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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal

Desde Valldemosa Mateo Obrador presenta en 1901 a un profesor innovador

2 comentarios

El domingo 3 de marzo de 1901 se encontraba en Valldemosa el notable erudito balear Mateo Obrador y Bennassar (Felanitx, Mallorca, 1852-Palma, Mallorca, 1909). Este archivero de la Diputación de Mallorca era un experto en la obra del gran pensador medieval Ramón Llull, y un animador de la vida cultural mallorquina a través de múltiples iniciativas como su activa implicación en la publicación Museo Balear de Historia y Literatura, Ciencias y Artes, También tenía a su cargo la educación de los hijos del mecenas de artistas y científicos el archiduque Luis Salvador de Austria-Toscana, que residía cerca de Valledemosa en el palacio de Miramar, donde siglos antes había vivido Raimundo Lulio. Como poeta romántico fue autor de poemas tan apreciados como “La roqueta”.

Mateo Obrador y Bennassar

En ese paraje de tantas resonancias en el romanticismo europeo, al haber residido en él Chopin y George Sand durante el invierno de 1838-1839, Mateo Obrador firmó el prólogo de un folleto titulado

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Estudio sobre la enseñanza de la geografía,  cuyo autor era el profesor Rafael Ballester y Castell, (1872-1931), de una familia de propietarios de Andratx, y que le permitió probablemente ser elegido, por concurso, profesor auxiliar supernumerario de la sección de Letras del Instituto Baleares de enseñanza secundaria de Palma de Mallorca, función que desempeñaría desde enero de 1901 hasta marzo de 1903.

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En este folleto, según su prologuista, se hacía una “sucinta exposición de los avances que en el último tercio del pasado siglo ha logrado la enseñanza geográfica especialmente en Francia” y daba una idea “de la ventaja que nos lleva en tal materia nuestra más próxima vecina, habiendo también otros países que preceden acaso a la patria de Levasseur, Cortambert y Dussieux en los perfeccionamientos aplicados a la metodología geográfica”.

El libro “muy digno de atención y muy recomendable” era considerado como un estudio “preliminar o punto de partida de otros que podrán subseguirle y completarlo”. De hecho así ocurrió pues este folleto terminado a finales de 1900 sería el germen de la tesis doctoral “Investigaciones sobre metodología geográfica” que defendió en Madrid Rafael Ballester el 14 de diciembre de 1907 y que se publicaría al año siguiente, considerándose un aporte sustantivo  a la renovación de la enseñanza de la geografía, como han planteado Miquel Company y Florit y Alberto Luis Gómez.

¿Por qué el erudito balear Mateo Obrador, desde 1900 director técnico de la comisión editora luliana, y como tal impulsor de la edición de las obras catalanas de Ramón Llull, comprometió su firma en la presentación de un aparente modesto texto, de 37 páginas que se vendía a 1,50 pesetas, editado en Palma en la tipografía de Felipe Guasp, perteneciente a una familia de importantes impresores mallorquines, a los que Miquela Forteza Oliver ha dedicado una tesis?

Por razones varias: políticas y culturales. Al estar dedicado al conde de Romanones, justo tres días antes de que este dirigente del partido liberal tomase posesión de la cartera de Instrucción Pública y Bellas Artes, parecía hacer un guiño a uno de los políticos más dinámicos de principios del siglo XX. El conde de Romanones sería el sustituto de Antonio García Alix, el primer político que se hizo cargo de esa cartera, creada por real decreto de 18 de abril de 1900. Ambos fueron fundamentales en la puesta en marcha del gran proyecto cultural del Catálogo monumental de España, como he señalado en mi estudio sobre su impulsor: el destacado historiador y político liberal granadino Juan Facundo Riaño.

Pero sobre todo Mateo Obrador quería presentar en sociedad a un profesor joven en el que los elementos reformistas de la sociedad mallorquina tenían al parecer depositadas esperanzas, y destacar un producto que tenía en el ámbito pedagógico méritos diversos, como los siguientes.

Significaba en el terreno de la enseñanza y educación escolares un paso adelante para “elevar el nivel de nuestra deficiente y rezagada cultura nacional” en un momento  en el que “nuestra enseñanza pública en todos sus órdenes -y la privada también, como imagen y reflejo de aquélla- anda necesitada de mejoras”.

Era un destello esperanzador en un panorama sombrío en el que el grueso del profesorado oficial se dedicaba a “proseguir y vegetar año tras año, entre curso mermado y prolongada vacación, aceptando pasivamente los efímeros reales decretos, las estériles e inestables reformas, el desdichado y caprichoso tejer y destejer que el movedizo Ministerio y su hijuela sumisa, la Dirección General, inculcan e imponen desde las columnas de la Gaceta”.

Expresaba la existencia de un “radical espíritu de renovación y avance”, en el profesorado, cuyos integrantes deberían ejercer más como educadores que como instructores, no indiferentes a “la delantera que nos llevan otros países más prósperos y mejor orientados que el nuestro en punto a enseñanza profesional”.

Contribuía a incrementar las fuerzas de los elementos reformistas del profesorado, jóvenes en su mayor parte, quienes no estaban interesados tanto en “mostrar su disconformidad con el actual estado de cosas” como en buscar remedios eficaces al estancamiento educativo mediante una doble vía: poniendo en acción “su original y propio criterio innovador” o adoptando “el ejemplo ajeno, aceptando y haciendo suyas las mejoras y tentativas de renovación, ya formuladas y planteadas en los países que nos aventajan en cultura”.

Entre esos profesores jóvenes reformistas se encontraba el “distinguido y estudioso colega” del prologuista, Rafael Ballester, definido de esta manera por Mateo Obrador:

“En los albores de su carrera profesional ha dado y sigue dándonos a menudo significativas pruebas de que no intenta formar en las filas de los que aceptan como buenos los cánones y practican dócilmente los planes de la pedagogía oficial; sino que conociendo las deficiencias o el rutinarismo que los informa; tiende la vista más allá, y comparando lo de aquende con lo de allende, aporta por de pronto, como contribución a la obra de cultura nacional, el fruto de sus investigaciones y lecturas”.

Por aquel entonces, en efecto, Rafael Ballester ya había publicado, con una traducción suya, prólogo y notas, el libro de Hipólito Taine, Ensayos de crítica y de historia: España en 1679, y tenía en prensa Al día: artículos científicos, pedagógicos, críticos y de polémica, con un prólogo de Leopoldo Pedreira Taibo, catedrático de Geografía e Historia en el Instituto de Cuenca, entre 1899 y 1906.

Mateo Obrador se congratulaba asimismo de que el Estudio sobre la enseñanza de la geografía de Rafael Ballester era una aportación sustantiva a la literatura regeneracionista que se estaba produciendo en el país al girar en torno a la educación científica de los jóvenes:

“Buena obra y altamente patriótica realizan cuantos, como el sr. Ballester, dedican su talento y sus esfuerzos, a mejorar los sistemas de enseñanza, en beneficio y mayor fruto práctico de la generación escolar que sube. Si nuestro añejo atraso, agravado y evidenciado por recientes desastres y desdichas, ha puesto en boca de todos la clamorosa voz de regeneración nacional, no cabe duda de que una parte principalísima de esta anhelada regeneración estriba y gira sobre el eje de la educación científica que nuestras Universidades, Institutos y Escuelas acierten a dar a los jóvenes de hoy, a los hombres de mañana”.

Echó  en falta Obrador que la última parte del estudio de Ballester fuese demasiado lacónica pero le reconocía un “templado criterio pedagógico” pues al “señalar por vía de conclusión o corolario lo que cabría hacer e innovar respecto a la materia de que se trata, se atiene y limita a lo que conceptúa posible, habida razón de lo existente, y demarca la línea divisoria, muy difícil de borrar toda de una vez, entre lo que debiera y lo que de momento y gradualmente puede ser la enseñanza de la Geografía en nuestras escuelas e institutos públicos y privados”.

Obrador vaticinaba que ese profesor innovador del Instituto de Palma de Mallorca sería un futuro catedrático. No se equivocó en su predicción pero Rafael Ballester no obtendría su cátedra de instituto hasta 1910 tras diversas vicisitudes que abordaremos en otras entradas del este blog. Poco después de obtener su cátedra de instituto lograría allá por septiembre de 1911 una pensión o beca de la JAE para trasladarse nueve meses a Francia y Bélgica con el fin de realizar estudios de geografía e investigaciones histórico-bibliográficas. A su vez su mentor Mateo Obrador y Bennassar obtendría en 1908 una pensión del Institut d’Estudis Catalans para viajar a Munich con el objetivo de transcribir el manuscrito de la novela de Ramón Llull Blanquerna, deteniéndose a su regreso en Milán para trabajar en el manuscrito del Llibre de contemplació.

Autor: Leoncio López-Ocón

Historiador. Investigador del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Madrid.

2 pensamientos en “Desde Valldemosa Mateo Obrador presenta en 1901 a un profesor innovador

  1. Veo que sigues con la investigación sobre la enseñanza. En estos momentos, sobre todo, los maestros y profesores en general se merecen un blog como éste donde se les reconozcan sus méritos. Enhorabuena Leoncio
    Julia

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