Cirugía. El alcalde [Pedro Rico], que había de hablar el primero, ha llegado tarde. Este alcalde es muy castizo, le invitan a un banquete diplomático y no va ni se excusa. Hemos oído los discursos de rúbrica, entre ellos una necrología de los cirujanos muertos desde el último Congreso. El orador no nos ha dicho si han muerto a mano de otros cirujanos. El presidente de la República ha echado un discurso, en que ha hablado de nuestra revolución como de una operación quirúrgica incruenta”.

Congreso Cirujia inauguracion Senado

Dos días después -el 17 de marzo- Azaña asistiría a una parte de la función de gala que se ofreció a los congresistas en el teatro Español donde se representó la Serrana de la Vera, protagonizada por Margarita Xirgú. Y al día siguiente, el jueves 18 de marzo,  a la recepción que hubo en el Palacio presidencial en honor de los congresistas que estuvo muy concurrida.

De ese intenso programa social de los congresistas se hizo  eco la prensa como la revista ilustrada Mundo Gráfico en su ejemplar de 23 de marzo de 1932.

Congresistas Cirugia 1932

 

Este congreso fue organizado por la Sociedad Internacional de Cirugía, con sede en Bruselas, que tenía afiliados de 42 naciones.  Una de las claves de su éxito radicó en que, gracias a complejas negociaciones, se asociaron a su desarrollo cirujanos del ámbito cultural germánico, que habían estado excluidos desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Y así acudieron a Madrid unos 250 congresistas procedentes de todo el mundo. Los delegados oficiales fueron los siguientes: de Alemania (Sauerbruch), Argentina (Arce), Austria  (Denk), Canadá (Archibald y Saint-Jacques), Dinamarca (Permin y Hannsen), Egipto (Papayoannou), Estados Unidos (Lilienthal), Finlandia (Bardy) , Francia (Proust), Gran Bretaña (Tourner), Grecia (Maccas), Irlanda (Meade), Italia (Alessandri), Japón (Ishikawa), Noruega (Ingebrigsten), Países Bajos (Shoemaker), Polonia (Jurasz), Portugal (Dos Santos), Rumania (Daniel), Suecia (Kaijjser y Hybbinette), Siria (Altounyan y Chevalier), Checoslovaquia (Jirasek), URSS (Plotkin), Venezuela (Conde-Jahn), Yugoeslavia (Kostitch y Budissavloitch), Nueva Zelanda (Mitchell) y Turquía (Burhaneddin).

En sus tareas desempeñaron un papel fundamental los integrantes del comité internacional como su presidente el belga Jean Verhoogen, y el prestigioso cirujano suizo Fritz de Quervain, que ejerció de presidente del congreso de Madrid. Y se implicaron activamente los miembros españoles del comité organizador, entre los que se encontraban el grueso de los integrantes de la Sociedad de Cirugía de Madrid que se había constituido en junio de 1931.

Ese comité organizador estaba presidido por el decano de la Facultad de Medicina de Madrid el catalán Sebastián Recasens y Girol. Sus vocales fueron el catedrático de patología y clínica quirúrgica, vicerrector de la Universidad de Madrid, y futuro rector entre 1934 y 1936, el barcelonés León Cardenal Pujals , el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid el zamorano Laureano Olivares, el catedrático de Urología y de Terapeútica quirúrgica general y especial el manchego Leonardo de la Peña, el prestigioso cirujano de origen gallego, interesado en investigaciones sobre el cáncer, José Goyanes, el presidente de la Asociación española de urología Pedro Cifuentes Díaz, el catedrático de Patología y Clínica quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad Central José Blanc Fortacín, el también catedrático de Patología quirúrgica de la misma Facultad el madrileño Enrique Slocker y la Rosa, el aragonés Víctor Manuel Nogueras que además de médico militar había sido el fundador y director entre 1918 y 1931 del madrileño Hospital Central de la Cruz Roja, el prestigioso cirujano militar Mariano Gómez Ulla,  el urólogo Ignacio Sánchez Covisa, el médico y diputado por el partido de Manuel Azaña Acción Republicana Fernando Coca, Enrique Noguera, N. Saldaña y Enrique Ribas y Ribas, catedrático de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Y sus secretarios: Plácido G. Duarte. jefe del servicio de Cirujía general del hospital de la Princesa, y Alberto Catalina Prieto.

Congresistas Cirujia figuras

 

Los congresistas tuvieron un apretado programa de trabajo. Los intervinientes hicieron demostraciones prácticas y usaron en sus explicaciones dibujos, esquemas, láminas y películas sobre los métodos quirúrgicos. La primera sesión científica fue dedicada, por ejemplo, a debatir sobre “el estado actual de la cirugía del esófago” con intervenciones de cirujanos franceses, rumanos, italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y argentinos. En otra de las sesiones se presentaron los progresos recientes en la Anestesia Quirúrgica. En ella el italiano Achile Mario Dogliotti Ferrara comunicó algunos casos anestesiados por la inyección raquídea epidural. Esta técnica de la anestesia peridural segmentaria, que daría fama a ese cirujano italiano, ya había sido usada por el cirujano militar español Fidel Pagés Mirevé (1886-1923).

Además de asistir a las comunicaciones presentadas en el Congreso y participar en sus debates sus participantes pudieron visitar la exposición médico-quirúrgica que se exhibió en el pasillo central y en los laterales del Senado. En ella se mostraron productos médicos y aparatos de cirugía españoles y extranjeros, así como se podía consultar prensa técnica profesional, como las principales publicaciones médicas de la época entre las que destacaban El Siglo Médico,  La Gaceta Médica Española, dirigida por el doctor Juan Noguera López La Medicina Ibera, fundada y dirigida por el médico y diputado republicano, ya mencionado, Fernando Coca.

Una de las actividades en las que puso particular empeño el comité organizador fue la organización de una visita guiada para que los congresistas conociesen la que sería futura sede de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid que por aquel entonces se estaba construyendo en la nueva Ciudad Universitaria.

Congresistas Cirugia en Facultad Medicina

 

También un grupo de congresistas asistió en el anfiteatro grande de la Facultad de Medicina de la calle Atocha a la proyección de la película Al borde de la tumba, de la productora UFA, en la que se mostraba una operación de apendicectomía y varios partos.

Pormenorizada información sobre el desarrollo del Congreso ofrecieron diversos medios de comunicación, pero quizás sobresalió en su cobertura el gran diario republicano El Heraldo de Madrid, quizás por los lazos de paisanaje que unían a su director, el periodista catalán Manuel Fontdevila, con el presidente del comité organizador, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el barcelonés Sebastian Recasens, que estaba encantado según declarara a ese diario de “la perfectísima organización que estamos viendo” tras haber asistido “a veinticinco o treinta Congresos internacionales de Medicina general, de Cirugía, de Ginecología y de Radiología”.

Heraldo de Madrid 15 marzo 1932

 

Meses después de la celebración de ese congreso, en el mismo año de 1932, la gran editorial Labor publicó el Tratado de Patología Quirúrgica General del cirujano y médico militar aragonés Manuel Bastos Ansart, quien luego sería represaliado por el régimen franquista.  Este Tratado de más de ochocientas páginas, posiblemente, ha de ser considerado como uno de los frutos científicos de ese congreso. Fue considerado en su momento “la mejor obra española compuesta sobre esta materia” por el crítico del diario Luz el médico y periodista Félix Herce Ruiz, militante del PSOE, exiliado posteriormente a México.

Tratado de cirugia Bastos 1

Tratado de cirugia Bastos 2