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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Siete días de ciencia y cultura en “El Sol”: la segunda semana de enero de 1918

La opinión pública española siguió con interés a lo largo de la segunda semana del 1918 las novedades procedentes del exterior y las relacionadas con la situación política española.

En la esfera internacional las noticias más destacadas en la prensa de aquel momento estaban relacionadas con las vicisitudes de la Gran Guerra -como la progresiva implicación norteamericana en el conflicto-, las negociaciones que el nuevo poder soviético realizaba con las potencias centrales en la ciudad bielorrusa de Brest-Litovsk y las grandes batallas que se estaban librando en el frente italiano. Pero también con los efectos en la república portuguesa del golpe militar de Sidonio Pais el 5 de diciembre de 1917, que provocó el exilio de Bernardino Machado, muy apreciado en los círculos liberales y democráticos españoles.

Evidentemente el hecho más destacado en la esfera internacional de aquella semana fue el importante discurso del presidente Woodrow Wilson en el Congreso norteamericano el 8 de enero de 1918. En él expuso las catorce condiciones que Estados Unidos consideraba imprescindibles para que acabase la guerra y que inspirarían meses después las negociaciones que concluirían con el Tratado de Versalles en 1919.

En cuanto a la política española  lo más significativo fue el decreto de disolución de las Cortes firmado por Alfonso XIII con la consiguiente convocatoria de elecciones y el incremento de la tensión social, sucediéndose revueltas y motines en diversas partes del país, como consecuencia del progresivo incremento de los bienes de mayor consumo como el pan que generaba hambre entre las clases populares. Las dificultades de abastecimiento con motivo de la guerra eran crecientes debido al torpedeo sistematíco de buques mercantes españoles por submarinos alemanes y a vergonzantes maniobras de especuladores.

En el marco de ese horizonte internacional  y nacional las hojas científicas y culturales de El Sol, que ya fueron presentadas en la entrada anterior, proporcionaron información variada a sus lectores, que resumo a continuación.

El Sol Biologia y Medicina

El martes 8 de enero de 1918 la sección de Biología y Medicina dio cabida a un texto del cardiólogo y expensionado de la JAE Luis Calandre (n.1890) que ejercía de médico de la Residencia de Estudiantes. El artículo se titulaba “Baños de sol”. Dirigido fundamentalmente a médicos, pero también a maestros y padres, tenía como objetivo dar a conocer una serie de nociones sobre la Helioterapia o tratamiento por los baños de sol para que sus lectores pudieran hacer un uso adecuado de ese recurso terapéutico, administrándolo adecuadamente. Calandre lo consideraba un antídoto eficaz para luchar contra la tuberculosis que entonces diezmba a la población española.

Para hacerse una idea de su tenor reproduzco su primer y último párrafo.

La energía radiante que nos viene del sol, es una fuente de vida y de salud; nosotros, sin embargo, solemos esquivarla. El organismo del hombre está hecho para vivir en la atmósfera, y se encuentra, por tanto, en su verdadero elemento cuando está expuesto a la acción del aire y de la luz. Desearíamos que esto no lo ignorase ningún padre, ningún maestro, ni ningún médico. Dirigiéndonos especialmente a estos últimos, nunca insistiremos bastante en aliviar los beneficios que pueden obtenerse con el empleo de los baños de sol. ¡Cuántos tuberculosos hay por los pueblos –pueblos de hermoso clima y de buen sol- que se van consumiendo en sus alcobas cerradas, sombrías, saturadas del olor de medicinas, y que podrían curarse bien, viviendo a plena luz!

………

En Puericultura, el baño de sol es un factor higiénico de primer orden. ¡Qué bellos resultados se obtendrían si las madres considerasen entre los cuidados diarios que tienen para con sus niños, el tenerles un rato desnudos al sol, bien en su habitación, en una azotea, en el jardín, en el campo o en la playa! Hoy se admite que la infección tuberculosa se hace, por regla general, durante el período de la infancia: los gérmenes se fijan en los ganglios linfáticos, en los cuales pueden permanecer acantonados viviendo una vida latente durante muchos años. Pero si, por un motivo cualquiera, se debilita la resistencia del organismo, pueden entonces los gérmenes salir de los ganglios, repartirse por otros órganos y producir acaso una meningitis, un tumor blanco, una tuberculosis pulmonar, una peritonitis. Tengan bien presente las madres que nada hay que pueda fortalecer tanto a los niños y hacerlos resistentes, como la vida al aire libre y al sol.

También en las colonias escolares debiera hacerse habitual la práctica de los baños de sol, con objeto de intensificar los beneficios que los niños pueden obtener durante esas temporadas de permanencia en el campo o en la playa.

Los consejos de Calandre fueron inmediatamente amplificados al día siguiente en El Sol de 9 de enero de 1918 por Beatriz Galindo que tituló la columna de su Diario de la mujer “El sol y el aire en el hogar” para insistir en las virtudes de los baños de sol, un símbolo de la higienización de la sociedad española en la que estaban involucrados los “iluministas” que hacían El Sol.

Conviene anotar también que el interés de Calandre por la higiene escolar que se deduce de la lectura de este artículo explica que meses después, en 1919, la JAE le designase encargado del Servicio de Inspección y Asistencia Médica Escolar en el Instituto-Escuela creado en mayo de 1918, cuestión que abordaremos cuando lleguemos a ese momento.

En la sección Libros y Revistas que acompañaba al texto de Calandre el responsable de la sección el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (n. 1886) efectuaba hasta nueve reseñas de otros tantos artículos aparecidos en revistas científicas británicas, alemanas y francesas. De ellos me ha llamado la atención la noticia que ofrece Lafora del texto publicado por el oftalmólogo Nathaniel Bishop Harman en British Medical Journal de 17 febrero 1917 sobre la Acción del cinematógrafo sobre los ojos de los niños. En él se ofrecían una serie de consejos para que ese tipo de espectador disfrutase del nuevo “mass media” que irrumpía con fuerza en el panorama cultural de hace un siglo.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El miércoles 9 enero de 1918 el economista Luis Olariaga (n.1885) , responsable de la sección Ciencias Sociales y Económicas, abordó el problema de la regulación del derecho de huelga en España a propósito de las gestiones que estaba haciendo la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España para readmitir a los centenares de trabajadores que había despedido a propósito de la huelga general que había tenido lugar en agosto de 1917.

El Sol Historia y Geografía

En la sección Historia y Geografía del jueves 10 de enero 1918 aparecían dos amplias colaboraciones. Una del catedrático de Agricultura del Instituto General y Técnico de Guadalajara Juan Dantín Cereceda (n.1881), que ocupa un lugar destacado en el diccionario on line JAEeduca, que estamos elaborando (ver aquí). Su contribución se titulaba “El relieve de España. Estado actual de la carta topográfica de España”. En ella este renovador de los estudios geográficos prestó atención al estado en el que se encontraba la elaboración de la carta topográfica de España.

Informó entonces a sus lectores de la labor desempeñada por el Instituto Geográfico y Estadístico que se hallaba en ese momento “en una fase de gran actividad”. Destacó al respecto los notables trabajos que estaba realizando el ingeniero José María Torroja Miret (n.1884) quien estaba levantando el relieve de la sierra de Guadarrama y de otras partes del sistema central divisorio -según denominación del propio Dantín- mediante el método fotoestereoscópico, basado en el estereoautógrafo. Este invento hecho en 1912 por el capitán austríaco von Orel permitía el trazado automático de las isohipsas y líneas notables del terreno reproducido en fotografías estereoscópicas. De él había informado el propio José María Torroja en “Notas sobre el método fotográfico estereoscópico”, publicadas por Asociación Española para el progreso de las ciencias. Congreso de Madrid (celebrado en 1913), Tomo IX, 1916, y previamente en 1913 en el Institut d’Estudis Catalans. (ver aquí).

También aludió a la labor del servicio geográfico que financiaba la Diputación de Barcelona para levantar, en curvas de nivel, el mapa topográfico de Cataluña, de la que tuvo noticia por el tomo publicado hace muy poco por el Consell de Pedagogia de la Mancomunidad Catalana, “en el que se detallan sus numerosos y ricamente dotados centros de investigación y de cultura”. Y al “excelente mapa del Imperio de Marruecos” que había levantado también en curvas de nivel el Estado Mayor del Ejército, estudiado recientemente por Luis Urteaga.

marruecos

Por su parte, el responsable de la sección, el polígrafo mexicano Alfonso Reyes (n.1889) dedicaba su colaboración “La América de Chateaubriand” a exponer cómo “a partir del descubrimiento la idea americana ha sido para la mentalidad de Europa una positiva idea fuerza”, habiendo alimentado una literatura de sueños políticos o utopías, impulsando aventuras como la emprendida por los pasajeros del Mayflower, u obras literarias. Entre ellas ocupaba un lugar destacado la producción de Chateaubriand pues a través de su prisma habían contemplado a América los europeos de la primera mitad del siglo XIX. Alfonso Reyes, inspirándose en la obra Etudes critiques de Bédier de 1903, -accesible aquí- subrayaba cómo el viaje de Chateaubriand por tierras americanas, a partir de su desembarco en 1791, además de ser un viaje sentimental tenía propósitos científicos. Y no me privo de transcribir su argumentación: “Ultimo historiador del llamado ´hombre de la naturaleza´, Chateaubriand observa las hordas americanas al margen de sus lagos, notando sus varias formas de gobierno; arqueólogo, explora las salvajes ruinas del Scioto; filósofo, conversa, bajo los árboles del Erie, con los sofistas de la cabaña; naturalista, recoge para el señor de Malesherbes descripciones de la fauna y la flora del Canada; viajero, aspira al descubrimiento del mundo polar”. Pero a renglón seguido Reyes se plantea la cuestión, siguiendo una amplia tradición crítica, de discernir lo que había de cierto y de imaginario en los viajes de Chateaubriand para dar luz “sobre los procedimientos literarios del gran viajero, sobre su psicología de escritor, sobre los problemas de la creación estética”. Y entonces realiza una disección sobre las principales obras americanistas de Chateuabriand, particularmente Atalapara concluir que tanto en su viaje como en su obra se inspiró en otros autores y textos a los que refundió como fueron las obras de los jesuitas Lafitau y Charlevoix, quienes a su vez también fueron compiladores de otros viajeros precedentes.

La información de esta sección finalizaba con las noticias ofrecidas en la sección Libros y Revistas. En ella se presentaron, entre otros trabajos: el primer número de la Revista Histórica impulsada por recién creada Facultad de Historia de la Universidad de Valladolid; la edición realizada por el historiador Galo Sánchez  (n. 1892) en la Revue Hispanique de la autobiografía de Santiago González Mateo, en la que se ofrecía un friso lleno de detalles sobre las postrimerías de la España del Antiguo Régimen a finales del siglo XVIII y el trabajo que dedicase en el Boletin de la Real Academia de la Historia el bilbaíno marqués de Laurencín –Francisco Rafael de Uhagón (n.1858)- a la personalidad de ese singular autor gaditano que fue Mariano Pardo de Figueroa (n.1828), más conocido por su seudónimo de doctor Thebussen.

El Sol Ingeniería y ArquitecturaEl viernes 11 de enero de 1918 el ingeniero Federico de la Fuente, responsable de la sección Ingenieria y Arquitectura, firmaba un largo artículo “La fabricación del gas. Del extractor al gasómetro”, continuación del que había publicado la semana anterior en esa misma sección. Los dos estaban relacionados con los problemas que estaba teniendo el funcionamiento de la madrileña fábrica del gas.

En esa ocasión su objetivo era ofrecer detalles del camino que seguía el gas para que, una vez purificado, estuviese en disposición de ser entregado al consumo en el gasómetro. En ese tránsito cumplían una importante función los aparatos denominados extractores y exhaustores.

Consciente de la complejidad de sus explicaciones técnicas sobre la fabricación y labor de esos “ingeniosos artificios automáticos” este ingeniero temió haber abusado un poco de la tolerancia de sus lectores y para exculparse recurrió al aforismo, que le parecía brutal, de “las bromas, pesadas o no darlas” para justificar que “en la técnica, hay que entrar en algunos detalles o dejar la técnica a un lado”. Y evocó lo que había escuchado a un sargento instructor quien explicó así su función  a los reclutas que hacían su servicio militar en el arma de Ingeniería: “aquí, en Ingeniería, se explica todo; no es como en Infantería, donde no se explica nada”.

El apartado Libros y Revistas de esta sección prestaba atención a 9 artículos publicados en revistas francófonas y anglófonas como: Révue Génerale de l’Electricité, uno sobre las fábricas de electricidad y las Compañías de seguros contra incendios y otro sobre la militarización de los ingenieros electricistas en el Ejército francés;  la Revue Scientifique acerca de los nitratos de Chile; La Nature sobre la organización de los campamentos americanos; The Electrician sobre el desarrollo de la ingeniería en China; Concrets and Constructional Engineering sobre una pocilga de hormigón armado; The Surveyor and municipal and County Engineer sobre el problema de la habitación después de la guerra; y Scientific American sobre los buques de los grandes lagos y la navegación trasatlántica.

El Sol Derecho y Legislación

El sábado 12 de enero de 1918 Fernando de los Ríos (n.1879), responsable de la sección Derecho y Legislación, era el firmante del artículo titulado “Los plenos poderes del Gobierno de Francia durante la guerra”, que continuaba la serie de artículos que estaba dedicando a cómo los gobiernos europeos -Italia, Inglaterra y Suiza ya los había abordado- se estaban enfrentado a la contienda bélica.

En este nuevo artículo este catedrático de Derecho Político de la Universidad de Granada explicaba a sus lectores cómo el pueblo francés era el que había mostrado una mayor desconfianza respecto al poder ejecutivo durante la Gran Guerra no habiéndose promulgado una ley de plenos poderes a diferencia de otros países. Consideraba Fernando de los Ríos que ese recelo tenía sus raíces en las experiencias imperiales napoleónicas y en los excesos autoritarios cometidos por los dos Napelones. De ahí que las normas o principios legales en los que se apoyaba la acción de la autoridad en Francia se encontrase contenida en la ley de Orden público de 9 de agosto de 1849.

Y concluía su análisis señalando cómo desde el inicio de la guerra la lucha en Francia por adecuar el régimen de libertad y democracia con el principio de la necesidad había sido un problema vivo y palpitante que se había intentando resolver mediante la búsqueda de “una fórmula empírica y circunstancial que solucione en cada momento la dificultad planteada”. Con estas consideraciones finales Fernando de los Ríos mostraba su francofilia: “el equilibrio, la armonía, ha sido siempre una musa querida del alma francesa; el siglo XIX desarrolla ese principio de Montesquieu, y hoy lo renueva genialmente el profesor Hauriou“.

La sección de libros y revistas estuvo a cargo de Pablo de Azcárate (n.1890), estrecho colaborador de Fernando de los Ríos en esa sección.

El lector del número correspondiente al domingo 13 enero 1918 tuvo acceso en la Hoja Literaria a colaboraciones de la condesa de Pardo Bazán (n.1851) “La joya del Museo”; de Miguel de Unamuno (n.1864) “Daoiz y Velarde”; de Ramón Pérez de Ayala (1880), que dedicaba su sección de Las Máscaras a “Teatro en serio y teatro poético” y de Enrique Díez-Canedo (n. 1879) quien dedicó sus Apuntes de la semana a los “Almanaques Literarios”, comentando con simpatía el texto -en catalán- del Almanac de La Revista para el año 1918 al considerarlo una “muestra valiosísima del estado de las letras vivas en el antiguo Principado” con abundantes ilustraciones entre las que destacaba las “finísimas viñetas de los meses” de Josep Obiols.

Almanac de La Revista 1918

Y anotaba que mientras las nuevas generaciones catalanas habían hecho revivir la costumbre del almanaque literario en Madrid habían dejado de publicarse preguntándose si era por la idea del tiempo que llevaban consigo “porque el Tiempo engendra el Pasado, ese país, más vasto cada vez, sobre el cual luce, pálido, el sol de la Melancolía”.

También el mismo Díez-Canedo reseñaba, con cierta sorna crítica, la edición que acababa de hacer de la segunda parte de las Novelas ejemplares de Cervantes en la colección de Clásicos Castellanos el académico Francisco Rodríguez Marín  (n. 1855), erudito no bien visto por los filólogos del Centro de Estudios Históricos de la JAE en cuya órbita se encontraba el propio Díez-Canedo.

El Sol Agricultura y Ganaderia

También ese lector pudo acceder en ese ejemplar de El Sol en su sección de “Agricultura y Ganadería” a colaboraciones de Luis de Hoyos Sainz (n.1868), el responsable de esa hoja semanal, y del ingeniero agrónomo Enrique Cremades.

Luis de Hoyos dedicó su artículo sobre la España agrícola a “Los trigales de España”. Ofreció en él un balance pormenorizado de la producción de trigo, cuantificando los cultivos de las principales provincias trigueras, lideradas por Toledo, Valladolid, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Badajoz, Sevilla y Zaragoza, todas ellas con extensiones superiores a 150.000 hectáreas, según se podía visualizar en el mapa con el que acompañó su estudio. Además ofreció información sobre los trigales de regadío, que con 256.700 hectáreas no pasaban del 6 por 100 del total del cultivo del “cereal rey”.

Luis de Hoyos 13 enero 1918

El artículo se iniciaba con una serie de consideraciones metodológicas que transcribo porque tienen un doble interés: muestran cómo Luis de Hoyos era un firme defensor de considerar a la región natural como un objeto heurístico en investigaciones científicas de diverso tipo y cómo la estadística era una ciencia de moda en la sociedad española de aquel momento, dominada por el poder de los números. Por ejemplo quien visitase el Ayuntamiento de Madrid por aquellos días podía contemplar en el antedespacho del alcalde un gráfico mural elaborado por el jefe del Negociado de Estadística municipal Federico Montes,  y por el Oficial del Ayuntamiento Carlos de Diego en el se exponía la mortalidad y natalidad en la ciudad de Madrid durante el último quinquenio, comparadas mensualmente (El Sol, 12 enero 1918, p. 7).

He aqui las reflexiones de Luis de Hoyos con las que iniciaba el mencionado artículo:

Cuando hay pluralidad o variación en las cosas, sólo existe un método racional y eficaz en la investigación de las causas: y aun en la simple ordenación y conocimiento somero de los fenómenos, el método matemático o estadístico es fecundo siempre, aun no pudiendo llegar a utilizarle como proceso de investigación, y habiendo de limitarse a veces, por desconocer las variables de las funciones, a utlizarle como mero procedimiento de exposición. Por eso en estos bocetos de estudio de las cuestiones de más alto interés en Agricultura, las de producción del trigo la emplearemos para averiguar o para exponer al menos el cómo se manifiestan en el total de la nación o en sus unidades provinciales; si bien respecto a éstas hemos de advertir que ni es homogénea ni comparable entre sí tal división política, y que es preciso llegar, para afinar el análisis y evitar graves errores, a tomar en esto, como en todos los fenómenos naturales y sociales, el partido o distrito judicial, ya que con ellos podrán realizarse agrupaciones más útiles para el verdadero concepto de estos estudios, que es la región natural, base precisa de todas las investigaciones, no sólo en Agricultura, sino en todos los fenómenos físico-naturales y sociales.

Por su parte el ingeniero agrónomo Enrique Cremades en la sección Original ajeno dedicó su colaboración “El cultivo del algodón” a explicar con gran detallismo y con “precisión matemática e incontrovertible” la producción de algodón desde 1914 en la colonia agronómica de San Pedro de Alcántara en el litoral malagueño para mostrar la alta rentabilidad obtenida del cultivo de esa planta tan relevante para la industria textil española.

Finalmente el lector del ejemplar correspondiente al lunes 14 de enero de 1918 se encontraba en una página con el elogio del crítico de arte de El Sol Francisco de Alcántara (n.1854) a la labor llevada a cabo por el Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas que ya tenía veinticinco años de existencia. Además Alcántara ofrecía el sumario del último número del Boletín –el de 1 de septiembre de 1917 (ver aquí el ejemplar)- fijando su atención en la Cartilla excursionista dedicada a Avila que publicaba en él el historiador del arte Elías Tormo (n.1869), vinculado al Centro de Estudios Históricos de la JAE, “a causa de su carácter popular” y por la abundancia de excursionistas madrileños que en todas las estaciones se encaminaban a esa ciudad castellana, especialmente escolares, como los alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, los del Centro Escolar de la Residencia de Estudiantes, de algunos centros municipales y de la Universidad.

Avila Elias Tormo

 

Poco después el lector de El Sol recibía información sobre los preparativos  del Primer Congreso Nacional de Medicina que se iba  a celebrar en Madrid en abril de 1918 en el que se pensaba crear la Asociación Médica Española o sobre una serie de proyecciones de películas norteamericanas de gran interés científico, agrícola e industrial que se estaban proyectando en el anexo del Círculo Francés, antiguo teatro de Benavente, instando el gacetillero a que los obreros y los alumnos de la escuela de Ingeniería de Minas asistiesen a tales proyecciones que mostraban los adelantos modernos de la ciencia, relacionada particularmente con la industria del carbón.

También se publicó el amplio artículo enviado desde Cáceres por un tal Alberto Muñoz con el título de “Por la España desolada. La región de las Hurdes. Depauperación española” con información de interés sobre esa deprimida región extremeña, cuyas carencias educativas eran notables, por lo que el autor del artículo solicitaba al Director general de primera enseñanza el farmacéutico y naturalista Marcelo Rivas Mateos (n. 1875),  extremeño, que interviniese para solucionarlas.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

Y en la sección Pedagogía e Instrucción Pública tenía acceso a un amplio artículo del responsable de la sección, el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n.1889), sobre “Las bibliotecas públicas”, o a diversas noticias de cómo afectaba la guerra al sistema universitario en Francia o a iniciativas educativas adoptadas por combatientes canadienses o a prisioneros ingleses en campos de concentración alemanes.

El artículo de  Lorenzo Luzuriaga era expresivo de “los aires de crítica y de reconstrucción que corren por toda la superficie del pueblo español”. Construyó su artículo este notable pedagogog al hilo de una decisión tomada en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que presidía el catalán Felipe Rodés (n.1878), por su segundo, el subsecretario José Martínez Ruiz, más conocido como Azorín (n.1873). En efecto este escritor que también hacía de político en esas fechas rechazó un acuerdo, poco honesto, tomado por la Junta Superior de Archivos y Bibliotecas, y esa circunstancia la aprovechó Luzuriaga para ejercer una crítica demoledora del funcionamiento de las bibliotecas oficiales, en cuya desorganización constataba la divisoria creciente entre la España oficial y la España vital, “entre la España que  se está cayendo y la que empieza a adquirir consistencia”. Su juicio sobre esa desorganización era contundente: “Mientras el público pide cada día más y mejores obras para leer, en tanto que el impulso por el perfeccionamiento de la cultura popular y profesional va constantemente en aumento, las bibliotecas públicas permanecen en las misma situación que las dejó el siglo XVIII, oponiendo a aquel impulso saludable la poderosa resistencia de su completa inmovilidad”.

Esa situación se debía a múltiples factores: falta de consigaciones en los Presupuestos para la compra de libros, pero también una errónea distribución de los recursos, pues los gastos en personal eran desproporcionados, como se estaba denunciando en el semanario España cuya información resumía Luzuriaga. De modo que si las diversas secciones de la biblioteca de la Universidad de Madrid le costaban al Estado en personal 157.250  pesetas, en cambio para la compra de libros y material de oficina la cantidad asignada era de 4 mi pesetas; o bien si las partidas de los Presupuestos para material de archivos, bibliotecas  y museos había aumentado desde 1900 en 178.650 pesetas para toda la red estatal, las del personal correspondiente se había incrementado en 615.974 ptas. Y además los gastos en libros se hacían o sin orden y concierto o por motivos espurios como Luzuriaga mostraba atendiendo a los criterios seguidos en las compras realizadas en 1917 con destino a las bibliotecas populares. En su opinión esas compras habían tendido a “recompensar un servicio  o una fiel amistad o parar un posible ataque en la Prensa o en el Parlamento”.

Esa sección se cerraba con la reseña o extracto de diversos libros y artículos de revistas entre los que destacaba el que acababa de publicar un omnipresente Miguel de Unamuno “Sobre el clasificacionismo en la enseñanza” en el Boletín Escolar, (accesible aquí),  una publicación que había fundado Lorenzo Luzuriaga en 1917. En él Unamuno, quien fechaba su texto el 1 de enero de 1918, realizaba una acre crítica al Epítome de Gramática Castellana de la Academia Española destinado a la enseñanza primaria, pues en su opinión no sólo estaba lleno de disparates sino que estaba afectado de “clasificacionismo”, es decir de la manía de clasificar por clasificar, sin fin ulterior. Y se preguntaba Unamuno: ¿Qué aprende el niño, por ejemplo, con saber que a unos vocablos se les llama substantivos y a otros adjetivos, o que tal otro es “pluscuamperfecto”. La respuesta era obvia: fundamentalmente nada; nada más que palabras. E iba explicando los dislates que la aplicación de esa manía producían en la enseñanza de diversas materias escolares como el catecismo, la geografía, la geometría, donde “se insiste en el disparate de que las líneas pueden ser rectas, quebradas o curvas, sin saber sus leyes genéticas”, la historia de España y la Historia Natural en la que “el clasificacionismo llega al delirio”.

Además Unamuno arremetía contra la pedagogía manjoniana porque al Sr. Manjón (n.1846) se le había ocurrido enseñar esas cosas aplicándolas a los juegos “sin ver que jugando los niños aprenden las mismas vaciedades que aprendían sin jugar”. De manera que “no quieren entender los maestros que en pedagogía lo que importa es lo que se ha de enseñar y no cómo se ha de enseñarlo, y que enseñar jugando puede parar en jugar a que se enseña”.

También criticaba el llamado ejercicio de análisis gramatical en las oposiciones a escuelas, y pedía al director general de Primera Enseñanza, el ya mencionado Marcelo Rivas Mateos, a quien dedicaba el artículo que lo suprimiese, “pues la ciencia no consiste en catalogar el universo -y además mal- para devolvérselo a Dios en orden, numerado y alfabetizado”. La alternativa que proponía Unamuno como ejercicio era que los opositores escribiesen un cuento o una leyenda pues así se podría apreciar si conocían bien su lengua y la empleaban correctamente. Y concluía sentenciosamente: “Hay que acabar con el clasificacionismo: algo de filosofía no vendría mal para ello”.

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Siete días de ciencia y cultura en “El Sol”: la primera semana de enero de 1918

Inicio con esta entrada un experimento comunicativo consistente en ir exponiendo semana a semana, si pudiera ser, lo que me parece más sustantivo de la relación que se estableció entre los científicos, y otros agentes culturales, y sus públicos en la sociedad española de hace un siglo a través de las páginas del diario El Sol, cuyo centenario se celebró recientemente y al que me he aproximado en otras entradas de esta bitácora.(ver aquí).

Tres advertencias previas.

Evidentemente la presencia de la ciencia en la esfera pública de la sociedad española de hace un siglo no estaba conformada sólo por ese joven periódico, recién fundado, y cuya tirada no superaba los ochenta mil ejemplares. Pero su interés por las cuestiones científico-técnicas es un buen observatorio para apreciar el tipo de relación que se estableció entre los científicos y tecnólogos con la ciudadanía de aquella época.

En segundo lugar, dado que el hilo conductor de mi exposición consistirá fundamentalmente en hacer un seguimiento de las hojas dedicadas por el diario El Sol a siete grandes áreas de conocimiento que abordaron sus colaboradores en los diferentes días de la semana serán esas materias científicas las que predominarán en mi presentación del año científico 1918 que intentaré mostrar a través de una serie de cuadros o viñetas, que ojalá pudieran ser 52 para completar todo el año que fue muy intenso en la vida científica y cultural de este país, como intentaré mostrar en los próximos meses.

Finalmente, cuando me sea posible, ampliaré mi periscopio a informar de la presencia de la ciencia y de otros científicos en las páginas de otros periódicos y sobre todo en revistas técnicas, profesionales, culturales -como la Revista General, (de la que ya he informado en esta bitácora)- o gráficas.

Y empiezo mi relato.

En medio de un temporal de nieve que asoló el país, que hizo de Madrid una ciudad alpina, el martes 1 de enero de 1918 publicó El Sol un largo artículo el siquiatra Gonzalo R. Lafora (n.1886) sobre “Los misterios de la sexualidad”, abordando un asunto que ya era de “dominio público”. Gracias a la labor de científicos como Kraft-Ebbing (n.1840), Forel (n.1848), Freud (n.1856) Hirschfeld (n. 1868), Ellis (n-1859) y otros muchos, las cuestiones sexuales podían ser “tema de vulgarización” y llevarse a cabo una educación sexual en “las escuelas de adolescentes”. El texto cubría la totalidad de la sección “Biología y Medicina” que dirigía el propio Gonzalo R. Lafora.

El Sol Biologia y Medicina

El 2 de enero,  miércoles, el crítico de arte de El Sol, Francisco Alcántara (n.1854), informaba a sus lectores de una visita al estudio de Joaquín Sorolla (n.1863) para apreciar un cuadro recién acabado sobre Gumersindo de Azcárate (n.1840), fallecido pocas semanas atrás -el 15 de diciembre de 1917- , intelectual al que estimaba en alto grado por su audacia y “por su persistencia en el estudio, el combate y la virtud”. Pero también pudo ver otros treinta cuadros de diferentes personalidades españolas como Santiago Ramón y Cajal, Leonardo Torres Quevedo, José Echegaray, Manuel Bartolomé Cossío o Ramón Menéndez Pidal, encargados al pintor valenciano por el magnate norteamericano Huntington algunos de los cuales se pudieron contemplar en la exposición que tuvo lugar el año pasado en el Museo del Prado sobre los tesoros de la Hispanic Society de Nueva York.

Resultado de imagen de Azcarate por Sorolla

 Gumersindo de Azcárate visto por Joaquín Sorolla

Y también  ese día el economista Luis Olariaga (n. 1885) en su colaboración “Problemas de la paz. En plena transformación social” de la sección Ciencias Sociales y Económicas se preguntaba por los cambios que sobrevendrían en la estructura social del mundo cuando finalizase la contienda bélica que afectaba a la sociedad española de mil maneras, aunque el país oficialmente fuese neutral en la conflagración mundial. De manera cauta este economista y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Central exponía una serie de hechos e ideas -como la estatización de la economía para los fines de guerra y la pujanza del movimiento sindicalista en Inglaterra- para que sus lectores pudiesen apreciar “las tendencias que actualmente se observan en los núcleos más vitales e inquietos de la sociedad europea”.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El jueves 3 de enero Madrid se encontraba paralizada por la nieve y el tránsito era imposible por la ciudad. Además los madrileños sufrían severos problemas de abastecimiento de productos tan importantes en la dieta de muchos de ellos como la carne y la leche. Para colmo de sinsabores horas antes el palacio real de la Granja había sufrido un severo incendio que destrozó una parte importante de su patrimonio. De todas maneras lectores de El Sol mostrarían interés por la sección de Geografía e Historia que aparecia los jueves.

El Sol Historia y Geografía

El director de esa sección el mexicano Alfonso Reyes (n.1889) dedicaba su colaboración trazar en una segunda entrega la historia de Serbia, apoyándose en el libro homónimo de miss L. F. Waring, accesible on line en la actualidad (aquí), en el marco de la preocupación existente por tener más elementos de información sobre el problema balcánico que había desestabilizado Europa.

También se ofrecía una necrológica anónima del arabista aragonés Francisco Codera y Zaidín (23 junio 1836-6 noviembre 1917) del que se destacaba su labor de creador de una escuela, en la que se ubicaban sus discípulos Julián Ribera y Miguel Asín, pero también sus dotes de inventor y obrero manual, capaz de contruirse una prensa especial para editar en España sus libros en lengua árabe y de hacer una reconstrucción cuidadosa de desvencijados códices de El Escorial salvados de un incendio para lo que “ordenó las hojas por tamaños, contó el número de líneas de cada plana, midió la longitud y latitud de lo escrito, y con estos datos, formó una tabla metódica, con ayuda de la cual pudo atribuir a muchos códices las hojas que les correspondían”.

En la parte dedicada a reseñar libros y revistas de esa sección se hacía un comentario extenso a un artículo publicado en la Revista de Filosofía de Buenos Aires por el médico, filósofo y ensayista argentino José Ingenieros sobre la “Influencia de Lamennais durante la emigración argentina”.

Además aquel día El Sol incrementó su paginación en cuatro páginas para dar cabida a un amplio artículo  del general de división Miguel Primo de Rivera, muy influyente en aquella coyuntura, sobre “El problema militar de España al finalizar el año 1917” abordando aspectos diversos como su organización, su presupuesto, el sistema de ascensos, la política de recompensas, y los asuntos concernientes a la disciplina en el seno de las fuerzas armadas.

El viernes 4 de enero El Sol dio cabida en su primera página a una carta que dirigiera al director del diario  -Félix Lorenzo (n.1879)- uno de sus cualificados lectores como era Ramón Menéndez Pidal (n. 1869). En ella el director del Centro de Estudios Históricos de la JAE cuestionaba la elección por parte del nuevo periódico del término América latina para designar al subcontinente americano de habla española en la sección dedicada a hacer un seguimiento de su vida política.

Y ofreció a sus lectores otras informaciones de interés. Una de ellas era la crónica de su corresponsal en Cataluña Joaquín Montaner (n. 1892) quien ubicaba en 1833 los orígenes del catalanismo político a propósito de una polémica entre el diario barcelonés El Vapor y los periódicos madrileños El Boletín de Comercio y la Revista Española. Otra consistía en las recomendaciones higiénicas que hacía la colaboradora que usaba el seudónimo Beatriz Galindo, abanderada de la mujer moderna en las páginas de ese diario, para que sus lectoras practicasen los paseos al aire libro como el sistema más apropiado para cuidar su cutis.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

Pero indudablemente la información científico-técnica de más enjundia la proporcionó el ingeniero y profesor de la Escuela Industrial de Madrid Federico de la Fuente, responsable de la sección que dedicaba el diario todos los viernes a asuntos relacionados con la ingeniería y arquitectura. En su colaboración de ese día dedicó un amplio artículo a explicar los mejores procedimientos existentes para destilar las hullas productoras de gas. Esa cuestión estaba de actualidad en Madrid porque las retortas de la Fábrica de Gas que alimentaba la iluminación de la ciudad se habían estropeado como consecuencia de la mala calidad del carbón procesado en ellas. Como consecuencia de esa grave avería al no funcionar su alumbrado la ciudad permanecía prácticamente a oscuras en las largas tardes y noches invernales. E informó entonces del funcionamiento del horno inventado por Coze, que estaba considerada como la mejor retorta, o vaso cerrado, donde se calentaba la hulla productora del gas, mostrando un corte longitudinal y otro tranversal de ese tipo de horno.

Horno de gas de Coze corte longitudinal

 

Horno de gas de Coze corte transversal

Prestó también atención a la labor eliminadora y oclusora que desempeñaba el barrilete que se introducía en las retortas. Por una parte filtraba las impurezas que acompañaban al gas procedente de la destilación realizada en cada retorta. Por otro lado actuaba como una válvula de retención regulando la salida del gas procedente de la retorta.

Barrilete

Y destacó la importancia de los condensadores para hacer bajar la temperatura del gas con vistas a controlar otras sustancias que le acompañaban como vapores de naftalina.

Condensador

En la sección de Libros y Revistas de esa interesante sección se ofrecían además noticias de las Lecciones de Electrotecnia, publicadas por el profesor de la Escuela Industrial de Tarrasa Ricardo Caro y Anchía y la memoria titulada Enseñanza técnica moderna de Vicente Machimbarrena (n.1865) y José Cebada Ruiz -institucionista, hijo político del líder republicano Nicolás Salmerón y que sería responsable de la reorganización de las enseñanzas técnicas en el primer bienio republicano (ver aquí) , resultado de las observaciones efectuadas en la célebre Escuela Politécnica de Zurich por esos profesores de la Escuela de Ingenieros de Caminos. Canales y Puertos de Madrid cuando la visitaron en 1916. La memoria, de 200 páginas, estaba ampliamente documentada con cifras, 9 planos y 13 láminas.

Resultado de imagen de Ricardo Caro y Anchía

Enseñanza técnica moderna y su Organización especial en la Escuela Politécnica de Zurich memoria / Vicente Machimbarrena y Gogorza

El sábado 5 de enero de 1918  apareció el artículo “Los grandes progresos de la telegrafía sin hilos. Descubrimiento maravilloso. El audión” de  Vicente Vera y López (n. 1855), uno de los más activos divulgadores científicos en la sociedad española de principios del siglo XX. En él, uno de los fundadores de la Agrupación Socialista madrileña en 1879 (ver aquí),  explicó en detalle las características y el funcionamiento de un invento norteamericano, “de uso libre para todo el mundo” que se había aplicado para instalar en las islas Hawai una estación radio-telegráfica, cuyas señales se habían registrado desde el primer día de su funcionamiento a distancias de diez mil kilómetros. Este hecho significaba que “todos los continentes del globo quedan relacionados unos con otros por medio de la telegrafía sin hilos”, constatando que los avances técnicos impulsaban la configuración de una sociedad global en el planeta, de lo que era otra prueba la transformación de la Gran Guerra en la Primera Guerra Mundial.

El Sol Derecho y Legislación

Asimismo aparecía ese día en la hoja de Derecho y Legislación un artículo titulado “Los plenos poderes del gobierno en Suiza durante la guerra”, cuya autoría correspondía a Fernando de los Ríos (n.1879) responsable de esa sección, catedrático de la Universidad de Granada, futuro dirigente socialista y buen ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante el primer bienio republicano, a cuya labor dedicamos meses atrás varias entradas en esta bitácora.

El domingo 6 de enero, tras un rotundo pronunciamiento de los responsables del periódico en la primera página a toda portada pidiendo la disolución de las Cortes porque el Parlamento no podía resolver “los graves conflictos nacionales”, sus lectores podían fijar su atención en la Hoja literaria, que daba empaque a la edición dominical de El Sol, o/y atender a las reflexivas informaciones contenidas en la Hoja semanal dedicada a Agricultura y Ganadería, que dirigía el catedrático de Instituto, comisionado en la Escuela Superior de Magisterio, Luis de Hoyos y Sainz.

Así en la Hoja literaria se superponían colaboraciones de Miguel de Unamuno (n.1864) “Paisajes del alma”; Enrique Díez-Canedo (n.1879), “Apuntes de la semana. Los Reyes Magos”; del mexicano Francisco A. de Icaza (n.1863) “El feminismo de los clásicos. Quevedo y las mujeres”; José Moreno Villa (n.1887) “La marcha” y Ramón Pérez de Ayala (n. 1880) “Las máscaras. Teatro de justicias y ladrones”. Por cierto Díez-Canedo y Moreno Villa coincidirían también a lo largo de 1918 en las páginas de la efímera pero muy interesante Revista General, financiada por la editorial Calleja, de la que di noticias no hace mucho en esta bitácora, como ya he comentado (ver aquí).

El Sol Agricultura y Ganaderia

Por su parte en la sección de Agricultura y Ganadería el lector podía/puede leer las colaboraciones de Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) “Por la España agrícola. La adquisición de trigos” y del ingeniero agrónomo Enrique Cremades “Original ajeno. El cultivo del algodón en España”. En su artículo Hoyos Sainz reconocía la servidumbre de su hoja periódica respecto a la actualidad por lo que se veía obligado a abordar un problema acuciante como era el de la producción triguera en España basándose en los datos proporcionados por la “recientísima Estadística de la producción de cereales y leguminosas”. Su afán era favorecer la adopción de medidas previsoras, y basadas en el “objetivismo” para no dejarse arrastrar ni por “el optimismo de los que niegan el déficit del trigo nacional” ni por “el pesimismo de los que le estiman crónico y perdurable”.

Y para acabar este apunte semanal trasladémonos al lunes 7 de enero de 1918. Ese día los lectores de El Sol eran informados a través de un suelto de cómo el Anuario Estadístico de España correspondiente a 1916, editado por la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico,  era una “publicación utilísima”, en la que todos los españoles -agricultores y ganaderos, comerciantes e industriales, capitalistas y obreros, navegantes, economistas, los que se ocupan en cuestiones demográficas y sanitarias, productores y consumidores, funcionarios públicos, estadistas y publicistas- “hallarán material de estudio, elementos de juicio, bases para sus cálculos, guía para sus determinaciones”.  Esta accesible aquí. 

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

Pero también tenían acceso en la muy interesante hoja semanal dedicada a Pedagogía e Instrucción Pública que dirigía ese gran pedagogo que fue  Lorenzo Luzuriaga (n. 1889)  a las siguienes informaciones.

Por una parte el propio Luzuriaga firmaba el artículo de fondo “La educación en los Estados Unidos” donde elogiaba el sistema educativo del país de las “posibilidades ilimitadas” por dos razones fundamentalmente. Por el esfuerzo efectuado para escolarizar su población entre 1870 y 1917, de manera que en el curso 1916-1917 recibían educación 24 millones de personas, lo que significaba el 24 por 100 de sus habitantes, guarismo que contrastaba con el 17 por 100 en Francia, el 19 por 100 en Inglaterra y el 20 por 100 en Alemania. Y porque en su opinión “la educación americana es la más general y liberal de las existentes: ninguna división de clase, de riqueza, de confesión religiosa y de sexo es reconocida en ella. Y es hoy una de las más eficientes”.

Por otro lado en un suelto titulado “Las ideas de los niños sobre la guerra” se informaba de un experimento realizado en Londres con niños de algunas escuelas públicas y que había presentado C.W. Kimmis en el Journal of Experimental Pedagogy.  El experimento, consistente en una encuesta por escrito realizada a 1.340 niños y niñas de unos once años, pertenecientes a escuelas mixtas, había tenido como objetivo averiguar qué ideas tenía la población encuestada sobre el auxilio que podrían prestar en caso de guerra.

Finalmente en la sección Libros  y Revistas se resumían diversos artículos entre los que destaco dos: la necrológica efectuada por Lucien Poincaré del rector de la Universidad de París, Louis Liard, que había fallecido el 21 de septiembre de 1917, publicada en la Revue international de l’enseignement y el informe aparecido en la revista Ideas de Buenos Aires acerca de las conferencias impartidas por Julio Rey Pastor (n. 1888) en septiembre de 1917 en tierras argentinas invitado por la Institución Cultural Española. Esa primera visita de Rey Pastor a Argentina tendría hondas consecuencias en el futuro de las relaciones científicas hispano-argentinas, y en la carrera del matemático español más importante de aquella época que desarrollaría sus actividades durante unos años a caballo entre Madrid y Buenos Aires.

 

 

 


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El encuentro de humanistas y científicos de la JAE y de la editorial Calleja en la Revista General hace un siglo

El 1 de diciembre de 1917, el mismo día en el que salió el primer número del diario El Sol, -en el que fijé mi atención en la anterior entrada de esta bitácora (ver aquí) y sobre el que volveré a lo largo de los próximos meses- nació otra publicación, efímera, pero que revela el dinamismo cultural y científico de la sociedad española de hace un siglo.

Me refiero a la Revista General, cuyas características son las siguientes, según la Biblioteca Nacional de España que tiene incorporada esta publicación en su magnífica Hemeroteca Digital:

Publicación quincenal vinculada a la Casa Editorial de Saturnino Calleja, en cuya sede madrileña se indica su lugar de edición, y en la que se van a a dar cita una serie de especialistas en literatura, arte (pintura y escultura), historia y arqueología, filosofía y psicología, derecho, agricultura y ciencias (matemáticas y astronomía), con artículos, críticas y ensayos de alta cultura, pero con la intención de no estar dirigidos también a especialistas sino a orientar al público en general, tal como se señala en su articulo de presentación. La revista aparecerá los días 1 y 15 de cada mes, en números de 34 páginas, compuesta a dos columnas, desde el uno de diciembre de 1917 hasta el 15 de noviembre de 1918, formando una colección de 24 entregas.

En sus páginas convergieron un grupo de humanistas y divulgadores científicos singulares.

Entre los primeros encontramos a cualificados investigadores y creadores vinculados mayoritariamente al Centro de Estudios Históricos de la JAE, que tenía por entonces su sede en unas dependencias de la Biblioteca Nacional, mayoritariamente treintañeros, pertenecientes a la Generación de 1914.  Destacan en ese grupo el filólogo Américo Castro (n. 1885) , a quien le gustaba estar en todas las salsas, el historiador y gran ensayista mexicano Alfonso Reyes (1889) que se encontraba exiliado en Madrid desde 1914,  -y que se hizo responsable en sus inicios de la influyente Hoja de El Sol dedicada a la Historia y a la Geografía-,  los historiadores del arte malagueños Ricardo de Orueta (n.1868) -considerado el político español del siglo XX que más ha hecho por el patrimonio artístico de nuestro país gracias a las iniciativas que adoptó siendo Director general de Bellas Artes durante la Segunda República, y cuya obra sobre el escultor Berruguete acababa de publicar con mimo la editorial Calleja-  y José Moreno Villa (n. 1887), conocido sobre todo por su obra literaria y pictórica, quien vivía en la Residencia de Estudiantes de la JAE desde 1917 como residente-tutor. Próximos a esos humanistas se encontraban el filósofo Manuel García Morente (n. 1886), catedrático de Ética de la Universidad Central de Madrid, y estrechamente vinculado por aquellos meses a tareas educativas en la Residencia de Niños y Niñas de la Residencia de Estudiantes de la JAE y el crítico literario Enrique Díez-Canedo (n.1879), de orígenes extremeños, muy activo en aquel tiempo también en la dominical Hoja Literaria de El Sol, y quien simultaneaba sus clases de Historia del Arte en la Escuela de Artes y Oficios con las de Francés en la Escuela Central de Idiomas.

Entre los segundos cabe destacar al siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora, que también era el encargado de la Hoja de El Sol dedicada a la Biología y Medicina, y otros autores que nos resultan hoy desconocidos, -Manuel Rosillo, Tomás de Martos, C. de Sevilla, Rodrigo Caro de Valbuena, Fernando Baró, probablemente vinculados a las tareas de extensión cultural que promovía la editorial Calleja, especializada en la edición no sólo de obras literarias, sino de libros de texto, cuidadosamente ilustrados. Esta labor fue resaltada por un equipo de historiadores de la educación, coordinado por Julio Ruiz Berrio, en el libro de 2002 La Editorial Calleja, un agente de modernización educativa en la Restauración, editado por la UNED, como se explica en este video.

La importancia de la editorial Calleja en la historia de la educación y de la cultura española es indudable. Los datos son elocuentes. En 1899 publicó 3,4 millones de volúmenes de 875 títulos, y llegó a tener en su catálogo más de mil títulos en 1911 que llegaron a ser 2.289 en 1930, de los que eran cuentos menos de la mitad. En el resto destacaba una célebre colección de libros de medicina.

 

 

 

 

Hubo un momento importante en la historia de esta editorial que nos ofrece claves para entender por qué nació a finales de 1917 la Revista General. A falta de investigaciones ulteriores cabe poner en relación este acontecimiento con el hecho de que los hijos de Saturnino Calleja, el fundador de la editorial, poco después del fallecimiento de su padre, nombraron en 1916 director literario de nuevas ediciones a Juan Ramón Jiménez, y crearon la colección Obras de Juan Ramón Jiménez, además de encargar a su esposa Zenobia Camprubí la traducción de quince cuentos.  De ahí que fuese en 1917 cuando la editorial Calleja publicó la edición completa de Platero y yo y  el Diario de un poeta recién casado que Juan Ramón dedicó a Rafael Calleja, uno de los dos nuevos propietarios de la editorial. Esta obra fue una de las predilectas de Juan Ramón y en ella se encuentra este hermoso poema que no me resisto a reproducir:

Cielo

Se me ha quedado el cielo
en la tierra, con todo lo aprendido,
cantando, allí.

Por el mar este
he salido a otro cielo, más vacío
e ilimitado como el mar, con otro
nombre que todavía
no es mío como es suyo…

Igual que, cuando
adolescente, entré una tarde
a otras estancias de la casa mía
—tan mía como el mundo—,
y dejé, allá junto al jardín azul y blanco,
mi cuarto de juguetes, solo
como yo, y triste…

JRJ, Diario de un poeta recién casado

Es muy posible que como colofón de un año de especial creatividad en la vida del futuro premio Nobel Juan Ramón Jiménez -en el que él y Zenobia vieron la publicación de sus traducciones de cuatro obras del escritor bengalí Rabrindanath Tagore (El jardinero, La cosecha, Pájaros perdidos El cartero del rey)- se animase a impulsar la creación de una revista cultural, financiada por su Rafael Calleja y su hermano Saturnino Calleja Gutiérrez. Para su organización en los aspectos materiales parece ser que contó con la ayuda inestimable del espíritu emprendedor de ese gran crítico literario que fue su amigo Enrique Díez-Canedo, quien también en 1921 le ayudó en la realización de la revista Indice. Tiempo después, ya en la Segunda República, Enrique Díez-Canedo dirigió  la revista de la Sección Hispano-Americana del Centro de Estudios Históricos  de la JAE Tierra Firme, antes de ser embajador de la República Española en las repúblicas del Uruguay y ya en tiempos de guerra de la Argentina. Buen conocedor de la riqueza de las letras hispánicas pronunció al ingresar en la Real Academia Española en 1935 un brillante discurso titulado Unidad y diversidad de las letras hispanas que fue contestado por el gran fonetista Tomás Navarro Tomás, compañero luego de exilio de Enrique Díez-Canedo en tierras americanas.

Conviene fijarse en la personalidad y en la trayectoria del humanista pacense Enrique Díez-Canedo y Reixa (1879-1944) porque él fue el único de los colaboradores de la Revista General que publicó artículos en todos sus números, señal de su compromiso con esa empresa cultural derivada probablemente de su amistad con Juan Ramón Jiménez. Su primer artículo, como se verá en el sumario que se reproduce líneas abajo, versó sobre el teatro -en ese momento él ejercía la crítica teatral en el diario El Sol– pero sus restantes colaboraciones se orientaron, impulsado por su apertura mental y su cosmopolitismo liberal, a una presentación de las literaturas contemporáneas europeas, en concreto de las de Bélgica, Portugal, Rusia, Italia, Dinamarca, Rumanía, Bohemia, Suecia, Hungría, Holanda, Polonia y Grecia. También dedicó una colaboración a la literatura hebrea y seis a la española -tres de ellas a la castellana, y otras tres a la catalana. Por otro lado tradujo en 1917  Las fábulas de La Fontaine para la editorial Calleja, que las ilustró con grabados y láminas en colores de T. C. Derrick.

Enrique Díez-Canedo y los demás colaboradores de la Revista General hicieron un notable esfuerzo comunicador por verter sus conocimientos de manera clara en búsqueda de un público al que deseaban orientar para navegar con criterio en un océano de información que ya por aquel entonces era considerable, y donde la especialización creciente de los saberes hacía perder la perspectiva de conjunto, al fragmentarlos. Dado que nadie podía, ni puede, acceder a toda la información a su alcance el equipo de Revista General puso sobre sus hombros la tarea de orientar el gusto de un público creciente interesado en estar al tanto de los avances de los conocimientos, fuesen científicos o humanísticos.  Que lo lograran no lo sabemos pues carecemos de noticias sobre su impacto cultural.

Pero sí conocemos sus propósitos fundacionales que fueron estos, publicados en la primera página de su primer número del sábado 1 de diciembre de 1917.

Suelen las revistas hacerse por especialistas y para especializados. En lo primero coincide esta REVISTA GENERAL con sus colegas. No así en lo segundo. Pretendemos llamar precisamente al público no versado, no profesional de cada disciplina. El habitual lector de revista busca en ella la quintaesencia de una teoría, la última palabra de un estudio, lo posterior a todos los libros, lo demasiado menudo o reciente para buscarlo en los tratados. Esta REVISTA no excluye de su programa las últimas palabras; pero procurará que, cuando las diga, esté expresa o implícita la primera.

Más que para el que “haya leído todos los libros”, escribiremos para el que se proponga empezarlos y quiera que le orienten.

Nos proponemos vulgarizar, instruir, completar culturas.

Nuestra época es de especialización, pero es también de universalidad; y si todos quieren limitarse para dominar profundizando, todos necesitan estar al corriente en las materias ajenas a la ocupación diaria.

Nadie puede hoy leerlo todo; nadie puede excusarse de saber de todo.

A estos problemas apunta nuestro deseo al publicar la REVISTA GENERAL. De cómo empezamos a enfocarlos, son muestras las páginas que siguen. El favor del público marcará después los límites en que han de ir desarrollándose nuestros planes, que son amplios y que nos parecen beneficiosos para la cultura española.

A nuestros colegas dirigimos un saludo muy cordial.

Para hacernos una idea de cómo intentaron materializar los promotores de la Revista General sus propósitos reproduzco a continuación los sumarios de los dos primeros números, publicados a lo largo del mes de diciembre de 1917, hace ahora un siglo.

Sumario nº 1. 1 diciembre 1917

Propósitos.- LITERATURA : A. Palacio Valdés, Confidencia; E. Díez-Canedo, Divagaciones teatrales; Leser, Los clásicos: Virgilio; Virgilio, Fragmentos de La Eneida, y de las Geórgicas.- ARTE: Ricardo de Orueta, La escultura castellana al comenzar el siglo XVI.- HISTORIA: Cristóbal de Reyna, La muerte de Douglas (Episodio del reinado Alfonso XI).- FILOSOFÍA: Manuel G. Morente, La filosofía como virtud.- CIENCIAS: Dr. Gonzalo R. Lafora, La perversión patológica del sentido moral durante la pubertad.- C. de Sevilla, El análisis espectral [con dos ilustraciones: Esquema del espectro solar y rayas de Fraunhöfer; Espectroscopio].- NOVELA: Gastón Leroux.La esposa del Sol.- VARIOS: Indice de la actualidad. Curiosidades. Libros.

Sumario nº 2. Sábado 15 diciembre 1917

 [LITERATURA] :  E. Díez-Canedo, La literatura contemporánea. Bélgica; J. Moreno Villa, ¡Estampas de la calle, la miseria, Señor¡: 3-4; Leser: Los clásicos: Skakespeare: 5- 6 con retrato; Shakespeare: Fragmentos de Hamlet de la traducción de Moratín: 6-9; [ARTE] J. Moreno Villa: Las grandes figuras del Arte: el Greco (5 reproducciones): 10-13; [HISTORIA] Cristóbal de Reyna, La muerte de Douglas (Episodio del reinado Alfonso XI. Conclusión): 13-15; Américo Castro: Los galicismos: 16-17; Manuel Angel: La Dama de Elche y las joyas orientales de España: con 6 ilustraciones: 18-20 [ECONOMÍA]: Pedro Sangro y Ros de Olano: El trabajo a domicilio: 20-21; [CIENCIAS]: Manuel Rosillo: La paralaje del Sol y los pasos de Venus: 21-24; Tomás de Martos: La reproducción de los árboles por acodo y por estaca: 24-25; NOVELA: Gastón Leroux.La esposa del Sol: 26-33; CURIOSIDADES: 34 [La bandera italiana.- Una expedición ártica.- A través de Alaska].- Libros.

El esfuerzo realizado por los colaboradores de la Revista General merece ser conocido por todos los que estén interesados por profundizar en el conocimiento del desenvolvimiento cultural y científico de la sociedad española de hace un siglo. Algunas de sus colaboraciones merecen ser tomadas en consideración por todos los que estén interesados en la historia de nuestra comunicación científica. A este respecto, y para abrir el apetito, quiero llamar la atención sobre el artículo dedicado por un desconocido -por ahora- C. de Sevilla para explicar los orígenes de la ciencia de la espectrología o del análisis espectral, “una de las creaciones más maravillosas del ingenio del hombre”, basada en el descubrimiento de las rayas del espectro por el óptico de Munich Joseph von Fraunhofer (1787-1826) que completó los estudios efectuados por Newton sobre la descomposición o dispersión de la luz. Gracias a esa nueva ciencia el conocimiento del Universo se había ampliado, en palabras de C. de Sevilla, hasta límites increibles pues permitía conocer la composicion química de los astros más lejanos gracias a poderosos telescopios.

Ese comunicador explicó a sus lectores cómo el fenómeno de la dispersión de la luz se podía observar dando entrada al rayo luminoso en una habitación oscura por un pequeño agujero practicado en una de sus paredes, y haciéndolo pasar a través de un prisma triangular de vidrio colocado en el agujero mismo. Una banda luminosa formada por todos los colores, siempre dispuestos en el mismo orden, y pasando gradual e insensiblemente, sin solución de continuidad alguna, desde el rojo al violado, se proyecta en el muro de la habitación, enfrente del agujero en el que se halla el prisma,y por donde la luz penetra. Esa banda es el espectro solar, cuyo esquema ofrecía a continuación mediante la siguiente imagen que mostraba las “lineas de Fraunhofer” en el espectro óptico de la luz del sol.

Y en la última parte de su artículo este divulgador científico hizo una descripción del aparato llamado espectroscopio usado para el estudio tanto del espectro solar como de los producidos por cualesquiera otros cuerpos luminosos, pues según explicaba toda luz, sea cualquiera su origen, se dispersa al atravesar el prisma y forma un espectro. Así explicaba a sus lectores la disposición de ese instrumento óptico, explicación que acompañaba de un grabado.

El espectroscopio reviste diversas formas y disposiciones, según el objeto particular a que se destina, pero que siempre tiene por órgano esencial, bien un prisma o una combinación de varios prismas, bien un difractor, instrumento que consiste en una pieza de vidrio  o de metal, rayada por miles de surcos paralelos, que tiene la propiedad de reflejar la luz y dispersarla, formando espectros que sólo en ciertos caracteres no esenciales difieren de los ordinarios que el prisma produce. Los demás órganos que constituyen el espectroscopio están destinados unos a conducir de la mejor manera posible la luz que quiere examinarse a la hendidura que ha de darle paso, y desde ésta, al prisma o al difractor que ha de ocasionar su dispersión y la formación del espectro, y otros a facilitar la observación de este último.

 

Precisamente en ese año de 1917 el mejor espectroscopista español del siglo XX, Miguel Catalán Sañudo (n.1894), se doctoró en Madrid con una tesis sobre la espectroquímica del magneso. El diálogo entre ciencias y humanidades que cultivaron los impulsores de la Revista General también lo llevaría a cabo Miguel Catalán en sus lugares de trabajo como el Instituto-Escuela de la JAE y en su casa al casarse con la gran pedagoga que fue Jimena Menéndez Pidal, hija de Ramón Menéndez Pidal, el patriarca de la Escuela de Filología española, y director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, desde su fundación en 1910 hasta su desmantelamiento durante la guerra “incivil”.