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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Una crítica de Enrique Moles a la enseñanza de la química en la España de 1918

Próximamente, el miércoles 15 de noviembre de 2017, se inaugurará la exposición “Enrique Moles, químico complutense” en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid. Permanecerá abierta hasta el 25 de enero de 2018, como se puede apreciar en la información adjunta.

Disponemos así una oportunidad para acercarnos a la trayectoria científica del químico más relevante de la “generación de 1914”, cuyos hitos biográficos se pueden seguir en este cronograma elaborado por los comisarios de la exposición, entre los que se encuentra mi colega de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas Francisco A. González Redondo.

Como elemento adicional para profundizar en la personalidad de este relevante científico reproduzco a continuación una colaboración periodística suya en las páginas del diario El Sol el lunes 13 de mayo de 1918, titulada Problemas actuales. La enseñanza de la química.

El artículo, publicado en la sección semanal de ese diario dedicada a la Pedagogía e Instrucción Pública que dirigía de manera eficaz el pedagogo Lorenzo Luzuriaga, es expresivo de los afanes reformistas de los científicos de la “generación de 1914”, beneficiarios de la apertura internacional de la ciencia española que favoreció la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. De hecho la clave del artículo radica en la comparación que establece Moles entre el tipo de enseñanza quimica que se efectuaba en las universidades europeas donde él había estudiado durante varios períodos entre 1909 y 1017, como la alemana de Leipzig y la suiza de Ginebra, y las españolas. En aquellas la enseñanza era mucho más práctica y más barata. La denuncia de Moles iba encaminada a tomar medidas para resolver unas deficiencias que lastraban el desenvolvimiento de la ciencia de la química, que se había revelado fundamental en el desarrollo de la Gran Guerra que asolaba al continente europeo, y cuyas carencias afectaban a la dependencia económica del país en sectores estratégicos.

Para entender el contexto de este artículo hay que tener en cuenta además que en 1918, sobre todo durante los meses en los que fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes el político liberal Santiago Alba, los científicos de la órbita de la JAE confiaron en que el gobierno de concentración nacional existente entonces, dirigido por el conservador Antonio Maura, diera un impulso al sistema científico y educativo español.

Si un pero hay que objetar a esta colaboración periodística de Moles es su desconsideración hacia una tradición química en España, cuestión que él reconsideraría durante la Segunda República, pues sabemos que los químicos fueron importantes en la revolución industrial de  Cataluña en las primeras décadas del siglo XIX , y también relevantes  en otras partes del Estado español del siglo XIX como en Cuba. En esta isla destacó en su industria azucarera la labor del químico salmantino José Luis Casaseca Silván.

He aquí el texto de ese sobresaliente químico catalán que fue Enrique Moles, otro de los científicos represaliados por el franquismo posteriormente, donde abordó con abundantes datos y sólida argumentación las deficiencias de la enseñanza de la química en la sociedad española de hace un siglo.

Nos rige un Gobierno excepcional, del que puede esperarse algo. ¿Tendremos la suerte de que la renovación le llegue a la química?. En España no se hace ni se hizo química; carecemos de tradición química.

 El imperio de esta ciencia en el momento actual es bien patente; en el gigantesco conflicto que trastorna al mundo desde hace cuatro años, las mayores sorpresas, los medios más poderosos de ofender y de defenderse, se deben a los químicos. En todos los países donde más avanzada se halla la química, se crearon durante la guerra nuevos organismos, sociedades poderosas y centros de enseñanza nuevos con la misión única de favorecer el desarrollo científico de aquélla, que es la base de su desenvolvimiento industrial.

En la esfera química, triste es tener que confesarlo, nada se ha hecho en nuestro país, y, así este año como los anteriores, España tendrá que mendigar a Inglaterra unos miles de tonelada de sulfato de cobre para las vides, sulfato de cobre fabricado con cobre de Riotinto y con ácido sulfúrico obtenido con piritas españolas. Seguirán perdiéndose centenares de miles de caballos de fuerza hidráulica que podrían suministrar a buen precio miles de toneladas de nitratos y de cianamida, y mientras tanto, nuestros agricultores esperan angustiadamente la llegada problemática de nitro de Chile. Seguirán sin explotar los yacimientos potásicos; la industria metalúrgica, que podría ser poderosa, dada la abundancia de mineral, se desarrolla tardíamente, y seguirán escaseando benzoles, superfosfatos, sulfato amónico, etcétera. Y así en cien cosas más.

En diferentes ocasiones la voz autorizada de alguno de nuestros profesores bien orientados, se hizo oír en el Parlamento, en Academias y Congresos, exponiendo el estado lamentable de la enseñanza química en nuestro país. Poco o ningún eco hallaron sus palabras en las esferas directoras. Con todo, la insistencia de las predicaciones despertó entre la gente joven deseos de saber, y algo se ha conseguido, aunque los entusiastas sean pocos. No hemos de insistir en los argumentos, tendiendo a demostrar que lo que nos hace falta es tener grandes laboratorios espléndidamente dotados, profesores pagados principescamente y alumnos dispuestos a pagar bien los estudios.

Los enterados, los que han podido vivir algún tiempo en ambiente químico europeo, abrigarán, como nosotros abrigábamos, la creencia de que los estudios de química son costosísimos fuera de España, y que en ellos estriba la diferencia esencial con respecto a nosotros. El estudio comparativo de los datos correspondientes conduce, sin embargo, a resultados inesperados y paradójicos.

Tomando como tipo dos Universidades que conocemos, por haber estudiado en ellas: la de Leipzig (tipo alemán) y la de Ginebra (tipo suizo), vamos a comparar las materias de estudio y los gastos que supone el grado de Chemiker Dr. Phil., o de Dr ès Sciences Phisiques, con las de un grado análogo en España, el de doctor en ciencias químicas o doctor en farmacia. En todos los datos tomamos términos medios lo más exactos posible, suponiendo normalidad en los estudios. De existir alguna exageración en los datos, ésta es en sentido favorable siempre para España.

Un alumno regular conseguirá su grado en la Universidad alemana o suiza en ocho o nueve semestres de trabajo (equivalentes a cuatro o cinco años universitarios de nueve meses útiles); en España el doctorado le exigirá cinco o seis cursos (de seis meses útiles). Durante este tiempo cursará: (1)

En la universidad alemana de Leipzig semanalmente de 4 a 6 horas de clases orales y 40 horas de clases prácticas;  en el año universitario 180 horas de clases orales y 1.510 horas de clases prácticas y durante toda la carrera 720 horas de clases orales y 5.760 horas de clases prácticas.

En la universidad suiza de Ginebra semanalmente de 4 a 7 horas de clases orales y 35 horas de clases prácticas; en el año universitario 200 horas de clases orales y 1.260 horas de clases prácticas y durante toda la carrera 800 horas de clases orales y 5.040 horas de clases prácticas.

En la universidad española semanalmente de 12 a 15 horas de clases orales y de 12 a 15 horas de clases prácticas; en el año universitario 350 horas de clases orales y 297 horas de clases prácticas y durante toda la carrera 1660 horas de clases orales y 1.485 horas de clases prácticas.

Advertiremos, además, que para el estudiante en Alemania o Suiza hay casi 60 por 100 de clases orales, y casi todas las clases prácticas son de química. En España el alumno cursa unas ochocientas-novecientas horas de clase oral y unas setecientas horas de clases prácticas de química. En Alemania o Suiza los exámenes quedan reducidos a dos o tres; en España padecemos como mínimum 17 a 19 exámenes.

Partiendo de los anteriores datos, el coste de toda la carrera, agrupado por conceptos, es: (2)

En Alemania

por las clases orales se pagan 80 pesetas, por las clases prácticas 1.800; por los títulos 350; por los libros, etc. 270. Total: 2.500

En Suiza

por las clases orales se pagan 150 ptas,    por las clases prácticas 1.840;   por los títulos 250; por los libros,etc. 250. Total: 2.450

En España

por las clases orales se pagan 540 ptas., por las clases prácticas 170;       por los títulos 1.647; por los libros, etc.,200. Total: 2,557

Estas cifras podrían pasarse sin comentarios. En ellas aparece claramente que, contra lo esperado, los estudios son más costosos en España que en el extranjero, y, lo que es peor aún, la distribución de los gastos en una carrera esencialmente práctica como la de químico, hace ver que en el extranjero se pagan, como es lógico, las enseñanzas prácticas en primer lugar, ingresando directamente en la Universidad la totalidad del importe, mientras que en España se pagan en primer término los títulos, luego las clases orales, quedando una clase irrisoria para los Laboratorios, siendo el Estado el que percibe el importe casi total.

Es más, un alumno no oficial (categoría desconocida fuera de España), siendo aplicado, podrá avanzar cursos y aprobar en poco tiempo los estudios de química (mejor, de metafísica química) sin haber pisado un solo laboratorio. De este modo el Estado español ejerce a sabiendas un comercio inmoral, vendiendo títulos que no pueden acreditar conocimientos que no pueden adquirirse bien.

Quedan en pie el problema de los locales, la retribución de los profesores, las dotaciones. Tampoco en estos casos las cifras podrán darnos la razón de nuestro atraso. La Universidad de Leipzig tiene tres profesores ordinarios de Química; la de Ginebra, también tres; en la de Madrid, existen ocho. Resulta natural que los menos puedan estar mejor pagados que los más. En cambio, en Alemania y Suiza los numerosos profesores extraordinarios, Chef de travaux, Oberassistenten y Assistenten cobran lo mismo o menos que nuestros auxiliares universitarios. Por lo que respecta a locales, se da en España, por ejemplo, el absurdo de que cada profesor de Química pretenda tener una cátedra especial que utiliza, a lo sumo, una hora al día. Con menos cátedras, menos decanatos, salones de grados, etc., habría de resultar local suficiente. Y para aclarar lo que a dotaciones se refiere, citaré el Laboratorio de Química Física de Ginebra, conocido en todo el mundo, y que viene disfrutando por parte del Estado de una dotación de 1.000 francos anuales…

Un comentario final, que define mejor que otro cualquiera el ambiente científico de nuestro país. En un Anuario que tira centenares de miles de ejemplares, se lee lo siguiente:

Química. Internacional Institución Química. Enseñanza por correspondencia (!!!)

Nos parece el colmo de la desaprensión el anunciar la enseñanza de la Química por correspondencia, sólo explicable por el estado mísero de aquélla en España.

Y volvemos ahora a pregunta: ¿tendremos la suerte de que algo de la renovación le llegue a la Química? El problema, más que económico, es de organización, pero de organización despiadada, renunciando el Estado al negocio de los títulos, prescindiendo de derechos adquiridos y demás trabas sagradas. ¿Habrá en el ministerio de Instrucción pública y en las Cámaras interés y brío suficientes?

No puede esperarse una química industrial floreciente sin tener antes una química científica sólida. Tememos, sin embargo, que todo ha de reducirse al nombramiento de una Comisión, que estudiará el asunto, redactando luego un luminoso y documentado informe que, para mayor claridad, irá dividido en varias partes….

E. MOLES

(1) (2) En su artículo Enrique Moles insertó dos tablas. Por problemas de edición mi labor ha sido interpretarlas.

 

 

 

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Febrero 1932: cuando Madrid fue la capital europea de la física y de la química

En febrero de 1932 los colegios de los jesuitas, tanto en la capital de España como en otras ciudades, perdieron abundante material pedagógico y científico al tener que abandonar esos religiosos sus centros educativos con motivo de la aplicación del controvertido artículo 26 de la Constitución republicana. A pesar de ello Madrid mantenía pujante su vida científica y los científicos procuraban tener una presencia destacada en el espacio público como se aprecia leyendo la prensa de la época.

Así, por ejemplo, a principios de ese mes el geógrafo Juan Dantín Cereceda, catedrático de Agricultura del Instituto San Isidro, amigo de Ortega y Gasset desde tiempo atrás, como destaqué en un post anterior, fue convocado a la Sociedad Económica Matritense para hablar de las Características fisiográficas y agrológicas del suelo español, ofreciendo en palabras de un asistente un “caudal de conocimientos básicos indispensables para cuantos se interesan por los problemas del agro español, hoy de palpitante actualidad”, pues se estaba discutiendo cómo llevar a cabo la reforma agraria que querían impulsar las fuerzas republicanas. Días después el joven psiquiatra y psicoanalista Angel Garma (1904 Bilbao-1993 Buenos Aires) daría un ciclo de conferencias sobre “Mecanismos de la neurosis” en el Instituto de Patología Médica  que dirigía Gregorio Marañón.

También en la primera semana de febrero se presentó en sociedad la sección española del Comité de Cooperación Intelectual que logró a lo largo de ese mes crear comités locales en diversas ciudades españolas, como Valladolid, Sevilla, La Coruña y Santiago. En él se congregaron científicos e intelectuales deseosos de impulsar la ciencia española a través de su internacionalización. Su puesta de largo se produjo cuando sus integrantes, entre los que se encontraban Pío del Río Hortega y Corpus Barga que he mencionado en las dos entradas anteriores de este blog, organizaron a finales de ese mes de febrero de 1932 un gran mitin en el cine madrileño Opera. En él el hiperactivo ministro de instrucción Pública Fernando de los Ríos expuso las grandes líneas maestras de la política cultural de la Segunda República, de la que el mencionado Comité español de Cooperación Intelectual parecía ser uno de sus abanderados.

Fernando de los Rios 1932 29 febrero

Por su parte varias sociedades feministas se incorporaban a ese dinamismo científico e intelectual. Por ejemplo un suelto del diario Luz del lunes 8 de febrero informaba de las conferencias organizadas en los días siguientes por la Asociación Femenina de Educación Cívica que promovía la destacada feminista socialista María Martínez Sierra. El miércoles 10 la maestra Julia Peguero hablaría de “La belleza en la educación del sentimiento (Introducción a un cursillo de literatura)”; el jueves 11 la presidenta de la Asociación la mencionada María Martínez Sierra disertaría sobre “Ejercicios intelectuales”; el viernes 12 el doctor José María de Otaola sobre “Biología”, y el sábado 13 el químico Tomás Batuecas sobre “Una vida ilustre de mujer (madame Curie)”.

Asimismo se seguía con atención la labor científica llevada a cabo en otros países europeos, particularmente en Alemania. Así, por ejemplo, el colaborador del diario Luz el escritor alemán, de origen judío-askenazí, nacionalizado español en 1934, Máximo José Kahn (Frankfurt 1897- Buenos Aires 1953), en el ejemplar del miércoles 10 de febrero, hizo una amplia reseña del interesante libro de Heinrich Grupe, Naturkundlisches Wanderbuch y dos días después con el título Vida científica. Cómo se fabrica un frío de 270 grados bajo cero un colaborador anónimo ofreció en ese mismo diario un reportaje sobre el Instituto Físicotécnico de Berlín.

Pero sin lugar a dudas el acontecimiento científico de ese mes fue la inauguración el sábado 6 de febrero a las 5 de la tarde del Instituto Nacional de Física y Química, evento que permitió a Madrid convertirse por unos días en capital europea de la física y de la química al concentrarse en la capital española cinco de los más destacados físicos y químicos alemanes y franceses. Se conservan documentos de aquella inauguración como un folleto institucional conmemorativo de la inauguración, diversas informaciones periodísticas, fotografías de Alfonso,y una breve película de 3 minutos

Un testimonio significativo de lo que supuso la puesta en marcha de la que fue primera gran instalación científica española del siglo XX fue un reportaje aparecido en el diario Luz el jueves 4 de febrero. Unos días antes de su inauguración oficial el Instituto abrió sus puertas a un periodista de ese periódico. Las impresiones de lo que observó y vio, y extractos de sus conversaciones con el director del Instituto, Blas Cabrera, fueron las siguientes.

Instituto Nacional de Fisica y Quimica 1932

El sábado se inaugura el Instituto Nacional de Física y Química.

Una colaboracíón de dinero norteamericano y español en una gran obra de cultura

El mundo de la exactitud

El Instituto Nacional de Física y Química, que se inaugura el sábado, está situado en los altos del Hipódromo, detrás de la Residencia de Estudiantes. Tiene el aire de un edificio norteamericano por su alargada forma geométrica y hasta por las esbeltas columnas del pórtico de entrada, único lujo decorativo en su sobria arquitectura. No es insólito en los edificios norteamericanos esta inserción de un trozo de estilo antiguo -portería, catedral, puerta Renacimiento-dentro de su cubismo rígido. Con ello no hace más que revelar su progenie.

Desde hace veinte años existía en el llamado Palacio de Exposiciones del Hipódromo, además de un cuartel de la Guardia Civil y el Museo de Historia Natural, un pequeño Centro de Investigaciones Físicas, creado por la Junta para Ampliación de Estudios. Allí, en laboratorios improvisados, trabajaban Cabrera, Catalán, Palacios y el químico Moles, y una grey de discípulos en sutiles investigaciones sobre la materia. Centenares de trabajos -algunos muy importantes en la historia de la ciencia- salieron de aquel insospechado antro. Que no es obstáculo a la ciencia la modestia de medios; Pasteur trabajaba pésimamente instalado, el matrimonio Curie descubrió el radio en una especie de garaje y Claudio Bernard añoraba el laboratorio sucio y pobre de sus primeros experimentos desde el limpio, ordenado, espléndido que le diera el Estado francés. Se dice que en este último ya no pudo descubrir nada.

Pero hoy la investigación física exige tal precisión, tan honda exploración en los pequeños, y, sin embargo, infinitos abismos del átomo, que sólo con instrumentos costosísimos puede realizarse. Incluso necesita un edificio que sea, a su vez, un aparato, un edificio sustraído a toda trepidación, dentro del cual se crea un clima especial, inalterable, un edificio aislado del mundo como otro mundo aparte. Es el mundo de la exactitud y la precisión, el mundo de la diezmilésima de centímetro, de la milésima de miligramo, de la cienmilésima de segundo, en que el físico consume, a veces, largos años de vida solamente para añadir o rectificar la última cifra decimal de una medida.

Misterio y juego

Al entrar en el Instituto se experimenta la sensación de que el mismo edificio es un aparato que está captando un fluido misterioso del Cosmos y lo distribuye por tuberías en los cien laboratorios de su interior. Hombres de blusas blancas como en los hospitales. En los pasillos largos, oscuros, cruzados de cables, blindados, como de submarino, puertas metálicas cerradas. El silencio absoluto aumenta el intrigante secreto. Pero una puerta está abierta. ¿Qué vemos? Un hombre que tiene ante sí tres anteojos y mira por el primero de ellos otro aparato situado en el extremo contrario de la habitación, luego mira por el segundo anteojo, luego por el tercero. Después apunta algo rápidamente en un cuadernito y vuelve a mirar y apuntar una y otra vez. ¡Qué entretenimiento!

Rockefeller dona 420.000 dólares

Blas Cabrera 1932 en su laboratorioEs la persona que buscábamos: don Blas Cabrera, el director, a quien hemos de interrogar sobre la génesis y la finalidad de este Instituto.

Juan David Rockefeller, el rey del petróleo, un viejecito apergaminado, nacido en 1839, es uno de esos multimillonarios (se le calculan más de dos mil millones de dólares) que emplean parte -la mayor parte- de su fortuna en la filantropía. La Fundación Rockefeller, el Instituto de Educación Internacional y el Instituto de Educaciones Médicas son instituciones creadas y costeadas por él y su hijo para el fomento de la cultura y la higiene, no sólo en los Estados Unidos, sino en el mundo entero.

El Sr. Castillejo, secretario de la Junta para la Ampliación de Estudios -sigue el Sr. Cabrera- fue a los Estados Unidos, visitó la Fundación Rockefeller con objeto de llamar su atención sobre la obra de dicha Junta. A Madrid vinieron por su invitación el presidente y otro miembro de la Rockefeller, que, seducidos por los trabajos de nuestros investigadores, acordaron el auxilio pedido. La Fundación Rockefeller se comprometía a hacer del Instituto Nacional de Física y Química un establecimiento parejo a los primeros del mundo. Traducido a cifras, donaba 420.000 dólares. Pero la Fundación Rockefeller no pretende absorber ni dominar las instituciones por ella creadas, sino que, una vez establecidas, funcionen por sí mismas, autónomamente. Crea, funda, y luego suelta. Por eso condicionaba su ofrecimiento: el Estado español tenía que obligarse a sostener después el buen funcionamiento del Instituto.

Gobernaba entonces Primo de Rivera y hubo algunas dificultades. La hostilidad a la Junta para la Ampliación de Estudios se oponía a que ésta se desarrollara. ¡No era nada, 420.000 dólares para unos laboratorios de la Junta! Se argumentó lo mismo que se argumentaba contra el Instituto-Escuela: era demasiado bueno.Además, ¡recibir dinero forastero! ¡Qué bochorno! Contra los extranjeros tenemos nuestro grito: ¡Santiago, y a ellos! Al fin, la enemiga de los que rodeaban al dictador contra la Junta fue vencida y Rockefeller depositó en un Banco de Madrid una suma de dólares equivalente a 150.000 pesetas, que reponía conforme se gastaban. Hasta la fecha se han invertido en edificio, instalaciones eléctricas, instalaciones de agua, gas, aire comprimido, aparatos, material y mobiliario, 3.320.000 pesetas.

Pero la Fundación Rockefeller hizo algo más: pagar aparte los gastos de viaje de los arquitectos y dos técnicos a los principales laboratorios de Francia, Alemania, Holanda y Suiza.

¿Qué investigaciones se hacen en el Instituto?

Preguntamos al Sr. Cabrera cuáles son las principales investigaciones a que ahora se dedica el Instituto.

– El Sr. Moles, químico -nos dice el Sr. Cabrera-, sigue aplicando el método iniciado por Guye, en que es la primera autoridad europea, a la determinación de los pesos atómicos. El señor Moles ha rectificado muchos de los pesos atómicos que regían como válidos en la ciencia química.

El Sr. Catalán se dedica al estudio de los espectros de los cuerpos simples. A él se debe el descubrimiento de los llamados “multipletes”, o sean ciertas agrupaciones de las líneas espectrales que han servido para una mejor interpretación del edificio atómico. Precisamente en la fecha del descubrimiento estaba en Madrid Sommerfeld, la primera autoridad en la materia, que interrumpió el plan de sus conferencias para dedicar algunas de ellas al descubrimiento del joven físico español, que aclaraba puntos oscuros, dificultades y contradicciones en sus teorías sobre el átomo.

El sr. Guzmán estudia en estos momentos la sustitución del platino -muy caro- por metales comunes en los electrodos usados en los análisis electrolíticos. Las investigaciones se realizan con pleno éxito.

El sr. Madinaveitia trabaja en cuestiones particulares de la química; actualmente de la fotoquímica.

El propio Sr. Cabrera estudia las propiedades magnéticas de las tierras raras -lo más raro es su nombre-. Los resultados de sus estudios figuran, como indiscutibles, en la base de todos los trabajos sobre paramagnetismo.

La cátedra Cajal

En el Instituto Nacional de Física y Química está instalada la Cátedra Cajal, fundada y costeada por los españoles de la Argentina a la jubilación del ilustre histólogo, como el mejor homenaje a su gloriosa obra. En ella explican e investigan -durante dos o tres años- profesores extranjeros dominios muy especiales de la ciencia física. Un profesor español, el sr. Palacios, asegura el enlace y la continuidad posterior de las investigaciones iniciadas. Ultimamente ha trabajado en esta Cátedra el famoso físico Scherrer sobre estructura de los cristales por la aplicación de los rayos X. En la actualidad la ocupa Hengstenderg, que sigue las investigaciones de Scherrer y las otras, novísimas, sobre difracción de electrones.

En torno a estos profesores hay cuarenta discípulos, un vivero de investigadores y especialistas.

La inauguración del Instituto

El sr. Cabrera nos anuncia que acudirán a la inauguración gran número de científicos europeos de primer rango, los señores Weiss, Sommerfeld, Scherrer, el sr. Willsttäter, gran químico alemán, profesor que fue en Munich, cuya cátedra dimitió a causa de manifestaciones antisemíticas en su Universidad; el sr. Honigschmidt, también químico, y varios más.

El atomo

Pedimos permiso al Sr. Cabrera para mirar por sus anteojos. Pero no vemos otra cosa que unas reglas graduadas y unas agujitas que, después de varias oscilaciones, se detienen en un número.

Pero, D. Blas, y el átomo ¿dónde está?

-Ahí- nos dice-. Para nosotros el átomo no es más que un número, un símbolo, una ecuación; pero le vemos con la misma claridad y en la misma forma que usted ve esta mesa. Le puedo decir dónde no está, pero no dónde está.

Y el periodista ignorante sale oscilando, como aquellas agujitas, entre estos dos pensamientos, sin quedarse en ninguno: ¡Cuánto se sabe! ¡Qué poco se sabe! Y, sin embargo, ¡cuánto se sabe! ¡Pero no se sabe nada! Y así, indefinidamente.

Fernando de los Rios 1932 inauguracion Instituto FyQ

 

Días después la prensa se hizo eco del acto de inauguración. El diario vespertino La Voz en su edición del sábado 6 de febrero lo hizo en los siguientes términos:

Fundación Rockefeller

Solemne inauguración del Instituto Nacional de Física y Química.

Esta tarde, a las cinco, se ha celebrado la solemne inauguración del Instituto Nacional de Física y Química, bajo el patronato de la Junta Nacional de Ampliación de Estudios, cuyo edificio e instalaciones se han construido con la donación de la Fundación Rockefeller.

Al acto asistieron el ministro de Instrucción Pública, D. Fernando de los Ríos; el director general de Bellas Artes, Sr. Orueta; el rector de la Universidad de Madrid, señor Sánchez Albornoz; los catedráticos señores Unamuno, Pittaluga, Recasens y numerosas personalidades científicas y bellas damas.

Forman el personal de este instituto el director, D. Blas Cabrera; secretario D. Julio Guzmán; jefe técnico, D. Juan María Torroja, y en el cuadro de profesores forman los sres. Duperier, Palacios, Catalán, Moles, Madinaveitia, Guzmán y otros insignes maestros. 

Asisten a la sesión inaugural los profesores extranjeros, Weiss, Willstaetter, Scherrer, Sommerfeld, Hoenigschmid.

En el salón de conferencias se celebró el acto de apertura, y primeramente el Sr. Torroja, por la Junta de Ampliación de Estudios, explicó brevemente la actuación de ésta en relación con la Fundación Rockefeller. Luego, el director del Instituto, Sr. Cabrera, dedicó palabras de elogio a los esfuerzos científicos realizados por los hombres que colaboraron en la obra de la ciencia española.

A continuación, el profesor Weiss, en francés, pronunció palabras de elogio para la ciencia española; y el profesor Hoenigschmid también pronunció un discurso, haciendo resaltar la labor desarrollada por los hombres de ciencia de España.

El ministro de Instrucción Pública habló para expresar el agradecimiento del Gobierno de España a la Fundación Rockefeller. Exaltó el admirable espíritu de objetividad científica de los universitarios de los Estados Unidos y su desprendimiento. Cita casos en que a los antiguos estudiantes de las universidades americanas se les impone por éstas un tributo sobre sus rentas para contribuir a su sostenimiento. Este Instituto es un acicate para el trabajo de la juventud.

….

El edificio es un magnífico alarde de las posibilidades de la arquitectura española, que ha sabido interpretar admirablemente las necesidades de un establecimiento de esta índole siguiendo los consejos de los hombres de ciencia.

Los arquitectos Sres. Sánchez Arcas y Lacasa han tenido un acierto completo al hermanar las comodidades propias de esta clase de construcciones con un soberbio conjunto estético.

 

Fernando de los Rios 1932 Blas Cabrera y otros inauguracion INFQ

Y también se informó, como hicieron el diario El Sol y la revista Madrid científico, de la sesión extraordinaria que celebró la Sociedad española de Física y Química el lunes 8 de febrero de 1932 en la que participaron dos químicas:  Salazar, quien presentó en colaboración con Moles la comunicación “Nueva revisión de la densidad normal del gas de óxido de carbono” y [Dorotea] Barnés con su comunicación “Preparación de análisis del ácido nucleinico en el bacilo de la difteria”, representantes de las mujeres científicas que empezaron a emerger en la España republicana.

Sociedad Española de Fisica y Quimica

Suelto de El Sol, domingo 7 febrero 1932, p, 9

Sociedad Española de Fisica y Quimica Madrid cientifico

Madrid científico, nº 1301, 1ª quincena de marzo de 1932, p. 9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para saber más:

José Manuel Sánchez Ron, Miguel Catalán: su obra y su mundo, Madrid, CSIC (colección Estudios sobre la ciencia), 1994. Accesible aquí

Ana Romero de Pablos, Cabrera, Moles, Rey Pastor: la europeización de la ciencia. Un proyecto truncado, Madrid, Nivola (colección Novatores), 2002

Carmen Magallón, Pioneras españolas en las ciencias. Las mujeres del Instituto Nacional de Física y Química, Madrid, CSIC, 2004

Carlos González Ibáñez y Antonio Santamaría García, Física y Química en la colina de los chopos. Instituto de Química Física Rocasolano del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, CSIC, 2008. Accesible aquí.

Antonio Santamaría García, “El edificio Rockefeller. La arquitectura con vocación de ciencia”. Accesible aquí

Rosario E. Fernández Terán, El profesorado del “Instituto Nacional de Física y Química” ante la Guerra Civil, el proceso de depuración y el drama del exilio, Madrid, Universidad Complutense, Facultad de Educación, Departamento de Teoría e Historia de la Educación, Tesis Doctoral, 2014. Accesible aquí.


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El impulso del Ateneo de Madrid a la cultura científica hace un siglo

Hace unos meses, el 1 de diciembre de 2014, se organizó en el Ateneo de Madrid una mesa redonda en el marco de un ciclo sobre la generación del 14 y el centenario de la primera guerra mundial. En ella se abordó la actitud de los científicos y tecnólogos españoles ante el conflicto bélico que asoló el continente europeo hace un siglo.

El evento fue coordinado por Alejandro Díez Torre. Quienes participamos en él -Ernesto García Camarero, Alberto Gomis, Francisco Villacorta y el autor de esta entrada- , no reparamos entonces en una doble iniciativa que tuvo lugar durante el curso 1914-1915 organizada por la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de esa institución madrileña, tan importante en la configuración de una sociabilidad liberal y en la historia política y cultural española contemporánea.

Me refiero por una parte al ciclo de conferencias que tuvo lugar entre enero y mayo de 1915. En él participó un cualificado grupo de científicos que expuso a los ateneístas la situación en la que se encontraban diversas disciplinas científicas que cultivaban -desde la fisiología a la antropología, pasando por las matemáticas y la química- y cuáles eran los problemas metodológicos con los que tenían que enfrentarse en sus investigaciones.

Desfilaron en efecto por la cátedra del Ateneo a lo largo del primer semestre de 1915 los químicos José Rodríguez Carracido (1856-1928), Eugenio Piñerúa y Álvarez (1851-1937), José Rodríguez Mourelo (1857-1932) y Enrique Moles (1883-1953); los astrónomos Antonio Vela y Herranz (1865-1927), y Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966); los geólogos Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965) y Lucas Fernández Navarro (1869-1930); el físico Blas Cabrera (1878-1945), el matemático Julio Rey Pastor (1888-1962), el fisiólogo José Gómez Ocaña (1860-1919), el ingeniero de montes y biólogo Joaquín María de Castellarnau y Lleopart (1848-1943), el marino y geógrafo José Gutiérrez Sobral (1858-1918) y el antropólogo Luis de Hoyos y Sainz (1868-1951).

También fueron llamados a participar, aunque declinaron la invitación, el ingeniero Esteban Terradas (1883-1950), el botánico Blas Lázaro (1858-1921), el zoólogo Ignacio Bolívar (1850-1944) y el neurólogo y sicólogo Luis Simarro (1851-1921). En esa docena y media de nombres se concentraba una parte relevante de la ciencia de calidad que se hacía en la España de hace un siglo.

La segunda iniciativa de la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo de Madrid en el curso 1914-1915 fue la organización de un ciclo de cursos de especialización que impartieron algunos de los científicos ya mencionados como el matemático Julio Rey Pastor, el astrónomo Pedro Carrasco, el geólogo Lucas Fernández Navarro, el antrópologo Luis de Hoyos y Sainz. A ellos se sumaron el también antropólogo Telesforo de Aranzadi y Unamuno (1860-1945) y el endocrinólogo  Gregorio Marañón (1887-1960), muy joven por aquel entonces.

Podemos acercarnos a ese notable esfuerzo científico colectivo de hace un siglo gracias a una serie de publicaciones en las que conviene reparar nuestra atención.

En efecto casi todos los cursos – impartidos por Gregorio Marañón sobre Las secreciones internas, (accesible aquí); Julio Rey Pastor sobre Introducción a las matemáticas superiores, sobre el que ya llamó la atención su discípulo Ernesto García Camarero en su blog El granero común (ver aquí); Pedro Carrasco Garrorena sobre La teoría de la relatividad en física; Lucas Fernández Navarro sobre Paleogeografía: Historia geológica de la Península Ibérica (ver aquí); y Luis de Hoyos y Sainz  y Telesforo de Aranzadi sobre Etnografía: las bases, los métodos y sus aplicaciones a España- fueron publicados por la biblioteca Corona.

Rey Pastor Biblioteca Corona

Etnografia Aranzadi

Asimismo la mayor parte de las conferencias impartidas en el Ateneo de Madrid entre enero y mayo de 1915 se reunieron en un volumen editado meses después, ya en 1916. Otras conferencias, como la que impartió Lucas Fernández Navarro sobre La geografía física: su estado actual, sus métodos, sus problemas, se presentaron en otras publicaciones como el Boletín de la Real Sociedad Geográfica (ver aquí).

ateneo 1915-2-2Como se aprecia en el siguiente índice en el mencionado volumen se reunieron doce conferencias, dos terceras partes de las que había diseñado su organizador: Luis de Hoyos y Sainz, presidente de una activa sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo en aquel curso de 1914-1915. Fueron estas:

I. Evolución de la Matemática en la Edad Contemporánea. Conferencia de la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo de Madrid. Marzo de 1915. por J. Rey Pastor, Catedrático de la Universidad Central, p. 8-40.

II. Problemas y métodos astronómicos. Su estado actual. Conferencias de  25 de marzo y 15 de abril de 1915. Por Don Antonio Vela y Herranz, Astrónomo del Observatorio de Madrid y Catedrático de Astronomía física de la Universidad Central. p. 41-108.

III. Estado actual, métodos y problemas de la Física. Conferencias de 24 y 31 de enero de 1915. Por Blas Cabrera y Felipe, Catedrático de la Universidad Central. De la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. p. 109-144.

IV. Física matemática. Teoría de la relatividad Conferencia de marzo de 1915. Por Pedro Carrasco, Astrónomo del Observatorio de Madrid. p. 145-168.

V. Métodos y problemas actuales de la ciencia química. Conferencias de 8 de abril y 4 de mayo de 1915. Por E. Piñerúa y Álvarez. Catedrático de Química en la Universidad Central. p. 169-206.

VI. Estado actual, métodos y problemas de la síntesis mineral, Conferencia de 22 de abril de 1915. Por José Rodríguez Mourelo. De la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. p. 207-248.

VII, Estado actual de los problemas y métodos de la clínica biológica. Conferencia de 21 enero 1915 por José Rodriguez Carracido. Catedrático de la Universidad Central. De las Reales Academias Española, de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y de Medicina. P. 249-270.

VIII. Geografía social. Conferencia de 21 de marzo de 1915 por Don José Gutiérrez Sobral, p.271-296.

IX. Métodos y problemas de la Geología. Constitución interna de la Tierra. Conferencia de 25 febrero 1915 por Eduardo Hernández Pacheco. p. 297-316.

X.  Botánica: La teoría celular y los problemas biológicos. Conferencias de 11 y 29 de marzo de 1915 por D. Joaquín Mª Castellarnau. p. 317-376.

XI. Fisiología. Los problemas de la nutrición. Conferencia de abril de 1915 por José Gómez Ocaña. P. 378-401.

XII. La Antropología. Métodos y Problemas. Conferencia de Mayo 1915 por Luis de Hoyos Sáinz. Catedrático de Fisiología.- Presidente de la Sección. p. 403-442.

El libro iba precedido de un prólogo firmado por Luis de Hoyos y Sainz en el que se entremezclan consideraciones sobre los déficits de la cultura científica española de hace cien años con una apuesta por el papel educador que podía desempeñar el Ateneo de Madrid; lamentos por las actitudes rutinarias en la enseñanza de las ciencias, dominada por “una erudición arcaica”, con una defensa de la dimensión creativa de la ciencia; explicación de su plan de acción para acercar los logros científicos al gran público desde la sección ateneista que presidió en el curso 1914-1915 con los logros obtenidos gracias a su esfuerzo organizativo; lamento por no haber logrado todo lo que se había propuesto alcanzar junto al reconocimiento de la ayuda recibida para hacer llegar este libro a sus lectores.

Vale destacar que en esos reconocimientos aparecen dos figuras históricas del liberalismo progresista español y del republicanismo democrático: Rafael María de Labra (1840-1918) presidente del Ateneo en aquel año de 1915, y Manuel Azaña (1880-1940), su eficaz y entusiasta secretario entre 1913 y 1920.

En ese año de 1915 Luis de Hoyos y Sainz y Manuel Azaña eran militantes del Partido Reformista de Melquíades Alvarez, formado por republicanos dispuestos a colaborar con la monarquía de Alfonso XIII.

De hecho el siguiente texto y las actividades desarrolladas en el Ateneo de Madrid hace un siglo pueden ser contempladas como un esfuerzo de la izquierda liberal por aproximar los problemas científicos al mundo de las clases medias progresistas e ilustradas, vivero de los apoyos políticos del Partido Reformista que no logró vencer al bipartidismo de la Restauración.

Reproduzco a continuación el interesante texto de Luis de Hoyos y Sainz, por aquel entonces también catedrático de Fisiología e Higiene escolar de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio de Madrid.

Al organizar la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del ATENEO DE MADRID los trabajos del pasado curso, pensó que la mejor labor que podía realizar, era cubrir la necesidad más apremiante y dañosa de nuestra cultura científica, que es, ciertamente, la que atañe al conocimiento de la metodología y problemas actuales de las ciencias en la investigación y exposición de las mismas. El carácter de reflejo y tornavoz de nuestra vida científica débese, sin duda, a este desconocimiento de los métodos y problemas, no ya por el gran público, que debe al menos conocer su existencia, sino por una gran parte del cuerpo docente y escolar, que expone la ciencia como obra muerta y cuadriculada, y que la aprende como conjunto de cosas pasadas o de verdades canónicas, contrariamente a la gran variedad de que la ciencia se crea, pero no está creada.
La metodología concreta y definida de cada ciencia, no la representada, como dice Cajal, por la panacea de una lógica formal para todas las ciencias, es la que transforma el culto estático y contemplativo a una obra concluida, en cooperación dinámica y trabajo que aportar a una labor no terminada ni terminable.
La ignorancia de los métodos de investigación y el desconocimiento de los problemas planteados, es lo que crea esa manifestación común a toda nuestra estructura pedagógica nacional, de erudición arcaica, frente a la previsión original científica que caracteriza al resto del mundo. Expone datos, doctrinas, y a veces ideas, rebuscadas para el caso, unas veces en recientes lecturas, producto natural de la gran cultura y erudición del dicente, en otras; pero libresca siempre, tomada de las hojas del manual o cogidas de las páginas de la revista, exigiendo ambos trabajos esfuerzo superior al de la observación directa y vivida de la naturaleza y la realidad, con las que el libro o el maestro impidieron establecer fecundas relaciones, despreciando las aguas surgidoras del propio manantial para beber en las rodadas del caudal ajeno.
Siente como pocos esta impotencia de creación científica, este pesar de obra muerta o de bagaje cultural que hay que repartir, para quedar aligerado en su masa, el que, conociendo la enseñanza universitaria, viva también la normal o profesional de los verdaderos maestros, los de la enseñanza primaria. En ella, en los dominios de la Pedagogía –por inexplicable antinomia-, exagérase la cuadrícula y acótase el campo hasta hacer relato lo que es hecho, y espejo lo que es luz. La expresión formal de las cosas, sustituye a la acción enérgica, por renovadora, de las mismas, y la Metodología y la Didáctica, que por esencia son creadoras, redúcense a expositoras de un caudal científico muy ordenado y fijo, como museo de arqueología clásica, en el que no se crea porque no se duda.
Ninguna labor, pues, de más honda y extensa utilidad científica podía hacer el Ateneo y para ello pidió la Sección de Ciencias naturales la colaboración de los que son maestros indiscutidos en cada ciencia, por dominar por completo los modos de crearla. Así cumplía el Ateneo la función propia que, como nadie, tiene en la cultura nacional; la de difusión de la alta ciencia para el gran público, la de expansión de la callada y germinal labor de los investigadores, en una tribuna, adecuada entre todas, para llevar a la cultura general superior de España, las orientaciones de los especialistas que deben informarla y dirigirla.
Coetánea y paralelamente a esta obra de exposición de métodos de trabajo, tenía que presentar la Sección la aplicación concreta de los mismos, dando, no sólo la ley general y teoremática, sino la concreción aplicativa, como fruto del dominio de los métodos y el conocimiento de los actuales problemas. A ello respondían los Cursos breves monográficos, que para un público preparado se dieron por los señores Marañón, Rey Pastor, Carrasco, Fernández Navarro, Aranzadi y Hoyos Sáinz, acerca de Las secreciones internas, Introducción a las matemáticas superiores, La teoría de la relatividad en física, Paleogeografía:Historia geográfica (sic por geológica) de la Península ibérica y Etnografía: las bases, los métodos y sus aplicaciones a España.
No refleja este libro todo el plan elaborado por la Sección, ni siquiera todo el trabajo realizado en la misma. Por diversos motivos que lamentarán los lectores, no llegaron a darse las conferencias de Mecánica, pedida al catedrático de Barcelona señor Terradas; de Botánica, por el académico señor Lázaro; de Zoología, por el director del Museo de Ciencias naturales, señor Bolívar y de Psicología, por el doctor Simarro.
No figuran en el presente tomo, aunque fueron dadas en la cátedra del Ateneo, la de Físico-química, del profesor de la Facultad de Farmacia don Enrique Moles, y la de Geografía física, del catedrático de la Facultad de Ciencias don Lucas Fernández Navarro.
Injusticia sería callar que en la preparación del trabajo que originó este tomo, colaboraron el vicepresidente y secretarios de la Sección, señores Serrano Piñana, ingeniero de Caminos, Honorato de Castro, astrónomo del Observatorio de Madrid; García Miranda, auxiliar de la Facultad de Ciencias, y Moret, doctor en la misma; y preciso es decir que su publicación se debe, al valioso apoyo de la Junta directiva del Ateneo, y especialmente a su venerable presidente señor Labra, y a su infatigable secretario, señor Azaña.

Este texto es expresivo de la atmósfera científica de hace un siglo en una coyuntura en la que la elite científica española empezaba a rejuvenecerse gracias a la irrupción en el panorama científico de los integrantes de la generación de 1914 como Julio Rey Pastor, Enrique Moles, Pedro Carrasco Garrorena, Gregorio Marañón, Esteban Terradas, todos ellos nacidos en la década de 1880. Estos jóvenes científicos junto a otros integrantes de su grupo generacional, como José Ortega y Gasset, contribuyeron indudablemente a dinamizar la vida científica en la sociedad española de hace un siglo como he expuesto en otras entradas anteriores de esta bitácora. También estas iniciativas ateneistas muestran que la labor que desplegaba la JAE hace un siglo para hacer más sólido el tejido científico español estaba acompañada por otras iniciativas surgidas de la sociedad civil.

Para saber más:

Carmen Ortiz García, Luis de Hoyos Sainz y la Antropología española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1987.

Francisco Villacorta Baños, El Ateneo de Madrid (1885-1912), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985. Accesible aquí

Sobre la relación de Manuel Azaña con el Ateneo de Madrid se encuentra información en:

Santos Juliá: “La nueva generación: de neutrales a antigermanófilos pasando por aliadófilos”, Ayer, 91, 2013 (3): 121-144. Accesible aquí

y en un homenaje del Ateneo en el centenario de su acceso a la secretaría del Ateneo (ver aquí).