jaeinnova

Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


Deja un comentario

Ciencia, educación y cultura en El Sol: del 18 al 24 de febrero de 1918

El domingo 24 de febrero de 1918 se celebraron elecciones al Congreso de los Diputados. Evidentemente la información electoral fue muy amplia en el diario El Sol en los días previos a esas elecciones.Así el lunes 18 de febrero el editorialista se lamentaba de que la vieja política “vuelve a sentirse optimista” porque se detectaba una falta de reacción del electorado a las triquiñuelas de los partidos turnantes. Y presentaba a los 56 diputados que habían sido elegidos sin lucha, acogiéndose al artículo 29 de la Ley electoral. Los intelectuales no cesaban de emitir sus opiniones ante la batalla electoral. Así el jueves 21, el viernes 22 y el sábado 23 de febrero El Sol insertaba en su primera página, mediante tres entregas, el artículo de José Ortega y Gasset, “Hacia una mejor política” en los que abordaba, entre otras cuestiones, la necesidad de reorganizar la institución ministerial.

Simultáneamente la sociedad española seguía con atención y aprensión el desarrollo de la Gran Guerra. Así el jueves el periódico mostraba a sus lectores con esta representación gráfica la situación del frente italo-austriaco tras una ofensiva de las tropas aliadas.

Frente italiano El Sol 21 febrero 1918En el ámbito educativo cabe destacar cómo la colaboradora de El Sol Beatriz Galindo en un artículo del lunes 18 de febrero echaba en falta la existencia de una gran revista femenina en el seno de la sociedad española que fuese modelo de “modernidad y buen gusto” como lo eran The Queen, Fémina, The Lady’s Field, Harper’s Bazaar, The Woman’s, Home Journal y muchas otras, que estaban repletas de información útil y recreativa.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

La sección semanal de Pedagogía e Instrucción Pública, que aparecía en el ejemplar de los lunes, se abría con un extenso artículo del responsable de la sección el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n.1889) titulado “Para las próximas Cortes. La enseñanza técnica general“, que por su interés presento en su totalidad en otra entrada de esta bitácora (ver aquí). Además se denunciaba en otro artículo de esa sección corruptelas que habían ocurrido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia donde, como se aprecia en el siguiente cuadro, había acudido un tropel de alumnos a inscribirse por la fama que se había extendido de la facilidad de aprobar los exámenes en ella.

Universidad de Murcia Derecho

En efecto si la media de suspensos en todas esas Facultades de Derecho era del 15 % de los alumnos oficiales, y del 48% de los alumnos libres, en el caso de la Facultad murciana esas cifras eran el 9% de los alumnos oficiales, y el 88% de los libres.

En el apartado de Libros y revistas de esa sección se reseñaba ampliamente un artículo sobre la enseñanza agrícola escolar publicado en la revista francesa Manuel général de l’instruction primaire.

El Sol Biologia y Medicina

El martes 19 de febrero la sección Biología y Medicina de El Sol se abría con un amplio artículo “El corazón y el ejercicio” de su colaborador el cardiólogo Luis Calandre (n. 1890), quien muy joven -en 1912- había tenido una pensión de la JAE en Berlín para realizar estudios de Fisiología. En él ilustraba a sus lectores sobre el funcionamiento de ese “perfectísimo aparato hidrodinámico”, que por su interés reproduzco en otra entrada de esta bitácora. (ver aquí).

En el apartado de Libros y Revistas de esa sección, a través del cual se pretendía tener informados a los profesionales de la medicina repartidos por el país de todas las novedades en las investigaciones médicas y biológicas, había hasta diez reseñas de otras tantas publicaciones extranjeras firmadas por tres de los principales colaboradores de la sección. Así el responsable de la sección el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (n. 1886) reseñaba “La psicología de los sueños de los soldados”, de Mott, en The Lancet de 2 de febrero de 1918; “Los lápices explosivos empleados por los alemanes” de Le Caducée de 15 noviembre 1917, reproducido por Medical Record; “Un método para combatir el bocio hiperticoideo”, de Watson, publicado por Endrocrinology en abril de 1917, y tres artículos de los que informaba la publicación Zentralb. f. shw. Aerzte: “Un nuevo método operatorio descomprensivo suboccipital (drenaje) en los casos de aumento de la presión intracraneal” de Anton y Schmieden; “¿Está justificada la provocación del aborto en los casos de otoesclerosis? de Nelle; “Alteraciones y sensaciones de la lengua, como síntoma prematuro y acompañante de la anemia perniciosa” de Zimmermann. Por su parte Luis Calandre reseñaba el artículo “Ulceras gastroduodenales” de Greggio, publicado en Archives de Médécine Experimentale, de agosto de 1917. Y Juan Negrín, con sus siglas J.N., firmaba las reseñas de estos tres artículos:  “Contribución al estudio del páncreas de los teleosteos. El páncreas de “Tinca vulgaris” en condiciones normales de nutrición, y después de un ayuno prolongado” de Gianelli publicado en el tomo 27 del Monitore Zoologico Italiano; “Sobre el compuesto cristalino yodado, que se manifiesta en el tiroides” de Kendall, que conoció a través de Annal. del Journal de Physiol., y un artículo de Albertoni en los Archives Italiennes de Biologie.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El miércoles 20 de febrero la sección semanal que dedicaba El Sol a las Ciencias Sociales y Económicas se abría con el artículo “La investigación científica de la economía española” del responsable de la sección Luis Olariaga (n. 1885), quien expresaba por primera vez en la prensa su opinión sobre publicaciones españolas que trataban de temas de carácter económico, y que dado su interés reproducimos en otra entrada de esta bitácora. (ver aquí).

Junto a ese artículo el lector de El Sol accedía a tres amplias reseñas. La primera correspondía a un artículo de Charles Trevelyan  sobre la fusión del socialismo y el liberalismo radical que había publicado en The Nation el 2 de febrero de 1918. Y las otras dos a sendos artículos publicados por The Economic Journal en diciembre de 1917 con información de periódicos alemanes sobre la escasez de capital después de la guerra y sobre la próxima guerra comercial.

El Sol Historia y Geografía

El jueves 21 de febrero la sección semanal dedicada por El Sol a la Historia y Geografía se abría con un amplio artículo del responsable de su sección el humanista mexicano Alfonso Reyes (n. 1889) sobre “Los ensayistas” en el periodismo inglés del siglo XVIII que arrancaba de esta manera:

Para esta época, el público de periódico era ya abundante. Al periódico puede atribuir el doctor Johnson el alto nivel de cultura del pueblo inglés. Los coches correos de Palmer salían a horas fijas de Londres para distribuir las hojas volantes, y en ellas se procuraba mezclar lo agradable con lo útil.

Aparte del desarrollo de la simple información, los mayores periodistas de esta época fueron verdaderos literatos, “ensayistas” dedicados a exponer opiniones sobre todas las cosas y, por lo general, humoristas. Como Swift, Addison y Steele, Johnson y Goldsmith. Cierto es que sus ensayos, improvisados sobre el suceso o la discusión del día, se iban alejando del tipo tradicional del ensayo, caracterizado en la obra de Bacon. Ya no eran ensayos sedentes, sino ensayos en marcha: literatura combativa y plenamente “movlizada”, a la que conviene menos la erudición con sus abismos de cifras y sus guijarrales de nombres, que el ritmo o el olor de la erudición con sus insinuaciones precisas y suficientes.

Ese artículo de Reyes estaba acompañado de otro -no firmado- titulado “El crítico y el poeta. (Según las “Memorias de un crítico”, de Benedetto Croce)” que abordaba las relaciones entre ese filósofo e historiador liberal italiano y el poeta Carducci, que había obtenido el Nobel de Literatura en 1906, el mismo año en el que Cajal junto a Golgi obtuvo el Nobel de Medicina y Fisiología.

En el apartado de Libros y Revistas de esa sección se ofrecían reseñas de dos trabajos: el de Juan B. Ambrosetti (1865-1917), “Fantasmas de la Selva Misionera”, publicado en la Revista de Filosofía de Buenos Aires, en el que ese naturalista y etnógrafo argentino daba noticia y analizaba algunas tradiciones populares paraguayas; y el de R. M. sobre “Las fronteras lingüisticas en Europa“, aparecido en La Nature el 19 de enero de 1918, con seis mapas, al que el colaborador habitual de El Sol el catedrático del Instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda (n.1881) sometía a una interesante crítica. Dantín señalaba que ese artículo se apoyaba, “casi exlusivamente”, en un estudio muy completo y documentado de Leon Dominian que habia aparecido en el Bulletin of the American Geographical Society. Pero reconocía que “metodiza la cuestión y da a la repartición de los idiomas que se hablan en la Europa combatiente clara expresión cartográfica”. Y añadía: “Aparte de Francia, una siempre, los demás actuales Estados no son más que complejos de nacionalidades; la Historia del Centro y del Oriente de Europa tiene sus raíces en este problema. España misma, pese a quien pese, es otro caso, no tan agudo, ciertamente; pero presta, y en plazo breve, a una diversificación nacionalista”.

En ese mismo ejemplar de El Sol su crítico de arte Francisco Alcántara (n. 1854) se hacía eco, elogiosamente, del “importantísimo descubrimiento arqueológico sobre el arco de herradura” que se había hecho en el muro lateral izquierdo de la iglesia toledana de Santa Justa, fundada por el rey visigodo Atanagildo a mediados del siglo VI. La significación  de ese hallazgo, que mostraba un origen visigodo de ese elemento arquitectónico atribuido hasta entonces a la arquitectura traída por los musulmanes, había sido expuesta por su descubridor, el profesor de la Escuela de Artes e Industrias de la ciudad de Toledo Aurelio Cabrera (n. 1870) e integrante de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de esa ciudad castellana, en las páginas de la “simpática revista ilustrada Toledo.

arco de herradura justa_rufina5

Detallle del arco de herradura ubicado en lo que constituía la puerta principal de la actual iglesia toledana de Santa Justa y Rufina construida en el siglo VI.

 

El Sol Ingeniería y Arquitectura

El viernes 22 de febrero la sección semanal dedicada por El Sol a Ingeniería y Arquitectura se abría con el artículo firmado por el responsable de la sección, el ingeniero Federico de la Fuente, “La combustión del nitrógeno. Cómo se fabrica un sol“. En él se explicaba el interés del físico, inventor e industrial noruego Kristian Birkeland (1867-1917) y de su socio industrial el ingeniero también noruego Sam Eyde (1866-1940) por desarrollar un horno calentado por arco eléctrico y el proceso industrial que crearon en 1903 para producir fertilizantes artificiales para la agricultura mediante la fijación del nitrógeno del aire. Ese proceso Birkeland-Eyde se revelaría ineficiente en términos de consumo de energía. Pero a Federico de la Fuente le interesó explicar a sus lectores las claves de ese proceso, como la utilización de un arco eléctrico formado entre dos electrodos coaxiales que a través del uso de un campo magnético intenso se extiende al exterior hacia un disco delgado. Para facilitar su explicación se valió del siguiente esquema.

Arco electrico El Sol 22 febrero 1918

El trabajo de Federico de la Fuente estaba acompañado del artículo no firmado “La tasa del hierro“. En él se resumía el informe que había elaborado el comandante de Ingenieros Jaime Coll sobre el precio de coste de los productos siderúrgicos españoles, a petición de los metalúrgicos sevillanos, cuya labor se elogiaba en estos términos: “dicho señor ha evacuado su cometido con un trabajo conciso y preciso, que no dudamos habrá tenido presente la Comisión encargada de la tasa de los materiales de construcción por Real orden del 6 de corriente”.

En el apartado Libros y Revistas de esa sección se reseñaban cuatro trabajos de los que destaco dos: el de L.W.W. Morrow, director del departamento de Ingeniería eléctrica de la Universidad de Oklahoma, sobre “Los ingenieros titulares y las necesidades de la industria“, publicado en Engineering News Record, en enero de 1918 y uno sobre “El bicentenario de D’Alembert”, publicado en Engineering el 25 de enero de 1918.

Y aparecía un apartado dedicado a la correspondencia con los lectores donde se respondía a cuestiones planteadas por lectore de Puertollano, Barcarrota (Badajoz) y Coruña.

También ese día el ya mencionado crítico de arte del periódico Francisco Alcántara (n. 1854) hacía un amplio y atinado resumen de la “notabilísima” conferencia que había impartido en el Ateneo de Madrid el día anterior el profesor de Historia del Arte y crítico de ABC Rafael Domenech (n. 1874) sobre “La cultura de un artista”, organizada por una activa sección de Artes Plásticas de esa institución cultural madrileña.

Por su parte la colaboradora Beatriz Galindo firmó el artículo “Lo que lee la mujer” donde hacía una valoración de las lecturas preferidas por las mujeres cultas italianas, francesas e inglesas, dejando para un próximo artículo su valoración sobre las lecturas de las mujeres norteamericanas y españolas.

El Sol Derecho y Legislación

La sección semanal que dedicaba El Sol al Derecho y Legislación los sábados se abría el 23 de febrero de 1918 con un amplio artículo del responsable de la sección el catedrático de Derecho Político de la Universidad de Granada Fernando de los Ríos (n. 1879) quien firmaba el artículo “En torno al sufragio. El derecho electoral y la democracia”, en vísperas de unas importantes elecciones al Congreso de los Diputados. En él exponía las diferencias entre el escrutinio uninominal y el escrutinio por lista y explicaba cómo la legislación española sobre gastos electorales impedía la igualdad de oportunidades en la lucha electoral mostrando cómo “la lucha del poderoso con la del hombre modesto es en extremo desigual, por el carácter hondamente plutocrático de nuestra ley. Se ha hecho un Senado a base de una condición en sus miembros, que excluye a los no ricos, y se ha dado una ley electoral para diputados que opone serios obstáculos a la incorporación de las clases medias”, finalizando su reflexión con esta pregunta retórica: ¿Y es conciliable una legislación de este tipo con las exigencias más elementales de la democracia?”.

El apartado Libros y Revistas de esa sección ofrecía la reseña de tres trabajos aparecidos en el volumen de 1917 del Journal du Droit International. Uno era el del profesor de la Universidad de Neuchatel, G. Sauser-Hall, sobre “La nacionalidad y la naturalización en Derecho suizo”. Otro era del profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Toulouse A. Merignhac sobre “Los procedimientos diplomáticos de los imperios austroalemanes en el curso de la guerra 1914-1917″. Y el tercero de M. D’Amelio sobre “Signos por los cuales puede reconocerse una Sociedad como nacional en Italia”.

En el apartado Jurisprudencia el colaborador de la sección Pablo de Azcárate (n. 1890) resumía varias sentencias de tribunales franceses e italianos.

El Sol Agricultura y Ganaderia

En la sección semanal dedicada a Agricultura y Ganadería El Sol del domingo 24 de febrero publicaba el artículo del responsable de esa sección Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) “Por la España agrícola. Las elecciones y la agricultura” en el que hacía un detallado análisis sobre las razones de la inexistencia de un partido agrarista entre las fuerzas políticas que concurrían a las elecciones que se celebraban ese domingo.

En el apartado “Original ajeno” de esa sección aparecía el nombre del ingeniero agrónomo José María de Soroa firmando un artículo sobre “Los abonos radiactivos“. En él trataba de los fundamentos de la radiactividad agrícola y las reglas de aplicación de sus fertilizadores, cuestión “que nos parece el de más oportunidad e interés para los agricultores, por si alguno los ensaya”. Recomendaba a demás a quienes tuviesen interés por conocer la teoría de las emanaciones del radium la obra de Carlos R. Gibrou “La ciencia al día” e informaba de diversas experiencias realizadas por el catedrático de la Universidad Central Muñoz del Castillo, por agricultores mallorquines y en el Instituto de Radiactividad que había conseguido un aumento notable de la producción de diversos productos como maiz y alfalfa, y diversos frutales   empleando fertilizadores radiactivos extranjeros o uno preparado en la localidad mallorquina de Andraitx.

En el apartado “Leyendo revistas” de esa sección había una breve reseña de un artículo sobre “La clorosis de la viña” publicado en Le progrès Agricole et Vinicole de Montpellier, en su número de 2 de diciembre de 1917.

También el ejemplar de El Sol del domingo 24 de febrero publicaba su suplemento cultural “Hoja Literaria”. En él el lector tenía acceso a las siguientes colaboraciones: el artículo “Galana y Relucia” de la condesa de Pardo Bazán (n. 1851); el apunte de la semana que en esa ocasión Enrique Díez-Canedo (n. 1879) con el títutlo “El planeta chino” dedicaba a la edición que había hecho Mr. A. D. Waley, de la Escuela de Estudios Orientales de Londres, de poemas chinos de la dinastía T’ang, “la más gloriosa en la literatura del celeste imperio”, donde destacó el poeta llamado Po-Chu-I, que vivió entre los años 772 y 846 de nuestra era; el poema “Las palomas del molino” de Pilar de Cavia (n.1860); Sonetos de Ramón de Basterra (n.1888) y el folletón de Ramón Pérez de Ayala (n. 1880), “Lás máscaras”, que dedicaba ese día a “La tradición y los gitanos”.

 

Anuncios


Deja un comentario

Una aportación del catedrático de instituto Luis de Hoyos Sainz al estudio de las regiones naturales españolas: el caso de La Jara

Como expuse en una entrada anterior de esta bitácora -ver aquí–  José Ortega y Gasset (n. 1883), tras un viaje a Asturias en el verano de 1915, explicó muy bien por qué la geografía de aquel entonces concedía cada vez mayor importancia a la idea de “región natural”, sosteniendo el filósofo madrileño que se había convertido “en el fenómeno matriz de la investigación geográfica”. En su opnión frente al concepto abstracto de España, que es una “construcción mental nuestra”, la región natural “afirma su calidad real de una manera muy sencilla: metiéndosenos por los ojos”. Y añadía el filósofo madrileño “de la región podemos tener una imagen visual adecuada, y viceversa, sólo es región, sólo es unidad geográfica aquella parte del planeta cuyos caracteres típicos pueden hallarse presentes en una sola visión”.

Meses después el científico y docente Luis de Hoyos y Sainz (n. 1868) fijó también su atención en las regiones naturales como objeto de estudio de los geógrafos. No sabemos sí Luis de Hoyos había leído a Ortega. Si conocemos que ambos habían coincidido en la Escuela Superior del Superior en el curso 1909-1910 antes de que Ortega diese el salto a su cátedra de Metafísica de la Universidad Central. Y que Ortega debió de intervenir, probablemente, en la incorporación de Luis de Hoyos, próximo al Partido Reformista por aquel entonces, a las páginas de El Sol como responsable de la sección Agricultura y Ganadería, que publicaba ese diario todos los domingos en su última página.

En efecto el domingo 17 de febrero de 1918 Luis de Hoyos Sainz, que estaba haciendo un recorrido por la España agrícola en sus colaboraciones dominicales en El Sol, dedicó el artículo de ese día a ofrecer a sus lectores una detenida explicación de por qué era importante el estudio de las regiones naturales en el marco del movimiento regionalista pujante en la sociedad española de aquel entonces, exponiendo como caso digno de ser tenido en cuenta el de la Jara,región natural que abarcaba tierras de Cáceres y Toledo, y también de Badajoz y Ciudad Real, y que tuvo ocasión de visitar en el mes de febrero de 1918.  De hecho fechó su texto desde Mohedas de la Jara el miércoles de ceniza de ese año. Hasta ese lugar del centro de la Península Ibérica habían llegado los terribles efectos de la Gran Guerra que desangraba y empobrecía a la Europa de hace un siglo. Procuró asimismo que su crónica de viaje fuese rica en hechos y observaciones sobre sociología agraria exponiendo la injusta distribución de la propiedad de la tierra existente en diversas poblaciones de la Jara, y las dificultades de los lugareños por acceder a los bienes comunales por la presión de los aristócratas terratenientes y de los caciques.

El Sol Agricultura y Ganaderia

He aquí pues las reflexiones y consideraciones de interés para geógrafos, viajeros y sociólogos expuestas por Luis de Hoyos Sainz en el artículo “Por la España agrícola. Una región natural: ‘La Jara'” que dice así:

Esta crónica lo es de veras “Por la España agrícola”; lo es de andar y ver, en pleno campo y a través de montes y sembrados, recorriendo sierras y lugares, hablando con los pastores y labriegos, y buscando, en suma, el dato directo y vivido de la tierra y de los hombres en una región natural o país de la Península, en La Jara.

Las regiones naturales agrícolas

 Son las regiones naturales las unidades elementales, no ya sólo de la Geografía física, sino de esa misma Geografía humana creada por Ratzel y metodizada por Brunhes; las divisiones que resultan del concertante de los elementos que caracterizan cada zona del globo: suelo, clima, vegetación y fauna, y hasta el hombre mismo y sus manifestaciones elementales iniciales o naturales de vivir. Su estudio y caracterización es la base esencial y genética de la Geografía regional o Laenderkunde, que actualmente puede ser sintetizada en los libros de Gallois y de Févre y Hauser, como guías de conjunto o iniciación en estas cuestiones, Regions naturelles et noms de pays, el del primero, y Regions et pays de France, el del segundo, o por las publicaciones orientadas ya en su aspecto histórico o social, y aun económico, de Beer y Bloch. Más útiles son aún para conocer este concepto de país o unidad elemental geográfica, indecisa y difícil a veces, las monografías concretas iniciadas en la pura Geografía física en 1888 por Lapparent, y adaptadas al conocimiento agrícola de cada región, por el profesor Rusler, en las clásicas descripciones de su Geologie agricole; siendo en el día modelos que seguir la descripción de La Picardie, del profesor de la Universidad de Lille M. Demangeon; la descripción de Le Bern por M. Vacher, o la del Var supérieur, por Sion.

En España, aunque, a juzgar por el actual movimiento regionalista, y aun localista, parece cosa conocida y dominada, el conocimiento de las regiones sólo está abocetado, y éstas, difusa e imprecisamente conocidas y determinadas, pudiendo sólo citarse los trabajos que los ingenieros del Mapa geológico de España dieron a conocer en las monografías provinciales, y que, en unión con los datos recogidos en el inolvidable Diccionario geográfico de D. Pascual Madoz, vienen repitiéndose en todas las publicaciones geográficas e históricas; y de las agrícolas, salvo los ensayos de Vilanova y sus compañeros, sólo hay algún artículo inspirado en el Cuestionario para el estudio de las regiones agrícolas de España que publiqué en 1904 como apéndice a Las bases de la Geología agrícola de España.

 Inútil es decir el interés y la utilidad de una serie de monografías parciales; hechas siempre por individuos de cada país o región, aun de las que se tienen por muy acusadas o características, aunque mal limitadas y definidas, como el Vierzo (sic) o Las Encartaciones, en el Norte; la misma Tierra de Campos, Torozos, La Berzosa, la Bureba o la Tierra de Pinares, en Castilla; las Barderas (sic), el Castellar o Ribagorza, en Aragón; el Maestrazgo, la Plana o la Huerta, en Valencia; la Vera, la Alcarria, la Sagra, la Alcudia, la Serena y la misma Mancha, en el Centro y Extremadura; las Alpujarras, la Vega, la Serranía, las Marismas o los Pedroches, en Andalucía. Y claro es que mayor interés había en sacar a luz del conocimiento científico esas regiones o zonas que sólo para los naturales tienen personalidad y que ocupan todo el territorio de lo que pudiéramos llamar la España inominada, por ser evidente que las divisiones políticas y administrativas nada dicen ni representan, pues el hecho natural persiste y se impone a la nominación artificial, por legal y útil que sea.

 

Fuente del Sauzeral. Sierra de Altamira. Mohedas de las Jara

Fuente del Sauzeral. Sierra de Altamira. Mohedas de la Jara

 

La Jara toledana.- La Jara y la guerra

 Si hay tipo y fijeza en alguna región natural, ha de alcanzarle por la tierra o por las plantas, o mejor aún, por ambas cosas a la vez, ya que la flora es secuela del terreno; no tiene jamás igual valor, realidad y persistencia la región histórica, mutable y tornadiza, en tiempo más o menos largo. Por esto, La Jara, que debe su nombre al predominio de esa mata leñosa que los botánicos llaman “cistus”, rica en variedades, pero uniforme en aspecto y característica en las facies de matorral con que cubre el suelo, es una realidad natural en el suelo toledano o en el extremeño; que no sería fácil resolver el conflicto de jurisdicción al señalar provincia a La Jara: porque por tierras de Toledo y Cáceres, y con intrusiones por Ciudad Real y tal vez por Badajoz, se extiende La Jara, formando una región de matorrales en que el madroño y la retama, como matas, y la encina, como árbol, cubren las sierras ásperas y rojizas, y hasta bajan a las vegas del Tajo y los pequeños ríos que le acrecen.

Que la planta dominó el terreno para formar la región, lo prueba el que los matorrales se salieron de su dominio geológico de pizarras areniscas y rocas antiguas, que en tres zonas se extienden desde el Tajo a los Montes formados por rocas silúricas, que a media ladera ceden el paso a las cámbricas y, junto al río, a los granitos y gneis, desde Aldeanueva de Barbarroya a entrar en Cáceres por el mismo Puente del Arzobispo. Pero salió La Jara de estas tierras arcaicas limitadas, ha ya muchos años, por el patriarca de la Geología, D. Daniel de Cortázar, y corrióse por arenas y tierras modernas diluviales, donde se asientan precisamente Alcaudete y Belvis de la Jara, que por ser sitios de vega y llano fueron los primeros sustraídos al matorral y conquistados para el cultivo, quedando el nombre, pero perdiendo lo que al país de La Jara caracteriza.

Por crecer la jara, es ya indicio de que la tierra es buena, pues allí donde ésta se empobrece, sólo queda la retama y aun el brezo, si baja más la natural fertilidad del suelo; por esto la jara típica desaparece, la tierra se rotura y el cultivo sustituye al monte bajo. Y este proceso ha sido constante y se ha detenido y retrasado por la gran propiedad improductiva y perezosa, y lo difícil del transporte y acarreo; pero la guerra, ¡la gran guerra!, repercutió en La Jara. El carbón y las leñas triplicaron su valor, y lo que se perdía en el monte, porque sacarlo de él no era negocio, se puso en condiciones de mercado, y la tala y la roza de árboles y arbustos desmataron fanegas y fanegas de tierra; y como los pastos son lentos de formar, el arado rompió la tierra virgen, y el trigo, o la vid o el olivo comienzan a cubrir llanadas, lomas o laderas, borrando La Jara, que queda encerrada en los ásperos barrancos separados del camino real en las fuentes del Gébalo, el Huso o el Sagrera.

Las dehesas y los pobres

En dos épocas, cuenta la Historia el hecho, aunque calle las causas, se despobló La Jara: en el siglo XI, y posteriormente, aunque en proporción menor, en el XIV; por evidente no exige prueba que la primera despoblación fue obra de la Reconquista; la guerra ahuyentó a las gentes, y los capitanes y nobles se adueñaron de las tierras, adehesaron y cerraron en cotos redondos o cuadrados las propiedades cultivadas por los campesinos; perdieron el cultivo o redujéronle a siervo de la ganadería y aun de la caza, y establecieron ese absurdo régimen de la gran propiedad señorial, pero inculta; grande, pero improductiva, y legal o legalizada, pero inmoral e injusta.

Aquella despoblación la hicieron los señores; la del siglo XIV, los bandidos, los célebres Golfines; pero justo es reconocer que la obra de éstos fue menos cruenta para el campesino, y menos dañosa para la economía nacional, que la de aquellos. Con los Golfines acabó la Santa Hermandad, y con sus retoños, la Guardia civil; con la obra de los que detentaron la tierra, luchan aún los que la fecundan y no la gozan, ¡y luchan para tiempo!

Hay en los pueblos serranos y en los ribereños de La Jara modelos típicos, ejemplos probatorios de la necesidad de traducir a España la novísima ley inglesa de la propiedad y la producción de la tierra. Ese intervencionismo social en busca del mayor bien de todos que la guerra crea o afirma en todos los Estados, beligerantes o neutrales, es aquí necesario y urgente. Esa ley inglesa, que por tal es más pensada y real y armónica que las anteriores, está en germen en el deseo de estos campesinos de La Jara, que sospechan el derecho a que la tierra produzca para todos, propietarios y obreros, y produzca lo que sea más útil, y lo produzca a un precio remunerador, por igual para el poseedor de la tierra y para el trabajador de la misma.

Hay por aquí lo que yo llamaría el problema de las dehesas, rico en variantes, y por ende, en soluciones, pero todas dirigidas a la obra de justicia y de sentido común económico de que no quede tierra sin producir y de que produzca para todos.

El Estado, los nobles y los caciques, enemigo de los pueblos

 Contra el Estado, por las dehesas y terrenos de propios, catalogados y administrados por el Cuerpo de Ingenieros de Montes, hay varios casos; pero es típico el de un pueblo de los montes, con picota en la plaza y hambre en la gente: Espinoso del Rey. Allí todos, pobres y ricos, jornaleros y propietarios, piden que la dehesa sea roturada y repartida en suertes, para que los no propietarios lo sean y tengan un labrantío propio que asegure el vivir aleatorio de trabajar lo ajeno.

Bastaría roturar y repartir equitativamente la dehesa de Espinoso del Rey para resolver, como quiere y en la medida que estima necesaria el señor Comisario de Abastecimientos, Sr. Silvela, el déficit del cultivo. Cuatro mil fanegas allí se conquistan, y no es preciso buscarlas por otros pueblos y provincias, salvo si la Comisaria rectifica sus cálculos, que buena falta hace, porque los números parecen un poco anárquicos en la flamante oficina, y a los tres ceros de las 4.000 hectáreas no se añaden dos, para elevar a 400.000 las que realmente pueden y deben buscarse como aumento en la producción y justo reparto de tierras que transforme en propietarios a los braceros y aquiete las justas protestas y acalle las voces petitorias de los que sufren las dos hambres; la de justicia y la de pan.

Los nobles, lo que dieron por suya la tierra que para la patria conquistaban, son, aun contra razón y necesidad de los vecinos de Oropesa, la vieja villa de los castillos y los palacios, y contra justicia, una sentencia que no se cumple del Tribunal Supremo, los detentadores de sus dehensones, que, usados en común por todo el vecindario, resolvía la escasez de pastizales que para los ganados tienen, y que utilizados por los pobres en labrar partes adecuadas, resolvería la vida de cientos de familias.

Los caciques, forma degenerativa de los feudales, son los que al pueblo de Belvís de La Jara le privan del usufructo de una dehesa, acotada, deslindada y demarcada como bienes del pueblo, pero utilizada en pastos o en labores por la media docena de favorecidos del expediente y el balduque.

Y aquí termina esta crónica de viaje por La Jara, rica en datos y enseñanzas, en lo que a la sociología agrícola atañe.

Luis DE HOYOS SAINZ. – Mohedas de la Jara, Miércoles de Ceniza del 1918


Deja un comentario

Ortega sociólogo, el ácido nítrico y la Escuela industrial de Buenos Aires en El Sol 15 febrero 1918

 

Ortega retrato por Joaquín Sorolla--philip-roth-philosophy

Retrato de José Ortega y Gasset por Joaquín Sorolla

En la primera página de El Sol del viernes 15 de febrero firmaba José Ortega y Gasset (n. 1883) una de sus habituales colaboraciones en ese diario, que fue una de sus empresas políticas como analizara hace años Gonzalo Redondo. En esa ocasión el artículo que firmaba se titulaba “Hacia una mejor política. Un poco de sociología“, en el que citaba  Civilización primitiva de Taylor, refiriéndose probablemente a una traducción al castellano de la obra clásica de la antropología Primitive culture del británico Edward Taylor (1832-1917), publicada en 1871. El artículo se iniciaba con esta reflexión:

Uno de los fenómenos más extraños que la Historia presenta, es la tolerancia de los hombres para la perduración de instituciones políticas reconocidamente ineficaces. Todos estamos de acuerdo en que este o el otro organismo nacional no sirve ya para cumplir su misión; parecería natural que inmediatamente se le sustituyese o modificase; cuando menos, que meditásemos con toda urgencia su relevo. Sin embargo, no solemos hacer esto. Al contrario, sentimos vagamente la impresión de que aquel organismo es, como el rocío o la marea, un hecho cósmico irremediable.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

La última página del diario se cerraba ese día con la sección semanal dedicada a la Ingeniería y Arquitectura. En ella su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “La formación sintética del ácido nítrico. Proceso teórico“, cuyos objetivos los planteaba de esta manera:

Al coger hoy la pluma para continuar nuestra interrumpida charla sobre la oxidación del nitrógeno atmosférico y ulterior formación del ácido nítrico, nos hallamos verdaderamente perplejos; y es que resulta difícil explicar sin aparato técnico lo que ocurre cuando la mezcla de nitrogeno y oxígeno, que constituye el aire atmosférico, se pone en contacto con el arco eléctrico, cuya temperatura media es de unos 3.600 º centígrados. Aun para los versados en la química aparece un tanto velado lo que allí ocurre, y los mismos sabios no están acordesm ni mucho menos, al apreciar los variados detalles que acompañan al fenómeno fundamental producido dentro del horno eléctrico. En la marcha general del fenómeno y resultados finales, sí existe la uniformidad de pareceres, y a esas líneas generales y resultancias acomodaremos nuestro relato.

Junto a ese artículo aparecía una amplia noticia sobre la Escuela Industrial de Buenos Aires, basada en su Memoria del curso 1916-1917, redactada por su director el ingeniero Eduardo Latzina (n.1874). En esa Escuela, que es la que hoy se llama Otto Krause, cuyo plan de estudios y organización, hacía pensar en un “tecnicum” alemán o suizo más que en una escuela de habla española, se cursaban cuatro especialidades: mecánica, eléctrica, química y construcciones.

Su “soberbio” edificio – como se aprecia en la siguiente tarjeta postal, – se había inaugurado en 1909 cuando Buenos Aires ya tenía casi 1.250.000 habitantes. Estaba emplazado, no tanto en la calle de Chile, como se dice en El Sol, sino en Paseo Colón, entre México y Chile, vereda este, y disponía de amplios y bien dotados laboratorios y talleres.

Escuela_Industrial_de_la_Nación_(ca._1910)

Pero por detrás de tan hermosa fachada también existían problemas. Refería en su memoria el ingeniero Latzina que para engrandecer la industria argentina había tratado de implantar la enseñanza de la cerámica, recogiendo  y analizando en sus laboratorios más de 150 muestras de tierras provenientes de todas las regiones de la República; que había construido un torno de alfarero y una pileta para el lavado de las tierras, y que había instalado un pequeño horno para fabricar objetos de loza. Pero cuando iban a comenzar los ensayos fueron declarados cesantes el jefe del taller y el químico nombrados para esas enseñanzas.

La lectura de esa frustrada iniciativa tecnológica le hizo recordar al anónimo comentarista de El Sol probablemente el mismo Federico de la Fuente otros pintorescos desaguisados hechos en España. Y entonces nos dice lo siguiente, trasladándose de la Argentina a nuestro país para denunciar las corruptelas de ciertos jerifaltes del partido liberal como Julio Burell (n. 1859).

En cierta ocasión quisieron los fabricantes de Béjar tener un buen profesor de tintorería en la escuela de su ciudad, a cuyo efecto ofrecieron al Gobierno pagar un sobresueldo al catedrático  y contribuir, con dinero y elementos de trabajo, a los gastos de material. Pero el señor ministro nombró a un su amigo (para eso dijo que estaba en el ministerio, para dar “cosas” a los amigos), de tan supina ignorancia, que apenas tomó posesión de su cátedra, retiraron los fabricantes sus ofrecimientos y su dinero, y los alumnos desertaron en masa.

El conflicto lo resolvimos de un modo sencillo y admirable. No se admitió matrícula en la clase de tintorería, al profesor ignorante se le envió, ascendido, a disparatar en otra escuela y al despreocupado ministro lo hicimos presidente del Consejo y jefe del partido liberal.

Y casi al mismo tiempo que se desbarataba la enseñanza de cerámica en la Escuela Industrial de Buenos Aires, cuando todas las naciones civilizadas procuraban ampliar los estudios prácticos a costa de los puramente especulativos, suprimía Burell de un plumazo la cátedra de Motores hidráulicos y máquinas de vapor de la Escuela Industrial de Madrid (donde era profesor Federico de la Fuente), y creaba en su lugar una de Derecho vigente para regalarla, en amañado e ilegal concurso, a un político profesional.

Publicaba también esa sección una amplia selección de reseñas de libros y revistas, entre las que cabe destacar los siguientes artículos: “Máquinas térmicas” del capitán H. Riall Sankey en The Journal of the Institution of Mechanical Engineers, “La tracción eléctrica con acumuladores” del ingeniero Vallauri publicada en Giornale del Genio Civile el 31 de octubre de 1917; “Las carreteras militares en tiempos de guerra”, de William D. Sohier, que era el presidente de la Comisión de Carreteras del Estado de Massachusetts, publicado en Engineering News Record el 13 diciembre 1917; “Las bases científicas del racionamiento” en Nature, enero 1918; “El problema de la construcción de casas” por el ingeniero inglés William Walker en The Surveyor. The  Municipal and County Engineer, 18 enero 1918.

 


Deja un comentario

Homenaje a Costa en el Ateneo y artículo de Fernando de los Ríos en El Sol del 9 de febrero de 1918

En la primera página de El Sol del sábado 9 de febrero de 1918 se entremezclaban noticias e informaciones como las siguientes: el editorial “Política internacional. Mientras Alemania contesta a España… Curiosa serie de coincidencias”, un artículo del director del diario Félix Lorenzo (n. 1879) sobre el pleito que tenían entablado los períodicos acerca de su precio de venta, y el comunicado oficial sobre el hundimiento del vapor español Sebastián, matrícula de Bilbao, que transportaba sal en su viaje de Torrevieja a Nueva York por submarinos alemanes.  Ese hundimiento se había producido en las proximidades de la isla de La Palma y era consecuencia del bloqueo que había decretado el gobierno alemán de la costa de Africa, cuyas graves consecuencias para los intereses españoles en ese continente fueron analizadas en una reunión de la Liga Africanista Española.

En otra parte del diario se ofrecía amplia cobertura del homenaje brindado a Joaquín Costa (1846-1911) -con motivo del séptimo aniversario de su fallecimiento- en el Ateneo de Madrid, con participación de Luis de Zulueta (n.1878), José Ortega y Gasset (n.1883), y el criminólogo aragonés Rafael Salillas (n.1854)

El Sol Derecho y Legislación

Y en la sección Derecho y Legislación su responsable Fernando de los Ríos (n.1879) firmaba el artículo “La requisa como medio para la gestión de los fines del Estado”, continuación de otro escrito previamente.  Los epígrafes de su nueva aportación eran: III. El interés público y el particular.- IV. Criterios para la fijación del precio de la mercancía requisada: a) El curso comercial,- b) Teoría del precio de adquisición.- c) Teoría del valor medio o normal.- V. La Jurisprudencia


Deja un comentario

Dos conferencias acerca de “El clima de España en la época histórica” y sobre la República de Platón a estudiantes socialistas en El Sol 3 de febrero de 1918

En las noticias políticas correspondientes al domingo 3 de febrero de 1918 El Sol informaba a sus lectores del acuerdo adoptado por el gobierno chileno para enviar a Madrid una misión en viaje de estudio y prácticas militares.

Respecto a otro tipo de informaciones cabe destacar las siguientes.

En él ámbito científico se daba cuenta en un suelto de la reunión celebrada el día anterior por el comité ejecutivo de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias en la que se tomaron diversos acuerdos. Se designó a Bilbao como sede de su próximo congreso  durante la primera quincena de septiembre de 1918 (sic): se celebraría en 1919. Se encargó su organización el director de la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao Leopoldo Elizalde. Se designó al ingeniero Leonardo Torres Quevedo para leer el discurso inaugural. Se decidió que simultáneamente al Congreso se celebrase una exposición de material científico español, es decir, de invención o construcción española, “en la que se prestará particular atención a todo lo que signifique un progreso en la higiene y en la seguridad de los obreros en el trabajo industrial”.  También se “dedicó un sentido recuerdo a la memoria de los sres. Azcárate (1840-1917) y Mier, recientemente fallecidos”.

El Sol Agricultura y Ganaderia

La sección Agricultura y Ganadería contenía tres colaboraciones. En la primera el responsable de la sección Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) continuaba su recorrido por la España agrícola con un nuevo estudio sobre el trigo, ofreciendo datos y consejos para mejorar la producción del “cereal rey” en un año en el que se hacía necesario importar 250.000 toneladas de trigo argentino. En la segunda se extractaba la conferencia impartida la noche anterior en el Ateneo por el ingeniero de Caminos Pedro M. González Quijano (n.1870), director del pantano de Guadalcacín,  sobre “El clima de España en la época histórica”. En ella quien era presentado como el líder de los ingenieros hidráulicos expuso sus planteamientos en la polémica científica que estaba sosteniendo con los ingenieros forestales sobre la mejor gestión de los recursos naturales españoles. Si estos consideraban que la mejor solución para combatir los períodos de sequía que azotaban a la Península era la repoblación forestal, aquellos defendían que opción hidráulica, es decir utilizar “el caudal de nuestros rios” y embalsar las aguas invernales para gastarlas durante la estación seca.

En el ámbito educativo se reproducía una carta del director general de Primera enseñanza, el botánico y farmacéutico Marcelo Rivas Mateos (1875-1931) al director de El Sol en la que pedía colaboración al Banco de España y a la Asociación de la Prensa para que ayudasen a financiar escuelas públicas en los dos barrios madrileños donde había más niños sin escolarizar como eran Pacífico y Cuatro Caminos. Esa idea sería saludada con simpatía por Manuel Machado en su dietario que publicaba en El Liberal, y que voy editando en mi otra bitácora (ver aquí).

En la misma página se informaba que un grupo de estudiantes socialistas había inaugurado una serie de conferencias doctrinales sobre cultura popular societaria. La primera conferencia la había dado Luis de Zulueta (1878-1964), analizando “La República” de Platón, libro que relacionó con los tiempos actuales.

La Hoja Literaria, que El Sol solía publicar los domingos, reunía colaboraciones de: José Ortega y Gasset (1883-1955) quien publicaba la segunda parte de su análisis de la obra del poeta Rabindranath Tagore, que estaba dando a conocer al público hispano la pareja formada por Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez; poemas de José Moreno Villa (1887-1955); Miguel de Unamuno (1864-1936) que firmaba su artículo “Arabescos en torno del cetro”, la habitual colaboración semanal de Enrique Díez-Canedo (1879-1944) que dedicaba su Apunte de la semana a explicar la expresión “Meterse con Mengano” y el folletón de Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) “Las Máscaras”, dedicado ese día a “El melodrama”.


Deja un comentario

Ciencia, cultura y educación en “El Sol” a lo largo de la última decena de enero de 1918

 

Anuncio ejemplar Mundo Grafico  del miércoles 23 enero 1918

Anuncio del ejemplar del semanario ilustrado Mundo Gráfico correspondiente al 23 de enero de 1918

 

 

El Sol 25 enero 1918 situacion militar

Mapa publicado por El Sol el 25 de enero de 1918

 

En un contexto nacional e internacional definido en parte por las dos ilustraciones anteriores los colaboradores del diario  El Sol seguían tomando el pulso a la vida cultural y a los problemas científicos y educativos de los últimos días de enero de 1918 de la forma que se resume a continuación, jornada a jornada.

 

Martes 22 de enero de 1918

La autora de la columna Diario de la mujer Beatriz Galindo se congratulaba de que gracias a las campañas higienistas lideradas por los médicos el baño diario empezara a generalizarse no solo entre los niños pequeños de la clase media y alta madrileña, sino también entre bastantes de la clase obrera y no dudaba en participar en esa campaña al sostener que “el lavado general y diario contribuye en grado sumo al hermoso desarrollo de la raza y aumenta, al propio tiempo, la frescura del cutis, la elasticidad del cuerpo, la transparencia y suavidad de la piel”.

La sección Biología y Medicina fue protagonizada por dos jóvenes investigadores. Uno era  Juan Negrín (n. 1892), a quien la JAE -por gestiones de Cajal- acababa de dotarle de un laboratorio de Fisiología General tras haberse doctorado en Alemania con 20 años, y haber vivido en ese país durante casi una década.  Firmaba un largo artículo sobre “La regulación de la vida vegetativa”, que posiblemente sea una de sus primeras apariciones en la esfera pública, a no ser que sus biógrafos como Enrique Moradiellos opinen lo contrario. Explicaba en ese artículo el papel que desempeñaban los agentes químicos, producidos por los órganos endocrinos o de secreción interna, y nerviosos para establecer la unidad funcional del organismo. El interés de Juan Negrín era mostrar las limitaciones del punto de vista del biólogo francés Bichat sobre el dinamismo orgánico y exponer y justificar, basado en una serie de experimentos con animales, su planteamiento de que “los organismos pluricelulares precisan y disponen de agentes de correlación interorgánica, sin los cuales sería imposible una coordinación funcional. Estos agentes son los factores de la organización del individuo, los que intervienen y regulan su dinamismo”.

El otro era Miguel Prados Such (.1894), hermano del famoso poeta Emilio Prados (n. 1899) y que llegaría a ser un notable siquiatra por lo que desde su exilio canadiense pudo sostener económicamente a su hermano durante su exilio mexicano. En la sección Revista de revistas ese martes 22 de enero 1918 reseñaba cinco trabajos aparecidos en publicaciones francesas, suizas, y británicas que versaban sobre cuestiones como “El calzado de tacón alto”, “Hemorragia cerebral múltiple en un caso de insolación”, “Resistencia globular y paludismo”, “Metabolismo del calcio y del fósforo en un caso de raquitismo tardío”, “La función del tejido muscular en la formación de la urea” y “La reacción de Wassermann en la sífilis terciaria no tratada”.

Miércoles 23 enero 1918

Hojeando el ejemplar de El Sol de ese día nos encontramos dos noticias reveladoras.

En una de ellas, bajo el títutlo “Cultura popular. Estadística de lectores” se notificaba que el jefe de la Biblioteca popular del distrito de la Inclusa, situada en la Ronda de Toledo, nº 9, – en el corazón del Madrid popular- había enviado una estadística de los lectores que había tenido esa biblioteca a lo largo de 1917, los cuales habían sido 41.530 desglosados así, por profesiones: 22.981 obreros, 13.485 estudiantes, 3.563 empleados y 1.501 lectores pertenecientes a las profesiones liberales. La Biblioteca estaba abierta los días laborables, de cuatro de la tarde a diez de la noche, y los domingos de diez de la mañana a la una de la tarde.

En la otra se informaba que un claustro extraordinario de la Universidad Central, al que habían acudido pocos catedráticos, había acordado proceder a la rectificación de su censo electoral y no admitir en dicho censo a los doctores que habían obtenido su título sin la previa aprobación de su tesis doctoral, lo que había sido permitido por una disposición ministerial de Julio Burell que había sido severamente criticada en los medios académicos.

En la sección de Ciencias Sociales y Económicas firmaba el catedrático de Economía y Hacienda de la Universidad de Murcia, Ramón Carande (n.1887), otro expensionado de la JAE, un trabajo sobre “Las contribuciones especiales de nuestra Hacienda municipal y aparecía otra colaboración, sin firma, sobre “La administración del ejército francés”. En el apartado de Libros y Revistas de esa sección se resumían dos artículos aparecidos en The Economist, de diciembre de 1917, sobre “La supresión de los intermediarios” y “El valor económico de Alsacia y Lorena”.

Jueves 24 enero 1918

En su sección Geografía e Historia el responsable de la hoja Alfonso Reyes (n.1889) presentaba un largo texto sobre “Américo Vespucio”. En el apartado Libros y Revistas había dos colaboraciones. En una de ellas el catedrático del Instituto de Guadalajara, y también expensionado de la JAE en Francia, Juan Dantín Cereceda (n.1881) reseñaba el Anuario del Observatorio de Madrid para 1918, del que ya se ofreció información en esta bitácora (ver aquí), obra que contradice las afirmaciones que recientemente se hacían en una entrada de la bitácora “Geografía infinita” sobre los masones como primeros meteorológos de España (ver aquí). En otra se hacía un amplio extracto del artículo publicado por Julián Juderías (n. 1877) en la revista La Lectura sobre “España y sus políticos en tiempos de Mendizábal, según lord Clarendon”.

Viernes 25 enero 1918

Ese día se ofreció puntual información de una serie  de conferencias que se habían impartido el día anterior en diversos lugares de Madrid.

Por ejemplo en el Ateneo la sección de Artes plásticas dio la palabra al académico de Bellas Artes Narciso Sentenach (n. 1853), quien disertó sobre El Real Sitio de la Granja que acababa de sufrir un pavoroso incendio; en la sección de Ciencias continuó un animado debate sobre una memoria que proponía la modificación de la enseñanza de la Medicina, en el que participaron, entre otros, el doctor Cortezo (n.1850),  y Madinaveitia hijo, en representación de los alumnos que habían elaborado la memoria que se discutía.  Por su parte el catedrático de instituto José Augusto Sánchez Pérez (n.1882) comentó que había presentado una propuesta para modficar la Segunda Enseñanza. Y en otra sala del Ateneo el abogado gallego Francisco Alvarez Pena disertó sobre “El regionalismo gallego”.

Simultáneamente en la Sociedad Geográfica de Madrid dio una conferencia Eduardo Moreno García sobre la Unión Postal Universal y el funcionamiento del servicio de correos español.

En la sección Ingeniería y Arquitectura su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “Gasificación comparada Paris-Madrid” que aparecía junto a otro texto, no firmado, dedicado a la travesía del Atlántico en aeroplano. En él se analizaba la posibilidad de emprender el salto trasatlántico con un aeroplano de 1.500 caballos de potencia como pretendía un aviador italiano, lo que según el autor anónimo de ese texto ” no consideraba posible la mayor autoridad española en cuestiones de aviación, el capitán de Ingenieros D. Emilio Herrera (n. 1879), jefe del aeródromo de Cuatro Vientos, sobradamente conocido por sabios y profanos para que no sean precisos ni el elogio, ni la presentación”, al que ya se ha dedicado otra entrada en esta bitácora. (ver aquí). En el apartado Libros y Revistas había noticias de siete aportaciones, procedentes de publicaciones españolas y extranjeras. Entre las primeras cabe destacar la información de una polémica que se estaba produciendo en las páginas de la revista Madrid científico sobre la política forestal e hidráulica española entre el ingeniero de Caminos Pedro M. González Quijano (n. 1870) y el ingeniero de Montes Nicolás Ricardo García Cañada y la presentación de la obra del profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid Joaquín Portuondo y Barceló Estudios de economía social y fragmentos, después de que el editor del libro, Antonio Portuondo, también ingeniero de Caminos,le pidiese expresamente ayuda al propietario de El Sol para le ayudase a difundir la obra, como se aprecia en la siguiente carta:

Carta de Portuondo a Urgoiti

 

Sábado 26 enero 1918

Las dificultades de la situación sociopolítica española  iban in crescendo a finales de enero. Se suspendieron las garantías constitucionales en Barcelona y se detuvo al diputado Marcelino Domingo. El editorial de El Sol de ese día se titulaba “Mientras se ataja la anarquía de los de abajo, hay que remediar la anarquía de los de arriba”. Madrid seguía a oscuras al persistir los problemas en su alumbrado.

Por otra parte el corresponsal del periódico en Lisboa, Alejo Carrera, presentaba al nuevo hombre fuerte de Portugal -Sidonio Paes- como un hispanófilo.

En la sección Derecho y Legislación su responsable Fernando de los Ríos (n. 1879) firmaba un artículo sobre “El juicio de “amparo” en el Derecho mejicano” y la protección de la justicia al atropellado arbitrariamente. Y Pablo de Azcárate (n.1890) organizó la parte de la sección dedicada a Libros y Revistas, extractando, por ejemplo, tres artículos del Journal du Droit international.

Domingo 27 enero 1918

La primera página del ejemplar de ese día estaba dominada por el agravamiento del problema de los transportes, una de las causas del desabastecimiento de los productos de primera necesidad en las ciudades españolas, y por un nuevo ataque de los submarinos alemanes a la flota mercante hundiendo en esa ocasión al vapor “Giralda” que en su viaje de Huelva a Pasajes había sido hundido en aguas portuguesas frente a Guardia.

La Hoja Literaria de ese día ofrecía  cuatro textos. Uno de José Ortega y Gasset (n.1883), “Estafeta romántica. Un poeta indio” a propósito de la obra de Rabrindanath Tagore que la pareja Zenobia Camprubí-Juan Ramón Jiménez estaba dando a conocer al público hispano. Otro de Enrique Díez-Canedo (n.1879) , quien dedicaba su Apunte semanal a dar a conocer las investigaciones del orientalista doctor Joseph Charles Mardrus sobre “La reina de Saba”. El tercero correspondía a una colaboración de Eugenio Noel (n.1885) sobre “Una visita a la Basilica de Atocha”, un panteón de hombres ilustres inacabado. Y el último era el folletón semanal de Ramón Pérez de Ayala (n.1880) titulado Las máscaras, que en esa ocasión titulaba “El bien y la virtud”, donde proseguía su análisis de la obra teatral Antonio Roca.

En la sección Agricultura y Ganadería el lector de El Sol se encontraba con la habitual colaboración del responsable de esa sección Luis de Hoyos Sainz (n.1868), quien en su recorrido por la España agrícola concentraba su atención ese día en “Las viñas de España en 1917” presentando cuatro aspectos de esa cuestión: la primacía de la agricultura en el producto nacional bruto español; la superficie total del cultivo de la vid y su disminución desde hacía un cuarto de siglo; una presentación de las regiones que habían perdido y ganado vides, y un análisis del mapa de la distribución de los cuatro grupos de provincias peninsulares productoras de vid.

En él distinguía el grupo central-levantino formado por 11 provincias  que poseían más de 50 mil hectáreas de viñedos, entre las que destacaba Ciudad Real con 148.817 hectáreas; el grupo formado por 14 provincias, rayadas verticalmente en el mapa, con una superficie variable de 15 a 50 mil hectáreas; el grupo formado por 13 provincias, fundamentalmente serranas o pastoriles,  marcadas con puntos islotes discontinuos con una superficie que oscilaba entre las 12 mil hectáreas de Teruel y Sevilla a las 5 mil hectáreas de Almería, Huelva y León; y el formado por las 9 provincias, fundamentalmente las cantábricas,  que no tenían condiciones para el cultivo de la vid que aparecíane en el mapa en blanco.

 

Viñedos 27 enero 1918 IMG_6414

La distribución de los viñedos en la España de 1917                         según Luis de Hoyos Sainz

 

 

Y también pudo leer un texto titulado “Contra las plagas de langosta”. Se trataba de un amplio extracto de la “notable” conferencia  que había impartido el viernes 25 de enero de 1918 en la Asociación de Agricultores de España sobre las plagas de langosta el ingeniero agrónomo, profesor de la Escuela donde se formaban esos ingenieros, y director de la Estación de Patología vegetal Leandro Navarro (n.1861), quien realizó importantes labores en el pueblo de mi padre Mora de Toledo, donde salvó su riqueza olivarera combatiendo plagas que afectaron a sus olivos allá por 1912 (ver aquí).. En ella se detuvo en explicar los procedimientos artificiales que eran usuales en España para aminorar la intensidad de esas plagas, de cuya relevancia a lo largo de la historia disponemos de una magnífica visión de conjunto gracias al libro de Antonio Buj  Plagas de langosta. De la plaga bíblica a la ciencia de la acridología que se presentó hace unos meses en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (ver aquí).

Lunes 28 enero 1918

Ese día el lector de El Sol era informado en una misma página de: un mitin que se había celebrado en la Casa del Pueblo de Madrid para protestar contra los sucesos de Alicante y Málaga donde se habían producido protestas contra el incontenible alza de los precios de los productos básicos en la dieta mediterránea, como el pan, y que habían sido severamente reprimidas; de las inversiones efectuadas por el Ayuntamiento de Madrid para incrementar el número de escuelas que impartían la enseñanza primaria; o del anuncio de la proyección en el cine Odeón de la impresionante superproducción cinemaográfica “La hija de los dioses”, en la que habían intervenido 21.218 personajes y que estaba contemplando el todo Madrid, como se deduce de la lectura del diario de Manuel Machado (ver aquí).

También se daba noticia de la sesión inaugural de la Real Academia de Medicina. En ella intervino el doctor Francisco Huertas (n. 1847) con un discurso sobre el artritismo y las enfermedades del corazón donde denunció las carencias alimenticias de la población europea en la que un 75 por ciento comía mal por exceso y un 20 por ciento por defecto.

Por su parte en la sección Pedagogía e Instrucción Pública su responsable Lorenzo Luzuriaga (n. 1889) escribía el segundo de sus artículos dirigidos a las próximas Cortes que se deberían de constituir tras las elecciones que tenían que celebrarse el 24 de febrero. En esa ocasión su colaboración versaba sobre “La creación de escuelas” que en su opinión era la tarea más apremiante que el Parlamento tenía que llevar a cabo para impulsar la reconstrucción pedagógica del país. En su trabajo ofreció información sobre las escuelas que había que construir que estimaba en 26,000, cuyo coste  calculaba en 278 millones de pesetas. Y explicó las medidas que se habían tomado en Francia e Italia en tiempos recientes para superar sus déficits educativos.

Se complementaba ese artículo con otro firmado por M.L.N sobre “Una institución necesaria”, iniciales que correspondían a la pedagoga María Luisa Navarro Margati (n. 1890), mujer de Lorenzo Luzuriaga. En él abogaba por sentar las bases en España de una enseñanza preescolar, donde se cuidase tanto a los niños pequeños de las clases obreras como de las clases medias, imitando la tarea ya emprendida en otros países donde existían instituciones modélicas, que podían servir como referentes. Tal era el caso de la institución berlinesa Pestalozzi Froebel-Haus, cuyo funcionamiento y características explicaba detenidamente a los lectores de El Sol.

En la parte de esa sección dedicada a Libros y Revistas se hacía un amplio extracto de un artículo editorial del número de noviembre de 1917 de la publicación norteamericana Journal of Educational Psychology sobre La psicología y la guerra.

Martes 29 enero 1918

El editorial de El Sol de ese día titulado “Los problemas vitales de la nación se han sobrepuesto al Gobierno” analizaba el estado depresivo en el que se encontraba el primer ministro Manuel García Prieto, desbordado por el cúmulo de problemas que se le acumulaban, siendo el último de ellos la posibilidad de que se declarase la huelga general en Barcelona.

En la primera página de ese artículo también había:

  • una curiosa carta dirigida por “Un chico del Instituto” al famoso periodista Mariano de Cavia a propósito de gazapos que se colaban en las página de El Sol;
  • información sobre la actitud del conde de Romanones ante las elecciones que se iban a celebrar en Madrid donde ya estaban haciendo campaña las candidaturas del “acuerdo monárquico”, formado por mauristas, ciervistas y albistas, y de la conjunción republicano-socialista, encabezada por Pablo Iglesias y Julián Besteiro, quien se encontraba en la cárcel de Cartagena.
  • y una amplia cobertura sobre la actitud del imperio austro-húngaro sobre el desarrollo de la guerra, donde se habían producido “huelgas de hambrientos” y crecía el deseo de paz.

Por su parte en la sección Biología y Medicina su responsable el siquiatra Gonzalo R. Lafora (n.1886) firmaba el artículo “Perseguidos y litigantes” en el que analizaba la constitución psicológica de los perseguidos o de quienes se creen perseguidos al considerar que son “objeto de las asechanzas y zancadillas preparadas por los que tienen alguna relación directa o indirecta con ellos, y, merced a esto, su actitud es siempre de recelo, de desconfianza hacia todos”.

Se complementaba ese artículo con información sobre libros y revistas donde J.N., iniciales de Juan Negrín (n.1892), extractaba el artículo “Las cápsulas suprarrenales y la lactancia” de Verdozzi, publicado en el tomo 66 de Archives italiennes de Biologie y otro del Journal de Physiologie et Pathologie Générale.

Miércoles 30 enero 1918

En una de las páginas interiores del periódico se daba amplia cobertura a la conferencia que había dado el día anterior, martes 29, en la Asociación de Agricultores sobre “El cultivo del algodón en España” el ingeniero agrónomo de la Sociedad General Azucarera Enrique Cremades, colaborador habitual de la hoja de  El Sol dedicada a la Agricultura y Ganadería, que se acompañaba de un cuadro estadístico del consumo en España de esa fibra textil entre 1913 y 1917.

En la sección dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas su responsable el economista y catedrático de la Universidad Central Luis Olariaga (n.1885) firmaba el artículo “Problemas de la guerra. La crisis de los alimentos en los países neutrales y sus remedios”. Y en el apartado dedicado a libros y revistas se extractaban tres artículos de The Economist, de 24 noviembre 1917, sobre los efectos de la guerra sobre la población civil de los países beligerantes; de L’Economiste Francçaise de 8 de diciembre de 1917 sobre la liquidación de las deudas creadas por la guerra y un artículo de León Baretti de la Revue d’Economie Politique de julio-agosto 1917 sobre la concentración de los bancos en Inglaterra.

Jueves 31 enero 1918

Ese día El Sol daba cobertura al artículo del político nacionalista vasco Eduardo de Landeta (n.1862)  “La ficción separatista” en el que exponía tesis del partido “bizkaitarra” como la de que “el reconocimiento de esa nacionalidad vasca no significa, ni se pretende que sea, una separación del Estado español. ..Porque con y dentro del Estado español cabe y encaja perfectamente, cumplimentando todos sus deberes, la nación vasca, con todos los derechos y atributos inherentes a la nacionalidad”.

También resumía el debate celebrado en el Ateneo el día anterior -miércoles 30 enero- en la tercera sesión dedicaca a debatir las modificaciones que había que introducir en la enseñanza de la Medicina. En ella intervinieron los doctores Pena, que enumeró los defectos de la primera y la segunda enseñanza, Pittaluga (n.1876) quien sostuvo que “a las aulas debe concurrir todo el que lo desee, sea o no alumno” , que “el estudiante debe aprender con quien quiera, sea o no catedrático”, que en los tribunales debía haber un profesor agregado “que haya convivivo, por lo menos, un curso con el examinado” y que se conservasen la tesis del doctorado y el examen de Licenciatura.

En la sección Historia y Geografía se publicaron dos artículos.

El primero, titulado “En torno al índice de un libro”, lo firmaba Alfonso Reyes (n.1889). En él presentó a los lectores de El Sol los contenidos del volumen XIV de la Historia de la Literatura inglesa, que publicaba la Universidad de Cambridge, ofreciendo un cuadro de materias que le pareció al crítico mexicano de El Sol muy atractivo, siendo las siguientes: “Filósofos. Historiadores. Biógrafos. Oradores políticos. Prosa crítica y miscelánea. El periodismo. Revistas universitarias. La caricatura. La literatura de los deportes. Los viajes. Las ciencias. La educación. La última evolución lingüistica.”

El segundo era el trabajo del historiador vasco Segundo de Ispizúa (n.1869) “Amérigo Vespucci” en el que contradecía los planteamientos que había hecho el jueves anterior Alfonso Reyes en las páginas de El Sol sobre ese navegante florentino al resumir el libro que había publicado recientemente el americanista Henry Vignaud (n.1830) sobre ese marino que daría nombre al continente americano.

En el apartado de libros y revistas de la sección se extractaban cuatro artículos de los que destaco el que había publicado Bonifacio Hompanera en la revista La Ciudad de Dios sobre “El helenismo en España durante el siglo XIX”, y la reseña que hacía Juan Dantín Cereceda (n. 1881) del artículo que había publicado L. de Launay sobre las aportaciones a la geología de Albert de Helmstaedt o Alberto de Sajonia, profesor y rector de la Universidad de París a mediados del siglo XIV, en un ejemplar de la revista La Nature de 12 de enero de 1918 .

 

 

 

 

 

 


1 comentario

4 de marzo de 1932: cuando Azorín solicitó más recursos para el Museo de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico

El 7 de marzo de 1932 el presidente del gobierno Manuel Azaña daba cuenta en su diario de que Amós [Salvador Carreras] -considerado su mano derecha (ver aquí)-  le había informado de una entrevista que había tenido con José Ortega y Gasset. En ella, entre otros asuntos, el filósofo Ortega le había dicho al arquitecto riojano Amós Salvador Carreras que la adhesión del país hacia Azaña aumentaba “pero que con frialdad, sin entusiasmo, y hay que elevar la temperatura, etcétera” y que “Luz está muy mal económicamente; que con quinientas mil pesetas se salvaría la situación, y que Luz se inclinaría a seguir a don Manuel Azaña en vez de seguir a don José Ortega. Reconoce que él no tiene condiciones para la política práctica, y que la idea de sentarse en el banco azul le horroriza. Está, además, mal de salud” (1).

Luz además de problemas económicos tenía por esos días a su director, el gran periodista Félix Lorenzo, enfermo, según sabemos por una entrevista en la revista ilustrada Crónica el domingo 27 de marzo con motivo de un homenaje que le hicieron en Cartagena por su contribución al advenimiento de la República como director de El Sol y sus “Charlas al sol” que firmaba con el seudónimo de “Heliófilo”.

Felix Lorenzo Heliófilo

Pero a pesar de esas dificultades económicas y de la enfermedad de su director las páginas de Luz en las primeras semanas de su existencia son una interesante fuente de información sobre la vida cultural y científica de Madrid y de la España republicanas. Buena prueba de ello es el artículo de Azorín que presento a continuación. Este singular escritor era colaborador habitual de ese diario republicano. Así a lo largo del mes de marzo de 1932 publicó, entre otros artículos, unas interesantes semblanzas de los dos grandes políticos republicanos de aquel momento: Manuel Azaña y Alejandro Lerroux, que mantenían una sorda rivalidad.

Azorín en un reportaje de la revista Estampa 13 mayo 1933 p. 8

Azorín en un reportaje de la revista Estampa 13 mayo 1933 p. 8

El 4 de marzo de 1932 firmó un artículo titulado “Islotes”. En él instaba a que en el presupuesto del ministerio de Instrucción Pública que se discutiría en las Cortes a finales de ese mes se incrementase la partida destinada a dos instituciones científicas madrileñas, -el Museo de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico- con cuyos trabajos e historia Azorín estaba familiarizado. Así lo demuestran sus alusiones al programa expedicionario organizado desde esas instituciones a tierras americanas en los siglos XVIII y XIX que resumí en mi Breve historia de la ciencia española (Madrid, Alianza editorial, 2003) y a la labor del naturalista e historiador americanista Marcos Jiménez de Espada, que analicé hace años en mi tesis doctoral y en el libro colectivo Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). Tras la senda de un explorador (Madrid, CSIC, 2000). Azorín defendía en su artículo la conveniencia y necesidad de dar un impulso al cultivo de las ciencias naturales en la España republicana y nos da a conocer también las impresiones que le había causado la reciente lectura del relato de viaje De Bogotá al Atlántico de su amigo colombiano Santiago Pérez Triana,.quien años atrás se había internado por la Orinoquía o Llanos orientales colombianos.

He aquí un extracto del sugerente texto azoriniano aparecido en la página 3 del diario Luz del viernes 4 de marzo de 1932:

cetonia00.jpg_2007527225910_cetonia00

Cetonia aurata

Imaginamos el Museo de Ciencias Naturales y el Jardín Botánico como dos islotes perdidos; dos islotes perdidos en un mar de indiferencia, de negligencia y de abandono. Las ciencias naturales no sirven para nada; a los políticos no les interesan las ciencias naturales. Un dorado cetonio se acuesta por la noche en el seno fragante de una rosa; a la madrugada, el fresco rocío entumece sus miembros; un naturalista, que ha madrugado, lo está observando. ¿Para qué servirá el que este naturalista observe el dorado y fino cetonio? Un observador de la Naturaleza, el doctor Pau, de Segorbe, descubre un día en el monte un nuevo tomillo; tiene la gentileza este naturalista de dedicar la nueva variedad de tomillo al querido maestro D. Ignacio Bolívar; ya lleva el tomillo nuevo el nombre del admirado sabio. ¿Para qué servirá el descubrimiento de un tomillo? Alguna vez hemos imaginado un verdadero disparate: pensábamos que lo que hicieron los antiguos podíamos hacerlo nosotros. Si los antiguos -poetas y filósofos- adquirieron la finura y el sentido de humanidad que ahora admiramos en ellos, fue porque vivieron en contacto con la Naturaleza,porque observaron esa Naturaleza que luego, en el correr de los siglos, al descubrirlos a ellos, volvía a ponerse en contacto con nosotros. Y si observáramos la Naturaleza, si diéramos un gran impulso a las ciencias naturales, casi -digamos pudorosamente casi- no tendríamos necesidad de las llamadas humanidades; la persistente cuestión de las humanidades, la pugna entre los partidarios de la Ciencia y los partidarios de los clásicos, estaría, por fin, resuelta. En España ha habido conquistadores del Nuevo Mundo; no sentimos, querido lector, un gran entusiasmo por ellos; nos cautivan, en cambio, con profunda admiración, los observadores de la Naturaleza en América, que España ha dado al mundo. Ya desde el siglo XVI esos hombres publican libros curiosos y pintorescos. Pero es a mediados del siglo XVIII, al renovarse las ciencias en Europa, cuando los españoles realizan sus admirables expediciones por tierras americanas. En el archivo del Jardín Botánico hay abundantes pruebas de lo que esos españoles han hecho en América. Las expediciones científicas han sido muchas; D. José Celestino Mutis estuvo veintitrés años estudiando en América las plantas, las piedras y los animales. Fue Mutis el fundador del primer observatorio astronómico en el continente americano. La última de las grandes expediciones científicas fue la realizada en 1862, y que duró cuatro años [es la conocida como Comisión Científica del Pacífico que se puede conocer en el sitio web www.pacifico.csic.es, creado por un equipo que tuve la fortuna de coordinar entre 1998 y 2003]; expedición en que figuró D. Marcos Jiménez de la Espada. No se tiene, generalmente, idea de lo que esas expediciones son. Las que parecen más sencillas son ímprobas por todo extremo. El inolvidable amigo Santiago Pérez Triana realizó hace unos cuarenta años una expedición de Bogotá al Atlántico, siguiendo el curso de los ríos Meta, Vichada y Orinoco. Releído ahora su relato, parece que lo hemos vivido. Hemos caminado días y días, semanas y semanas, por el seno de un bosque inextricable; caminábamos casi en tinieblas; la luz del día apenas llegaba, opaca, palidísima, densa, hasta nosotros. Había que caminar lentamente, abriéndonos paso a fuerza de hachazos…La fatiga física es abrumadora…Pero aparte del cansancio físico está la obsesión moral que se apodera del explorador a poco de comenzada su empresa. En una interesantísima conferencia dada en 1914 (ver aquí)  por Rudyard Kipling, en la Sociedad Geográfica de Londres, el famoso escritor ha estudiado este curioso aspecto de los viajes. La obsesión moral de que hablamos reviste diversas formas y dura hasta mucho después que la expedición ha terminado; es como una marca dolorosa que se imprime en el cerebro. Uno de los exploradores consultados por Kipling le dijo que él sentía como si tuviera una barra trasversal junto al ojo derecho; en otro esta obsesión revestía la forma de una línea recta, inflexible, aterradora, línea que representaba el camino que, por un terreno llano y árido, había que recorrer. 

Volvamos a nuestros islotes; los islotes perdidos en un mar de indiferencia. Tornemos al Museo de Ciencias Naturales y al Jardín Botánico. Cada vez que se nombra un nuevo ministro de Instrucción Pública es como si apareciera en el horizonte un barco, barco que viniera a socorrer a los pobres habitadores de los islotes. Si el ministro es inculto, el barco pasa de lejos; si es ilustrado, el barco se acerca a la costa. Al presente el ministro [Fernando de los Ríos] es una persona culta y sensible; el barco aparece en el horizonte y se va acercando. Los moradores de los islotes están contentísimos; por fin va  a haber un ministro a quien interesen las ciencias naturales; se va a prestar atención a los desamparados Museo de Ciencias Naturales y Jardín Botánico. Se va acercando el barco. En la playa los moradores de las islas lo ven venir gozosos. Se divisa el ministro en la cubierta. “¡Qué simpático es! -exclaman los pobres insulanos-. ¡Qué inteligente! ¡Qué culto! ¡Qué fino! ¡Qué comprensivo! Ha dado medio millón para estudios medievales (2). Ha dado un millón para teatro lírico. Con seguridad que nos va a atender a nosotros”. Todos esperan que el barco se acerque; todos saludan con sus pañuelos. Y de pronto el barco, en vez de aproximarse a la costa, sigue su rumbo, sigue, sigue, sigue….

No sabemos si la solicitud de Azorín tuvo efectos inmediatos. Pero en los meses posteriores el ministro Fernando de los Ríos apoyaría la expedición al Amazonas que organizó el capitán de la Aviación Francisco Iglesias, quien en ese mes de marzo acudiría al despacho del ministro en compañía de José Ortega y Gasset y el director del Museo de Ciencias Naturales Ignacio Bolívar. Lo sabemos porque nos informó de ello Julio Romano, otro periodista de Crónica en una entrevista que le hiciera al ministro publicada en esa interesante revista ilustrada el domingo 13 de marzo de 1932.

Entrevista a Fernando de los Rios. Crónica domingo 13 de marzo 1932 p. 13

Entrevista a Fernando de los Rios. Crónica domingo 13 de marzo 1932 p. 13

Significativamente la expedición al Amazonas que se estaba organizando por esas fechas, y que no llegaría a salir de tierras españolas, tenía como uno de sus objetivos rememorar las aventuras  de la Comisión Científica del Pacífico, y actualizar en parte sus investigaciones amazónicas, como ya expuse hace tiempo en mi texto “La Comisión científica del Pacífico: de la ciencia imperial a la ciencia federativa” (ver aquí).

Otra consecuencia indirecta de este artículo podría ser el nombramiento de Azorín como integrante del Consejo Nacional de Cultura, según decreto del presidente de la República Niceto Alcalá Zamora de 21 de septiembre de 1932, como indiqué en otra entrada anterior de esta bitácora.

Para saber más sobre Azorín periodista e historiador:

Verónica Zumárraga, El jornalero de la pluma. Los artículos de Azorín en La Prensa, Alicante, Publicaciones Universidad Alicante, 2011

Azorín, ¿Qué es la historia?, edición de Francisco Fuster, Madrid, Fórcola ediciones, 2012.

Notas

(1): Manuel Azaña, Obras completas. vol. 3: abril 1931-septiembre 1932, (edición de Santos Juliá), Madrid, Ministerio de la Presidencia, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, p. 935.

(2) Se refiere Azorín a la creación a principios de 1932 del Instituto de Estudios Medievales dirigido por Claudio Sánchez Albornoz, entonces rector de la Universidad Central, y diputado de Acción Republicana, en el seno del Centro de Estudios Históricos de la JAE.