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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal


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Un impulso a la Fundación Nacional para investigaciones científicas y ensayos de reformas en el verano de 1932

Una de las iniciativas más destacadas de  la Segunda República en su política científica fue la Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas (FNICER). Tal y como señaló David Castillejo el impulsor de ese organismo autónomo fue su padre José Castillejo (Ciudad Real 1877-Londres 1945), quien inicialmente quería crear un think thank que ayudase a los gobernantes republicanos a “efectuar una renovación general de servicios basada en principios científicos y en técnicas modernas”, actuando como “sostén técnico de cualesquiera Gobiernos para las más delicadas o arriesgadas innovaciones”. De ahí que considerase José Castillejo que lo más pertinente para cumplir esas tareas era crear un Departamento de ensayos adscrito a la Presidencia del Gobierno (1).

Pero dado que Marcelino Domingo, el ministro de Instrucción Pública del primer gobierno provisional republicano,  fue quien mostró más interés por la propuesta de Castillejo sería ese político y maestro catalán quien llevó a la Gaceta el decreto de 13 de julio de 1931 en el que se creaba una Fundación Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas. Ese decreto fue confirmado por las Cortes por la ley de 5 de diciembre de 1931. Más adelante las Cortes republicanas aprobaron el 23 de julio de 1932 la ley por la que se dotaba a la FNICER de los medios económicos necesarios con los que tenía que financiar la expedición al alto Amazonas, cuya dirección técnica correspondía al capitán de ingenieros y piloto aviador Francisco Iglesias Brage.

No es momento ahora de exponer en detalle las vicisitudes de la FNICER, expuesta en líneas generales en el año 2001 por Justo Formentín Ibáñez y Esther Rodríguez Fraile, quienes ya apuntaron -basándose en las actas de su consejo de administración- que uno de los lastres para el buen funcionamiento de esa institución republicana fueron sus difíciles relaciones  con la mencionada expedición al alto Amazonas.

Justo Formentín portada

Baste ahora señalar que entre sus logros cabe mencionar:

  • la creación de un Centro de Investigaciones Vinícolas asociado a la Escuela de Ingenieros Agrónomos, dirigido por Juan Marcilla. En él, entre otras actividades, se efectuaron experimentos químicos y bacteriológicos sobre levaduras andaluzas.
  • la organización en Madrid de un Instituto de Estudios Internacionales y Económicos destinado a efectuar investigaciones sobre cuestiones relevantes de la economía española y de sus relaciones con otros países.
  • y el sostenimiento de diversos laboratorios científico-técnicos en diversas ciudades, capitales de distritos universitarios, como Oviedo, Valencia, Santiago y Salamcanca, entre otras.

Además la FNICER se hizo cargo de dos centros que hasta entonces dependían de la JAE: el Laboratorio Torres Quevedo, que continuó bajo sus auspicios su labor como Centro de investigaciones de mecánica y taller de construcción de aparatos científicos e inventos; y el Seminario Matemático de Julio Rey Pastor. Asimismo asumió parte de la financiación del Instituto Cajal en una coyuntura de expansión de esa institución científica con motivo de estrenar una nueva sede.

Ahora me interesa destacar que en el devenir de la FNICER fue importante la labor de su patronato o consejo de administración, constituido por un decreto del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos Urruti de 27 de agosto de 1932, publicado en la Gaceta de Madrid días después: el 1 de septiembre. (ver aquí).

Ese primer patronato lo presidía Teófilo Hernando (Torreadrada [Segovia] 1881- Madrid 1976), experto en farmacología,  catedrático de Terapéutica, Materia médica y arte de recetar en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, autor junto a Gregorio Marañón de un magnífico manual de Medicina interna que fue mejorado progresivamente desde su primera edición en 1915 y médico personal de Santiago Ramón y Cajal. Sorprendentemente quienes se han acercado o evocado su trayectoria vital y científica, como Fernando Pérez Peña, Alejando José Domingo Gutierrez y Pedro Laín Entralgo omiten el papel desempeñado por Teófilo Hernando en la FNICER, revelador del desconocimiento que tenemos de la política científica republicana. Tampoco disponemos de una sólida monografía sobre la trayectoria de este relevante representante de las ciencias biomédicas en la España del siglo XX.

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Teófilo Hernando, presidente del Patronato de la FNICER republicana

 

Alejandro José Domingo Gutiérrez sí nos recuerda este retrato que hizo Juan Ramón Jiménez de Teófilo Hernando:

Para mi la medida mas alta de un hombre, está en su capacidad de salvar un sello de correos, una palabra buena, una hoja seca. Teófilo Hernando es de los que salvan. Ama y guarda todo, lo mayor y lo menor, con delectación de niño ávido, no en balde él cree, científico, en todo, desde la influencia de los astros, hasta la última hipótesis juvenil. Esta inquietud ansiosa le da su aspecto simpático de niño travieso, de buen chico pillastre, pálida, rosada cara risueña y seguridad de captación y entre bromas y veras, derrama luego así el tesoro de su experiencia y de su ciencia captada entre libros, de los que es tan enamorado, o en su no menor amor de la naturaleza plena.

Los doce vocales nombrados inicialmente fueron: Julián Besteiro (Madrid 1870-cárcel de Carmona 1940), Angel Ossorio y Gallardo (Madrid 1873-Buenos Aires 1946), José Pedregal (Oviedo 1871-Avilés 1948), Pedro Corominas (Barcelona 1870-Buenos Aires 1939), Agustín Viñuales (Huesca 1881-Madrid 1959), Fernando Tallada (Barcelona 1881-Barcelona 1937), Antonio García Varela (Carballiño [Ourense]- Madrid 1942), Pedro González Quijano (Jerez 1870-Madrid 1958), Carmelo Benaiges (Tarragona 1879-Zaragoza 1976), Ernesto Winter (Gijón 1872-Oviedo 1936),  Rodrigo de Rodrigo y José Giral (Santiago de Cuba 1872-México 1962).

Es decir en ese grupo había destacados dirigentes políticos republicanos, como el presidente del Congreso de los Diputados el filósofo socialista Julián Besteiro, -de quien ya dimos noticias en una entrada anterior-, el ministro de Marina y ex rector de la Universidad de Madrid el químico José Giral, sobre el que recientemente Javier Puerto ha escrito una monumental biografía, apoyada en el archivo privado de ese prominente científico y político que los descendientes de José Giral donaron al Archivo Histórico Nacional no hace muchos años y el notable diputado Angel Ossorio y Gallardo, un jurista poliédrico de posiciones políticas socialcristianas, que había sido ministro de Fomento entre 1919 y 1920, y que desde 1928 era integrante de la Unión internacional para el estudio científico de los problemas de población.

De estos políticos solo se implicaría en las labores de la FNICER, y por ciertos períodos de tiempo, Julián Besteiro. Ossorio y Gallardo ya manifestó en la primera sesión del patronato, celebrada el 24 de octubre de 1932, “su extrañeza de verse llamado a cooperar en un servicio de investigaciones científicas, cuando su vida, en la política y en el foro, le ha llevado por otros caminos”. El ministro Fernando de los Ríos, presente en esa sesión fundacional, le explicó, según consta en el acta que “podrá aportar, no solo su preparación científica en los estudios a que se ha dedicado, sino su fino sentido crítico y la representación política de un sector de opinión del país en los problemas de cultura y de riqueza que la Fundación ha de abordar”. José Giral, sin embargo, presentó su dimisión, con carácter irrevocable, desde que fue nombrado, por motivos que convendría averiguar. Sería sustituido en la sesión del patronato de 12 de mayo de 1933 por el catedrático de Química Orgánica de la Facultad de Farmacia Antonio Madinaveitia (Madrid 1890-México 1974).

También estaban presentes dos economistas, especialistas en cuestiones hacendísticas, el asturiano José Pedregal, de familia republicana, pues su padre fue ministro durante la Primera República, él mismo ministro de Hacienda por cuatro meses entre 1922 y 1932 cuando militaba en el Partido Reformista de Melquíades Alvarez,  y vinculado a la Institución Libre de Enseñanza de la que llegó a ser su presidente por varios años;  y el aragonés Agustín Viñuales, integrante del partido azañista Acción Republicana, director general del Timbre cuando fue nombrado miembro del mencionado patronato, catedrático de Economía Política de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada desde 1918 y catedrático de Hacienda Pública de la Universidad Central a partir de enero de 1933. Entre junio y septiembre de 1933 sería ministro de Hacienda en un gobierno presidido por Manuel Azaña.

Dos significados catalanes fueron también nombrados miembros del patronato de la FNICER. Uno el economista y político Pedro Corominas o Pere Coromines, diputado en las Cortes, militante de Esquerra Republicana de Catalunya desde 1932, había sido consejero secretario del Banco de Catalunya, y presidente del Ateneo Barcelonés entre 1928 y 1930. En 1933 fue nombrado consejero de Justicia y Derecho de la Generalitat de Catalunya. También fue presidente del Institut d’Estudis Catalans de manera intermitente de 1931 a 1937. El segundo era  Ferran (o Fernando) Tallada Comella, catedrático de Cálculo y Mecánica Racional de la Escuela de Ingenieros de Barcelona desde 1907. Este ingeniero tenía sólidos conocimientos matemáticos y de la nueva física. Por la información disponible parece ser que la participación de Pere Coromines y de Fernando Tallada en las tareas del patronato fue mínima. De las 25 reuniones celebradas por el patronato entre el 24 de octubre de 1932 y el 11 de enero de 1937, Corominas solo asistió a una reunión -el 20 de junio de 1934- y Tallada a ninguna.

 

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Pedro Corominas Montaña o Pere Coromines i Montanya

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El grupo profesinal más numeroso de los miembros de ese patronato estuvo formado por los ingenieros. De ellos cabe destacar: al ingeniero jerezano Pedro González Quijano, un especialista en el cálculo de probabilidales, en Hidrología y geografía hidráulica y profesor de Hidrología en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid; al ingeniero de minas Ernesto Winter, quien había escrito en 1922 Elogio de la inquietud con prólogo de Fernando de los Ríos, director del Orfanato Minero de Oviedo desde 1930 y vilmente asesinado, junto a su hijo mayor, por fascistas en Oviedo en el otoño trágico de 1936, según evocara en un vibrante y emotivo texto Gregorio Morán (ver aquí) y al ingeniero geógrafo y catedrático de Hidráulica General y Agrícola y complementaria de Ingenieria Sanitaria de la Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos desde 1925 Carmelo Benaiges.

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Pedro González Quijano

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Ernesto Winter

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De todos ellos el que mantuvo un compromiso más activo con el consejo de administración o patronato de la FNICER fue Pedro González Quijano, asistente a casi todas sus reuniones, y presidente de la última sesión celebrada el 11 de enero de 1937 en un Madrid en guerra cuando Teófilo Hernando había huido a Francia para encontrar refugio en París.

Antes de su abandono de Madrid dos personas que colaboraron estrechamente con Teófilo Hernando en las reuniones del patronato de la FNICER, y en el día a día de ese organismo, tal y como consta en sus actas fueron: el catedrático de Fisiología Vegetal y director del Jardín Botánico desde finales de 1930 Antonio García Varela, y el verdadero hombre fuerte de este nuevo organismo impulsor de la política científica republicana el director administrativo de la FNICER José Castillejo, algunos de cuyos rasgos físicos fueron definidos así por su esposa, la inglesa Irene Claremont: “Bajo la calva-cúpula, flanqueada por corto pelo negro, resaltaban, castaños y dulces, los ojos más bondadosos que he visto en mi vida”, como ya recordé en otro lugar (ver aquí).

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José Castillejo

 

Como colofón de esta entrada cabe decir que  a pesar del esfuerzo efectuado por Justo Formentín y Esther Rodríguez Fraile allá por el año 2001 al dar a conocer las Actas del Consejo de Administración o Patronato de la FNICER queda aún mucha investigación por hacer para conocer a fondo el funcionamiento de ese singular instrumento de la política científica republicana. Su importancia radica en que fue concebido para complementar a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, favorecer la conexión de las investigaciones científico-técnicas con el tejido empresarial de la España republicana, e intensificar la descentralización de su sistema científico-técnico en aquellos agitados años de la década de 1930.

 

(1). David Castillejo, Los intelectuales reformadores de España. Epistolario de José Castillejo. vol. III. Fatalidad y porvenir 1913-1937, Madrid, Editorial Castalia, 1999, p. 672-677.


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Acto festivo republicano en la sierra de Madrid: la inauguración de la Fuente de los Geólogos en junio de 1932

En el año 2013 una parte de la sierra de Guadarrama, divisoria natural entre las dos Castillas y unida estrechamente a la ciudad de Madrid desde hace largo tiempo, fue declarada parque nacional. Con tal motivo el Instituto Geológico y Minero de España ha auspiciado en 2015 la publicación del magnífico libro colectivo El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cumbres, paisaje y gente, editado por Miguel Mejías Moreno, accesible aquí.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

En uno de sus capítulos el gran geógrafo Eduardo Martínez de Pisón efectúa un apasionante recorrido por su imagen cultural. En él expone cómo los artistas, fuesen literatos o pintores, y científicos se han aproximado a ella, fundamentalmente desde el siglo XVII, que es la época en la que “arranca el sentimiento del Guadarrama con caracteres modernos”. En la página 92 de su texto Martínez de Pisón alude a que un hito fundamental en la valoración cultural de esa sierra fue el homenaje que se hizo en 1932 en la Fuente de los Geólogos a los naturalistas Casiano de Prado (1797-1866), José Macpherson (1839-1902), Salvador Calderón (1851-1911) y Francisco Quiroga (1853-1894) por ser los “primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y amor a la naturaleza”. Así dice la placa inserta en esa fuente, inaugurada el domingo primaveral de 12 de junio de 1932 según se ha recordado recientemente en una curiosa guía del turista friki. (ver aquí).

Esa alusión de Martínez de Pisón es muy somera, así como otra dedicada a ese evento efectuada en el capítulo tercero del mencionado libro titulado”El descubrimiento científico de la sierra de Guadarrama: origen del desarrollo de la geología en España”. Por ello me ha parecido pertinente en esta entrada acercarme con más detalle al contexto en el que se produjo la inauguración de la fuente de los geólogos, monumento republicano que aún pervive para solaz de quienes la visitan y se refrescan en sus saludables aguas.

En la organización del acto cumplió un destacado papel la Sociedad Peñalara. De hecho el arquitecto autor de la fuente, Julián Delgado Ubeda, era un destacado montañero integrante de esa sociedad. Ante el encargo que le hizo la Comisaría de Parques Nacionales optó por construir un arco austero de piedra que descansa sobre un pilón, en el que vierte agua un caño de bronce.

Fuente de los Geólogos

No ha de extrañar por tanto que fuese un  periodista deportivo – Angel Cruz y Martín- quien diese cuenta de las características de ese evento en las páginas de la revista ilustrada Crónica con las siguientes palabras:

En la carretera de Madrid a La Granja, cerca del bello puerto de Navacerrada, cara a los Siete Picos majestuosos y rodeada de pinos olorosos y fuertes, brota una fuente, de linfa clarísima y fresca, que en homenaje a la memoria de cuatro ilustres hombres de ciencia, amantes de la Naturaleza por lo que tiene de vida, llevará el nombre de Fuente de los Geólogos. Es un sencillo y precioso monumento- el segundo de los que en el Guadarrama ha levantado la Junta de Parques Nacionales por iniciativa del insigne y modesto sabio, como todos los sabios de verdad, señor Hernández Pacheco, obra del joven y admirable arquitecto don Julián Delgado Ubeda, que en construcciones montañeras tiene un insuperable prestigio, ganado en una labor estimadísima por cuantos las conocen y disfrutan.

Este monumento –que ofrece agua y descanso al caminante- está elevado a la memoria de Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y de amor a la Naturaleza, según reza la lápida conmemorativa. La Fuente de los Geólogos ha sido inaugurada con la solemnidad sencilla en cosas de montaña y con el realce prestado con la presencia y el aplauso de personas conspicuas en las esferas de la inteligencia, que saben lo que es la religión montañera, de la que “San” Francisco Giner fue su mejor apóstol.

Cronica 1

En efecto, el ente promotor de la construcción de ese lugar de la memoria científica en pleno corazón de la sierra de Guadarrama había sido la Comisaría de Parques Nacionales, que presidía el aristócrata asturiano Pedro Pidal (1870-1941), y el delegado de Sitios y Monumentos Nacionales de interés adscrito a esa comisaría, que era el hiperactivo catedrático de Geología de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), militante en aquellos meses del partido radical de Lerroux. Más adelante veremos cómo Hernández Pacheco padre, -cuyo hijo Francisco, otro eminente geólogo, estuvo entre el público asistente a ese acto de inauguración-, aprovechó el acto para reivindicar la labor de los geólogos en la sociedad española.

Ahora conviene fijarse en que lo que ocurrió aquella mañana del 12 de junio de 1932 fue un acto de exaltación de la labor cultural, científica y pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), como lo muestran no sólo las intervenciones del rector de la ILE Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) y de Julián Besteiro (1870-1940) -presidente del Congreso de los Diputados, destacado dirigente socialista y antiguo alumno de la ILE-, sino también la intervención musical de la masa coral del Instituto-Escuela, el innovador centro educativo que venían impulsando los institucionistas desde su creación en 1918 gracias al apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese coro estaba dirigido por el notable compositor y pedagogo valenciano Rafael Benedito Vives (1885-1963), quien aparece en el centro de la siguiente fotografía rodeado de sus alumnas.

alumnas Instituto-Escuela fuente geologos

Manuel Bartolomé Cossío, dada su avanzada edad y sus achaques de salud, no pudo desplazarse al solar donde se emplazó la fuente, pero preparó unas cuartillas que fueron leídas por el presidente de la ILE, el jurista asturiano Manuel Pedregal (1871-1948). Expongo a continuación el contenido de las breves reflexiones de Cossío, de gran interés, por exponer con claridad la labor llevada a cabo por los institucionistas para “domesticar” el Guadarrama. Esa labor  fue impulsada por Francisco Giner de los Ríos quien, para estimular el amor a la Naturaleza patria desde una de las columnas vertebrales de la península ibérica, contó con la inestimable ayuda de sus amigos geólogos. A esos amigos -Macpherson, Calderón y Quiroga- los institucionistas republicanos quisieron rendir homenaje aquel 12 de junio de 1932, pronto hará 85 años.

De los cuatro geólogos cuya gloria cantará desde hoy esta agua sonora, tres fueron de la Institución desde que ella nació hasta que ellos murieron. En la Institución enseñaron, en ella investigaron y, lo que vale más todavía, en ella espiritual y plenamente convivieron.

El año que viene hará precisamente medio siglo que un amanecer del mes de julio de 1883 salía de Villalba por esta misma carretera de Navacerrada un grupo de alumnos y maestros; todos a pie, con su cayado y con su lío al hombro. Era la primera vez que la Institución acometía la conquista de la Sierra. Había ya visitado monumentos y ciudades próximas y lejanas; había deambulado por otras regiones de llanura y montaña; pero la Sierra, esta Sierra, estaba todavía para ella inmaculada.  

¿Quién acompañaba al grupo como maestro geólogo? Salvador Calderón.

Cuando la conciencia pública señala a Giner como apóstol y profeta del amor a la Sierra, ¿habrá quien pueda extrañarse de que su nombre se invoque en este acto al lado del de sus fraternales amigos los geólogos, de quienes tanto aprendiera, a quienes tanto enseñara y a quienes, si viviese sería el primero en glorificar hoy aquí con todo el fuego de su alma inflamada!”

En efecto  Giner, aunque había fallecido en 1915, estaba ominipresente en cualquier evento institucionista. En su proceso de mitificación también participaron los redactores de la revista Crónica al denominarlo “San Francisco Giner”.

Giner Cronica 1932

La sentida intervención de Cossío, quien hacía de patriarca de los institucionistas en el primer bienio republicano, fue complementada con el discurso más improvisado del mencionado Julián Besteiro, cuyas palabras fueron escuchadas con atención. Tras contrastar varias fuentes estimo que su discurso pudo ser el siguiente:

Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno , porque, como es sabido, no desempeño funciones gubernamentales. Seguramente las Cortes, que por méritos de la suerte más que por merecimientos personales represento, se sentirán compenetradas con la significación de este acto. Pero yo quiero dar a esta intervención mía más bien un carácter sentimental, de reminiscencia, de los días de mi infancia que evocan la ocasión, el lugar y, sobre todo, las bellas palabras del Sr. Cossío, leídas por mi amigo José Pedregal.

Cuando yo tenía trece años mis compañeros y yo seguíamos por estos caminos a nuestros maestros, y aquellos jóvenes maestros seguían a don Francisco Giner y al nuevo espíritu que don Francisco Giner trataba de infundir en el país.

Como ha ocurrido con frecuencia en las épocas de decadencia y en el momento de iniciarse un impulso renovador, los mejores espíritus de aquellos tiempos fueron a buscar ejemplos estimulantes en el Extranjero. Fue el ejemplo de la filosofía alemana llegado a nosotros con Sanz del Río; fue el ejemplo de la filosofía y de la pedagogía inglesas introducido aquí más directamente por D. Francisco Giner.

Y animados de aquel espíritu nuevo seguían a don Francisco Giner por estas montañas los maestros jóvenes y les seguíamos también un puñado de niños, animados de un entusiasmo que nos hacía realizar empresas tal vez superiores a nuestras fuerzas, y cuya significación solamente hoy podemos comprender plenamente.

Era, sin duda, que el injerto de ideales ajenos iba prendiendo en la planta que ahonda sus raíces en el pasado de nuestra historia, como una promesa de una nueva vida nueva y fecunda.

Con frecuencia, en nuestras marchas y expediciones contaban en nuestro espíritu la palabra del viejo poeta:

“Allá a la vegüela de Matadespino, por ese camino que va a Lozoyuela”.

Sin saberlo nosotros íbamos buscando por estos montes, no lo serranillo del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir.

Ahora, en esta ocasión, yo veo congregados en torno a la fuente de los geólogos a amigos de la infancia, como Pedregal, como García del Real, como José Cebada, como Palomares, como Pedro Blanco, y me parece que estoy viendo marchar a nuestro lado a D. Francisco Quiroga, con su bondad juvenil y su cabellera blanca, o me siento transportado a orilla del Tormes y veo aparecerse a D. José Macpherson mezclando sus enseñanzas con un tono afectivo de sencillez.

En los días a que estos recuerdos se remontan éramos un grupo reducido, fuertemente unido por el entusiasmo, pero aislado en la gran masa del país.

Luego ese espíritu se ha ido extendiendo y hoy vemos participar de él a los hombres de características sociales más diversas: restos algunos de viejas aristocracias, clases medias dedicadas a profesiones liberales, hombres de la oficina y hombres del taller y de la fábrica. Y al ver este alentador espectáculo comprendemos la significación de aquellas primeras excursiones por la Sierra y aprendemos a querer y honrar cada día más a nuestros maestros.

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Discurso de Julián Besteiro en la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Fotografía de Cortés reproducida en Mundo Gráfico 15 junio 19232 p. 16

De estas intervenciones se deduce que Giner y las diferentes oleadas de ginerianos concibieron la Sierra de Guadarrama desde 1883 como la atalaya desde la que otear el horizonte y trazar planes de acción para la reforma de España. Téngase en cuenta, por ejemplo que, semanas después al evento del domingo 12 de junio de 1932 que estoy rememorando, en una reunión que tuvieron en los pinares del Guadarrama Fernando de los Ríos, Pedro Salinas y otra media docena de intelectuales en el verano de 1932 se diseñó la construcción de la Universidad Internacional de Santander que entraría en funcionamiento al verano siguiente de 1933.

En su afán de conocer la Sierra de Guadarrama y convertirla en símbolo cultural y en un instrumento de higiene física y mental, los institucionistas no sólo promovieron su detallado conocimiento científico, sino que también ayudaron a redescubrir a los poetas castellanos que glosaron su paisaje y su paisanaje. Así promovieron el estudio de la obra del célebre arcipreste de Hita, cuyo Libro del Buen Amor introdujeron en el canon de la literatura clásica en lengua castellana. En esa tarea se inscribe, por ejemplo, la edición popular que hizo en 1917 para la editorial Saturnino Calleja el mexicano Alfonso Reyes en sus años de trabajo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE, a los que ha prestado atención recientemente Mario Pedrazuela en su trabajo “Alfonso Reyes y la Filología: entre la Revista de Filología Española y la Nueva Revista de Filología Hispánica” (ver aquí). Dada la estrecha relación entre el Centro de Estudios Históricos y el Instituto-Escuela, dependientes ambos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, no ha de sorprender que en la actuación musical del Coro del Instituto-Escuela que amenizó la excursión campestre a la fuente de los geólogos aquel 12 de junio de 1932 se cantase la “Serranilla” del mencionado Libro del Buen Amor y otras coplas populares.muchachas Instituto-Escuela Estampa

Esa actuación musical era prolongación de la que el mismo coro había ofrecido el 23 de noviembre de 1930 en el homenaje que se hizo a la memoria del arcipreste de Hita cerca del alto del León de la sierra de Guadarrama cuando se inauguró el monumento natural conocido desde entonces como “Peña del Arcipreste”. En él se leía la inscripción”1330-1930/Al ARCIPRESTE/ DE HITA/CANTOR DESTA SIERRA/DO GUSTÓ LAS AGUAS/ DEL RIO DE BUEN AMOR”. El homenaje fue auspiciado por la Real Academia Española, que dirigía el filólogo Ramón Menéndez Pidal, también director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y por la Comisaría de Parques Nacionales a través de la figura del geólogo Francisco Hernández Pacheco, el mismo promotor de la Fuente de los Geológos inuagurada el 12 de junio de 1932. Y, tal y como ha subrayado Alvaro Ceballos Viro en un muy interesante artículo (ver aquí), tal homenaje de 1930 al arcipreste de Hita era de inspiración institucionista. De tal manera que en la Real Orden publicada el 12 de octubre de 1930, mediante la cual se declaraba la Peña del Arcipreste “sitio y monumento natural de interés nacional”, se hacía mención explícita al principal promotor de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, quien el 6 de junio de 1915, a las pocas semanas de su fallecimiento, había recibido no muy lejos de allí el tributo póstumo de sus discípulos.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Llegada la República la exaltación de la Sierra de Guadarrama como espacio de demofilia se consolidó. Ya Agustín de Foxá había constatado, según nos recuerda Alvaro Ceballos, que antes de la llegada del nuevo régimen político “la sierra era republicana. Allí acudían los hombres pulcros a maldecir la España oficial. Allí extraían todas sus metáforas para una Patria joven, fresca, limpia y europea, la España del sol y la alegría, en oposición al Madrid clerical y reaccionario”. Ese marco de demofilia practicado en la Sierra de Guadarrama por los republicanos es el que explica, según Alvaro Ceballos, que el Arcipreste, reivindicado por los institucionistas y cantado por la Masa Coral del Instituto-Escuela, “no fuera el experto jurista, ni el versado mudejarista, ni el prerroformista de inspiración goliárdica, ni el producto de muchos otros textos singulares posibles, sino precisamente el autor de las serranillas. Serranilas que, no se olvide, escenificaban los turbulentos amores entre un letrado y una mujer del pueblo: no es difícil, por lo tanto, leerlas como una traducción simbólica, complaciente y aun lúdica de la relación entre las elites intelectuales y los estratos populares de la sociedad española”.

Pero los institucionistas no fueron los únicos protagonistas el día de la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Aquel domingo 12 de junio de 1932 también intervinieron activamente en la sierra madrileña científicos y naturalistas para reivindicar las tareas que habían hecho sus antecesores y las que ellos mismos estaban efectuando para conocer mejor el territorio español. Las palabras que pronunció el decano de la Facultad de Ciencias Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966), catedrático de Física Matemática de la Universidad Central y director del Observatorio Astronómico de Madrid, y que posteriormente se exiliaría a México donde falleció, no nos han llegado. Sí disponemos, gracias a su inclusión en las páginas del diario El Sol de 15 de junio de 1932, del discurso de Eduardo Hernández-Pacheco, el primer orador que intervino en aquel acto conmemorativo al haber sido su principal promotor.

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Eduardo Hernández-Pacheco mientras lee su discurso en la inauguración de la Fuente de los Geólogos.

Un extracto de su discurso, ejemplo elocuente del papel desempeñado por los naturalistas para fomentar el sentimiento de amor a la patria y de las permanentes quejas de los científicos españoles acerca del desdén al que, según ellos, le han sometido los poderes públicos, fue este:

Es la memoria de hombres de los tiempos modernos  a quienes rendimos hoy homenaje al inaugurar este sentido monumento que tan admirablemente armoniza con el paisaje, en este espléndido bosque de la olímpica montaña castellana y que tan acertadamente simboliza, sin pretenciosas alegorías arquitectónicas ni escultóricas, el limpio espíritu, la labor frucífera, la ciencia de estos cuatro sembradores de cultura y amor a la Naturaleza.

Los cuatro fueron exploradores y descubridores de la constitución geológica y geográfica de la Península Hispánica, de esta amada tierra nuestra, que debemos considerar como un minúsculo continente porque en el conjunto de sus diversas regiones se integra la variedad de climas, de topografía y de producciones naturales que en los extensos continentes del planeta componen sus distintos países y naciones.

Venimos a honrar hoy la grata memoria de sabios devotos de Gea, diosa resplandeciente y venerable, madre de todos y de todo. Y les rendimos nuestro homenaje porque con su callada y noble labor asentaron los primeros jalones del conocimiento de la Geología y de la Geografía Física de nuestra España.

No fueron hombres alentados y favorecidos por la protección oficial, ni brillaron conocidos por las muchedumbres, sino trabajadores austeros y callados, cuya labor fue apreciada por el escogido núcleo de los intelectuales de todos los países.

Ninguno de los tres eximios españoles: Macpherson, Calderón y Quiroga, recibieron recompensas ni honor alguno, concedido a sus grandes méritos, por el Estado o las corporaciones oficiales; ni tan siquiera la entonces Real Academia de Ciencias les llamó a su seno, honor que ellos hubieran agradecido mucho, aun siendo de notoria justicia, pero que ni se les otorgó ni ellos solicitaron. Por esto el acto de hoy tiene, no sólo el carácter de exaltación de sus méritos, sino también el de reivindicatorio.

El arquitecto Delgado Ubeda, que a su exquisito arte y mucha ciencia une el ser gran amante de la Naturaleza, e intrépido montañero, es el autor de este sencillo y bello monumento.

En recuerdo de tan eximios ciudadanos denominamos a esta fuente Fuente de los Geólogos, que brota en el corazón de la Sierra Carpetana, por ellos estudiada; junto a las altas divisorias de los dos ríos caudales castellanos: Duero y Tajo; en medio de este espléndido bosque de recios y aromáticos pinos, frente a la bella y fuerte montaña de Siete Picos, coronada de abruptos canchales graníticos, y en el corazón de la vieja cordillera castellanolusitana, que une a ambas Castillas y enlaza a las dos naciones hespéricas.

En representación del Instituto Geológico también tomó la palabra el ingeniero de Minas Agustín Marín y Beltrán de Lis (1877-1963), en cuya intervención no hubo ninguna alusión a la labor llevada a cabo por los geólogos institucionistas. De ahí que el único periódico entre los que he consultado que se hizo eco de su intervención fue el diario católico antirrepublicano El siglo  Futuro.  En su edición del 14 de junio de 1932 extractó una parte del  discurso de Agustín Marín en estos términos.

Gran satisfacción es para el Instituto Geológico la que le han dispensado los organizadores de esta fiesta de tan fina y elegante espiritualidad, invitándole a tomar parte en ella, y sólo lamento que no pueda asistir el director de ese Centro, que  os hablaría con una elocuencia y una altura que a mi humilde persona le está vedado alcanzar. Todos mis compañeros de Instituto y de Ingeniería se unen de todo corazón a este homenaje por dos razones: por las personas a quien está dedicado y por la forma con que se ha llevado a la práctica.

Vemos que al dedicar esta fuente a los geólogos habéis querido hacerlo de un modo integral a todos los que creen que el fundamento, la base de la civilización está en fomentar la naturaleza. A esta sierra se puede venir como un artista a aprender cómo se crea la poesía y la emoción. Así, nuestro gran Velázquez supo en el cuadro del príncipe Baltasar Carlos, resaltar el contraste que produce la pompa y la vanidad que acumularon en el niño con la austeridad y la grandeza del paisaje de La Maliciosa. El excursionista busca solaz, trata de disolver sus preocupaciones en el aire de las serranías, y la persona culta relaciona la estructura orogénica con la historia y la leyenda, y así exclamó uno de los grandes cantores del Guadarrama, Enrique de Mesa, desde lo alto de la divisoria:

“A un lado el solar del Cid; al otro, la tierra de Don Quijote”.

Pero el geólogo llega a más: comprende que los seres, las cosas, las montañas, no son completas si no se enlazan a su pasado y no se vislumbra en ellas su porvenir; no piensa sólo en el momento, sino que investiga cómo se llegaron a formar estas cordilleras, por qué los ríos circulan por dónde lo hacen, a qué fenómenos de erosión, de formación morfológica, están sometidas las rocas, por qué los canchales y las peñas, jugando a esculturas, tienen esas formas tan caprichosas, y hasta se ocupa de qué será de estas piedras en el más allá, en el porvenir.

Pero además, la forma de perpetuar la memoria de los geólogos que se ocuparon del Guadarrama, tiene tan poética sencillez, tan justa expresión, tan exacta aplicación (y en esto hay que hacer el cumplido elogio al artista que lo interpretó), que habla mucho más el corazón que lo puedan hacer las magnificencias escultóricas y arquitectónicas, como lo fue la tumba de Napoleón.

El manantial es símbolo de misterio, y así Plinio exclama: “En ninguna parte muestra la Naturaleza ser tan milagrosa como en las fuentes”. Para los geólogos ya no hay casi enigmas, y ahora escudriñan los conductos por donde deben circular el agua, las entrañas de la tierra, que visita, y buscan la relación de la ciencia pura con la ciencia de aplicación, y así las grandes lucubraciones que se fraguan en la mente de los sabios o de los ingenieros, se resuelve en veneros de riqueza, que inundan esos campos de Dios.

Pero además, la fuente lleva unida la idea de reposo material y aún más la de actividad mental. Yo me figuro a nuestro gran Casiano de Prado, padre de la geología del Guadarrama, hace casi un siglo, fatigado de sus andanzas por la sierra, recibir con deleite el descanso que le brinda la fuente, sentarse en una piedra, dejar el martillo, la brújula, abrir su libreta, y lo mismo que los filetes de agua se suceden unos a otros en el chorro de esa fuente, así las ideas se engarzaban en la mente de aquel hombre y luego se relacionan con las de los que vinieron después, y con los que ahora la visitan y con la de los que llegarán más adelante, y retenidas en los libros, como el agua en los embalses, elévase así la cultura de los pueblos, y, por tanto, la dignidad de los hombres.

¡Gentes de la ciudad: venid a estas sierras, oled a tomillo, reposad en estas fuentes y reverenciad, y a ser posible, seguid el camino de hombres como los que hoy honramos y así trabajaréis por el bien de la humanidad!”.

Curiosamente en ese mismo ejemplar del Siglo Futuro uno de sus colaboradores, con el seudónimo fray Junípero, presentó un suelto que evidenciaba las fobias anti institucionistas del nacional catolicismo, y su obsesión, dado su antisemitismo, con la política favorable a los sefarditas que intentó implantar el gobierno republicano de aquella época, particularmente el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Revela el suelto que transcribo el grado de virulencia de  la guerra de ideas instalada en la sociedad española en aquel año de 1932, anunciadora de las tormentas de fuego futuras:

Anteayer se inauguró en la Sierra la Fuente de los Geólogos. El acto, con pretensiones científicas, fue un himno al triunfo de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que se cantó allí. Por cierto que en las reseñas echamos de menos al piisimo don Elías Tormo, que otorgó a la funestísima Institución el monopolio de la enseñanza oficial y nos trajo a la Central al insigne rabino honorario don Erasmo, que ayer fue muy de mañana a Toledo a visitar y orar largamente en la sinagoga del Tránsito, que se rumorea será entregada a los sefardíes para sus ritos.

En fin, múltiples significados tuvo el evento que se celebró aquel domingo de 12 de junio de 1932 en un incomparable marco de la sierra más castellana frente a Siete Picos y la Maliciosa. Es de esperar que en los meses que faltan para conmemorar el 85 aniversario de aquella iniciativa cultural, cuyos promotores intentaron mezclar ciencia, naturaleza, arte y alegría, se pueda seguir profundizando en ellos.

sierra Guadarrama

 

Para saber más:

Santos CASADO, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons Historia, 2010.

Santos CASADO, “Ciencia y política en los orígenes de la conservación de la naturaleza en España”. En Eduardo Hernández-Pacheco, La comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España, edición facsímil, Madrid, Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.

Santos CASADO, La ciencia en el campo: Quiroga, Calderón, Bolívar, Madrid, Nivola (Colección Novatores), 2001.

Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO, “En la inauguración de la Fuente de los Geólogos”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 56 (867), p. 221-222

Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Música para un ideal: Pensamiento y actividad musical del krausismo e institucionismo españoles (1854-1936), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2009

La Sierra de Guadarrama en el Museo del Prado. Itinerarios didácticos. Acceso on line en:

https://www.museodelprado.es/recorrido/la-sierra-de-guadarrama-en-el-museo-del-prado/8c434691-d84e-483d-ac69-8c73ec307a10

 


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Culturas nativas del Chaco paraguayo en un diario madrileño de 1932

En junio de 1932 avanzaban los preparativos de la expedición al alto Amazonas que proyectó el aviador capitán Francisco Iglesias, con apoyo del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, el destacado dirigente del PSOE Fernando de los Ríos. El capitán Iglesias, un especialista en marketing diríamos hoy, hacía lo indecible para convencer a actores diversos del interés de su proyecto político-científico. Y logró, por ejemplo, que el 8 de junio de ese año de 1932  la revista ilustrada Mundo Gráfico insertase el siguiente suelto sobre el libro que acababa de editar donde explicaba los objetivos de su expedición científica.

Anteproyecto viaje Amazonas

Simultáneamente, el colaborador del diario Luz el escritor alemán, de origen judío-askenazí y nacionalizado español en 1934, Máximo José Kahn (Frankfurt 1897- Buenos Aires 1953), -al que ya hemos mencionado en otra entrada de esta bitácora (ver aquí)-  decidió el viernes 3 de junio de 1932 dedicar una de sus colaboraciones habituales en ese diario a hacer una breve crítica de otra publicación de tema americanista. Como es sabido Luz estaba financiado por Nicolás María de Urgoiti, y era usado por José Ortega y Gasset como plataforma política.

En efecto ese 3 de junio de 1932 ese inquieto periodista ofreció a sus lectores con el titulo “El mundo exótico” la reseña de un libro publicado por el antropólogo alemán Herbert Baldus, (1899-1970), quien había vivido en Sudamérica entre 1920 y 1928, y convivido con poblaciones nativas del Chaco, adonde se había dirigido en 1923 para hacer filmaciones cinematográficas.

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El antropólogo alemán Herbert Baldus, nacionalizado brasileño en 1941

Retornado a Alemania Herbert Baldus se doctoró en 1932 como antropólogo americanista en la Universidad de Berlín con una tesis sobre las lenguas zamucanas, habladas en el Chaco boliviano-paraguayo, las cuales se encuentran actualmente en peligro de extinción. En sus estudios de doctorado se formó como investigador al lado del etnólogo y sociólogo Richard Thurnwald (1869-1954), el antropólogo e historiador de las religiones de poblaciones amerindias de México  y Colombia Konrad Theodor Preuss (1869-1938), quien formó un importante archivo fotográfico sobre los indígenas de la sierra colombiana de Santa Marta, y el etnólogo, lingüista y arqueólogo Walter Lehmann (1878-1939).

El año anterior a la defensa de su tesis doctoral, es decir en 1931, Baldus logró publicar en Leipzig el libro Indianerstudien im nordöstlichen Chaco. Sus más de doscientas páginas estaban acompañadas de dibujos sobre los indígenas chaqueños. Se considera a ese libro como su primera obra científica destacada, en la que hizo estudios comparativos sincrónicos entre los grupos indígenas Chamacoco y Kaskihá o guanás, del Chaco boreal de Paraguay, y los Mbiá-Guarani del Mato Grosso brasileño.

Baldus libro

La obra mostraba el conocimiento de su autor sobre unas etnias paraguayas que poco después sufrirían la hecatombe de la “mala guerra”del Chaco entre Bolivia y Paraguay, iniciada el 9 de septiembre de 1932 y finalizada el 12 de junio de 1935, precedida de una serie de incidentes militares en la frontera entre los dos países desde 1928.

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Dado el interés de la breve reseña de este libro por Máximo José Kahn la reproduzco íntegra a continuación, actualizando entre corchetes la grafía de las etnias mencionadas.

La cultura nativa del Chaco pertenece a los problemas más sugestivos del mundo de los indios. Baldus vivía entre chamacocos, que se componen de esas tres tribus: horios [ório], ebidosos [ybitosos o ebitosos][ y tumerehas [tomárahos]. Explora y describe sus usanzas, su vida sexual, su idioma, su mentalidad. Descontentos de nuestra cultura europea contemporánea escuchamos con ansiedad la narración exótica. Aunque las investigaciones de Baldus son acentuadamente científicas dan la impresión de fábula: nuestra ciencia es occidental -la vitalidad de esos indios excede de la comprensión del Occidente.

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En color naranja el área ocupada por los chamacocos, entre los que convivió Herbert Baldus

El indio de Baldus llama “detrás” el frente del objeto que mira, pues este lado corresponde a la espalda del espectador. Las muchachas chamacocos, antes de unirse a su futuro esposo, se casan con algún anciano para prepararse al matrimonio auténtico. Esos indios representan en un mismo dibujo frente y perfil de las personas. Para poder correr bien comen carne de ciervo; para ser nadadores ligeros se alimentan con pescado; para llegar a ser listos devoran carne de zorro. Propiedad es lo que uno hizo para sí. Los juegos de los niños consisten en imitar los trabajos de sus padres.

Estos ejemplos, cuyo número se podría aumentar excesivamente, sirven de prueba de que el libro de Baldus transparenta una cultura refinada. Si se quiere comprimir ese refinamiento en un concepto de la civilización se diría que los chamacocos son materialistas hipersensibles. Ciertos rasgos (por ejemplo, el del hombre que se acusa de impotencia por no tener que declarar la esterilidad de su mujer) que parecen indicar idealismo en efecto son una vehemente afirmación de la convicción materialista desfigurada por el temor de ser tomado por pobre. El trabajo de Baldus permite una penetración singular del alma india y del encanto paisajista del Chaco.

Dos años después de la publicación de ese libro sobre los chamacocos, habitantes del Chaco boreal paraguayo, y al año de haber obtenido su título de doctor Herbert Baldus, en 1933, tras la llegada al poder de Hitler, retornó a tierras sudamericanas, exiliándose por sus convicciones antifascistas y liberales democráticas. Se instaló entonces definitivamente en Brasil, país en el que desarrolló una importante labor académica e investigadora como antropólogo y sociólogo. También se exiliaría en tierras americanas su reseñista en las páginas de Luz Máximo José Khan, quien se instaló en Buenos Aires en 1944, falleciendo en la capital argentina en 1953.


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De Madrid al cielo en abril de 1932: interés popular por la astronáutica y la labor de Emilio Herrera

El militar Emilio Herrera Linares (Granada 13 febrero 1879-Ginebra 13 septiembre 1967) es conocido por haber inventado en 1935  una “escafandra astronáutica“, que posteriormente la NASA adaptó para los viajes espaciales, y ser uno de los impulsores del desarrollo de la aeronáutica española en el primer tercio del siglo XX. De convicciones católicas, se mantuvo leal a la República cuando sobrevino el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Al finalizar la guerra “incivil” inició un largo exilio, en el que combinó, hasta su fallecimiento en tierras suizas, una activa oposición al franquismo con tareas de asesoramiento científico-técnico en organizaciones internacionales.

Durante los años de la República en paz desempeñó brillantemente múltiples funciones: llevó a cabo una importante labor científica en el Laboratorio de Cuatro Vientos; efectuó una relevante labor docente como director de la Escuela de Aerotecnia situada en la carretera de Extremadura, en el extrarradio de Madrid, en la que se formaron los primeros ingenieros aeronáuticos españoles, y tuvo una meritoria actividad diplomática en la Sociedad de Naciones, donde abogó en el año de 1932 por la política de desarme que defendía el gobierno presidido por Manuel Azaña. También a finales de ese año tuvo  que defenderse de acusaciones que se le hicieron en el diario anarquista La Tierra sobre actividades que había realizado antes del advenimiento de la República, asunto que abordaré en otra ocasión.

Pero ahora, en esta entrada, me ciño a dar cuenta de cómo la prensa informó en abril de 1932 de una conferencia de Emilio Herrera sobre los últimos avances de la astronáutica, una ciencia de moda, por lo que el cine se interesó por ella, y “moderna”, como informaba a sus lectores el gran diario republicano Luz el viernes 15 de abril de 1932.

Días después sería la revista gráfica Estampa la que se hizo eco de manera llamativa de esa conferencia, en  la que Herrera explicó técnicamente cómo se harían antes de medio siglo -lo que así sucedió- viajes interplanetarios.

En efecto, junto a una portada que conectaba cine y ciencia,  Estampa, en su ejemplar de 23 de abril de 1932, insertó un amplio reportaje titulado “Cómo se realizarán, antes de cincuenta años, los viajes a la Luna. Los viajeros irán en una astronave que recorrerán los espacios a 33.000 kilómetros por hora”. Varias de sus ilustraciones, como la propia portada de la revista, correspondían a escenas del filme alemán “La mujer en la luna” [Frau im Mond] expresivo de los comienzos de la carrera espacial que se iniciaba en aquella época, y extraordinario vector para la popularización de la astronáutica a principios de la década de 1930. Esa magnífica película muda había sido dirigida por Fritz Lang en 1929, quien contó con la colaboración de su esposa Thelma von Harbou como guionista, y con el asesoramiento del ingeniero y físico Hermann Oberth, considerado uno de los padres de la aeronáutica mundial.

Cartel pelicula

Quizás pueda existir una relación entre la conferencia de Emilio Herrera y la proyección en pantallas españolas de la película de Fritz Lang.

El reportaje de Estampa, firmado por  el periodista  Francisco Díaz Roncero, – quien también se exiliaría convirtiéndose durante muchos años en la voz de Radio París para España con la que muchos radio oyentes,  como mi padre y quien suscribe, procurábamos estar bien informados y sortear la falta de libertades a principios de la década de 1970- consistió en una larga entrevista a Emilio Herrera, donde este impulsor de la astronáutica española explicó cómo serían los  futuros viajes a la Luna y a Marte. Sus reflexiones, mezcla de ciencia y ficción, explican por qué se le conoce como el “Verne” español.

Estas son las imágenes de esa portada y del mencionado reportaje-entrevista:

Portada Estampa

 

Reportaje Estampa 1

 

Reportaje Estampa 2

 

Reportaje Estampa 3

 

Reportaje Estampa 4

 

Para saber más:

Emilio Herrera: Memorias, edición de Thomas F. Glick y José Manuel Sánchez Ron, Madrid, ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 1988

Emilio Atienza Rivero: El general Herrera: aeronáutica, milicia y política en la España contemporánea, Madrid, Tabapress, 1994

Carlos Lázaro Avila: La aventura aeronáutica: Emilio Herrera y Juan de la Cierva, Madrid, Nivola, 2001.

 

 


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La apertura al mundo del Madrid científico-técnico y artístico en marzo de 1932

Los asuntos científico-técnicos estuvieron bien presentes en la esfera pública madrileña en el mes de marzo de 1932, en el que la actualidad política estuvo dominada por la tensión creciente entre el partido radical de Lerroux y el PSOE, que formaba parte de la coalición gubernamental que sostenía al gobierno de Azaña.

Diversos textos e imágenes dan prueba de ello como se aprecia en los dos asuntos que abordo en esta entrada. El primero se refiere a la campaña emprendida para superar el déficit tecnológico en el uso de la radio como medio de comunicación y conocimiento. El segundo a la acogida dispensada en Madrid a los integrantes del IX Congreso internacional de Cirugía que se reunieron en la capital española en ese mes de marzo de 1932 antes de visitar también Sevilla y Barcelona.

Superar las deficiencias de la radiodifusión en España fue un tema recurrente en las páginas de la prensa de aquel mes.  Con ese motivo el 2 de marzo, en la interesante sección semanal Ondas sonoras del diario Luz,  se entrevistó a Pedro Regueiro, que había sido jefe de la sección de Radio del ministerio de Comunicaciones. Unas interesantes estadísticas, publicadas a la semana siguiente, en la misma sección de ese diario, probaban el retraso del uso de la radio en la sociedad española comparándola con la de otros países europeos.

radio Europa 1932

Dos días después, el viernes 11 de marzo, era el filólogo Américo Castro quien, en el mismo periódico, escribía un artículo titulado “Hacia la mejor España” en el que instaba  a expandir el uso de la radio por su potencial cultural. Más adelante, el miércoles 16 de marzo, sería el pedagogo, y diputado de Acción Republicana, Luis Bello quien, también en el diario Luz, publicaría su artículo “La radio en el pueblo” en el que informaba que Madrid sería sede en septiembre de 1932 del próximo congreso internacional de Radiotelegrafía y Telegrafía que daría lugar a la creación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

No ha de extrañar entonces que las páginas de las publicaciones ilustradas republicanas reflejasen con humor cómo penetraba progresivamente en los domicilios de sus lectores el uso de la radio, como revela la historieta “Una estación de radio” de un dibujante de Crónica , creador de los personajes infantiles Lolín y Bobito.

Lolin y Bobito Una cronica de radio

O que informasen de los avances de esa tecnología en otras partes del mundo como Estados Unidos. Así el lector de Estampa, al abrir el ejemplar de 12 de marzo de 1932, podía encontrarse con un reportaje sobre el gran proyecto neoyorquino, impulsado por el “rey del petróleo” John D. Rockefeller, para construir una “Radio City”.

Nueva York radio city

 

Ese mismo día, en otro medio de comunicación, se avisaba que al miércoles siguiente, el 16 de marzo, Federico García Lorca daría en la sede de la Residencia de Señoritas una conferencia sobre su libro Poeta en Nueva York, en la que Lorca dio a conocer por primera vez al público madrileño algunos de los versos del que ha sido considerado el poemario más importante de la lírica española del siglo XX, publicado en 1940 tras el asesinato de su autor en el trágico verano de 1936.

Ese evento fue organizado por la sección madrileña del Comité de Cooperación Intelectual que había nacido el mes anterior. El diario Luz, en su ejemplar del jueves 17 de marzo de 1932, se hizo eco de la conferencia con un breve suelto:

Lorca Poeta en N York Luz

 

Pero el gran acontecimiento científico internacional que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1932 fue la celebración en la sede del Senado, cámara legislativa que había sido disuelta por la República, del IX Congreso internacional de Cirugía.

Su inauguración oficial, a la que asistieron las máximas autoridades republicanas, tuvo lugar el martes 15 de marzo. El siempre mordaz Azaña da cuenta en su diario del acto en los siguientes términos: “El Consejo [de Ministros] de hoy ha empezado tarde, porque he ido al Senado; a la sesión inaugural del Congreso Internacional de Cirugía. El alcalde [Pedro Rico], que había de hablar el primero, ha llegado tarde. Este alcalde es muy castizo, le invitan a un banquete diplomático y no va ni se excusa. Hemos oído los discursos de rúbrica, entre ellos una necrología de los cirujanos muertos desde el último Congreso. El orador no nos ha dicho si han muerto a mano de otros cirujanos. El presidente de la República ha echado un discurso, en que ha hablado de nuestra revolución como de una operación quirúrgica incruenta”.

Congreso Cirujia inauguracion Senado

Dos días después -el 17 de marzo- Azaña asistiría a una parte de la función de gala que se ofreció a los congresistas en el teatro Español donde se representó la Serrana de la Vera, protagonizada por Margarita Xirgú. Y al día siguiente, el jueves 18 de marzo,  a la recepción que hubo en el Palacio presidencial en honor de los congresistas que estuvo muy concurrida.

De ese intenso programa social de los congresistas se hizo  eco la prensa como la revista ilustrada Mundo Gráfico en su ejemplar de 23 de marzo de 1932.

Congresistas Cirugia 1932

 

Este congreso fue organizado por la Sociedad Internacional de Cirugía, con sede en Bruselas, que tenía afiliados de 42 naciones.  Una de las claves de su éxito radicó en que, gracias a complejas negociaciones, se asociaron a su desarrollo cirujanos del ámbito cultural germánico, que habían estado excluidos desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Y así acudieron a Madrid unos 250 congresistas procedentes de todo el mundo. Los delegados oficiales fueron los siguientes: de Alemania (Sauerbruch), Argentina (Arce), Austria  (Denk), Canadá (Archibald y Saint-Jacques), Dinamarca (Permin y Hannsen), Egipto (Papayoannou), Estados Unidos (Lilienthal), Finlandia (Bardy) , Francia (Proust), Gran Bretaña (Tourner), Grecia (Maccas), Irlanda (Meade), Italia (Alessandri), Japón (Ishikawa), Noruega (Ingebrigsten), Países Bajos (Shoemaker), Polonia (Jurasz), Portugal (Dos Santos), Rumania (Daniel), Suecia (Kaijjser y Hybbinette), Siria (Altounyan y Chevalier), Checoslovaquia (Jirasek), URSS (Plotkin), Venezuela (Conde-Jahn), Yugoeslavia (Kostitch y Budissavloitch), Nueva Zelanda (Mitchell) y Turquía (Burhaneddin).

En sus tareas desempeñaron un papel fundamental los integrantes del comité internacional como su presidente el belga Jean Verhoogen, y el prestigioso cirujano suizo Fritz de Quervain, que ejerció de presidente del congreso de Madrid. Y se implicaron activamente los miembros españoles del comité organizador, entre los que se encontraban el grueso de los integrantes de la Sociedad de Cirugía de Madrid que se había constituido en junio de 1931.

Ese comité organizador estaba presidido por el decano de la Facultad de Medicina de Madrid el catalán Sebastián Recasens y Girol. Sus vocales fueron el catedrático de patología y clínica quirúrgica, vicerrector de la Universidad de Madrid, y futuro rector entre 1934 y 1936, el barcelonés León Cardenal Pujals , el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid el zamorano Laureano Olivares, el catedrático de Urología y de Terapeútica quirúrgica general y especial el manchego Leonardo de la Peña, el prestigioso cirujano de origen gallego, interesado en investigaciones sobre el cáncer, José Goyanes, el presidente de la Asociación española de urología Pedro Cifuentes Díaz, el catedrático de Patología y Clínica quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad Central José Blanc Fortacín, el también catedrático de Patología quirúrgica de la misma Facultad el madrileño Enrique Slocker y la Rosa, el aragonés Víctor Manuel Nogueras que además de médico militar había sido el fundador y director entre 1918 y 1931 del madrileño Hospital Central de la Cruz Roja, el prestigioso cirujano militar Mariano Gómez Ulla,  el urólogo Ignacio Sánchez Covisa, el médico y diputado por el partido de Manuel Azaña Acción Republicana Fernando Coca, Enrique Noguera, N. Saldaña y Enrique Ribas y Ribas, catedrático de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Y sus secretarios: Plácido G. Duarte. jefe del servicio de Cirujía general del hospital de la Princesa, y Alberto Catalina Prieto.

Congresistas Cirujia figuras

 

Los congresistas tuvieron un apretado programa de trabajo. Los intervinientes hicieron demostraciones prácticas y usaron en sus explicaciones dibujos, esquemas, láminas y películas sobre los métodos quirúrgicos. La primera sesión científica fue dedicada, por ejemplo, a debatir sobre “el estado actual de la cirugía del esófago” con intervenciones de cirujanos franceses, rumanos, italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y argentinos. En otra de las sesiones se presentaron los progresos recientes en la Anestesia Quirúrgica. En ella el italiano Achile Mario Dogliotti Ferrara comunicó algunos casos anestesiados por la inyección raquídea epidural. Esta técnica de la anestesia peridural segmentaria, que daría fama a ese cirujano italiano, ya había sido usada por el cirujano militar español Fidel Pagés Mirevé (1886-1923).

Además de asistir a las comunicaciones presentadas en el Congreso y participar en sus debates sus participantes pudieron visitar la exposición médico-quirúrgica que se exhibió en el pasillo central y en los laterales del Senado. En ella se mostraron productos médicos y aparatos de cirugía españoles y extranjeros, así como se podía consultar prensa técnica profesional, como las principales publicaciones médicas de la época entre las que destacaban El Siglo Médico,  La Gaceta Médica Española, dirigida por el doctor Juan Noguera López La Medicina Ibera, fundada y dirigida por el médico y diputado republicano, ya mencionado, Fernando Coca.

Una de las actividades en las que puso particular empeño el comité organizador fue la organización de una visita guiada para que los congresistas conociesen la que sería futura sede de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid que por aquel entonces se estaba construyendo en la nueva Ciudad Universitaria.

Congresistas Cirugia en Facultad Medicina

 

También un grupo de congresistas asistió en el anfiteatro grande de la Facultad de Medicina de la calle Atocha a la proyección de la película Al borde de la tumba, de la productora UFA, en la que se mostraba una operación de apendicectomía y varios partos.

Pormenorizada información sobre el desarrollo del Congreso ofrecieron diversos medios de comunicación, pero quizás sobresalió en su cobertura el gran diario republicano El Heraldo de Madrid, quizás por los lazos de paisanaje que unían a su director, el periodista catalán Manuel Fontdevila, con el presidente del comité organizador, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el barcelonés Sebastian Recasens, que estaba encantado según declarara a ese diario de “la perfectísima organización que estamos viendo” tras haber asistido “a veinticinco o treinta Congresos internacionales de Medicina general, de Cirugía, de Ginecología y de Radiología”.

Heraldo de Madrid 15 marzo 1932

 

Meses después de la celebración de ese congreso, en el mismo año de 1932, la gran editorial Labor publicó el Tratado de Patología Quirúrgica General del cirujano y médico militar aragonés Manuel Bastos Ansart, quien luego sería represaliado por el régimen franquista.  Este Tratado de más de ochocientas páginas, posiblemente, ha de ser considerado como uno de los frutos científicos de ese congreso. Fue considerado en su momento “la mejor obra española compuesta sobre esta materia” por el crítico del diario Luz el médico y periodista Félix Herce Ruiz, militante del PSOE, exiliado posteriormente a México.

Tratado de cirugia Bastos 1

Tratado de cirugia Bastos 2

Azorín en un reportaje de la revista Estampa 13 mayo 1933 p. 8


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4 de marzo de 1932: cuando Azorín solicitó más recursos para el Museo de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico

El 7 de marzo de 1932 el presidente del gobierno Manuel Azaña daba cuenta en su diario de que Amós [Salvador Carreras] -considerado su mano derecha (ver aquí)-  le había informado de una entrevista que había tenido con José Ortega y Gasset. En ella, entre otros asuntos, el filósofo Ortega le había dicho al arquitecto riojano Amós Salvador Carreras que la adhesión del país hacia Azaña aumentaba “pero que con frialdad, sin entusiasmo, y hay que elevar la temperatura, etcétera” y que “Luz está muy mal económicamente; que con quinientas mil pesetas se salvaría la situación, y que Luz se inclinaría a seguir a don Manuel Azaña en vez de seguir a don José Ortega. Reconoce que él no tiene condiciones para la política práctica, y que la idea de sentarse en el banco azul le horroriza. Está, además, mal de salud” (1).

Luz además de problemas económicos tenía por esos días a su director, el gran periodista Félix Lorenzo, enfermo, según sabemos por una entrevista en la revista ilustrada Crónica el domingo 27 de marzo con motivo de un homenaje que le hicieron en Cartagena por su contribución al advenimiento de la República como director de El Sol y sus “Charlas al sol” que firmaba con el seudónimo de “Heliófilo”.

Felix Lorenzo Heliófilo

Pero a pesar de esas dificultades económicas y de la enfermedad de su director las páginas de Luz en las primeras semanas de su existencia son una interesante fuente de información sobre la vida cultural y científica de Madrid y de la España republicanas. Buena prueba de ello es el artículo de Azorín que presento a continuación. Este singular escritor era colaborador habitual de ese diario republicano. Así a lo largo del mes de marzo de 1932 publicó, entre otros artículos, unas interesantes semblanzas de los dos grandes políticos republicanos de aquel momento: Manuel Azaña y Alejandro Lerroux, que mantenían una sorda rivalidad.

Azorín en un reportaje de la revista Estampa 13 mayo 1933 p. 8

Azorín en un reportaje de la revista Estampa 13 mayo 1933 p. 8

El 4 de marzo de 1932 firmó un artículo titulado “Islotes”. En él instaba a que en el presupuesto del ministerio de Instrucción Pública que se discutiría en las Cortes a finales de ese mes se incrementase la partida destinada a dos instituciones científicas madrileñas, -el Museo de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico- con cuyos trabajos e historia Azorín estaba familiarizado. Así lo demuestran sus alusiones al programa expedicionario organizado desde esas instituciones a tierras americanas en los siglos XVIII y XIX que resumí en mi Breve historia de la ciencia española (Madrid, Alianza editorial, 2003) y a la labor del naturalista e historiador americanista Marcos Jiménez de Espada, que analicé hace años en mi tesis doctoral y en el libro colectivo Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador (Madrid, CSIC, 2000). Azorín defendía en su artículo la conveniencia y necesidad de dar un impulso al cultivo de las ciencias naturales en la España republicana y nos da a conocer también las impresiones que le había causado la reciente lectura del relato de viaje De Bogotá al Atlántico de su amigo colombiano Santiago Pérez Triana,.quien años atrás se había internado por la Orinoquía o Llanos orientales colombianos.

He aquí un extracto del sugerente texto azoriniano aparecido en la página 3 del diario Luz del viernes 4 de marzo de 1932:

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Cetonia aurata

Imaginamos el Museo de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico como dos islotes perdidos; dos islotes perdidos en un mar de indiferencia, de negligencia y de abandono. Las ciencias naturales no sirven para nada; a los políticos no les interesan las ciencias naturales. Un dorado cetonio se acuesta por la noche en el seno fragante de una rosa; a la madrugada, el fresco rocío entumece sus miembros; un naturalista, que ha madrugado, lo está observando. ¿Para qué servirá el que este naturalista observe el dorado y fino cetonio? Un observador de la Naturaleza, el doctor Pau, de Segorbe, descubre un día en el monte un nuevo tomillo; tiene la gentileza este naturalista de dedicar la nueva variedad de tomillo al querido maestro D. Ignacio Bolívar; ya lleva el tomillo nuevo el nombre del admirado sabio. ¿Para qué servirá el descubrimiento de un tomillo? Alguna vez hemos imaginado un verdadero disparate: pensábamos que lo que hicieron los antiguos podíamos hacerlo nosotros. Si los antiguos -poetas y filósofos- adquirieron la finura y el sentido de humanidad que ahora admiramos en ellos, fue porque vivieron en contacto con la Naturaleza,porque observaron esa Naturaleza que luego, en el correr de los siglos, al descubrirlos a ellos, volvía a ponerse en contacto con nosotros. Y si observáramos la Naturaleza, si diéramos un gran impulso a las ciencias naturales, casi -digamos pudorosamente casi- no tendríamos necesidad de las llamadas humanidades; la persistente cuestión de las humanidades, la pugna entre los partidarios de la Ciencia y los partidarios de los clásicos, estaría, por fin, resuelta. En España ha habido conquistadores del Nuevo Mundo; no sentimos, querido lector, un gran entusiasmo por ellos; nos cautivan, en cambio, con profunda admiración, los observadores de la Naturaleza en América, que España ha dado al mundo. Ya desde el siglo XVI esos hombres publican libros curiosos y pintorescos. Pero es a mediados del siglo XVIII, al renovarse las ciencias en Europa, cuando los españoles realizan sus admirables expediciones por tierras americanas. En el archivo del Jardín Botánico hay abundantes pruebas de lo que esos españoles han hecho en América. Las expediciones científicas han sido muchas; D. José Celestino Mutis estuvo veintitrés años estudiando en América las plantas, las piedras y los animales. Fue Mutis el fundador del primer observatorio astronómico en el continente americano. La última de las grandes expediciones científicas fue la realizada en 1862, y que duró cuatro años [es la conocida como Comisión Científica del Pacífico que se puede conocer en el sitio web www.pacifico.csic.es, creado por un equipo que tuve la fortuna de coordinar entre 1998 y 2003]; expedición en que figuró D. Marcos Jiménez de la Espada. No se tiene, generalmente, idea de lo que esas expediciones son. Las que parecen más sencillas son ímprobas por todo extremo. El inolvidable amigo Santiago Pérez Triana realizó hace unos cuarenta años una expedición de Bogotá al Atlántico, siguiendo el curso de los ríos Meta, Vichada y Orinoco. Releído ahora su relato, parece que lo hemos vivido. Hemos caminado días y días, semanas y semanas, por el seno de un bosque inextricable; caminábamos casi en tinieblas; la luz del día apenas llegaba, opaca, palidísima, densa, hasta nosotros. Había que caminar lentamente, abriéndonos paso a fuerza de hachazos…La fatiga física es abrumadora…Pero aparte del cansancio físico está la obsesión moral que se apodera del explorador a poco de comenzada su empresa. En una interesantísima conferencia dada en 1914 (ver aquí)  por Rudyard Kipling, en la Sociedad Geográfica de Londres, el famoso escritor ha estudiado este curioso aspecto de los viajes. La obsesión moral de que hablamos reviste diversas formas y dura hasta mucho después que la expedición ha terminado; es como una marca dolorosa que se imprime en el cerebro. Uno de los exploradores consultados por Kipling le dijo que él sentía como si tuviera una barra trasversal junto al ojo derecho; en otro esta obsesión revestía la forma de una línea recta, inflexible, aterradora, línea que representaba el camino que, por un terreno llano y árido, había que recorrer. 

Volvamos a nuestros islotes; los islotes perdidos en un mar de indiferencia. Tornemos al Museo de Ciencias Naturales y al Jardín Botánico. Cada vez que se nombra un nuevo ministro de Instrucción Pública es como si apareciera en el horizonte un barco, barco que viniera a socorrer a los pobres habitadores de los islotes. Si el ministro es inculto, el barco pasa de lejos; si es ilustrado, el barco se acerca a la costa. Al presente el ministro [Fernando de los Ríos] es una persona culta y sensible; el barco aparece en el horizonte y se va acercando. Los moradores de los islotes están contentísimos; por fin va  a haber un ministro a quien interesen las ciencias naturales; se va a prestar atención a los desamparados Museo de Ciencias Naturales y Jardín Botánico. Se va acercando el barco. En la playa los moradores de las islas lo ven venir gozosos. Se divisa el ministro en la cubierta. “¡Qué simpático es! -exclaman los pobres insulanos-. ¡Qué inteligente! ¡Qué culto! ¡Qué fino! ¡Qué comprensivo! Ha dado medio millón para estudios medievales (2). Ha dado un millón para teatro lírico. Con seguridad que nos va a atender a nosotros”. Todos esperan que el barco se acerque; todos saludan con sus pañuelos. Y de pronto el barco, en vez de aproximarse a la costa, sigue su rumbo, sigue, sigue, sigue….

No sabemos si la solicitud de Azorín tuvo efectos inmediatos. Pero en los meses posteriores el ministro Fernando de los Ríos apoyaría la expedición al Amazonas que organizó el capitán de la Aviación Francisco Iglesias, quien en ese mes de marzo acudiría al despacho del ministro en compañía de José Ortega y Gasset y el director del Museo de Ciencias Naturales Ignacio Bolívar. Lo sabemos porque nos informó de ello Julio Romano, otro periodista de Crónica en una entrevista que le hiciera al ministro publicada en esa interesante revista ilustrada el domingo 13 de marzo de 1932.

Entrevista a Fernando de los Rios. Crónica domingo 13 de marzo 1932 p. 13

Entrevista a Fernando de los Rios. Crónica domingo 13 de marzo 1932 p. 13

Significativamente la expedición al Amazonas que se estaba organizando por esas fechas, y que no llegaría a salir de tierras españolas, tenía como uno de sus objetivos rememorar las aventuras  de la Comisión Científica del Pacífico, y actualizar en parte sus investigaciones amazónicas, como ya expuse hace tiempo en mi texto “La Comisión científica del Pacífico: de la ciencia imperial a la ciencia federativa” (ver aquí).

Otra consecuencia indirecta de este artículo podría ser el nombramiento de Azorín como integrante del Consejo Nacional de Cultura, según decreto del presidente de la República Niceto Alcalá Zamora de 21 de septiembre de 1932, como indiqué en otra entrada anterior de esta bitácora.

Para saber más sobre Azorín periodista e historiador:

Verónica Zumárraga, El jornalero de la pluma. Los artículos de Azorín en La Prensa, Alicante, Publicaciones Universidad Alicante, 2011

Azorín, ¿Qué es la historia?, edición de Francisco Fuster, Madrid, Fórcola ediciones, 2012.

Notas

(1): Manuel Azaña, Obras completas. vol. 3: abril 1931-septiembre 1932, (edición de Santos Juliá), Madrid, Ministerio de la Presidencia, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, p. 935.

(2) Se refiere Azorín a la creación a principios de 1932 del Instituto de Estudios Medievales dirigido por Claudio Sánchez Albornoz, entonces rector de la Universidad Central, y diputado de Acción Republicana, en el seno del Centro de Estudios Históricos de la JAE.

 


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Febrero 1932: cuando Madrid fue la capital europea de la física y de la química

En febrero de 1932 los colegios de los jesuitas, tanto en la capital de España como en otras ciudades, perdieron abundante material pedagógico y científico al tener que abandonar esos religiosos sus centros educativos con motivo de la aplicación del controvertido artículo 26 de la Constitución republicana. A pesar de ello Madrid mantenía pujante su vida científica y los científicos procuraban tener una presencia destacada en el espacio público como se aprecia leyendo la prensa de la época.

Así, por ejemplo, a principios de ese mes el geógrafo Juan Dantín Cereceda, catedrático de Agricultura del Instituto San Isidro, amigo de Ortega y Gasset desde tiempo atrás, como destaqué en un post anterior, fue convocado a la Sociedad Económica Matritense para hablar de las Características fisiográficas y agrológicas del suelo español, ofreciendo en palabras de un asistente un “caudal de conocimientos básicos indispensables para cuantos se interesan por los problemas del agro español, hoy de palpitante actualidad”, pues se estaba discutiendo cómo llevar a cabo la reforma agraria que querían impulsar las fuerzas republicanas. Días después el joven psiquiatra y psicoanalista Angel Garma (1904 Bilbao-1993 Buenos Aires) daría un ciclo de conferencias sobre “Mecanismos de la neurosis” en el Instituto de Patología Médica  que dirigía Gregorio Marañón.

También en la primera semana de febrero se presentó en sociedad la sección española del Comité de Cooperación Intelectual que logró a lo largo de ese mes crear comités locales en diversas ciudades españolas, como Valladolid, Sevilla, La Coruña y Santiago. En él se congregaron científicos e intelectuales deseosos de impulsar la ciencia española a través de su internacionalización. Su puesta de largo se produjo cuando sus integrantes, entre los que se encontraban Pío del Río Hortega y Corpus Barga que he mencionado en las dos entradas anteriores de este blog, organizaron a finales de ese mes de febrero de 1932 un gran mitin en el cine madrileño Opera. En él el hiperactivo ministro de instrucción Pública Fernando de los Ríos expuso las grandes líneas maestras de la política cultural de la Segunda República, de la que el mencionado Comité español de Cooperación Intelectual parecía ser uno de sus abanderados.

Fernando de los Rios 1932 29 febrero

Por su parte varias sociedades feministas se incorporaban a ese dinamismo científico e intelectual. Por ejemplo un suelto del diario Luz del lunes 8 de febrero informaba de las conferencias organizadas en los días siguientes por la Asociación Femenina de Educación Cívica que promovía la destacada feminista socialista María Martínez Sierra. El miércoles 10 la maestra Julia Peguero hablaría de “La belleza en la educación del sentimiento (Introducción a un cursillo de literatura)”; el jueves 11 la presidenta de la Asociación la mencionada María Martínez Sierra disertaría sobre “Ejercicios intelectuales”; el viernes 12 el doctor José María de Otaola sobre “Biología”, y el sábado 13 el químico Tomás Batuecas sobre “Una vida ilustre de mujer (madame Curie)”.

Asimismo se seguía con atención la labor científica llevada a cabo en otros países europeos, particularmente en Alemania. Así, por ejemplo, el colaborador del diario Luz el escritor alemán, de origen judío-askenazí, nacionalizado español en 1934, Máximo José Kahn (Frankfurt 1897- Buenos Aires 1953), en el ejemplar del miércoles 10 de febrero, hizo una amplia reseña del interesante libro de Heinrich Grupe, Naturkundlisches Wanderbuch y dos días después con el título Vida científica. Cómo se fabrica un frío de 270 grados bajo cero un colaborador anónimo ofreció en ese mismo diario un reportaje sobre el Instituto Físicotécnico de Berlín.

Pero sin lugar a dudas el acontecimiento científico de ese mes fue la inauguración el sábado 6 de febrero a las 5 de la tarde del Instituto Nacional de Física y Química, evento que permitió a Madrid convertirse por unos días en capital europea de la física y de la química al concentrarse en la capital española cinco de los más destacados físicos y químicos alemanes y franceses. Se conservan documentos de aquella inauguración como un folleto institucional conmemorativo de la inauguración, diversas informaciones periodísticas, fotografías de Alfonso,y una breve película de 3 minutos

Un testimonio significativo de lo que supuso la puesta en marcha de la que fue primera gran instalación científica española del siglo XX fue un reportaje aparecido en el diario Luz el jueves 4 de febrero. Unos días antes de su inauguración oficial el Instituto abrió sus puertas a un periodista de ese periódico. Las impresiones de lo que observó y vio, y extractos de sus conversaciones con el director del Instituto, Blas Cabrera, fueron las siguientes.

Instituto Nacional de Fisica y Quimica 1932

El sábado se inaugura el Instituto Nacional de Física y Química.

Una colaboracíón de dinero norteamericano y español en una gran obra de cultura

El mundo de la exactitud

El Instituto Nacional de Física y Química, que se inaugura el sábado, está situado en los altos del Hipódromo, detrás de la Residencia de Estudiantes. Tiene el aire de un edificio norteamericano por su alargada forma geométrica y hasta por las esbeltas columnas del pórtico de entrada, único lujo decorativo en su sobria arquitectura. No es insólito en los edificios norteamericanos esta inserción de un trozo de estilo antiguo -portería, catedral, puerta Renacimiento-dentro de su cubismo rígido. Con ello no hace más que revelar su progenie.

Desde hace veinte años existía en el llamado Palacio de Exposiciones del Hipódromo, además de un cuartel de la Guardia Civil y el Museo de Historia Natural, un pequeño Centro de Investigaciones Físicas, creado por la Junta para Ampliación de Estudios. Allí, en laboratorios improvisados, trabajaban Cabrera, Catalán, Palacios y el químico Moles, y una grey de discípulos en sutiles investigaciones sobre la materia. Centenares de trabajos -algunos muy importantes en la historia de la ciencia- salieron de aquel insospechado antro. Que no es obstáculo a la ciencia la modestia de medios; Pasteur trabajaba pésimamente instalado, el matrimonio Curie descubrió el radio en una especie de garaje y Claudio Bernard añoraba el laboratorio sucio y pobre de sus primeros experimentos desde el limpio, ordenado, espléndido que le diera el Estado francés. Se dice que en este último ya no pudo descubrir nada.

Pero hoy la investigación física exige tal precisión, tan honda exploración en los pequeños, y, sin embargo, infinitos abismos del átomo, que sólo con instrumentos costosísimos puede realizarse. Incluso necesita un edificio que sea, a su vez, un aparato, un edificio sustraído a toda trepidación, dentro del cual se crea un clima especial, inalterable, un edificio aislado del mundo como otro mundo aparte. Es el mundo de la exactitud y la precisión, el mundo de la diezmilésima de centímetro, de la milésima de miligramo, de la cienmilésima de segundo, en que el físico consume, a veces, largos años de vida solamente para añadir o rectificar la última cifra decimal de una medida.

Misterio y juego

Al entrar en el Instituto se experimenta la sensación de que el mismo edificio es un aparato que está captando un fluido misterioso del Cosmos y lo distribuye por tuberías en los cien laboratorios de su interior. Hombres de blusas blancas como en los hospitales. En los pasillos largos, oscuros, cruzados de cables, blindados, como de submarino, puertas metálicas cerradas. El silencio absoluto aumenta el intrigante secreto. Pero una puerta está abierta. ¿Qué vemos? Un hombre que tiene ante sí tres anteojos y mira por el primero de ellos otro aparato situado en el extremo contrario de la habitación, luego mira por el segundo anteojo, luego por el tercero. Después apunta algo rápidamente en un cuadernito y vuelve a mirar y apuntar una y otra vez. ¡Qué entretenimiento!

Rockefeller dona 420.000 dólares

Blas Cabrera 1932 en su laboratorioEs la persona que buscábamos: don Blas Cabrera, el director, a quien hemos de interrogar sobre la génesis y la finalidad de este Instituto.

Juan David Rockefeller, el rey del petróleo, un viejecito apergaminado, nacido en 1839, es uno de esos multimillonarios (se le calculan más de dos mil millones de dólares) que emplean parte -la mayor parte- de su fortuna en la filantropía. La Fundación Rockefeller, el Instituto de Educación Internacional y el Instituto de Educaciones Médicas son instituciones creadas y costeadas por él y su hijo para el fomento de la cultura y la higiene, no sólo en los Estados Unidos, sino en el mundo entero.

El Sr. Castillejo, secretario de la Junta para la Ampliación de Estudios -sigue el Sr. Cabrera- fue a los Estados Unidos, visitó la Fundación Rockefeller con objeto de llamar su atención sobre la obra de dicha Junta. A Madrid vinieron por su invitación el presidente y otro miembro de la Rockefeller, que, seducidos por los trabajos de nuestros investigadores, acordaron el auxilio pedido. La Fundación Rockefeller se comprometía a hacer del Instituto Nacional de Física y Química un establecimiento parejo a los primeros del mundo. Traducido a cifras, donaba 420.000 dólares. Pero la Fundación Rockefeller no pretende absorber ni dominar las instituciones por ella creadas, sino que, una vez establecidas, funcionen por sí mismas, autónomamente. Crea, funda, y luego suelta. Por eso condicionaba su ofrecimiento: el Estado español tenía que obligarse a sostener después el buen funcionamiento del Instituto.

Gobernaba entonces Primo de Rivera y hubo algunas dificultades. La hostilidad a la Junta para la Ampliación de Estudios se oponía a que ésta se desarrollara. ¡No era nada, 420.000 dólares para unos laboratorios de la Junta! Se argumentó lo mismo que se argumentaba contra el Instituto-Escuela: era demasiado bueno.Además, ¡recibir dinero forastero! ¡Qué bochorno! Contra los extranjeros tenemos nuestro grito: ¡Santiago, y a ellos! Al fin, la enemiga de los que rodeaban al dictador contra la Junta fue vencida y Rockefeller depositó en un Banco de Madrid una suma de dólares equivalente a 150.000 pesetas, que reponía conforme se gastaban. Hasta la fecha se han invertido en edificio, instalaciones eléctricas, instalaciones de agua, gas, aire comprimido, aparatos, material y mobiliario, 3.320.000 pesetas.

Pero la Fundación Rockefeller hizo algo más: pagar aparte los gastos de viaje de los arquitectos y dos técnicos a los principales laboratorios de Francia, Alemania, Holanda y Suiza.

¿Qué investigaciones se hacen en el Instituto?

Preguntamos al Sr. Cabrera cuáles son las principales investigaciones a que ahora se dedica el Instituto.

– El Sr. Moles, químico -nos dice el Sr. Cabrera-, sigue aplicando el método iniciado por Guye, en que es la primera autoridad europea, a la determinación de los pesos atómicos. El señor Moles ha rectificado muchos de los pesos atómicos que regían como válidos en la ciencia química.

El Sr. Catalán se dedica al estudio de los espectros de los cuerpos simples. A él se debe el descubrimiento de los llamados “multipletes”, o sean ciertas agrupaciones de las líneas espectrales que han servido para una mejor interpretación del edificio atómico. Precisamente en la fecha del descubrimiento estaba en Madrid Sommerfeld, la primera autoridad en la materia, que interrumpió el plan de sus conferencias para dedicar algunas de ellas al descubrimiento del joven físico español, que aclaraba puntos oscuros, dificultades y contradicciones en sus teorías sobre el átomo.

El sr. Guzmán estudia en estos momentos la sustitución del platino -muy caro- por metales comunes en los electrodos usados en los análisis electrolíticos. Las investigaciones se realizan con pleno éxito.

El sr. Madinaveitia trabaja en cuestiones particulares de la química; actualmente de la fotoquímica.

El propio Sr. Cabrera estudia las propiedades magnéticas de las tierras raras -lo más raro es su nombre-. Los resultados de sus estudios figuran, como indiscutibles, en la base de todos los trabajos sobre paramagnetismo.

La cátedra Cajal

En el Instituto Nacional de Física y Química está instalada la Cátedra Cajal, fundada y costeada por los españoles de la Argentina a la jubilación del ilustre histólogo, como el mejor homenaje a su gloriosa obra. En ella explican e investigan -durante dos o tres años- profesores extranjeros dominios muy especiales de la ciencia física. Un profesor español, el sr. Palacios, asegura el enlace y la continuidad posterior de las investigaciones iniciadas. Ultimamente ha trabajado en esta Cátedra el famoso físico Scherrer sobre estructura de los cristales por la aplicación de los rayos X. En la actualidad la ocupa Hengstenderg, que sigue las investigaciones de Scherrer y las otras, novísimas, sobre difracción de electrones.

En torno a estos profesores hay cuarenta discípulos, un vivero de investigadores y especialistas.

La inauguración del Instituto

El sr. Cabrera nos anuncia que acudirán a la inauguración gran número de científicos europeos de primer rango, los señores Weiss, Sommerfeld, Scherrer, el sr. Willsttäter, gran químico alemán, profesor que fue en Munich, cuya cátedra dimitió a causa de manifestaciones antisemíticas en su Universidad; el sr. Honigschmidt, también químico, y varios más.

El atomo

Pedimos permiso al Sr. Cabrera para mirar por sus anteojos. Pero no vemos otra cosa que unas reglas graduadas y unas agujitas que, después de varias oscilaciones, se detienen en un número.

Pero, D. Blas, y el átomo ¿dónde está?

-Ahí- nos dice-. Para nosotros el átomo no es más que un número, un símbolo, una ecuación; pero le vemos con la misma claridad y en la misma forma que usted ve esta mesa. Le puedo decir dónde no está, pero no dónde está.

Y el periodista ignorante sale oscilando, como aquellas agujitas, entre estos dos pensamientos, sin quedarse en ninguno: ¡Cuánto se sabe! ¡Qué poco se sabe! Y, sin embargo, ¡cuánto se sabe! ¡Pero no se sabe nada! Y así, indefinidamente.

Fernando de los Rios 1932 inauguracion Instituto FyQ

 

Días después la prensa se hizo eco del acto de inauguración. El diario vespertino La Voz en su edición del sábado 6 de febrero lo hizo en los siguientes términos:

Fundación Rockefeller

Solemne inauguración del Instituto Nacional de Física y Química.

Esta tarde, a las cinco, se ha celebrado la solemne inauguración del Instituto Nacional de Física y Química, bajo el patronato de la Junta Nacional de Ampliación de Estudios, cuyo edificio e instalaciones se han construido con la donación de la Fundación Rockefeller.

Al acto asistieron el ministro de Instrucción Pública, D. Fernando de los Ríos; el director general de Bellas Artes, Sr. Orueta; el rector de la Universidad de Madrid, señor Sánchez Albornoz; los catedráticos señores Unamuno, Pittaluga, Recasens y numerosas personalidades científicas y bellas damas.

Forman el personal de este instituto el director, D. Blas Cabrera; secretario D. Julio Guzmán; jefe técnico, D. Juan María Torroja, y en el cuadro de profesores forman los sres. Duperier, Palacios, Catalán, Moles, Madinaveitia, Guzmán y otros insignes maestros. 

Asisten a la sesión inaugural los profesores extranjeros, Weiss, Willstaetter, Scherrer, Sommerfeld, Hoenigschmid.

En el salón de conferencias se celebró el acto de apertura, y primeramente el Sr. Torroja, por la Junta de Ampliación de Estudios, explicó brevemente la actuación de ésta en relación con la Fundación Rockefeller. Luego, el director del Instituto, Sr. Cabrera, dedicó palabras de elogio a los esfuerzos científicos realizados por los hombres que colaboraron en la obra de la ciencia española.

A continuación, el profesor Weiss, en francés, pronunció palabras de elogio para la ciencia española; y el profesor Hoenigschmid también pronunció un discurso, haciendo resaltar la labor desarrollada por los hombres de ciencia de España.

El ministro de Instrucción Pública habló para expresar el agradecimiento del Gobierno de España a la Fundación Rockefeller. Exaltó el admirable espíritu de objetividad científica de los universitarios de los Estados Unidos y su desprendimiento. Cita casos en que a los antiguos estudiantes de las universidades americanas se les impone por éstas un tributo sobre sus rentas para contribuir a su sostenimiento. Este Instituto es un acicate para el trabajo de la juventud.

….

El edificio es un magnífico alarde de las posibilidades de la arquitectura española, que ha sabido interpretar admirablemente las necesidades de un establecimiento de esta índole siguiendo los consejos de los hombres de ciencia.

Los arquitectos Sres. Sánchez Arcas y Lacasa han tenido un acierto completo al hermanar las comodidades propias de esta clase de construcciones con un soberbio conjunto estético.

 

Fernando de los Rios 1932 Blas Cabrera y otros inauguracion INFQ

Y también se informó, como hicieron el diario El Sol y la revista Madrid científico, de la sesión extraordinaria que celebró la Sociedad española de Física y Química el lunes 8 de febrero de 1932 en la que participaron dos químicas:  Salazar, quien presentó en colaboración con Moles la comunicación “Nueva revisión de la densidad normal del gas de óxido de carbono” y [Dorotea] Barnés con su comunicación “Preparación de análisis del ácido nucleinico en el bacilo de la difteria”, representantes de las mujeres científicas que empezaron a emerger en la España republicana.

Sociedad Española de Fisica y Quimica

Suelto de El Sol, domingo 7 febrero 1932, p, 9

Sociedad Española de Fisica y Quimica Madrid cientifico

Madrid científico, nº 1301, 1ª quincena de marzo de 1932, p. 9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para saber más:

José Manuel Sánchez Ron, Miguel Catalán: su obra y su mundo, Madrid, CSIC (colección Estudios sobre la ciencia), 1994. Accesible aquí

Ana Romero de Pablos, Cabrera, Moles, Rey Pastor: la europeización de la ciencia. Un proyecto truncado, Madrid, Nivola (colección Novatores), 2002

Carmen Magallón, Pioneras españolas en las ciencias. Las mujeres del Instituto Nacional de Física y Química, Madrid, CSIC, 2004

Carlos González Ibáñez y Antonio Santamaría García, Física y Química en la colina de los chopos. Instituto de Química Física Rocasolano del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, CSIC, 2008. Accesible aquí.

Antonio Santamaría García, “El edificio Rockefeller. La arquitectura con vocación de ciencia”. Accesible aquí

Rosario E. Fernández Terán, El profesorado del “Instituto Nacional de Física y Química” ante la Guerra Civil, el proceso de depuración y el drama del exilio, Madrid, Universidad Complutense, Facultad de Educación, Departamento de Teoría e Historia de la Educación, Tesis Doctoral, 2014. Accesible aquí.