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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal


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Acto festivo republicano en la sierra de Madrid: la inauguración de la Fuente de los Geólogos en junio de 1932

En el año 2013 una parte de la sierra de Guadarrama, divisoria natural entre las dos Castillas y unida estrechamente a la ciudad de Madrid desde hace largo tiempo, fue declarada parque nacional. Con tal motivo el Instituto Geológico y Minero de España ha auspiciado en 2015 la publicación del magnífico libro colectivo El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cumbres, paisaje y gente, editado por Miguel Mejías Moreno, accesible aquí.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

En uno de sus capítulos el gran geógrafo Eduardo Martínez de Pisón efectúa un apasionante recorrido por su imagen cultural. En él expone cómo los artistas, fuesen literatos o pintores, y científicos se han aproximado a ella, fundamentalmente desde el siglo XVII, que es la época en la que “arranca el sentimiento del Guadarrama con caracteres modernos”. En la página 92 de su texto Martínez de Pisón alude a que un hito fundamental en la valoración cultural de esa sierra fue el homenaje que se hizo en 1932 en la Fuente de los Geólogos a los naturalistas Casiano de Prado (1797-1866), José Macpherson (1839-1902), Salvador Calderón (1851-1911) y Francisco Quiroga (1853-1894) por ser los “primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y amor a la naturaleza”. Así dice la placa inserta en esa fuente, inaugurada el domingo primaveral de 12 de junio de 1932 según se ha recordado recientemente en una curiosa guía del turista friki. (ver aquí).

Esa alusión de Martínez de Pisón es muy somera, así como otra dedicada a ese evento efectuada en el capítulo tercero del mencionado libro titulado”El descubrimiento científico de la sierra de Guadarrama: origen del desarrollo de la geología en España”. Por ello me ha parecido pertinente en esta entrada acercarme con más detalle al contexto en el que se produjo la inauguración de la fuente de los geólogos, monumento republicano que aún pervive para solaz de quienes la visitan y se refrescan en sus saludables aguas.

En la organización del acto cumplió un destacado papel la Sociedad Peñalara. De hecho el arquitecto autor de la fuente, Julián Delgado Ubeda, era un destacado montañero integrante de esa sociedad. Ante el encargo que le hizo la Comisaría de Parques Nacionales optó por construir un arco austero de piedra que descansa sobre un pilón, en el que vierte agua un caño de bronce.

Fuente de los Geólogos

No ha de extrañar por tanto que fuese un  periodista deportivo – Angel Cruz y Martín- quien diese cuenta de las características de ese evento en las páginas de la revista ilustrada Crónica con las siguientes palabras:

En la carretera de Madrid a La Granja, cerca del bello puerto de Navacerrada, cara a los Siete Picos majestuosos y rodeada de pinos olorosos y fuertes, brota una fuente, de linfa clarísima y fresca, que en homenaje a la memoria de cuatro ilustres hombres de ciencia, amantes de la Naturaleza por lo que tiene de vida, llevará el nombre de Fuente de los Geólogos. Es un sencillo y precioso monumento- el segundo de los que en el Guadarrama ha levantado la Junta de Parques Nacionales por iniciativa del insigne y modesto sabio, como todos los sabios de verdad, señor Hernández Pacheco, obra del joven y admirable arquitecto don Julián Delgado Ubeda, que en construcciones montañeras tiene un insuperable prestigio, ganado en una labor estimadísima por cuantos las conocen y disfrutan.

Este monumento –que ofrece agua y descanso al caminante- está elevado a la memoria de Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y de amor a la Naturaleza, según reza la lápida conmemorativa. La Fuente de los Geólogos ha sido inaugurada con la solemnidad sencilla en cosas de montaña y con el realce prestado con la presencia y el aplauso de personas conspicuas en las esferas de la inteligencia, que saben lo que es la religión montañera, de la que “San” Francisco Giner fue su mejor apóstol.

Cronica 1

En efecto, el ente promotor de la construcción de ese lugar de la memoria científica en pleno corazón de la sierra de Guadarrama había sido la Comisaría de Parques Nacionales, que presidía el aristócrata asturiano Pedro Pidal (1870-1941), y el delegado de Sitios y Monumentos Nacionales de interés adscrito a esa comisaría, que era el hiperactivo catedrático de Geología de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), militante en aquellos meses del partido radical de Lerroux. Más adelante veremos cómo Hernández Pacheco padre, -cuyo hijo Francisco, otro eminente geólogo, estuvo entre el público asistente a ese acto de inauguración-, aprovechó el acto para reivindicar la labor de los geólogos en la sociedad española.

Ahora conviene fijarse en que lo que ocurrió aquella mañana del 12 de junio de 1932 fue un acto de exaltación de la labor cultural, científica y pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), como lo muestran no sólo las intervenciones del rector de la ILE Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) y de Julián Besteiro (1870-1940) -presidente del Congreso de los Diputados, destacado dirigente socialista y antiguo alumno de la ILE-, sino también la intervención musical de la masa coral del Instituto-Escuela, el innovador centro educativo que venían impulsando los institucionistas desde su creación en 1918 gracias al apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese coro estaba dirigido por el notable compositor y pedagogo valenciano Rafael Benedito Vives (1885-1963), quien aparece en el centro de la siguiente fotografía rodeado de sus alumnas.

alumnas Instituto-Escuela fuente geologos

Manuel Bartolomé Cossío, dada su avanzada edad y sus achaques de salud, no pudo desplazarse al solar donde se emplazó la fuente, pero preparó unas cuartillas que fueron leídas por el presidente de la ILE, el jurista asturiano Manuel Pedregal (1871-1948). Expongo a continuación el contenido de las breves reflexiones de Cossío, de gran interés, por exponer con claridad la labor llevada a cabo por los institucionistas para “domesticar” el Guadarrama. Esa labor  fue impulsada por Francisco Giner de los Ríos quien, para estimular el amor a la Naturaleza patria desde una de las columnas vertebrales de la península ibérica, contó con la inestimable ayuda de sus amigos geólogos. A esos amigos -Macpherson, Calderón y Quiroga- los institucionistas republicanos quisieron rendir homenaje aquel 12 de junio de 1932, pronto hará 85 años.

De los cuatro geólogos cuya gloria cantará desde hoy esta agua sonora, tres fueron de la Institución desde que ella nació hasta que ellos murieron. En la Institución enseñaron, en ella investigaron y, lo que vale más todavía, en ella espiritual y plenamente convivieron.

El año que viene hará precisamente medio siglo que un amanecer del mes de julio de 1883 salía de Villalba por esta misma carretera de Navacerrada un grupo de alumnos y maestros; todos a pie, con su cayado y con su lío al hombro. Era la primera vez que la Institución acometía la conquista de la Sierra. Había ya visitado monumentos y ciudades próximas y lejanas; había deambulado por otras regiones de llanura y montaña; pero la Sierra, esta Sierra, estaba todavía para ella inmaculada.  

¿Quién acompañaba al grupo como maestro geólogo? Salvador Calderón.

Cuando la conciencia pública señala a Giner como apóstol y profeta del amor a la Sierra, ¿habrá quien pueda extrañarse de que su nombre se invoque en este acto al lado del de sus fraternales amigos los geólogos, de quienes tanto aprendiera, a quienes tanto enseñara y a quienes, si viviese sería el primero en glorificar hoy aquí con todo el fuego de su alma inflamada!”

En efecto  Giner, aunque había fallecido en 1915, estaba ominipresente en cualquier evento institucionista. En su proceso de mitificación también participaron los redactores de la revista Crónica al denominarlo “San Francisco Giner”.

Giner Cronica 1932

La sentida intervención de Cossío, quien hacía de patriarca de los institucionistas en el primer bienio republicano, fue complementada con el discurso más improvisado del mencionado Julián Besteiro, cuyas palabras fueron escuchadas con atención. Tras contrastar varias fuentes estimo que su discurso pudo ser el siguiente:

Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno , porque, como es sabido, no desempeño funciones gubernamentales. Seguramente las Cortes, que por méritos de la suerte más que por merecimientos personales represento, se sentirán compenetradas con la significación de este acto. Pero yo quiero dar a esta intervención mía más bien un carácter sentimental, de reminiscencia, de los días de mi infancia que evocan la ocasión, el lugar y, sobre todo, las bellas palabras del Sr. Cossío, leídas por mi amigo José Pedregal.

Cuando yo tenía trece años mis compañeros y yo seguíamos por estos caminos a nuestros maestros, y aquellos jóvenes maestros seguían a don Francisco Giner y al nuevo espíritu que don Francisco Giner trataba de infundir en el país.

Como ha ocurrido con frecuencia en las épocas de decadencia y en el momento de iniciarse un impulso renovador, los mejores espíritus de aquellos tiempos fueron a buscar ejemplos estimulantes en el Extranjero. Fue el ejemplo de la filosofía alemana llegado a nosotros con Sanz del Río; fue el ejemplo de la filosofía y de la pedagogía inglesas introducido aquí más directamente por D. Francisco Giner.

Y animados de aquel espíritu nuevo seguían a don Francisco Giner por estas montañas los maestros jóvenes y les seguíamos también un puñado de niños, animados de un entusiasmo que nos hacía realizar empresas tal vez superiores a nuestras fuerzas, y cuya significación solamente hoy podemos comprender plenamente.

Era, sin duda, que el injerto de ideales ajenos iba prendiendo en la planta que ahonda sus raíces en el pasado de nuestra historia, como una promesa de una nueva vida nueva y fecunda.

Con frecuencia, en nuestras marchas y expediciones contaban en nuestro espíritu la palabra del viejo poeta:

“Allá a la vegüela de Matadespino, por ese camino que va a Lozoyuela”.

Sin saberlo nosotros íbamos buscando por estos montes, no lo serranillo del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir.

Ahora, en esta ocasión, yo veo congregados en torno a la fuente de los geólogos a amigos de la infancia, como Pedregal, como García del Real, como José Cebada, como Palomares, como Pedro Blanco, y me parece que estoy viendo marchar a nuestro lado a D. Francisco Quiroga, con su bondad juvenil y su cabellera blanca, o me siento transportado a orilla del Tormes y veo aparecerse a D. José Macpherson mezclando sus enseñanzas con un tono afectivo de sencillez.

En los días a que estos recuerdos se remontan éramos un grupo reducido, fuertemente unido por el entusiasmo, pero aislado en la gran masa del país.

Luego ese espíritu se ha ido extendiendo y hoy vemos participar de él a los hombres de características sociales más diversas: restos algunos de viejas aristocracias, clases medias dedicadas a profesiones liberales, hombres de la oficina y hombres del taller y de la fábrica. Y al ver este alentador espectáculo comprendemos la significación de aquellas primeras excursiones por la Sierra y aprendemos a querer y honrar cada día más a nuestros maestros.

Besteiro discurso

Discurso de Julián Besteiro en la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Fotografía de Cortés reproducida en Mundo Gráfico 15 junio 19232 p. 16

De estas intervenciones se deduce que Giner y las diferentes oleadas de ginerianos concibieron la Sierra de Guadarrama desde 1883 como la atalaya desde la que otear el horizonte y trazar planes de acción para la reforma de España. Téngase en cuenta, por ejemplo que, semanas después al evento del domingo 12 de junio de 1932 que estoy rememorando, en una reunión que tuvieron en los pinares del Guadarrama Fernando de los Ríos, Pedro Salinas y otra media docena de intelectuales en el verano de 1932 se diseñó la construcción de la Universidad Internacional de Santander que entraría en funcionamiento al verano siguiente de 1933.

En su afán de conocer la Sierra de Guadarrama y convertirla en símbolo cultural y en un instrumento de higiene física y mental, los institucionistas no sólo promovieron su detallado conocimiento científico, sino que también ayudaron a redescubrir a los poetas castellanos que glosaron su paisaje y su paisanaje. Así promovieron el estudio de la obra del célebre arcipreste de Hita, cuyo Libro del Buen Amor introdujeron en el canon de la literatura clásica en lengua castellana. En esa tarea se inscribe, por ejemplo, la edición popular que hizo en 1917 para la editorial Saturnino Calleja el mexicano Alfonso Reyes en sus años de trabajo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE, a los que ha prestado atención recientemente Mario Pedrazuela en su trabajo “Alfonso Reyes y la Filología: entre la Revista de Filología Española y la Nueva Revista de Filología Hispánica” (ver aquí). Dada la estrecha relación entre el Centro de Estudios Históricos y el Instituto-Escuela, dependientes ambos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, no ha de sorprender que en la actuación musical del Coro del Instituto-Escuela que amenizó la excursión campestre a la fuente de los geólogos aquel 12 de junio de 1932 se cantase la “Serranilla” del mencionado Libro del Buen Amor y otras coplas populares.muchachas Instituto-Escuela Estampa

Esa actuación musical era prolongación de la que el mismo coro había ofrecido el 23 de noviembre de 1930 en el homenaje que se hizo a la memoria del arcipreste de Hita cerca del alto del León de la sierra de Guadarrama cuando se inauguró el monumento natural conocido desde entonces como “Peña del Arcipreste”. En él se leía la inscripción”1330-1930/Al ARCIPRESTE/ DE HITA/CANTOR DESTA SIERRA/DO GUSTÓ LAS AGUAS/ DEL RIO DE BUEN AMOR”. El homenaje fue auspiciado por la Real Academia Española, que dirigía el filólogo Ramón Menéndez Pidal, también director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y por la Comisaría de Parques Nacionales a través de la figura del geólogo Francisco Hernández Pacheco, el mismo promotor de la Fuente de los Geológos inuagurada el 12 de junio de 1932. Y, tal y como ha subrayado Alvaro Ceballos Viro en un muy interesante artículo (ver aquí), tal homenaje de 1930 al arcipreste de Hita era de inspiración institucionista. De tal manera que en la Real Orden publicada el 12 de octubre de 1930, mediante la cual se declaraba la Peña del Arcipreste “sitio y monumento natural de interés nacional”, se hacía mención explícita al principal promotor de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, quien el 6 de junio de 1915, a las pocas semanas de su fallecimiento, había recibido no muy lejos de allí el tributo póstumo de sus discípulos.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Llegada la República la exaltación de la Sierra de Guadarrama como espacio de demofilia se consolidó. Ya Agustín de Foxá había constatado, según nos recuerda Alvaro Ceballos, que antes de la llegada del nuevo régimen político “la sierra era republicana. Allí acudían los hombres pulcros a maldecir la España oficial. Allí extraían todas sus metáforas para una Patria joven, fresca, limpia y europea, la España del sol y la alegría, en oposición al Madrid clerical y reaccionario”. Ese marco de demofilia practicado en la Sierra de Guadarrama por los republicanos es el que explica, según Alvaro Ceballos, que el Arcipreste, reivindicado por los institucionistas y cantado por la Masa Coral del Instituto-Escuela, “no fuera el experto jurista, ni el versado mudejarista, ni el prerroformista de inspiración goliárdica, ni el producto de muchos otros textos singulares posibles, sino precisamente el autor de las serranillas. Serranilas que, no se olvide, escenificaban los turbulentos amores entre un letrado y una mujer del pueblo: no es difícil, por lo tanto, leerlas como una traducción simbólica, complaciente y aun lúdica de la relación entre las elites intelectuales y los estratos populares de la sociedad española”.

Pero los institucionistas no fueron los únicos protagonistas el día de la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Aquel domingo 12 de junio de 1932 también intervinieron activamente en la sierra madrileña científicos y naturalistas para reivindicar las tareas que habían hecho sus antecesores y las que ellos mismos estaban efectuando para conocer mejor el territorio español. Las palabras que pronunció el decano de la Facultad de Ciencias Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966), catedrático de Física Matemática de la Universidad Central y director del Observatorio Astronómico de Madrid, y que posteriormente se exiliaría a México donde falleció, no nos han llegado. Sí disponemos, gracias a su inclusión en las páginas del diario El Sol de 15 de junio de 1932, del discurso de Eduardo Hernández-Pacheco, el primer orador que intervino en aquel acto conmemorativo al haber sido su principal promotor.

Hernandez Pacheco fuente geologos

Eduardo Hernández-Pacheco mientras lee su discurso en la inauguración de la Fuente de los Geólogos.

Un extracto de su discurso, ejemplo elocuente del papel desempeñado por los naturalistas para fomentar el sentimiento de amor a la patria y de las permanentes quejas de los científicos españoles acerca del desdén al que, según ellos, le han sometido los poderes públicos, fue este:

Es la memoria de hombres de los tiempos modernos  a quienes rendimos hoy homenaje al inaugurar este sentido monumento que tan admirablemente armoniza con el paisaje, en este espléndido bosque de la olímpica montaña castellana y que tan acertadamente simboliza, sin pretenciosas alegorías arquitectónicas ni escultóricas, el limpio espíritu, la labor frucífera, la ciencia de estos cuatro sembradores de cultura y amor a la Naturaleza.

Los cuatro fueron exploradores y descubridores de la constitución geológica y geográfica de la Península Hispánica, de esta amada tierra nuestra, que debemos considerar como un minúsculo continente porque en el conjunto de sus diversas regiones se integra la variedad de climas, de topografía y de producciones naturales que en los extensos continentes del planeta componen sus distintos países y naciones.

Venimos a honrar hoy la grata memoria de sabios devotos de Gea, diosa resplandeciente y venerable, madre de todos y de todo. Y les rendimos nuestro homenaje porque con su callada y noble labor asentaron los primeros jalones del conocimiento de la Geología y de la Geografía Física de nuestra España.

No fueron hombres alentados y favorecidos por la protección oficial, ni brillaron conocidos por las muchedumbres, sino trabajadores austeros y callados, cuya labor fue apreciada por el escogido núcleo de los intelectuales de todos los países.

Ninguno de los tres eximios españoles: Macpherson, Calderón y Quiroga, recibieron recompensas ni honor alguno, concedido a sus grandes méritos, por el Estado o las corporaciones oficiales; ni tan siquiera la entonces Real Academia de Ciencias les llamó a su seno, honor que ellos hubieran agradecido mucho, aun siendo de notoria justicia, pero que ni se les otorgó ni ellos solicitaron. Por esto el acto de hoy tiene, no sólo el carácter de exaltación de sus méritos, sino también el de reivindicatorio.

El arquitecto Delgado Ubeda, que a su exquisito arte y mucha ciencia une el ser gran amante de la Naturaleza, e intrépido montañero, es el autor de este sencillo y bello monumento.

En recuerdo de tan eximios ciudadanos denominamos a esta fuente Fuente de los Geólogos, que brota en el corazón de la Sierra Carpetana, por ellos estudiada; junto a las altas divisorias de los dos ríos caudales castellanos: Duero y Tajo; en medio de este espléndido bosque de recios y aromáticos pinos, frente a la bella y fuerte montaña de Siete Picos, coronada de abruptos canchales graníticos, y en el corazón de la vieja cordillera castellanolusitana, que une a ambas Castillas y enlaza a las dos naciones hespéricas.

En representación del Instituto Geológico también tomó la palabra el ingeniero de Minas Agustín Marín y Beltrán de Lis (1877-1963), en cuya intervención no hubo ninguna alusión a la labor llevada a cabo por los geólogos institucionistas. De ahí que el único periódico entre los que he consultado que se hizo eco de su intervención fue el diario católico antirrepublicano El siglo  Futuro.  En su edición del 14 de junio de 1932 extractó una parte del  discurso de Agustín Marín en estos términos.

Gran satisfacción es para el Instituto Geológico la que le han dispensado los organizadores de esta fiesta de tan fina y elegante espiritualidad, invitándole a tomar parte en ella, y sólo lamento que no pueda asistir el director de ese Centro, que  os hablaría con una elocuencia y una altura que a mi humilde persona le está vedado alcanzar. Todos mis compañeros de Instituto y de Ingeniería se unen de todo corazón a este homenaje por dos razones: por las personas a quien está dedicado y por la forma con que se ha llevado a la práctica.

Vemos que al dedicar esta fuente a los geólogos habéis querido hacerlo de un modo integral a todos los que creen que el fundamento, la base de la civilización está en fomentar la naturaleza. A esta sierra se puede venir como un artista a aprender cómo se crea la poesía y la emoción. Así, nuestro gran Velázquez supo en el cuadro del príncipe Baltasar Carlos, resaltar el contraste que produce la pompa y la vanidad que acumularon en el niño con la austeridad y la grandeza del paisaje de La Maliciosa. El excursionista busca solaz, trata de disolver sus preocupaciones en el aire de las serranías, y la persona culta relaciona la estructura orogénica con la historia y la leyenda, y así exclamó uno de los grandes cantores del Guadarrama, Enrique de Mesa, desde lo alto de la divisoria:

“A un lado el solar del Cid; al otro, la tierra de Don Quijote”.

Pero el geólogo llega a más: comprende que los seres, las cosas, las montañas, no son completas si no se enlazan a su pasado y no se vislumbra en ellas su porvenir; no piensa sólo en el momento, sino que investiga cómo se llegaron a formar estas cordilleras, por qué los ríos circulan por dónde lo hacen, a qué fenómenos de erosión, de formación morfológica, están sometidas las rocas, por qué los canchales y las peñas, jugando a esculturas, tienen esas formas tan caprichosas, y hasta se ocupa de qué será de estas piedras en el más allá, en el porvenir.

Pero además, la forma de perpetuar la memoria de los geólogos que se ocuparon del Guadarrama, tiene tan poética sencillez, tan justa expresión, tan exacta aplicación (y en esto hay que hacer el cumplido elogio al artista que lo interpretó), que habla mucho más el corazón que lo puedan hacer las magnificencias escultóricas y arquitectónicas, como lo fue la tumba de Napoleón.

El manantial es símbolo de misterio, y así Plinio exclama: “En ninguna parte muestra la Naturaleza ser tan milagrosa como en las fuentes”. Para los geólogos ya no hay casi enigmas, y ahora escudriñan los conductos por donde deben circular el agua, las entrañas de la tierra, que visita, y buscan la relación de la ciencia pura con la ciencia de aplicación, y así las grandes lucubraciones que se fraguan en la mente de los sabios o de los ingenieros, se resuelve en veneros de riqueza, que inundan esos campos de Dios.

Pero además, la fuente lleva unida la idea de reposo material y aún más la de actividad mental. Yo me figuro a nuestro gran Casiano de Prado, padre de la geología del Guadarrama, hace casi un siglo, fatigado de sus andanzas por la sierra, recibir con deleite el descanso que le brinda la fuente, sentarse en una piedra, dejar el martillo, la brújula, abrir su libreta, y lo mismo que los filetes de agua se suceden unos a otros en el chorro de esa fuente, así las ideas se engarzaban en la mente de aquel hombre y luego se relacionan con las de los que vinieron después, y con los que ahora la visitan y con la de los que llegarán más adelante, y retenidas en los libros, como el agua en los embalses, elévase así la cultura de los pueblos, y, por tanto, la dignidad de los hombres.

¡Gentes de la ciudad: venid a estas sierras, oled a tomillo, reposad en estas fuentes y reverenciad, y a ser posible, seguid el camino de hombres como los que hoy honramos y así trabajaréis por el bien de la humanidad!”.

Curiosamente en ese mismo ejemplar del Siglo Futuro uno de sus colaboradores, con el seudónimo fray Junípero, presentó un suelto que evidenciaba las fobias anti institucionistas del nacional catolicismo, y su obsesión, dado su antisemitismo, con la política favorable a los sefarditas que intentó implantar el gobierno republicano de aquella época, particularmente el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Revela el suelto que transcribo el grado de virulencia de  la guerra de ideas instalada en la sociedad española en aquel año de 1932, anunciadora de las tormentas de fuego futuras:

Anteayer se inauguró en la Sierra la Fuente de los Geólogos. El acto, con pretensiones científicas, fue un himno al triunfo de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que se cantó allí. Por cierto que en las reseñas echamos de menos al piisimo don Elías Tormo, que otorgó a la funestísima Institución el monopolio de la enseñanza oficial y nos trajo a la Central al insigne rabino honorario don Erasmo, que ayer fue muy de mañana a Toledo a visitar y orar largamente en la sinagoga del Tránsito, que se rumorea será entregada a los sefardíes para sus ritos.

En fin, múltiples significados tuvo el evento que se celebró aquel domingo de 12 de junio de 1932 en un incomparable marco de la sierra más castellana frente a Siete Picos y la Maliciosa. Es de esperar que en los meses que faltan para conmemorar el 85 aniversario de aquella iniciativa cultural, cuyos promotores intentaron mezclar ciencia, naturaleza, arte y alegría, se pueda seguir profundizando en ellos.

sierra Guadarrama

 

Para saber más:

Santos CASADO, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons Historia, 2010.

Santos CASADO, “Ciencia y política en los orígenes de la conservación de la naturaleza en España”. En Eduardo Hernández-Pacheco, La comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España, edición facsímil, Madrid, Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.

Santos CASADO, La ciencia en el campo: Quiroga, Calderón, Bolívar, Madrid, Nivola (Colección Novatores), 2001.

Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO, “En la inauguración de la Fuente de los Geólogos”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 56 (867), p. 221-222

Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Música para un ideal: Pensamiento y actividad musical del krausismo e institucionismo españoles (1854-1936), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2009

La Sierra de Guadarrama en el Museo del Prado. Itinerarios didácticos. Acceso on line en:

https://www.museodelprado.es/recorrido/la-sierra-de-guadarrama-en-el-museo-del-prado/8c434691-d84e-483d-ac69-8c73ec307a10

 


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La apertura al mundo del Madrid científico-técnico y artístico en marzo de 1932

Los asuntos científico-técnicos estuvieron bien presentes en la esfera pública madrileña en el mes de marzo de 1932, en el que la actualidad política estuvo dominada por la tensión creciente entre el partido radical de Lerroux y el PSOE, que formaba parte de la coalición gubernamental que sostenía al gobierno de Azaña.

Diversos textos e imágenes dan prueba de ello como se aprecia en los dos asuntos que abordo en esta entrada. El primero se refiere a la campaña emprendida para superar el déficit tecnológico en el uso de la radio como medio de comunicación y conocimiento. El segundo a la acogida dispensada en Madrid a los integrantes del IX Congreso internacional de Cirugía que se reunieron en la capital española en ese mes de marzo de 1932 antes de visitar también Sevilla y Barcelona.

Superar las deficiencias de la radiodifusión en España fue un tema recurrente en las páginas de la prensa de aquel mes.  Con ese motivo el 2 de marzo, en la interesante sección semanal Ondas sonoras del diario Luz,  se entrevistó a Pedro Regueiro, que había sido jefe de la sección de Radio del ministerio de Comunicaciones. Unas interesantes estadísticas, publicadas a la semana siguiente, en la misma sección de ese diario, probaban el retraso del uso de la radio en la sociedad española comparándola con la de otros países europeos.

radio Europa 1932

Dos días después, el viernes 11 de marzo, era el filólogo Américo Castro quien, en el mismo periódico, escribía un artículo titulado “Hacia la mejor España” en el que instaba  a expandir el uso de la radio por su potencial cultural. Más adelante, el miércoles 16 de marzo, sería el pedagogo, y diputado de Acción Republicana, Luis Bello quien, también en el diario Luz, publicaría su artículo “La radio en el pueblo” en el que informaba que Madrid sería sede en septiembre de 1932 del próximo congreso internacional de Radiotelegrafía y Telegrafía que daría lugar a la creación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

No ha de extrañar entonces que las páginas de las publicaciones ilustradas republicanas reflejasen con humor cómo penetraba progresivamente en los domicilios de sus lectores el uso de la radio, como revela la historieta “Una estación de radio” de un dibujante de Crónica , creador de los personajes infantiles Lolín y Bobito.

Lolin y Bobito Una cronica de radio

O que informasen de los avances de esa tecnología en otras partes del mundo como Estados Unidos. Así el lector de Estampa, al abrir el ejemplar de 12 de marzo de 1932, podía encontrarse con un reportaje sobre el gran proyecto neoyorquino, impulsado por el “rey del petróleo” John D. Rockefeller, para construir una “Radio City”.

Nueva York radio city

 

Ese mismo día, en otro medio de comunicación, se avisaba que al miércoles siguiente, el 16 de marzo, Federico García Lorca daría en la sede de la Residencia de Señoritas una conferencia sobre su libro Poeta en Nueva York, en la que Lorca dio a conocer por primera vez al público madrileño algunos de los versos del que ha sido considerado el poemario más importante de la lírica española del siglo XX, publicado en 1940 tras el asesinato de su autor en el trágico verano de 1936.

Ese evento fue organizado por la sección madrileña del Comité de Cooperación Intelectual que había nacido el mes anterior. El diario Luz, en su ejemplar del jueves 17 de marzo de 1932, se hizo eco de la conferencia con un breve suelto:

Lorca Poeta en N York Luz

 

Pero el gran acontecimiento científico internacional que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1932 fue la celebración en la sede del Senado, cámara legislativa que había sido disuelta por la República, del IX Congreso internacional de Cirugía.

Su inauguración oficial, a la que asistieron las máximas autoridades republicanas, tuvo lugar el martes 15 de marzo. El siempre mordaz Azaña da cuenta en su diario del acto en los siguientes términos: “El Consejo [de Ministros] de hoy ha empezado tarde, porque he ido al Senado; a la sesión inaugural del Congreso Internacional de Cirugía. El alcalde [Pedro Rico], que había de hablar el primero, ha llegado tarde. Este alcalde es muy castizo, le invitan a un banquete diplomático y no va ni se excusa. Hemos oído los discursos de rúbrica, entre ellos una necrología de los cirujanos muertos desde el último Congreso. El orador no nos ha dicho si han muerto a mano de otros cirujanos. El presidente de la República ha echado un discurso, en que ha hablado de nuestra revolución como de una operación quirúrgica incruenta”.

Congreso Cirujia inauguracion Senado

Dos días después -el 17 de marzo- Azaña asistiría a una parte de la función de gala que se ofreció a los congresistas en el teatro Español donde se representó la Serrana de la Vera, protagonizada por Margarita Xirgú. Y al día siguiente, el jueves 18 de marzo,  a la recepción que hubo en el Palacio presidencial en honor de los congresistas que estuvo muy concurrida.

De ese intenso programa social de los congresistas se hizo  eco la prensa como la revista ilustrada Mundo Gráfico en su ejemplar de 23 de marzo de 1932.

Congresistas Cirugia 1932

 

Este congreso fue organizado por la Sociedad Internacional de Cirugía, con sede en Bruselas, que tenía afiliados de 42 naciones.  Una de las claves de su éxito radicó en que, gracias a complejas negociaciones, se asociaron a su desarrollo cirujanos del ámbito cultural germánico, que habían estado excluidos desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Y así acudieron a Madrid unos 250 congresistas procedentes de todo el mundo. Los delegados oficiales fueron los siguientes: de Alemania (Sauerbruch), Argentina (Arce), Austria  (Denk), Canadá (Archibald y Saint-Jacques), Dinamarca (Permin y Hannsen), Egipto (Papayoannou), Estados Unidos (Lilienthal), Finlandia (Bardy) , Francia (Proust), Gran Bretaña (Tourner), Grecia (Maccas), Irlanda (Meade), Italia (Alessandri), Japón (Ishikawa), Noruega (Ingebrigsten), Países Bajos (Shoemaker), Polonia (Jurasz), Portugal (Dos Santos), Rumania (Daniel), Suecia (Kaijjser y Hybbinette), Siria (Altounyan y Chevalier), Checoslovaquia (Jirasek), URSS (Plotkin), Venezuela (Conde-Jahn), Yugoeslavia (Kostitch y Budissavloitch), Nueva Zelanda (Mitchell) y Turquía (Burhaneddin).

En sus tareas desempeñaron un papel fundamental los integrantes del comité internacional como su presidente el belga Jean Verhoogen, y el prestigioso cirujano suizo Fritz de Quervain, que ejerció de presidente del congreso de Madrid. Y se implicaron activamente los miembros españoles del comité organizador, entre los que se encontraban el grueso de los integrantes de la Sociedad de Cirugía de Madrid que se había constituido en junio de 1931.

Ese comité organizador estaba presidido por el decano de la Facultad de Medicina de Madrid el catalán Sebastián Recasens y Girol. Sus vocales fueron el catedrático de patología y clínica quirúrgica, vicerrector de la Universidad de Madrid, y futuro rector entre 1934 y 1936, el barcelonés León Cardenal Pujals , el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid el zamorano Laureano Olivares, el catedrático de Urología y de Terapeútica quirúrgica general y especial el manchego Leonardo de la Peña, el prestigioso cirujano de origen gallego, interesado en investigaciones sobre el cáncer, José Goyanes, el presidente de la Asociación española de urología Pedro Cifuentes Díaz, el catedrático de Patología y Clínica quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad Central José Blanc Fortacín, el también catedrático de Patología quirúrgica de la misma Facultad el madrileño Enrique Slocker y la Rosa, el aragonés Víctor Manuel Nogueras que además de médico militar había sido el fundador y director entre 1918 y 1931 del madrileño Hospital Central de la Cruz Roja, el prestigioso cirujano militar Mariano Gómez Ulla,  el urólogo Ignacio Sánchez Covisa, el médico y diputado por el partido de Manuel Azaña Acción Republicana Fernando Coca, Enrique Noguera, N. Saldaña y Enrique Ribas y Ribas, catedrático de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Y sus secretarios: Plácido G. Duarte. jefe del servicio de Cirujía general del hospital de la Princesa, y Alberto Catalina Prieto.

Congresistas Cirujia figuras

 

Los congresistas tuvieron un apretado programa de trabajo. Los intervinientes hicieron demostraciones prácticas y usaron en sus explicaciones dibujos, esquemas, láminas y películas sobre los métodos quirúrgicos. La primera sesión científica fue dedicada, por ejemplo, a debatir sobre “el estado actual de la cirugía del esófago” con intervenciones de cirujanos franceses, rumanos, italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y argentinos. En otra de las sesiones se presentaron los progresos recientes en la Anestesia Quirúrgica. En ella el italiano Achile Mario Dogliotti Ferrara comunicó algunos casos anestesiados por la inyección raquídea epidural. Esta técnica de la anestesia peridural segmentaria, que daría fama a ese cirujano italiano, ya había sido usada por el cirujano militar español Fidel Pagés Mirevé (1886-1923).

Además de asistir a las comunicaciones presentadas en el Congreso y participar en sus debates sus participantes pudieron visitar la exposición médico-quirúrgica que se exhibió en el pasillo central y en los laterales del Senado. En ella se mostraron productos médicos y aparatos de cirugía españoles y extranjeros, así como se podía consultar prensa técnica profesional, como las principales publicaciones médicas de la época entre las que destacaban El Siglo Médico,  La Gaceta Médica Española, dirigida por el doctor Juan Noguera López La Medicina Ibera, fundada y dirigida por el médico y diputado republicano, ya mencionado, Fernando Coca.

Una de las actividades en las que puso particular empeño el comité organizador fue la organización de una visita guiada para que los congresistas conociesen la que sería futura sede de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid que por aquel entonces se estaba construyendo en la nueva Ciudad Universitaria.

Congresistas Cirugia en Facultad Medicina

 

También un grupo de congresistas asistió en el anfiteatro grande de la Facultad de Medicina de la calle Atocha a la proyección de la película Al borde de la tumba, de la productora UFA, en la que se mostraba una operación de apendicectomía y varios partos.

Pormenorizada información sobre el desarrollo del Congreso ofrecieron diversos medios de comunicación, pero quizás sobresalió en su cobertura el gran diario republicano El Heraldo de Madrid, quizás por los lazos de paisanaje que unían a su director, el periodista catalán Manuel Fontdevila, con el presidente del comité organizador, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el barcelonés Sebastian Recasens, que estaba encantado según declarara a ese diario de “la perfectísima organización que estamos viendo” tras haber asistido “a veinticinco o treinta Congresos internacionales de Medicina general, de Cirugía, de Ginecología y de Radiología”.

Heraldo de Madrid 15 marzo 1932

 

Meses después de la celebración de ese congreso, en el mismo año de 1932, la gran editorial Labor publicó el Tratado de Patología Quirúrgica General del cirujano y médico militar aragonés Manuel Bastos Ansart, quien luego sería represaliado por el régimen franquista.  Este Tratado de más de ochocientas páginas, posiblemente, ha de ser considerado como uno de los frutos científicos de ese congreso. Fue considerado en su momento “la mejor obra española compuesta sobre esta materia” por el crítico del diario Luz el médico y periodista Félix Herce Ruiz, militante del PSOE, exiliado posteriormente a México.

Tratado de cirugia Bastos 1

Tratado de cirugia Bastos 2


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Enero 1932: el empuje educativo y científico-técnico en el Madrid republicano

Hojeando la prensa de la época se aprecia una cierta efervescencia cultural en el Madrid de enero de 1932, que tuvo su paralelismo en el ámbito educativo y en las actividades científicas y técnicas.

Destacaré a continuación algunas de las manifestaciones más significativas de ese empuje educativo y científico-técnico que tuvo lugar en la ciudad de Madrid, cuyos habitantes eran informados puntualmente de los diversos problemas socio-políticos a los que tenían que enfrentarse los gobernantes de la coalición republicano-socialista entonces en el poder. En efecto, el gabinete presidido por Azaña en aquel entonces tuvo que afrontar en ese mes de enero de 1932 diversas protestas sociales en tierras catalanas y andaluzas, organizadas fundamentalmente por los anarquistas; gestionar las crisis derivadas, primero, de la muerte el último día del año 1931 de cuatro guardias civiles en el pueblo extremeño de Castillblanco, suceso que dio lugar al reportaje del periodista Francisco Lucientes “Geografía humana de la España remota. Castillblanco, pueblo de ilusos”, publicado  el domingo 17 de enero en las páginas del diario El Sol, con cinco ilustraciones de Sancha, y luego la crisis suscitada por la muerte de varios huelguistas por disparos de la guardia civil en la población riojana de Arnedo. Y además tuvo que hacer frente a las múltiples protestas de la oposición de los católicos, especialmente fuertes en el País Vasco y Navarra y en Castilla la Vieja, disconformes con las medidas anticlericales, como la disolución de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes que se produjo por un decreto de 23 de enero con el que se aplicaba el controvertido artículo 26 de la constitución republicana aprobada semanas antes.

Castillblanco plaza

Centrándome en el ámbito educativo cabe destacar la interesante entrevista que un periodista del recién nacido diario Luz -apareció su primer número el 7 de enero –, financiado por Urgoiti, y vocero de los planteamientos de Ortega y Gasset, le hizo al nuevo director del instituto del Cardenal Cisneros de Madrid, el catedrático de Latín Vicente García de Diego (1878-1978), un notable filólogo, con motivo de una serie de reformas efectuadas en ese importante centro educativo madrileño gracias a una aportación económica de cincuenta mil pesetas del gobierno republicano. Gracias a ella se construyó una sala de proyecciones para 350 espectadores, se adquirió “un magnífico aparato alemán de proyecciones” y el instituto se suscribió a una cinemateca. (Luz 19 enero 1932).  Por ese tiempo había en efecto un cierto interés por el cine educativo y científico. A este respecto es de interés el artículo “Las películas científicas. Cómo se filma el crecimiento de una planta”, firmado por Alfredo Cabello, publicado por Luz el sábado 30 de enero.

Las reformas e innovaciones educativas introducidas en un lugar señero de la enseñanza secundaria madrileña se producían en el marco de un amplio movimiento reformista que estaba impulsando el ministro socialista de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Así a finales de ese mes se promulgó el decreto de creación de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Central de Madrid, que tan hondas repercusiones tendría en la formación de maestros y en la institucionalización de las ciencias de la educación en la sociedad española. A su vez  El Heraldo de Madrid informaba el martes 26 de enero que el ingeniero de caminos José Cebada, profesor de Termotecnia y de Proyectos de elementos de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, “de gran prestigio científico y abolengo republicano” era propuesto como director general de enseñanza técnica, una nueva dirección general de la que iban a depender las : Escuelas especiales de Ingenieros civiles, procedentes de los Ministerios de Fomento y Economía Nacional;  las Escuelas Superiores y Elementales de Trabajo;  las Oficinas de Selección profesional;  los Institutos de Reeducación y Orientación profesional y el Psicotécnico de Madrid; y el Centro de Perfeccionamiento obrero, según determinaría la Gaceta del 10 de febrero de 1932.

Entre tanto proliferaban iniciativas científicas de diverso orden. Se suscitaron debates sobre las investigaciones prehistóricas en Madrid a propósito de una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, presidido por Pedro Rico (ver Luz 27 enero  p. 6 y el artículo de Rafael Alvarez en el mismo diario del día siguiente 28 titulado “La prehistoria madrileña. Un fracaso que estaba previsto”); o sobre colecciones etnográficas como la polémica en la que se involucraron Victorina Durán y el crítico Juan de la Encina a propósito del Museo de Artes decorativas y el Museo del Traje (El Sol domingo 17 enero p. 5 y El Sol miércoles 20 enero p. 1). Se informaba de reuniones de las sociedades científicas como la Sociedad Española de Antropología (Luz 30 enero sábado p. 13) o del Laboratorio de Matemática de la Junta de Ampliación de Estudios que celebraba sus sesiones en la madrileña calle de duque de Medinaceli nº 4 como informaba el diario El Sol del viernes 15 enero de 1932 p. 4.

Laboratorio de Matematica 1

Laboratorio de Matematica 2

Y se daba cobertura a las numerosas conferencias que científicos diversos impartieron en diversos lugares de Madrid en aquel enero de 1932.

Pio del Río Hortega selloPor ejemplo la impartida el 14 de enero por Pío del Río Hortega (Portillo (Valladolid) 1882-Buenos Aires 1945), uno de los discípulos más brillantes de Santiago Ramón y Cajal,  en la sede del Centro de Intercambio Intelectual Germanoespañol. Del Río Hortega, que por ese entonces era director del Instituto Nacional del Cáncer y un destacado militante del partido radical de Alejandro Lerroux, publicaría meses después esa conferencia, en la que demostró las interrelaciones entre arte y ciencia en su práctica experimental, en las páginas de la revista ResidenciaDe esa conferencia un periodista del diario El Sol, ya citado, informaba en los siguientes términos:

Pío del Río Hortega enero 1932

 

Otras conferencias a las que la prensa prestó atención fueron las dos que impartió el nutricionista y endrocrinólogo Enrique Carrasco Cadenas (1895-1959), profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, en el paraninfo de la Residencia de Señoritas, institución que dejó honda huella en la cultura española del primer tercio del siglo XX, como podrá apreciar quien visite en estos días la exposición que se ha organizado en la Residencia de Estudiantes. Ese profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, donde obtendría en 1934 la cátedra de Higiene de la alimentación, disertó sobre el tema “Por qué y cuándo se debe comer” y “Qué, cómo y cuánto se debe comer” los miércoles 20 y 27 de enero tras ser presentado por el relevante parasitólogo Gustavo Pittaluga Fattorini (Florencia 1876-La Habana 1956). El diario Luz (21 y 28 enero), con cuyo propietario Nicolás de Urgoiti el conferenciante tenía vínculos familiares, dio amplia cobertura a las dos conferencias, ilustrando el resumen de una de ellas con una caricatura de ese genial dibujante que fue Bagaría.

Caricatura de Carrasco Cadenas

 

Rey Pastor dibujo 1932Pero indudablemente la conferencia que suscitó mayor atención en la opinión pública de aquel momento fue la que dio Julio Rey Pastor (Logroño 1888-Buenos Aires 1962) el viernes 29 de enero con motivo de la inauguración del curso de 1932 por la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo madrileño, institución con la que Rey Pastor tenía vinculación desde tiempo atrás, como ya expuse en otro post anterior (ver aquí). Ese matemático, que vivía entre Buenos Aires y Madrid,  y que había fundado años atrás el Laboratorio de Matemática de la JAE, disertó aquel día de enero de 1932  “Sobre la unidad de la ciencia” ante un auditorio nutrido. El lleno del  salón de actos le recordó a un asistente los habidos con anterioridad en las conferencias de Einstein, del príncipe de Mónaco, impulsor de la oceanografía, o del filósofo francés Henri Bergson. El diario El Sol  dedicó al evento parte de su primera página en su número del sábado 30 de enero donde se hacía una presentación del “eminente” matemático acompañada de un dibujo de Aristo-Téllez , ofreciendo además una transcripción taquigráfica de la la conferencia en su folletón durante varios días (por ejemplo en los días 30 y 31 de enero). Los números 1.299 y 1300 correspondientes a la primera y segunda quincena de febrero de la revista Madrid científico también reprodujeron  la conferencia que un periodista del diario Luz   (30 enero p. 12) resumió de esta manera

Rey Pastor conferencia 1

Rey Pastor conferencia 2

Ahora bien el gran acontecimiento científico-técnico en aquel mes de enero de 1932 fue la presentación en sociedad del gran plan de reformas diseñado por el arquitecto y urbanista Secundino Zuazo (Bilbao 1887- Madrid 1970) para reorganizar la configuración urbana del Madrid futuro en torno al eje Sur-Norte (Atocha-Chamartín), que sustituiría al eje oeste-este (que unía el antiguo Alcázar con el palacio del Buen Retiro a través de la calle Mayor y luego la de Alcalá) sobre el que había pivotado hasta entonces la organización espacial de la capital del Estado. Como resultado de ese plan se efectuó el enlace ferroviario subterráneo que acabó con la discontinuidad de la red, la prolongación de la Castellana que reestructuró el crecimiento de la ciudad y la construcción de un conjunto de edificios destinados a los Nuevos Ministerios. Zuazo, que contó con el apoyo decidido del presidente del gobierno Manuel Azaña y de Indalecio Prieto, ministro socialista de Obras Públicas, expuso detalladamente su vasto plan de reformas urbanas de Madrid en las  páginas de dos números del diario El Sol, correspondientes a los domingos 17 y 24 de enero, según se puede apreciar a continuación. Parecía haber pues a principios de enero de 1932 una correlación entre ímpetu científico-técnico y apuesta por la “metropolización” de la ciudad en el Madrid republicano de aquel entonces.

Zuazo 1 a

Zuazo 2

 


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Lugares de la ciencia en el Madrid de 1913

Entre el 15 y el 20 de junio de 1913 se celebró en Madrid el IV Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias. Los tres primeros se habían celebrado respectivamente en Zaragoza (1908), Valencia (1909) y Granada (1911). La significación de la fundación y desarrollo de este esfuerzo asociativo de los científicos españoles ha sido analizada, entre otros, por Elena Ausejo y  Pelayo García Sierra.

Una de las particularidades del primer congreso celebrado en la capital del Estado español fue que los organizadores tuvieron la idea de elaborar una Reseña de los principales establecimientos científicos y laboratorios de investigación de Madrid. El libro se compuso en un muy corto período de tiempo -¡en quince días-!. Pero constituye una valiosa fuente para conocer los lugares en los que se hacía ciencia en el Madrid de hace un siglo. Y nos permite disponer de información de primera mano sobre las razones que indujeron a pensar a quienes hicieron esa guía de que “el progreso científico es cada día más evidente en nuestro país, y la afición por los estudios experimentales va aumentando”.

Parte de esta información se contiene en el interesante mapa interactivo Madrid: Ciencia y ciudad a principios del siglo XX, coordinado por Alfredo Baratas y Antonio González Bueno, que se puede consultar en el área de ciencia y sociedad del portal de madrimasd (ver aquí.) Con el ánimo de profundizar en la información que se ofrece en él se elabora esta entrada.

Como he señalado la realización del libro de 277 páginas que elaboraron los organizadores del mencionado Congreso de 1913 se hizo con prisas y ello se nota en el orden y contenidos desiguales de la información, pues unos contienen fotografías -que han sido bien utilizadas por los diseñadores del mencionado mapa interactivo Madrid: Ciencia y ciudad- y otros no.

Ahora bien leyendo la reseña con atención encontramos valiosos datos sobre la historia y funcionamiento de las siguientes instituciones y laboratorios y una galería de imágenes -que indicamos a continuación- que nos aproximan a los objetos e instrumentos que un paseante curioso podría observar si hiciese una ruta por el Madrid científico de 1913, con excursión a San Lorenzo del Escorial para visitar la Escuela de Ingenieros de Montes. En esa ruta se encontraría con instituciones estatales, unas de carácter militar, y otras de carácter civil, y alguna vinculada al Ayuntamiento de Madrid.

Entre las de carácter militar se encuentran:

el Laboratorio del Material de Ingenieros, cuya misión principal era el examen técnico de los materiales destinados a las obras y edificaciones del Ejército. La información que se ofrecía sobre ese laboratorio se complementaba con once fotografías correspondientes a: edificio principal; sala de análisis y ensayos clínicos; salas de máquinas: número 1, y 2; microscopio Le Chatelier-Reichert para metalografía; sala de ensayos de cementos y piedras; máquina Falcot para ensayo de ballestas; hornos eléctricos; máquina Brinell para ensayos de dureza; péndulo Charpy para ensayos de “resiliencia”, y máquina universal Falcot.

 el Taller de precisión, laboratorio y centro electrotécnico de Artillería con las siguientes quince fotografías: Vista general de los edificios; Central eléctrica; Gabinete de medidas eléctricas; Gabinete de pruebas de explosivos; sala de preparaciones; Laboratorio de análisis; Laboratorio de gases; Laboratorio de pruebas de pólvoras; Metalografía. Banco de proyección y espectroscopio; Horno eléctrico;  Gabinete de metrología; Sala de balanzas; Sala de construcciones; y Laboratorio de pruebas mecánicas.

el Depósito de la Guerra, estrechamente relacionado con el  Estado Mayor Central del Ejército. Su noticia se complementaba con cinco ilustraciones alusivas a sus trabajos cartográficos: Fragmento de la hoja nº 45 del Mapa Itinerario Militar de España; Plano de las Rías Bajas de Galicia; (lavado) los Picos de  Europa; Mapa Militar de España al 1:200.000 (lavado).- Los Picos de Europa; y Plano de Alcázar Quebir en Marruecos.

el Laboratorio Central de Medicamentos de Sanidad Militar, ubicado en la calle de Amaniel. La información que se ofrecía sobre él se acompañaba de trece fotografías accesibles en

http://www.madrimasd.org/cienciaysociedad/patrimonio/madrid-cientifico/MCM-1900/portada.swf

La relación de imágenes es la siguiente: Vista del edificio; Sala de análisis; Sala de balanzas; Departamento de máquinas; Departamento para la fabricación de cápsulas y comprimidos; Departamento de preparación de extractos fluidos; Alambiques; Departamento de productos químicos; dos vistas del Departamento de sueros y ampollas; Departamento de especialidades farmacéuticas; Departamento de medicamentos envasados; y Almacenes.

Personal del Laboratorio Central de Medicamentos de Sanidad Militar hacia 1900. La imagen procede de la Biblioteca Virtual de la Real Academia Nacional de Farmacia. Está accesible en Europeana. José Ubeda y Correal, su principal impulsor, está sentado en primera fila a la izquierda del espectador.

Personal del Laboratorio Central de Medicamentos de Sanidad Militar hacia 1900. La imagen procede de la Biblioteca Virtual de la Real Academia Nacional de Farmacia. Está accesible en Europeana. José Ubeda y Correal, su principal impulsor, está sentado en primera fila a la izquierda del espectador.

el Instituto de Higiene Militar. Ubicado en el nº 56 de la calle Alberto Aguilera dependía de la sección de Sanidad Militar del Ministerio de la Guerra. Se había creado en 1885. En él se formaban los médicos militares y los oficiales veterinarios. En su reseña se ofrecía un resumen de los trabajos que se habían efectuado en él entre 1908 y 1912, una valoración de los análisis efectuados en 1912 y una valoración económica de los productos elaborados en ese año de 1912. Además la información se completaba con ocho fotografías que se pueden visualizar en el website Madrid científico mencionado anteriormente. Correspondían a: Vista del edificio; Laboratorio de servicios generales; Laboratorio de análisis clínicos; Laboratorio de bacteriología; Laboratorio de sueros; Laboratorio de análisis higiénicos; Laboratorio de Veterinaria; y Biblioteca.

el Centro técnico del Cuerpo de Intendencia Militar, creado por real orden de 22 de agosto de 1911 para reunir las tareas de la “Comisión de estudios y experiencias” y el Laboratorio del disuelto cuerpo de Administración militar se encontraba en pleno período de reorganización. Entre sus instalaciones contaba con Laboratorios de materias alimenticias, grasas, combustibles, materias textiles, cueros; un Laboratorio para preparaciones y trabajos foto y micrográficos; talleres de dibujo, pintura y depósitos electrolíticos, y oficina de estudios de aparatos, enseres y efectos relativos a los servicios de subsistencias, acuartelamiento, vestuario, transportes, hospitales y campamento. La noticia sobre este Centro no iba acompañada de ilustraciones.

Entre las instituciones y establecimientos de carácter civil cabe diferenciar:

– las Escuelas de Ingenieros como:

    la Escuela de Ingenieros de Minas en la calle de Ríos Rosas ocupó a partir de 1893 un edificio diseñado por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. La reseña de esta escuela abarcó la descripción del laboratorio químico industrial y docente; el laboratorio de electricidad y los talleres mecánicos de carpintería y labra de metales. Se ilustraba la información con cinco fotografías correspondientes a: sección de investigaciones científicas; la comisión del grisú con Aparato de Schöndorff para ensayo de lámparas de seguridad en atmósferas inflamables; sección de electrotecnia; y dos vistas de la sala de electrometría.

Escuela Ingenieros de Minas 1906-1914-lacoste

   la Escuela de Ingenieros de Montes, situada a la entrada del Real Sitio de San Lorenzo del Escorial. Se ofrecía una noticia detallada del edificio, de su plan de enseñanza, de la biblioteca y de sus gabinetes y laboratorios, acompañada de siete fotografías alusivas a: Vista general de la Escuela; Biblioteca; Laboratorio de Química; Gabinete de Topografía; Gabinete de Zoología; Museo de industrias forestales; y Laboratorio de experimentación forestal.

Escuela Ingenieros de Montes (1870-1914)

Vista del edificio de la Escuela de Ingenieros de Montes en El Escorial

  la Escuela especial de Ingenieros agrónomos o Instituto Agrícola de Alfonso XIII, cuyos orígenes se remontaban a la Escuela central de Agricultura creada en Aranjuez el 1 de septiembre de 1853. Basándose en unos Apuntes históricos de Gumersindo Fernández de la Rosa se exponen los hitos y las vicisitudes de esa singular institución educativa hasta que se creó la Escuela Superior de ingenieros agrónomos por real orden de 16 de agosto de 1876. Se ofrecen entonces detalladas noticias sobre las enseñanzas teóricas y prácticas impartidas en ella, entre las que destacaba la formación hidráulica como se aprecia en este artículo (ver aquí). El texto se completaba con cuatro fotografías correspondientes a: Vista del edificio de la Escuela de ingenieros agrónomos, ubicado en las proximidades de la actual Casa de Velázquez en la Moncloa; y tres fotografías: de uno de los laboratorios de Química; del Laboratorio de Análisis; y del Laboratorio de Electrotecnia.

Escuela de ingenieros agrónomos Vista del edificio en la Moncloa

Vista del edificio de la Escuela de Ingenieros Agrónomos en la Moncloa

 el Laboratorio Central para ensayos de materiales de construcción de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, situado en el nº 3 de la calle de Alfonso XII, y creado por real decreto de 12 de agosto de 1898. Ocupaba los sótanos de la Escuela y en él se efectuaban ensayos químicos, físicos, mecánicos y eléctricos. Las cuatro fotografías que acompañaban a su reseña se referían a: Generadores eléctricos y balanza Kelvin; Patio de electrotecnia. Transformadores; Máquina universal Amster-Laffon, de 250 toneladas para medir esfuerzos de tracción, flexión o compresión; y Máquina Buckton, de 50 toneladas.

    la Escuela Industrial, cuya historia está resumida aquí, estaba situada en el nº 5 de la calle de San Mateo y tenía como anexos los Talleres Electro-mecánicos situados en el nº 68 de la calle de Embajadores. Según se informaba en la reseña que estamos resumiendo este centro formativo contaba con “un buen Gabinete de física, un Gabinete fotométrico y de medidas eléctricas, y de un Laboratorio de química con excelente material”. Disponía además de “otro buen Laboratorio de química, con aparatos muy modernos” en el local donde estaban situados los Talleres en la calle Embajadores. Allí había también un Laboratorio de electrotecnia, “también con material excelente”. La noticia sobre este establecimiento, que era breve, no iba acompañada de ninguna ilustración.

– las dependientes de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas como:

  el Museo Nacional de Ciencias Naturales, con ocho fotografías sobre: las colecciones de vertebrados, y de articulados y un grupo de gamos expuestos al público; el Laboratorio de geología; dos sobre las salas de mineralogía; un departamento del laboratorio de entomología; y las colecciones de malacología en la sede que ocupa actualmente, a la que se había trasladado en 1910.

El Palacio de la Industria y de las Artes en 1887. En 1910 el Museo de Ciencias Naturales se instalará en una parte de él

El Palacio de la Industria y de las Artes en 1887. En 1910 el Museo de Ciencias Naturales se instalará en una parte de él

    el Laboratorio de Investigaciones Físicas,  dirigido por Blas Cabrera, también se instaló en el Palacio de las Artes y de la Industria. Estaba formado por cuatro secciones -Metrología, Electricidad, Espectrometría y Espectrografía y Química física- que ocupaban nueve salas. La noticia de ese novedoso laboratorio, fundado en 1910, iba acompañada de seis fotografías correspondientes a: Vista general de una de las dos salas de Metrología; Mesa de trabajo de una sala de Metrología; Instalación para la Magneto-química en una de las dos salas de Electricidad; Vista general de una sala de Electricidad; Conmutador de las baterías de acumuladores; Cuadro general de distribución. Quien elaboró la noticia mostró interés en detallar que la biblioteca del laboratorio a pesar de su reciente fundación contaba con adecuados materiales de consulta y estudio. Entre ellos se encontraban las colecciones siguientes de las principales publicaciones periódicas alemanas, francesas y norteamericanas: Series de Wiedemann y Drude de los Annales der Physik; y colecciones completas de los Beiblätter in den Annalen der Physik; de los Chemisches Central-Blatt; de Physikalische Zeitschrift; de Zeitschrift für Elektrochemie; de Travaux et Mémoires y Procès verbaux  du “Bureau International des Poids et Mesures”; de Physical Review; de Zeitschrift für Instrumentenkunde y de Zeitschrift für Physikalische-Chemie.

    el Museo de Antropología, Etnografía y Prehistoria con nueve fotografías sobre: Pórtico del Museo; Salón de Etnografía; Colecciones de ídolos; Indios del Napo de América del Sur; Grupo de negros ashantis jugando al “apon-ayo”; Busto de una joven indígena de las islas Carolinas; Sala de Prehistoria; Instrumentos de sílex de la estación cuaternaria de San Isidro de Madrid; y Laboratorio antropométrico.

Museo Antropológico

    el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, dirigido por Santiago Ramón y Cajal, que ocupaba el ala meridional del segundo piso y una parte del tercero del edificio que fue Museo del doctor Velasco, compartiendo su ocupación con el Museo de Antropología, Etnografía y Prehistoria en el paseo de Atocha. Sorprendentemente en la reseña que estamos resumiendo, efectuada con motivo de la celebración del IV Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias en Madrid, se afirmaba que este laboratorio dirigido por Cajal estaba adscrito a la Universidad de Madrid, pero sabemos que formaba parte del Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales de la JAE que presidía precisamente Cajal. Su noticia no iba acompañada de ninguna ilustración.

Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal en un lateral del Museo de Antropología, fundado por el Dr. Velasco. Foto del autor del Blog MadridLaCiudad

Laboratorio de Investigaciones Biológicas de Cajal en un lateral del Museo de Antropología, fundado por el Dr. Velasco. Foto de Carlos Viñas-Valle, autor del Blog MadridLaCiudad

– Otras instituciones estatales como:

      el Observatorio astronómico. Su reseña se acompañaba de ocho fotografías: del edificio principal; de la Ecuatorial de Merz y vivienda de los astrónomos; de los pabellones de la ecuatorial de Grubb y del espectroheliógrafo; de la Ecuatorial de Grubb; del Espectroheliógrafo; del Círculo meridiano; de la Ecuatorial fotográfica; y una vista de conjunto del edificio principal, pabellón del espectroheliógrafo y la cúpula del heliógrafo.

Edificio principal del Observatorio astronómico de Madrid

Edificio principal del Observatorio astronómico de Madrid

[En la actualidad en la blogosfera se encuentran accesibles algunas de esas fotografías: ver por ejemplo las accesibles aquíaquí y en este album de Flickr]

     El Observatorio Central Meteorológico, situado en el Parque del Retiro, con seis fotografías cuyos encabezamientos eran: Vista del edificio principal; Estación telegráfica; Garitas de instrumentos con registro gráfico; Observación barométrica; Pluviómetros; y Lanzamiento de globos pilotos.

Vista del edificio principal del Observatorio meteorológico del parque de Retiro en Madrid

Vista del edificio principal del Observatorio meteorológico del parque de Retiro en Madrid

Pluviómetros del Observatorio Central Meteorológico de Madrid

Pluviómetros del Observatorio Central Meteorológico de Madrid

Observaciones de 1 de enero de 1913 del Observatorio Central de Meteorología

Observaciones de 1 de enero de 1913 del Observatorio Central de Meteorología

   El Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII que se había creado por real decreto de 1899 con el nombre de Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología, estaba ubicado en el nº 98 de la calle Ferraz. Lo presidía Santiago Ramón y Cajal quien contaba con la colaboración, entre otros, de su discípulo Francisco Tello y del investigador italiano Gustavo Pittaluga Fattorini, que se había instalado en Madrid desde 1903. Las noticias que se aportan son breves, a pesar de la importancia de la institución, y no están acompañadas de ninguna ilustración.

Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII

   El Centro de Ensayos de Aeronáutica y Laboratorio de Automática, dirigido por Leonardo Torres Quevedo, que compartía espacio en el Palacio de la Industria y de las Artes con el Laboratorio de Física de la JAE. El Centro de Ensayos de Aeronáutica se había organizado a partir de una real orden de 4 de enero de 1904, y el Laboratorio de Automática se creó por real orden de 22 de febrero de 1907, incorporándose por real orden de junio de 1911 a formar parte de la Asociación de Laboratorios, creada por real orden de 6 de julio de 1910, para impulsar la construcción y reparación de aparatos científicos. La reseña de estas instituciones dirigidas por el ingeniero e inventor Torres Quevedo es muy completa y ofrece numerosos detalles de su trayectoria científica y de sus publicaciones. Además está acompañada esa abundante información con veintiuna ilustraciones, relacionadas fundamentalmente con sus investigaciones sobre Cinemática y Automática y con los trabajos efectuados para la Asociación de Laboratorios.

Sus encabezamientos son: Sala de montaje y ensayos; Taller de precisión; Magnetógrafo Brañas (Aparato construido con la colaboración del inventor -del Instituto de Oviedo-, por encargo de la Asociación de Laboratorios); Cardiógrafo Gómez Ocaña (idem); Monopuis Navarro (idem); Aparato de Chapuis, modificado para determinar el punto 100 de los termómetros (construido por encargo de la “Asociación de Laboratorios”); Patrón Fabry y Perot (idem); Miógrafo Potenciano (construido con arreglo a las indicaciones del inventor); Sismógrafo Mier (aparato que se construye por encargo de la “Asociación de Laboratorios”); Microtomo (construido por encargo de la “Asociación de Laboratorios”); Aparato para medir la resistencia eléctrica de los contactos (Proyecto del Laboratorio de Automática); Duplex-Santano. Aparato que funciona en varias líneas terrestres y en el cable de Almería a Melilla; Cardiógrafo Gómez Ocaña. Pie universal (Proyectado en el Laboratorio); Aparato para medir la fuerza atractiva de los electro-imanes (Proyecto del Laboratorio); Máquina de multiplicar Torres Quevedo. Aparato de ensayo y demostración; Máquina algebraica Torres Quevedo. Aparato en construcción, destinado a la resolución de ecuaciones algebraicas de grado superior; Husillo sin fin Torres Quevedo. Mecanismo utilizado en las máquinas algebraicas para construir la fórmula y = log. (10x + 1); Transbordador funicular Torres Quevedo. (Modelo en escala 1/10); dos fotografías de El ajedrecista Torres Quevedo. Aparato de ensayo y demostración. También había una fotografía del Centro de Ensayos de Aeronáutica correspondiente a El telekino Torres Quevedo (Aparato utilizado para los ensayos del bote “Vizcaya” que se realizaron en el puerto de Bilbao). 

Maqueta del trasbordador sobre el Niágara, conocido como Spanish aerocar, proyectado desde 1888 e inaugurado en 1916

Maqueta del trasbordador sobre el Niágara, conocido como Spanish aerocar, proyectado desde 1888 e inaugurado en 1916

   la Escuela de Criminología, creada por real decreto de 12 de marzo de 1903, se instaló definitivamente en 1905 en el pabellón de la izquierda a la entrada de la Prisión celular de Madrid, situada en la calle de la Princesa en el barrio de Argüelles. En 1913 la dirigía Rafael Salillas, y como profesores le acompañaban, – tras el fallecimiento de Félix de Armburo y Federico Olóriz-, Manuel Antón, Luis Simarro, y Manuel B. Cossío. En ella se formaba al personal del Cuerpo de Prisiones en la ciencia penitenciaria, y en  materias como antropología, sociología, psicología, pedagogía y criminología. Se efectuaban además prácticas en el interior de la prisión como revelaba la obra del profesor de Psicología del Instituto general y técnico de Valladolid, Francisco Santamaría, que había sido ayudante de Luis Simarro, titulada: Los sentidos.- Lecciones elementales de Psicometría dadas en la Escuela de Criminología de Madrid. La noticia sobre esta Escuela se acompañaba de cuatro ilustraciones correspondientes a dos fotografías del Museo-biblioteca, y otras dos del Aula grande donde se impartían las enseñanzas.

Instalaciones universitarias como:

     Laboratorios y cátedra de Física de la Facultad de Ciencias en la calle de Amaniel. Constaban de cuatro departamentos: dos destinados a laboratorios de Física general, Termología, Electricidad y Magnetismo y Acústica y Óptica, y otros dos para el taller de mecánica de la Facultad y la cámara obscura necesaria para las operaciones de fotografía. La reseña se acompañaba de seis fotografías: cuatro correspondían a diferentes aspectos del laboratorio de Física general, una al laboratorio de Termología y otra al laboratorio de Electricidad y Magnetismo.

  el Instituto de Radiactividad de la Universidad de Madrid, situado en la calle Amaniel. Inició sus trabajos en 1903 como Laboratorio y a partir del 1 de enero de 1911 se tranformó en Instituto de investigación, dirigido por José Muñoz del Castillo, catedrático de Mecánica química de la Facultad de Ciencias. En su plantilla había dos preparadores auxiliadores de Radiactividad,  uno de ellos era Ignacio Bolívar Pieltain-, cuatro ayundantes y tres agregados meritorios. El Instituto, que ha merecido una importante investigación de Néstor Herrán, tenía cinco secciones: Radiofísica, Radioquímica, Radiogea y Radiocosmia, Radiobiología y Boletín y publicaciones del Instituto; libros y biblioteca. La información que se ofrecía en la reseña sobre sus actividades y líneas de trabajo se completaba con seis ilustraciones alusivas a: Sección 1. Radiofísica. Departamento para mediciones de precisión; Sección 2. Radioquímica. Cámara obscura; Sección 3. Radiogea y Radiocosmia. Departamento para los gases, rocas y minerales radiactivos; tres fotografías relacionadas con la Sección 4. Radiobiología: Observatorio de radiactividad, Campo de ensayos de abonos radiactivos y Departamento de microbiología y reconocimientos radiactivos.

Instituto de Radiactividad

    el Laboratorio de Anatomía Comparada de la Facultad de Ciencias, en el que los alumnos recibían las lecciones teóricas y prácticas de la asignatura Organografía y Fisiología animales, iniciándose en los trabajos de Anatomía comparada y de Embriología. Su descripción se acompañaba de dos fotografías referentes al laboratorio de Fisiología de la Facultad de Ciencias.

      la Facultad de Medicina de la Universidad Central que ocupaba un amplio edificio en la calle de Atocha.

Edificio de la Facultad de Medicina en la calle Atocha

Edificio de la Facultad de Medicina en la calle Atocha

Dado el “muy algo prestigio científico de que goza” se informó ampliamente de sus instalaciones en las que “el Laboratorio de Histología y de Anatomía Patológica, que Cajal dirige, tiene mundial renombre”. Esa información iba acompañada de nueve fotografías correspondientes a: vista de la entrada principal; Fachada del Hospital Clínico; Laboratorio de Medicina Legal; Laboratorio de Histología normal y patológica; dos fotografías del Laboratorio de Fisiología; Una de uno de los quirófanos; Sala de disección; y Detalle de la bóveda del gran anfiteatro.

Portada de la Facultad de Medicina de la Universidad Central

Portada de la Facultad de Medicina de la Universidad Central

 la Facultad de Farmacia de la Universidad Central, en la actual calle de la Farmacia. Su sede fue ocupada por la Real Academia Nacional de Farmacia.

Facultad de Farmacia

La actual sede de la Academia Nacional de Farmacia ocupa el edificio de la antigua Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid

La breve información sobre los estudios que se impartían en ella se completaba con un amplio reportaje fotográfico de veintiuna imágenes correspondientes a:

Fachada exterior; Fachada del pabellón edificado en el jardín para los estudios de Farmacología y Botánica; Museo farmacológico; Laboratorio de Mineralogía; Laboratorio de Técnica física; Laboratorio de Farmacología; Cátedra de Botánica; Cátedra de Química inorgánica; Herbario correspondiente a la Flora de España; Laboratorio de Química inorgánica; Laboratorio del profesor de Materia farmacéutica vegetal; Primer laboratorio de Materia farmacéutica vegetal; Segundo laboratorio de Materia farmacéutica vegetal; Primer laboratorio de Química orgánica; Segundo laboratorio de Química orgánica; Laboratorio del profesor de Análisis químico; Laboratorio de Análisis químico; Cátedra de Farmacia práctica; Laboratorio de Farmacia práctica; Laboratorio del profesor de Química biológica; Cátedra de Química biológica; Laboratorio de Química biológica; Cátedra de Microbiología; Laboratorio de Microbiología;  Continuación del laboratorio de Microbiología.

   la  Escuela de Veterinaria de Madrid, inaugurada en 1881, que ocupaba “un espacioso y moderno edificio” en el nº 70 de la calle Embajadores, donde se encuentra actualmente la sede del Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes, según destaca en su interesante blog Mercedes Gómez. (ver aquí). Su reseña se acompañaba de cuatro fotografías correspondientes a: Vista general del edificio; Laboratorio de Higiene; Laboratorio de Fisiología; Laboratorio de Bacteriología.

Vista general del edificio de la Escuela de Veterinaria. (Foto Museo Veterinario Complutense)

Vista general del edificio de la Escuela de Veterinaria. (Foto Museo Veterinario Complutense)

  el Museo Laboratorio Jurídico de la Facultad de Derecho fundado y dirigido por el decano de la Facultad Rafael de Ureña y Smenjaud (1852-1930). En él se recibía la enseñanza práctica de las asignaturas de Historia del Derecho, Derecho penal, Historia de la Literatura jurídica y Antropología criminal. El Museo de criminología del Laboratorio disponía de una serie de instrumentos procedentes de la Audiencia provincial de Madrid, según había dispuesto una real orden de 29 de julio de 1912.

Organismos municipales como el Laboratorio municipal de Madrid, fundado en 1879 y ubicado desde 1903 en la calle Bailén. Sus principales trabajos estaban relacionados con los servicios analíticos -fundamentalmente de alimentos  y bebidas- la inspección de subsistencias y la defensa contra las enfermedades infecto-contagiosas. La información que se ofrecía de él estaba acompañada de una única imagen alusiva a la Vista exterior del edificio.

laboratorio municipal detalle fachada

Detalle de la fachada del Laboratorio municipal de Madrid


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El interés de Ortega y Gasset por la geografía y por el concepto de región natural tras un viaje a Asturias en 1915

El año 1915 fue muy intenso para José Ortega y Gasset (1883-1915), marcado por el lanzamiento del semanario España, cuyo primer número salió a la calle el 29 de enero, según expliqué en un post anterior. (ver aquí). En el verano de ese año Ortega decidió descansar en Asturias para reponer fuerzas como él mismo nos contó: “Durante este verano he vivido mes y medio en Asturias. Ese tiempo y otro tanto más son insuficientes para conocer el cuerpo y el alma de una comarca, aun dedicándolos por entero a su estudio. Si se trata de Asturias, donde los paisajes y los corazones están tejidos con raros matices y transiciones, la insuficiencia resulta mucho mayor. Ahora bien; yo no he dedicado ese mes y medio a estudiar la vida asturiana, sino más bien a lo contrario, a descansar de mi vida castellana”.

Vecinos a caballo en La Pasera -Mieres- hacia 1915.

Vecinos a caballo en La Pasera- Mieres- hacia 1915 tomada de El blog de “Acebedo”

 

Pero las impresiones de ese viaje de la meseta castellana a tierras cantábricas le causaron tan honda impresión que empezó a trasladarlas a los lectores del semanario España a partir de su número 35, publicado el 23 de septiembre de 1915, con el título de “Unas notas de andar y ver”. Esas notas tenían  los siguientes apartados: “De viaje”, “Dueñas”, “La hermana visitadora”, “Las dos lunas” y “Geometría de la Meseta” .

Articulo de José Ortega y Gasset en el semanario España de 23 de septiembre de 1915

Articulo de José Ortega y Gasset en el semanario España de 23 de septiembre de 1915

Impulsó a Ortega dejar por escrito sus observaciones y reflexiones un afán de combatir la fluidez de la vida que se exacerba al viajar: 

Mi intención se reduce a decir una cosa sin importancia ni trascendencia, a saber: que en los viajes se hace extremada la momentaneidad de nuestro contacto con los objetos, paisajes, figuras, palabras, y paralelamente crece y nos acongoja la pena que sentimos que así sea. Quisiéramos de algún modo fijar alguna de aquellas cosas que pasan a escape, como si tuviesen una cita allá lejos, con alguien que no somos nosotros.  A este fin llevamos un cuaderno y un lápiz; apuntamos unas breves palabras, y cuando un día, andando el tiempo, las leemos, el paisaje, la palabra, la fisonomía que desapareció adquiere cierta supervivencia, una como espectral vida que conserva de la real vagos ecos, remotos latidos.

Tuvieron continuación esas notas con su texto “Vaga opinión de Asturias”. La primera parte se publicó en  el número 42, de 11 de noviembre, y tenía los siguientes apartados: “Prólogo”, “Las tres sospechas”, “Un paisaje”. La segunda, en el número 43, de 18 de noviembre, donde incluyó el epígrafe “La mirada castellana procede con tacto”.

No sabemos por qué razones -quizás por los problemas que tuvo Ortega con la orientación de la revista en el otoño de ese año que le llevaron a abandonar la dirección del semanario- pero esa serie de notas de andar y ver sobre Asturias se vieron interrumpidas.  Y así los redactores del semanario España se vieron obligados a insertar en el nº 44, de 25 de noviembre, esta advertencia a sus lectores: “Vaga opinión sobre Asturias. En los números próximos continuaremos la publicación de esta serie de notas sobre la tierra y la vida asturiana de José Ortega y Gasset. III. El otro paisaje. IV. Psicología del cascabel”. Y en efecto la primera sección -El otro paisaje- la pudieron leer los lectores de España en dos entregas sucesivas: en el número 50 de 6 de enero de 1916, y en el de la semana siguiente. Sin embargo el anunciado capítulo sobre la “Psicología del cascabel” lo incorporó a sus Ensayos filosóficos sobre biología y pedagogía que publicó por primera vez en el tercer tomo de El Espectador en 1921.

En ese tomo de 1921 también aparecieron sus “Notas de andar y ver. De Madrid a Asturias o los dos paisajes”, publicadas originariamente en el semanario España, entre septiembre de 1915 y enero de 1916, como acabamos de ver. Tenemos acceso ahora a ellas  en el tomo II de las Obras completas de Ortega, editadas por Taurus (p.377-391). En las páginas 900-904 los editores, con muy buen criterio, compulsaron ambos textos, los de 1915-1916 y la edición orteguiana de 1921 porque hay alguna que otra diferencia entre ellos. Y aunque han cazado casi todas las diferencias se les escapó alguna que para mi criterio es importante, como señalaré más adelante.

Ahora mi intención fundamental es fijarme en los dos últimos textos de esa serie de reflexiones orteguianas, los publicados el 6 y el 13 de enero de 1916 en España, para mostrar aspectos de Asturias que llamaron la atención a Ortega, subrayar cuán atento estaba al movimiento científico de la sociedad española de aquel momento y poner un ejemplo de las modificaciones que introdujo entre sus Notas de andar y ver de 1915-1916, y su edición de 1921 que son las que han servido de guía a los editores más recientes de sus obras completas.

Pero vayamos por partes. Primero sigamos a Ortega cuando desde Pajares dirigió la mirada al norte y se preguntó: “¿Qué significa la palabra Asturias”? Esta es la respuesta que nos da, llena de plasticidad, influido por sus lecturas de geógrafos coetáneos, de cuentos de Clarín como Boroña, (accesible aquí) e impresionado por los contrastes entre los dilatados horizontes manchegos y el abrupto relieve asturiano con sus angostos valles, donde el vacío no existe:

Signifique lo que quiera, encuentro en el valor de plural que ese vocablo tiene una certera sugestión para el viajero. Hay muchas Asturias, no sólo las de Oviedo y las de Santillana. Hay muchísimas más: sería trabajoso contarlas.

Un estrecho valle, de blando suelo, verde y húmedo: colinas redondas, apretadas unas contra otras, que lo cierran a los cuatro vientos. Aquí, allá, caseríos con los muros color sangre de toro y la galería pintada de añil; al lado, el hórreo, menudo templo, tosco, arcaico, de una religión muy vieja, donde lo fuera todo el Dios que asegura las cosechas. Unas vacas rubias. Castaños, castaños cubriendo con su pompa densa todas las laderas. Robles, sauces, laureles, pinedas, pomares, hayedos, un boscaje sin fin en que se abren senderos recatados….Sobre las altas mieses, unas guadañas que avanzan y siegan la luz en reflejos. Y como si el breve valle fuera una copa, se vierte en él la bruma suave, azulada, plomiza, que ocupa todo el ámbito. Porque en este paisaje el vacío no existe; de un extremo a otro todo forma una unidad compacta y tangible. Sobre la sólida tierra está la vegetación magnífica; sobre ésta, la niebla, y ya en la niebla tiemblan prendidas las estrellas lacrimosas. Todo está a la mano, todo está cerca de todo, en fraterna proximidad y como en paz; junto a la pupila de la vaca se abre el lucero de la tarde. ..

Ese angosto recinto unánime es Asturias. Si salimos de él habremos de entrar en otro parejo. Cada uno de estos valles es toda Asturias, y Asturias es la suma de todos esos valles. Por ello decía que las Asturias son innumerables, y que parece esencial a esta comarca el concepto de pluralidad o repetición de unidades análogas. Podemos representarnos la Mancha como un inmenso espacio único; Asturias, por el contrario, nos aparece como en una serie de pequeños espacios homogéneos e independientes. 

En segundo lugar prestemos atención al giro del discurso de Ortega cuando da el salto desde su descripción literaria de las características del paisaje asturiano  a sus consideraciones científicas sobre el concepto de “región natural” de la mano de la emergente geografía que, como ya he señalado en varias entradas de esta bitácora (ver aquí y aquí), estaba experimentando un notable despegue en la sociedad española de aquellos años, alentada en gran medida por la labor de la JAE, de cuyas publicaciones científicas los lectores del semanario España tenían cumplida cuenta, como veremos en otras entradas de esta bitácora. En efecto, tras los párrafos transcritos líneas arriba, prosiguen las notas de Ortega y Gasset respecto a su “vaga opinión sobre Asturias” con las siguientes reflexiones en las que contrapone la concreción de la “región natural”, que se nos mete por los ojos, y la abstracción de lo que llamamos España, a la que solo se puede representar con símbolos y alegorías, es decir con construcciones mentales.

Día por día, la geografía contemporánea va concediendo mayor importancia a la idea de “región natural”. Puede decirse que ha llegado a ser el fenómeno matriz de la investigación geográfica. Un arcángel revolando por los vacíos siderales, verá la Tierra como un astro; mas para el hombre, la Tierra como astro es una abstracción física. Esto mismo que llamamos España es una abstracción política e histórica. No cabe de ella una imagen adecuada; para representarla tenemos que acudir al símbolo o la alegoría, que son construcciones mentales. Y, en consecuencia, puesto que es España una construcción mental nuestra, influimos nosotros en ella más que ella en nosotros. Frente a todas esas entidades abstractas, la región natural afirma su calidad real de una manera muy sencilla: metiéndosenos por los ojos. De la región podemos tener una imagen visual adecuada, y viceversa, sólo es región, sólo es unidad geográfica aquella parte del planeta cuyos caracteres típicos pueden hallarse presentes en una sola visión. 

Estimaría que los geógrafos ensayasen esta manera mía de definir la región. A vueltas de complicadas sabidurías, acabarán por hallar su más exacto concepto en eso que bajo la retina se lleva el emigrante y en las horas de soledad o angustia parece revivir cromáticamente dentro de su imaginación. 

Sólo bajo la especie de región influye de un modo vital la tierra sobre el hombre. La configuración, la escultura del terreno, poblada de sus plantas familiares, y sobre ella el aire húmedo, seco, diáfano o pelúcido, es el gran escultor de la humanidad. Como el agua da a la piedra, gota a gota, su labranza, así el paisaje modela su raza de hombres, gota a gota; es decir, costumbre a costumbre. Un pueblo es, en primer término, un repertorio de costumbres. Las genialidades momentáneas que en él se produzcan componen sólo su perfil. 

Hay comarcas que despiden al hombre del campo y lo recluyen en la ciudad. Esto acontece en Castilla: se habita en la villa y se va al campo a trabajar bajo el sol, bajo el hielo, para arrancar a la gleba áspera un poco de pan. Hecha la dura faena, el hombre huye del campo y se recoge en la ciudad. De esta manera se engendran las soledades castellanas, donde el campo se ha quedado solo, sin una habitación o humano perfil durante leguas y leguas. En Asturias, opuestamente, el campo es el aposento, lugar doméstico [en la presentación original de este texto en el semanario España Ortega usa en vez de doméstico el asturianismo “atopadizo” que significa lugar cómodo, agradable, donde se está a gusto] de estancia y de placer. La tierra es un regazo, donde el hombre trabaja y descansa, sueña y canta.

Mercado en la plaza del Campo en Pravia en 1915. Captada de la Memoria Digital de Asturias

Mercado en la plaza del Campo en Pravia en 1915. Captada de la Memoria Digital de Asturias

En el diálogo que establece con la geografía contemporánea, en la que detecta que la idea de “región natural” se ha convertido en el fenómeno matriz de la investigación geográfica, Ortega y Gasset se basa en dos obras: Evolución y concepto de la geografía, de 1915, y Concepto de la región natural en Geografía, de 1913, debidas a Juan Dantín Cereceda. Se trataba de dos breves textos. El primero, de 28 páginas, publicado por los Anales de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas en su tomo XV.

En la presentación originaria de sus Notas de andar y ver en las páginas del semanario España podemos leer este añadido a esa referencia bibliográfica suya a las obras de Dantín: “Sobre el caso concreto de Asturias sería interesante conocer, entre otras, la opinión del autor de esos estudios y la de D. Luis Hoyos y Sáinz”. Curiosamente esta apostilla ha desaparecido en la edición de las obras completas de Ortega efectuada por Taurus, pero conviene rescatarla porque muestra la estrecha relación de Ortega en 1915-1916 con dos representantes de los catedráticos de instituto que simultaneaban con eficacia e ilusión por aquel tiempo su labor investigadora y sus tareas docentes. Se inscriben en una significativa galería de profesores innovadores que ayudaron a renovar la enseñanza secundaria durante el primer tercio del siglo XX, a los que nos hemos acercado en el libro colectivo Aulas modernas, de próxima publicación por la editorial Dykinson.

Juan Dantín Cereceda (1881-1943)  era en 1915-1916 catedrático de Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial del Instituto de Guadalajara y estrecho colaborador del catedrático de la Universidad Central e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales Eduardo Hernández Pacheco (1872-1965). Entre septiembre de 1913 y julio de 1914 fue pensionado de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en Francia, donde trabajó al lado del gran  geógrafo Emmanuel de Martonne (1873-1955), impulsor de la geografía regional, y  cuya huella en el folleto de Dantín Evolución y concepto de la geografía de 1915 es muy visible. Cuando Dantín se instaló en Madrid a partir de 1918, primero como catedrático del Instituto-Escuela, y luego como catedrático del Instituto San Isidro, sus relaciones con Ortega se hicieron muy estrechas. Miguel Ortega-en su libro Ortega y Gasset, mi padre (Barcelona, 1983, p. 76)- lo recuerda cómo un “hombre muy culto y muy sencillo a la vez” con quien Ortega “lo pasaba maravillosamente” en excursiones que hicieron en la década de 1920. Además de ser compañero de excursiones Dantín fue un muy estrecho colaborador de Ortega en el diario El Sol y en Revista de Occidente, como ha explicado muy bien Nicolás Ortega Cantero en su importante artículo “Juan Dantín Cereceda y la geografía española”.(ver aquí).

El otro profesor mencionado por Ortega -Luis Hoyos y Sáinz (1868-1951)- era de un grupo generacional diferente a él y a Dantín, que eran coetáneos. ¿Por qué lo menciona Ortega en esa nota a pie de página? Había varias razones, probablemente. En aquel momento de 1915 el prestigio científico de Luis de Hoyos estaba en alza. Como catedrático de Agricultura del instituto de Toledo, entre 1898 y 1909, había ganado fama como especialista de los problemas agrarios de España. Y tras ser nombrado catedrático de Fisiología e Higiene Escolar de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en 1909 organizó en esa institución académica un importante seminario de Etnografía y Artes Populares que a partir de 1914 impulsó las investigaciones antropológicas, disciplina científica en la que Hoyos y Sainz sobresalió como ha destacado Carmen Ortiz, compañera del departamento de historia de la ciencia del Instituto de Historia del CSIC, en su libro Luis de Hoyos Sáinz y la antropología española. (ver aquí). Por esa época ocupaba posiciones directivas en el Ateneo de Madrid donde en 1914 fue elegido presidente de la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, cargo que mantuvo hasta 1919. También hacia 1915 era un destacado militante del Partido Reformista y un experto en cuestiones educativas. Como tal fue nombrado en 1911 vocal de las comisiones que creó el Estado para favorecer reformas en la enseñanza y en las oposiciones a cátedrás, en las que permaneció hasta 1927. Parte de sus conocimientos sobre el mundo de la enseñanza secundaria los plasmó en las páginas del semanario España con una serie de cuatro artículos sobre “Los problemas del bachillerato” publicados entre septiembre y octubre de 1915, simultáneamente al inicio de las notas de andar y ver de José Ortega y Gasset. La firma de Luis de Hoyos y Sainz aparece, en efecto, estampada en la página 2 del semanario -la más importante- de los  ejemplares de  9  y 23 septiembre así como en los de 7 y 28 de octubre de 1915.

Hoyos y Sainz 1915

Primer artículo de una serie de cuatro publicados por Luis de Hoyos y Sainz en las páginas de España a partir del 9 de septiembre de 1915

 

Probablemente en una próxima entrada de esta bitácora fijaré mi atención en esas observaciones sobre los problemas del bachillerato en la España de aquel entonces. Ahora quería contextualizar las impresiones asturianas de Ortega en aquel año de 1915, tan cruento y desolador para tantas familias europeas, de graves problemas sociales en España e higiénicos en Cataluña, donde había una devastadora epidemia de tifus en Barcelona (ver aquí) -que no ha captado el periodista de La Vanguardia Carles Casajuana en un reciente artículo periodístico (ver aquí)-,  pero fértil para la creatividad de las elites intelectuales y científicas españolas, de cuyos logros e interrelaciones seguiré dando noticias en esta serie de aproximaciones a lo que fue el mundo científico y educativo de la España de hace un siglo.


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Ortega y Gasset: su impulso al semanario España entre enero y noviembre de 1915

En plena barbarie de la primera guerra mundial, sobre la que se están produciendo numerosos materiales didácticos para explicar a los jóvenes de hoy en día el horror que estremeció Europa hace cien años (ver aquí), y en medio de un intenso debate en la opinión pública de aquella época sobre la neutralidad española en la gran guerra, el siempre inquieto José Ortega y Gasset (1883-1955) tomó la decisión, a principios de 1915, de impulsar la edición del semanario España, considerado el periódico político más importante de la edad de plata de la cultura española.

María Teresa López de la Vieja en el libro Política y sociedad en José Ortega y Gasset: en torno a “Vieja y nueva política” reconstruyó el contexto en el que se gestó el lanzamiento del nuevo semanario. Por ella sabemos que para su nacimiento fue decisivo el apoyo económico del poeta ateneísta Luis García Bilbao, que había conocido a Ortega en 1910 en un curso que éste había impartido sobre Descartes en la Escuela Superior de Magisterio de la calle madrileña de Montalbán, según recordara otro testigo de aquel curso como fue el historiador Ramón Carande, autor de una magnífica Galería de raros.  Tiempo después Luis García Bilbao también fue otro de los asistentes del resonante discurso que dio Ortega  en el Teatro de la Comedia de Madrid el 23 de marzo de 1914, quedando deslumbrado con su llamamiento para renovar y europeizar la sociedad española con una nueva política. Como es sabido ese discurso es considerado el acta de nacimiento de la generación del 14, como ha subrayado recientemente Santos Juliá (ver aquí).

Los objetivos de la nueva empresa periodística – que inicialmente iba a denominarse “España-1914” según evocara en 1931 Eugenio d’Ors colaborador de primera hora de la publicación con el seudónimo de “Xenius”- eran varios. Por una parte ser vehículo del programa de la Liga de Educación Política, fundada por Ortega en 1913, cuyo prospecto se puede ver aquí, estrechamente conectada en aquel momento con el Partido Reformista. Por otro lado defender la causa de la entente franco-británica, y actuar como plataforma de ataque de la izquierda liberal y algunos socialistas como Luis Araquistáin (1886-1959) al gobierno presidido por el liberal-conservador Eduardo Dato.

Eduardo Dato primer ministro en 1915

Eduardo Dato primer ministro en 1915

Los redactores iniciales de la revista eran José Ortega y Gasset, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramón Pérez de Ayala, Luis de Zulueta, Eugenio d’Ors, Gregorio Martínez Sierra y Juan Guixé. Así consta en la portada del primer número que se puede consultar en la magnífica hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. (ver aquí). El sumario de ese primer número que salió a la calle el 29 de enero de 1915 como “semanario de la vida nacional” era este:

España saluda al lector y dice….- Redacción y colaboración.- Política de la neutralidad, por José Ortega y Gasset.-El tablado de Arlequín. El milagro de la campana, por Pío Baroja.- LA GUERRA. Apuntes de un legionario. La potencia militar de los beligerantes. La neutralidad de Italia.- VIEJA POLÍTICA.- COLUMNA MILIARIA.- LA PICOTA.- LAS OBRAS Y LOS DÍAS, por “Xenius”. [glosas de Eugenio d’Ors que se pueden consultar aquí]- A una España joven, versos de A. Machado. – (para el texto ver aquí; para su lectura por Fernando Rey ver  aquí).- CARTAS IMAGINARIAS, por R. Pérez de Ayala. [recogidas por Florencio Friera Suárez: ver aquí]- CONVERSACIONES EDIFICANTES,por G. Martínez Sierra.- EL CINEMATÓGRAFO por “El Espectador” [seudónimo de Ortega quien puso esta apostilla a esa sección: Notas de un espectador a quien interesan las cosas, no por lo que son, sino por lo que pueden ser].- Banquete regio , plana en color, de Bagaria.- Un greco inédito, por Manuel B. Cossío.- LA VIDA REAL DE ESPAÑA.- Idea de un príncipe político español en 1915.- ESTE MADRID DE NUESTROS PECADOS.- VARIA.
Bagaria

Banquete regio. Plato del día: La paloma de la paz por Bagaria

 

Fue 1915 para Ortega un año de intenso activismo político pues, como reflexionaría en  1916 al presentar El Espectador, “la vida española nos obliga, queramos o no, a la acción política”. Pero también de incansable actividad docente y divulgadora de sus ideas filosóficas, y de proximidad a diversos organismos de la JAE, como la Residencia de Estudiantes y el Centro de Estudios Históricos, de lo que dejó huella en las páginas de España, como tendré ocasión de mostrar en próximas entradas de esta bitácora.

Así en abril de ese año participó en el ciclo de conferencias “Guía espiritual de España” organizado por la sección de Literatura del Ateneo de Madrid. Presentó entonces “Temas del Escorial” que daría lugar a “Meditación del Escorial” uno de los ensayos de El Espectador. Luego en junio dictó en la Residencia de Estudiantes la conferencia “Muerte y resurrección”, en la que se hizo eco de la obra de Pío Baroja. Parte de su contenido lo publicará un año después en el ensayo Ideas sobre Pío Baroja. Y pasado el verano, en octubre, inició el curso “Sistema de Psicología”en el Centro de Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios Históricos, editado mucho tiempo después por Paulino Garagorri y analizado por Javier Echegoyen Olleta. (ver aquí.).

En noviembre de 1915 presentó su dimisión como director de España por diversas circunstancias. Se distanció del Partido Reformista tras criticar a su líder Melquíades Alvarez, y haber polemizado al respecto en las páginas de España con Luis de Zulueta.

Luis de Zulueta, en el Partido Reformista en 1915 polemiza con Ortega en las páginas de España

Luis de Zulueta, en el Partido Reformista en 1915 polemiza con Ortega en las páginas de España

Y también influyó la oposición de Ortega a la agresiva aliadofilia de Luis Araquistáin que, al incorporarse al consejo de redacción, propuso insertar fotograbados de la guerra en todos los números, e informes exhaustivos de las campañas militares y buscar apoyo económico de la embajada británica para sostener la publicación que, a finales de 1915, tenía ya dificultades económicas, según mostró en su momento  Enrique Montero.

Ante esas dificultades Ortega preparó su nueva iniciativa cultural de El Espectador.  Y le sustituyó en la dirección de España, primero de manera interina, el editor José Ruiz Castillo y luego, de manera definitiva, el periodista, ideólogo y político socialista Luis Araquistáin.

Luis Araquistáin sustituyó a José Ortega y Gasset en la dirección del semanario España a partir de noviembre de 1915

Luis Araquistáin sustituyó a José Ortega y Gasset en la dirección del semanario España a principios de 1916

A lo largo de 1915 casi toda la producción periodística de Ortega se plasmó en el semanario España, como destacara José Lasaga en el catálogo de la exposición El Madrid de Ortega, que tuvo lugar en el año 2006. Esos trabajos se han recogido en gran parte en el tomo primer de sus obras completas, editadas a partir de 2004 por Taurus.

Los artículos publicados por Ortega en España durante 1915 comentaban la actualidad política como las series que escribió sobre “Política de la neutralidad”, “Ideas políticas” o “Libertad, divino tesoro”. Pero también abundaron los de contenido cultural y filosófico, entreverados de observaciones científicas como las semblanzas de los filósofos “Enrique Bergson” o “Hermann Cohen” que no firmó; las observaciones sobre El Cinematógrafo que firmó con el seudónimo de “El Espectador”, y sus ensayos “La voluntad del Barroco” o “Notas de andar y ver”, sobre las que fijaré mi atención en el siguiente post.

Pd.: Mientras redactaba esta entrada leo en El País en la sección Cartas del lector un texto de Javier Cercas (ver aquí) en el que denuncia “el grado alarmante de confusión mental” del artículo publicado el 29 de diciembre de 2014 en el mismo diario por Benito Arruñada y Víctor Lapuente (ver aquí) y pide que se lea a Ortega en serio. Así lo ha hecho recientemente Jordi Gracia, autor de un ensayo biográfico, considerado uno de los libros más importantes publicados en 2014. (ver aquí, y aquí, )

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También conviene recordar que en 1982 se efectuó una edición  facsímil del semanario España. Esa edición contó con un prólogo de Salvador de Madariaga, un estudio preliminar a cargo de Manuel Tuñón de Lara y Enrique Montero, -al que aludí líneas arriba- e índices cronológico y onomástico.


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Informe de 1922 sobre la geografia española del norteamericano Joerg

El geógrafo W.L.G. Joerg, enviado por la American Geographical Society, recorrrió parte del continente europeo en 1921 cuando los norteamericanos empezaron a ver el mundo girar alrededor de ellos como ha analizado Susan Schulten en la fascinante historia de The geographical imagination in America, 1880-1950.

A su regreso presentó en los Estados Unidos un detallado informe titulado Recent geographical work in Europe acerca del desarrollo de esa disciplina científica en veintidós paises europeos.

La valoración que ofrece de la situacion de la geografia en España es interesante por una doble razón.

Explica como a principios del siglo XX se intensificó una corriente de opinión para separar la enseñanza de la geografia de la de historia, de la que habia estado supeditada a lo largo del siglo XIX. Asi en 1914, al reorganizarse el plan de estudios de las escuelas normales de Magisterio, un real decreto estableció la separación de ambas enseñanzas y lo mismo sucedió en el Instituto del Cardenal Cisneros. En 1915, al producirse la reorganización de los estudios de comercio superior, se creó una cátedra de geografia en la Escuela Central de Intendentes Mercantiles de Madrid, impulsada por Francisco Bergamin Garcia, el padre del escritor Jose Bergamin, poeta de la España peregrina.

Por otro lado valora las aportaciones de una serie de instituciones y personas que contribuyeron al desarrollo de la geografia en la España de las dos primeras decadas del siglo XX.

Destacó sobre todo a la Real Sociedad Geografica de Madrid y a su secretario general Ricardo Beltran y Rózpide, quien era tambien profesor de geografia en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid. Consideró que su informe de 1913 al ministro de Educacion sobre la enseñanza de la geografia, publicado por la Revista de Geografia Colonial y Mercantil fue uno de los documentos mas importantes elaborados para impulsar el movimiento de reforma de los estudios geograficos. Su guia, en tres volúmenes, para mejorar el estudio de la geografia tuvo una notable circulacion a finales de la década de 1910.

Enumeró las contribuciones del naturalista y oceanógrafo Odón de Buen,del historiador Jerónimo Becker, del catedrático desde 1907 de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid Eloy Bullón, de los profesores de la Escuela de Intendentes Mercantiles de Madrid Ricardo Bartolomé y Mas y A. López  Sánchez. y del bibliotecario de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Antonio Blázquez, cuya adaptación del libro de texto de Vidal de la Blache y Carmen d`Almeida era de factura moderna y tenía calidad.

Resaltó asimismo el importante papel desempeñado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, adscrito a la JAE, en el desarrollo de los estudios geográficos y del conocimiento del territorio español. Le llamaron la atención las publicaciones de la serie de geología editadas por el Museo. Elogió la excelente geografía física de la península ibérica del catedrático de instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda, completamente moderna en método y contenidos. Y aludió a trabajos de Eduardo Hernández Pacheco sobre la geología del norte de la Península, de Hugo Obermaier sobre la glaciación de las montañas de España en el periodo cuaternario, de Constancio Bernaldo de Quirós sobre la sierra de Guadarrama, y al estudio fisiográfico con diagrama de bloques sobre el tajo de Ronda del catedrático del instituto de Cabra Juan Carandell, quien asi mismo había hecho las ilustraciones a vista de pájaro de la sierra de Guadarrama el mencionado trabajo de Bernaldo de Quirós.

Consideró que la contribución de Eduardo de los Reyes Prósper, profesor de fitogeografía en la Universidad de Madrid, sobre las estepas de España era una obra relevante y en cuanto a los numerosos trabajos del geógrafo catalán Emilio Huguet del Villar puso el énfasis en sus trabajos La definición y división de la geografía dentro de su concepto unitario actual (Barcelona 1915) y El valor geográfico de España: Ensayo de ecética (Madrid 1921).

Finalmente prestó atención a ciertas contribuciones efectuadas por naturalistas y geógrafos españoles al conocimiento del territorio de Marruecos como consecuencia de haberse establecido un protectorado español sobre la zona norte de ese país tras el Tratado de  Fez de 1912. Destacó al respecto los trabajos del ingeniero de minas  Agustín Marín y Bertrán de Lis “Estudios relativos a la geología de Marruecos” y del catedrático de Cristalografía y Mineralogia descriptiva de la Universidad Central Lucas Fernandez Navarro “Marruecos físico: Valor económico del protectorado español”, publicados respectivamente en el Boletín del Instituto Geológico de España y en la Revista de Geografía Colonial y Mercantil. Y los mapas de Ecola y Méndez España en Marruecos: Mapa de la zona en el norte del imperio asignada a España según el tratado de 1912, 1:450.000 y de J.M. de Gamoneda: Mapa del Imperio de Marruecos, 1:600.000. Estos trabajos cartográficos inspiraron rápidamente la producción de mapas para las aulas de los institutos.