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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Una original Geografía de España de Rafael Ballester y Castell publicada en Girona en 1916

portada Geografia de España 1916 Ballester

Tras haber disfrutado de una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas el mallorquín Rafael Ballester y Castell, cuyas huellas estamos rastreando en parte en esta bitácora, se instaló en la ciudad catalana de Girona donde fue por varios años catedrático de Geografía e Historia  de su Instituto Provincial, que es actualmente el Institut d’Ensenyament Secundari Jaume Vicens Vives

De la amplia labor llevada a cabo en sus años gerundenses por Rafael Ballester y Castell, entre cuyos alumnos se encontró precisamente Jaume Vicens i Vives, me fijaré en esta ocasión en su edición, en la imprenta y librería de la viuda e hijo de José Franquet, de una singular Geografía de España. Publicada originalmente en 1916, aún se seguiría editando en los años de la Segunda República, ya fallecido su autor.

La importancia de este manual radica en diversos factores que enumero a continuación, acotando las reflexiones hechas por el mismo autor en su prólogo -fechado en abril de 1916 -que por su interés transcribo casi en su totalidad.

Ballester concibe su obra como un instrumento para ayudar a superar el atraso de los conocimientos geográficos existentes, producido por varios factores entre los que destaca: la rutina de su enseñanza; la mala calidad de los libros escolares, carentes  de mapas, esquemas, gráficos, grabados, fotografías geográficas; y la falta de adelanto de otras ciencias en las que la geografía ha de apoyarse. Se carecía, por ejemplo, de un mapa topográfico de España completo, las estadísiticas eran inadecuadas y faltaban monografías locales.

No es España de los países que más afición hayan demostrado por los estudios geográficos, al menos en el tiempo presente. Buena prueba de ello son los menguados frutos de su enseñanza, contra cuyo rutinarismo se declama en vano hace medio siglo. La Geografía continúa siendo entre nosotros cristalización burocrática de la ciencia, una asignatura, mal aprendida en la niñez, menospreciada de muchos de sus profesionales y olvidada de todo el mundo. Sociedades geográficas y “congresos geográficos” improvisados, incomprendidos y estériles, no han logrado hacer cuajar lo que no está en el ambiente de nuestra cultura. En la Universidad …lo mismo que en el Instituto. El Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid es una publicación reservada a poquísimas personas, sin trascendencia, por tanto, para el público. El excursionismo, que tantos servicios puede y debería prestar a los estudios geográficos, principalmente al conocimiento de nuestro país, no pasa de loable deporte, más provechoso a la higiene del cuerpo que a la salud del espíritu. Salvo excepciones, sus adeptos no están preparados para aportar materiales útiles a la ciencia de la Tierra, mientras que son contados los geógrafos que hacen excursiones.

Los libros destinados a enseñar Geografía publicanse abarrotados de estadísticas, de interminables nomenclators, listas de “pueblos importantes” y cuadros sinópticos amazacotados de letra grande y chica; pero sin un solo mapa, ni bueno ni malo, sin el más elemental esquema o gráfico, sin grabados geográficos (que de tales no han de calificarse los monumentos históricos o arquitectónicos con que algunos ilustran los libros de Geografía) expresivos, característicos y documentales. La fotografía geográfica está por hacer. Tenemos sí, divulgadas por las artes de la reproducción muchas de nuestras joyas artísticas o históricas: catedrales, cuadros y esculturas, como también escenas interesantes, típicas o vulgares de la vida nacional en ciudades y aldeas, en las casas o en la calle; pero inédita está la fisonomía de nuestro territorio, desconocidas nuestras montañas o nuestros ríos y, de una región a otra, ignoradas las condiciones geográficas o los diversos aspectos del terruño, en mucha parte inesplorado o por estudiar.

Con las indicaciones precedentes es obvio añadir que la “Geografía de España” es convencional o, si se quiere, tenemos de ella los españoles un concepto vago, incompleto o incierto. Es sabido que la geografía de un país progresa a compás de los adelantos de las demás ciencias, porque de todas ellas necesita. ¿Han alcanzado los estudios científicos en España el grado de plenitud necesario para que la Geografía pueda solicitar y obtener de ellos un eficaz concurso?

El mapa topográfico de España, base y fundamento de toda cartografía racional, está lejos aún de ser llevado a término. Disponemos, pues, únicamente de mapas provisionales, en la inteligencia de que los mejores son extranjeros. Otro auxiliar de la Geografía, las estadísticas, aun en el caso dudoso de que sean exactas, hechas como están a base de una división territorial tan arbitraria como la vigente (por provincias), no pueden reflejar fielmente el hecho geográfico que tiene su explicación y fundamento en las entrañas de la tierra y en la naturaleza de sus habitantes. La Geografía oficial carece del auxilio o colaboración indispensable de las monografías geográficas locales, que nadie hace, porque son muy pocos los que tienen debida preparación para hacerlas y, en fin de cuentas, son trabajos, los de esta índole, faltos de estímulo, porque tampoco tienen ni remuneración ni recompensa. Pasarán, pues, bastantes años sin que la geografía de España salga de la situación interina o provisional en que ahora se encuentra y alcance la categoría de obra científica.

Consciente de las dificultades de su empresa Rafael Ballester aspiraba a hacer un manual diferente superador de las serias deficiencias pedagógicas existentes poniendo el énfasis en el uso de métodos nuevos que permitiesen enseñar la geografía como “cosa viva”. Expone asimismo su visión del oficio docente destinado a ejercer de corrector de problemas y dinamizador de  actitudes constructivas y reformistas que permitiesen encarar en mejores condiciones los retos del futuro. Y defiende la conveniencia y necesidad del aprendizaje de la Geografía como ciencia positiva para lograr un mejor conocimiento de nuestros entornos.

Por lo dicho comprenderá el lector las dificultades que supone escribir actualmente un manual de iniciación al estudio de la geografía de España, sin que resulte plagado de inexactitudes irremediables o que deje de ser lo que la generalidad de libros de esta índole, esto es, un catálogo de nombres y accidentes geográficos, datos numéricos de “habitantes y kilómetros cuadrados”, cifras de producción agrícola o industrial y otros mil factores humanos o naturales, deducidos de estadísticas inseguras o inactuales. Contra este concepto y resultado del estudio y la enseñanza de la geografía se revuelven los detractores de la pedagogía estéril y caduca, reclamando, con sobrada razón, el advenimiento de métodos nuevos o reformas, una de las cuales, para que aquel estudio sea “una cosa viva”, ha de consistir esencialmente en la sustitución de los libros por los mapas, excursiones, viajes y “ejercicios prácticos” o actuación personal del alumno en la tarea de aprender a conocer por sí mismo el medio geográfico, a base del conocimiento directo de la localidad en que se mueve y alienta, para continuar después por los de aquellos más próximos o inmediatos y, finalmente, de los demás países, hasta completar, en lo que cabe, el conocimiento total de la Tierra.

Un cambio tan hondo (por sencillo que parezca) en los procedimientos de la enseñanza geográfica –cambio cuya utilidad hemos sostenido en otras ocasiones –aludiendo Castell a sus  Investigaciones sobre metodología geográfica (Bol. de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Mayo, 1908) y Estudio sobre la enseñanza de la Geografía (Palma, 1901) a las que nos hemos referido en diversas ocasiones en esta bitácora-  no es factible allí donde los esfuerzos personales han de estrellarse contra la rutina, meollo y sostén de la instrucción pública nacional. Lo único que cabe en quienes se sienten aguijoneados por la vocación, o por el deber profesional, es atenuar defectos, precaver errores, rectificar conceptos extraviados y estimular actividades que puedan ser útiles en lo futuro. Con tal propósito publicamos este libro escolar, movido por el deseo de hacer asequible y simpático a nuestros pequeños discípulos el estudio de la geografía de nuestro país; no con la pretensión de inculcarles una cosa hecha, sino con la idea de inspirarles la comezón de ver con sus propios ojos, y de que se esfuercen por adivinar la fisonomía de las tierras españolas, en sus líneas fundamentales, las diferencias de las comarcas o regiones que integran la patria común, y que, el día de mañana, asociando la primera lectura a sus impresiones personales o a sus recuerdos, adquieran el convencimiento de que la Geografía no es el inventario anodino e insulso de accidentes, cifras y nombres locales que hubieron de aprender en su infancia, sino un cuerpo orgánico, una ciencia positiva, algo vivo que nos afecta muy hondamente y sin cuyo auxilio no es posible conocernos, ni en el pasado ni en el presente, ni preparar, por tanto, nuestra perfección para el porvenir. Inspirando el deseo de ver, contribuiremos sin duda al progreso de los conocimientos.

Expone por último  las características de su original obra, construida con un consistente aparato gráfico para cuya elaboración dispuso de la ayuda de un amplio equipo distribuido por distintas ciudades españolas, que enumera con cuidado. También se apoyó en una selecta bibliografía que analiza críticamente en su lugar correspondiente.

Atentos a este objeto, hemos querido escribir un libro elemental, muy breve, sobrio, evitando el escollo de la acumulación de detalles y datos complementarios, un esquema, en fin, del cuadro geográfico de España (con inclusión de todas aquellas cuestiones que el uso corriente acepta como pertinentes a la geografía de un país en su más amplio sentido) concediendo si cabe mayor amplitud y desarrollo a la parte gráfica que a la literaria.

En el trazado de mapas y gráficos ha querido tener la benevolencia de interpretar nuestra idea y coadyuvar a su realización, el inteligente y experto delineante de la Diputación Provincial de Gerona, nuestro amigo D. José Fraga, complaciéndonos sobremanera en enviarle desde aquí el testimonio de nuestra gratitud. -aquí añade en nota a pie de página que los mapas de las regiones habían sido dibujados por el inteligente delinentante de Obras Públicas, y buen amigo D. Rciardo Ferrer al que agradece su colaboración-.  Con sumo gusto damos también las gracias a aquellas personas o entidades que nos han permitido utilizar algunos de los elementos de información gráfica que publicamos, principalmente la Compañía Trasatlántica, la Revista Ibérica de Tortosa, la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, el Centre Excursionista de Catalunya, el editor de la España Regional, Sr. Martín, el ilustrado archivero valenciano D. Pedro Burriel y García de Polavieja, el insigne alpinista granadino D. Manuel Pareja, el artista fotógrafo mallorquín Sr. Sancho Tous, de Artá, etc., todos los cuales, con desinteresada benevolencia, han querido prestarnos su precioso concurso para la ilustración de este pequeño manual.

Finalmente, creemos que no ha de ser del todo inútil la inserción de una Bibliografía geográfica sumaria pues aparte de la penuria que en España ofrece esta clase de publicaciones, la primera condición que, a nuestro juicio, han de reunir los libros destinados a la enseñanza es la de servir de guía para ulteriores estudios, único modo eficaz de que, viendo el camino recorrido, pueda apreciarse el que está todavía por recorrer.

Rafael Ballester, que era miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, envió su obra a esta corporación para que fuese evaluada. El académico Manuel Foronda y Aguilera, marqués de Foronda, emitió en Madrid el 19 de enero de 1917 un dictamen bastante favorable, considerándola “digna de elogio por su contenido doctrinal y por su plan y método”.
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Interés en Buenos Aires por la geografía española y europea hace cien años

Cuando finalizaba el año 1907,  annus mirabilis de la ciencia española,  el profesor de Instituto Rafael Ballester y Castell (1872-1931), al que he dedicado diversas entradas en esta bitácora, presentaba el 14 de diciembre en la Universidad Central de Madrid su tesis doctoral Investigaciones sobre metodología geográfica. El tribunal calificador estuvo formado por un presidente: el catedrático de Historia de España de esa universidad, dirigente republicano y notorio masón, Miguel Morayta, (1834-1917); dos vocales ponentes:   Eloy Bullón  (1879-1957), catedrático de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid desde enero de 1907, afín al liberalismo conservador, y Alejo García Moreno, conocido por sus traducciones de Kant y del historiador Ernest Curtius; y dos vocales: el catedrático de Historia moderna y contemporánea Pío Zabala (1879-1968), de ideología conservadora, y  José Gutiérrez Garijo . Calificada con un sobresaliente, en un contexto académico no muy exigente, fue publicada al año siguiente en la Imprenta del Patronato de Huérfanos de Administración Militar, como un folleto de 79 páginas, y presentada de manera resumida en las páginas del tomo L del Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, correspondientes al segundo trimestre de 1908.

Meses después sería una publicación argentina la que haría una nueva edición de esa tesis doctoral. En efecto se reeditó en diciembre de 1909 en el nº 10 del tomo tercero del Boletín de la Instrucción Pública de la República Argentina  y como folleto de 63 páginas lo publicó los talleres gráficos de la Penitenciaría Nacional en una coyuntura de un notable impulso educativo y científico en ese país sudamericano. Así lo manifiesta la fundación de la Universidad Nacional de la Plata en 1905, analizada en un exhaustivo estudio por Gustavo Vallejo, e impulsada por el político, educador e intelectual argentino masón Joaquín Víctor González (1863-1923).

Portada Ballester 1909

¿Cómo se produjo el salto transatlántico del trabajo académico del mallorquín Rafael Ballester? No lo sabemos a ciencia cierta por ahora. Quizás por la recepción en tierras argentinas del Boletín de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, pues tenemos indicios de que esta revista tenía lectores bonaerenses. Además los historiadores argentinos vienen probando desde hace tiempo la sed de conocimientos geográficos, y el interés por la didáctica de la geografía existente en aquel tiempo en círculos pedagógicos argentinos.  De hecho pocos años después, durante la gestión de Antonio Sagarna, como ministro de Justicia e Instrucción Pública del gobierno Alvear, entre 1922 y 1928, fueron realizadas importantes reformas en los planes de estudio de la enseñanza secundaria. Como ha destacado Perla Zusman se buscaba entonces modernizar y otorgar un carácter científico tanto a los contenidos como a los métodos utilizados en la enseñanza de la geografía.

Ciertamente para esos educadores argentinos reformistas la tesis de Rafael Ballester podía ser un útil compendio de la historia de la geografía europea, y de los cambios producidos en la enseñanza de esa disciplina en los centros educativos europeos, particularmente alemanes y franceses,en las últimas décadas del siglo XIX.

El caso es que el lector argentino tenía ante sí un texto bien articulado en el que el profesor español amplió sus planteamientos sobre la metodología de la enseñanza de la geografía, y sobre la historia de la geografía, expuestos años atrás en un folleto publicado en Palma de Mallorca en 1901.

El texto publicado en Buenos Aires estaba fechado también en la misma ciudad de Palma, pero en 1909, ocho años después de que Mateo Obrador presentase en sociedad a ese profesor mallorquín.

Pra facilitar la lectura de su tesis a sus lectores europeos y americanos Rafael Ballester la precedió del siguiente índice, que transcribo, y que puede ser una buena guía para quien decida adentrarse en ella:

I. La Geografía clásica y la Geografía científica.- Constitución de la ciencia geográfica.- Geógrafos y Cartógrafos españoles anteriores al siglo XIX.- La enseñanza geográfica española en el siglo XVIII.- Restauración de los estudios geográficos en los albores del siglo XIX: Isidoro de Antiillón.- Abandono de los estudios geográficos.

II. La Geografía moderna: su origen.- Ritter y su obra.- Su influencia.- Objeciones.- Sus discípulos.- Progreso de la geografía alemana.- La enseñanza geográfica en Alemania.- Federico Ratzel.- Métodos.- La Geografía en las Universidades alemanas.-

III. Difusión de la Geografía en Europa.- Francia antes de 1870.- Malte-Brun.- Su influencia en España.- Vivien de Saint-Martin.- Cortembert.- La cartografía.- La enseñanza.- Los acontecimientosde 1870 y su influencia en los estudios geográficos.- Levasseur.- Nuevos métodos.- Transformación de la enseñanza geográfica.- Sociedades geográficas.

IV. Los Congresos geográficos.- Congreso de París de 1875; su importancia.- Drapeyron.- El método topográfico.-La Revista de Geografía.-Resultados del Congreso de París.-Adversarios del método topográfico.- Polémicas.- La Universidad de París y la enseñanza de la geografía.- Creaciones nuevas.- El Congreso de 1899.- Resultados en la Geografía francesa.- La exposición del Congreso de Berna.- La cuestión de la Escuela Nacional de Geografía.- El laboratorio geográfico de la Sorbona.- Geólogos y geógrafos; discusiones: Lapparent y J. Corcelle.- Tendencias de la moderna enseñanza geográfica en Francia.

V. Algunas indicaciones sobre la evolución de los estudios geográficos en Inglaterra, Escocia, Suiza, Bélgica, Italia y Portugal.

VI. La enseñanza de la Geografía en España.- La obra de la Sociedad Geográfica de Madrid en este punto.

Acerca del contexto de la publicación de esta tesis española en el Buenos Aires de 1909 conviene también tener en cuenta que en ese año se inició el famoso viaje de Rafael Altamira por tierras americanas, cuyo impacto en las relaciones culturales y científicas entre España y la América latina en general y entre España y Argentina, en particular, fue profundo (1). Ya hace tiempo uno de los principales discípulos del matemático español Julio Rey Pastor el historador de la ciencia argentino  Eduardo L. Ortiz llamó la atención en dos importantes textos  sobre la importancia de las relaciones científicas entre Argentina y España a principios del siglo XX (2). En esas relaciones desempeñaron un papel destacado desde Madrid la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, creada en el annus mirabilis de 1907, y desde Buenos Aires la Institución Cultural Española, fundada en 1914, tras un homenaje tributado en tierras argentinas por la colectividad española al gran  estudioso de las lenguas y literaturas hispanas Marcelino Menéndez Pelayo, fallecido en 1912 (3).

En algún momento Rafael Ballester y Rafael Altamira, ubicados ambos en la órbita del reformismo liberal en torno a 1909, establecieron conexiones pues otra de las interesantes obras de Rafael Ballester, hecha cuando ya era catedrático del Instituto de Gerona, la titulada  Clío. Iniciación al estudio de la Historia, publicada  en 1913 en dos volúmenes, tenía la siguiente dedicatoria: “A D. Rafael Altamira. Homenaje de alta consideración a sus desvelos por la enseñanza”.

Referencias bibliográficas adicionales

(1) Ver al respecto Gabriela Ossenbach, María García Alonso e Inés Viñuales, coords., Rafael Altamira en Argentina. Vínculos sociales e intelectuales entre España y Argentina en tiempos del primer centenario de la Independencia, Madrid, UNED, Centro de Estudios de Migraciones y Exilios, Fundación Ortega y Gasset-Argentina, 2013

(2) Eduardo L. Ortiz: “Las relaciones científicas entre Argentina y España a principios de este siglo. La Junta para Ampliación de Estudios y la Institución Cultural Española”, en J. M. Sánchez Ron, coord.,  La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 80 años después (1907-1987), Madrid, CSIC, 1988, vol. II, pp. 119-158;  “Una alianza para la ciiencia: las relaciones entre Argentina y España a principios de este siglo”,  Llull  11, 1988, pp. 247-261; “El krauso-positivismo, la Junta y la nueva ciencia en España”, en AA.VV.. El krausismo y su influencia en América Latina, Madrid, Fundación Friedrich Ebert, 1989, pp. 137-167.

(3) Marta Campomar, “Rafael Altamira, entre Antonio Atienza y Medrano y los antecedentes de la Institución Cultural Española”, en Gabriela Ossenbach, María García Alonso e Inés Viñuales, coords., Rafael Altamira en Argentina. Vínculos sociales e intelectuales entre España y Argentina en tiempos del primer centenario de la Independencia, Madrid, UNED, Centro de Estudios de Migraciones y Exilios, Fundación Ortega y Gasset-Argentina, 2013, pp. 69-90