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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Rey Pastor hace un balance de la situación científica española y argentina en vísperas de la guerra civil

Julio Rey Pastor sello

 

En las primeras semanas de 1936 el matemático riojano Julio Rey Pastor (1888-1962) -uno de los líderes científicos de la generación de 1914-, quien desde 1921 tenía su base de operaciones en Buenos Aires, viajó a Italia para impartir conferencias en las universidades de Génova, donde fue presentado por Gino Loria (1862-1954) y de Padua y en el Instituto Matemático de la Ciudad Universitaria de Roma, que dirigía el profesor Gaetano Scorza (1876-1939).

De regreso a Sudamérica recaló en Madrid, donde tenía fuertes vínculos y numerosos discípulos. Uno de ellos era un joven matemático, al que ya hemos seguido en esta bitácora (ver aquí), que era en los meses previos al estallido de la guerra civil un asiduo colaborador del diario El Sol. Me refiero a José Gallego Díaz, padre de la actual directora del diario El País Soledad Gallego-Díaz, el cual decidió entrevistar a su maestro. Ese diálogo, publicado en las páginas de El Sol del sábado 11 de abril de 1936, pocos días después de la destitución del Jefe del Estado Niceto Alcalá-Zamora por el Parlamento surgido de las elecciones del 16 de febrero de 1936, nos ofrece información de interés sobre lo que opinaba un relevante científico, como era Julio Rey Pastor, de la situación de la ciencia que se hacía en España y la Argentina por aquella época.

Dado el interés documental de esta entrevista me permito transcribirla tal cual.

P. ¿En cuál parcela de las disciplinas científicas cree usted que el espíritu español ha marcado más honda huella en lo que va de siglo?

R. En las ciencias que pueden llamarse “geográficas”; esto es, en el estudio de nuestro solar, de nuestra historia, de nuestra raza. Nuestros naturalistas, primero, nuestros filólogos, después, nos han librado de la vergïenza de que los investigadores extranjeros tuvieran que descubrirnos y administrarnos nuestros bienes. La escuela de Bolívar, con su gran obra de catalogación, preparó el terreno para que los nuevos naturalistas puedan elevarse a otros planos de las ciencias naturales, siguiendo las huellas de Cajal, figura máxima y eternamente ejemplar de nuestra historia científica. La escuela de Menéndez Pidal, figura pareja en la escrupulosidad instrumental  y en el vuelo teorético, es también universalmente conocida y estimada, según tengo oido a grandes filólogos alemanes; la obra concienzuda de [Tomás] Navarro Tomás, la aguda crítica literaria de [Américo] Castro, los estudios medievalistas de Sánchez Albornoz y tantas otras figuras que han levantado la monumental “Revista de Filología”. La escuela de nuestros arabistas, cuya cumbre máxima es hoy la gran figura de Asín, encontró al fin la protección que merece tamaña empresa de descubrimiento de España. Empresa que justamente se inicia en los comienzos del siglo por obra de filósofos, ensayistas y literatos, cuyos nombres están en la mente de todos y que es la obra epónima del primer tercio ya vivido.

P. ¿Y cuál cree usted que debe ser la Empresa científica española en lo sucesivo?

R. Sin abandonar, claro está, los problemas de casa, es cuestión de honor nacional intensificar la incipiente colaboración en las ciencias “universales” para pensar en ellas y contribuir a sus progresos. Se ha comenzado, como es natural, con ejercicios experimentales, por cierto muy escrupulosos y meritorios, que acumulan valioso material para el futuro avance de la Física, Química y demás ciencias no racionalizadas: los progresos en este orden de actividad son enormes, y justo es rendir tributo a Cabrera, (1878-1945), Palacios (1891-1970) y Moles (1883-1953),  sus principales propulsores en Madrid, sin olvidar a Emilio] Jimeno [Gil] [1886-1976], que en Barcelona realiza meritísima labor orientada hacia la técnica.

Es de esperar que las generaciones así adiestradas en la experimentación cuidadosa han de colaborar pronto en la construcción de la Física, esto es, en la formulación de leyes, descubrimiento de fenómenos y aun quizá en las grandes concepciones teóricas que caracterizan el momento actual. Hasta ahora creo que el único descubrimiento experimental ha sido el de los multipletes del espectro realizado por [Miguel] Catalan (1894-1957) en Inglaterra.

P. ¿Y cree usted que llegaremos a los descubrimientos y a las creaciones teóricas?

R. Es ley natural de evolución, y todo es cuestión de tiempo. Cuando fundé el Laboratorio de Matemáticas, a petición de la Junta para Ampliación de Estudios, hubo que comenzar con trabajos de investigación matemática experimental, que exigiesen muchos aparatos; primero, por ser cuestiones que requieren más paciencia que genio, y permiten hasta a los más torpes imprimir mucho papel, justificando ante el Estado los dineros gastados; después, para satisfacer a las autoridades de la institución, impregnadas, como es natural, del espíritu positivista dominante en el siglo XIX, que rendía culto fetichista al vidrio y al metal. Al cabo de los años tales aparatos han sido arrumbados, pues hay ya un núcleo de jóvenes que colaboran en el movimiento universal de la Matemática teórica con aportaciones que todavía no tienen gran trascendencia; pero ya son tomadas en consideración a la par de otros trabajos que se producen en todo el orbe culto.

P. ¿Cuáles son las figuras sobresalientes en esta generación de investigadores?

R. No hay incoveniente en citarlas en el orden cronológico de su aparición en nuestro firmamento, antes tan nublado: [Ricardo] San Juan (1908-1969), que ya lleva publicadas interesantes comunicaciones en revistas internacionales; Flores, cuyos ingeniosos métodos topológicos tienen gran exito entre los especialistas, [Sixto] Ríos, (1913-2008)  que ha completado un importante capítulo de la hiperconvergencia; [Lluis] Santaló (1911-Buenos Aires 2001), cuyas aportaciones a la novísima geometría integral merecen altos elogios de Blaschke; el catalán [Pere] Pi Calleja (1907-1986), de la escuela de Terradas y Torroja, que se ha iniciado con una estimable nota en acreditada revista alemana (1), y de quien esperamos óptimos frutos.

P. ¿Qué valor relativo tiene este progreso respecto del realizado en otras ciencias?

R. Alejado definitivamente de la Universidad española, por resolución ministerial, y convertido en predicador ambulante por el viejo y el nuevo mundo, vida plenamente internacional que me mantiene en contacto con hombres de ciencia de países diversos y especialidades varias, creo gozar de la lejanía necesaria para abarcar amplio horizonte y poder comparar hombres y cosas sin los errores de perspectiva que ocasiona la cercanía.

Quien se coloque así, en plano de imparcialidad, verá lo que en el momento actual representa la producción científica española de mas alta envergadura, a pesar de su modestia; sin dejar de reconocer el valor que tienen los experimentos de comprobación y rectificación de resultados ajenos o su extensión a casos análogos más o menos difíciles, dirección que también convendría fuese seguida por algunos jóvenes matemáticos.

P. Usted que conoce como nadie el mundo científico suramericano, ¿estima la producción actual de allá comparable con la nacional?

R. Nota característica de toda juventud sana es la ambición, y lógico es que la juventud de un país joven lo sea doblemente; los noveles investigadores de los paises suramericanos quieren estrenarse con un disparo de tan largo alcance, que casi siempre yerran el tiro sin dar en blanco alguno. Muchos debutan, no con la resolución de un problema concreto, sino con la creación de una teoría, empresa mucho más lucida y a la par menos comprometida, sobre todo si no sirve para nada concreto. Hay, sin embargo, en Buenos Aires y La Plata algunos jóvenes laboriosos, que conocen y manejan la matemática con fruto estimable, aunque no proporcionado a sus ilusiones. La generación anterior, llamada de la Reforma de 1918 (que consistió en desalojar a los viejos caciques para ocupar sus puestos), se ha dedicado a la política universitaria y a la divulgación de conocimientos; confiamos en que la nueva generación, a pesar del ambiente mefítico para la investigación desinteresada que ha creado el absurdo sistema de elecciones académicas, único en el mundo, y a pesar de las trabas que habilmente le ponen quienes temen ser superados, logre realizar obra más estimable y duradera.

A este interesante diálogo entre dos matemáticos españoles que realizarían el grueso de su obra en tierras americanas añadió la siguiente coda el entrevistador, pocos meses antes de comprometerse activamente con el bando republicano durante la guerra civil. En efecto José Gallego Díaz finalizó su artículo-entrevista a Julio Rey Pastor rindiendo un pequeño homenaje a ese “predicador ambulante” de las matemáticas modernas.

“Nos despedimos del eximio maestro, cuyos ojos se iluminaron de alegría mientras nos hablaba del actual renacimiento de la matemática española. Y nosotros conmemoramos aquí su gesto magnífico, iniciado hace más de veinte años, cuando, al remontarse en vuelo aquilino sobre las llanuras desoladas y yermas, sembró con viva fe, entre las dudas y los recelos de siempre, el germen inmortal de las inquietudes superiores”.

J. GALLEGO DÍAZ

 

(1) Posiblemente se refiera al trabajo titulado “Über die Konvergenzbedingungen der komplexen Form des Fourierschen Integrals”, en Mathematische Zeitschrift, 40 (1935), págs. 349-374.

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El encuentro de humanistas y científicos de la JAE y de la editorial Calleja en la Revista General hace un siglo

El 1 de diciembre de 1917, el mismo día en el que salió el primer número del diario El Sol, -en el que fijé mi atención en la anterior entrada de esta bitácora (ver aquí) y sobre el que volveré a lo largo de los próximos meses- nació otra publicación, efímera, pero que revela el dinamismo cultural y científico de la sociedad española de hace un siglo.

Me refiero a la Revista General, cuyas características son las siguientes, según la Biblioteca Nacional de España que tiene incorporada esta publicación en su magnífica Hemeroteca Digital:

Publicación quincenal vinculada a la Casa Editorial de Saturnino Calleja, en cuya sede madrileña se indica su lugar de edición, y en la que se van a a dar cita una serie de especialistas en literatura, arte (pintura y escultura), historia y arqueología, filosofía y psicología, derecho, agricultura y ciencias (matemáticas y astronomía), con artículos, críticas y ensayos de alta cultura, pero con la intención de no estar dirigidos también a especialistas sino a orientar al público en general, tal como se señala en su articulo de presentación. La revista aparecerá los días 1 y 15 de cada mes, en números de 34 páginas, compuesta a dos columnas, desde el uno de diciembre de 1917 hasta el 15 de noviembre de 1918, formando una colección de 24 entregas.

En sus páginas convergieron un grupo de humanistas y divulgadores científicos singulares.

Entre los primeros encontramos a cualificados investigadores y creadores vinculados mayoritariamente al Centro de Estudios Históricos de la JAE, que tenía por entonces su sede en unas dependencias de la Biblioteca Nacional, mayoritariamente treintañeros, pertenecientes a la Generación de 1914.  Destacan en ese grupo el filólogo Américo Castro (n. 1885) , a quien le gustaba estar en todas las salsas, el historiador y gran ensayista mexicano Alfonso Reyes (1889) que se encontraba exiliado en Madrid desde 1914,  -y que se hizo responsable en sus inicios de la influyente Hoja de El Sol dedicada a la Historia y a la Geografía-,  los historiadores del arte malagueños Ricardo de Orueta (n.1868) -considerado el político español del siglo XX que más ha hecho por el patrimonio artístico de nuestro país gracias a las iniciativas que adoptó siendo Director general de Bellas Artes durante la Segunda República, y cuya obra sobre el escultor Berruguete acababa de publicar con mimo la editorial Calleja-  y José Moreno Villa (n. 1887), conocido sobre todo por su obra literaria y pictórica, quien vivía en la Residencia de Estudiantes de la JAE desde 1917 como residente-tutor. Próximos a esos humanistas se encontraban el filósofo Manuel García Morente (n. 1886), catedrático de Ética de la Universidad Central de Madrid, y estrechamente vinculado por aquellos meses a tareas educativas en la Residencia de Niños y Niñas de la Residencia de Estudiantes de la JAE y el crítico literario Enrique Díez-Canedo (n.1879), de orígenes extremeños, muy activo en aquel tiempo también en la dominical Hoja Literaria de El Sol, y quien simultaneaba sus clases de Historia del Arte en la Escuela de Artes y Oficios con las de Francés en la Escuela Central de Idiomas.

Entre los segundos cabe destacar al siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora, que también era el encargado de la Hoja de El Sol dedicada a la Biología y Medicina, y otros autores que nos resultan hoy desconocidos, -Manuel Rosillo, Tomás de Martos, C. de Sevilla, Rodrigo Caro de Valbuena, Fernando Baró, probablemente vinculados a las tareas de extensión cultural que promovía la editorial Calleja, especializada en la edición no sólo de obras literarias, sino de libros de texto, cuidadosamente ilustrados. Esta labor fue resaltada por un equipo de historiadores de la educación, coordinado por Julio Ruiz Berrio, en el libro de 2002 La Editorial Calleja, un agente de modernización educativa en la Restauración, editado por la UNED, como se explica en este video.

La importancia de la editorial Calleja en la historia de la educación y de la cultura española es indudable. Los datos son elocuentes. En 1899 publicó 3,4 millones de volúmenes de 875 títulos, y llegó a tener en su catálogo más de mil títulos en 1911 que llegaron a ser 2.289 en 1930, de los que eran cuentos menos de la mitad. En el resto destacaba una célebre colección de libros de medicina.

 

 

 

 

Hubo un momento importante en la historia de esta editorial que nos ofrece claves para entender por qué nació a finales de 1917 la Revista General. A falta de investigaciones ulteriores cabe poner en relación este acontecimiento con el hecho de que los hijos de Saturnino Calleja, el fundador de la editorial, poco después del fallecimiento de su padre, nombraron en 1916 director literario de nuevas ediciones a Juan Ramón Jiménez, y crearon la colección Obras de Juan Ramón Jiménez, además de encargar a su esposa Zenobia Camprubí la traducción de quince cuentos.  De ahí que fuese en 1917 cuando la editorial Calleja publicó la edición completa de Platero y yo y  el Diario de un poeta recién casado que Juan Ramón dedicó a Rafael Calleja, uno de los dos nuevos propietarios de la editorial. Esta obra fue una de las predilectas de Juan Ramón y en ella se encuentra este hermoso poema que no me resisto a reproducir:

Cielo

Se me ha quedado el cielo
en la tierra, con todo lo aprendido,
cantando, allí.

Por el mar este
he salido a otro cielo, más vacío
e ilimitado como el mar, con otro
nombre que todavía
no es mío como es suyo…

Igual que, cuando
adolescente, entré una tarde
a otras estancias de la casa mía
—tan mía como el mundo—,
y dejé, allá junto al jardín azul y blanco,
mi cuarto de juguetes, solo
como yo, y triste…

JRJ, Diario de un poeta recién casado

Es muy posible que como colofón de un año de especial creatividad en la vida del futuro premio Nobel Juan Ramón Jiménez -en el que él y Zenobia vieron la publicación de sus traducciones de cuatro obras del escritor bengalí Rabrindanath Tagore (El jardinero, La cosecha, Pájaros perdidos El cartero del rey)- se animase a impulsar la creación de una revista cultural, financiada por su amigo Rafael Calleja y su hermano Saturnino Calleja Gutiérrez. Para su organización en los aspectos materiales parece ser que contó con la ayuda inestimable del espíritu emprendedor de ese gran crítico literario que fue su amigo Enrique Díez-Canedo, quien también en 1921 le ayudó en la realización de la revista Indice. Tiempo después, ya en la Segunda República, Enrique Díez-Canedo dirigió  la revista de la Sección Hispano-Americana del Centro de Estudios Históricos  de la JAE Tierra Firme, antes de ser embajador de la República Española en las repúblicas del Uruguay y ya en tiempos de guerra de la Argentina. Buen conocedor de la riqueza de las letras hispánicas pronunció al ingresar en la Real Academia Española en 1935 un brillante discurso titulado Unidad y diversidad de las letras hispanas que fue contestado por el gran fonetista Tomás Navarro Tomás, compañero luego de exilio de Enrique Díez-Canedo en tierras americanas.

Conviene fijarse en la personalidad y en la trayectoria del humanista pacense Enrique Díez-Canedo y Reixa (1879-1944) porque él fue el único de los colaboradores de la Revista General que publicó artículos en todos sus números, señal de su compromiso con esa empresa cultural derivada probablemente de su amistad con Juan Ramón Jiménez. Su primer artículo, como se verá en el sumario que se reproduce líneas abajo, versó sobre el teatro -en ese momento él ejercía la crítica teatral en el diario El Sol– pero sus restantes colaboraciones se orientaron, impulsado por su apertura mental y su cosmopolitismo liberal, a una presentación de las literaturas contemporáneas europeas, en concreto de las de Bélgica, Portugal, Rusia, Italia, Dinamarca, Rumanía, Bohemia, Suecia, Hungría, Holanda, Polonia y Grecia. También dedicó una colaboración a la literatura hebrea y seis a la española -tres de ellas a la castellana, y otras tres a la catalana. Por otro lado tradujo en 1917  Las fábulas de La Fontaine para la editorial Calleja, que las ilustró con grabados y láminas en colores de T. C. Derrick.

Enrique Díez-Canedo y los demás colaboradores de la Revista General hicieron un notable esfuerzo comunicador por verter sus conocimientos de manera clara en búsqueda de un público al que deseaban orientar para navegar con criterio en un océano de información que ya por aquel entonces era considerable, y donde la especialización creciente de los saberes hacía perder la perspectiva de conjunto, al fragmentarlos. Dado que nadie podía, ni puede, acceder a toda la información a su alcance el equipo de Revista General puso sobre sus hombros la tarea de orientar el gusto de un público creciente interesado en estar al tanto de los avances de los conocimientos, fuesen científicos o humanísticos.  Que lo lograran no lo sabemos pues carecemos de noticias sobre su impacto cultural.

Pero sí conocemos sus propósitos fundacionales que fueron estos, publicados en la primera página de su primer número del sábado 1 de diciembre de 1917.

Suelen las revistas hacerse por especialistas y para especializados. En lo primero coincide esta REVISTA GENERAL con sus colegas. No así en lo segundo. Pretendemos llamar precisamente al público no versado, no profesional de cada disciplina. El habitual lector de revista busca en ella la quintaesencia de una teoría, la última palabra de un estudio, lo posterior a todos los libros, lo demasiado menudo o reciente para buscarlo en los tratados. Esta REVISTA no excluye de su programa las últimas palabras; pero procurará que, cuando las diga, esté expresa o implícita la primera.

Más que para el que “haya leído todos los libros”, escribiremos para el que se proponga empezarlos y quiera que le orienten.

Nos proponemos vulgarizar, instruir, completar culturas.

Nuestra época es de especialización, pero es también de universalidad; y si todos quieren limitarse para dominar profundizando, todos necesitan estar al corriente en las materias ajenas a la ocupación diaria.

Nadie puede hoy leerlo todo; nadie puede excusarse de saber de todo.

A estos problemas apunta nuestro deseo al publicar la REVISTA GENERAL. De cómo empezamos a enfocarlos, son muestras las páginas que siguen. El favor del público marcará después los límites en que han de ir desarrollándose nuestros planes, que son amplios y que nos parecen beneficiosos para la cultura española.

A nuestros colegas dirigimos un saludo muy cordial.

Para hacernos una idea de cómo intentaron materializar los promotores de la Revista General sus propósitos reproduzco a continuación los sumarios de los dos primeros números, publicados a lo largo del mes de diciembre de 1917, hace ahora un siglo.

Sumario nº 1. 1 diciembre 1917

Propósitos.- LITERATURA : A. Palacio Valdés, Confidencia; E. Díez-Canedo, Divagaciones teatrales; Leser, Los clásicos: Virgilio; Virgilio, Fragmentos de La Eneida, y de las Geórgicas.- ARTE: Ricardo de Orueta, La escultura castellana al comenzar el siglo XVI.- HISTORIA: Cristóbal de Reyna, La muerte de Douglas (Episodio del reinado Alfonso XI).- FILOSOFÍA: Manuel G. Morente, La filosofía como virtud.- CIENCIAS: Dr. Gonzalo R. Lafora, La perversión patológica del sentido moral durante la pubertad.- C. de Sevilla, El análisis espectral [con dos ilustraciones: Esquema del espectro solar y rayas de Fraunhöfer; Espectroscopio].- NOVELA: Gastón Leroux.La esposa del Sol.- VARIOS: Indice de la actualidad. Curiosidades. Libros.

Sumario nº 2. Sábado 15 diciembre 1917

 [LITERATURA] :  E. Díez-Canedo, La literatura contemporánea. Bélgica; J. Moreno Villa, ¡Estampas de la calle, la miseria, Señor¡: 3-4; Leser: Los clásicos: Skakespeare: 5- 6 con retrato; Shakespeare: Fragmentos de Hamlet de la traducción de Moratín: 6-9; [ARTE] J. Moreno Villa: Las grandes figuras del Arte: el Greco (5 reproducciones): 10-13; [HISTORIA] Cristóbal de Reyna, La muerte de Douglas (Episodio del reinado Alfonso XI. Conclusión): 13-15; Américo Castro: Los galicismos: 16-17; Manuel Angel: La Dama de Elche y las joyas orientales de España: con 6 ilustraciones: 18-20 [ECONOMÍA]: Pedro Sangro y Ros de Olano: El trabajo a domicilio: 20-21; [CIENCIAS]: Manuel Rosillo: La paralaje del Sol y los pasos de Venus: 21-24; Tomás de Martos: La reproducción de los árboles por acodo y por estaca: 24-25; NOVELA: Gastón Leroux.La esposa del Sol: 26-33; CURIOSIDADES: 34 [La bandera italiana.- Una expedición ártica.- A través de Alaska].- Libros.

El esfuerzo realizado por los colaboradores de la Revista General merece ser conocido por todos los que estén interesados por profundizar en el conocimiento del desenvolvimiento cultural y científico de la sociedad española de hace un siglo. Algunas de sus colaboraciones merecen ser tomadas en consideración por todos los que estén interesados en la historia de nuestra comunicación científica. A este respecto, y para abrir el apetito, quiero llamar la atención sobre el artículo dedicado por un desconocido -por ahora- C. de Sevilla para explicar los orígenes de la ciencia de la espectrología o del análisis espectral, “una de las creaciones más maravillosas del ingenio del hombre”, basada en el descubrimiento de las rayas del espectro por el óptico de Munich Joseph von Fraunhofer (1787-1826) que completó los estudios efectuados por Newton sobre la descomposición o dispersión de la luz. Gracias a esa nueva ciencia el conocimiento del Universo se había ampliado, en palabras de C. de Sevilla, hasta límites increibles pues permitía conocer la composicion química de los astros más lejanos gracias a poderosos telescopios.

Ese comunicador explicó a sus lectores cómo el fenómeno de la dispersión de la luz se podía observar dando entrada al rayo luminoso en una habitación oscura por un pequeño agujero practicado en una de sus paredes, y haciéndolo pasar a través de un prisma triangular de vidrio colocado en el agujero mismo. Una banda luminosa formada por todos los colores, siempre dispuestos en el mismo orden, y pasando gradual e insensiblemente, sin solución de continuidad alguna, desde el rojo al violado, se proyecta en el muro de la habitación, enfrente del agujero en el que se halla el prisma,y por donde la luz penetra. Esa banda es el espectro solar, cuyo esquema ofrecía a continuación mediante la siguiente imagen que mostraba las “lineas de Fraunhofer” en el espectro óptico de la luz del sol.

Y en la última parte de su artículo este divulgador científico hizo una descripción del aparato llamado espectroscopio usado para el estudio tanto del espectro solar como de los producidos por cualesquiera otros cuerpos luminosos, pues según explicaba toda luz, sea cualquiera su origen, se dispersa al atravesar el prisma y forma un espectro. Así explicaba a sus lectores la disposición de ese instrumento óptico, explicación que acompañaba de un grabado.

El espectroscopio reviste diversas formas y disposiciones, según el objeto particular a que se destina, pero que siempre tiene por órgano esencial, bien un prisma o una combinación de varios prismas, bien un difractor, instrumento que consiste en una pieza de vidrio  o de metal, rayada por miles de surcos paralelos, que tiene la propiedad de reflejar la luz y dispersarla, formando espectros que sólo en ciertos caracteres no esenciales difieren de los ordinarios que el prisma produce. Los demás órganos que constituyen el espectroscopio están destinados unos a conducir de la mejor manera posible la luz que quiere examinarse a la hendidura que ha de darle paso, y desde ésta, al prisma o al difractor que ha de ocasionar su dispersión y la formación del espectro, y otros a facilitar la observación de este último.

 

Precisamente en ese año de 1917 el mejor espectroscopista español del siglo XX, Miguel Catalán Sañudo (n.1894), se doctoró en Madrid con una tesis sobre la espectroquímica del magneso. El diálogo entre ciencias y humanidades que cultivaron los impulsores de la Revista General también lo llevaría a cabo Miguel Catalán en sus lugares de trabajo como el Instituto-Escuela de la JAE y en su casa al casarse con la gran pedagoga que fue Jimena Menéndez Pidal, hija de Ramón Menéndez Pidal, el patriarca de la Escuela de Filología española, y director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, desde su fundación en 1910 hasta su desmantelamiento durante la guerra “incivil”.

 


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La apertura al mundo del Madrid científico-técnico y artístico en marzo de 1932

Los asuntos científico-técnicos estuvieron bien presentes en la esfera pública madrileña en el mes de marzo de 1932, en el que la actualidad política estuvo dominada por la tensión creciente entre el partido radical de Lerroux y el PSOE, que formaba parte de la coalición gubernamental que sostenía al gobierno de Azaña.

Diversos textos e imágenes dan prueba de ello como se aprecia en los dos asuntos que abordo en esta entrada. El primero se refiere a la campaña emprendida para superar el déficit tecnológico en el uso de la radio como medio de comunicación y conocimiento. El segundo a la acogida dispensada en Madrid a los integrantes del IX Congreso internacional de Cirugía que se reunieron en la capital española en ese mes de marzo de 1932 antes de visitar también Sevilla y Barcelona.

Superar las deficiencias de la radiodifusión en España fue un tema recurrente en las páginas de la prensa de aquel mes.  Con ese motivo el 2 de marzo, en la interesante sección semanal Ondas sonoras del diario Luz,  se entrevistó a Pedro Regueiro, que había sido jefe de la sección de Radio del ministerio de Comunicaciones. Unas interesantes estadísticas, publicadas a la semana siguiente, en la misma sección de ese diario, probaban el retraso del uso de la radio en la sociedad española comparándola con la de otros países europeos.

radio Europa 1932

Dos días después, el viernes 11 de marzo, era el filólogo Américo Castro quien, en el mismo periódico, escribía un artículo titulado “Hacia la mejor España” en el que instaba  a expandir el uso de la radio por su potencial cultural. Más adelante, el miércoles 16 de marzo, sería el pedagogo, y diputado de Acción Republicana, Luis Bello quien, también en el diario Luz, publicaría su artículo “La radio en el pueblo” en el que informaba que Madrid sería sede en septiembre de 1932 del próximo congreso internacional de Radiotelegrafía y Telegrafía que daría lugar a la creación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

No ha de extrañar entonces que las páginas de las publicaciones ilustradas republicanas reflejasen con humor cómo penetraba progresivamente en los domicilios de sus lectores el uso de la radio, como revela la historieta “Una estación de radio” de un dibujante de Crónica , creador de los personajes infantiles Lolín y Bobito.

Lolin y Bobito Una cronica de radio

O que informasen de los avances de esa tecnología en otras partes del mundo como Estados Unidos. Así el lector de Estampa, al abrir el ejemplar de 12 de marzo de 1932, podía encontrarse con un reportaje sobre el gran proyecto neoyorquino, impulsado por el “rey del petróleo” John D. Rockefeller, para construir una “Radio City”.

Nueva York radio city

 

Ese mismo día, en otro medio de comunicación, se avisaba que al miércoles siguiente, el 16 de marzo, Federico García Lorca daría en la sede de la Residencia de Señoritas una conferencia sobre su libro Poeta en Nueva York, en la que Lorca dio a conocer por primera vez al público madrileño algunos de los versos del que ha sido considerado el poemario más importante de la lírica española del siglo XX, publicado en 1940 tras el asesinato de su autor en el trágico verano de 1936.

Ese evento fue organizado por la sección madrileña del Comité de Cooperación Intelectual que había nacido el mes anterior. El diario Luz, en su ejemplar del jueves 17 de marzo de 1932, se hizo eco de la conferencia con un breve suelto:

Lorca Poeta en N York Luz

 

Pero el gran acontecimiento científico internacional que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1932 fue la celebración en la sede del Senado, cámara legislativa que había sido disuelta por la República, del IX Congreso internacional de Cirugía.

Su inauguración oficial, a la que asistieron las máximas autoridades republicanas, tuvo lugar el martes 15 de marzo. El siempre mordaz Azaña da cuenta en su diario del acto en los siguientes términos: “El Consejo [de Ministros] de hoy ha empezado tarde, porque he ido al Senado; a la sesión inaugural del Congreso Internacional de Cirugía. El alcalde [Pedro Rico], que había de hablar el primero, ha llegado tarde. Este alcalde es muy castizo, le invitan a un banquete diplomático y no va ni se excusa. Hemos oído los discursos de rúbrica, entre ellos una necrología de los cirujanos muertos desde el último Congreso. El orador no nos ha dicho si han muerto a mano de otros cirujanos. El presidente de la República ha echado un discurso, en que ha hablado de nuestra revolución como de una operación quirúrgica incruenta”.

Congreso Cirujia inauguracion Senado

Dos días después -el 17 de marzo- Azaña asistiría a una parte de la función de gala que se ofreció a los congresistas en el teatro Español donde se representó la Serrana de la Vera, protagonizada por Margarita Xirgú. Y al día siguiente, el jueves 18 de marzo,  a la recepción que hubo en el Palacio presidencial en honor de los congresistas que estuvo muy concurrida.

De ese intenso programa social de los congresistas se hizo  eco la prensa como la revista ilustrada Mundo Gráfico en su ejemplar de 23 de marzo de 1932.

Congresistas Cirugia 1932

 

Este congreso fue organizado por la Sociedad Internacional de Cirugía, con sede en Bruselas, que tenía afiliados de 42 naciones.  Una de las claves de su éxito radicó en que, gracias a complejas negociaciones, se asociaron a su desarrollo cirujanos del ámbito cultural germánico, que habían estado excluidos desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Y así acudieron a Madrid unos 250 congresistas procedentes de todo el mundo. Los delegados oficiales fueron los siguientes: de Alemania (Sauerbruch), Argentina (Arce), Austria  (Denk), Canadá (Archibald y Saint-Jacques), Dinamarca (Permin y Hannsen), Egipto (Papayoannou), Estados Unidos (Lilienthal), Finlandia (Bardy) , Francia (Proust), Gran Bretaña (Tourner), Grecia (Maccas), Irlanda (Meade), Italia (Alessandri), Japón (Ishikawa), Noruega (Ingebrigsten), Países Bajos (Shoemaker), Polonia (Jurasz), Portugal (Dos Santos), Rumania (Daniel), Suecia (Kaijjser y Hybbinette), Siria (Altounyan y Chevalier), Checoslovaquia (Jirasek), URSS (Plotkin), Venezuela (Conde-Jahn), Yugoeslavia (Kostitch y Budissavloitch), Nueva Zelanda (Mitchell) y Turquía (Burhaneddin).

En sus tareas desempeñaron un papel fundamental los integrantes del comité internacional como su presidente el belga Jean Verhoogen, y el prestigioso cirujano suizo Fritz de Quervain, que ejerció de presidente del congreso de Madrid. Y se implicaron activamente los miembros españoles del comité organizador, entre los que se encontraban el grueso de los integrantes de la Sociedad de Cirugía de Madrid que se había constituido en junio de 1931.

Ese comité organizador estaba presidido por el decano de la Facultad de Medicina de Madrid el catalán Sebastián Recasens y Girol. Sus vocales fueron el catedrático de patología y clínica quirúrgica, vicerrector de la Universidad de Madrid, y futuro rector entre 1934 y 1936, el barcelonés León Cardenal Pujals , el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid el zamorano Laureano Olivares, el catedrático de Urología y de Terapeútica quirúrgica general y especial el manchego Leonardo de la Peña, el prestigioso cirujano de origen gallego, interesado en investigaciones sobre el cáncer, José Goyanes, el presidente de la Asociación española de urología Pedro Cifuentes Díaz, el catedrático de Patología y Clínica quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad Central José Blanc Fortacín, el también catedrático de Patología quirúrgica de la misma Facultad el madrileño Enrique Slocker y la Rosa, el aragonés Víctor Manuel Nogueras que además de médico militar había sido el fundador y director entre 1918 y 1931 del madrileño Hospital Central de la Cruz Roja, el prestigioso cirujano militar Mariano Gómez Ulla,  el urólogo Ignacio Sánchez Covisa, el médico y diputado por el partido de Manuel Azaña Acción Republicana Fernando Coca, Enrique Noguera, N. Saldaña y Enrique Ribas y Ribas, catedrático de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Y sus secretarios: Plácido G. Duarte. jefe del servicio de Cirujía general del hospital de la Princesa, y Alberto Catalina Prieto.

Congresistas Cirujia figuras

 

Los congresistas tuvieron un apretado programa de trabajo. Los intervinientes hicieron demostraciones prácticas y usaron en sus explicaciones dibujos, esquemas, láminas y películas sobre los métodos quirúrgicos. La primera sesión científica fue dedicada, por ejemplo, a debatir sobre “el estado actual de la cirugía del esófago” con intervenciones de cirujanos franceses, rumanos, italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y argentinos. En otra de las sesiones se presentaron los progresos recientes en la Anestesia Quirúrgica. En ella el italiano Achile Mario Dogliotti Ferrara comunicó algunos casos anestesiados por la inyección raquídea epidural. Esta técnica de la anestesia peridural segmentaria, que daría fama a ese cirujano italiano, ya había sido usada por el cirujano militar español Fidel Pagés Mirevé (1886-1923).

Además de asistir a las comunicaciones presentadas en el Congreso y participar en sus debates sus participantes pudieron visitar la exposición médico-quirúrgica que se exhibió en el pasillo central y en los laterales del Senado. En ella se mostraron productos médicos y aparatos de cirugía españoles y extranjeros, así como se podía consultar prensa técnica profesional, como las principales publicaciones médicas de la época entre las que destacaban El Siglo Médico,  La Gaceta Médica Española, dirigida por el doctor Juan Noguera López La Medicina Ibera, fundada y dirigida por el médico y diputado republicano, ya mencionado, Fernando Coca.

Una de las actividades en las que puso particular empeño el comité organizador fue la organización de una visita guiada para que los congresistas conociesen la que sería futura sede de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid que por aquel entonces se estaba construyendo en la nueva Ciudad Universitaria.

Congresistas Cirugia en Facultad Medicina

 

También un grupo de congresistas asistió en el anfiteatro grande de la Facultad de Medicina de la calle Atocha a la proyección de la película Al borde de la tumba, de la productora UFA, en la que se mostraba una operación de apendicectomía y varios partos.

Pormenorizada información sobre el desarrollo del Congreso ofrecieron diversos medios de comunicación, pero quizás sobresalió en su cobertura el gran diario republicano El Heraldo de Madrid, quizás por los lazos de paisanaje que unían a su director, el periodista catalán Manuel Fontdevila, con el presidente del comité organizador, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el barcelonés Sebastian Recasens, que estaba encantado según declarara a ese diario de “la perfectísima organización que estamos viendo” tras haber asistido “a veinticinco o treinta Congresos internacionales de Medicina general, de Cirugía, de Ginecología y de Radiología”.

Heraldo de Madrid 15 marzo 1932

 

Meses después de la celebración de ese congreso, en el mismo año de 1932, la gran editorial Labor publicó el Tratado de Patología Quirúrgica General del cirujano y médico militar aragonés Manuel Bastos Ansart, quien luego sería represaliado por el régimen franquista.  Este Tratado de más de ochocientas páginas, posiblemente, ha de ser considerado como uno de los frutos científicos de ese congreso. Fue considerado en su momento “la mejor obra española compuesta sobre esta materia” por el crítico del diario Luz el médico y periodista Félix Herce Ruiz, militante del PSOE, exiliado posteriormente a México.

Tratado de cirugia Bastos 1

Tratado de cirugia Bastos 2


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Quiénes integraron el Consejo Nacional de Cultura republicano en septiembre de 1932

Caricatura de R. Fuente del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos El Sol 27 marzo 1932

Caricatura de R. Fuente del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos El Sol 27 marzo 1932

En una entrada anterior (ver aquí) se explicó cómo el dirigente socialista Fernando de los Ríos, siendo ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes de un gabinete presidido por Manuel Azaña, logró transformar en los meses centrales de 1932 el Consejo de Instrucción Pública en un Consejo de Cultura Nacional. En efecto en su sesión del 25 de agosto de 1932 las Cortes republicanas aprobaron el proyecto de ley que hizo posible esa transformación de un organismo que en el pensamiento de su promotor permitiría vivificar la vida cultural del país y reorientar sus fundamentos educativos.

Días después, el 9 de septiembre, la Gaceta de Madrid publicaba el texto articulado de la ley y más tarde, el 21 de septiembre, un decreto del presidente de la República D. Niceto Alcalá-Zamora y Torres. En él, de acuerdo con el Consejo de Ministros y a propuesta del ministro Fernando de los Ríos, se nombraba a los siguientes consejeros quienes, juntamente con los que ya formaban parte del Consejo de Instrucción Pública, completaban el número de los que constituían el nuevo Consejo Nacional de Cultura.

Estas eran las catorce nuevas incorporaciones a ese alto organismo consultivo republicano:

Para la sección segunda, encargada de la Segunda enseñanza y enseñanza media de carácter técnico y artístico, al catedrático de instituto e historiador Pedro Aguado Bleye (Palencia 1884-Bilbao 1954), quien había sido catedrático de los institutos de Huesca y Bilbao, y autor de un importante Manual de Historia de España.

Para la sección tercera, responsable de la enseñanza superior, Universidades, Escuelas Técnicas profesionales y centros de investigaciones científicas, fueron nombrados:

  • el filólogo y catedrático de la Universidad Central de Madrid Américo Castro y Quesada (Cantagalo-Brasil-1885-Lloret de Mar 1972),quien había sido embajador español en Berlín durante unos meses de 1931, tras la proclamación de la República. Sobre esa experiencia alemana son interesantes sus declaraciones al periodista socialista Carlos de Baraíbar del diario Luz, financiado por Nicolás María Urgoiti y plataforma política de José Ortega y Gasset, el 27 de enero de 1932 (p.6).
  • el ingeniero de caminos, canales y puertos, profesor de esa escuela de ingeniería e historiador del arte Antonio Prieto Vives (Mallorca ?- Madrid 1939), muy vinculado al Centro de Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas desde tiempo atrás.
  • el prestigioso ingeniero de Montes Enrique Mackay Monteverde (Santa Cruz de Tenerife 1876-Cazorla 1974) , responsable de la ordenación forestal de la Sierra de Cazorla durante el primer tercio del siglo XX.
  • el director de la Escuela de Ingenieros industriales, director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre desde junio de 1931 a mayo de 1933,  diputado del partido republicano radical por la circunscripción de Guipúzcoa Juan Usabiaga Lasquibar (San Sebastián 1879-San Sebastián 1953), quien ocupó otras altas responsabilidades durante varios gobiernos republicanos como consta en el siguiente texto, extraido de la Memoria del Instituto Nacional de Previsión en 1934.

Juan Ursabiaga Lasquíbar

  • Manuel Alvarez-Ugena (Madridejos 15 de mayo de 1892-Ciudad de México 10 de marzo de 1976), ingeniero agrónomo, profesor universitario y destacado político republicano. Fue secretario general de Acción Republicana, el partido liderado por Manuel Azaña, con quien Alvarez-Ugena colaboró desde 1918.  En su exilio mexicano se ganaría la vida desempeñando diversas tareas y dando clases de matemáticas hasta su jubilación con 81 años en el Colegio Madrid, una de las grandes instituciones educativas creadas por los exiliados republicanos en Ciudad de México, que tuve la oportunidad de visitar el 22 de noviembre de 2013.
  • el destacado militar republicano del Cuerpo de Ingenieros  Carlos Masquelet Lacaci (El Ferrol 14 julio 1871-La Junquera, Gerona 1948), persona de confianza de Manuel Azaña,  quien siendo Ministro de la Guerra lo nombró Jefe del Estado Mayor Central. Sería ministro de Guerra entre el 3 de abril y 6 de mayo de 1935 en un gobierno presidido por Alejandro Lerrroux, y entre el 19 de febrero y el 13 de mayo de 1936 ocupó la misma cartera ministerial en los gobiernos presididos por Manuel Azaña y Augusto Barcia Trelles. Durante la guerra civil, como experto en fortificaciones, tuvo una destacada participación en la defensa de Madrid.
Masquelet GCE_PER_Masquelet

El general Carlos Masquelet y Lacaci. Fotografía tomada de la galería de militares republicanos elaborada por la Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (S.B.A.H.C:)

  • Eugenio Ochoa Teodoro, director de la Escuela Central Superior de Comercio.
  • Obdulio Fernández y Rodríguez (Frías [Burgos] 4 septiembre 1883- ¿Madrid? 29 junio 1982), doctor en Farmacia , catedrático de Química Orgánica y de Análisis de Medicamentos Orgánicos, y decano de la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Madrid desde 1930.
  • y el ingeniero de minas Anselmo Cifuentes y Pérez de la Sala .

Para la sección cuarta, encargada de  Bellas Artes y Archivos, Bibliotecas y Museos, Tesoro Artístico e Histórico nacional, Teatro, Escuelas superiores de Bellas Artes, Conservatorios y Escuelas de Música, fueron elegidos:

  • el arquitecto, gran aficionado a la fotografía e íntimo amigo de Manuel Azaña Amós Salvador y Carreras (Logroño 1879-Madrid 1963), del que disponemos una reciente biografía elaborada por Víctor del Reguero.
  • Aurelio Arteta Errasti (Bilbao 2 diciembre 1879-México 10 diciembre 1940), considerado el más importante de los pintores vascos contemporáneos, fallecido en el exilio.
Dibujo Autorretrato de Aurelio Arteta

Dibujo Autorretrato de Aurelio Arteta

  • el escritor José Martínez Ruiz, “Azorín” (Monóvar -Alicante- 8 junio 1873, Madrid 2 de marzo 1967), sujeto en aquel año de 1932 a filias -como muestra el acuerdo del Ayuntamiento de la ciudad de Valencia de dedicarle una calle en su sesión de 7 de septiembre de 1932 (ver Luz, viernes 30 septiembre 1932, p. 15)- y fobias, como revela el texto de la revista satírica antirrepublicana Gracia y Justicia, acusándolo de chaquetero, tras haber mostrado Azorín sus simpatías por el partido radical de Alejandro Lerroux, según se puede apreciar en las siguientes líneas.

Azorin Gracia y Justicia 13 febrero 1932

  • y el miembro del cuerpo facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos, Miguel Artigas Ferrando (Blesa-Teruel-29 septiembre 1887, Madrid 10 marzo 1947), quien era desde 1930 director de la Biblioteca Nacional, tras haber dirigido durante años la biblioteca Menéndez Pelayo de Santander.