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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Ciencia y literatura: el caso de Unamuno en septiembre de 1935

En las dos entradas anteriores mostré cómo uno de los hitos científicos sucedidos en la España republicana a finales del verano de 1935 fue la celebración en Madrid del VI Congreso Internacional de Entomología. En mi seguimiento de las actividades que se desplegaron en esa asamblea científica me he encontrado con un singular texto de Miguel de Unamuno, publicado en el diario Ahora. Ese congreso tuvo pues múltiples efectos en la sociedad española de aquel entonces. Ratificó en diversos ámbitos nacionales e internacionales la calidad científica de la escuela de Ignacio Bolívar. Mostró a expertos y profanos la capacidad organizativa del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Y activó la memoria infantil de ese gran creador literario, maestro del ensayismo en lengua española, que fue Miguel de Unamuno, siempre alerta a todos los fenómenos científicos que le rodeaban. Buena muestra de ello es el siguiente texto que rescato del desván para revelar las profundas interrelaciones que hubo entre ciencia y literatura en los años de la segunda república, como tendré ocasión de exponer más pormenorizadamente dentro de unos meses en un dossier de la revista Studi Ispanici, dirigida por Loreto Busquets.

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Retrato de Miguel de Unamuno realizado en 1935 por José Aguiar García

El siguiente texto, titulado “Comentario. De Mitología Entomológica”, fue publicado por Unamuno en una de sus colaboraciones periódicas para el diario centrista Ahora, del que era subdirector ese gran periodista que fue Manuel Chaves Nogales, el viernes 27 de septiembre de 1935.

En él se aprecia el alarde que hace de sus aficiones naturalistas, su familiaridad con la obra del gran divulgador del mundo de los insectos Jean-Henri Fabre (1823-1915), cuyos Souvenirs entomologiques fueron traducidos a quince idiomas, su cercanía a la obra artística del dibujante y pintor Luis Bagaría (1882- La Habana1940), su admiración por quien era el patriarca de las ciencias naturales en la España de 1935, Ignacio Bolívar (1850-Ciudad de México 1944) -presidente de la JAE en aquel momento-, en cuya Residencia de Estudiantes observó un “escribano del agua” en sus canalillos y su interés por el folklore entomológico infantil. Y además exhibe sus conocimientos sobre la literatura y filosofía de todos los tiempos y culturas. Asi nos evoca sus lecturas bíblicas, clásicos griegos como Aristófanes, filósofos como Spinoza y  escritores españoles como Félix María de Samaniego (1745-1801), famoso por sus fábulas. Y muestra su aprecio por un poema del escritor belga-flamenco Guido Gezelle  (1830-1899) al mencionado “escribano del agua”.

Y aprovecha su aproximación al mundo de los insectos para transmitirnos reflexiones socio-políticas en las que se revela su rechazo al nazismo y su querencia por los insectos solitarios y no tanto por los sociales, derivada quizás de su fuerte ego o acaso de su personalidad individualista o de sus tendencias libertarias.

Unamuno de paseo

Unamuno de paseo

Pero es mejor que el lector juzgue por sí mismo. He aquí pues los contenidos del texto entomológico de Miguel de Unamuno.

“Al inaugurarse en Madrid el Congreso de Entomología se me subieron a la memoria muchos de mis mejores y más puros recuerdos de niñez y muchas de mis más íntimas enseñanzas de mis patriarcales observaciones de los niños. En relación con los insectos. Como en la animalidad los insectos, son en la humanidad los niños, los más recientes y más frescos y a la vez los más antiguos y más asentados. Más antiguos aquéllos –los insectos– acaso que los monstruos paleontológicos; más antiguos éstos –los niños- que los salvajes prehistóricos y cavernarios. Y así es que por los insectos, a los que puede manejar y jugar con ellos, es como el niño mejor se adentra, intuitivamente, en el espíritu de la naturaleza del reino animal. ¡Qué descubrimientos y qué sencillos asombros! “Tan chiquito y sabe ya tanto!”, me decía de un bichito un niño. ¡Y lo que su imaginación les debe! Si el que se ha llamado el Homero de los insectos, Enrique Fabre, llegó a tan viejo, con tan fresca, infantil y antigua vejez, se debió, sin duda, a su trato familiar con los insectos. Y entre nosotros, en España, ahí está la fresca y a la vez antigua vejez del benemérito don Ignacio Bolívar.

¡Qué bien estaría que se escribiese –para niños y mayores- algo de folklore entomológico infantil, de leyendas de insectos, de su mitología! Juguetes fueron de nosotros, niños, los grillos, los llamados en mi Bilbao “cochorros” (esto es, cochinillos), en Santander “jorges”, en Asturias “bacallarines”; el “melontha” de que habló Aristófanes y al que, por mi parte, he dedicado más de una mención; la vaquita o coquito de Dios –“…¡cuénteme los dedos y vete con Dios!”-, la que llamábamos “solitaña” -¡soli solitaña, vete a la montaña: dile al pastor que traiga buen sol para hoy y pa mañana y pa toda la semana!”-, la luciérnaga, el caballito del diablo (en vascuence, “asador del infierno”), de un pobre diablo (y asador de un pobre infierno); el por mote científico “mantis religiosa” (en tierra de Ávila, santa-teresa) y tantos más con su cancioncilla o jaculatoria a las veces.

Hay uno que personalmente me intrigó desde niño y que hace poco contemplaba en el canalillo del agua del Lozoya, al pie de la Residencia de Estudiantes. Es el llamado zapatero, tejedor y escribano. El Diccionario oficial, en “escribano del agua” (1), le llama araña, cuando es insecto, pues tiene tres pares de patitas y no cuatro. Y, por otra parte, al registrar su mote científico –“girino”- le toma por renacuajo, que es cría de rana, un vertebrado. ¿Qué tendrá este misterioso animalito que el íntimo poeta flamenco Guido Gezelle –capellán de un cementerio donde cultivaba flores- le dedicó un precioso poemita? Y en flamenco se le llama también escribano. (O escribiente.) Gezelle le cantó con la misma alma con que cantó aquella misteriosa visión de una puesta de sol en el horizonte de una laguna, donde dos discos solares, uno bajando del azul del cielo y otro subiendo del azul del agua se asumen y funden uno en otro. ¡Escribano! ¿Y qué escribe en el agua? “Triste cosa –pensaba yo contemplándole- arar en la mar; pero …¿escribir en el agua?” Y recordaba cuando Jesús dijo a sus discípulos: “Soy yo; no temáis” (Juan, VI, 19). Fue que se asustaron al verle marchar sobre el agua, como el escribano y tejedor de ésta. El, Jesús, si paseó (“peripatounta” dice el texto) por sobre el agua, no escribió en ella, sino una vez en tierra; mas ¿no escribieron en agua los escribanos que de El escribieron?

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Ejemplar de Gyrinus natator o Escribano del agua tomado de las ilustraciones del cuento “Escribano del agua” de José Zuleta Ortiz, Gaceta, El País, Cali 13 septiembre 2009

Todo esto es mitología, poesía entomológica; pero la ciencia se interesa más por la economía, por los insectos útiles o perjudiciales al hombre y a sus frutos, por las plagas del campo, por la apicultura, la sericultura y demás culturas entomológicas. Y por los insectos sociales. Sobre todo las abejas, las hormigas con sus diversos fajos y esos horribles térmites –en el Diccionario oficial no figuran-, especie de “nazis” de la entomocracia. ¡La colmena, el hormiguero, la termitera! ¡Cómo los admiran muchos! Por mi parte, me atraen más los pobres insectos señeros, solitarios, individualistas si queréis. Y que si se nos presentan a las veces en muchedumbre, no es formando masas. Tales las moscas, las tan aborrecibles y calumniadas moscas.

También las moscas fueron juguete de mi niñez y lo fueron –y seguirán siéndolo- de los niños. ¡Qué sorprendente efecto el de ver pasearse a una pajarita de papel –de fumar y de un solo pliegue- sobre una mesa, llevada por una mosca, sujetas sus alitas –con cera- a las patitas del artefacto! (Hace falta destreza). Cada vez que recuerdo aquella fábula que empieza: “A un panal de rica miel dos mil moscas (¡son demasiadas!) acudieron y, por golosas, murieron presas de patas en él…”, me represento la tragedia de los pobres animalitos anarquistas o libertarios. Como alguna vez me he detenido a contemplar esos mosqueros que son una botella especial con agua y una trampa, por la que entrando las moscas caen en el agua y allí se ahogan. ¡Y verlas subiéndose las unas sobre las otras y hundiéndolas más al querer sostenerse sobre ellas, para hundirse, a su vez, por falta de sostén! ¡Qué espejo de la sociedad humana! De sociedad individualista – se me dirá.

 Hubo, por otra parte, siendo yo un mocito, en que –como creo que dicen que hacía Spinoza- crié en una caja una araña dándole moscas y haciéndole inútil su tela. Y pude observar con qué parca ración se satisfacía la araña. No así el vencejo ni el camaleón. Del que dicen que se mantiene en el aire. No cabe fiarse de los que se dice que viven del aire.

Mas …¿ a qué seguir? ¡Qué de cosas podría decir a mis lectores si recogiese todos mis recuerdos infantiles de la historia, y la leyenda, y la fábula, y la mitología de los insectos! De los articulados, como también se les llama. ¡Qué de artículos podrían inspirarme los articulados esos! Pero hay otros articulados –mejor, desarticulados- humanos que interesan más a nuestros lectores. Y, sin embargo, yo les digo a éstos que no hay articulado humano que nos ofrezca más puras enseñanzas que un grillo, un “cochorro”, un coquito de Dios – ¡qué tierna ocurrencia la de consagrarle al Creador!-, un caballito del diablo, un ciervo volante, un…¡Y qué espejos para los hombres! Supe una vez de Bagaría que se había dedicado a dibujar –del natural, ¡claro!- insectos. Lo había yo adivinado al ver las profundas caracterizaciones humorísticas que lograba al caricaturizar a los hombres con formas de ortópteros, coleópteros, himenópteros…Y chupópteros. Toda una psicología entomológica humana.

Y que aquellos de mis lectores que, a su vez, escriban para el público se paren a la orilla de algún remanso, a la sombra de un sauce o de un aliso, a contemplar la obra del escribano del agua. ¿Habré estado yo escribiendo este artículo en ella?

(1) María Moliner, años adelante, en su diccionario lo define como “Insecto coleóptero de color bronceado, con las patas adaptadas para la natación, que se ve muy frecuentemente haciendo giros rapidísimos sobre las aguas estancadas”.

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Entomólogos reunidos en el Madrid republicano de 1935, fotografiados y caricaturizados.

Como expuse en una entrada anterior uno de los grandes acontecimientos científicos que se produjo en el Madrid de finales del verano de 1935, cuando el timón de la gobernación española lo ejercía una coalición entre republicanos radicales, cedistas, y representantes de fuerzas conservadoras agraristas, fue el VI Congreso Internacional de Entomología.

Expongo ahora dos muestras del impacto que tuvo esa reunión científica no sólo en medios académicos españoles sino también en ciertos grupos sociales y representantes de una cultura republicana en plena efervescencia creativa.

La primera se refiere al acto solemne de imposición del doctorado honoris causa de la Universidad de Madrid por su rector, el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina León Cardenal Pujals (1878-1960), a los profesores e investigadores franceses Maurice Caullery (1868-1958) y René Gabriel Jeannel (1879-1965), al alemán Richard Benedict Goldschmidt (1878-1958), que se exiliaría en ese año de 1935 al Reino Unido y un año después a Estados Unidos, al italiano Filippo Silvestri (1873-1949) y ruso-británico Boris Uvarov (1886-1970).

Todos ellos tenían méritos suficientes para recibir esa distinción por parte de sus pares de la principal universidad española.

Caullery había sido elegido presidente en 1915 de la Sociedad Zoológica de Francia, y en 1931 y 1933 había escrito dos importantes obras: Le problème de l’évolution Present Theories of Evolution and the Problem of Adaptation. 

Jeannel era una autoridad mundial en la entomología subterránea, área de trabajo en la que se había formado junto a Emile Racovitza, cuando este dirigía la estación de biología marina de Banyuls, donde habían ido a estudiar varios naturalistas españoles pensionados por la JAE

Goldschmidt, que había estado vinculado al Kaiser Wilhelm-Gesellschaft zur Forderung de Berlín, era un importante genetista, quien desde 1915 había realizado relevantes investigaciones sobre la naturaleza y la función de los genes. Y rescató la importancia de la embriología experimental para el análisis filogenético. Michael R. Dietrich, que le ha dedicado diversos trabajos y un interesante sitio web (ver aquí), lo considera una de las más controvertidas y enigmáticas figuras de la biología del siglo XX.

Silvestri introdujo en Italia la experimentación en el campo de la lucha biológica y era uno de los principales entomólogos italianos.

Uvarov, por su parte, está considerado el fundador de la acridología, la rama de la entomología destinada al conocimiento del ciclo vital de las langostas para conseguir el control de las movimientos masivos de ese insecto tan destructivo en los terrenos agrícolas de diversas partes del mundo como ha mostrado Antonio Buj en su libro Plagas de langosta. De la plaga bíblica a la ciencia de la acridología, del que me hice eco en mi otra bitácora (ver aquí), y en particular en la Península Ibérica como han destacado recientemente las investigadoras portuguesas Inês Gomes, Ana Isabel Queiroz y el investigador Daniel Alves (ver aquí).

De ese evento académico dejó registro en las páginas del diario centrista Ahora, del que era subdirector ese gran periodista y reportero que fue Manuel Chaves Nogales, el fotógrafo Yusti, tanto en una portada como en las páginas centrales de ese periódico del 10 de septiembre de 1935

Caullery doctorado honoris causaDoctorado honoris causa colectivo

 

La segunda está relacionada con el impacto de ese evento científico en diversos creadores culturales como el ilustrador, pintor y uno de los principales caricaturistas españoles de la primera mitad del siglo XX, Luis Bagaría (Barcelona 1882-La Habana 1940). De él son conocidas innumerables caricaturas de personalidades del mundo cultural, político y empresarial de Barcelona y Madrid y su faceta de glosador gráfico de la actualidad política en diversas publicaciones desde que se estableció en la capital española en 1912. Así la eficacia política de su lápiz se manifestó sucesivamente en La Tribuna, el semanario España, impulsado por Ortega y Gasset, Luis Araquistáin y Manuel Azaña, y al que estuvo estrechamente unido entre 1915 y 1922, y sobre todo El Sol donde desarrolló la mayor parte de su carrera periodística.

Pero como tantos artistas Bagaría también sintió atracción por determinadas actividades científicas y fue un agudo observador de los fenómenos naturales, donde encontró inspiración para sus críticas sociales. Ya Emilio Marcos Villalón reparó en el hecho de que Bagaría se interesó por la generación médica de 1914. A su vez, Miguel de Unamuno, otro escritor al que el Congreso Internacional de Entomología interpeló, comentó a sus lectores que sabía que Bagaría había dibujado insectos, lo que él ya había adivinado ” al ver las profundas caracterizaciones humorísticas que lograba al caricaturizar a los hombres con formas de ortópteros, coleópteros, himenópteros…y chupópteros”, [creando]. toda una psicología entomológica humana”.

Es muy posible que esa familiaridad con el mundo de los insectos inspirase a Bagaría a ofrecer a sus lectores de El Sol el viernes 13 de septiembre de 1935 la siguiente caricatura de nueve destacadas figuras del mencionado congreso de entomología, ninguna de las cuales coincide con los que se han enumerado anteriormente.

El lápiz del caricaturista catalán, de estilo sintético, nos ofrece perfiles sui generis de los siguientes naturalistas, a los que presenta como figuras zoomorfas variadas con alas de diverso tipo:

De izquierda a derecha arriba: el italiano doctor Malinotti, el alemán Martin K. O. Schwartz, del Biologische Reichsanstalt für Land und Fortswirtschaft de Berlin, el español Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián 1867-Tánger 1949).

En el centro el sueco Ivor Tragardh (1878-1951), el ruso-francés Sergei Metalnikoff (1870-1946), y el también sueco Bror Yngve Sjötedt (1866-1948,

Y abajo de izquierda a derecha: el holandés Uyttenboogaart, el español Ignacio Bolívar (Madrid 1850-Ciudad de México 1944), -presidente de la JAE tras el fallecimiento de Cajal, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y factótum del congreso que estamos presentando -y el egipcio Efflatoum.

Figuras del Congreso vistas por Bagaria

 

 

 

 

 


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Cuando Madrid fue la capital de los entomólogos del mundo

A principios de septiembre de 1935 más de 400 entomólogos, procedentes de todo el mundo, se reunieron en Madrid.

Medalla distribuida a los congresistas

El viernes 6 de septiembre de ese año, cuando el escenario internacional estaba pendiente del conflicto desencadenado por la Italia de Mussolini en tierras de Etiopía, se inauguró en la capital española el VI Congreso internacional de Entomología.

Desde tiempo atrás los estudiosos del mundo de los insectos, cuyo número de especies se calculaba en torno a un millón en aquella época, se reunían periódicamente. El primer congreso se había celebrado en Bruselas (1910), y luego itineró por Oxford (1912), Zurich (1925), Ithaca (1928), y París (1932). Precisamente en esta ciudad se decidió en el año 1932 que el siguiente se celebrara en Madrid “ante el deseo de conocer los progresos del nuestro en esta ciencia, acreditados ya por numerosos escritos y publicaciones, bien conocidos y reputados en el Extranjero, que han valido a los entomólogos españoles puesto y consideraciones honoríficas en las anteriores reuniones”, como diría el presidente del comité organizador del congreso madrileño Ignacio Bolívar, quien se había hecho cargo de la presidencia de la JAE tras el fallecimiento de Santiago Ramón y Cajal, en octubre de 1934.

A la espera de hacer un estudio en profundidad de esa reunión científica quisiera ahora resaltar dos hechos: la capacidad que tuvo Ignacio Bolívar, ayudado por su hijo Cándido Bolívar, para reunir en Madrid a los más cualificados representantes de esa rama de la zoología, que estaba teniendo un gran desarrollo por los beneficios que estaba brindando al conocimiento de problemas que preocupaban a los biólogos generales, y a los biólogos prácticos, y la importante masa crítica de entomólogos existentes entre los naturalistas españoles de hace más de ocho décadas, de los que había una cualificada representación en el comité organizador del Congreso.

Así sabemos que entre los asistentes a la sesión inaugural del VI Congreso Internacional de Entomología de Madrid se encontraban los siguientes investigadores y profesores:

Martin. K. O. Schwartz, del Biologische Reichsanstalt für Land und Fortswirtschaft, de Berlin; Richard Benedict Goldschmidt, del Kaiser Wilhelm-Gesellschaft zur Forderung, de Berlín; Franz Poche, de Viena; Armand d’Orchymont, del Musée Royale d’Histoire Naturelle de Bélgica; Arthur Gibson (1875-1959), de Ottawa y Crawford, también canadiense; Zarrel, de Checoeslovaquia; H. Efflatonn y Mausour, de Egipto; Avinoff, Mayne, Riley y Steineger, de Estados Unidos; Karl Hjalmar Richard Frey (1886-1965) de Finlandia; René Gabriel Jeannel (1879-1965) Regnier, Auguste Eugene Mequignon (1875-1958), Fage, Lucien Chopard (1885-1971) y Du Dresnay, de Francia; Pandagis, de Grecia; Uyttenboogaart, Hermann Schmitz (1878-1960 y Klyastra, de Holanda; sir Guy Anstruther Knox Marshall (1871-1959), Karl Jordan (1861-1959), Fox Wilson, H. Barnes, Hugh Scott (1885-1960) y Malcolm Burr (1878-1954), de Inglaterra; Malenotti, Capra y Giuseppe Franchini (1879-1938), de Italia; Stanislaw Minkiewicz (1877-1944), de Polonia; Bror Yngve Sjötedt (1866-1948), de Suecia, y Robert Biedermann (1869-1954), de Suiza.

A esos congresistas se unirían posteriormente investigadores de otras delegaciones procedentes de Japón, la Unión Surafricana, Australia y las Antillas inglesas.

Por su parte el comité organizador estaba formado por los siguientes once naturalistas españoles que meses después vivirían situaciones muy diferentes ante el estallido de la guerra de España:

Presidente: Ignacio Bolívar (Madrid 1850-Ciudad de México 1944); secretario Cándido Bolívar Pieltain y vocales: Miguel Benlloch Martínez (Valencia 1893-Madrid 1983), Federico Bonet Marco (Madrid 1906-México 1980), José del Cañizo (1894-1972), Gonzalo Ceballos y Fernández de Córdoba (Madrid, 1895-1967), José María Dusmet (Ambel [Zaragoza] 1869-1960), Juan Gil Collado (Martos [Jaén] 1901-Madrid 1986), cuya trayectoria ha sido recuperada en un libro reciente como acaba de resaltar el periodista Manuel Ansede (ver aquí) Fernando Martínez de la Escalera,(Villaviciosa de Odón [Madrid] 1895-Montevideo [Uruguay] 1986 Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián 1867-Tánger 1949), Antonio de Zulueta (Barcelona 1885-Madrid 1971).

Cándido Bolívar Pieltain, secretario del congreso, y que asumiría meses después importantes cargos de responsabilidad política en el gobierno del Frente Popular, formaba parte, a su vez, del comité ejecutivo de la asociación internacional de los entomólogos, integrado por:

Cándido Bolívar Pieltain, de Madrid; H. Eltringahm, de Oxford; W. Horn, de Berlín; R. Jeannel, de París; O. A. Johannsen, de Ithaca (EEUU), K. Jordan, Tring; F. Silvestri, de Nápoles; T. Shiraki, de Tainoku (Formosa); M.N. Rimsky-Korsakov, de Leningrado; Y. Sjöstedt, de Estocolmo.

Las sesiones de ese congreso, que supusieron el momento de mayor influencia de los entomólogos españoles liderados por Ignacio Bolívar en el panorama internacional de la entomología, se celebraron en cuatro significativos lugares de la colina de las ciencias que construyó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en el entorno del hipódromo madrileño en torno a los años republicanos: el Museo de Ciencias Naturales, el Auditorium de la Residencia de Estudiantes, el Instituto Nacional de Física y Química y el Instituto-Escuela.

Una parte importante de esos congresistas se hicieron una fotografía que está accesible en la Red, y en una entrada dedicada a ese congreso por la Associació Catalana de Bioespeleología, donde su autor -Lluis Auroux- se ha preocupado de dividirla en seis partes para que podamos identificar mejor a los congresistas y sus acompañantes.

Para saber más:

Alberto Gomis, “Mimbres para otro cesto: De la Sección de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales al Instituto Español de Entomología”, Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Sección Biología, 108, 2014, pp. 37-47. (accesible en la red: aquí

“The First International Congress of Entomology”, Nature, 84, (1910), pp. 214-215,

E. O. Essig, “A Sketch History of Entomology”, Osiris, vol. 2 (1936), pp. 80-123

Felicitas Marwinski, “Aus der Arbeit der Bibliothek des ehemaligen Deutschen Entomologischen Instituts: 20. Nachlass HORN, Berlin, Beiträge zur Entomologie., Bd. 23. H. 5/8, S. 445-471. Berlin. (accesible en la red: aquí)

 

 


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La vinculación con la JAE del catedrático de instituto Antonio Jaén Morente entre 1911 y 1913

Antonio Jaén Morente tuvo una dilatada trayectoria vital . Nacido en Córdoba en 1879 falleció en el exilio en San José de Costa Rica en 1964.

Antonio Jaén Morente hacia 1902, con poco más de veinte años.

A principios del próximo mes de abril de este año de 2019 hablaré de él en un congreso sobre el exilio que ha organizado la Diputación de Córdoba en el marco del programa de actividades conmemorativas del 80 aniversario del inicio de la diáspora republicana (ver aquí).

Trabajando en estos días en su trayectoria biográfica como catedrático de instituto, -función que ejerció desde que consiguió la cátedra en 1910 trabajando en Cuenca (por muy breve tiempo), Segovia, Córdoba, Sevilla y nuevamente Córdoba-, como investigador, como político republicano, como diplomático y como exiliado, me he percatado que sus biógrafos, entre los que destaca Manuel Toribio García, no han tomado en consideración un documento que presento a continuación en las dos obras principales dedicadas a su vida y obra como son las siguientes.

Tal documento se conserva en su breve expediente del archivo de la JAE, formado por siete hojas. Está fechado en Madrid el 14 de febrero de 1913 cuando llevaba poco tiempo vinculado al Instituto de Segovia. Muestra su estrecha relación con Rafael Altamira, quien en abril de 1911 le consiguió una ayuda de la JAE para hacer una investigación de corta duración en archivos de Córdoba y Sevilla sobre Los afrancesados en Andalucía, en el marco de las actividades que promovía en la sección de Historia contemporánea del Centro de Estudios Históricos. El 21 de noviembre de 1912 desde Segovia Antonio Jaén solicitó prorrogar su vinculación con el Centro de Estudios Históricos para culminar ese estudio que había iniciado meses atrás, del que no se tiene constancia que lo finalizara.

Pocos meses después se dirigirá nuevamente al presidente de la JAE, que era Santiago Ramón y Cajal, para desplazarse a Italia con vistas a proseguir sus estudios de historia moderna y contemporánea y adentrarse en el conocimiento de la metodología de esa ciencia y el “modo de concebirla y explicarla”. Su intención era adscribirse a la Escuela española de Historia y Arqueología que dependiente del Centro de Estudios Históricos venía funcionando en Roma desde 1910, institución a la que se dedicó un importante libro en su centenario, en el que tuve la fortuna de colaborar.

En una detallada exposición explica Antonio Jaén por qué deseaba trasladarse a Italia, y particularmente a Roma, y muestra su familiaridad con la historiografía italiana del momento en la que destacaban historiadores como Amedeo Crivellucci (1850-1914). Aparte de su interés por conocer de manera práctica cómo concebían y explicaban la historia moderna los universitarios italianos también detalla su afán de localizar manuscritos existentes en Roma sobre la historia de los países ibéricos que había catalogado en el siglo XVIII el jesuita Hervás y Panduro o si esa tarea era imposible formar un epistolario con los fondos que procedían de la antigua biblioteca Borghese.

La pensión no le fue concedida cuando la solicitó. Poco después se inició la Gran Guerra que afectó de manera profunda al funcionamiento de la JAE y de la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma. De ahí que cuando el 14 de mayo de 1918 una comisión vio de nuevo la petición de Antonio Jaén según consta en su expediente de la JAE cayese en saco roto de manera definitiva su petición de recibir una pensión en el extranjero.

Entre tanto logró publicar dos interesantes monografías en su época de catedrático en Segovia como fueron sus libros de 1916 y de 1917 Segovia y Enrique IV y Retratos de mujeres: estudio sintético de la evolución del retrato en la pintura española. Luego sería autor de una Historia de Córdoba que ha tenido siete ediciones desde 1921, de numerosos manuales entre los que destacaría una Historia de América y una Geografía de América que fueron elegidos como manuales obligatorios de esas asignaturas en un concurso organizado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1929 y de interesantes textos sobre historia del arte ecuatoriano en su época de exiliado en la República del Ecuador entre 1939 y 1953 como su folleto publicado en Guayaquil en 1948  De la imaginería quiteña: La mística y otros motivos.

Anteriormente durante la Segunda República fue diputado de las Cortes constituyentes, ejerciendo como líder de la minoría africanista en el Congreso de los Diputados durante 1932, y representante diplomático de la república española en el Perú. De esa experiencia diplomática hizo balance en su interesante libro La lección de América publicado en 1934. Tras ejercer de director del Instituto de Córdoba volvió a ser elegido diputado, obteniendo el mayor número de votos, en la candidatura presentada por el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Tras el estallido de la “guerra incivil” fue designado en 1937, siendo ministro de Estado José Giral, ministro plenipotenciario de España en el Extremo Oriente, Filipinas y Guam, y cónsul general en Manila entre 1937 y 1939.

Presento a continuación la transcripción de su instancia al presidente de la JAE allá por 1913 en la que solicitaba una pensión para desplazarse a Italia, particularmente a la Escuela Española de Arqueología e Historia dependiente del Centro de Estudios Históricos que la JAE había creado en 1919, documento que presenté brevemente líneas arriba.

Excmo. Sr. Presidente de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas.

D. Antonio Jaén Morente, Catedrático dos veces por oposición de Historia y Geografía, en el Instituto de Segoviaa V. E. con todo respeto expone: 

         Que, acudiendo a la convocatoria que para la concesión de pensiones en el extranjero se hace en la Gaceta de 17 de enero pasado y deseando seguir completando sus trabajos de investigación a V. E. manifiesta: Que dentro de su modesta esfera científica y por razones profesionales dos cosas le han preocupado con preferencia: 1ª, los estudios de Historia de España moderna y contemporánea; 2ª, la Metodología de esta ciencia y el modo de concebirla y explicarla.

    A la comprensión de ambos extremos tiende sus esfuerzos científico-didácticos, laborando en la actualidad por un tiempo de dos meses, en el Centro de Estudios históricos dependiente de esa Junta.

 

         Pide hoy a la Junta de su dirección se sirva concederle una pensión para ir a Roma a ser posible en la Escuela de Arqueología,pues quiere ver en Italia, 1º prácticamente como se enseña la Historia en las Universidades italianas y especialmente en la Capital.

         La Universidad de Génova donde explican Historia moderna Luigi Stafetti y Gabotti, la de Turín donde profesan Pidele Segre y Lemni; Bolonia, donde principalmente llevan la dirección Gasperoni, Sorboni y Urbani; Nápoles, con Scheppa le interesan especialmente para documentar su estudio. 

         Pero fundamentalmente y por eso decía antes que a ser posible desearía ser agregado a la Escuela española de Arqueología de Roma, cree podría ser para él y su asignatura de mayor utilidad la “Storia moderna” explicada en la Capital// de Italia por Crivellucci Amadeo y la “Storia del risurgimento italiano” que profesa Michels donde por su mayor carácter de contemporaneidad se estudia y metodiza la Historia casi actual y presente. 

         La organización y el avance histórico de Italia se ha modificado profundamente a partir del último Congreso de Roma y como el solicitante cree que en la Universidad Central, en la Escuela del Magisterio y en el Instituto histórico de dicha ciudad, se podrá apreciar perfectamente esta orientación y además su manifestación metodológica es por lo que pide la residencia en Roma aunque con autorización para extender con brevedad sus investigaciones a otras Universidades italianas, que aun dentro de la unidad común puedan tener otra modalidad digna de servir de enseñanza.

         Hay otro objeto a la vez principal y complementario de la pension que solicita: Hervás y Panduro ha dejado inédito un “Catálogo de manuscritos de escritores españoles y portugueses que se hallan en las bibliotecas de Roma”: excepción hecha de la Vaticana. Este catálogo que combenientemente (sic) modernizado quizá convendría modernizar (tachado) publicar por ser muy poco o casi nada conocido, puede servirme de base para entresacar de esos manuscritos los que tengan carácter histórico o metodológico de la Historia, estudiando esta rama de pedagogía española que ahora empezamos a rehacer; dando a conocer los que realmente tengan importancia, incorporando unos a la bibliografía y otros a la circulación, si su contenido lo merece.

         No se conoce en la actualidad mas que un ejemplar del referido catálogo pues otro que fue propiedad de D. Vicente Lafuente no lo he podido encontrar a pesar de mis esfuerzos, pareciéndome de manifiesta utilidad para los estudiantes españoles en Roma.

         Si por el tiempo transcurrido desde la formación del catálogo fuera imposible rehacerlo en lugar y biblioteca tan preciada colección de escritos ibéricos cuya pista, clasificación y aun publicación combiene (sic) intentar, o si tal empeño pareciese a la Junta poco llevadero dada la magnitud de la empresa por mi humilde personalidad me vería // muy complacido con haber llamado la atención de los estudiantes en Roma sobre tal catálogo. 

 

         Debiendo advertir también, no porque lo ignore la Junta, que en el archivo que fue de los príncipes de Borghese (hoy en la Vaticana) y en los papeles llamados “Nunziatura di Espagna” hay una preciada colección de cartas españolas con las que metódicamente puede formarse un epistolario de verdadera importancia histórica y didáctica, quizá mas llevadero y fácil de hacer por el solicitante, a ser imposible el otro trabajo por haber desaparecido la huella para formar de nuevo la metódica colección de Hervás y Panduro. 

         Además pido a la Junta ir a Italia, porque no habiendo aun estudiado fuera de España desearía ampliar mi horizonte científico con extranjeras enseñanzas: Porque no siendo con el auxilio oficial es imposible pueda realizar tal deseo: además no conociendo hoy mas idiomas que el francés y el italiano y pudiendo traducir los otros idiomas y dialectos neolatinos no tengo preparación para ir con aprovechamiento mas que a estos países, mientras gradualmente me preparo para otras excursiones, habiendo elegido Roma por su enorme interés que sería inútil y pedante querer ahora explicar, máxime después de la afirmación generalmente sostenida por didácticos y tratadistas españoles, que como el Sr. Altamira han dicho en el libro “Cuestiones Modernas de Historia”, la significación de Roma para los españoles como centro de estudios históricos.

         Serían imaginativos todos los datos que en cumplimiento de la convocatoria yo pudiera añadir referentes a cuantía y tiempo de la pensión; la Junta con su superior criterio podrá dirigir e ilustrar al solicitante que aspira como resumen de su larga exposición al conocimiento, no ideal y teórico de los libros, sino práctico  y de inmediata observación de cómo los universitarios italianos conciben y explican la Historia moderna, a documentar estas observaciones con lo que referente a su especialidad histórico-metodológica halle en los manuscritos casi del todo inéditos que catalogó Hervás y Panduro o en su defecto como decía antes a la formación de un “Epistolario español de la antigua biblioteca Borghese”:residiendo para esto en Roma como centro y base de sus investigaciones , aprovechando al mismo tiempo en todo momento y ocasión precisamente por amor a lo español el encuentro con otro medio civilizador que aunque de tipo latino tiene su propia y personal modalidad.

         Espera merecer de la Junta la gracia y pensión que solicita, sin añadir en su solicitud hojas de servicios ni de estudios porque la mejor es a su juicio el haber merecido aunque por plazo breve trabajar en una de las secciones que dependen de esa Junta.

         Señor Presidente guarde Dios a V.E. muchos años.

         Madrid 14 de febrero de 1913

                   Antonio Jaén.


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El impulso republicano a los estudios oceanográficos en Málaga en 1935

El Centro Oceanográfico de Málaga fue creado en 1911. A partir de entonces la ciudad andaluza fue una de las bases de operaciones del Instituto Español de Oceanografía que dirigiera el gran biólogo marino Odón de Buen desde la creación de ese organismo en 1914 hasta la guerra “incivil”.

Odon de Buen
Odón de Buen en 1936

El papel desempeñado por Málaga en la historia de la oceanografía española ha sido abordado por diversos autores como José A. Bandera, Juan A. Camiñas Hernández y Juan A. Pérez de Rubín.

En esa historia el año 1935 tuvo una cierta importancia cuando el Laboratorio Oceanográfico existente en esa ciudad andaluza se convirtió en un Centro internacional para el estudio del mar tras una serie de medidas gubernamentales. En primer lugar, gracias a una orden del Ministerio de Industria y Comercio publicada en la Gaceta de Madrid el 7 de febrero de ese año de 1935. Luego, gracias a  un decreto firmado por Antonio Royo Villanova, ministro de Marina en un gobierno lerrouxista, en La Granja el 29 de agosto de 1935 y publicado por la Gaceta dos días después, el 31 de agosto. Este documento ha sido poco tomado en consideración por la historiografía por lo que me parece pertinente darlo a conocer en esta bitácora en el marco de mis investigaciones sobre las actividades científicas impulsadas por la Segunda República.

Para entender el contexto de esa iniciativa gubernamental -en un momento de cierta efervescencia cultural en Málaga donde a principios de septiembre de 1935 se celebró una importante semana pedagógica en la que se adoptaron importantes resoluciones sobre la escuela rural- cabe resaltar la siguiente secuencia de hechos. En abril de ese año se había celebrado tanto en Madrid como en Málaga la primera asamblea plenaria del Consejo Oceanográfico Iberoamericano; el 21 de mayo de 1935 el Consejo de Ministros decretó que el Laboratorio Oceanográfico de Málaga pasase a depender del Ministerio de Marina y en ese año de 1935  la Junta de Obras del Puerto de Málaga finalizó la construcción en el malagueño Paseo de la Farola nº 27 de un edificio de dimensiones y disposición adecuadas, en el que podían tener amplia y cómoda instalación importantes servicios nacionales e internacionales, que las disposiciones que estaban en vigor concedían al Instituto español de Oceanografía. La construcción de ese edificio había sido autorizada en 1932 por Indalecio Prieto cuando era ministro de Obras públicas.

Malaga 1935 Centro Internacional de Estudios Marinos

Teniendo en cuenta esos antecedentes el Ministerio de Marina acordó a finales de agosto de 1935 elevar la categoría del Laboratorio que ese Instituto tenía en Málaga y convertirlo en Centro internacional para el estudio del Mar.

De esa manera, según se señalaba en el preámbulo del decreto, el Gobierno de la República respondía a “demandas persistentes de importantes reuniones internacionales y a ofrecimientos reiterados de servirlas”.

Los objetivos de ese nuevo centro de investigaciones marítimas eran ambiciosos dada su apuesta internacionalista y su orientación global en el estudio de los recursos marinos:

“En este Centro pueden tener cabida servicios de gran interés mundial que reúnan y coordinen datos e investigaciones y experiencias, aprovechando, con la máxima eficacia, los esfuerzos aislados para el estudio y aprovechamiento de los Océanos y sus riquezas.

Muchos problemas preocupan al Mundo entero, a los Centros científicos y a los Gobiernos, relacionados con la observación constante, la investigación metódica y la coordinación de esfuerzos en el estudio del Mar; a tales problemas puede dedicar sus trabajos el Centro de Málaga, prestando servicios de incalculable alcance en lo referente a la previsión del tiempo, a la navegación aérea, a los viajes marítimos, a la navegación submarina, a la posible previsión de los terremotos, a la obtención de productos químicos, a la vida y emigración de los seres que pueblan los mares, a la conservación y fomento de la pesca, a la racionalización de las industrias pesqueras“.

Tras mostrar la pluralidad de objetivos que aspiraba obtener esa renovada instalación científica el decreto gubernamental establecía cómo tenía que ser organizado el nuevo Centro internacional para el estudio del Mar proporcionando “mayores facilidades y más libertad de acción al Instituto Español de Oceanografía, dentro de los fines para que fue creado hace más de veinte años, facultándole para hallar en legítimos ingresos el medio de desarrollar sus servicios con el menor esfuerzo del Estado”.

El decreto se componía de nueve artículos y dos adicionales.

El primer artículo aludía a que el nuevo Centro Internacional para el Estudio del Mar puesto en marcha en Málaga era un desarrollo de lo que se había dispuesto en una Orden del Ministerio de Industria y Comercio de 7 de febrero de 1935, a la que ya se ha aludido anteriormente.

El segundo especificaba que el Instituto Español de Oceanografía podría añadir a los servicios que había determinado el Reglamento de 24 de enero de 1929 los de Geofísica que se relacionen con la Oceanografía, a medida que lo permitiesen los medios disponibles.

El tercero señalaba que los servicios internacionales que el Centro de Málaga tenía que realizar serían los que ya estaban confiados al Instituto Español de Oceanografía o se le confiasen en lo sucesivo, “ya por el Gobierno español, ya por Consejos, Comisiones o Instituciones internacionales, relativas al estudio y explotación del Mar, siempre con la debida autorización del Gobierno de la República”.

El cuarto explicaba los procedimientos a seguir en la labor internacionalista del nuevo Centro en estos términos:

Para establecer servicios internacionales permanentes, el Instituto se pondrá de acuerdo con las entidades interesadas y, si fuera conveniente, propondrá al Gobierno español las gestiones o convenios diplomáticos que procedan. 

Los Laboratorios de investigación podrán cederse temporalmente a entidades científicas extranjeras, y el Director del Instituto Español de Oceanografía queda autorizado para firmar los respectivos convenios, fijando en ellos el canon que en cada caso deberán abonar, siguiendo las costumbres de los Laboratorios extranjeros.

Podrá igualmente el Director del Instituto admitir temporalmente investigadores extranjeros, sean o no pensionados oficiales.

Los artículo quinto y el sexto insistían en las labores educativas que tenía que desarrollar ese centro de investigaciones.

Por un lado ofreciendo cursos y conferencias de divulgación de los problemas marítimos que se llevarían a cabo en invierno y serían orales, con demostraciones y proyecciones fijas y cinematográficas. Se procuraría que asistiesen a ellos becarios de los Centros oficiales docentes y técnicos. El Director del Instituto podría contratar para impartir esos cursos y conferencias a “personalidades prestigiosas nacionales y extranjeras”.

Por otra parte organizando cursos de trabajos experimentales, técnicos y de aplicación práctica que se impartirían entre noviembre y marzo. Podrían asistir a esos cursos, previo el pago de la matrícula que se asignase, según los casos, pensionados y becarios nacionales y extranjeros en el número que el director del centro señalase, según los medios disponibles. El plan general de esos cursos tenía que ser trazado por el Director del Instituto Español de Oceanografía, con los asesoramientos que estimase necesarios.

Para asistir a esos cursos, el Instituto podría conceder cierto número de pensiones, según los medios disponibles, por concurso entre Licenciados en Ciencias, Oficiales de la Armada, Ingenieros y Capitanes de la Marina civil que tuviesen la necesaria preparación.

Para realizar esos cursos, y aun para servicios especiales fijos, el Director del Instituto Español de Oceanografía podría contratar, a especialistas nacionales y extranjeros, “sin el carácter permanente, que sólo tendrán los cargos de plantilla”.

El artículo séptimo regulaba el funcionamiento del Acuario y el Museo de esta manera:

Para el fomento de los servicios públicos del Acuario y el Museo se constituirá en Málaga un Patronato local, que auxiliará al Director del Centro, con el fin de darles el máximo interés  y el mayor rendimiento. A la vez procurará que, tanto Profesores como alumnos de los que concurran a los cursos o realicen trabajos en el Centro, hallen las mayores facilidades y atenciones en la ciudad. 

Este Patronato, que elegirá su Presidente y del que será Secretario el mismo del Centro, fijará de acuerdo con el Director, las horas de entrada y el precio por visita o por abono.

El mismo Patronato, en vista de los ingresos del Acuario  y Museo, determinará cada año la cantidad que debe entregarse a la Junta de Obras del Puerto, en justa compensación por los esfuerzos económicos que ha realizado.

Serán Vocales natos de este Patronato: el Alcalde de Málaga, el Presidente de la Diputación provincial, el Presidente de la Junta de Obras del Puerto y el Ingeniero Jefe, el Jefe de la Armada, cuando exista; el Ingeniero Jefe de Obras públicas de la provincia, los Presidentes de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación; de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Sociedad de Ciencias; el Director del Instituto de Segunda enseñanza y el Jefe de Sanidad del Puerto.

El artículo octavo regulaba su organización interna y explicaba su organigrama de esta manera .

La dirección de todos los servicios del Centro correspondería al jefe del Departamento de Oceanografía del Instituto Español de Oceanografía.

A él le acompañarían los Directores de Laboratorio y Ayudantes que exigiera el desarrollo de los servicios, siendo dos de cada categoría, por lo menos; todos ellos “debidamente especializados”.

El Director más antiguo sería el secretario general del Centro y ejercería igualmente las funciones de Administrador, dentro de las condiciones que señalaba el reglamento del Instituto Español de Oceanografía. Residiría en el Centro.

Para los servicios de Biología era preciso el título de Doctor o Licenciado en Ciencias Naturales, o el de Medicina, siempre que se demostrase la debida competencia en los problemas biológicos por los trabajos realizados y las publicaciones originales, cuyas condiciones juzgaría la Junta del Instituto Español de Oceanografía.

Los servicios de Química, a su vez, serían desempeñados por doctores o licenciados en Ciencias químicas, y los de Geofísica y Cartografía, por doctores o licenciados en Ciencias físicas o exactas, hidrógrafos de la Armada, ingenieros geógrafos o meteorólogos, según la especialidad.

El personal técnico que en lo sucesivo se nombrase para los servicios internacionales debería hablar correctamente uno de los idiomas francés, inglés o alemán, y traducir otro de ellos.

El artículo noveno derogaba todas las disposiciones que se opusiesen a ese decreto.

Por su parte el primer artículo adicional señalaba que para todo aquello que no estuviese concretamente especificado en ese decreto regía el Reglamento del Instituto Español de Oceanografía, aprobado por Decreto de 24 de enero de 1929.

A su vez el segundo artículo adicional señalaba que “si el Instituto obtuviera subvenciones suficientes fuera de las consignaciones del Presupuesto del Estado, con ellas podrá dotar interinamente los servicios que conceptúe urgentes hasta que tenga la debida consignación”.

Meses después, – poco antes del estallido de la guerra “incivil” que desmantelaría esa instalación científica tal y como fue concebida pues los vencedores consideraron al Instituto Español de Oceanografía “una cueva de rojos” tal y como destaca en un interesante post de su bitácora Pere Oliver-, el 7 de marzo de 1936 el mencionado patronato se reunió en el local de la Sociedad Malagueña de Ciencias, bajo la presidencia de Odón de Buen, director del Instituto Español de Oceanografía.

A la reunión, tal y como consta en los libros de actas del Acuario y Museo de Málaga que se custodian la sede de Fuengirola del Centro Oceanográfico de Málaga -como nos recuerda Camiñas (2018) asistieron:

D. José Méndez, Alcalde accidental; D. Manuel Vallecillo, Vicepresidente de la Diputación; D. José Campos, Ingeniero Jefe de Obras Públicas; D. Emilio Baeza Medina (1892-1980), presidente de la Sociedad de Amigos del País (y diputado de Izquierda Republicana elegido en las candidaturas del Frente Popular; exiliado en México regresaría a Málaga en 1953); D. Juan Carrasco Guerrero, Presidente de la Junta de Obras del Puerto; D. Enrique Martínez Jiménez, director del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza; D. Luis Ortega Nieto, Director de Sanidad del Puerto y D. Álvaro de Miranda y Rivera (1896-1940, director del Laboratorio Oceanográfico.

En esa reunión se eligió como presidente del Patronato al alcalde de la ciudad malagueña por aclamación.

Décadas después la dibujante María R. Mora evocaría esa reunión de esta manera al recrear momentos significativos de la relación de Odón de Buen con la ciudad de Málaga en el texto “Ciencia, Oceanografía, Patrimonio” de Juan A.Camiñas Hernández.

Dibujo de María R. Mora extraído del texto de Juan A. Camiñas Hernández, “Ciencia, Oceanografía Patrimonio” de 2018, p. 26.

Para saber más

José Antonio Bandera (1997) Historia de la investigación marina en Andalucía, 1908-1994. El Laboratorio Oceanográfico, Acuario y Museo de Málaga, Málaga, Studia Malacitana, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Málaga.

Antonio Calvo Roy (2015) Ciencia y política entre las dos repúblicas: Odón de Buen, México, El Colegio de México.

Juan A. Camiñas Hernández (2018), Ciencia, Oceanografía y Patrimonio. Inicios del Laboratorio, Acuario y Museo Oceanográfico de Málaga, Málaga, Asociación Cultural Amigos de la Barca de Jábega, Cuadernos del Rebalaje nº 41, marzo de 2018. 44 páginas.

Juan A. Pérez de Rubín (2014), “El Centro Oceanográfico de Málaga (1913-2013)”, en 100 años investigando el mar, Instituto Español de Oceanografía.

Juan A. Pérez de Rubín (2015), “El combate por el liderazgo institucional de las ciencias marinas civiles en España (1904-1942)”, en Emilio Cervantes, edit., Naturalistas en debate, pp. 203-248, CSIC.


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Matemáticos que compartieron mesa y mantel en el Madrid de marzo de 1936

El pasado martes 2 de octubre de 2018, mi colega y amigo Jean-Louis Guereña me mostró uno de sus libros, recién editado por Biblioteca Nueva,  Cultura, ocio, identidades. Espacios y formas de sociabilidad en la España de los siglos XIX y XX.

Guereña Sociabilidad

Al hojearlo me dí cuenta, y así se lo hice saber a Jean-Louis, que faltaba un capítulo dedicado a la sociabilidad de los científicos, quienes la practicaron, y la siguen practicando, en diversos espacios y de diversas formas a lo largo de la época contemporánea.

Al adentrarme en estos meses en el quinquenio republicano 1931-1936, he percibido, por ejemplo, que era habitual homenajear en torno a una mesa y mantel a los jóvenes científicos que accedían a una cátedra universitaria, o que obtenían una distinción. Imitaban así los científicos a otros intelectuales, como quienes decidieron dar la bienvenida en el Madrid de febrero de 1936 a Rafael Alberti y María Teresa de León tras un largo viaje a tierras mexicanas y cubanas, cuestión de la que he dado cuenta recientemente en mi otra bitácora. (ver aquí)

Ya en esta bitácora advertí hace unas semanas cómo la escuela del médico y notable investigador Jiménez Díaz mostró musculatura en el convulso Madrid de la primavera de 1936 al celebrar el triunfo de uno de los suyos -Manuel Díaz Rubio Lurueña- en unas reñidas oposiciones. (ver aquí)

Ahora doy cuenta de cómo otro colectivo científico que se había fortalecido en los años republicanos, como era el de los matemáticos -tal y como constató Julio Rey Pastor en una entrevista que le hiciese José Gallego Díaz en el diario El Sol de la que informé en la anterior entrada de esta bitácora (ver aquí) – compartió ese rito de celebrar un ágape para reforzar su identidad como grupo social y colectivo profesional.

En efecto, con motivo de la obtención de la cátedra de Análisis matemático, que se impartía en el segundo curso de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, por parte de un joven Ricardo San Juan Llosá (1908-1969), -ganó la cátedra con menos de 30 años- un grupo de sus compañeros y amigos decidieron mostrarle su reconocimiento y afecto, y “testimoniarle la admiración por su intensa labor científica”, celebrando un banquete en el Hotel Gran Vía de Madrid, ubicado enfrente del actual edificio de Telefónica, el sábado 7 de marzo de 1936.

Hotel Gran Via

En su desarrollo tomaron la palabra el decano de la Facultad de Ciencias, el astrónomo Pedro Carrasco Garrorena -presente en esta bitácora con motivo de haber sucedido a Echegaray en su cátedra  (ver aquí) , el homenajeado Ricardo San Juan, y el secretario de la Comisión organizadora José Gallego Díaz, y a quien también vamos siguiendo a través de diversas entradas de este cuaderno de investigación.

Este joven matemático, que luego sería padre de la actual directora del diario El País, e hiperactivo en aquellas semanas de gobierno del Frente Popular, leyó las adhesiones al homenaje de los ausentes en el banquete, varios de ellos cualificados representantes de la elite científica republicana, al encontrarse fuera de Madrid, probablemente. Entre ellos estaban Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), Honorato de Castro (1885-México 1962), Pedro González Quijano (1870-1958), Huidobro, Fontenla, Morales y Fraile, Reyas, [Mariano] Mataix, Sixto Ríos (1913-2008), Luis Bru Villaseca (1909-1997) y Carmen Martínez Sancho (1901-1995).

Luego el decano Pedro Carrasco Garrorena, impulsor de la organización del banquete, “hizo una brillante apología del agasajado y expresó su seguridad en que las excelentes dotes de investigador del sr. San Juan encontrarán eco propicio en esa juventud actual, a la que, por fortuna, le interesa más el saber que el aprobar”, según el testimonio de uno de los periodistas asistentes al evento.

El evento finalizó con unas palabras de agradecimiento del doctor San Juan y las felicitaciones al homenajeado de una “numerosa concurrencia, entre la que se contaban las figuras más destacadas de la investigación científica española”, tal y como destacó el gacetillero de El Sol que dio noticia a sus lectores de ese acto social al día siguiente de su celebración.

Entre los asistentes se encontraba el grueso del comité organizador del homenaje formado por un relevante grupo de científicos, según noticia ofrecida por el diario Ahora, que dirigía en los meses previos al estallido de la guerra civil ese gran periodista que fue Manuel Chaves Nogales. La casi veintena de nombres que enumero a continuación representaban en gran medida la vanguardia del conocimiento matemático existente en la España republicana, si bien había otras notorias ausencias en ese comité organizador del homenaje a Ricardo San Juan, como era el caso de Esteban Terradas (1883-1950).

Estos son los personajes que constituyeron el mencionado comité organizador: Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), creador de una escuela de matemáticos en España y Argentina y gran renovador de la enseñanza de las matemáticas parte de cuyo archivo está accesible on line (ver aquí), José Alvarez Ude (1876-1958), catedrático de Geometría Descriptiva de la Universidad Central -así se denominaba a la de Madrid- desde 1916, José Barinaga (1890-1965), catedrático de Análisis Matemático 1º de la Universidad Central desde 1931, Pedro Pineda (1891-1983), catedrático de Geometría Diferencial y de Geometría y Trigonometría de la Universidad Central desde 1933, Tomás Rodríguez Bachiller (1899-1980), catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central, un gran tertuliano y un matemático humanista según Antonio Rodríguez Huéscar (ver aquí) , Sixto Cámara (1878-1964), catedrático de Geometría Analítica de la Universidad Central desde 1935, Pedro González Quijano (1870-1958), profesor de Hidráulica e Hidrología de la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos de Madrid desde 1924, Blas Cabrera (1878-México 1945), catedrático de Electricidad y Magnetismo de la Universidad Central desde 1905, y rector de la Universidad Internacional de Verano de Santander desde 1934, Julio Palacios (1891-1970), catedrático de Termología de la Universidad Central desde 1916, Pedro Carrasco (1883-México 1966), catedrático de Física-Matemática de la Universidad Central desde 1917 o 1918 sustituyendo en ella a José Echegaray, y decano de su Facultad de Ciencias en los años republicanos, Honorato de Castro (1885-México 1962), catedrático de Cosmografía y Física del Globo de la Universidad Central desde 1920, Francisco Navarro Borrás (1905-1974), catedrático de Mecánica Racional de la Universidad Central desde 1930, José Sánchez Pérez (1882-1958), catedrático de Matemáticas en varios institutos desde 1908 -entre ellos el madrileño Instituto-Escuela adscrito a la JAE, del que este año conmemoramos su centenario- y relevante historiador de las matemáticas hechas en España, Pedro Puig Adam (1900-1960), catedrático de Matemáticas en el madrileño Instituto San Isidro desde 1926, el militar Vicente Inglada (1879-1949), geodesta y sismólogo de renombre internacional, un joven Sixto Ríos (1913-2008), profesor auxiliar del catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central Tomás Rodríguez Bachiller, el también joven Luis Santaló (1911-Buenos Aires 2001), recién regresado de Hamburgo donde había hecho estudios de doctorado con el geómetra Wilhelm Blaschke, Antonio I. Flores de Lemus (1876-1941), notable economista y catedrático de Economía Política de la Universidad Central desde 1920 y el también joven José Gallego Díaz (1913-Caracas 1965), quien dirigía desde 1932 la revista Matemática Elemental y era un activo divulgador de las matemáticas en las páginas del diario El Sol, como estoy destacando en este cuaderno de investigación.

Indudablemente uno de los méritos del joven catedrático Ricardo San Juan, -del que años después Sixto Ríos haría una sentida necrológica (ver aquí)-, fue sentar en torno suyo a matemáticos de diferentes ideologías y distintos grupos generacionales, que reaccionarían de muy diferente manera meses después cuando sobrevino el estallido de la guerra civil que produjo la desarticulación de un colectivo de matemáticos que se estaba esforzándose por internacionalizar su producción científica. Unos marcharon al exilio, como Pedro Carrasco, Honorato de Castro, Luis Santaló, otros serían figuras relevantes de las matemáticas producidas en la era de Franco, como Sixto Ríos.

 


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Rey Pastor hace un balance de la situación científica española y argentina en vísperas de la guerra civil

Julio Rey Pastor sello

 

En las primeras semanas de 1936 el matemático riojano Julio Rey Pastor (1888-1962) -uno de los líderes científicos de la generación de 1914-, quien desde 1921 tenía su base de operaciones en Buenos Aires, viajó a Italia para impartir conferencias en las universidades de Génova, donde fue presentado por Gino Loria (1862-1954) y de Padua y en el Instituto Matemático de la Ciudad Universitaria de Roma, que dirigía el profesor Gaetano Scorza (1876-1939).

De regreso a Sudamérica recaló en Madrid, donde tenía fuertes vínculos y numerosos discípulos. Uno de ellos era un joven matemático, al que ya hemos seguido en esta bitácora (ver aquí), que era en los meses previos al estallido de la guerra civil un asiduo colaborador del diario El Sol. Me refiero a José Gallego Díaz, padre de la actual directora del diario El País Soledad Gallego-Díaz, el cual decidió entrevistar a su maestro. Ese diálogo, publicado en las páginas de El Sol del sábado 11 de abril de 1936, pocos días después de la destitución del Jefe del Estado Niceto Alcalá-Zamora por el Parlamento surgido de las elecciones del 16 de febrero de 1936, nos ofrece información de interés sobre lo que opinaba un relevante científico, como era Julio Rey Pastor, de la situación de la ciencia que se hacía en España y la Argentina por aquella época.

Dado el interés documental de esta entrevista me permito transcribirla tal cual.

P. ¿En cuál parcela de las disciplinas científicas cree usted que el espíritu español ha marcado más honda huella en lo que va de siglo?

R. En las ciencias que pueden llamarse “geográficas”; esto es, en el estudio de nuestro solar, de nuestra historia, de nuestra raza. Nuestros naturalistas, primero, nuestros filólogos, después, nos han librado de la vergïenza de que los investigadores extranjeros tuvieran que descubrirnos y administrarnos nuestros bienes. La escuela de Bolívar, con su gran obra de catalogación, preparó el terreno para que los nuevos naturalistas puedan elevarse a otros planos de las ciencias naturales, siguiendo las huellas de Cajal, figura máxima y eternamente ejemplar de nuestra historia científica. La escuela de Menéndez Pidal, figura pareja en la escrupulosidad instrumental  y en el vuelo teorético, es también universalmente conocida y estimada, según tengo oido a grandes filólogos alemanes; la obra concienzuda de [Tomás] Navarro Tomás, la aguda crítica literaria de [Américo] Castro, los estudios medievalistas de Sánchez Albornoz y tantas otras figuras que han levantado la monumental “Revista de Filología”. La escuela de nuestros arabistas, cuya cumbre máxima es hoy la gran figura de Asín, encontró al fin la protección que merece tamaña empresa de descubrimiento de España. Empresa que justamente se inicia en los comienzos del siglo por obra de filósofos, ensayistas y literatos, cuyos nombres están en la mente de todos y que es la obra epónima del primer tercio ya vivido.

P. ¿Y cuál cree usted que debe ser la Empresa científica española en lo sucesivo?

R. Sin abandonar, claro está, los problemas de casa, es cuestión de honor nacional intensificar la incipiente colaboración en las ciencias “universales” para pensar en ellas y contribuir a sus progresos. Se ha comenzado, como es natural, con ejercicios experimentales, por cierto muy escrupulosos y meritorios, que acumulan valioso material para el futuro avance de la Física, Química y demás ciencias no racionalizadas: los progresos en este orden de actividad son enormes, y justo es rendir tributo a Cabrera, (1878-1945), Palacios (1891-1970) y Moles (1883-1953),  sus principales propulsores en Madrid, sin olvidar a Emilio] Jimeno [Gil] [1886-1976], que en Barcelona realiza meritísima labor orientada hacia la técnica.

Es de esperar que las generaciones así adiestradas en la experimentación cuidadosa han de colaborar pronto en la construcción de la Física, esto es, en la formulación de leyes, descubrimiento de fenómenos y aun quizá en las grandes concepciones teóricas que caracterizan el momento actual. Hasta ahora creo que el único descubrimiento experimental ha sido el de los multipletes del espectro realizado por [Miguel] Catalan (1894-1957) en Inglaterra.

P. ¿Y cree usted que llegaremos a los descubrimientos y a las creaciones teóricas?

R. Es ley natural de evolución, y todo es cuestión de tiempo. Cuando fundé el Laboratorio de Matemáticas, a petición de la Junta para Ampliación de Estudios, hubo que comenzar con trabajos de investigación matemática experimental, que exigiesen muchos aparatos; primero, por ser cuestiones que requieren más paciencia que genio, y permiten hasta a los más torpes imprimir mucho papel, justificando ante el Estado los dineros gastados; después, para satisfacer a las autoridades de la institución, impregnadas, como es natural, del espíritu positivista dominante en el siglo XIX, que rendía culto fetichista al vidrio y al metal. Al cabo de los años tales aparatos han sido arrumbados, pues hay ya un núcleo de jóvenes que colaboran en el movimiento universal de la Matemática teórica con aportaciones que todavía no tienen gran trascendencia; pero ya son tomadas en consideración a la par de otros trabajos que se producen en todo el orbe culto.

P. ¿Cuáles son las figuras sobresalientes en esta generación de investigadores?

R. No hay incoveniente en citarlas en el orden cronológico de su aparición en nuestro firmamento, antes tan nublado: [Ricardo] San Juan (1908-1969), que ya lleva publicadas interesantes comunicaciones en revistas internacionales; Flores, cuyos ingeniosos métodos topológicos tienen gran exito entre los especialistas, [Sixto] Ríos, (1913-2008)  que ha completado un importante capítulo de la hiperconvergencia; [Lluis] Santaló (1911-Buenos Aires 2001), cuyas aportaciones a la novísima geometría integral merecen altos elogios de Blaschke; el catalán [Pere] Pi Calleja (1907-1986), de la escuela de Terradas y Torroja, que se ha iniciado con una estimable nota en acreditada revista alemana (1), y de quien esperamos óptimos frutos.

P. ¿Qué valor relativo tiene este progreso respecto del realizado en otras ciencias?

R. Alejado definitivamente de la Universidad española, por resolución ministerial, y convertido en predicador ambulante por el viejo y el nuevo mundo, vida plenamente internacional que me mantiene en contacto con hombres de ciencia de países diversos y especialidades varias, creo gozar de la lejanía necesaria para abarcar amplio horizonte y poder comparar hombres y cosas sin los errores de perspectiva que ocasiona la cercanía.

Quien se coloque así, en plano de imparcialidad, verá lo que en el momento actual representa la producción científica española de mas alta envergadura, a pesar de su modestia; sin dejar de reconocer el valor que tienen los experimentos de comprobación y rectificación de resultados ajenos o su extensión a casos análogos más o menos difíciles, dirección que también convendría fuese seguida por algunos jóvenes matemáticos.

P. Usted que conoce como nadie el mundo científico suramericano, ¿estima la producción actual de allá comparable con la nacional?

R. Nota característica de toda juventud sana es la ambición, y lógico es que la juventud de un país joven lo sea doblemente; los noveles investigadores de los paises suramericanos quieren estrenarse con un disparo de tan largo alcance, que casi siempre yerran el tiro sin dar en blanco alguno. Muchos debutan, no con la resolución de un problema concreto, sino con la creación de una teoría, empresa mucho más lucida y a la par menos comprometida, sobre todo si no sirve para nada concreto. Hay, sin embargo, en Buenos Aires y La Plata algunos jóvenes laboriosos, que conocen y manejan la matemática con fruto estimable, aunque no proporcionado a sus ilusiones. La generación anterior, llamada de la Reforma de 1918 (que consistió en desalojar a los viejos caciques para ocupar sus puestos), se ha dedicado a la política universitaria y a la divulgación de conocimientos; confiamos en que la nueva generación, a pesar del ambiente mefítico para la investigación desinteresada que ha creado el absurdo sistema de elecciones académicas, único en el mundo, y a pesar de las trabas que habilmente le ponen quienes temen ser superados, logre realizar obra más estimable y duradera.

A este interesante diálogo entre dos matemáticos españoles que realizarían el grueso de su obra en tierras americanas añadió la siguiente coda el entrevistador, pocos meses antes de comprometerse activamente con el bando republicano durante la guerra civil. En efecto José Gallego Díaz finalizó su artículo-entrevista a Julio Rey Pastor rindiendo un pequeño homenaje a ese “predicador ambulante” de las matemáticas modernas.

“Nos despedimos del eximio maestro, cuyos ojos se iluminaron de alegría mientras nos hablaba del actual renacimiento de la matemática española. Y nosotros conmemoramos aquí su gesto magnífico, iniciado hace más de veinte años, cuando, al remontarse en vuelo aquilino sobre las llanuras desoladas y yermas, sembró con viva fe, entre las dudas y los recelos de siempre, el germen inmortal de las inquietudes superiores”.

J. GALLEGO DÍAZ

 

(1) Posiblemente se refiera al trabajo titulado “Über die Konvergenzbedingungen der komplexen Form des Fourierschen Integrals”, en Mathematische Zeitschrift, 40 (1935), págs. 349-374.