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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Matemáticas y elecciones: la imperfección de la ley D’Hondt según Fernando de los Ríos en El Sol 16 febrero 1918

El Sol del sábado 16 de febrero de 1918, a ocho días de una cita electoral para elegir los diputados del Congreso, concedió gran importancia a esas elecciones.

En su portada se editorializaba sobre un artículo publicado el día anterior por Pablo Iglesias en las páginas de El Socialista y el periodista Mariano de Cavia firmaba un artículo sobre el sufragio femenino que era un alegato para que las mujeres españolas tuviesen plena capacidad para usar sus derechos políticos como acababa de suceder en la Gran Bretaña donde se acababa de conceder el derecho al voto a seis millones de ciudadanas británicas.

Más adelante los corresponsales del diario hacían un balance de cómo sería la lucha electoral en los distritos de las provincias de Granada, donde el catedrático Fernando de los Ríos se presentaba por la circunscripción de Granada capital como sociólogo independiente con pocas posibilidades de éxito; Salamanca, en cuya capital los elementos de las izquierdas presentaban como candidato al ex-rector de la Universidad Miguel de Unamuno; y Pontevedra, cuya provincia,  según el corresponsal del diario , “sigue siendo -como dijo Maura- un territorio todavía no incorporado a España para los efectos políticos”, ya que “la oligarquía se adhiere al mando con más firmes tentáculos que en ninguna otra comarca española”.

El Sol Derecho y Legislación

Dado ese ambiente electoral no ha de extrañar que en la sección Derecho y Legislación su responsable el ya mencionado catedrático de la Universidad de Granada, y candidato electoral por esa ciudad, Fernando de los Ríos (n.1879) firmase el artículo “En torno al sufragio. El derecho electoral y la democracia” en el que abordó dos cuestiones, de palpitante actualidad en la España de hoy en día, cien años después de este artículo de Fernando de los Ríos.

En primer lugar trazó una historia de la implantación del sufragio universal moderno a lo largo del siglo XIX, recordando a sus lectores que en España se puso en vigor de manera definitiva por la ley de 26 de junio de 1890.

Y en segundo lugar planteó las soluciones que se habían adoptado sobre la participación de las minorías y la representación proporcional dado que la admisión del criterio mayoritario como criterio electoral decisivo, dejaba sin representación a las minorías, por numerosas que fuesen. De ahí que en 1855 un ministro danés que era también un gran matemático, Andrae, expuso y llevó a la legislación el sistema de la representación proporcional, atendiendo al cociente electoral que Fernando de los Ríos explica así:

El elector, según esta ley, vota mediante una lista en que inscribe, por orden de preferencia, los nombres de los candidatos, hasta llenar el número de los que se eligen en aquel colegio. Concluida la votación, el presidente divide el número de los votos emitidos por el de diputados que corresponde elegir, y obtenido así el cociente, va leyéndose en las papeletas los primeros lugares, hasta que alcancen el cociente electoral los en ella inscritos, y después se hace otro tanto con los colocados en segundo lugar, etc.

A principios del siglo XX ese cociente electoral -o cifra repartidora- se estableció según el método establecido por el jurista y matemático belga Víctor d’Hondt (1841-1901) que consiste en dividir los votos de cada una de las diferentes listas sucesivamente por 1, 2, 3, 4, 5, etc. y luego ordenar los cocientes de mayor a menor y asignar en ese orden los escaños disponibles.

Victor d´Hondt,

Para mostrar la imperfección de esta fórmula Fernando de los Ríos la aplicó a la circunscripción de Madrid capital donde en las elecciones que se celebrarían el 24 de febrero de 1918 se elegirían 9 diputados, a elegir entre cinco supuestas candidaturas electorales, cuyo apoyo electoral De los Ríos estimó de la siguiente manera: Coalición de las izquierdas: 35 mil votos; Unión monárquica: 26 mil votos; Partido liberal romanonista: 12 mil votos; Acción social: 8 mil votos; Centro de Hijos de Madrid: 7.500 votos. Aplicando la fórmula d’Hont a esos resultados se obtenía la siguiente adscripción de escaños:

El Sol 16 febrero d'Hondt

La conclusión que extrae Fernando de los Ríos de ese resultado es la siguiente:

He ahí los nueve cocientes superiores y la proporcionalidad de su representación. Como se ve, hay una imperfección manifiesta aun en esta fórmula. Si un sistema de escrutinio es siempre, como justamente cree el profesor italiano Enríquez, una convención aritmética por la cual se miden las fuerzas sociales en presencia, no hay duda de que la medición se hace de modo tan rudo todavía, que desprecia cantidades de importancia. Muchas otras cuestiones suscita la representación proporcional, mas de ellas y de otras trataremos otro día.

La sección se complementaba con un apartado dedicado a reseñas y noticias de libros y revistas, del que se encargaba Pablo de Azcárate (n. 1890),  quien sí sería elegido diputado en las inminentes elecciones, integrando una candidatura republicana en la circunscripción de León capital. Azcárate reseñó los siguientes artículos: “De las modificaciones realizadas durante la guerra en el derecho de opción de los hijos de extranjeros, nacidos en Francia” de Eugene Audinet en el Journal du Droit international; “Del valor contractual de la firma de Alemania al pie del futuro Tratado de paz”, del Journal des Debats de 23 de junio 1917; “El torpedeo de navíos hospitales por los alemanes”, del Journal du Droit international; “Creación de una organización oficial para determinar y repartir las indemnizaciones que deben exigirse a Alemania y sus aliados, en favor de los prisioneros de guerra víctimas de violaciones de las leyes de la guerra y el derecho de gentes”, del Journal du Droit international.

En el aspecto educativo la noticia más destacada que ofrecía el ejemplar de El Sol del 16 de febrero de 1918 era la difícil situación económica que atravesaba el Instituto de Cartagena, dependiente económicamente de su Ayuntamiento, y en el que por falta de fondos de este los profesores del Instituto llevaban varios meses sin cobrar por lo que solicitaban que ese centro docente pasase a depender directamente del Estado. La difícil situación económica del ayuntamiento cartagenero se debía a que había tenido que saldar una deuda contraída con la Diputación de Murcia, que revelaba las tensiones existentes entre las dos ciudades y sus fuerzas políticas según decía el corresponsal de El Sol:

El hecho, ocurrido en vísperas de elecciones, va a repercutir en el resultado de las mismas. Es la Diputación de Murcia conservadora y obediente, por lo tanto, al caciquismo conservador. Los aprietos en que ha puesto al Ayuntamiento de Cartagena son obra de hombres de esa política. Y Cartagena se prepara a darles briosamente la batalla en las urnas, como represalia por esa situación desafortunada en que queda la ciudad y el entredicho en que se ha puesto a su Ayuntamiento, que no puede satisfacer sus obligaciones.

 

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Ortega sociólogo, el ácido nítrico y la Escuela industrial de Buenos Aires en El Sol 15 febrero 1918

 

Ortega retrato por Joaquín Sorolla--philip-roth-philosophy

Retrato de José Ortega y Gasset por Joaquín Sorolla

En la primera página de El Sol del viernes 15 de febrero firmaba José Ortega y Gasset (n. 1883) una de sus habituales colaboraciones en ese diario, que fue una de sus empresas políticas como analizara hace años Gonzalo Redondo. En esa ocasión el artículo que firmaba se titulaba “Hacia una mejor política. Un poco de sociología“, en el que citaba  Civilización primitiva de Taylor, refiriéndose probablemente a una traducción al castellano de la obra clásica de la antropología Primitive culture del británico Edward Taylor (1832-1917), publicada en 1871. El artículo se iniciaba con esta reflexión:

Uno de los fenómenos más extraños que la Historia presenta, es la tolerancia de los hombres para la perduración de instituciones políticas reconocidamente ineficaces. Todos estamos de acuerdo en que este o el otro organismo nacional no sirve ya para cumplir su misión; parecería natural que inmediatamente se le sustituyese o modificase; cuando menos, que meditásemos con toda urgencia su relevo. Sin embargo, no solemos hacer esto. Al contrario, sentimos vagamente la impresión de que aquel organismo es, como el rocío o la marea, un hecho cósmico irremediable.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

La última página del diario se cerraba ese día con la sección semanal dedicada a la Ingeniería y Arquitectura. En ella su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “La formación sintética del ácido nítrico. Proceso teórico“, cuyos objetivos los planteaba de esta manera:

Al coger hoy la pluma para continuar nuestra interrumpida charla sobre la oxidación del nitrógeno atmosférico y ulterior formación del ácido nítrico, nos hallamos verdaderamente perplejos; y es que resulta difícil explicar sin aparato técnico lo que ocurre cuando la mezcla de nitrogeno y oxígeno, que constituye el aire atmosférico, se pone en contacto con el arco eléctrico, cuya temperatura media es de unos 3.600 º centígrados. Aun para los versados en la química aparece un tanto velado lo que allí ocurre, y los mismos sabios no están acordesm ni mucho menos, al apreciar los variados detalles que acompañan al fenómeno fundamental producido dentro del horno eléctrico. En la marcha general del fenómeno y resultados finales, sí existe la uniformidad de pareceres, y a esas líneas generales y resultancias acomodaremos nuestro relato.

Junto a ese artículo aparecía una amplia noticia sobre la Escuela Industrial de Buenos Aires, basada en su Memoria del curso 1916-1917, redactada por su director el ingeniero Eduardo Latzina (n.1874). En esa Escuela, que es la que hoy se llama Otto Krause, cuyo plan de estudios y organización, hacía pensar en un “tecnicum” alemán o suizo más que en una escuela de habla española, se cursaban cuatro especialidades: mecánica, eléctrica, química y construcciones.

Su “soberbio” edificio – como se aprecia en la siguiente tarjeta postal, – se había inaugurado en 1909 cuando Buenos Aires ya tenía casi 1.250.000 habitantes. Estaba emplazado, no tanto en la calle de Chile, como se dice en El Sol, sino en Paseo Colón, entre México y Chile, vereda este, y disponía de amplios y bien dotados laboratorios y talleres.

Escuela_Industrial_de_la_Nación_(ca._1910)

Pero por detrás de tan hermosa fachada también existían problemas. Refería en su memoria el ingeniero Latzina que para engrandecer la industria argentina había tratado de implantar la enseñanza de la cerámica, recogiendo  y analizando en sus laboratorios más de 150 muestras de tierras provenientes de todas las regiones de la República; que había construido un torno de alfarero y una pileta para el lavado de las tierras, y que había instalado un pequeño horno para fabricar objetos de loza. Pero cuando iban a comenzar los ensayos fueron declarados cesantes el jefe del taller y el químico nombrados para esas enseñanzas.

La lectura de esa frustrada iniciativa tecnológica le hizo recordar al anónimo comentarista de El Sol probablemente el mismo Federico de la Fuente otros pintorescos desaguisados hechos en España. Y entonces nos dice lo siguiente, trasladándose de la Argentina a nuestro país para denunciar las corruptelas de ciertos jerifaltes del partido liberal como Julio Burell (n. 1859).

En cierta ocasión quisieron los fabricantes de Béjar tener un buen profesor de tintorería en la escuela de su ciudad, a cuyo efecto ofrecieron al Gobierno pagar un sobresueldo al catedrático  y contribuir, con dinero y elementos de trabajo, a los gastos de material. Pero el señor ministro nombró a un su amigo (para eso dijo que estaba en el ministerio, para dar “cosas” a los amigos), de tan supina ignorancia, que apenas tomó posesión de su cátedra, retiraron los fabricantes sus ofrecimientos y su dinero, y los alumnos desertaron en masa.

El conflicto lo resolvimos de un modo sencillo y admirable. No se admitió matrícula en la clase de tintorería, al profesor ignorante se le envió, ascendido, a disparatar en otra escuela y al despreocupado ministro lo hicimos presidente del Consejo y jefe del partido liberal.

Y casi al mismo tiempo que se desbarataba la enseñanza de cerámica en la Escuela Industrial de Buenos Aires, cuando todas las naciones civilizadas procuraban ampliar los estudios prácticos a costa de los puramente especulativos, suprimía Burell de un plumazo la cátedra de Motores hidráulicos y máquinas de vapor de la Escuela Industrial de Madrid (donde era profesor Federico de la Fuente), y creaba en su lugar una de Derecho vigente para regalarla, en amañado e ilegal concurso, a un político profesional.

Publicaba también esa sección una amplia selección de reseñas de libros y revistas, entre las que cabe destacar los siguientes artículos: “Máquinas térmicas” del capitán H. Riall Sankey en The Journal of the Institution of Mechanical Engineers, “La tracción eléctrica con acumuladores” del ingeniero Vallauri publicada en Giornale del Genio Civile el 31 de octubre de 1917; “Las carreteras militares en tiempos de guerra”, de William D. Sohier, que era el presidente de la Comisión de Carreteras del Estado de Massachusetts, publicado en Engineering News Record el 13 diciembre 1917; “Las bases científicas del racionamiento” en Nature, enero 1918; “El problema de la construcción de casas” por el ingeniero inglés William Walker en The Surveyor. The  Municipal and County Engineer, 18 enero 1918.