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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Siete días de ciencia, cultura y educación en “El Sol”: la tercera semana de enero de 1918

Entre el martes 15 y el lunes 21 de enero de 1918 el sector democrático de la opinión pública española, representado por el diario El Sol, concentró su atención en el inicio de la campaña electoral que se puso en marcha para renovar el Congreso de los Diputados,  y en constatar el progresivo deterioro de la situación social al proliferar las revueltas por hambre en diversas ciudades del arco mediterráneo, desde Málaga a Barcelona pasando por Alicante, ciudad en la que en una de esas protestas colectivas se produjeron tres muertos y veinticinco heridos según informaba El Sol  el 20 de enero.

En el plano internacional, quienes hacían ese periódico resaltaban los aspectos que manifestaban un debilitamiento de las potencias centrales como la sublevación habida en Kiel donde la marinería había matado a 38 oficiales de la marina imperial alemana. Los intelectuales españoles seguían con gran expectación el desarrollo de los acontecimientos bélicos como revelaba el ciclo de conferencias que inició esa semana Manuel Azaña, en la órbita del Partido Reformista por aquel entonces, sobre la política militar de la República Francesa. En esos conocimientos expuestos por Azaña en el Ateneo se cimentaría su fama de experto en cuestiones de defensa que le llevaría a ser ministro de la Guerra cuando se proclamó la Segunda República el 14 de abril de 1931.

Precisaré ahora el papel de las cuestiones científico-técnicas, culturales y educativas en las páginas de ese diario a lo largo de la tercera semana de 1918.

En la sección de Biología y Medicina del martes 15 de enero lo más relevante fue la contribución de Gonzalo Rodríguez Lafora sobre “La mentira patológica” o mitomanía. En él informaba de las características de lo que desde Antón Delbrueck, quien había descrito por primera vez este cuadro patológico en 1891, se conocía con el nombre de pseudología fantástica, una manifestación patológica de la fantasía y de la crítica, muy común entre los individuos psicopáticos y aun entre los normales.  Consistía ese trastorno de la conducta en exagerar todo, en llenar de detalles fantásticos las narraciones y creer o casi creer el que lo cuenta que estos productos de su alterada fantasía son verdad. Según Lafora este fenómeno autosugestivo era muy común en España, y en su opinión – que avivaba prejuicios antisureños al confundur una parte por el todo- muy característico de los andaluces, argumentándolo de esta manera: “Quién no exagera en esta bella región? La vivacidad imaginativa del andaluz y la rapidez de su charla favorecen grandemente esta falta de inhibición o de autocrítica. Los chistes y cuentos populares que se refieren a este afán de exagerar en los andaluces son numerosos, y en ellos la perspicacia popular ha fijado con precisión el carácter psicológico más saliente del andaluz”.

Ese día también El Sol se hacia eco de un artículo aparecido en El Siglo Médico, el decano de la prensa médica, sobre la situación de la salud pública en Madrid.

El miércoles 16 de enero además de informar sobre la conferencia dada por Azaña en el Ateneo, a la que aludí anteriormente, se insertó un artículo de Pedro Mourlane Michelena (n.1888) en el que se hacía eco de la campaña existente en Bilbao para crear una Universidad en esa ciudad vasca.

Y en la hoja dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas el economista Luis Olariaga (n.1885)  dedicaba su colaboración de ese día a continuar un artículo iniciado la semana anterior en el que presentaba a sus lectores las soluciones dadas por los principales países del mundo para abordar el problema de la huelga en los servicios ferroviarios.

El ejemplar del jueves 17 de enero se iniciaba con el editorial “La falta de todo. Con el pan ocurrirá lo mismo” que revelaba la crítica situación de desabastecimiento de productos de primera necesidad que estaba viviendo el país. Pero el lector también era informado de la conferencia impartida en el Ateneo Científico de Valencia por el doctor Gustavo Pittaluga (n. 1876), quien era catedrático de Parasitología y Patología Tropical de la Universidad de Madrid, sobre Alimentación e Higiene, destinada a combatir los estragos causados por el hambre en todo el país. Pittaluga se había afiliado recientemente al Partido Republicano Radical que dirigía Alejandro Lerroux (n. 1864), y su viaje a tierras levantinas estaba relacionado con el hecho de que se presentaba como candidato a las elecciones recién convocadas al Congreso de los Diputados como candidato por el distrito de Alcira.

Por su parte en la hoja dedicada a Geografía e Historia se podía leer un texto de Alfonso Reyes (n. 1889) sobre “Gracián y la guerra” al hilo de una reflexión que había hecho el crítico del Times sobre la literatura generada por la gran guerra y sobre la era de la literatura bélica que según Reyes empezaba con Stendhal. También se publicaba en esa sección una amplia noticia acerca de todas las ediciones realizadas a lo largo del año 1917 sobre  los clásicos castellanos -como Cervantes, fray Luis de León, Lope de Vega, Quevedo, Rojas Zorrilla, entre otros- con abundante información y con una valoración respecto a la aparición de un público lector exigente que “no sólo ha manifestado nueva afición a las lecturas clásicas, sino que, en proporción apreciable, ha acabado por interesarse en los problemas mismos de la edición”.  En esa edición de clásicos castellanos realizaban una notable labor los filólogos del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y la editorial Calleja, que tenía como director literario a Juan Ramón Jiménez.

Y se tenía acceso a un informe de Juan Dantín Cereceda (n.1881)  sobre el Anuario estadístico de España. Año III, 1916, del que ya se había ofrecido información días antes en El Sol, (y que está accesible aquí) lo que revelaba el interés existente por el notable desenvolvimiento de la ciencia de los números en la sociedad española de los años en torno a la Gran Guerra, como consecuencia probablemente del fortalecimiento del aparato burocrático del Estado liberal. Dantín constataba que “la estadística es algo muda y estática: ni nos habla de las causas que originaron el número, ni nos anticipa las probables consecuencias”. Y añadía: “Pero es, con todo, indispensable la recolección y ordenación de estos materiales que, más tarde, el geógrafo, el economista y el sociólogo habrán de interpretar y analizar”.  De la lectura de tanta información ofrecida en ese Anuario, sobre todo de los capítulos relacionados con la política y la cultura, obtuvo una impresión deprimente que transmitió así a sus lectores: “muchas de las farsas de nuestro tablado nacional continúan representándose, no sin aplauso de zurupetos, rufianes y papanatas. El 59 por 100 de la población española no sabe leer ni escribir ¡todavía! y hay provincias (Málaga) en que esta proporción alcanza al 79,46“.

El lector del viernes 18 enero quedaba informado de cómo Italia había movilizado hasta entonces al 12 por ciento de su población para afontar su participación en la contienda mundial; podía contemplar una caricatura de Bagaría (n. 1882) denunciando la lacra del caciquismo -que reproduzco a continuación-; tenía noticia de una importante conferencia impartida en el Ateneo de Madrid por el historiador y crítico de arte Aureliano Beruete y Moret (n. 1876) sobre “Goya, grabador” y sabía de una serie de renuncias producidas en el Instituto de Higiene Escolar para denunciar la inoperancia de ese ente administrativo.

Bagaria El cacique y su candidato 18 enero 1918

A su vez en la hoja dedicada a Ingeniería y Arquitectura Federico de la Fuente en su artículo “La compañía madrileña del gas. Una concesión de ciento quince años” analizaba los privilegios y criticaba el deficiente funcionamiento de la empresa responsable de suministrar una fundamental fuente de energía para el alumbrado de la ciudad de Madrid. Por su parte en un artículo no firmado titulado “Las presas de pantalla ondulada” se encomiaba la labor del ingeniero e inventor Juan Manuel de Zafra y Esteban, pionero en su defensa de las construcciones en hormigón armado, quien además “de las numerosas obras de ingeniería que ha proyectado y construido, ha hecho algo que vale más todavía. Ha formado en su cátedra de la Escuela de Caminos una generación de ingenieros, que no miran al hormigón armado como una resultante del empirismo y de la osadía, sino como algo científicamente estudiado y prácticamente conocido, que puede manejarse en la construcción con la misma seguridad y certeza que el acero”. Ese elogio se producía porque el autor de ese artículo había repasado la colección de la revista nortemaericana “Engineering” de 1917 y leyó en el número de 31 de agosto la conferencia que había dado ante la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles L.R. Jorgensen, acerca de las presas de los lagos californianos Gem y Agnew formados por el río Rush. En ellas se había explicado cómo se habían construido pantallas de hormigón armado en forma ondulada, idea que había sido expuesta seis años antes por Juan Manuel Zafra en el Instituto Español de Ingenieros Civiles.

El ejemplar del sábado 19 enero que se abría con el editorial “Los tiempos nuevos. Necesidad de un gobierno de integración nacional” tenía un considerable sesgo económico. Ante el incremento del malestar social por el problema del desabastecimiento que encarecía todos los productos de primera necesidad la Cámara de Comercio de Barcelona propuso la celebración de una Asamblea de Cámaras de Comercio. Y en otra noticia se hacían previsiones sobre la evolución del mercado bursátil para el año recién iniciado.

Por su parte en la hoja sobre Derecho y Legislación Fernando de los Ríos dedicaba su colaboración semanal a explicar “La teoría de los plenos poderes” aplicada por ciertos países para hacer frente a los desafíos bélicos.

El domingo 20 de enero el diario informaba de una conferencia dada por el joven químico argentino Horacio Damianovich (n. 1883), profesor de Física-Química de la Universidad de Buenos Aires, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Asistieron a su disertación, entre otros, el rector el químico José Rodríguez Carracido (n. 1856), el decano de la Facultad el matemático Luis Octavio de Toledo (n. 1857) el catedrático Alberto Segovia Corrales (n. 1853), los ingenieros Leonardo Torres Quevedo (n. 1852) y Enrique Hauser (n.1866), y el embajador argentino Marco Avellaneda que representaba a su país en Madrid desde 1916. Se ratificaba así la relativa intensidad en aquel momento de las interrelaciones entre científicos españoles y argentinos como ya se vio en la cobertura dada por El Sol dias atrás al viaje efectuado a Buenos Aires por el matemático Julio Rey Pastor en 1917.

Y el ejemplar de ese día ofrecía a sus lectores una Hoja literaria en la que destacaban las colaboraciones de Miguel de Unamuno sobre “La sombra de Sagasta“, de Enrique Díez-Canedo que dedicaba su apunte semanal en esa hoja a la elección del prestigioso médico Carlos María Cortezo y presidente de la Academia de Medicina para ocupar el sillón h de la Academia de la Lengua, haciendo consideraciones irónicas al respecto, y un interludio cómico firmado por  Ramón Pérez de Ayala.

En la hoja dedicada a Agricultura y Ganadería Luis de Hoyos Sainz (n.1868) dedicaba su sección “Por la España agrícola” a evaluar lo que sería la próxima cosecha de trigo, basándose en el estudio efectuado por el Servicio Agronómico sobre las superficies y estado de los trigales de 1918. Se temía un gran déficit, pero Hoyos Sainz discrepaba de tan pesimistas estimaciones por otras informaciones que había recabado, instando a los agricultores a sembrar trigo para “hacer patria y quitar hambre”. Por su parte el ingeniero agrónomo Enrique Cremades continuaba ofreciendo información, como  en colaboraciones anteriores, sobre el cultivo del algodón en España.

Finalmente el lunes 21 enero el lector de El Sol tras leer un editorial en el que se planteaba una antinomia entre “Los viejos gobiernos y la nueva política”, o conocer el análisis que efectuaba su colaboradora Beatriz Galindo sobre el protagonismo de las mujeres en las manifestaciones contra el hambre que proliferaban por aquellos días en muchos puntos del país, llegaba a la última página del diario dedicada a la sección de Pedagogía e Instrucción Pública.

En ella tenía acceso a dos interesantes aportaciones.

Una de ellas era un amplio y denso artículo del responsable de la sección, el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n. 1889), titulado “Para las próximas Cortes. La reconstrucción de nuestra enseñanza nacional”. Luzuriaga advertía en él cómo las próximas Cortes tendrían que resolver una serie de problemas “de una gravedad sin precedentes en la historia parlamentaria de España”, entre los que destacaba el de “nuestra educación nacional”.

Presentaba luego un diagnóstico de ese problema destacando cómo desde 1898 apenas había mejorado la educación nacional, siendo muy débiles los progresos en la lucha contra el analfabetismo -si en 1900 había en España 11.874.890 analfabetos, en 1911 eran  11.867.455 según el censo oficial- e incrementándose el déficit escolar: si en 1903 había para cada escuela 796 habitantes, en 1917 ascendían a 800.

Y denunciaba, tras comparar el sistema educativo español con el de otros países, la carencia de “un ideal y de un sistema de educación nacional”. Y así, desde el punto de vista organizativo “nuestra enseñanza se presenta como una suma o, mejor, como un conglomerado de instituciones aisladas que están entre sí como compartimentos estancos”. Ilustraba esta constatación manifestando cómo en la enseñanza primaria no había ninguna referencia a la secundaria y cómo esta tampoco tenía ninguna comunicación real con la universitaria y especial superior. Y al lamentarse de las carencias de las diversas secciones del sistema educativo señalaba que “los institutos son en su mayoría mera yuxtaposición de clases y profesores, sin más unidad o relación que la puramente administrativa o espacial, y lo mismo se puede decir de la enseñanza superior, si bien en los últimos años ha habido un comienzo de vida corporativa en alguna universidad”.

Para superar “el atomismo” y “la anarquía pedagógica” de ese sistema de instrucción pública consideraba que la solución idónea consistía en impulsar una política pedagógica, que era una tarea que debía de contar con el apoyo de un esfuerzo sindical, organizado, del personal docente, y con una favorable influencia del ambiente social y político. De esa manera “se evitarán también esas recetas burocráticas, ese tejer y destejer, esos palos de ciego que vienen dándose tan ineficazmente, un año tras otro, desde nuestro Ministerio de Instrucción Pública, que en realidad no tiene de ministerio más que la sombra de su nombre”.

Esa contribución de Luzuriaga se complementaba con el artículo sin firma titulado “El dibujo en las escuelas de París”. En ese trabajo se ofrecía información, basada en un número extraordinario de la nueva revista Les Arts Françaises, de una exposición que se había celebrado en París en el verano de 1917 titulada “El dibujo en las escuelas de París, durante la guerra”. En ella se presentaron trabajos alumnos de todas las escuelas públicas de la capital francesa, no sólo de las vinculadas a la enseñanza primaria, sino también las relacionadas con la enseñanza profesional. Eran dibujos de observación, de memoria, geométricos y de composición decorativa, que se mostraban en los grabados de la mencionada revista, cinco de los cuales podían apreciar los lectores de El Sol y que se reproducen líneas abajo. El comentarista anónimo de este diario, quizás el mismo Luzuriaga o alguien de su entorno, señalaba “el espíritu que anima esta enseñanza es de la vida misma. De aquí surge una gran variedad de modelos, tomados de todos los reinos de la naturaleza y de todas las industrias, y así se introduce también una gran riqueza de aspectos, de formas y de colores”.  Además de explicar cómo se efectuaba la enseñanza del dibujo en Francia el articulista valoraba la importancia que tenía su reciente incorporación al sistema escolar en varios países, como España, de esta manera:

El dibujo ha sido una de las últimas materias de enseñanza -acaso la última- que han sido introducidas en los programas escolares de todos los países. Pero al mismo tiempo ha sido también la materia que, dentro de ellos, mas rápidamente se ha elevado al plano de las enseñanzas fundamentales. Considerado, en efecto, hasta hace poco tiempo – y así es aún mirado en España- como una “asignatura de adorno”, se le reconoce, generalmente hoy, de una parte, como uno de los más poderosos medios educativos, y de otra, como uno de los instrumentos más importantes para la “expresión” -tanto como la lectura o la escritura- y para la “aplicación” técnica, como puede serlo la aritmética o la física.

Si ha sido grande el cambio que en la consideración pedagógica ha experimentado el dibujo, no lo ha sido menor el que han sufrido sus métodos de enseñanza. Durante bastante tiempo éstos se han limitado a la pasiva e ineficaz reproducción de láminas o de vaciados de obras clásicas, sin desarrollar la iniciativa personal ni cultivar la observación de la naturaleza. Esto ocurre todavía en la mayor parte de nuestros establecimientos de enseñanza, si bien últimamente se ha iniciado -por lo menos en la educación primaria- una radical transformación.

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Anuncio taller seminario Aulas innovadoras en la época de la JAE

El viernes 27 de junio de 2104 se celebrará en la sala Gómez-Moreno (2C10-2C24) del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC el taller seminario “Aulas innovadoras en la época de la JAE. Nuevas perspectivas sobre las reformas de la enseñanza secundaria en la sociedad española del primer tercio del siglo XX”, actividad del proyecto de investigación “Educación integral para los jóvenes bachilleres: cambios promovidos por la JAE en la enseñanza secundaria (1907-1936)”, [HAR2011-28368)],  coordinado por el impulsor de esta bitácora.

Participarán en él los siguientes investigadores con las comunicaciones que se indican a continuación:

Víctor Guijarro: La expansión de la cultura tecnocrática, las máquinas y las políticas educativas y sociales en la época de la JAE

Santiago Aragón: Los premios “Ribera”: el mecenazgo privado en los tiempos de la institucionalización de la actividad científica en España

Natividad Araque: Las primeras científicas becadas por la JAE

Santos Casado: El geólogo Vicente Sos. Historia de vida de un profesor e investigador de la Junta para Ampliación de Estudios.

José Manuel Azcona: El Instituto de Enseñanza secundaria de Bilbao, la sociedad liberal El Sitio y la JAE (1907-1936)

Leoncio López-Ocón: La renovación de la enseñanza de la geografía en las aulas de bachillerato en la primera década del siglo XX.

Mario Pedrazuela: La influencia del Centro de Estudios Históricos en la modernización de los estudios literarios y lingüísticos

Nani González: Guillermo Díaz Plaja: La enseñanza de la lengua y la literatura en Cataluña en el contexto de la JAE

Rebeca Herrero: La incorporación de las mujeres a la educación secundaria durante la Segunda República: un estudio de caso sobre el Instituto “Quevedo” de Madrid.


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Una petición de un pedagogo institucionista, el extremeño Rubén Landa, desoida por la dictadura de Primo de Rivera: acto segundo y último

          José Manuel Sánchez Ron, en su interesante texto “Encuentros y desencuentros: relaciones personales en la JAE“, publicado en el libro 100 JAE. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en su centenario, editado por la Residencia de Estudiantes en el año 2010, y que recogía las Actas del II Congreso Internacional sobre la JAE, celebrado en Madrid entre el 4 y el 6 de febrero de 2008, señala que, entre las cuestiones a profundizar en el estudio de la JAE, se encontraba su dimensión de “colegio invisible“.  Es decir las redes de conexiones personales que unieron a protagonistas de su historia, que en ocasiones llegaron a adquirir una dimensión familiar.

        La carta dirigida por el catedrático de Instituto de Sicología y pedagogo Rubén Landa a José Castillejo desde Salamanca el 24 de septiembre de 1924, de la que dimos cuenta en un post anterior, mostraría algunos de los mecanismos de funcionamiento de la JAE como “colegio invisible”. Pero la instauración del Directorio Militar dirigido por el general Miguel Primo de Rivera no facilitaba la concesión de favores por parte de los responsables de la JAE, como el que había pedido en su carta Rubén Landa a José Castillejo. De hecho éste, como secretario de la JAE, debió de solicitar a Rubén Landa que hiciese una petición formal al presidente de la institución, Santiago Ramón y Cajal, para que el ministerio atendiese su solicitud. Esta consistía en que Rubén Landa cubriese la vacante  existente en la cátedra de francés en el Instituto de Salamanca,  obtener autorización para impartir clases de inglés de manera gratuita e impulsar una asociación de alumnos del Instituto en la que los estudiantes de bachillerato adquiriesen “hábitos de responsabilidad y de servicio social” .

      Y en efecto Landa hizo tal petición formal por los conductos oficiales, como consta en el siguiente documento que se conserva en su expediente del archivo de la JAE, revelador de las prácticas pedagógicas de los institucionistas, como su afán de favorecer el asociacionismo escolar, y del uso que hizo de la beca o pensión, de larga duración, concedida por la JAE entre 1922 y 1924.

“Excmo Sr. Presidente de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas.

            El que suscribe, catedrático de Psicología en el Instituto de Salamanca, a V.E. expone:

            Que por R.O. de 19 de septiembre le fue concedida a propuesta de esa Junta una pensión de un año prorrogada luego por ocho meses para estudiar  la segunda enseñanza en Francia e Inglaterra.

            Que en Francia residió más de ocho meses, casi todo el tiempo en París, dedicándose principalmente a presenciar clases en los liceos Enrique IV, Luis el Grande, Montaigne, Carlomagno, Fenelon y otros, colegios Chaptal y Stanislas, escuela alsaciana, ecole des Roches, liceos de Chartres y Angulema, liceo de señoritas de Neuilly-sur-Seine, etc. Siguió cursos en la Escuela Normal Superior de la rue d’Ulm, en la Sorbona y en la escuela organizada en esta para profesores de francés en el extranjero; asistió a clases en las otras tres escuelas normales superiores (Sèvres, Saint-Cloud y Fontenay-aux-Roses); celebró numerosas entrevistas con personalidades de la enseñanza francesa; siguió muy especialmente la campaña que entonces tuvo lugar con motivo del proyecto Bérard de reforma de la segunda enseñanza, etc., etc.

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            Que en Inglaterra residió el resto del tiempo dedicado también principalmente a visitar establecimientos de segunda enseñanza. Visitó entre otras escuelas, cuya lista completa obra en la secretaría de esa Junta, la de Harrow, Eton College, Winchester College, Rugby, Westminster, Saint Paul, King Alfred, St. Georges, Stonyhurst, Manchester Grammar School, Hozusey, Finchley, Kentisch Town y Bedales, para citar solo algunas. En la Bedales residió durante cerca de una semana. Siguió en el verano el curso de inglés de la Universidad de Londres dirigido por el profesor W[alter] Ripman. Asistió a algunos cursos del London Day Training  College y a los de otros colegios de la Universidad de Londres. Visitó las Universidades de Oxford, Cambridge y Leeds y varias escuelas normales, centrales y de continuación. Celebró numerosas entrevistas para tratar de cuestiones de enseñanza y asistió a asambleas y conferencias sobre educación. Visitó varias exposiciones de enseñanza, etc.

 

Alumnos del Eton College en 1932, pocos años después de la visita de Rubén Landa

Alumnos del Eton College en 1932, pocos años después de la visita de Rubén Landa

          

Panorámica de la Rugby School

Panorámica de la Rugby Schoool

         

Una clase de la Manchester Grammar School en 1908, pocos años antes de que la visitara Rubén Landa

Una clase de la Manchester Grammar School en 1908, pocos años antes de que la visitara Rubén Landa

Laboratorio de la escuela de Bedales en la que Rubén Landa residió durante una semana hacia 1924

Laboratorio de la escuela de Bedales en la que Rubén Landa residió durante una semana hacia 1924

         Que como resultado de su labor en el extranjero ha presentado ya á la Junta un trabajo sobre “La reforma de la segunda enseñanza en Francia” y otro acerca de “La enseñanza de las lenguas vivas en los Institutos” y tiene en preparación varios estudios sobre “La enseñanza de la Filosofía en los Institutos”, “La enseñanza de la lengua y literatura castellanas en los Institutos”, las “Day Continuations Schools”, “el Dalton plan” y “Porqué ha fracasado la reforma Bérard”.

            Que deseando que mis alumnos reciban, en mayor medida de lo que permite la clase que regento, el fruto del estudio que he hecho de cuestiones de enseñanza he proyectado realizar en este Instituto la siguiente labor:

            1º) Dar una clase de francés conforme á lo expuesto en mi trabajo ya mencionado acerca de “La enseñanza de las lenguas vivas”. Aquí solo haré las siguientes indicaciones: duración: 4 años, desde el 1er curso hasta el 4º; pero durante el 5º y 6º los alumnos podrían seguir haciendo traducciones, bajo mi dirección y en relación con mis clases de Psicologia y Etica (lo cual supone por lo menos doble trabajo del que se exige ahora á los profesores de la asignatura). No se emplearía libro de texto propiamente dicho: en el primer curso ningun libro y en los siguientes alguna de las muchas ediciones baratas que existen de clásicos franceses. Se seguiría el método directo, sobre todo en los dos ó tres primeros años, es decir, que la enseñanza sería de carácter práctico. Para los alumnos libres no habría dos exámenes como ahora sino un único examen que consistiría solamente en traducir oralmente y por escrito pasajes señalados por el profesor en 4 o 5 obras escogidas por el examinando entre las de una lista anunciada previamente. Este ensayo duraría de 4 á 6 años y el que subscribe desearía que al final del mismo se comprobasen los resultados mediante un exámen que haría una comisión nombrada por la Junta. El método que habría de seguirse solo puede aplicarse en clases cuyo número de alumnos no pase de 25 o 30.

            2º) Dar una clase de inglés para alumnos de Facultad y de los dos últimos cursos del bachillerato: Tres horas semanales durante dos cursos que sería la duración de este ensayo.

            3º) Organizar una asociación de alumnos del Instituto. Esta asociación podría desde este mismo curso realizar esta labor: a) El servicio de la biblioteca circulante para alumnos que he ensayado ya con éxito durante dos cursos.- b) Excursiones y visitas a los monumentos de Salamanca. Estas visitas podrían constituir bajo mi dirección un curso breve de historia del arte y á través de él, de la cultura. – c) Lecturas literarias. Consistirían en reuniones de alumnos en las que yo les leería y comentaría trozos literarios escogidos, por ejemplo: de la Odisea, Ulises en la gruta de Polifemo; de la Ilíada, la despedida de Héctor y Andrómaca; los Persas, de Esquilo; algunos pasajes del Lazarillo de Tormes y del Quijote; el cuento “Adios, Cordera” de Clarin; algunos romances de Zorrilla y del Duque de Rivas y “Los motivos del Lobo” de Rubén Darío, para citar algunas y dar idea del carácter de estas lecturas. Convendría dar a esta labor la forma de actividades de una asociación de alumnos para que sea enteramente voluntaria y para que los alumnos, al encargarse de su organización, adquieran hábitos de responsabilidad y de servicio social. Orientándola  de este modo la asociación podría tener un valor grande para la educación moral. Más adelante, si contase con la ayuda de otras personas y con medios materiales, la asociación podría dedicarse, entre otros, a estos fines: Cooperativa para compra de libros y objetos de escritorio; mutualidad escolar; coros; audiciones musicales; obras de beneficencia; juegos y ejercicios al aire libre; viajes escolares; vida de campamento (lo que los ingleses llaman “camping”); etc. etc.

            La clase de inglés la daría gratuitamente y lo mismo el trabajo que exigiese la asociación. De las clases de francés me encargaría acumuladas á las mías durante el tiempo que durase el ensayo, pues como el plan que propongo se aparta mucho del actual me seria imposible llevarlo á cabo sin tener el carácter de profesor oficial y estar autorizado para ello.

            Todo lo cual me permito exponer á V.E. por si la Junta lo considera acertado y  juzga conveniente proponer al Ministerio de Instrucción Pública que me encargue de realizar en este Instituto los ensayos indicados.

            Dios guarde á V.E. muchos años.

            Salamanca 1 de Octubre de 1924.

            Rubén Landa Vaz”. 

        Solicitud tan bien fundada fue sin embargo desestimada por el Ministerio. El 3 de enero de 1925 el Subsecretario respondía en estos términos tajantes al presidente de la JAE, ateniéndose a las disposiciones correspondientes, como hace cualquier rígido burócrata.

“Vista la comunicación de V.S. a la que acompaña copia de la instancia que D. Rubén Landa Vaz, Catedrático del Instituto de Salamanca dirigió a esa Junta en 1º de Octubre último, solicitando autorización para dar una clase de Francés en cuatro cursos a los alumnos del Bachillerato, otra de Inglés para los de los últimos años del mismo y para los de Facultad, y organizar una Asociación de alumnos del Instituto con diversos fines educativos:

Considerando que la Real orden de 21 de Diciembre de 1923, firmada por el Presidente del Directorio, dispone que a ningún centro docente oficial procede autorizar la enseñanza de disciplinas que no estén incluidas en el plan de estudios previamente aprobados por la Superioridad, cuya disposición dio origen a la supresión en algunos Institutos de algunas enseñanzas ajenas al plan del bachillerato, que ya se habían autorizado;

Esta Subsecretaría ha acordado manifestar a V.S. que no procede la autorización solicitada por el referido Catedrático del Instituto de Salamanca.- Lo que comunico a V.S. para su conocimiento y el del interesado”.

Meses después, como veremos en el siguiente post, Rubén Landa optaría por abandonar esa Salamanca, desde donde mantenia correspondencia con el exiliado Unamuno , e instalarse en otra ciudad castellana: Segovia, más próxima a Madrid.


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Nuevo libro sobre la enseñanza secundaria en Aragón

En la eficaz lista de distribución de la Sociedad Española de Historia de la Educación (SEDHE) el profesor Antonio Viñao, de la Universidad de Murcia, donde ha efectuado un importante magisterio y ha promovido el  Centro de Estudios sobre la Memoria Educativa (CEME), y el Museo Virtual de Historia de la Educación (MUHVE),  se hacía eco recientemente del siguiente libro.

Estudios sobre la historia de la enseñanza secundaria en Aragón 431152653rad2D2F0

VICENTE Y GUERRERO, Guillermo (coord. y ed. lit), Estudios sobre la historia de la educación secundaria en Aragón, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 2012, 451 páginas. ISBN: 978-84-9911-175-9.

Continuando la labor iniciada con el volumen titulado Historia de la Enseñanza Media en Aragón, publicado en el 2011, aparece ahora el libro que recoge las ponencias y comunicaciones presentadas en el II Congreso sobre la Historia de la Enseñanza Media en Aragón celebrado en el Instituto “Goya” de Zaragoza del 11 al 14 de abril de 2011. Dicho congreso es asimismo fruto del trabajo del Grupo de Investigación “Política, educación y cultura en el Aragón contemporáneo” y del Seminario “Análisis histórico de la Enseñanza Media en Aragón”, ubicado en el mencionado Instituto de Educación Secundaria que ofrece un curso de formación de profesores sobre dicho tema.

La primera parte del libro reúne diez ponencias y una mesa redonda sobre recuerdos de los antiguos alumnos del Instituto “Goya”.

Dichas ponencias están a cargo de:

M. de Puelles (“La educación secundaria como problema: orígenes, evolución y situación actual”).

G. Vicente (“El nacimiento del nuevo modelo liberal de segunda enseñanza en España (1808-1823). Algunas reflexiones desde Aragón”).

F. Baltar (“Ramón Sanz y Rives: director de Instituto”).

F. Ezpeleta (“Didáctica pedagógica en la novela costista. Justo de Valdediós. La ley del embudo y los universitarios”).

P. Altar, A. González y T. Molina (“Evolución del IES “Vega de Turia” de Teruel en el siglo XX, 1900-1938″).

P. Fernández et alii (“Los bachilleratos femeninos”).

A. R. Merino (“La Escuela de Trabajo de Calatayud, 1931-1936”).

A. Ansón (“Mariano Navarro Aranda (1917-1988), catedrático de Geografía e Historia y su trayectoria docente y directiva en los institutos de Catatayud, Teruel y “Goya” de Zaragoza”.

y R. Cuesta y J. Mainer (“Memoria de la educación y educación de la memoria. Miradas genealógicas a propósito del devenir de los institutos de bachillerato”).
La segunda parte, cuyo contenido sobrepasa el ámbito de la enseñanza media o secundaria,  incluye las diecisiete comunicaciones presentadas en el citado Congreso.

Dichas comunicaciones versan:

– sobre la impronta de los escritores románticos españoles en la enseñanza del siglo XIX (F. Soria).

– el conflicto entre regalistas y ultramontanos en la universidad española  (F. J. Ramón).

– escuelas laicas y republicanismo en Zaragoza (O. Aldunate).

– la enseñanza” del Derecho en el bachillerato (E. Montull).

– El Instituto General y Técnico de Zaragoza (C. Skiebniwski).

– la enseñanza de la lengua española en el Plan Villalobos (Mª A. Zorraquino).

–  la coeducación durante la II República (L . Benedí).

– la depuración del profesorado de segunda enseñanza en Aragón (A. Pérez)

– las consecuencias de la guerra civil en  la enseñanza en Zaragoza (M. Vázquez).

– la trayectoria escolar y académica de Antonio Ubieto (U. Rambla),

– tres profesores de segunda enseñanza: Eloy Fernández Clemente, José Antonio Labordeta y José Sanchís Sinisterra (F. Martín).

– las reivindicaciones estudiantiles en Zaragoza contra la selectividad (Mª L. Sánchez).

– la educación de género (Mª A. Álvarez).

– la coordinación docente en los institutos de educación secundaria (A. Lorente).

– el Instituto “Goya” entre 1948 y 1952 (F. Solsona).

– la evolución del Dibujo en la enseñanza secundaria (J. A. Pinos)

– y la colección o fondo histórico de geología del Instituto “Goya” (J. A. Gámez et alii).

Dado su interés para quienes se interesan por las vicisitudes de la enseñanza secundaria en la España contemporánea reproduzco esta noticia bibliográfica tal y como la remitió el profesor Viñao a los integrantes de la mencionada lista de distribución de la SEDHE.

Más adelante analizaré en detalle algunas de las contribuciones de este libro  relacionadas con el período histórico en el que este blog quiere profundizar, correspondiente grosso modo con el primer tercio del siglo XX.