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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Ortega sociólogo, el ácido nítrico y la Escuela industrial de Buenos Aires en El Sol 15 febrero 1918

 

Ortega retrato por Joaquín Sorolla--philip-roth-philosophy

Retrato de José Ortega y Gasset por Joaquín Sorolla

En la primera página de El Sol del viernes 15 de febrero firmaba José Ortega y Gasset (n. 1883) una de sus habituales colaboraciones en ese diario, que fue una de sus empresas políticas como analizara hace años Gonzalo Redondo. En esa ocasión el artículo que firmaba se titulaba “Hacia una mejor política. Un poco de sociología“, en el que citaba  Civilización primitiva de Taylor, refiriéndose probablemente a una traducción al castellano de la obra clásica de la antropología Primitive culture del británico Edward Taylor (1832-1917), publicada en 1871. El artículo se iniciaba con esta reflexión:

Uno de los fenómenos más extraños que la Historia presenta, es la tolerancia de los hombres para la perduración de instituciones políticas reconocidamente ineficaces. Todos estamos de acuerdo en que este o el otro organismo nacional no sirve ya para cumplir su misión; parecería natural que inmediatamente se le sustituyese o modificase; cuando menos, que meditásemos con toda urgencia su relevo. Sin embargo, no solemos hacer esto. Al contrario, sentimos vagamente la impresión de que aquel organismo es, como el rocío o la marea, un hecho cósmico irremediable.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

La última página del diario se cerraba ese día con la sección semanal dedicada a la Ingeniería y Arquitectura. En ella su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “La formación sintética del ácido nítrico. Proceso teórico“, cuyos objetivos los planteaba de esta manera:

Al coger hoy la pluma para continuar nuestra interrumpida charla sobre la oxidación del nitrógeno atmosférico y ulterior formación del ácido nítrico, nos hallamos verdaderamente perplejos; y es que resulta difícil explicar sin aparato técnico lo que ocurre cuando la mezcla de nitrogeno y oxígeno, que constituye el aire atmosférico, se pone en contacto con el arco eléctrico, cuya temperatura media es de unos 3.600 º centígrados. Aun para los versados en la química aparece un tanto velado lo que allí ocurre, y los mismos sabios no están acordesm ni mucho menos, al apreciar los variados detalles que acompañan al fenómeno fundamental producido dentro del horno eléctrico. En la marcha general del fenómeno y resultados finales, sí existe la uniformidad de pareceres, y a esas líneas generales y resultancias acomodaremos nuestro relato.

Junto a ese artículo aparecía una amplia noticia sobre la Escuela Industrial de Buenos Aires, basada en su Memoria del curso 1916-1917, redactada por su director el ingeniero Eduardo Latzina (n.1874). En esa Escuela, que es la que hoy se llama Otto Krause, cuyo plan de estudios y organización, hacía pensar en un “tecnicum” alemán o suizo más que en una escuela de habla española, se cursaban cuatro especialidades: mecánica, eléctrica, química y construcciones.

Su “soberbio” edificio – como se aprecia en la siguiente tarjeta postal, – se había inaugurado en 1909 cuando Buenos Aires ya tenía casi 1.250.000 habitantes. Estaba emplazado, no tanto en la calle de Chile, como se dice en El Sol, sino en Paseo Colón, entre México y Chile, vereda este, y disponía de amplios y bien dotados laboratorios y talleres.

Escuela_Industrial_de_la_Nación_(ca._1910)

Pero por detrás de tan hermosa fachada también existían problemas. Refería en su memoria el ingeniero Latzina que para engrandecer la industria argentina había tratado de implantar la enseñanza de la cerámica, recogiendo  y analizando en sus laboratorios más de 150 muestras de tierras provenientes de todas las regiones de la República; que había construido un torno de alfarero y una pileta para el lavado de las tierras, y que había instalado un pequeño horno para fabricar objetos de loza. Pero cuando iban a comenzar los ensayos fueron declarados cesantes el jefe del taller y el químico nombrados para esas enseñanzas.

La lectura de esa frustrada iniciativa tecnológica le hizo recordar al anónimo comentarista de El Sol probablemente el mismo Federico de la Fuente otros pintorescos desaguisados hechos en España. Y entonces nos dice lo siguiente, trasladándose de la Argentina a nuestro país para denunciar las corruptelas de ciertos jerifaltes del partido liberal como Julio Burell (n. 1859).

En cierta ocasión quisieron los fabricantes de Béjar tener un buen profesor de tintorería en la escuela de su ciudad, a cuyo efecto ofrecieron al Gobierno pagar un sobresueldo al catedrático  y contribuir, con dinero y elementos de trabajo, a los gastos de material. Pero el señor ministro nombró a un su amigo (para eso dijo que estaba en el ministerio, para dar “cosas” a los amigos), de tan supina ignorancia, que apenas tomó posesión de su cátedra, retiraron los fabricantes sus ofrecimientos y su dinero, y los alumnos desertaron en masa.

El conflicto lo resolvimos de un modo sencillo y admirable. No se admitió matrícula en la clase de tintorería, al profesor ignorante se le envió, ascendido, a disparatar en otra escuela y al despreocupado ministro lo hicimos presidente del Consejo y jefe del partido liberal.

Y casi al mismo tiempo que se desbarataba la enseñanza de cerámica en la Escuela Industrial de Buenos Aires, cuando todas las naciones civilizadas procuraban ampliar los estudios prácticos a costa de los puramente especulativos, suprimía Burell de un plumazo la cátedra de Motores hidráulicos y máquinas de vapor de la Escuela Industrial de Madrid (donde era profesor Federico de la Fuente), y creaba en su lugar una de Derecho vigente para regalarla, en amañado e ilegal concurso, a un político profesional.

Publicaba también esa sección una amplia selección de reseñas de libros y revistas, entre las que cabe destacar los siguientes artículos: “Máquinas térmicas” del capitán H. Riall Sankey en The Journal of the Institution of Mechanical Engineers, “La tracción eléctrica con acumuladores” del ingeniero Vallauri publicada en Giornale del Genio Civile el 31 de octubre de 1917; “Las carreteras militares en tiempos de guerra”, de William D. Sohier, que era el presidente de la Comisión de Carreteras del Estado de Massachusetts, publicado en Engineering News Record el 13 diciembre 1917; “Las bases científicas del racionamiento” en Nature, enero 1918; “El problema de la construcción de casas” por el ingeniero inglés William Walker en The Surveyor. The  Municipal and County Engineer, 18 enero 1918.

 

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Interés en Buenos Aires por la geografía española y europea hace cien años

Cuando finalizaba el año 1907,  annus mirabilis de la ciencia española,  el profesor de Instituto Rafael Ballester y Castell (1872-1931), al que he dedicado diversas entradas en esta bitácora, presentaba el 14 de diciembre en la Universidad Central de Madrid su tesis doctoral Investigaciones sobre metodología geográfica. El tribunal calificador estuvo formado por un presidente: el catedrático de Historia de España de esa universidad, dirigente republicano y notorio masón, Miguel Morayta, (1834-1917); dos vocales ponentes:   Eloy Bullón  (1879-1957), catedrático de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid desde enero de 1907, afín al liberalismo conservador, y Alejo García Moreno, conocido por sus traducciones de Kant y del historiador Ernest Curtius; y dos vocales: el catedrático de Historia moderna y contemporánea Pío Zabala (1879-1968), de ideología conservadora, y  José Gutiérrez Garijo . Calificada con un sobresaliente, en un contexto académico no muy exigente, fue publicada al año siguiente en la Imprenta del Patronato de Huérfanos de Administración Militar, como un folleto de 79 páginas, y presentada de manera resumida en las páginas del tomo L del Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, correspondientes al segundo trimestre de 1908.

Meses después sería una publicación argentina la que haría una nueva edición de esa tesis doctoral. En efecto se reeditó en diciembre de 1909 en el nº 10 del tomo tercero del Boletín de la Instrucción Pública de la República Argentina  y como folleto de 63 páginas lo publicó los talleres gráficos de la Penitenciaría Nacional en una coyuntura de un notable impulso educativo y científico en ese país sudamericano. Así lo manifiesta la fundación de la Universidad Nacional de la Plata en 1905, analizada en un exhaustivo estudio por Gustavo Vallejo, e impulsada por el político, educador e intelectual argentino masón Joaquín Víctor González (1863-1923).

Portada Ballester 1909

¿Cómo se produjo el salto transatlántico del trabajo académico del mallorquín Rafael Ballester? No lo sabemos a ciencia cierta por ahora. Quizás por la recepción en tierras argentinas del Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, pues tenemos indicios de que esta revista tenía lectores bonaerenses. Además los historiadores argentinos vienen probando desde hace tiempo la sed de conocimientos geográficos, y el interés por la didáctica de la geografía existente en aquel tiempo en círculos pedagógicos argentinos.  De hecho pocos años después, durante la gestión de Antonio Sagarna, como ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno Alvear, entre 1922 y 1928, fueron realizadas importantes reformas en los planes de estudio de la enseñanza secundaria. Como ha destacado Perla Zusman se buscaba entonces modernizar y otorgar un carácter científico tanto a los contenidos como a los métodos utilizados en la enseñanza de la geografía.

Ciertamente para esos educadores argentinos reformistas la tesis de Rafael Ballester podía ser un útil compendio de la historia de la geografía europea, y de los cambios producidos en la enseñanza de esa disciplina en los centros educativos europeos, particularmente alemanes y franceses,en las últimas décadas del siglo XIX.

El caso es que el lector argentino tenía ante sí un texto bien articulado en el que el profesor español amplió sus planteamientos sobre la metodología de la enseñanza de la geografía, y sobre la historia de la geografía, expuestos años atrás en un folleto publicado en Palma de Mallorca en 1901.

El texto publicado en Buenos Aires estaba fechado también en la misma ciudad de Palma, pero en 1909, ocho años después de que Mateo Obrador presentase en sociedad a ese profesor mallorquín.

Pra facilitar la lectura de su tesis a sus lectores europeos y americanos Rafael Ballester la precedió del siguiente índice, que transcribo, y que puede ser una buena guía para quien decida adentrarse en ella:

I. La Geografía clásica y la Geografía científica.- Constitución de la ciencia geográfica.- Geógrafos y Cartógrafos españoles anteriores al siglo XIX.- La enseñanza geográfica española en el siglo XVIII.- Restauración de los estudios geográficos en los albores del siglo XIX: Isidoro de Antiillón.- Abandono de los estudios geográficos.

II. La Geografía moderna: su origen.- Ritter y su obra.- Su influencia.- Objeciones.- Sus discípulos.- Progreso de la geografía alemana.- La enseñanza geográfica en Alemania.- Federico Ratzel.- Métodos.- La Geografía en las Universidades alemanas.-

III. Difusión de la Geografía en Europa.- Francia antes de 1870.- Malte-Brun.- Su influencia en España.- Vivien de Saint-Martin.- Cortembert.- La cartografía.- La enseñanza.- Los acontecimientosde 1870 y su influencia en los estudios geográficos.- Levasseur.- Nuevos métodos.- Transformación de la enseñanza geográfica.- Sociedades geográficas.

IV. Los Congresos geográficos.- Congreso de París de 1875; su importancia.- Drapeyron.- El método topográfico.-La Revista de Geografía.-Resultados del Congreso de París.-Adversarios del método topográfico.- Polémicas.- La Universidad de París y la enseñanza de la geografía.- Creaciones nuevas.- El Congreso de 1899.- Resultados en la Geografía francesa.- La exposición del Congreso de Berna.- La cuestión de la Escuela Nacional de Geografía.- El laboratorio geográfico de la Sorbona.- Geólogos y geógrafos; discusiones: Lapparent y J. Corcelle.- Tendencias de la moderna enseñanza geográfica en Francia.

V. Algunas indicaciones sobre la evolución de los estudios geográficos en Inglaterra, Escocia, Suiza, Bélgica, Italia y Portugal.

VI. La enseñanza de la Geografía en España.- La obra de la Sociedad Geográfica de Madrid en este punto.

Acerca del contexto de la publicación de esta tesis española en el Buenos Aires de 1909 conviene también tener en cuenta que en ese año se inició el famoso viaje de Rafael Altamira por tierras americanas, cuyo impacto en las relaciones culturales y científicas entre España y la América latina en general y entre España y Argentina, en particular, fue profundo (1). Ya hace tiempo uno de los principales discípulos del matemático español Julio Rey Pastor el historador de la ciencia argentino  Eduardo L. Ortiz llamó la atención en dos importantes textos  sobre la importancia de las relaciones científicas entre Argentina y España a principios del siglo XX (2). En esas relaciones desempeñaron un papel destacado desde Madrid la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, creada en el annus mirabilis de 1907, y desde Buenos Aires la Institución Cultural Española, fundada en 1914, tras un homenaje tributado en tierras argentinas por la colectividad española al gran  estudioso de las lenguas y literaturas hispanas Marcelino Menéndez Pelayo, fallecido en 1912 (3).

En algún momento Rafael Ballester y Rafael Altamira, ubicados ambos en la órbita del reformismo liberal en torno a 1909, establecieron conexiones pues otra de las interesantes obras de Rafael Ballester, hecha cuando ya era catedrático del Instituto de Gerona, la titulada  Clío. Iniciación al estudio de la Historia, publicada  en 1913 en dos volúmenes, tenía la siguiente dedicatoria: “A D. Rafael Altamira. Homenaje de alta consideración a sus desvelos por la enseñanza”.

Referencias bibliográficas adicionales

(1) Ver al respecto Gabriela Ossenbach, María García Alonso e Inés Viñuales, coords., Rafael Altamira en Argentina. Vínculos sociales e intelectuales entre España y Argentina en tiempos del primer centenario de la Independencia, Madrid, UNED, Centro de Estudios de Migraciones y Exilios, Fundación Ortega y Gasset-Argentina, 2013

(2) Eduardo L. Ortiz: “Las relaciones científicas entre Argentina y España a principios de este siglo. La Junta para Ampliación de Estudios y la Institución Cultural Española”, en J. M. Sánchez Ron, coord.,  La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 80 años después (1907-1987), Madrid, CSIC, 1988, vol. II, pp. 119-158;  “Una alianza para la ciiencia: las relaciones entre Argentina y España a principios de este siglo”,  Llull  11, 1988, pp. 247-261; “El krauso-positivismo, la Junta y la nueva ciencia en España”, en AA.VV.. El krausismo y su influencia en América Latina, Madrid, Fundación Friedrich Ebert, 1989, pp. 137-167.

(3) Marta Campomar, “Rafael Altamira, entre Antonio Atienza y Medrano y los antecedentes de la Institución Cultural Española”, en Gabriela Ossenbach, María García Alonso e Inés Viñuales, coords., Rafael Altamira en Argentina. Vínculos sociales e intelectuales entre España y Argentina en tiempos del primer centenario de la Independencia, Madrid, UNED, Centro de Estudios de Migraciones y Exilios, Fundación Ortega y Gasset-Argentina, 2013, pp. 69-90