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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Interés en Buenos Aires por la geografía española y europea hace cien años

Cuando finalizaba el año 1907,  annus mirabilis de la ciencia española,  el profesor de Instituto Rafael Ballester y Castell (1872-1931), al que he dedicado diversas entradas en esta bitácora, presentaba el 14 de diciembre en la Universidad Central de Madrid su tesis doctoral Investigaciones sobre metodología geográfica. El tribunal calificador estuvo formado por un presidente: el catedrático de Historia de España de esa universidad, dirigente republicano y notorio masón, Miguel Morayta, (1834-1917); dos vocales ponentes:   Eloy Bullón  (1879-1957), catedrático de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid desde enero de 1907, afín al liberalismo conservador, y Alejo García Moreno, conocido por sus traducciones de Kant y del historiador Ernest Curtius; y dos vocales: el catedrático de Historia moderna y contemporánea Pío Zabala (1879-1968), de ideología conservadora, y  José Gutiérrez Garijo . Calificada con un sobresaliente, en un contexto académico no muy exigente, fue publicada al año siguiente en la Imprenta del Patronato de Huérfanos de Administración Militar, como un folleto de 79 páginas, y presentada de manera resumida en las páginas del tomo L del Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, correspondientes al segundo trimestre de 1908.

Meses después sería una publicación argentina la que haría una nueva edición de esa tesis doctoral. En efecto se reeditó en diciembre de 1909 en el nº 10 del tomo tercero del Boletín de la Instrucción Pública de la República Argentina  y como folleto de 63 páginas lo publicó los talleres gráficos de la Penitenciaría Nacional en una coyuntura de un notable impulso educativo y científico en ese país sudamericano. Así lo manifiesta la fundación de la Universidad Nacional de la Plata en 1905, analizada en un exhaustivo estudio por Gustavo Vallejo, e impulsada por el político, educador e intelectual argentino masón Joaquín Víctor González (1863-1923).

Portada Ballester 1909

¿Cómo se produjo el salto transatlántico del trabajo académico del mallorquín Rafael Ballester? No lo sabemos a ciencia cierta por ahora. Quizás por la recepción en tierras argentinas del Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, pues tenemos indicios de que esta revista tenía lectores bonaerenses. Además los historiadores argentinos vienen probando desde hace tiempo la sed de conocimientos geográficos, y el interés por la didáctica de la geografía existente en aquel tiempo en círculos pedagógicos argentinos.  De hecho pocos años después, durante la gestión de Antonio Sagarna, como ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno Alvear, entre 1922 y 1928, fueron realizadas importantes reformas en los planes de estudio de la enseñanza secundaria. Como ha destacado Perla Zusman se buscaba entonces modernizar y otorgar un carácter científico tanto a los contenidos como a los métodos utilizados en la enseñanza de la geografía.

Ciertamente para esos educadores argentinos reformistas la tesis de Rafael Ballester podía ser un útil compendio de la historia de la geografía europea, y de los cambios producidos en la enseñanza de esa disciplina en los centros educativos europeos, particularmente alemanes y franceses,en las últimas décadas del siglo XIX.

El caso es que el lector argentino tenía ante sí un texto bien articulado en el que el profesor español amplió sus planteamientos sobre la metodología de la enseñanza de la geografía, y sobre la historia de la geografía, expuestos años atrás en un folleto publicado en Palma de Mallorca en 1901.

El texto publicado en Buenos Aires estaba fechado también en la misma ciudad de Palma, pero en 1909, ocho años después de que Mateo Obrador presentase en sociedad a ese profesor mallorquín.

Pra facilitar la lectura de su tesis a sus lectores europeos y americanos Rafael Ballester la precedió del siguiente índice, que transcribo, y que puede ser una buena guía para quien decida adentrarse en ella:

I. La Geografía clásica y la Geografía científica.- Constitución de la ciencia geográfica.- Geógrafos y Cartógrafos españoles anteriores al siglo XIX.- La enseñanza geográfica española en el siglo XVIII.- Restauración de los estudios geográficos en los albores del siglo XIX: Isidoro de Antiillón.- Abandono de los estudios geográficos.

II. La Geografía moderna: su origen.- Ritter y su obra.- Su influencia.- Objeciones.- Sus discípulos.- Progreso de la geografía alemana.- La enseñanza geográfica en Alemania.- Federico Ratzel.- Métodos.- La Geografía en las Universidades alemanas.-

III. Difusión de la Geografía en Europa.- Francia antes de 1870.- Malte-Brun.- Su influencia en España.- Vivien de Saint-Martin.- Cortembert.- La cartografía.- La enseñanza.- Los acontecimientosde 1870 y su influencia en los estudios geográficos.- Levasseur.- Nuevos métodos.- Transformación de la enseñanza geográfica.- Sociedades geográficas.

IV. Los Congresos geográficos.- Congreso de París de 1875; su importancia.- Drapeyron.- El método topográfico.-La Revista de Geografía.-Resultados del Congreso de París.-Adversarios del método topográfico.- Polémicas.- La Universidad de París y la enseñanza de la geografía.- Creaciones nuevas.- El Congreso de 1899.- Resultados en la Geografía francesa.- La exposición del Congreso de Berna.- La cuestión de la Escuela Nacional de Geografía.- El laboratorio geográfico de la Sorbona.- Geólogos y geógrafos; discusiones: Lapparent y J. Corcelle.- Tendencias de la moderna enseñanza geográfica en Francia.

V. Algunas indicaciones sobre la evolución de los estudios geográficos en Inglaterra, Escocia, Suiza, Bélgica, Italia y Portugal.

VI. La enseñanza de la Geografía en España.- La obra de la Sociedad Geográfica de Madrid en este punto.

Acerca del contexto de la publicación de esta tesis española en el Buenos Aires de 1909 conviene también tener en cuenta que en ese año se inició el famoso viaje de Rafael Altamira por tierras americanas, cuyo impacto en las relaciones culturales y científicas entre España y la América latina en general y entre España y Argentina, en particular, fue profundo (1). Ya hace tiempo uno de los principales discípulos del matemático español Julio Rey Pastor el historador de la ciencia argentino  Eduardo L. Ortiz llamó la atención en dos importantes textos  sobre la importancia de las relaciones científicas entre Argentina y España a principios del siglo XX (2). En esas relaciones desempeñaron un papel destacado desde Madrid la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, creada en el annus mirabilis de 1907, y desde Buenos Aires la Institución Cultural Española, fundada en 1914, tras un homenaje tributado en tierras argentinas por la colectividad española al gran  estudioso de las lenguas y literaturas hispanas Marcelino Menéndez Pelayo, fallecido en 1912 (3).

En algún momento Rafael Ballester y Rafael Altamira, ubicados ambos en la órbita del reformismo liberal en torno a 1909, establecieron conexiones pues otra de las interesantes obras de Rafael Ballester, hecha cuando ya era catedrático del Instituto de Gerona, la titulada  Clío. Iniciación al estudio de la Historia, publicada  en 1913 en dos volúmenes, tenía la siguiente dedicatoria: “A D. Rafael Altamira. Homenaje de alta consideración a sus desvelos por la enseñanza”.

Referencias bibliográficas adicionales

(1) Ver al respecto Gabriela Ossenbach, María García Alonso e Inés Viñuales, coords., Rafael Altamira en Argentina. Vínculos sociales e intelectuales entre España y Argentina en tiempos del primer centenario de la Independencia, Madrid, UNED, Centro de Estudios de Migraciones y Exilios, Fundación Ortega y Gasset-Argentina, 2013

(2) Eduardo L. Ortiz: “Las relaciones científicas entre Argentina y España a principios de este siglo. La Junta para Ampliación de Estudios y la Institución Cultural Española”, en J. M. Sánchez Ron, coord.,  La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 80 años después (1907-1987), Madrid, CSIC, 1988, vol. II, pp. 119-158;  “Una alianza para la ciiencia: las relaciones entre Argentina y España a principios de este siglo”,  Llull  11, 1988, pp. 247-261; “El krauso-positivismo, la Junta y la nueva ciencia en España”, en AA.VV.. El krausismo y su influencia en América Latina, Madrid, Fundación Friedrich Ebert, 1989, pp. 137-167.

(3) Marta Campomar, “Rafael Altamira, entre Antonio Atienza y Medrano y los antecedentes de la Institución Cultural Española”, en Gabriela Ossenbach, María García Alonso e Inés Viñuales, coords., Rafael Altamira en Argentina. Vínculos sociales e intelectuales entre España y Argentina en tiempos del primer centenario de la Independencia, Madrid, UNED, Centro de Estudios de Migraciones y Exilios, Fundación Ortega y Gasset-Argentina, 2013, pp. 69-90

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Informe de 1922 sobre la geografia española del norteamericano Joerg

El geógrafo W.L.G. Joerg, enviado por la American Geographical Society, recorrrió parte del continente europeo en 1921 cuando los norteamericanos empezaron a ver el mundo girar alrededor de ellos como ha analizado Susan Schulten en la fascinante historia de The geographical imagination in America, 1880-1950.

A su regreso presentó en los Estados Unidos un detallado informe titulado Recent geographical work in Europe acerca del desarrollo de esa disciplina científica en veintidós paises europeos.

La valoración que ofrece de la situacion de la geografia en España es interesante por una doble razón.

Explica como a principios del siglo XX se intensificó una corriente de opinión para separar la enseñanza de la geografia de la de historia, de la que habia estado supeditada a lo largo del siglo XIX. Asi en 1914, al reorganizarse el plan de estudios de las escuelas normales de Magisterio, un real decreto estableció la separación de ambas enseñanzas y lo mismo sucedió en el Instituto del Cardenal Cisneros. En 1915, al producirse la reorganización de los estudios de comercio superior, se creó una cátedra de geografia en la Escuela Central de Intendentes Mercantiles de Madrid, impulsada por Francisco Bergamin Garcia, el padre del escritor Jose Bergamin, poeta de la España peregrina.

Por otro lado valora las aportaciones de una serie de instituciones y personas que contribuyeron al desarrollo de la geografia en la España de las dos primeras decadas del siglo XX.

Destacó sobre todo a la Real Sociedad Geografica de Madrid y a su secretario general Ricardo Beltran y Rózpide, quien era tambien profesor de geografia en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid. Consideró que su informe de 1913 al ministro de Educacion sobre la enseñanza de la geografia, publicado por la Revista de Geografia Colonial y Mercantil fue uno de los documentos mas importantes elaborados para impulsar el movimiento de reforma de los estudios geograficos. Su guia, en tres volúmenes, para mejorar el estudio de la geografia tuvo una notable circulacion a finales de la década de 1910.

Enumeró las contribuciones del naturalista y oceanógrafo Odón de Buen,del historiador Jerónimo Becker, del catedrático desde 1907 de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid Eloy Bullón, de los profesores de la Escuela de Intendentes Mercantiles de Madrid Ricardo Bartolomé y Mas y A. López  Sánchez. y del bibliotecario de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Antonio Blázquez, cuya adaptación del libro de texto de Vidal de la Blache y Carmen d`Almeida era de factura moderna y tenía calidad.

Resaltó asimismo el importante papel desempeñado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, adscrito a la JAE, en el desarrollo de los estudios geográficos y del conocimiento del territorio español. Le llamaron la atención las publicaciones de la serie de geología editadas por el Museo. Elogió la excelente geografía física de la península ibérica del catedrático de instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda, completamente moderna en método y contenidos. Y aludió a trabajos de Eduardo Hernández Pacheco sobre la geología del norte de la Península, de Hugo Obermaier sobre la glaciación de las montañas de España en el periodo cuaternario, de Constancio Bernaldo de Quirós sobre la sierra de Guadarrama, y al estudio fisiográfico con diagrama de bloques sobre el tajo de Ronda del catedrático del instituto de Cabra Juan Carandell, quien asi mismo había hecho las ilustraciones a vista de pájaro de la sierra de Guadarrama el mencionado trabajo de Bernaldo de Quirós.

Consideró que la contribución de Eduardo de los Reyes Prósper, profesor de fitogeografía en la Universidad de Madrid, sobre las estepas de España era una obra relevante y en cuanto a los numerosos trabajos del geógrafo catalán Emilio Huguet del Villar puso el énfasis en sus trabajos La definición y división de la geografía dentro de su concepto unitario actual (Barcelona 1915) y El valor geográfico de España: Ensayo de ecética (Madrid 1921).

Finalmente prestó atención a ciertas contribuciones efectuadas por naturalistas y geógrafos españoles al conocimiento del territorio de Marruecos como consecuencia de haberse establecido un protectorado español sobre la zona norte de ese país tras el Tratado de  Fez de 1912. Destacó al respecto los trabajos del ingeniero de minas  Agustín Marín y Bertrán de Lis “Estudios relativos a la geología de Marruecos” y del catedrático de Cristalografía y Mineralogia descriptiva de la Universidad Central Lucas Fernandez Navarro “Marruecos físico: Valor económico del protectorado español”, publicados respectivamente en el Boletín del Instituto Geológico de España y en la Revista de Geografía Colonial y Mercantil. Y los mapas de Ecola y Méndez España en Marruecos: Mapa de la zona en el norte del imperio asignada a España según el tratado de 1912, 1:450.000 y de J.M. de Gamoneda: Mapa del Imperio de Marruecos, 1:600.000. Estos trabajos cartográficos inspiraron rápidamente la producción de mapas para las aulas de los institutos.