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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Poetas gallegos, el periodista Daniel Defoe, el mapamundi de Juan de la Cosa en El Sol 14 febrero 1918

Los corresponsales de El Sol continuaban el jueves 14 de febrero haciendo cábalas sobre qué candidatos tenían más posibilidades de ser elegidos en los diferentes distritos electorales en vísperas de las elecciones parlamentarias, previstas para el día 24 de ese mes.

Así ese día se ofrecía información de cuál era la situación en las diferentes circunscripciones de la provincia de Valencia y Huelva. En la provincia levantina se elegírían diputados en la capital,  y en los distritos de Albaida, Alcira -donde se enfrentaban el presidente de la Cámara Agrícola de Valencia José Montesinos Checa, alineado con el político conservador Juan de la Cierva y Peñafiel y el médico y científico Gustavo Pittaluga (n. 1876) alineado con las izquierdas, que sería derrotado-  Chelva, Chiva, Enguera, Játiba, Liria, Gandía, Requena, Sagunto, Sueca, y Torrente. Por su parte en la provincia andaluza,  donde los conservadores tenían la hegemonía política, se elegirían diputados en la circunscripición de la capital, y en los distritos de Aracena y Valverde del Camino.

Por su parte el corresponsal del diario en Galicia Jaime Solá (n.1874) , en el marco de un panorama que estaba intentando hacer El Sol sobre el arte y la literatura regionales, firmaba un artículo -acompañado de una caricatura de Castelao-  sobre “Los poetas gallegos” en el que explicaba que los poetas representativos de Galicia eran tres: “Rey Soto (n.1879), que es poeta español y el nexo literario entre el atavismo galleguista y el castellanismo ciudadano; Ramón Cabanillas (n.1876), que representa la rebeldía y los lirismos de la raza y es nuestra desesperación y nuestro furor hechos melodía, y Noriega Varela (n. 1869), que es…nuestra montaña”.

Castelao El Sol 14 febrero 1918

La colaboradora Beatriz Galindo dedicaba ese día su columna “Diario de la mujer” a ofrecer consejos dietéticos como parte de su campaña pedagógica por introducir hábitos alimenticios saludables entre la población femenina. En su texto titulado “Lo que se debe comer” insistía en la importancia de conocer las cantidades de comida que cada organismo necesitaba pues “tal desconocimiento de la fuerza nutritiva de los alimentos y de la potencia digestiva del cuerpo, la cual varía según la edad del individuo y según sus ocupaciones, es causa de muchas de las dolencias y desarreglos que padecemos”. Y para hacerse comprender de sus lectores y lectoras comparaba al cuerpo humano con una máquina que necesita combustible para marchar y grasa para conservarse en buen orden. Pero “si ese combustible es malo, la máquina se deteriora poco a poco y acaba por no poder marchar”, situación que le pasaba también al organismo humano que también comparaba con una casa que necesita calefacción, aire, limpieza y, de vez en cuando, las reparaciones necesarias.

El Sol Historia y Geografía

En la sección Historia y Geografía, inserta en la última página de ese ejemplar, el lector tenía ante sí dos artículos firmados por el responsable de la sección, el ensayista mexicano Alfonso Reyes (n.1889) y otro por su colaborador Juan Dantín Cereceda (n. 1881), catedrático de Agricultura por aquel entonces en el Instituto de Guadalajara.

El primero de los artículos de Alfonso Reyes se titulaba “El periodismo inglés. Daniel Defoe“, que inicia así: “Con las botas de siete leguas andamos recorriendo los campos del periodismo inglés. Entre el XVII y el XVIII, como una transición entre los precursores del siglo anterior y los periodistas literarios del siguiente, encontramos a Daniel Defoe”. Y a continuación traza una viva semblanza del autor del Robinson Crusoe que escribió cuando tenía cerca de sesenta años, estableciendo un paralelismo entre autor y obra:

Después de todo, Defoe era como su Robinson: hombre en quien la fiebre de actividad llegaba a extremos místicos, y a quien la reiterada experiencia de las olas y las borrascas acaba por reducir a un estado de escepticismo casi profesional. Pero si la moral era algo vagabunda, a fuerza de ser comprensiva, el talento era eficacísimo y pronto. Y aqui el problema de todos los “virtuosos” que carecen de filosofía: Defoe, por la Prensa y con la pluma en la mano, era capaz de toda mala estratagena periodística; capaz, a un tiempo, por su amoralidad y su inteligencia. Pero esto no quita que pudiera ser, en lo privado, un hombre de bondad media, casi siempre liberal por principio, y filántropo algunas veces.

Recientemente también Carmen Joy (ver aquí) ha evocado la figura de Daniel Defoe como un abanderado de la libertad de expresión y padre del periodismo económico, cuestión que ya había subrayado Alfonso Reyes en el mencionado artículo.

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Su segunda contribución, titulada “Los viajes de Juan de la Cosa, descubridor de Venezuela” estabaadedicado  a comentar el cuarto volumen de la monumental obra de Segundo de Ispizúa (n.1869) sobre “Los vascos en América”, dedicado al descubrimiento de Venezuela, que Reyes critica de esta manera:

Cierto calor de polémica, cierto soplo de regionalismo matizan el tono de la obra. Abundante en documentación, laboriosa, extensa, la obra ganaría con que se hubiera dado tiempo para que se depositaran los datos allá en el fondo de los apéndices, dejando en primer término el agua clara de las conclusiones. Se echa de menos una distribución mayor en los materiales y los asuntos. La reproducción de cartas antiguas aumenta considerablemente el atractivo y la utilidad del volumen.

Todo él resulta escrito en torno a la figura de Juan de la Cosa, el navegante y cartógrafo vizcaíno, cuyas glorias no escatima el autor. No es de este lugar el discutir minucias. Con método estrictamente “constructivo”, aceptamos los puntos de vista del historiador, y procuramos darnos cuenta de la perspectiva que ellos nos descubren.

 

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Retrato en cerámica expuesto en las escuelas que llevan su nombre en Santoña (Cantabria).

 

Y así Ispizúa presenta a un Juan de la Cosa, que no es vasco, sino cántabro, (Santoña n. entre 1450 y 1460) , muy próximo a Colón con quien se embarcó en 1492 en la Santa María, y “maestro de hacer cartas”, como le llamaban los documentos de la época. Su tercer viaje americano fue en 1499 como piloto del capitán Alonso de Ojeda. Con ellos viajaba Américo Vespuccio, como simple curioso o mercader. Ese navío fue el que arribó a Paria, en Venezuela, y desde allí prosiguió hasta más allá del Cabo de Vela, en la actual Colombia. De ese viaje el piloto Juan de la Cosa levantó un mapa, publicado en 1500, que es el primero de lo que se conocería como continente americano, y que actualmente se conserva en el Museo Naval de Madrid, gracias a gestiones que hizo en Paris en 1853 Ramón de la Sagra (ver aquí).

 

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Mapa mundi de Juan de la Cosa. Pintado sobre pergamino. 93 cm. de alto por 183 de ancho. Museo Naval de Madrid.

 

 

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Ubicación de la isla de Guanahaní y de las Indias occidentales en el mapa mundi de Juan de la Cosa de 1500

 

En ese mapamundi figura por primera vez Venezuela y el contorno circular de Cuba que ocho años después se reconocería oficialmente. Luego Juan de la Cosa, en 1501, hizo su cuarto viaje bajo el mando del capitán Bastidas. En él recorrió parte del actual litoral colombiano y centroamericano, desde el cabo de Vela a Nombre de Dios pasando por la actual Panamá, haciendo una nueva carta en la que representa la costa colombiana y panameña que había recorrido.

De la calidad de los mapas de Juan de la Cosa cabe señalar, y así lo subrayan Ispizúa y Reyes, que el gran humanista y cronista de Indias  Pedro Mártir de Anglería (n.1457) los consideraba como los más recomendables de su época.

Juan Dantín Cereceda, por su parte, firmó el artículo “La Geografía y las nacionalidades”. En él expuso por una parte cómo el medio geográfico era el basamento de las diferentes nacionalidades existentes en Europa, cuyas aspiraciones al autogobierno modificarían el futuro mapa político. Este planteamiento metodológico lo expuso así a sus lectores de El Sol:

El medio físico- el relieve y naturaleza del suelo, el clima, la vegetación, la fauna misma- , en una coactuación a la vez simultánea y recíproca, crea en cada pueblo, en cada grupo étnico, la esencia y los accidentes de su especial modalidad. Este medio geográfico -la montaña o la llanura, la campiña o la ribera, la meseta o la costa, las lluvias o la sequía, la estepa o el bosque- actúan enérgicamente sobre el hombre y condicionan todas sus actividades, incluso las más delicadas y espirituales. La influencia del medio geográfico es siempre  para el pensador la explicación de las costumbres, del carácter y significación de las instituciones, del sentimiento y expresión del arte, del habla y del folklore, de las peculiares industria y agricultura, del modo cómo la población se distribuye y se agrupa, del modo cómo forma, desenvuelve y gobierna el propio contenido espiritual.

Luego hizo un recorrido rápido por España, “el país de mayor y más compleja diversidad que hay en Europa” para convencer a sus lectores de los presupuestos de la geografía humana, de la que Dantín fue un precursor en la sociedad de su época, “según los cuales la Geografía gobierna más de lo que pensamos la esfera espiritual”.  Poniendo como ejemplo de la fuerza de esa constatación el hecho de al ser Cervantes castellano, “por más señas, de la seca y terrestre Alcalá de Henares….la contemplación del mar no le emociona ni despierta en él idea de grandeza, antes le sugiere la banal chanzoneta de que le pareció a Don Quijote ‘asaz mayor que las lagunas de Ruidera'”.

Y finalmente contrapuso el distinto funcionamiento “en la guerra universal de que venimos siendo testigos” de entidades políticas multinaciones: unas, como los Estados Unidos de América, el Imperio británico y el Imperio alemán, habían logrado preservar su cohesión “practicando la autonomía de los Estados componentes y la federación para ciertos grandes fines comunes”, mientras que en Rusia y Austria-Hungría “en donde el despotismo venía actuando con manifiesto olvido y menoscabo del derecho de las nacionalidades componentes, la pretendida unión nacional ha sido ineficaz y aun dañosa a la victoria”.

Concluyó este artículo vaticinando el estallido del imperio austro-húngaro, lo que se produciría al cabo de pocos meses, de manera que a la doble Monarquía solo le quedaría, según Dantín, “la alta y baja Austria, Salzburg y la Stiria”.

 

 

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De una médica escocesa, pintores españoles, y el libro de un telegrafista sobre cables submarinos: El Sol 8 de febrero de 1918

En el ejemplar del diario El Sol del viernes 8 de febrero de 1918 abundaban las noticias relacionadas con la política nacional e internacional.

La primera página se abría con un editorial titulado “Los atropellos alemanes. Gobierno amedrentado y opinión dormida”, a propósito de los ataques de submarinos alemanes a la buques de la marina mercante española. En páginas interiores se ofrecía una amplia cobertura del mitín celebrado en la noche del jueves 7 de febrero en la Casa del Pueblo de Madrid, donde Alejandro Lerroux, Pablo Iglesias y Melquiades Alvarez pidieron el voto para la candidatura de la conjunción republicano-socialista en las elecciones que se iban a celebrar el 24 de febrero.  Y se ofrecía un espacio a Mariano Salaverría para que en su artículo “Cambó y el nacionalismo vasco” explicase la reciente evolución política de los nacionalistas vascos por influencia de la labor desarrollada el año anterior por Cambó en el País Vasco.

En “Diario de la mujer” Beatriz Galindo usaba su columna para rendir homenaje a la labor filantrópica que había desarrollado durante la guerra la médica y sufragista escocesa Elsie Inglis (1864-1917), que acababa de fallecer en Edimburgo, “y a cuya decisión de carácter, energía y devoción deben la vida no pocos luchadores de los Balkanes y de Rusia”, gracias a las “Unidades de Hospitalización”, exclusivamente femeninas que logró formar con el apoyo de las Sociedades sufragistas de Escocia.

 

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Retrato de la Dra. Elsie Inglis. Welcome Collection

 

Por su parte el crítico de arte Francisco Alcántara (n.1854) dedicó su columna “La vida artística” a comentar, muy elogiosamente, la conferencia que había dado el día anterior en el Ateneo el crítico de arte del diario El Universo Francisco Leal sobre “Nuevas tendencias de la pintura española“. En ella trazó un razonado paralelismo entre ciertos caracteres de la técnica musical y los de la técnica pictórica y, apoyándose en numerosas proyecciones, explicó la teoría estética y filosófica del cubismo, y la “asiatización de las artes occidentales” por la “avasalladora” influencia del pintor judío León Bakts (n.1866) a través de los ballets rusos.  Finalmente estudió las obras de pintores españoles jóvenes, proyectando cuadros de Sotomayor (n.1875), Benedito (n. 1875) y Beltrán (n.1885), así como de Marceliano Santamaría  (n. 1866) y Anglada Camarasa (n.1871).

El Sol Ingeniería y Arquitectura

En la sección Ingeniería y Arquitectura aparecían dos contribuciones de su responsable, el ingeniero Federico de la Fuente.

La primera era su artículo “La formación sintética del ácido nítrico, Primeras tentativas” donde explicaba cómo los químicos habían abordado en el pasado la formación sintética del ácido nítrico, cuya fabricación era, en su opinión, el problema fundamental que tenía que resolver la química mineral en el primer cuarto del siglo XX para poder despreocuparse del agotamiento de las nitrerías naturales.

La segunda, titulada “Maximalismo arquitectónico. Para una alusión” era su respuesta a un comunicado de la Sociedad Central de Arquitectos a propósito de un artículo que había escrito cinco semanas atrás sobre las protestas surgidas entre varios arquitectos al encargo que se había hecho a Francisco Javier Luque (n.1871) para que se hiciese cargo de la construcción de la nueva sede del ministerio de Marina.

En el apartado Libros y Revistas se reseñaban los siguientes artículos: “El hormigón armado en 1917”, procedente de la notable revista inglesa Concrete and Constructional Engineering; “El puente basculador, sistema Scherzer, de Keadby (Inglaterra), de Le Génie Civil; “Notas acerca del empleo de los motores Diesel en los submarinos” escritas por el teniente Shermann, de la Marina de guerra norteamericana; los contenidos del ejemplar de octubre de 1917 de la revista Ingeniería, publicada en Buenos Aires, que “constituye una brillante muestra del estado de las ciencias aplicadas a la industria en la República Argentina”. Y el libro del Oficial Técnico de Telégrafos, y futuro dirigente de la masonería española,, Mateo H. Barroso (n.1874) Cables submarinos. Guía para el cálculo y determinación de sus características.

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Un premio al arquitecto Leopoldo Torres Balbás y un debate a favor del divorcio en la Academia de Jurisprudencia en El Sol: 2 de febrero de 1918

El lector de El Sol del sábado 2 de febrero de 1918, en un momento político definido por el hundimiento por submarinos alemanes del carguero “Giralda”, tenía ante sí las siguientes informaciones relacionadas con la ciencia, la educación y la cultura.

El crítico de arte del periódico, Francisco Alcántara (n.1854), daba noticia de la inauguración el día anterior de la XIV Exposición general del Círculo de Bellas Artes, con sus tres secciones de Pintura, Escultura y Arquitectura, que le resultaron decepcionantes en general. Sí destacó el primer premio obtenido por Leopoldo Torres Balbás (n.1888) en el concurso de estudios históricos sobre la arquitectura cristiana española gracias al “ejemplar amor al monumento que se estudia”.

En la sección Derecho y Legislación su responsable Fernando de los Ríos (n. 1879) firmaba el artículo “La requisa como medio para la gestión de los fines del Estado” y su colaborador Pablo de Azcárate (n. 1890) se encargaba de otros apartados de la sección. En Libros y Revistas extractaba un artículo sobre el resumen de los acontecimientos políticos que habían tenido lugar desde el 1 de agosto de 1916 al 31 de julio de 1917 en la revista Political Science Quaterly, de septiembre de 1917. Y resumió la conferencia impartida en la noche del 1 de febrero en la Academia de Jurisprudencia por Manuel Góngora y Echenique. En ella ese académico se declaró partidario de instaurar en las leyes españolas el divorcio como institución, como ya había hecho “la progresiva República del Uruguay”.

 


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De la Sociedad española de Electrología y Radiología Médicas a una polémica sobre las bibliotecas públicas: El Sol 1 de febrero de 1918

Quien tuviese acceso al ejemplar del diario El Sol del viernes 1 de febrero de 1918 quedaba informado de cuestiones y problemas como los siguientes.

Conocía, por ejemplo, resúmenes de dos conferencias impartidas el día anterior en diversas instituciones madrileñas.

Así se informaba de la disertación hecha en la Academia de Jurisprudencia por el doctor Tomás Maestre (n. 1857), especialista en Medicina Legal, sobre “El delincuente, el delito y la pena”. Inició su discurso sosteniendo que en España había nacido el Derecho penal contemporáneo gracias a la obra de los clásicos españoles del siglo XVI como Alfonso de Castro y el padre Mariana. Tras declararse evolucionista abogó por un tratamiento individualizado de las medidas  y de los métodos de curación que había que aplicar al delincuente.

En otro lugar de la ciudad, en el Ateneo de Madrid,  por iniciativa de su sección de Artes Plásticas, impartió otra conferencia el joven Mariano Madrazo sobre el pintor veneciano Tintoreto. El crítico de arte del diario Francisco Alcántara en su columna dedicada a la vida artística la resumió, destacando que el conferenciante era biznieto de José Madrazo, el fundador de una dinastía de artistas que había dejado honda huella en la vida cultural madrileña.

También quedaba enterado de que el jueves 31 de enero se había llevado a cabo la sesión inaugural en la Academia de Medicina del curso académico de la Sociedad Española de Electrología y Radiología Médicas, que se había constituido el 16 de marzo de 1916, habiendo celebrado su centenario pues hace poco.  (ver aquí). Había presidido la sesión el doctor Carlos María Cortezo, acompañado por el presidente de la Sociedad el doctor Celedonio Calatayud, el secretario general doctor López Prieto, y otros médicos como Landete, Torres y Ratera. El secretario de esa sociedad se hizo eco de la consideración del doctor Joaquín Decref consistente en que los accidentes que sufriesen los científicos en el ejercicio de sus actividades fuesen considerados accidentes de trabajo por parte del Estado. También planteó que era urgente la necesidad de crear cátedras e Institutos de Radiología. Por su parte el doctor Torres Carreras leyó un discurso sobre Semeiología y roentgenológica del aparato respiratorio intratorácico, ilustrando su trabajo con proyecciones de los casos analizados. Por su parte el presidente de la Sociedad, el doctor Calatayud, leyó una efusiva carta del radiólogo portugués Machado de carácter hispanófilo.

El lector de El Sol era informado asimismo gracias a una suelto no firmado titulado ” Los paraísos artificiales. Madrid se envenena y la autoridad se inhibe” que Madrid estaba afrontando un problema en su salud pública por  el incremento notable en el consumo de morfina por parte de jóvenes de ambos sexos.

El economista y catedrático de la Universidad Central Luis Olariaga, que era también el responsable de la hoja semanal dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas, firmaba el artículo “En defensa de la cultura. Los doctores sin reválida” donde hacía frente a una campaña desencadenada por un grupo de personas que habían adquirido el título de doctor sin efectuar la tesis, acogiéndose a un decreto del ministro Burell por el que se permitía obtener tal título pagando algo más de mil pesetas. En esa campaña protestaban contra la decisión tomada en un claustro extraordinario de la Universidad Central para no incluir en el censo en el censo los doctores sin reválida. Olariaga abogaba por rectificar el error cometido por Burell y que se restableciese la necesidad de presentar una tesis para obtener el título de doctor que “no es sino un certificado de aptitud para la investigación científica,” y esa aptitud solo se podía comprobar con la presentación y discusión de la Memoria doctoral ante un tribunal.

También El Sol de ese día abrió sus páginas al director del Archivo Histórico Nacional, Joaquín González, quien dirigió una carta abierta a Lorenzo Luzuriaga -el responsable de la sección Pedagogía e Instrucción Pública del periódico- para rebatir la crítica que este había hecho el 14 de enero sobre el funcionamiento de las bibliotecas públicas.

También se daba noticia de que al día siguiente, el sábado 2 de febrero, habría una sesión especial de proyecciones cinematográficas en el teatro Benavente, que se encontraba en la plaza de Bilbao, 2 y 3. Estaba destinada a generales, jefes y oficiales del Ejército de la guarnición de Madrid que tendría oportunidad de contemplar dos películas: La batalla del Searpe, protagonizada por los tanques, y El Real Cuerpo de Aviación británico en algunas partes de Francia.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

En la sección de Ingeniería y Arquitectura su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “El gran problema del siglo XX. La fijación del nitrógeno atmosférico”, que era la preocupación dominante en la química mineral para favorecer el desarrollo agrícola.

Y un asistente anónimo al congreso de Ferrocarriles criticó, sarcásticamente, la intervención en él del ministro de Fomento Niceto Alcalá-Zamora, que no tenía buena prensa por aquellos días.

El apartado “Libros y Revistas” de esa sección reseñaba tres trabajos: “Algunos secretos de los superzeppelines”, publicado en el Scientific american el 24 de noviembre de 1917, y que se había recibido en Madrid el 15 de enero de 1918; el libro del catedrático de la Escueela Industrial de Alcoy doctor Vicente Mir Laporta, Tintorería, estampados, aprestos y química de materias colorantes, que era un manual didáctico con un prólogo del padre Eduardo Vitoria y el artículo “El coste de las cantinas para obreros” publicado en Engineering el 12 de enero de 1918.