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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Una salutación de Ignacio Bolívar en el inicio del VI Congreso Internacional de Entomología

A finales del verano de 1935 la situación de la República española era paradójica. Como consecuencia de los graves acontecimientos que se habían sucedido en octubre de 1934 -sublevación obrera en varios puntos del país, particularmente intensa en Asturias que se saldó con una violenta represión, y conato independentista en Cataluña- estaban suspendidas las garantías constitucionales, el país se encontraba en estado de alarma y no existía libertad de opinión. Pero la efervescencia científica y cultural era notoria, de lo que hay abundantes testimonios en la prensa de aquellos días.

Así en la mañana del viernes 6 de septiembre de ese año se inauguró en la Residencia de Estudiantes de Madrid, con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el VI Congreso Internacional de Entomología, al que estamos dedicando varias entradas en esta bitácora. 

Los diarios vespertinos de esa jornada, Heraldo de Madrid La Voz, dieron cobertura al acontecimiento que congregaría en la capital española por varios días a los más destacados entomólogos del mundo.

 

Congreso Alvarez Sierra Cajal

Congreso Residencia estudiantes

Pero fue el periódico matutino El Sol el que ofreció ese viernes su primera página para dar cabida al presidente del comité organizador, Ignacio Bolívar. Este naturalista “benemérito” -tal y como lo calificara días después Miguel de Unamuno en un artículo que publicara en el diario Ahora como señalé en la entrada anterior de esta bitácora– se encontraba entonces en la cúspide de su influencia política y social como director del Museo Nacional de Ciencias Naturales y presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Y “con su fresca y a la vez antigua vejez”, al decir de Unamuno, en el culmen de su carrera científica que había iniciado más de medio siglo atrás, desde que se constituyó la Sociedad Española de Historia Natural en 1871. 

Portada El Sol

En su artículo “España, paraíso de los naturalistas” explicaba a los variopintos lectores de ese periódico, pertenecientes en su mayor parte a los sectores cultos del país, por qué Madrid había sido elegida sede de esa importante reunión científica. Mostraba además la importancia de las investigaciones de los entomólogos más punteros del mundo para esclarecer problemas vitales relevantes como la herencia, la determinación del sexo y la reproducción asexual, y su convicción de la importancia de los artrópodos, de los que se estimaba más de un millón de especies para esclarecer relevantes problemas biológicos. Informó finalmente que el hecho de que España fuese considerada como un “paraíso” para los naturalistas explicaba el éxito de la convocatoria del comité organizador de ese congreso, en el que desempeñó un papel relevante su hijo Cándido Bolívar Pieltain. 

Dado su interés me permito reproducirlo tal cual.

 

Ignacio Bolivar hacia 1935

 

España, paraíso de los naturalistas por el profesor Ignacio Bolívar

La vasta extensión que ha tomado el estudio de la Entomología ha obligado a segregar casi por completo de los Congresos zoológicos los asuntos relacionados con aquella ciencia y a celebrar reuniones exclusivamente dedicadas a ella, siendo ésta la razón de los Congresos entomológicos; de los que ha comenzado a efectuarse en Madrid, es el sexto de la serie de los que vienen celebrándose cada tres años desde que se verificó en Bruselas la primera de estas reuniones, a la que sucedieron las de Oxford, Ithaca, Budapest y París. En esta última reunión, celebrada en 1932, coincidiendo con el primer centenario de la Sociedad Entomológica de Francia, se tomó por aclamación el acuerdo de que el VI Congreso se verificara en Madrid, desechando proposiciones muy ventajosas de otros países ante el deseo de conocer los progresos del nuestro en esta ciencia, acreditados ya por numerosos escritos y publicaciones, bien conocidos y reputados en el Extranjero, que han valido a los entomólogos españoles puesto y consideraciones honoríficas en las anteriores reuniones.

El conocimiento del insecto como entidad zoológica, de por sí interesante y fecundo para las ciencias naturales, ha centuplicado su importancia por haber suministrado a la Biología general y a la Biología aplicada datos importantísimos que han contribuido por modo extraordinario a su progreso y desarrollo. Cada vez son mayores las aportaciones del estudio de los insectos a aquellas ciencias, pues los biólogos más eminentes han hallado en estos pequeños seres un material precioso e insustituible para sus ensayos y experimentos sobre las cuestiones más abstrusas de los problemas vitales, como la herencia, la determinación del sexo, la reproducción asexual, etc. etc. ¿Dónde encontrar un agente como la diminuta mosca llamada “Drosophila”, que a la extrema facilidad con que puede cultivarse reúne la asombrosa fecundidad de producir hasta 25 generaciones al año, lo que en veinte años da un equivalente de 125 siglos de la vida humana, o como la “Phytodecta”, que viene estudiándose en los laboratorios de nuestro Museo, que ofrece un número de variedades cuya combinación y transmisión da tanta luz sobre ciertas modalidades de la herencia mendeliana relacionadas con los cromosomas sexuales? ¿Dónde hallar un conjunto tan considerable de formas y una tan diversa gradación que sean más apropiados para el estudio de las relaciones del medio con el ser vivo y en el que su influencia en la evolución de las especies sea más patente y más instructiva?

Los trabajos de la escuela de Morgan sobre el primero de los insectos citados, como tantos otros de diversos autores, sobre insectos y crustáceos muy diversos, aparte de su interés teórico, han contribuido enormemente a que veamos hoy completamente dilucidados problemas zootécnicos que parecían oscurísimos. Gracias a las experiencias de H.J. Muller, de R. Goldschmidt y de otros eminentes sabios, se han manifestado caminos francos para las investigaciones sobre el transformismo experimental y se ha demostrado la influencia considerable que ciertas radiaciones pueden ejercer en las mutaciones germinales; Pictet ha señalado que variando las condiciones de cría de ciertas especies de lepidópteros como la “lasiocampa” de la encina, se producen variaciones somáticas análogas a las hereditarias en especies de repartición geográfica conocida; hechos, como se puede comprender, de extraordinaria importancia para el conocimiento de la evolución de las especies; en suma, se ha demostrado que no existe ningún material más a propósito para el estudio de los trascendentales problemas de la Biología como el que ofrece la Entomología en su más amplia concepción, abarcando el estudio total de los artrópodos, en los que están incluidos los crustáceos y también los arácnidos, que de sus precursores, los merostomas, seres de formas extrañas y como de ensueño, han heredado lo que tienen de poco atrayente y aun repulsivo.

En verdad, como dice Marchal, no les ha faltado tiempo a los artrópodos para realizar tan asombrosa producción de formas y diversificación de especies, pues que existiendo desde los tiempos geológicos más antiguos los factores evolutivos, han podido alcanzar todo su desarrollo y ejercer su acción sobre los seres vivos que pudieron creerse formados de una materia plástica, de tal modo obedecen a las influencias externas sin embargo de estar, por lo común, protegidos por cubiertas quitinosas bastante resistentes; tal es su acomodación a la vida libre, ya se efectúe en un medio seco o, por el contrario, en el agua dulce o salada, o en el interior de sustancias inorgánicas o de las orgánicas más diversas. Así vemos que el número de especies hoy conocidas se aproxima a un millón, aun descontando las que han sido descritas como nuevas varias veces, pues las hay con más títulos en su nomenclatura que los que pueden ostentar la más linajuda casa de la más rancia nobleza.

Hoy supera, como se ve, el número de especies conocidas a todas las de los restantes grupos zoológicos. Calcúlese si entre tantas formas diversas no se han de mostrar ejemplos y material de estudio para las investigaciones biológicas; esto explica la extraordinaria importancia que se reconoce hoy a la Entomología.

El Congreso de Madrid ha logrado despertar la atención de gran número de naturalistas de todos los países; los Gobiernos de muchas naciones, así como las Academias, Universidades, sociedades científicas, etc., han enviado Delegaciones, algunas extraordinariamente notables por el número y mérito de sus componentes, según puede verse en los programas publicados por el Comité del Congreso. España siempre fue considerada como el paraíso de los naturalistas, y en esta ocasión justifica esta idea el interés con que han acudido entomólogos de los más remotos países. Esperemos el resultado de los trabajos y deliberaciones del Congreso de Madrid, no dudando de que ha de corresponder a aquel renombre tan justificado y a la asistencia de tan ilustres naturalistas, venidos a nuestro país para dar cuenta de sus últimas y más importantes deliberaciones.

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Entomólogos reunidos en el Madrid republicano de 1935, fotografiados y caricaturizados.

Como expuse en una entrada anterior uno de los grandes acontecimientos científicos que se produjo en el Madrid de finales del verano de 1935, cuando el timón de la gobernación española lo ejercía una coalición entre republicanos radicales, cedistas, y representantes de fuerzas conservadoras agraristas, fue el VI Congreso Internacional de Entomología.

Expongo ahora dos muestras del impacto que tuvo esa reunión científica no sólo en medios académicos españoles sino también en ciertos grupos sociales y representantes de una cultura republicana en plena efervescencia creativa.

La primera se refiere al acto solemne de imposición del doctorado honoris causa de la Universidad de Madrid por su rector, el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina León Cardenal Pujals (1878-1960), a los profesores e investigadores franceses Maurice Caullery (1868-1958) y René Gabriel Jeannel (1879-1965), al alemán Richard Benedict Goldschmidt (1878-1958), que se exiliaría en ese año de 1935 al Reino Unido y un año después a Estados Unidos, al italiano Filippo Silvestri (1873-1949) y ruso-británico Boris Uvarov (1886-1970).

Todos ellos tenían méritos suficientes para recibir esa distinción por parte de sus pares de la principal universidad española.

Caullery había sido elegido presidente en 1915 de la Sociedad Zoológica de Francia, y en 1931 y 1933 había escrito dos importantes obras: Le problème de l’évolution Present Theories of Evolution and the Problem of Adaptation. 

Jeannel era una autoridad mundial en la entomología subterránea, área de trabajo en la que se había formado junto a Emile Racovitza, cuando este dirigía la estación de biología marina de Banyuls, donde habían ido a estudiar varios naturalistas españoles pensionados por la JAE

Goldschmidt, que había estado vinculado al Kaiser Wilhelm-Gesellschaft zur Forderung de Berlín, era un importante genetista, quien desde 1915 había realizado relevantes investigaciones sobre la naturaleza y la función de los genes. Y rescató la importancia de la embriología experimental para el análisis filogenético. Michael R. Dietrich, que le ha dedicado diversos trabajos y un interesante sitio web (ver aquí), lo considera una de las más controvertidas y enigmáticas figuras de la biología del siglo XX.

Silvestri introdujo en Italia la experimentación en el campo de la lucha biológica y era uno de los principales entomólogos italianos.

Uvarov, por su parte, está considerado el fundador de la acridología, la rama de la entomología destinada al conocimiento del ciclo vital de las langostas para conseguir el control de las movimientos masivos de ese insecto tan destructivo en los terrenos agrícolas de diversas partes del mundo como ha mostrado Antonio Buj en su libro Plagas de langosta. De la plaga bíblica a la ciencia de la acridología, del que me hice eco en mi otra bitácora (ver aquí), y en particular en la Península Ibérica como han destacado recientemente las investigadoras portuguesas Inês Gomes, Ana Isabel Queiroz y el investigador Daniel Alves (ver aquí).

De ese evento académico dejó registro en las páginas del diario centrista Ahora, del que era subdirector ese gran periodista y reportero que fue Manuel Chaves Nogales, el fotógrafo Yusti, tanto en una portada como en las páginas centrales de ese periódico del 10 de septiembre de 1935

Caullery doctorado honoris causaDoctorado honoris causa colectivo

 

La segunda está relacionada con el impacto de ese evento científico en diversos creadores culturales como el ilustrador, pintor y uno de los principales caricaturistas españoles de la primera mitad del siglo XX, Luis Bagaría (Barcelona 1882-La Habana 1940). De él son conocidas innumerables caricaturas de personalidades del mundo cultural, político y empresarial de Barcelona y Madrid y su faceta de glosador gráfico de la actualidad política en diversas publicaciones desde que se estableció en la capital española en 1912. Así la eficacia política de su lápiz se manifestó sucesivamente en La Tribuna, el semanario España, impulsado por Ortega y Gasset, Luis Araquistáin y Manuel Azaña, y al que estuvo estrechamente unido entre 1915 y 1922, y sobre todo El Sol donde desarrolló la mayor parte de su carrera periodística.

Pero como tantos artistas Bagaría también sintió atracción por determinadas actividades científicas y fue un agudo observador de los fenómenos naturales, donde encontró inspiración para sus críticas sociales. Ya Emilio Marcos Villalón reparó en el hecho de que Bagaría se interesó por la generación médica de 1914. A su vez, Miguel de Unamuno, otro escritor al que el Congreso Internacional de Entomología interpeló, comentó a sus lectores que sabía que Bagaría había dibujado insectos, lo que él ya había adivinado ” al ver las profundas caracterizaciones humorísticas que lograba al caricaturizar a los hombres con formas de ortópteros, coleópteros, himenópteros…y chupópteros”, [creando]. toda una psicología entomológica humana”.

Es muy posible que esa familiaridad con el mundo de los insectos inspirase a Bagaría a ofrecer a sus lectores de El Sol el viernes 13 de septiembre de 1935 la siguiente caricatura de nueve destacadas figuras del mencionado congreso de entomología, ninguna de las cuales coincide con los que se han enumerado anteriormente.

El lápiz del caricaturista catalán, de estilo sintético, nos ofrece perfiles sui generis de los siguientes naturalistas, a los que presenta como figuras zoomorfas variadas con alas de diverso tipo:

De izquierda a derecha arriba: el italiano doctor Malinotti, el alemán Martin K. O. Schwartz, del Biologische Reichsanstalt für Land und Fortswirtschaft de Berlin, el español Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián 1867-Tánger 1949).

En el centro el sueco Ivor Tragardh (1878-1951), el ruso-francés Sergei Metalnikoff (1870-1946), y el también sueco Bror Yngve Sjötedt (1866-1948,

Y abajo de izquierda a derecha: el holandés Uyttenboogaart, el español Ignacio Bolívar (Madrid 1850-Ciudad de México 1944), -presidente de la JAE tras el fallecimiento de Cajal, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y factótum del congreso que estamos presentando -y el egipcio Efflatoum.

Figuras del Congreso vistas por Bagaria

 

 

 

 

 


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Cuando Madrid fue la capital de los entomólogos del mundo

A principios de septiembre de 1935 más de 400 entomólogos, procedentes de todo el mundo, se reunieron en Madrid.

Medalla distribuida a los congresistas

El viernes 6 de septiembre de ese año, cuando el escenario internacional estaba pendiente del conflicto desencadenado por la Italia de Mussolini en tierras de Etiopía, se inauguró en la capital española el VI Congreso internacional de Entomología.

Desde tiempo atrás los estudiosos del mundo de los insectos, cuyo número de especies se calculaba en torno a un millón en aquella época, se reunían periódicamente. El primer congreso se había celebrado en Bruselas (1910), y luego itineró por Oxford (1912), Zurich (1925), Ithaca (1928), y París (1932). Precisamente en esta ciudad se decidió en el año 1932 que el siguiente se celebrara en Madrid “ante el deseo de conocer los progresos del nuestro en esta ciencia, acreditados ya por numerosos escritos y publicaciones, bien conocidos y reputados en el Extranjero, que han valido a los entomólogos españoles puesto y consideraciones honoríficas en las anteriores reuniones”, como diría el presidente del comité organizador del congreso madrileño Ignacio Bolívar, quien se había hecho cargo de la presidencia de la JAE tras el fallecimiento de Santiago Ramón y Cajal, en octubre de 1934.

A la espera de hacer un estudio en profundidad de esa reunión científica quisiera ahora resaltar dos hechos: la capacidad que tuvo Ignacio Bolívar, ayudado por su hijo Cándido Bolívar, para reunir en Madrid a los más cualificados representantes de esa rama de la zoología, que estaba teniendo un gran desarrollo por los beneficios que estaba brindando al conocimiento de problemas que preocupaban a los biólogos generales, y a los biólogos prácticos, y la importante masa crítica de entomólogos existentes entre los naturalistas españoles de hace más de ocho décadas, de los que había una cualificada representación en el comité organizador del Congreso.

Así sabemos que entre los asistentes a la sesión inaugural del VI Congreso Internacional de Entomología de Madrid se encontraban los siguientes investigadores y profesores:

Martin. K. O. Schwartz, del Biologische Reichsanstalt für Land und Fortswirtschaft, de Berlin; Richard Benedict Goldschmidt, del Kaiser Wilhelm-Gesellschaft zur Forderung, de Berlín; Franz Poche, de Viena; Armand d’Orchymont, del Musée Royale d’Histoire Naturelle de Bélgica; Arthur Gibson (1875-1959), de Ottawa y Crawford, también canadiense; Zarrel, de Checoeslovaquia; H. Efflatonn y Mausour, de Egipto; Avinoff, Mayne, Riley y Steineger, de Estados Unidos; Karl Hjalmar Richard Frey (1886-1965) de Finlandia; René Gabriel Jeannel (1879-1965) Regnier, Auguste Eugene Mequignon (1875-1958), Fage, Lucien Chopard (1885-1971) y Du Dresnay, de Francia; Pandagis, de Grecia; Uyttenboogaart, Hermann Schmitz (1878-1960 y Klyastra, de Holanda; sir Guy Anstruther Knox Marshall (1871-1959), Karl Jordan (1861-1959), Fox Wilson, H. Barnes, Hugh Scott (1885-1960) y Malcolm Burr (1878-1954), de Inglaterra; Malenotti, Capra y Giuseppe Franchini (1879-1938), de Italia; Stanislaw Minkiewicz (1877-1944), de Polonia; Bror Yngve Sjötedt (1866-1948), de Suecia, y Robert Biedermann (1869-1954), de Suiza.

A esos congresistas se unirían posteriormente investigadores de otras delegaciones procedentes de Japón, la Unión Surafricana, Australia y las Antillas inglesas.

Por su parte el comité organizador estaba formado por los siguientes once naturalistas españoles que meses después vivirían situaciones muy diferentes ante el estallido de la guerra de España:

Presidente: Ignacio Bolívar (Madrid 1850-Ciudad de México 1944); secretario Cándido Bolívar Pieltain y vocales: Miguel Benlloch Martínez (Valencia 1893-Madrid 1983), Federico Bonet Marco (Madrid 1906-México 1980), José del Cañizo (1894-1972), Gonzalo Ceballos y Fernández de Córdoba (Madrid, 1895-1967), José María Dusmet (Ambel [Zaragoza] 1869-1960), Juan Gil Collado (Martos [Jaén] 1901-Madrid 1986), cuya trayectoria ha sido recuperada en un libro reciente como acaba de resaltar el periodista Manuel Ansede (ver aquí) Fernando Martínez de la Escalera,(Villaviciosa de Odón [Madrid] 1895-Montevideo [Uruguay] 1986 Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián 1867-Tánger 1949), Antonio de Zulueta (Barcelona 1885-Madrid 1971).

Cándido Bolívar Pieltain, secretario del congreso, y que asumiría meses después importantes cargos de responsabilidad política en el gobierno del Frente Popular, formaba parte, a su vez, del comité ejecutivo de la asociación internacional de los entomólogos, integrado por:

Cándido Bolívar Pieltain, de Madrid; H. Eltringahm, de Oxford; W. Horn, de Berlín; R. Jeannel, de París; O. A. Johannsen, de Ithaca (EEUU), K. Jordan, Tring; F. Silvestri, de Nápoles; T. Shiraki, de Tainoku (Formosa); M.N. Rimsky-Korsakov, de Leningrado; Y. Sjöstedt, de Estocolmo.

Las sesiones de ese congreso, que supusieron el momento de mayor influencia de los entomólogos españoles liderados por Ignacio Bolívar en el panorama internacional de la entomología, se celebraron en cuatro significativos lugares de la colina de las ciencias que construyó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en el entorno del hipódromo madrileño en torno a los años republicanos: el Museo de Ciencias Naturales, el Auditorium de la Residencia de Estudiantes, el Instituto Nacional de Física y Química y el Instituto-Escuela.

Una parte importante de esos congresistas se hicieron una fotografía que está accesible en la Red, y en una entrada dedicada a ese congreso por la Associació Catalana de Bioespeleología, donde su autor -Lluis Auroux- se ha preocupado de dividirla en seis partes para que podamos identificar mejor a los congresistas y sus acompañantes.

Para saber más:

Alberto Gomis, “Mimbres para otro cesto: De la Sección de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales al Instituto Español de Entomología”, Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Sección Biología, 108, 2014, pp. 37-47. (accesible en la red: aquí

“The First International Congress of Entomology”, Nature, 84, (1910), pp. 214-215,

E. O. Essig, “A Sketch History of Entomology”, Osiris, vol. 2 (1936), pp. 80-123

Felicitas Marwinski, “Aus der Arbeit der Bibliothek des ehemaligen Deutschen Entomologischen Instituts: 20. Nachlass HORN, Berlin, Beiträge zur Entomologie., Bd. 23. H. 5/8, S. 445-471. Berlin. (accesible en la red: aquí)