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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Los profesores del Instituto-Escuela en noviembre de 1925 y el recuerdo de sus alumnos en el exilio mexicano

En octubre de 2009 el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza publicó mi reseña del libro de Encarnación Martínez Alfaro Un laboratorio pedagógico de la JAE. El Instituto-Escuela sección Retiro de Madrid, editado por Biblioteca Nueva, y elaborado en el marco del programa de I+D CEIMES que coordiné entre enero 2008 y junio 2012.  Tanto en esa reseña, como en otra efectuada por Clara Eugenia Núñez, se señalaron los numerosos aciertos de esa obra en la que se reconstruye el gran proyecto educativo del centro piloto creado por la Junta para Ampliación de Estudios para formar profesores que dinamizasen el sistema educativo español en el ámbito de la enseñanza secundaria.  Teniendo como horizonte la educación integral de los alumnos, el Instituto-Escuela introdujo los principios de la pedagogía europea al incorporar a la enseñanza una metodología activa, una formación científica y los idiomas modernos: inglés, francés y alemán. Muchas de las iniciativas que puso en marcha el Instituto-Escuela –ignoradas u olvidadas durante mucho tiempo– tienen plena vigencia en la actualidad como puede apreciar cualquier observador del legado de esa experiencia educativa que se conserva actualmente en el edificio histórico del Instituto de Enseñanza Secundaria Isabel la Católica. Así lo apreció Manuel Martínez Bargueño, autor del interesante post “Siguiendo las huellas del Instituto-Escuela

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A continuación ofrezco un documento, procedente de los extraordinarios fondos del Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, que permite adentrarse en las interioridades del funcionamiento de esa singular experiencia educativa cuando estaba atravesando un momento difícil tras el inicio de la dictadura de Primo de Rivera, y pendía sobre ella la amenaza de su disolución.

En él se informa de los salarios que cobraba el cuerpo de profesores del Instituto-Escuela de Segunda Enseñanza en noviembre de 1925 según informe enviado por el profesor delegado, el matemático e historiador de la ciencia José A. Sánchez Pérez al presidente de la JAE Santiago Ramón y Cajal. Como se podrá observar, en efecto, los profesores de idiomas eran varios y estaban bien remunerados. Así mismo existía un buen contingente de profesores encargados de promover la enseñanza artística y los trabajos manuales en los dos centros que tenía el Instituto-Escuela, ubicados por aquel entonces en la madrileña calle Miguel Angel  y en los altos del Hipódromo, cerca de donde está actualmente el Instituto Ramiro de Maeztu.

Se visualiza de esta manera el esfuerzo de  fortalecer una educación “integral”, armónica entre la teoría y la práctica, entre  el cultivo de las humanidades y de las ciencias, entre el pensar con el cerebro y el ejecutar con las manos, que movilizó a todos los impulsores de ese experimento educativo, cuya huella sigue presente en nuestros días. A destacar además la cualificación profesional de este singular colegio de profesores que se presenta a continuación, de varios de los cuales Encarnación Martínez Alfaro ofrece información biográfica en el libro mencionado y en el portal CEIMES en la sección correspondiente a profesores del IES Isabel la Católica, descendiente de aquel Instituto-Escuela.

– El salario de los 12 catedráticos, que habían sido comisionados a ese centro educativo, tras haber sido elegidos por la JAE, era el siguiente:

José A. Sánchez Pérez  (1882-1958) y Samuel Gili Gaya (1892-1976)   ganaban 508, 33 ptas.

Francisco Barnés Salinas (1877-1947), Federico Gómez Llueca (1889-1960),  Julio Carretero GutiérrezAntonio Marín Sáenz de Viguera (1889- ), José Vallejo Sánchez (1896-1959),  Andrés León Maroto (1893- ) y Miguel A. Catalán Sañudo (1894-1957)  333,33 ptas.

Segundo Espeso Miñambre: 208,33 ptas

Martín Navarro Flores (1871-1950) 125,00 ptas.

– La remuneración de los 10 profesores de lenguas (7 mujeres y 3 hombres) era más elevada con el siguiente orden:

Mr. Enrique D. Philips 632,00; Mlle. Odette Boudes 532,00; Mlle. Jeanne Stouque 508,00; Miss Elise Moore 456,00; Mr. Oswald Jahns 444,00; Fr. Agnes Sagan 408,00; Miss Barbara Finlay 348,00; Fr. Anna Sandler 208,00; Mlle. Annette Bertaux 168,00; Mr. Eduardo Surmely 75,00 ptas.

– Respecto a los responsables de los trabajos manuales y artísticos había una notable diferencia en la remuneración de sus tres directores y de sus diecieséis encargados.

El salario de los tres directores era el siguiente: Rafael Benedito Vives (1885-1963)  448,00; Josefa Quiroga Sanchez-Fano 428,00 y Jacinto Alcántara Gómez (1901-1966) 388,00 ptas.

El de los dieiciséis encargados (9 mujeres y 7 hombres) tenía la siguiente escala: Srta. Josefina Mayor Franco 276 ptas; Srta. Mª Luisa Garcia Sainz  y D. Francisco Benítez Mellado 228 ptas; María Quiroga Sanchez-Fano y Antonia Quiroga Sanchez-Fano 216 ptas; Antonio Roselló Vidal 204 ptas; María Datas Gutierrez 168 ptas; Aniceto García Villar 156 ptas; Carlos Gomez Hernandez, Emeterio Valiente García, Lorenzo Gascón Portero  y Pilar Fernández Aguilar 144 ptas; Isabel Rodrigo Sánchez-Contador 132 ptas; Eladia Caneiro Mayor y Filomena Alvarez Diaz Ufano 120 ptas y Alfonso Rojas Gómez 80 ptas.

En cuanto a los aspirantes al magisterio que daban sus clases orientados por los catedráticos y que formaban el contingente mayor del profesorado del Instituto-Escuela sus remuneraciones eran estas según las diferentes secciones en las que estaban encuadrados:

Sección de Naturales: (8 hombres y 1 mujer): Srta. Maria Rioja lo Bianco y Pedro Aranegui Coll 188 ptas.; Julian Alonso Rodriguez y Santiago Blanco Puente 156 ptas.; Rafael Candel Vila (1903-1976) 148 ptas:; Francisco Carreras Lorenzo y Mariano García Martínez 132 ptas; Miguel A. Junquera Muné 108 ptas y Juan Gomez Menor Ortega 56 ptas.

Sección de Geografía e Historia (6 hombres y 4 mujeres): Concepción Muedra Benedito 254 ptas.; Luis Brull de Leoz 216 ptas.;  Juan de Mata Carriazo (1899-1989) 206 ptas.; Manuel Sorá Boned 180 ptas.; Felipa Niño Mas 160 ptas.; Socorro Gonzalez Madrid y José Camón Aznar (1898-1979) 120 ptas.; José María Igual Merino 96; Manuel de Terán Alvarez (1904-1984) 80 ptas. y Maria Elena Gomez Moreno (1911-1998) 70 ptas.

Sección de Lengua y Literatura Castellana (3 hombres y 2 mujeres): Maria Monzón Casión 276 ptas.; Cesar Arias Herrero 220 ptas. ; Alfredo Malo Zarco (1897-1963) 156 ptas.; Matilde Martín González 132  ptas. y Luis Alcubilla Pintado 74 ptas.

Sección de Filosofía (2 hombres):  Perfecto García Conejero 94 ptas. y Manuel Heredero Perez 82 ptas.

Sección de Físico-Químicas (8 hombres): Manuel Mateo Martorell 140 ptas. ; Fernando Montequi y Diaz de Plaza 120 ptas. ;  Delio Mendaña Alvarez y José Beato Pérez 108 ptas.; Rafael Alvarez Martín 92 ptas.; Faustino L. Cuadrado Gonzalez 84 ptas. ; Eugenio Muñoz Mena 76 ptas. y Julio Segura Calbe 56 ptas.

Sección de Matemáticas (6 hombres y 1 mujer):  Mª Carmen Martínez Sancho 152 ptas.; Joaquin Abejar Barberán y José M. Gimenez Giron 132 ptas.; Olimpio Gomez Ibañez 128 ptas.; Cesar Rodríguez Baster 124 ptas.;  Secundino Rodriguez Martin 78 ptas. y Desiderio Sirvent Lopez 56 ptas.

Sección de Lengua y Literatura clásicas (2 hombres): Clemente Hernando Balmori (1894-1966) 176 ptas. y Bienvenido Martin Garcia 84 ptas.

Además de los profesores la administración del Instituto-Escuela se hacía cargo del salario del servicio médico que estaba a cargo de Luis Calandre Ibáñez (1890-1961)  al que se le remuneraba con 150 ptas, y de la administración a cargo de Victoria Kent Siano (1889-1987) que cobraba 300 ptas y de Rosa Herrera Montenegro que recibía 250 ptas.

En total el salario mensual de los 87 integrantes del staff de las dos sedes del Instituto-Escuela de Madrid allá por noviembre de 1925 ascendía a  17,792,30 ptas.

Años después -el 7 de junio de 1961- un grupo de sus alumnos se reuniría en su exilio mexicano para evocar los resultados obtenidos por aquel singular ensayo pedagógico y agradecer a sus maestros,  -particularmente los que habían fallecido en México,  Francisco Barnés en 1947 y Martín Navarro en 1950- todo lo que les habían enseñado. Los testimonios de Germán Somolinos (1911-1973), Daniel Tapia (1909-1985), Enrique Díez Canedo y Bernardo Giner de los Ríos (1888-1970) nos acercan con diversos estilos al luminoso y creativo ambiente en el que se formaron en el Madrid de los años 1920 gracias a la acción pedagógica de un sólido equipo de profesores, cuya labor merece ser recuperada. Sus reflexiones merecen ser leídas y el lector curioso las tiene accesibles en este enlace.

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Una original Geografía de España de Rafael Ballester y Castell publicada en Girona en 1916

portada Geografia de España 1916 Ballester

Tras haber disfrutado de una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas el mallorquín Rafael Ballester y Castell, cuyas huellas estamos rastreando en parte en esta bitácora, se instaló en la ciudad catalana de Girona donde fue por varios años catedrático de Geografía e Historia  de su Instituto Provincial, que es actualmente el Institut d’Ensenyament Secundari Jaume Vicens Vives

De la amplia labor llevada a cabo en sus años gerundenses por Rafael Ballester y Castell, entre cuyos alumnos se encontró precisamente Jaume Vicens i Vives, me fijaré en esta ocasión en su edición, en la imprenta y librería de la viuda e hijo de José Franquet, de una singular Geografía de España. Publicada originalmente en 1916, aún se seguiría editando en los años de la Segunda República, ya fallecido su autor.

La importancia de este manual radica en diversos factores que enumero a continuación, acotando las reflexiones hechas por el mismo autor en su prólogo -fechado en abril de 1916 -que por su interés transcribo casi en su totalidad.

Ballester concibe su obra como un instrumento para ayudar a superar el atraso de los conocimientos geográficos existentes, producido por varios factores entre los que destaca: la rutina de su enseñanza; la mala calidad de los libros escolares, carentes  de mapas, esquemas, gráficos, grabados, fotografías geográficas; y la falta de adelanto de otras ciencias en las que la geografía ha de apoyarse. Se carecía, por ejemplo, de un mapa topográfico de España completo, las estadísiticas eran inadecuadas y faltaban monografías locales.

No es España de los países que más afición hayan demostrado por los estudios geográficos, al menos en el tiempo presente. Buena prueba de ello son los menguados frutos de su enseñanza, contra cuyo rutinarismo se declama en vano hace medio siglo. La Geografía continúa siendo entre nosotros cristalización burocrática de la ciencia, una asignatura, mal aprendida en la niñez, menospreciada de muchos de sus profesionales y olvidada de todo el mundo. Sociedades geográficas y “congresos geográficos” improvisados, incomprendidos y estériles, no han logrado hacer cuajar lo que no está en el ambiente de nuestra cultura. En la Universidad …lo mismo que en el Instituto. El Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid es una publicación reservada a poquísimas personas, sin trascendencia, por tanto, para el público. El excursionismo, que tantos servicios puede y debería prestar a los estudios geográficos, principalmente al conocimiento de nuestro país, no pasa de loable deporte, más provechoso a la higiene del cuerpo que a la salud del espíritu. Salvo excepciones, sus adeptos no están preparados para aportar materiales útiles a la ciencia de la Tierra, mientras que son contados los geógrafos que hacen excursiones.

Los libros destinados a enseñar Geografía publicanse abarrotados de estadísticas, de interminables nomenclators, listas de “pueblos importantes” y cuadros sinópticos amazacotados de letra grande y chica; pero sin un solo mapa, ni bueno ni malo, sin el más elemental esquema o gráfico, sin grabados geográficos (que de tales no han de calificarse los monumentos históricos o arquitectónicos con que algunos ilustran los libros de Geografía) expresivos, característicos y documentales. La fotografía geográfica está por hacer. Tenemos sí, divulgadas por las artes de la reproducción muchas de nuestras joyas artísticas o históricas: catedrales, cuadros y esculturas, como también escenas interesantes, típicas o vulgares de la vida nacional en ciudades y aldeas, en las casas o en la calle; pero inédita está la fisonomía de nuestro territorio, desconocidas nuestras montañas o nuestros ríos y, de una región a otra, ignoradas las condiciones geográficas o los diversos aspectos del terruño, en mucha parte inesplorado o por estudiar.

Con las indicaciones precedentes es obvio añadir que la “Geografía de España” es convencional o, si se quiere, tenemos de ella los españoles un concepto vago, incompleto o incierto. Es sabido que la geografía de un país progresa a compás de los adelantos de las demás ciencias, porque de todas ellas necesita. ¿Han alcanzado los estudios científicos en España el grado de plenitud necesario para que la Geografía pueda solicitar y obtener de ellos un eficaz concurso?

El mapa topográfico de España, base y fundamento de toda cartografía racional, está lejos aún de ser llevado a término. Disponemos, pues, únicamente de mapas provisionales, en la inteligencia de que los mejores son extranjeros. Otro auxiliar de la Geografía, las estadísticas, aun en el caso dudoso de que sean exactas, hechas como están a base de una división territorial tan arbitraria como la vigente (por provincias), no pueden reflejar fielmente el hecho geográfico que tiene su explicación y fundamento en las entrañas de la tierra y en la naturaleza de sus habitantes. La Geografía oficial carece del auxilio o colaboración indispensable de las monografías geográficas locales, que nadie hace, porque son muy pocos los que tienen debida preparación para hacerlas y, en fin de cuentas, son trabajos, los de esta índole, faltos de estímulo, porque tampoco tienen ni remuneración ni recompensa. Pasarán, pues, bastantes años sin que la geografía de España salga de la situación interina o provisional en que ahora se encuentra y alcance la categoría de obra científica.

Consciente de las dificultades de su empresa Rafael Ballester aspiraba a hacer un manual diferente superador de las serias deficiencias pedagógicas existentes poniendo el énfasis en el uso de métodos nuevos que permitiesen enseñar la geografía como “cosa viva”. Expone asimismo su visión del oficio docente destinado a ejercer de corrector de problemas y dinamizador de  actitudes constructivas y reformistas que permitiesen encarar en mejores condiciones los retos del futuro. Y defiende la conveniencia y necesidad del aprendizaje de la Geografía como ciencia positiva para lograr un mejor conocimiento de nuestros entornos.

Por lo dicho comprenderá el lector las dificultades que supone escribir actualmente un manual de iniciación al estudio de la geografía de España, sin que resulte plagado de inexactitudes irremediables o que deje de ser lo que la generalidad de libros de esta índole, esto es, un catálogo de nombres y accidentes geográficos, datos numéricos de “habitantes y kilómetros cuadrados”, cifras de producción agrícola o industrial y otros mil factores humanos o naturales, deducidos de estadísticas inseguras o inactuales. Contra este concepto y resultado del estudio y la enseñanza de la geografía se revuelven los detractores de la pedagogía estéril y caduca, reclamando, con sobrada razón, el advenimiento de métodos nuevos o reformas, una de las cuales, para que aquel estudio sea “una cosa viva”, ha de consistir esencialmente en la sustitución de los libros por los mapas, excursiones, viajes y “ejercicios prácticos” o actuación personal del alumno en la tarea de aprender a conocer por sí mismo el medio geográfico, a base del conocimiento directo de la localidad en que se mueve y alienta, para continuar después por los de aquellos más próximos o inmediatos y, finalmente, de los demás países, hasta completar, en lo que cabe, el conocimiento total de la Tierra.

Un cambio tan hondo (por sencillo que parezca) en los procedimientos de la enseñanza geográfica –cambio cuya utilidad hemos sostenido en otras ocasiones –aludiendo Castell a sus  Investigaciones sobre metodología geográfica (Bol. de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Mayo, 1908) y Estudio sobre la enseñanza de la Geografía (Palma, 1901) a las que nos hemos referido en diversas ocasiones en esta bitácora-  no es factible allí donde los esfuerzos personales han de estrellarse contra la rutina, meollo y sostén de la instrucción pública nacional. Lo único que cabe en quienes se sienten aguijoneados por la vocación, o por el deber profesional, es atenuar defectos, precaver errores, rectificar conceptos extraviados y estimular actividades que puedan ser útiles en lo futuro. Con tal propósito publicamos este libro escolar, movido por el deseo de hacer asequible y simpático a nuestros pequeños discípulos el estudio de la geografía de nuestro país; no con la pretensión de inculcarles una cosa hecha, sino con la idea de inspirarles la comezón de ver con sus propios ojos, y de que se esfuercen por adivinar la fisonomía de las tierras españolas, en sus líneas fundamentales, las diferencias de las comarcas o regiones que integran la patria común, y que, el día de mañana, asociando la primera lectura a sus impresiones personales o a sus recuerdos, adquieran el convencimiento de que la Geografía no es el inventario anodino e insulso de accidentes, cifras y nombres locales que hubieron de aprender en su infancia, sino un cuerpo orgánico, una ciencia positiva, algo vivo que nos afecta muy hondamente y sin cuyo auxilio no es posible conocernos, ni en el pasado ni en el presente, ni preparar, por tanto, nuestra perfección para el porvenir. Inspirando el deseo de ver, contribuiremos sin duda al progreso de los conocimientos.

Expone por último  las características de su original obra, construida con un consistente aparato gráfico para cuya elaboración dispuso de la ayuda de un amplio equipo distribuido por distintas ciudades españolas, que enumera con cuidado. También se apoyó en una selecta bibliografía que analiza críticamente en su lugar correspondiente.

Atentos a este objeto, hemos querido escribir un libro elemental, muy breve, sobrio, evitando el escollo de la acumulación de detalles y datos complementarios, un esquema, en fin, del cuadro geográfico de España (con inclusión de todas aquellas cuestiones que el uso corriente acepta como pertinentes a la geografía de un país en su más amplio sentido) concediendo si cabe mayor amplitud y desarrollo a la parte gráfica que a la literaria.

En el trazado de mapas y gráficos ha querido tener la benevolencia de interpretar nuestra idea y coadyuvar a su realización, el inteligente y experto delineante de la Diputación Provincial de Gerona, nuestro amigo D. José Fraga, complaciéndonos sobremanera en enviarle desde aquí el testimonio de nuestra gratitud. -aquí añade en nota a pie de página que los mapas de las regiones habían sido dibujados por el inteligente delinentante de Obras Públicas, y buen amigo D. Rciardo Ferrer al que agradece su colaboración-.  Con sumo gusto damos también las gracias a aquellas personas o entidades que nos han permitido utilizar algunos de los elementos de información gráfica que publicamos, principalmente la Compañía Trasatlántica, la Revista Ibérica de Tortosa, la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, el Centre Excursionista de Catalunya, el editor de la España Regional, Sr. Martín, el ilustrado archivero valenciano D. Pedro Burriel y García de Polavieja, el insigne alpinista granadino D. Manuel Pareja, el artista fotógrafo mallorquín Sr. Sancho Tous, de Artá, etc., todos los cuales, con desinteresada benevolencia, han querido prestarnos su precioso concurso para la ilustración de este pequeño manual.

Finalmente, creemos que no ha de ser del todo inútil la inserción de una Bibliografía geográfica sumaria pues aparte de la penuria que en España ofrece esta clase de publicaciones, la primera condición que, a nuestro juicio, han de reunir los libros destinados a la enseñanza es la de servir de guía para ulteriores estudios, único modo eficaz de que, viendo el camino recorrido, pueda apreciarse el que está todavía por recorrer.

Rafael Ballester, que era miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, envió su obra a esta corporación para que fuese evaluada. El académico Manuel Foronda y Aguilera, marqués de Foronda, emitió en Madrid el 19 de enero de 1917 un dictamen bastante favorable, considerándola “digna de elogio por su contenido doctrinal y por su plan y método”.


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Informe de 1922 sobre la geografia española del norteamericano Joerg

El geógrafo W.L.G. Joerg, enviado por la American Geographical Society, recorrrió parte del continente europeo en 1921 cuando los norteamericanos empezaron a ver el mundo girar alrededor de ellos como ha analizado Susan Schulten en la fascinante historia de The geographical imagination in America, 1880-1950.

A su regreso presentó en los Estados Unidos un detallado informe titulado Recent geographical work in Europe acerca del desarrollo de esa disciplina científica en veintidós paises europeos.

La valoración que ofrece de la situacion de la geografia en España es interesante por una doble razón.

Explica como a principios del siglo XX se intensificó una corriente de opinión para separar la enseñanza de la geografia de la de historia, de la que habia estado supeditada a lo largo del siglo XIX. Asi en 1914, al reorganizarse el plan de estudios de las escuelas normales de Magisterio, un real decreto estableció la separación de ambas enseñanzas y lo mismo sucedió en el Instituto del Cardenal Cisneros. En 1915, al producirse la reorganización de los estudios de comercio superior, se creó una cátedra de geografia en la Escuela Central de Intendentes Mercantiles de Madrid, impulsada por Francisco Bergamin Garcia, el padre del escritor Jose Bergamin, poeta de la España peregrina.

Por otro lado valora las aportaciones de una serie de instituciones y personas que contribuyeron al desarrollo de la geografia en la España de las dos primeras decadas del siglo XX.

Destacó sobre todo a la Real Sociedad Geografica de Madrid y a su secretario general Ricardo Beltran y Rózpide, quien era tambien profesor de geografia en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid. Consideró que su informe de 1913 al ministro de Educacion sobre la enseñanza de la geografia, publicado por la Revista de Geografia Colonial y Mercantil fue uno de los documentos mas importantes elaborados para impulsar el movimiento de reforma de los estudios geograficos. Su guia, en tres volúmenes, para mejorar el estudio de la geografia tuvo una notable circulacion a finales de la década de 1910.

Enumeró las contribuciones del naturalista y oceanógrafo Odón de Buen,del historiador Jerónimo Becker, del catedrático desde 1907 de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid Eloy Bullón, de los profesores de la Escuela de Intendentes Mercantiles de Madrid Ricardo Bartolomé y Mas y A. López  Sánchez. y del bibliotecario de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Antonio Blázquez, cuya adaptación del libro de texto de Vidal de la Blache y Carmen d`Almeida era de factura moderna y tenía calidad.

Resaltó asimismo el importante papel desempeñado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, adscrito a la JAE, en el desarrollo de los estudios geográficos y del conocimiento del territorio español. Le llamaron la atención las publicaciones de la serie de geología editadas por el Museo. Elogió la excelente geografía física de la península ibérica del catedrático de instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda, completamente moderna en método y contenidos. Y aludió a trabajos de Eduardo Hernández Pacheco sobre la geología del norte de la Península, de Hugo Obermaier sobre la glaciación de las montañas de España en el periodo cuaternario, de Constancio Bernaldo de Quirós sobre la sierra de Guadarrama, y al estudio fisiográfico con diagrama de bloques sobre el tajo de Ronda del catedrático del instituto de Cabra Juan Carandell, quien asi mismo había hecho las ilustraciones a vista de pájaro de la sierra de Guadarrama el mencionado trabajo de Bernaldo de Quirós.

Consideró que la contribución de Eduardo de los Reyes Prósper, profesor de fitogeografía en la Universidad de Madrid, sobre las estepas de España era una obra relevante y en cuanto a los numerosos trabajos del geógrafo catalán Emilio Huguet del Villar puso el énfasis en sus trabajos La definición y división de la geografía dentro de su concepto unitario actual (Barcelona 1915) y El valor geográfico de España: Ensayo de ecética (Madrid 1921).

Finalmente prestó atención a ciertas contribuciones efectuadas por naturalistas y geógrafos españoles al conocimiento del territorio de Marruecos como consecuencia de haberse establecido un protectorado español sobre la zona norte de ese país tras el Tratado de  Fez de 1912. Destacó al respecto los trabajos del ingeniero de minas  Agustín Marín y Bertrán de Lis “Estudios relativos a la geología de Marruecos” y del catedrático de Cristalografía y Mineralogia descriptiva de la Universidad Central Lucas Fernandez Navarro “Marruecos físico: Valor económico del protectorado español”, publicados respectivamente en el Boletín del Instituto Geológico de España y en la Revista de Geografía Colonial y Mercantil. Y los mapas de Ecola y Méndez España en Marruecos: Mapa de la zona en el norte del imperio asignada a España según el tratado de 1912, 1:450.000 y de J.M. de Gamoneda: Mapa del Imperio de Marruecos, 1:600.000. Estos trabajos cartográficos inspiraron rápidamente la producción de mapas para las aulas de los institutos.


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Presentación

Muchos docentes están involucrados en la actualidad en  diversos países europeos en proyectos de renovación educativa que sustenten una escuela nueva, activa y participativa.
 
Este blog pretende ofrecer materiales de trabajo y de reflexión sobre dinámicas reformistas habidas en el sistema científico y educativo español en el pasado, en el período histórico que se conoce como la era de Cajal o época de la JAE
 
Forma parte el blog de un proyecto de investigación, Educación “integral” para los jóvenes bachilleres: cambios promovidos por la JAE en la enseñanza secundaria (1907-1936) [HAR2011-28368], continuación del programa de I+D CEIMES, cuyo objetivo es el estudio de las contribuciones de un contingente de educadores, vinculados fundamentalmente a los institutos de enseñanza secundaria, al desenvolvimiento científico-técnico de la sociedad española en el primer tercio del siglo XX.
 
En el marco de esa investigación estoy interesado particularmente en analizar dos fenómenos interrelacionados. La apertura al exterior de los elementos más dinámicos del sistema educativo y científico español y la interrelación de las innovaciones metodológicas introducidas por los docentes reformistas en las aulas con los programas de investigación en los que se vieron involucrados.
 
En este cuaderno de trabajo irán apareciendo notas de lectura, documentos, microbiografías, elementos de la cultura material, en los que se aprecian los cambios que se produjeron en los centros educativos de aquella época, y cómo ciertas prácticas y elementos materiales del pasado pueden ser reutilizados en las actividades docentes de hoy en día.
 
Gran parte de los profesores-investigadores que se presentarán en este blog estuvieron vinculados a la  Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), la institución que organizó la política científica española entre 1907 y 1939, presidida por el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal , desde su fundación hasta1932, cuando cumplió ochenta años.

En aquella época la ciencia y la educación generadas en la sociedad española se internacionalizaron notablemente a través de diversos instrumentos. Uno de los más significativos fue la política de pensiones o becas establecida por la JAE