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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Antes de su exilio Pedro Carrasco y Garrorena sucedió a Echegaray en su cátedra

 

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Ilustración de Mikel Murillo para Ciencia de acogida

En el ejemplar de El Sol del viernes 17 de mayo de 1918, en la sección semanal dedicada a la Ingeniería y Arquitectura, M.M.C. -siglas que probablemente corresponderían a Manuel Moreno Carracciolo, uno de los colaboradores de esa sección que dirigía el ingeniero Federico de la Fuente- informó a sus lectores de la oposición en la que se dilucidó quién sustituyó en su cátedra de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central a José Echegaray (1832-1916), el científico, político y dramaturgo que había dado un gran impulso en la España del último tercio del siglo XIX a los estudios de física matemática, según ha destacado en diversos estudios José Manuel Sánchez Ron, 

Dada la riqueza del testimonio de Manuel Moreno Carracciolo, a pesar de algunas opiniones discutibles como su minusvaloración de los científicos del Sexenio democrático, me permito reproducirlo en su integridad a continuación, pues nos ofrece información sobre un momento importante de la trayectora académica de Pedro Carrasco Garriorena que sus mejores biógrafos – José M. Vaquero y José M. Cobos- trataron muy someramente.

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Pedro Carrasco Garrorena

He aquí el testimonio de Manuel Moreno Carracciolo, al que de vez en vez hago apostillas.

Hace tres años, en el tablón de anuncios del Ateneo, donde se previene al público de las horas en que conviene abstenerse de entrar en el salón de sesiones, so pena de escuchar alguna conferencia soporífera, apareció el aviso referente a un curso de “Teoría de la relatividad”, explicado por D. Pedro Carrasco y Garrorena. [En otra entrada de esta bitácora di cuenta de ese curso que formó parte de un importante ciclo de conferencias organizado por el Ateneo de Madrid en 1915. Ver aquí]

Cuando había pasado, con creces, la hora de la conferencia, entramos en la docta casa y sufrimos una reprimenda del bondadoso presidente de la sección de Ciencias, D. Luis Hoyos. [Luis de Hoyos (1868-1951) había sustituido ese año de 1915 en la presidencia de esa sección a Eduardo López Navarro según la lista de socios del Ateneo de 1914 que se puede consultar aquí]

– ¡Pero hombre! ¿Cómo no ha venido usted a oir a Carrasco? ¡Lo que se ha perdido usted! Es una maravilla de claridad con que ha expuesto las más difíciles cuestiones de física y de matemáticas. No en balde lleva seis años de ayudante de Echagaray en su cátedra de la Universidad.

Asistimos arrepentidos a las siguientes conferencias, y confirmamos plenamente el exacto juicio de D. Luis Hoyos. Aquel muchacho dominaba la física moderna, y sus explicaciones, claras y sencillas, recordaban a las de su maestro Echagaray.

Muerto el sabio catedrático, [en 1916] único prestigio científico de la mediocre generación que asistió a la inútil revolución septembrina y a la ramplona restauración monárquica, fue necesario proveer su cátedra, y por feliz casualidad se han guardado en este acto científico-administrativo los respetos debidos al ilustre D. José.

El tribunal de oposiciones, a pesar de haber sido propuesto por el Consejo de Instrucción Pública, estaba formado por personas competentes. Lo presidía D. Augusto Krahe, (1867-1930) nuestra primera autoridad matemática, y lo formaban con él, Cabrera, (1878-1945) el renovador de la enseñanza de la física; Vela, (1865-1927) uno de los más prestigiosos astrónomos del Observatorio de Madrid, y Risco (1888-1954), que en plena juventud ha ganado la cátedra de Termología en la Facultad de Ciencias de la Central. [la cátedra que gana en Madrid es la de Acústica y Óptica tras haberla desempeñado desde 1914 en la Universidad de Zaragoza]

Con Carrasco, el discípulo y ayudante de Echegaray, luchó en estas oposiciones D. Vicente Burgaleta, ingeniero industrial y doctor en Ciencias, que ha demostrado en el curso de los ejercicios una cultura y una capacidad realmente excepcionales. Nos dicen que en oposiciones celebradas hace poco en la Escuela Central de Ingenieros Industriales fue pospuesto a otro de los opositores. [años después el ingeniero industrial Vicente Burgaleta (Valladolid 1891) emigraría a Bolivia donde llevaría a cabo una relevante carrera empresarial y académica, poco conocida] O su contrincante era una verdadera eminencia, o el tribunal calificador se parecía muy poco al que acaba de actuar en estos momentos y que, después de hacer justicia a los méritos de los dos aspirantes, ha propuesto a D. Pedro Carrasco [1883-1966] para substituir a Echegaray en la cátedra de Física matemática de la Universidad Central.

Y todos ellos, jueces y opositores, han hecho algo más que realizar un acto de justicia los unos y un brillante alarde de su competencia los otros: han rendido un postrer homenaje a la memoria de aquel hombre sabio y bueno que regentó en los últimos años de su vida la más alta cátedra de la Facultad de Ciencias.

Si Echegaray hubiera presenciado los ejercicios, habría felicitado, seguramente, a los opositores y a los jueces.

M.M.C.

Pedro Carrasco Garrorena en la Red.-

https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Carrasco_Garrorena

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2959901

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-35422008000200017

http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=57028302005

http://cienciadeacogida.org/es/expo/protagonista/pedro-carrasco-garrorena

https://acelerandolaciencia.wordpress.com/2018/01/29/nuestro-sol-uno-de-tantos-pedro-carrasco-garrorena-en-ciencia-de-acogida/

http://www.hoy.es/v/20101218/sociedad/pedro-rafael-carrasco-garrorena-20101218.html

 

 

 


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Ciencia, educación y cultura en El Sol: del 18 al 24 de febrero de 1918

El domingo 24 de febrero de 1918 se celebraron elecciones al Congreso de los Diputados. Evidentemente la información electoral fue muy amplia en el diario El Sol en los días previos a esas elecciones.Así el lunes 18 de febrero el editorialista se lamentaba de que la vieja política “vuelve a sentirse optimista” porque se detectaba una falta de reacción del electorado a las triquiñuelas de los partidos turnantes. Y presentaba a los 56 diputados que habían sido elegidos sin lucha, acogiéndose al artículo 29 de la Ley electoral. Los intelectuales no cesaban de emitir sus opiniones ante la batalla electoral. Así el jueves 21, el viernes 22 y el sábado 23 de febrero El Sol insertaba en su primera página, mediante tres entregas, el artículo de José Ortega y Gasset, “Hacia una mejor política” en los que abordaba, entre otras cuestiones, la necesidad de reorganizar la institución ministerial.

Simultáneamente la sociedad española seguía con atención y aprensión el desarrollo de la Gran Guerra. Así el jueves el periódico mostraba a sus lectores con esta representación gráfica la situación del frente italo-austriaco tras una ofensiva de las tropas aliadas.

Frente italiano El Sol 21 febrero 1918En el ámbito educativo cabe destacar cómo la colaboradora de El Sol Beatriz Galindo en un artículo del lunes 18 de febrero echaba en falta la existencia de una gran revista femenina en el seno de la sociedad española que fuese modelo de “modernidad y buen gusto” como lo eran The Queen, Fémina, The Lady’s Field, Harper’s Bazaar, The Woman’s, Home Journal y muchas otras, que estaban repletas de información útil y recreativa.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

La sección semanal de Pedagogía e Instrucción Pública, que aparecía en el ejemplar de los lunes, se abría con un extenso artículo del responsable de la sección el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n.1889) titulado “Para las próximas Cortes. La enseñanza técnica general“, que por su interés presento en su totalidad en otra entrada de esta bitácora (ver aquí). Además se denunciaba en otro artículo de esa sección corruptelas que habían ocurrido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia donde, como se aprecia en el siguiente cuadro, había acudido un tropel de alumnos a inscribirse por la fama que se había extendido de la facilidad de aprobar los exámenes en ella.

Universidad de Murcia Derecho

En efecto si la media de suspensos en todas esas Facultades de Derecho era del 15 % de los alumnos oficiales, y del 48% de los alumnos libres, en el caso de la Facultad murciana esas cifras eran el 9% de los alumnos oficiales, y el 88% de los libres.

En el apartado de Libros y revistas de esa sección se reseñaba ampliamente un artículo sobre la enseñanza agrícola escolar publicado en la revista francesa Manuel général de l’instruction primaire.

El Sol Biologia y Medicina

El martes 19 de febrero la sección Biología y Medicina de El Sol se abría con un amplio artículo “El corazón y el ejercicio” de su colaborador el cardiólogo Luis Calandre (n. 1890), quien muy joven -en 1912- había tenido una pensión de la JAE en Berlín para realizar estudios de Fisiología. En él ilustraba a sus lectores sobre el funcionamiento de ese “perfectísimo aparato hidrodinámico”, que por su interés reproduzco en otra entrada de esta bitácora. (ver aquí).

En el apartado de Libros y Revistas de esa sección, a través del cual se pretendía tener informados a los profesionales de la medicina repartidos por el país de todas las novedades en las investigaciones médicas y biológicas, había hasta diez reseñas de otras tantas publicaciones extranjeras firmadas por tres de los principales colaboradores de la sección. Así el responsable de la sección el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (n. 1886) reseñaba “La psicología de los sueños de los soldados”, de Mott, en The Lancet de 2 de febrero de 1918; “Los lápices explosivos empleados por los alemanes” de Le Caducée de 15 noviembre 1917, reproducido por Medical Record; “Un método para combatir el bocio hiperticoideo”, de Watson, publicado por Endrocrinology en abril de 1917, y tres artículos de los que informaba la publicación Zentralb. f. shw. Aerzte: “Un nuevo método operatorio descomprensivo suboccipital (drenaje) en los casos de aumento de la presión intracraneal” de Anton y Schmieden; “¿Está justificada la provocación del aborto en los casos de otoesclerosis? de Nelle; “Alteraciones y sensaciones de la lengua, como síntoma prematuro y acompañante de la anemia perniciosa” de Zimmermann. Por su parte Luis Calandre reseñaba el artículo “Ulceras gastroduodenales” de Greggio, publicado en Archives de Médécine Experimentale, de agosto de 1917. Y Juan Negrín, con sus siglas J.N., firmaba las reseñas de estos tres artículos:  “Contribución al estudio del páncreas de los teleosteos. El páncreas de “Tinca vulgaris” en condiciones normales de nutrición, y después de un ayuno prolongado” de Gianelli publicado en el tomo 27 del Monitore Zoologico Italiano; “Sobre el compuesto cristalino yodado, que se manifiesta en el tiroides” de Kendall, que conoció a través de Annal. del Journal de Physiol., y un artículo de Albertoni en los Archives Italiennes de Biologie.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El miércoles 20 de febrero la sección semanal que dedicaba El Sol a las Ciencias Sociales y Económicas se abría con el artículo “La investigación científica de la economía española” del responsable de la sección Luis Olariaga (n. 1885), quien expresaba por primera vez en la prensa su opinión sobre publicaciones españolas que trataban de temas de carácter económico, y que dado su interés reproducimos en otra entrada de esta bitácora. (ver aquí).

Junto a ese artículo el lector de El Sol accedía a tres amplias reseñas. La primera correspondía a un artículo de Charles Trevelyan  sobre la fusión del socialismo y el liberalismo radical que había publicado en The Nation el 2 de febrero de 1918. Y las otras dos a sendos artículos publicados por The Economic Journal en diciembre de 1917 con información de periódicos alemanes sobre la escasez de capital después de la guerra y sobre la próxima guerra comercial.

El Sol Historia y Geografía

El jueves 21 de febrero la sección semanal dedicada por El Sol a la Historia y Geografía se abría con un amplio artículo del responsable de su sección el humanista mexicano Alfonso Reyes (n. 1889) sobre “Los ensayistas” en el periodismo inglés del siglo XVIII que arrancaba de esta manera:

Para esta época, el público de periódico era ya abundante. Al periódico puede atribuir el doctor Johnson el alto nivel de cultura del pueblo inglés. Los coches correos de Palmer salían a horas fijas de Londres para distribuir las hojas volantes, y en ellas se procuraba mezclar lo agradable con lo útil.

Aparte del desarrollo de la simple información, los mayores periodistas de esta época fueron verdaderos literatos, “ensayistas” dedicados a exponer opiniones sobre todas las cosas y, por lo general, humoristas. Como Swift, Addison y Steele, Johnson y Goldsmith. Cierto es que sus ensayos, improvisados sobre el suceso o la discusión del día, se iban alejando del tipo tradicional del ensayo, caracterizado en la obra de Bacon. Ya no eran ensayos sedentes, sino ensayos en marcha: literatura combativa y plenamente “movlizada”, a la que conviene menos la erudición con sus abismos de cifras y sus guijarrales de nombres, que el ritmo o el olor de la erudición con sus insinuaciones precisas y suficientes.

Ese artículo de Reyes estaba acompañado de otro -no firmado- titulado “El crítico y el poeta. (Según las “Memorias de un crítico”, de Benedetto Croce)” que abordaba las relaciones entre ese filósofo e historiador liberal italiano y el poeta Carducci, que había obtenido el Nobel de Literatura en 1906, el mismo año en el que Cajal junto a Golgi obtuvo el Nobel de Medicina y Fisiología.

En el apartado de Libros y Revistas de esa sección se ofrecían reseñas de dos trabajos: el de Juan B. Ambrosetti (1865-1917), “Fantasmas de la Selva Misionera”, publicado en la Revista de Filosofía de Buenos Aires, en el que ese naturalista y etnógrafo argentino daba noticia y analizaba algunas tradiciones populares paraguayas; y el de R. M. sobre “Las fronteras lingüisticas en Europa“, aparecido en La Nature el 19 de enero de 1918, con seis mapas, al que el colaborador habitual de El Sol el catedrático del Instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda (n.1881) sometía a una interesante crítica. Dantín señalaba que ese artículo se apoyaba, “casi exlusivamente”, en un estudio muy completo y documentado de Leon Dominian que habia aparecido en el Bulletin of the American Geographical Society. Pero reconocía que “metodiza la cuestión y da a la repartición de los idiomas que se hablan en la Europa combatiente clara expresión cartográfica”. Y añadía: “Aparte de Francia, una siempre, los demás actuales Estados no son más que complejos de nacionalidades; la Historia del Centro y del Oriente de Europa tiene sus raíces en este problema. España misma, pese a quien pese, es otro caso, no tan agudo, ciertamente; pero presta, y en plazo breve, a una diversificación nacionalista”.

En ese mismo ejemplar de El Sol su crítico de arte Francisco Alcántara (n. 1854) se hacía eco, elogiosamente, del “importantísimo descubrimiento arqueológico sobre el arco de herradura” que se había hecho en el muro lateral izquierdo de la iglesia toledana de Santa Justa, fundada por el rey visigodo Atanagildo a mediados del siglo VI. La significación  de ese hallazgo, que mostraba un origen visigodo de ese elemento arquitectónico atribuido hasta entonces a la arquitectura traída por los musulmanes, había sido expuesta por su descubridor, el profesor de la Escuela de Artes e Industrias de la ciudad de Toledo Aurelio Cabrera (n. 1870) e integrante de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de esa ciudad castellana, en las páginas de la “simpática revista ilustrada Toledo.

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Detallle del arco de herradura ubicado en lo que constituía la puerta principal de la actual iglesia toledana de Santa Justa y Rufina construida en el siglo VI.

 

El Sol Ingeniería y Arquitectura

El viernes 22 de febrero la sección semanal dedicada por El Sol a Ingeniería y Arquitectura se abría con el artículo firmado por el responsable de la sección, el ingeniero Federico de la Fuente, “La combustión del nitrógeno. Cómo se fabrica un sol“. En él se explicaba el interés del físico, inventor e industrial noruego Kristian Birkeland (1867-1917) y de su socio industrial el ingeniero también noruego Sam Eyde (1866-1940) por desarrollar un horno calentado por arco eléctrico y el proceso industrial que crearon en 1903 para producir fertilizantes artificiales para la agricultura mediante la fijación del nitrógeno del aire. Ese proceso Birkeland-Eyde se revelaría ineficiente en términos de consumo de energía. Pero a Federico de la Fuente le interesó explicar a sus lectores las claves de ese proceso, como la utilización de un arco eléctrico formado entre dos electrodos coaxiales que a través del uso de un campo magnético intenso se extiende al exterior hacia un disco delgado. Para facilitar su explicación se valió del siguiente esquema.

Arco electrico El Sol 22 febrero 1918

El trabajo de Federico de la Fuente estaba acompañado del artículo no firmado “La tasa del hierro“. En él se resumía el informe que había elaborado el comandante de Ingenieros Jaime Coll sobre el precio de coste de los productos siderúrgicos españoles, a petición de los metalúrgicos sevillanos, cuya labor se elogiaba en estos términos: “dicho señor ha evacuado su cometido con un trabajo conciso y preciso, que no dudamos habrá tenido presente la Comisión encargada de la tasa de los materiales de construcción por Real orden del 6 de corriente”.

En el apartado Libros y Revistas de esa sección se reseñaban cuatro trabajos de los que destaco dos: el de L.W.W. Morrow, director del departamento de Ingeniería eléctrica de la Universidad de Oklahoma, sobre “Los ingenieros titulares y las necesidades de la industria“, publicado en Engineering News Record, en enero de 1918 y uno sobre “El bicentenario de D’Alembert”, publicado en Engineering el 25 de enero de 1918.

Y aparecía un apartado dedicado a la correspondencia con los lectores donde se respondía a cuestiones planteadas por lectore de Puertollano, Barcarrota (Badajoz) y Coruña.

También ese día el ya mencionado crítico de arte del periódico Francisco Alcántara (n. 1854) hacía un amplio y atinado resumen de la “notabilísima” conferencia que había impartido en el Ateneo de Madrid el día anterior el profesor de Historia del Arte y crítico de ABC Rafael Domenech (n. 1874) sobre “La cultura de un artista”, organizada por una activa sección de Artes Plásticas de esa institución cultural madrileña.

Por su parte la colaboradora Beatriz Galindo firmó el artículo “Lo que lee la mujer” donde hacía una valoración de las lecturas preferidas por las mujeres cultas italianas, francesas e inglesas, dejando para un próximo artículo su valoración sobre las lecturas de las mujeres norteamericanas y españolas.

El Sol Derecho y Legislación

La sección semanal que dedicaba El Sol al Derecho y Legislación los sábados se abría el 23 de febrero de 1918 con un amplio artículo del responsable de la sección el catedrático de Derecho Político de la Universidad de Granada Fernando de los Ríos (n. 1879) quien firmaba el artículo “En torno al sufragio. El derecho electoral y la democracia”, en vísperas de unas importantes elecciones al Congreso de los Diputados. En él exponía las diferencias entre el escrutinio uninominal y el escrutinio por lista y explicaba cómo la legislación española sobre gastos electorales impedía la igualdad de oportunidades en la lucha electoral mostrando cómo “la lucha del poderoso con la del hombre modesto es en extremo desigual, por el carácter hondamente plutocrático de nuestra ley. Se ha hecho un Senado a base de una condición en sus miembros, que excluye a los no ricos, y se ha dado una ley electoral para diputados que opone serios obstáculos a la incorporación de las clases medias”, finalizando su reflexión con esta pregunta retórica: ¿Y es conciliable una legislación de este tipo con las exigencias más elementales de la democracia?”.

El apartado Libros y Revistas de esa sección ofrecía la reseña de tres trabajos aparecidos en el volumen de 1917 del Journal du Droit International. Uno era el del profesor de la Universidad de Neuchatel, G. Sauser-Hall, sobre “La nacionalidad y la naturalización en Derecho suizo”. Otro era del profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Toulouse A. Merignhac sobre “Los procedimientos diplomáticos de los imperios austroalemanes en el curso de la guerra 1914-1917″. Y el tercero de M. D’Amelio sobre “Signos por los cuales puede reconocerse una Sociedad como nacional en Italia”.

En el apartado Jurisprudencia el colaborador de la sección Pablo de Azcárate (n. 1890) resumía varias sentencias de tribunales franceses e italianos.

El Sol Agricultura y Ganaderia

En la sección semanal dedicada a Agricultura y Ganadería El Sol del domingo 24 de febrero publicaba el artículo del responsable de esa sección Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) “Por la España agrícola. Las elecciones y la agricultura” en el que hacía un detallado análisis sobre las razones de la inexistencia de un partido agrarista entre las fuerzas políticas que concurrían a las elecciones que se celebraban ese domingo.

En el apartado “Original ajeno” de esa sección aparecía el nombre del ingeniero agrónomo José María de Soroa firmando un artículo sobre “Los abonos radiactivos“. En él trataba de los fundamentos de la radiactividad agrícola y las reglas de aplicación de sus fertilizadores, cuestión “que nos parece el de más oportunidad e interés para los agricultores, por si alguno los ensaya”. Recomendaba a demás a quienes tuviesen interés por conocer la teoría de las emanaciones del radium la obra de Carlos R. Gibrou “La ciencia al día” e informaba de diversas experiencias realizadas por el catedrático de la Universidad Central Muñoz del Castillo, por agricultores mallorquines y en el Instituto de Radiactividad que había conseguido un aumento notable de la producción de diversos productos como maiz y alfalfa, y diversos frutales   empleando fertilizadores radiactivos extranjeros o uno preparado en la localidad mallorquina de Andraitx.

En el apartado “Leyendo revistas” de esa sección había una breve reseña de un artículo sobre “La clorosis de la viña” publicado en Le progrès Agricole et Vinicole de Montpellier, en su número de 2 de diciembre de 1917.

También el ejemplar de El Sol del domingo 24 de febrero publicaba su suplemento cultural “Hoja Literaria”. En él el lector tenía acceso a las siguientes colaboraciones: el artículo “Galana y Relucia” de la condesa de Pardo Bazán (n. 1851); el apunte de la semana que en esa ocasión Enrique Díez-Canedo (n. 1879) con el títutlo “El planeta chino” dedicaba a la edición que había hecho Mr. A. D. Waley, de la Escuela de Estudios Orientales de Londres, de poemas chinos de la dinastía T’ang, “la más gloriosa en la literatura del celeste imperio”, donde destacó el poeta llamado Po-Chu-I, que vivió entre los años 772 y 846 de nuestra era; el poema “Las palomas del molino” de Pilar de Cavia (n.1860); Sonetos de Ramón de Basterra (n.1888) y el folletón de Ramón Pérez de Ayala (n. 1880), “Lás máscaras”, que dedicaba ese día a “La tradición y los gitanos”.

 


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Aguafuertes en el Ateneo, Galdós por Victorio Macho y un Anuario agrícola de un ingeniero agrónomo: El Sol 17 febrero 1918

El ejemplar del diario El Sol abría su portada del domingo 18 de febrero ofreciendo una amplia cobertura de la conferencia que había dado el día anterior en el Palacio de la Música Catalana de Barcelona el ministro de Hacienda del gobierno español Juan Ventosa Calvell (n.1879), y dirigente de la Lliga Regionalista, sobre el tema “El momento actual y nuestra actuación”.

En páginas interiores la información cultural era amplia y variada. El crítico de arte del periódico Francisco Alcántara dedicaba su sección “La vida artística” a comentar elogiosamente la exposición de aguafuertes que había organizado en El Ateneo de Madrid Francisco Pompey (n.1887), uno de cuyos visitantes sería Manuel Machado, quien también en su diario que publicaba en El Liberal nos dejó sus impresiones acerca de ese evento artístico.

Como siempre los juicios y las opiniones de Francisco Alcántara son interesantes de leer. Por ello me permito transcribir una parte de su crónica donde aborda la relación entre los artistas y los públicos

Muy hermoso e instructivo es poder contemplar en el saloncito del Ateneo lo que podría titularse “Un siglo de aguafuertes españolas”, porque, en efecto, algunas de las expuestas de Goya se hicieron, casi casi, “tal día como” del siglo pasado. Muy bello y muy instructivo, porque aparte de Goya, que vale, no por un siglo, por una edad, de Fortuny y de Galván, el escaso rendimiento de aguafortistas de nuestro país enseña que no los tenemos; no por carecer de temperamentos artísticos, de aptitud para grabadores, todo lo cual superabunda; no tenemos grabadores en aguafuerte en abundancia, porque el aguafuerte es una labor exquisita y costosa y requiere para ser estimada, un público sensible, capaz de exquisiteces, y rico de tradición, sociedad rica de tradición, de añeja prosperidad, de añejo buen gusto y añejo y sabio regodeo sensualista. Tenemos pintores porque nuestra sangre es un volcán de sensualismo estetico cromático y los produce como los climas tropicales su flora y fauna enormes y profusas; pero no los sabemos educar, disciplinar, porque una sociedad semibárbara no educa a nadie. …¿Qué sería de nuestros pintores sin el público universal? A los pocos que triunfan, él, el público universal, nos los educa y luego nos los paga….Al cabo, los grandes pintores hasta que no venden fuera no hacen dinero. Brindar con aguafuertes a nuestros políticos, a nuestro profesores, altos empleados, banqueros, militares, magistrados, sacerdotes, tanto valdría como ofrecérselas a un poste; si hay cien personas en España que de eso distingan, será un milagro. Hay que hacer la nación desde la escuela. Por hoy, la nación que ambicionamos es una ilusión. Y no es que yo crea que una ilusión vale menos que una realidad; no, una ilusión, cuando acalora entrañas poderosas, es más que todas las realidades; lo que hay es, que sólo encarnada en la realidad fructifica la ilusión.Usted, simpático iluso, Francisco Pompey, ha empujado un poquito nuestra gran ilusión patriótica hacia la realidad apetecida. Sea enhorabuena.

Por su parte el suplemento cultural dominical Hoja literaria publicaba colaboraciones de: Miguel de Unamuno “Más sobre el hombre de la mosca” [del exrector de Salamanca también El Sol de ese día recogía un resumen del mitin electoral celebrado en el local de las Sociedades obreras de Salamanca para proclamar a Unamuno candidato de las izquierdas para las elecciones a celebrar el domingo siguiente, 24 de febrero. En ese mitin, donde Unamuno pronunció uno de sus mejores discursos según el corresponsal del dario, también interviniero el obrero D. Miguel Lozano, el catedrático D. Demófilo de Buen, D. Fernando Felipe y D. Urbano González de la Calle] ; de Enrique Díez-Canedo “La estatua” sobre la escultura que estaba haciendo Victorio Macho de Galdós, que está instalada actualmente en madrileño parque del Retiro; de Manuel Galán Pacheco “Un hombre libre” a propósito de la carta que había escrito Pío Baroja a “La Publicidad” de Barcelona, defendiendo su actitud neutral ante la Gran Guerra que devastaba Europa; de José Moreno Villa “El búcaro”;   el poema “De la emoción fugitiva” de Francisco A. de Icaza y el folletón “Las máscaras” de Ramón Pérez de Ayala, donde hacía una disección de la Real Academia de la Lengua, mostraba su admiración sobre los bailes de Pastora Imperio, y hacia una digresión sobre el baile gitano y los gitanos.

 

Galdós por Victorio Macho

Escultura de Galdós por Victorio Macho en el parque del Retiro de Madrid

 

En cuanto a la información científica estaba concentrada en la sección dedicada a la Agricultura y Ganadería, que cubría la última página de esa edición dominical del periódico, y donde su responsable Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) estaba omnipresente. Por una parte, en el marco de su recorrido Por la España agrícola, firmaba desde Mohedas de la Jara, donde estaba instalado el miércoles de Ceniza de 1918, un largo artículo sobre “Una región natural:´La Jara´”, que por su importancia transcribo en su totalidad otra entrada de este blog, (ver aquí),  donde llamo la atención acerca de cómo Hoyos Sainz omite en sus referencias bibliográficas las aportaciones sobre la cuestión de las regiones naturales de otro de los colaboradores de El Sol Juan Dantín Cereceda.

Por otro lado hacía una amplia reseña del Anuario-Agenda Agricola para 1918 del ingeniero agrónomo José María de Soroa, que elegía como libro de la semana.

Anuario Agenda Agrícola

 

El inicio de esa reseña decía así:

No corresponde, en realidad, el epígrafe de la sección al libro que presentamos, pues no de la semana, sino del año entero, es este reducido y manuable, pero rico y concentrado, libro del ingeniero agrónomo Sr. Soroa, que con esta edición entra en el cuarto año de su publicación.

Es una guía práctica, un vademécum del agricultor y del ganadero, recordatorio permanente de los datos y cifras que en la vida diaria de la explotación del campo y del ganado se han de utilizar. Analogo a la universal “Agenda agrícola” de Werry, que en Francia viene reemplazando a las ya clásicas de Vermoral, de Sylvestre y de Henry, pasando a las consuetudinarias publicaciones de Thiel en Alemania, especialmente al “landwirtschaftlicher Hüfs und SchreibKalender” y a sus reproducciones italianas, tiene esta agenda del Sr. Soroa, como precedentes en España, a varios almanaques agrícolas demasiado vulgares y rutinarios, salvo, tal vez, el que “La Agricultura Española” publicaba en Valencia a principios del siglo, y mejor aún, por tener un criterio más científico y técnico, el que publico el ingeniero y catedrático señor Sánchez Bousana, y el excelente Anuario que daba a luz anualmente el “Resumen de Agricultura“, de Barcelona.

Como todos ellos, trata de vencer la insuperable dificultad de reducir y quintaesenciar en pocas páginas todos los datos y valores de la enciclopedia agrícola, y el mérito especial de estas obras, alcanzado en parte por el Sr. Soros, es la ordenación y el buen criterio para escoger los materiales originarios.

Finalmente Luis de Hoyos Sainz resumía dos artículos de dos revistas italianas La Agricoltura Italiana y Rivista Agricola sobre “La limpieza del olivo” y “La desmargarización de los aceites”.

 

 

 

 

 

 

 


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Una aportación del catedrático de instituto Luis de Hoyos Sainz al estudio de las regiones naturales españolas: el caso de La Jara

Como expuse en una entrada anterior de esta bitácora -ver aquí–  José Ortega y Gasset (n. 1883), tras un viaje a Asturias en el verano de 1915, explicó muy bien por qué la geografía de aquel entonces concedía cada vez mayor importancia a la idea de “región natural”, sosteniendo el filósofo madrileño que se había convertido “en el fenómeno matriz de la investigación geográfica”. En su opnión frente al concepto abstracto de España, que es una “construcción mental nuestra”, la región natural “afirma su calidad real de una manera muy sencilla: metiéndosenos por los ojos”. Y añadía el filósofo madrileño “de la región podemos tener una imagen visual adecuada, y viceversa, sólo es región, sólo es unidad geográfica aquella parte del planeta cuyos caracteres típicos pueden hallarse presentes en una sola visión”.

Meses después el científico y docente Luis de Hoyos y Sainz (n. 1868) fijó también su atención en las regiones naturales como objeto de estudio de los geógrafos. No sabemos sí Luis de Hoyos había leído a Ortega. Si conocemos que ambos habían coincidido en la Escuela Superior del Superior en el curso 1909-1910 antes de que Ortega diese el salto a su cátedra de Metafísica de la Universidad Central. Y que Ortega debió de intervenir, probablemente, en la incorporación de Luis de Hoyos, próximo al Partido Reformista por aquel entonces, a las páginas de El Sol como responsable de la sección Agricultura y Ganadería, que publicaba ese diario todos los domingos en su última página.

En efecto el domingo 17 de febrero de 1918 Luis de Hoyos Sainz, que estaba haciendo un recorrido por la España agrícola en sus colaboraciones dominicales en El Sol, dedicó el artículo de ese día a ofrecer a sus lectores una detenida explicación de por qué era importante el estudio de las regiones naturales en el marco del movimiento regionalista pujante en la sociedad española de aquel entonces, exponiendo como caso digno de ser tenido en cuenta el de la Jara,región natural que abarcaba tierras de Cáceres y Toledo, y también de Badajoz y Ciudad Real, y que tuvo ocasión de visitar en el mes de febrero de 1918.  De hecho fechó su texto desde Mohedas de la Jara el miércoles de ceniza de ese año. Hasta ese lugar del centro de la Península Ibérica habían llegado los terribles efectos de la Gran Guerra que desangraba y empobrecía a la Europa de hace un siglo. Procuró asimismo que su crónica de viaje fuese rica en hechos y observaciones sobre sociología agraria exponiendo la injusta distribución de la propiedad de la tierra existente en diversas poblaciones de la Jara, y las dificultades de los lugareños por acceder a los bienes comunales por la presión de los aristócratas terratenientes y de los caciques.

El Sol Agricultura y Ganaderia

He aquí pues las reflexiones y consideraciones de interés para geógrafos, viajeros y sociólogos expuestas por Luis de Hoyos Sainz en el artículo “Por la España agrícola. Una región natural: ‘La Jara'” que dice así:

Esta crónica lo es de veras “Por la España agrícola”; lo es de andar y ver, en pleno campo y a través de montes y sembrados, recorriendo sierras y lugares, hablando con los pastores y labriegos, y buscando, en suma, el dato directo y vivido de la tierra y de los hombres en una región natural o país de la Península, en La Jara.

Las regiones naturales agrícolas

 Son las regiones naturales las unidades elementales, no ya sólo de la Geografía física, sino de esa misma Geografía humana creada por Ratzel y metodizada por Brunhes; las divisiones que resultan del concertante de los elementos que caracterizan cada zona del globo: suelo, clima, vegetación y fauna, y hasta el hombre mismo y sus manifestaciones elementales iniciales o naturales de vivir. Su estudio y caracterización es la base esencial y genética de la Geografía regional o Laenderkunde, que actualmente puede ser sintetizada en los libros de Gallois y de Févre y Hauser, como guías de conjunto o iniciación en estas cuestiones, Regions naturelles et noms de pays, el del primero, y Regions et pays de France, el del segundo, o por las publicaciones orientadas ya en su aspecto histórico o social, y aun económico, de Beer y Bloch. Más útiles son aún para conocer este concepto de país o unidad elemental geográfica, indecisa y difícil a veces, las monografías concretas iniciadas en la pura Geografía física en 1888 por Lapparent, y adaptadas al conocimiento agrícola de cada región, por el profesor Rusler, en las clásicas descripciones de su Geologie agricole; siendo en el día modelos que seguir la descripción de La Picardie, del profesor de la Universidad de Lille M. Demangeon; la descripción de Le Bern por M. Vacher, o la del Var supérieur, por Sion.

En España, aunque, a juzgar por el actual movimiento regionalista, y aun localista, parece cosa conocida y dominada, el conocimiento de las regiones sólo está abocetado, y éstas, difusa e imprecisamente conocidas y determinadas, pudiendo sólo citarse los trabajos que los ingenieros del Mapa geológico de España dieron a conocer en las monografías provinciales, y que, en unión con los datos recogidos en el inolvidable Diccionario geográfico de D. Pascual Madoz, vienen repitiéndose en todas las publicaciones geográficas e históricas; y de las agrícolas, salvo los ensayos de Vilanova y sus compañeros, sólo hay algún artículo inspirado en el Cuestionario para el estudio de las regiones agrícolas de España que publiqué en 1904 como apéndice a Las bases de la Geología agrícola de España.

 Inútil es decir el interés y la utilidad de una serie de monografías parciales; hechas siempre por individuos de cada país o región, aun de las que se tienen por muy acusadas o características, aunque mal limitadas y definidas, como el Vierzo (sic) o Las Encartaciones, en el Norte; la misma Tierra de Campos, Torozos, La Berzosa, la Bureba o la Tierra de Pinares, en Castilla; las Barderas (sic), el Castellar o Ribagorza, en Aragón; el Maestrazgo, la Plana o la Huerta, en Valencia; la Vera, la Alcarria, la Sagra, la Alcudia, la Serena y la misma Mancha, en el Centro y Extremadura; las Alpujarras, la Vega, la Serranía, las Marismas o los Pedroches, en Andalucía. Y claro es que mayor interés había en sacar a luz del conocimiento científico esas regiones o zonas que sólo para los naturales tienen personalidad y que ocupan todo el territorio de lo que pudiéramos llamar la España inominada, por ser evidente que las divisiones políticas y administrativas nada dicen ni representan, pues el hecho natural persiste y se impone a la nominación artificial, por legal y útil que sea.

 

Fuente del Sauzeral. Sierra de Altamira. Mohedas de las Jara

Fuente del Sauzeral. Sierra de Altamira. Mohedas de la Jara

 

La Jara toledana.- La Jara y la guerra

 Si hay tipo y fijeza en alguna región natural, ha de alcanzarle por la tierra o por las plantas, o mejor aún, por ambas cosas a la vez, ya que la flora es secuela del terreno; no tiene jamás igual valor, realidad y persistencia la región histórica, mutable y tornadiza, en tiempo más o menos largo. Por esto, La Jara, que debe su nombre al predominio de esa mata leñosa que los botánicos llaman “cistus”, rica en variedades, pero uniforme en aspecto y característica en las facies de matorral con que cubre el suelo, es una realidad natural en el suelo toledano o en el extremeño; que no sería fácil resolver el conflicto de jurisdicción al señalar provincia a La Jara: porque por tierras de Toledo y Cáceres, y con intrusiones por Ciudad Real y tal vez por Badajoz, se extiende La Jara, formando una región de matorrales en que el madroño y la retama, como matas, y la encina, como árbol, cubren las sierras ásperas y rojizas, y hasta bajan a las vegas del Tajo y los pequeños ríos que le acrecen.

Que la planta dominó el terreno para formar la región, lo prueba el que los matorrales se salieron de su dominio geológico de pizarras areniscas y rocas antiguas, que en tres zonas se extienden desde el Tajo a los Montes formados por rocas silúricas, que a media ladera ceden el paso a las cámbricas y, junto al río, a los granitos y gneis, desde Aldeanueva de Barbarroya a entrar en Cáceres por el mismo Puente del Arzobispo. Pero salió La Jara de estas tierras arcaicas limitadas, ha ya muchos años, por el patriarca de la Geología, D. Daniel de Cortázar, y corrióse por arenas y tierras modernas diluviales, donde se asientan precisamente Alcaudete y Belvis de la Jara, que por ser sitios de vega y llano fueron los primeros sustraídos al matorral y conquistados para el cultivo, quedando el nombre, pero perdiendo lo que al país de La Jara caracteriza.

Por crecer la jara, es ya indicio de que la tierra es buena, pues allí donde ésta se empobrece, sólo queda la retama y aun el brezo, si baja más la natural fertilidad del suelo; por esto la jara típica desaparece, la tierra se rotura y el cultivo sustituye al monte bajo. Y este proceso ha sido constante y se ha detenido y retrasado por la gran propiedad improductiva y perezosa, y lo difícil del transporte y acarreo; pero la guerra, ¡la gran guerra!, repercutió en La Jara. El carbón y las leñas triplicaron su valor, y lo que se perdía en el monte, porque sacarlo de él no era negocio, se puso en condiciones de mercado, y la tala y la roza de árboles y arbustos desmataron fanegas y fanegas de tierra; y como los pastos son lentos de formar, el arado rompió la tierra virgen, y el trigo, o la vid o el olivo comienzan a cubrir llanadas, lomas o laderas, borrando La Jara, que queda encerrada en los ásperos barrancos separados del camino real en las fuentes del Gébalo, el Huso o el Sagrera.

Las dehesas y los pobres

En dos épocas, cuenta la Historia el hecho, aunque calle las causas, se despobló La Jara: en el siglo XI, y posteriormente, aunque en proporción menor, en el XIV; por evidente no exige prueba que la primera despoblación fue obra de la Reconquista; la guerra ahuyentó a las gentes, y los capitanes y nobles se adueñaron de las tierras, adehesaron y cerraron en cotos redondos o cuadrados las propiedades cultivadas por los campesinos; perdieron el cultivo o redujéronle a siervo de la ganadería y aun de la caza, y establecieron ese absurdo régimen de la gran propiedad señorial, pero inculta; grande, pero improductiva, y legal o legalizada, pero inmoral e injusta.

Aquella despoblación la hicieron los señores; la del siglo XIV, los bandidos, los célebres Golfines; pero justo es reconocer que la obra de éstos fue menos cruenta para el campesino, y menos dañosa para la economía nacional, que la de aquellos. Con los Golfines acabó la Santa Hermandad, y con sus retoños, la Guardia civil; con la obra de los que detentaron la tierra, luchan aún los que la fecundan y no la gozan, ¡y luchan para tiempo!

Hay en los pueblos serranos y en los ribereños de La Jara modelos típicos, ejemplos probatorios de la necesidad de traducir a España la novísima ley inglesa de la propiedad y la producción de la tierra. Ese intervencionismo social en busca del mayor bien de todos que la guerra crea o afirma en todos los Estados, beligerantes o neutrales, es aquí necesario y urgente. Esa ley inglesa, que por tal es más pensada y real y armónica que las anteriores, está en germen en el deseo de estos campesinos de La Jara, que sospechan el derecho a que la tierra produzca para todos, propietarios y obreros, y produzca lo que sea más útil, y lo produzca a un precio remunerador, por igual para el poseedor de la tierra y para el trabajador de la misma.

Hay por aquí lo que yo llamaría el problema de las dehesas, rico en variantes, y por ende, en soluciones, pero todas dirigidas a la obra de justicia y de sentido común económico de que no quede tierra sin producir y de que produzca para todos.

El Estado, los nobles y los caciques, enemigo de los pueblos

 Contra el Estado, por las dehesas y terrenos de propios, catalogados y administrados por el Cuerpo de Ingenieros de Montes, hay varios casos; pero es típico el de un pueblo de los montes, con picota en la plaza y hambre en la gente: Espinoso del Rey. Allí todos, pobres y ricos, jornaleros y propietarios, piden que la dehesa sea roturada y repartida en suertes, para que los no propietarios lo sean y tengan un labrantío propio que asegure el vivir aleatorio de trabajar lo ajeno.

Bastaría roturar y repartir equitativamente la dehesa de Espinoso del Rey para resolver, como quiere y en la medida que estima necesaria el señor Comisario de Abastecimientos, Sr. Silvela, el déficit del cultivo. Cuatro mil fanegas allí se conquistan, y no es preciso buscarlas por otros pueblos y provincias, salvo si la Comisaria rectifica sus cálculos, que buena falta hace, porque los números parecen un poco anárquicos en la flamante oficina, y a los tres ceros de las 4.000 hectáreas no se añaden dos, para elevar a 400.000 las que realmente pueden y deben buscarse como aumento en la producción y justo reparto de tierras que transforme en propietarios a los braceros y aquiete las justas protestas y acalle las voces petitorias de los que sufren las dos hambres; la de justicia y la de pan.

Los nobles, lo que dieron por suya la tierra que para la patria conquistaban, son, aun contra razón y necesidad de los vecinos de Oropesa, la vieja villa de los castillos y los palacios, y contra justicia, una sentencia que no se cumple del Tribunal Supremo, los detentadores de sus dehensones, que, usados en común por todo el vecindario, resolvía la escasez de pastizales que para los ganados tienen, y que utilizados por los pobres en labrar partes adecuadas, resolvería la vida de cientos de familias.

Los caciques, forma degenerativa de los feudales, son los que al pueblo de Belvís de La Jara le privan del usufructo de una dehesa, acotada, deslindada y demarcada como bienes del pueblo, pero utilizada en pastos o en labores por la media docena de favorecidos del expediente y el balduque.

Y aquí termina esta crónica de viaje por La Jara, rica en datos y enseñanzas, en lo que a la sociología agrícola atañe.

Luis DE HOYOS SAINZ. – Mohedas de la Jara, Miércoles de Ceniza del 1918


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El Centro de Estudios Americanistas de Sevilla, un panorama sobre la literatura hispanoamericana, y la producción de vino y algodón en España: El Sol 10 de febrero de 1918

El ejemplar del diario El Sol del domingo 10 de febrero de 1918 contenía numerosas informaciones sobre la campaña electoral que se estaba desarrollando en el país. El editorial del día estaba dedicado a la nota diplomática enviada por Italia al gobierno español con motivo del torpedeo del “Duque de Génova” en aguas jurisdiccionales españolas. En la primera página del periódico destacaba también el artículo enviado por Julio Camba (n.1884)  desde París “Bergson, filósofo ´chic´”

También daba cobertura al propietario de El Sol, el ingeniero vasco Nicolás María de Urgoiti (n.1869), a quien los trabajadores de la Papelera Española le acababan de hacer un homenaje con motivo de sus bodas de plata como empresario de ese imperio papelero formado por doce fábricas, seis talleres, doce almacenes y tres delegaciones.

Asimismo reproducía el real decreto del Ministerio de Instrucción Pública que publicó la Gaceta de 9 de febrero por el que se reorganizaba el Centro de Estudios Americanistas, establecido en el Archivo de Indias, que venía publicando un Boletín desde 1913 (accesible aquí)

La Hoja Literaria albergaba colaboraciones de Miguel de Unamuno sobre “El hombre de la mosca y el del colchón”,de Alberto Ghiraldo sobre “Páramos. La visión del viajero”, el poema “La distancia” de Luis Fernández Ardavín y dos artículos de Enrique Díez Canedo (n.1879): el correspondiente a sus Apuntes de la semana que con el título “Un romance fronterizo” dedicaba a comentar el folleto de Pío Baroja El cura Santa Cruz y su partida y el titulado “Crítica literaria. Las literaturas hispanoamericanas. Algunos libros recientes para su historia“.

En esta colaboración efectuaba una valoración de los trabajos de varios críticos e historiadores americanos, como el norteamericano Alfred Coester (n. 1874) autor de The Literary History of Spanish America publicada en 1916; el peruano Ventura García Calderón (n.1886), “autor de dos libros notables: Del romanticismo al modernismo en el Perú y Parnaso peruano”; el dominicano Pedro Henríquez Ureña (n. 1884), quien había promovido la edición de una Antología del Centenario auspiciada por el gobierno mexicano y había formado en ese país “un núcleo de jóvenes entusiastas de la literatura y aptos para esclarecer los problemas de su producción nacional según los nuevos métodos científicos”; los mexicanos Genaro Estrada (n.1887) autor de la magnífica antología Poetas nuevos de México de 1916 y Luis G. Urbina (n.1864) que acababa de publicar en Madrid el libro La vida literaria de México y había colaborado en la edición de la Antología del Centenario con un trabajo sobre “La literatura mexicana durante la guerra de la Independencia”; el venezolano Rufino Blanco-Fombona (n. 1874) que había publicado el tomo de ensayos Grandes hombres de América (siglo XIX) y seguía dirigiendo la “Biblioteca Andrés Bello”, “en que reimprime y divulga las mejores obras de los principales escritores americanos, y a la que no habría reparo que poner si las ediciones fuesen más correctas y esmeradas”; el cubano José María Chacón y Calvo (n.1892), de quien encomiaba su última obra Cervantes y el Romancero y sus libros sobre los autores de su país estudiados en Origenes de la poesía en Cuba y Romances tradicionales en Cuba y sus estudios más recientes sobre Avellaneda y Heredia.

En un suelto se hacía saber que según los datos oficiales publicados en el último número del “Boletín del Ayuntamiento” por la Junta técnica de Salubridad e Higiene el total de las casas saneadas de Madrid, con arreglo al bando de 5 de octubre de 1898 e instrucciones complemenarias, ascendían a 8,839. Como viviendas saneadas se consideraban aquellas que estaban aisladas de la alcantarilla, con sifones hidráulicos, efectos de descarga de agua y ventilación en los respectivos servicios sanitarios e higiénicos.

El Sol Agricultura y Ganaderia

En la sección Agricultura y Ganadería su responsable el catedrático de la Escuela Superior de Magisterio Luis de Hoyos Sainz (n.1868) proseguía su recorrido por la España agrícola, dedicando su colaboración de ese domingo a “La cosecha de uva y la producción de vino en España”.

Expuso en ese artículo cómo la cosecha de 1917 había sido la más alta de la que se tenía noticia pues la producción de uva había ascendido a 40.693.141 quintales métricos, de los que se habían obtenido casi 24 millones hectolitros de mosto,  cuando en 1898, “el año del desastre nacional”,  la cosecha de uva había sido de algo más de 35 millones de quintales, superando la producción de mosto por poco los 20 millones de hectolitros. Y subrayó cómo la producción de vino en España era mucho menor que en Francia e Italia. Explicó además la existencia de dos modelos en las provincias vinateras españolas representadas por Barcelona y Ciudad Real. Aquella, “con una enorme diferencia sobre todas las restantes provincias” era la gran productora de vino, aunque no fuese la primera en superficie: de 734 mil hectolitros producidos en 1898 había llegado a producir en 1917 3.852.400 hectolitros, quintuplicándose su producción.  Sin embargo Ciudad Real siendo la primera en extensión de viñedos solo había alcanzado una producción de vino de 2.381.832 hectolitros, obtenidos de 4 millones y medio de quintales de uva, frente a 5.791.000 que había alcanzado Barcelona. Diferencias que se debían a la variación de rendimientos. Finalizaba Hoyos Sainz su artículo señalando que continuaría analizando esas estadísticas “para sacar consecuencias y enseñanzas de sus números, que solos por sí, como todos los valores absolutos, poco o nada dicen, resultando la fecundidad para el conocimiento de sus relaciones y proporciones, que juntando lo aparentemente separado crea las leyes que rigen al número, y en este caso a la producción”.

El apartado “Original ajeno” de esa sección lo cubría nuevamente el ingeniero agrónomo Enrique Cremades quien firmaba el artículo “La producción y consumo del algodón”. En él señalaba que después de haber demostrado en artículos anteriores que el algodón podía cultivarse en “una parte de nuestro territorio con excelentes beneficios” tenía interés en esa colaboración mostrar “la importancia de esta materia, y cómo se reparte la producción y el consumo en el mundo, especialmente en cuanto a Europa y nosotros se refiere en relación con el consumo, para deducir luego consecuencias sobre la conveniencia de cultivarlo en nuestro país en gran escala”.

El apartado “Leyendo Revistas” estaba dedicado  a reseñar un trabajo sobre el cribado del trigo para siembra de G. Gaudot publicado en el número 2  de 1918 del Journal de l’Agriculture Pratique.

 


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Dos conferencias acerca de “El clima de España en la época histórica” y sobre la República de Platón a estudiantes socialistas en El Sol 3 de febrero de 1918

En las noticias políticas correspondientes al domingo 3 de febrero de 1918 El Sol informaba a sus lectores del acuerdo adoptado por el gobierno chileno para enviar a Madrid una misión en viaje de estudio y prácticas militares.

Respecto a otro tipo de informaciones cabe destacar las siguientes.

En él ámbito científico se daba cuenta en un suelto de la reunión celebrada el día anterior por el comité ejecutivo de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias en la que se tomaron diversos acuerdos. Se designó a Bilbao como sede de su próximo congreso  durante la primera quincena de septiembre de 1918 (sic): se celebraría en 1919. Se encargó su organización el director de la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao Leopoldo Elizalde. Se designó al ingeniero Leonardo Torres Quevedo para leer el discurso inaugural. Se decidió que simultáneamente al Congreso se celebrase una exposición de material científico español, es decir, de invención o construcción española, “en la que se prestará particular atención a todo lo que signifique un progreso en la higiene y en la seguridad de los obreros en el trabajo industrial”.  También se “dedicó un sentido recuerdo a la memoria de los sres. Azcárate (1840-1917) y Mier, recientemente fallecidos”.

El Sol Agricultura y Ganaderia

La sección Agricultura y Ganadería contenía tres colaboraciones. En la primera el responsable de la sección Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) continuaba su recorrido por la España agrícola con un nuevo estudio sobre el trigo, ofreciendo datos y consejos para mejorar la producción del “cereal rey” en un año en el que se hacía necesario importar 250.000 toneladas de trigo argentino. En la segunda se extractaba la conferencia impartida la noche anterior en el Ateneo por el ingeniero de Caminos Pedro M. González Quijano (n.1870), director del pantano de Guadalcacín,  sobre “El clima de España en la época histórica”. En ella quien era presentado como el líder de los ingenieros hidráulicos expuso sus planteamientos en la polémica científica que estaba sosteniendo con los ingenieros forestales sobre la mejor gestión de los recursos naturales españoles. Si estos consideraban que la mejor solución para combatir los períodos de sequía que azotaban a la Península era la repoblación forestal, aquellos defendían que opción hidráulica, es decir utilizar “el caudal de nuestros rios” y embalsar las aguas invernales para gastarlas durante la estación seca.

En el ámbito educativo se reproducía una carta del director general de Primera enseñanza, el botánico y farmacéutico Marcelo Rivas Mateos (1875-1931) al director de El Sol en la que pedía colaboración al Banco de España y a la Asociación de la Prensa para que ayudasen a financiar escuelas públicas en los dos barrios madrileños donde había más niños sin escolarizar como eran Pacífico y Cuatro Caminos. Esa idea sería saludada con simpatía por Manuel Machado en su dietario que publicaba en El Liberal, y que voy editando en mi otra bitácora (ver aquí).

En la misma página se informaba que un grupo de estudiantes socialistas había inaugurado una serie de conferencias doctrinales sobre cultura popular societaria. La primera conferencia la había dado Luis de Zulueta (1878-1964), analizando “La República” de Platón, libro que relacionó con los tiempos actuales.

La Hoja Literaria, que El Sol solía publicar los domingos, reunía colaboraciones de: José Ortega y Gasset (1883-1955) quien publicaba la segunda parte de su análisis de la obra del poeta Rabindranath Tagore, que estaba dando a conocer al público hispano la pareja formada por Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez; poemas de José Moreno Villa (1887-1955); Miguel de Unamuno (1864-1936) que firmaba su artículo “Arabescos en torno del cetro”, la habitual colaboración semanal de Enrique Díez-Canedo (1879-1944) que dedicaba su Apunte de la semana a explicar la expresión “Meterse con Mengano” y el folletón de Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) “Las Máscaras”, dedicado ese día a “El melodrama”.


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Ciencia, cultura y educación en “El Sol” a lo largo de la última decena de enero de 1918

 

Anuncio ejemplar Mundo Grafico  del miércoles 23 enero 1918

Anuncio del ejemplar del semanario ilustrado Mundo Gráfico correspondiente al 23 de enero de 1918

 

 

El Sol 25 enero 1918 situacion militar

Mapa publicado por El Sol el 25 de enero de 1918

 

En un contexto nacional e internacional definido en parte por las dos ilustraciones anteriores los colaboradores del diario  El Sol seguían tomando el pulso a la vida cultural y a los problemas científicos y educativos de los últimos días de enero de 1918 de la forma que se resume a continuación, jornada a jornada.

 

Martes 22 de enero de 1918

La autora de la columna Diario de la mujer Beatriz Galindo se congratulaba de que gracias a las campañas higienistas lideradas por los médicos el baño diario empezara a generalizarse no solo entre los niños pequeños de la clase media y alta madrileña, sino también entre bastantes de la clase obrera y no dudaba en participar en esa campaña al sostener que “el lavado general y diario contribuye en grado sumo al hermoso desarrollo de la raza y aumenta, al propio tiempo, la frescura del cutis, la elasticidad del cuerpo, la transparencia y suavidad de la piel”.

La sección Biología y Medicina fue protagonizada por dos jóvenes investigadores. Uno era  Juan Negrín (n. 1892), a quien la JAE -por gestiones de Cajal- acababa de dotarle de un laboratorio de Fisiología General tras haberse doctorado en Alemania con 20 años, y haber vivido en ese país durante casi una década.  Firmaba un largo artículo sobre “La regulación de la vida vegetativa”, que posiblemente sea una de sus primeras apariciones en la esfera pública, a no ser que sus biógrafos como Enrique Moradiellos opinen lo contrario. Explicaba en ese artículo el papel que desempeñaban los agentes químicos, producidos por los órganos endocrinos o de secreción interna, y nerviosos para establecer la unidad funcional del organismo. El interés de Juan Negrín era mostrar las limitaciones del punto de vista del biólogo francés Bichat sobre el dinamismo orgánico y exponer y justificar, basado en una serie de experimentos con animales, su planteamiento de que “los organismos pluricelulares precisan y disponen de agentes de correlación interorgánica, sin los cuales sería imposible una coordinación funcional. Estos agentes son los factores de la organización del individuo, los que intervienen y regulan su dinamismo”.

El otro era Miguel Prados Such (.1894), hermano del famoso poeta Emilio Prados (n. 1899) y que llegaría a ser un notable siquiatra por lo que desde su exilio canadiense pudo sostener económicamente a su hermano durante su exilio mexicano. En la sección Revista de revistas ese martes 22 de enero 1918 reseñaba cinco trabajos aparecidos en publicaciones francesas, suizas, y británicas que versaban sobre cuestiones como “El calzado de tacón alto”, “Hemorragia cerebral múltiple en un caso de insolación”, “Resistencia globular y paludismo”, “Metabolismo del calcio y del fósforo en un caso de raquitismo tardío”, “La función del tejido muscular en la formación de la urea” y “La reacción de Wassermann en la sífilis terciaria no tratada”.

Miércoles 23 enero 1918

Hojeando el ejemplar de El Sol de ese día nos encontramos dos noticias reveladoras.

En una de ellas, bajo el títutlo “Cultura popular. Estadística de lectores” se notificaba que el jefe de la Biblioteca popular del distrito de la Inclusa, situada en la Ronda de Toledo, nº 9, – en el corazón del Madrid popular- había enviado una estadística de los lectores que había tenido esa biblioteca a lo largo de 1917, los cuales habían sido 41.530 desglosados así, por profesiones: 22.981 obreros, 13.485 estudiantes, 3.563 empleados y 1.501 lectores pertenecientes a las profesiones liberales. La Biblioteca estaba abierta los días laborables, de cuatro de la tarde a diez de la noche, y los domingos de diez de la mañana a la una de la tarde.

En la otra se informaba que un claustro extraordinario de la Universidad Central, al que habían acudido pocos catedráticos, había acordado proceder a la rectificación de su censo electoral y no admitir en dicho censo a los doctores que habían obtenido su título sin la previa aprobación de su tesis doctoral, lo que había sido permitido por una disposición ministerial de Julio Burell que había sido severamente criticada en los medios académicos.

En la sección de Ciencias Sociales y Económicas firmaba el catedrático de Economía y Hacienda de la Universidad de Murcia, Ramón Carande (n.1887), otro expensionado de la JAE, un trabajo sobre “Las contribuciones especiales de nuestra Hacienda municipal y aparecía otra colaboración, sin firma, sobre “La administración del ejército francés”. En el apartado de Libros y Revistas de esa sección se resumían dos artículos aparecidos en The Economist, de diciembre de 1917, sobre “La supresión de los intermediarios” y “El valor económico de Alsacia y Lorena”.

Jueves 24 enero 1918

En su sección Geografía e Historia el responsable de la hoja Alfonso Reyes (n.1889) presentaba un largo texto sobre “Américo Vespucio”. En el apartado Libros y Revistas había dos colaboraciones. En una de ellas el catedrático del Instituto de Guadalajara, y también expensionado de la JAE en Francia, Juan Dantín Cereceda (n.1881) reseñaba el Anuario del Observatorio de Madrid para 1918, del que ya se ofreció información en esta bitácora (ver aquí), obra que contradice las afirmaciones que recientemente se hacían en una entrada de la bitácora “Geografía infinita” sobre los masones como primeros meteorológos de España (ver aquí). En otra se hacía un amplio extracto del artículo publicado por Julián Juderías (n. 1877) en la revista La Lectura sobre “España y sus políticos en tiempos de Mendizábal, según lord Clarendon”.

Viernes 25 enero 1918

Ese día se ofreció puntual información de una serie  de conferencias que se habían impartido el día anterior en diversos lugares de Madrid.

Por ejemplo en el Ateneo la sección de Artes plásticas dio la palabra al académico de Bellas Artes Narciso Sentenach (n. 1853), quien disertó sobre El Real Sitio de la Granja que acababa de sufrir un pavoroso incendio; en la sección de Ciencias continuó un animado debate sobre una memoria que proponía la modificación de la enseñanza de la Medicina, en el que participaron, entre otros, el doctor Cortezo (n.1850),  y Madinaveitia hijo, en representación de los alumnos que habían elaborado la memoria que se discutía.  Por su parte el catedrático de instituto José Augusto Sánchez Pérez (n.1882) comentó que había presentado una propuesta para modficar la Segunda Enseñanza. Y en otra sala del Ateneo el abogado gallego Francisco Alvarez Pena disertó sobre “El regionalismo gallego”.

Simultáneamente en la Sociedad Geográfica de Madrid dio una conferencia Eduardo Moreno García sobre la Unión Postal Universal y el funcionamiento del servicio de correos español.

En la sección Ingeniería y Arquitectura su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “Gasificación comparada Paris-Madrid” que aparecía junto a otro texto, no firmado, dedicado a la travesía del Atlántico en aeroplano. En él se analizaba la posibilidad de emprender el salto trasatlántico con un aeroplano de 1.500 caballos de potencia como pretendía un aviador italiano, lo que según el autor anónimo de ese texto ” no consideraba posible la mayor autoridad española en cuestiones de aviación, el capitán de Ingenieros D. Emilio Herrera (n. 1879), jefe del aeródromo de Cuatro Vientos, sobradamente conocido por sabios y profanos para que no sean precisos ni el elogio, ni la presentación”, al que ya se ha dedicado otra entrada en esta bitácora. (ver aquí). En el apartado Libros y Revistas había noticias de siete aportaciones, procedentes de publicaciones españolas y extranjeras. Entre las primeras cabe destacar la información de una polémica que se estaba produciendo en las páginas de la revista Madrid científico sobre la política forestal e hidráulica española entre el ingeniero de Caminos Pedro M. González Quijano (n. 1870) y el ingeniero de Montes Nicolás Ricardo García Cañada y la presentación de la obra del profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid Joaquín Portuondo y Barceló Estudios de economía social y fragmentos, después de que el editor del libro, Antonio Portuondo, también ingeniero de Caminos,le pidiese expresamente ayuda al propietario de El Sol para le ayudase a difundir la obra, como se aprecia en la siguiente carta:

Carta de Portuondo a Urgoiti

 

Sábado 26 enero 1918

Las dificultades de la situación sociopolítica española  iban in crescendo a finales de enero. Se suspendieron las garantías constitucionales en Barcelona y se detuvo al diputado Marcelino Domingo. El editorial de El Sol de ese día se titulaba “Mientras se ataja la anarquía de los de abajo, hay que remediar la anarquía de los de arriba”. Madrid seguía a oscuras al persistir los problemas en su alumbrado.

Por otra parte el corresponsal del periódico en Lisboa, Alejo Carrera, presentaba al nuevo hombre fuerte de Portugal -Sidonio Paes- como un hispanófilo.

En la sección Derecho y Legislación su responsable Fernando de los Ríos (n. 1879) firmaba un artículo sobre “El juicio de “amparo” en el Derecho mejicano” y la protección de la justicia al atropellado arbitrariamente. Y Pablo de Azcárate (n.1890) organizó la parte de la sección dedicada a Libros y Revistas, extractando, por ejemplo, tres artículos del Journal du Droit international.

Domingo 27 enero 1918

La primera página del ejemplar de ese día estaba dominada por el agravamiento del problema de los transportes, una de las causas del desabastecimiento de los productos de primera necesidad en las ciudades españolas, y por un nuevo ataque de los submarinos alemanes a la flota mercante hundiendo en esa ocasión al vapor “Giralda” que en su viaje de Huelva a Pasajes había sido hundido en aguas portuguesas frente a Guardia.

La Hoja Literaria de ese día ofrecía  cuatro textos. Uno de José Ortega y Gasset (n.1883), “Estafeta romántica. Un poeta indio” a propósito de la obra de Rabrindanath Tagore que la pareja Zenobia Camprubí-Juan Ramón Jiménez estaba dando a conocer al público hispano. Otro de Enrique Díez-Canedo (n.1879) , quien dedicaba su Apunte semanal a dar a conocer las investigaciones del orientalista doctor Joseph Charles Mardrus sobre “La reina de Saba”. El tercero correspondía a una colaboración de Eugenio Noel (n.1885) sobre “Una visita a la Basilica de Atocha”, un panteón de hombres ilustres inacabado. Y el último era el folletón semanal de Ramón Pérez de Ayala (n.1880) titulado Las máscaras, que en esa ocasión titulaba “El bien y la virtud”, donde proseguía su análisis de la obra teatral Antonio Roca.

En la sección Agricultura y Ganadería el lector de El Sol se encontraba con la habitual colaboración del responsable de esa sección Luis de Hoyos Sainz (n.1868), quien en su recorrido por la España agrícola concentraba su atención ese día en “Las viñas de España en 1917” presentando cuatro aspectos de esa cuestión: la primacía de la agricultura en el producto nacional bruto español; la superficie total del cultivo de la vid y su disminución desde hacía un cuarto de siglo; una presentación de las regiones que habían perdido y ganado vides, y un análisis del mapa de la distribución de los cuatro grupos de provincias peninsulares productoras de vid.

En él distinguía el grupo central-levantino formado por 11 provincias  que poseían más de 50 mil hectáreas de viñedos, entre las que destacaba Ciudad Real con 148.817 hectáreas; el grupo formado por 14 provincias, rayadas verticalmente en el mapa, con una superficie variable de 15 a 50 mil hectáreas; el grupo formado por 13 provincias, fundamentalmente serranas o pastoriles,  marcadas con puntos islotes discontinuos con una superficie que oscilaba entre las 12 mil hectáreas de Teruel y Sevilla a las 5 mil hectáreas de Almería, Huelva y León; y el formado por las 9 provincias, fundamentalmente las cantábricas,  que no tenían condiciones para el cultivo de la vid que aparecíane en el mapa en blanco.

 

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La distribución de los viñedos en la España de 1917                         según Luis de Hoyos Sainz

 

 

Y también pudo leer un texto titulado “Contra las plagas de langosta”. Se trataba de un amplio extracto de la “notable” conferencia  que había impartido el viernes 25 de enero de 1918 en la Asociación de Agricultores de España sobre las plagas de langosta el ingeniero agrónomo, profesor de la Escuela donde se formaban esos ingenieros, y director de la Estación de Patología vegetal Leandro Navarro (n.1861), quien realizó importantes labores en el pueblo de mi padre Mora de Toledo, donde salvó su riqueza olivarera combatiendo plagas que afectaron a sus olivos allá por 1912 (ver aquí).. En ella se detuvo en explicar los procedimientos artificiales que eran usuales en España para aminorar la intensidad de esas plagas, de cuya relevancia a lo largo de la historia disponemos de una magnífica visión de conjunto gracias al libro de Antonio Buj  Plagas de langosta. De la plaga bíblica a la ciencia de la acridología que se presentó hace unos meses en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (ver aquí).

Lunes 28 enero 1918

Ese día el lector de El Sol era informado en una misma página de: un mitin que se había celebrado en la Casa del Pueblo de Madrid para protestar contra los sucesos de Alicante y Málaga donde se habían producido protestas contra el incontenible alza de los precios de los productos básicos en la dieta mediterránea, como el pan, y que habían sido severamente reprimidas; de las inversiones efectuadas por el Ayuntamiento de Madrid para incrementar el número de escuelas que impartían la enseñanza primaria; o del anuncio de la proyección en el cine Odeón de la impresionante superproducción cinemaográfica “La hija de los dioses”, en la que habían intervenido 21.218 personajes y que estaba contemplando el todo Madrid, como se deduce de la lectura del diario de Manuel Machado (ver aquí).

También se daba noticia de la sesión inaugural de la Real Academia de Medicina. En ella intervino el doctor Francisco Huertas (n. 1847) con un discurso sobre el artritismo y las enfermedades del corazón donde denunció las carencias alimenticias de la población europea en la que un 75 por ciento comía mal por exceso y un 20 por ciento por defecto.

Por su parte en la sección Pedagogía e Instrucción Pública su responsable Lorenzo Luzuriaga (n. 1889) escribía el segundo de sus artículos dirigidos a las próximas Cortes que se deberían de constituir tras las elecciones que tenían que celebrarse el 24 de febrero. En esa ocasión su colaboración versaba sobre “La creación de escuelas” que en su opinión era la tarea más apremiante que el Parlamento tenía que llevar a cabo para impulsar la reconstrucción pedagógica del país. En su trabajo ofreció información sobre las escuelas que había que construir que estimaba en 26,000, cuyo coste  calculaba en 278 millones de pesetas. Y explicó las medidas que se habían tomado en Francia e Italia en tiempos recientes para superar sus déficits educativos.

Se complementaba ese artículo con otro firmado por M.L.N sobre “Una institución necesaria”, iniciales que correspondían a la pedagoga María Luisa Navarro Margati (n. 1890), mujer de Lorenzo Luzuriaga. En él abogaba por sentar las bases en España de una enseñanza preescolar, donde se cuidase tanto a los niños pequeños de las clases obreras como de las clases medias, imitando la tarea ya emprendida en otros países donde existían instituciones modélicas, que podían servir como referentes. Tal era el caso de la institución berlinesa Pestalozzi Froebel-Haus, cuyo funcionamiento y características explicaba detenidamente a los lectores de El Sol.

En la parte de esa sección dedicada a Libros y Revistas se hacía un amplio extracto de un artículo editorial del número de noviembre de 1917 de la publicación norteamericana Journal of Educational Psychology sobre La psicología y la guerra.

Martes 29 enero 1918

El editorial de El Sol de ese día titulado “Los problemas vitales de la nación se han sobrepuesto al Gobierno” analizaba el estado depresivo en el que se encontraba el primer ministro Manuel García Prieto, desbordado por el cúmulo de problemas que se le acumulaban, siendo el último de ellos la posibilidad de que se declarase la huelga general en Barcelona.

En la primera página de ese artículo también había:

  • una curiosa carta dirigida por “Un chico del Instituto” al famoso periodista Mariano de Cavia a propósito de gazapos que se colaban en las página de El Sol;
  • información sobre la actitud del conde de Romanones ante las elecciones que se iban a celebrar en Madrid donde ya estaban haciendo campaña las candidaturas del “acuerdo monárquico”, formado por mauristas, ciervistas y albistas, y de la conjunción republicano-socialista, encabezada por Pablo Iglesias y Julián Besteiro, quien se encontraba en la cárcel de Cartagena.
  • y una amplia cobertura sobre la actitud del imperio austro-húngaro sobre el desarrollo de la guerra, donde se habían producido “huelgas de hambrientos” y crecía el deseo de paz.

Por su parte en la sección Biología y Medicina su responsable el siquiatra Gonzalo R. Lafora (n.1886) firmaba el artículo “Perseguidos y litigantes” en el que analizaba la constitución psicológica de los perseguidos o de quienes se creen perseguidos al considerar que son “objeto de las asechanzas y zancadillas preparadas por los que tienen alguna relación directa o indirecta con ellos, y, merced a esto, su actitud es siempre de recelo, de desconfianza hacia todos”.

Se complementaba ese artículo con información sobre libros y revistas donde J.N., iniciales de Juan Negrín (n.1892), extractaba el artículo “Las cápsulas suprarrenales y la lactancia” de Verdozzi, publicado en el tomo 66 de Archives italiennes de Biologie y otro del Journal de Physiologie et Pathologie Générale.

Miércoles 30 enero 1918

En una de las páginas interiores del periódico se daba amplia cobertura a la conferencia que había dado el día anterior, martes 29, en la Asociación de Agricultores sobre “El cultivo del algodón en España” el ingeniero agrónomo de la Sociedad General Azucarera Enrique Cremades, colaborador habitual de la hoja de  El Sol dedicada a la Agricultura y Ganadería, que se acompañaba de un cuadro estadístico del consumo en España de esa fibra textil entre 1913 y 1917.

En la sección dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas su responsable el economista y catedrático de la Universidad Central Luis Olariaga (n.1885) firmaba el artículo “Problemas de la guerra. La crisis de los alimentos en los países neutrales y sus remedios”. Y en el apartado dedicado a libros y revistas se extractaban tres artículos de The Economist, de 24 noviembre 1917, sobre los efectos de la guerra sobre la población civil de los países beligerantes; de L’Economiste Francçaise de 8 de diciembre de 1917 sobre la liquidación de las deudas creadas por la guerra y un artículo de León Baretti de la Revue d’Economie Politique de julio-agosto 1917 sobre la concentración de los bancos en Inglaterra.

Jueves 31 enero 1918

Ese día El Sol daba cobertura al artículo del político nacionalista vasco Eduardo de Landeta (n.1862)  “La ficción separatista” en el que exponía tesis del partido “bizkaitarra” como la de que “el reconocimiento de esa nacionalidad vasca no significa, ni se pretende que sea, una separación del Estado español. ..Porque con y dentro del Estado español cabe y encaja perfectamente, cumplimentando todos sus deberes, la nación vasca, con todos los derechos y atributos inherentes a la nacionalidad”.

También resumía el debate celebrado en el Ateneo el día anterior -miércoles 30 enero- en la tercera sesión dedicaca a debatir las modificaciones que había que introducir en la enseñanza de la Medicina. En ella intervinieron los doctores Pena, que enumeró los defectos de la primera y la segunda enseñanza, Pittaluga (n.1876) quien sostuvo que “a las aulas debe concurrir todo el que lo desee, sea o no alumno” , que “el estudiante debe aprender con quien quiera, sea o no catedrático”, que en los tribunales debía haber un profesor agregado “que haya convivivo, por lo menos, un curso con el examinado” y que se conservasen la tesis del doctorado y el examen de Licenciatura.

En la sección Historia y Geografía se publicaron dos artículos.

El primero, titulado “En torno al índice de un libro”, lo firmaba Alfonso Reyes (n.1889). En él presentó a los lectores de El Sol los contenidos del volumen XIV de la Historia de la Literatura inglesa, que publicaba la Universidad de Cambridge, ofreciendo un cuadro de materias que le pareció al crítico mexicano de El Sol muy atractivo, siendo las siguientes: “Filósofos. Historiadores. Biógrafos. Oradores políticos. Prosa crítica y miscelánea. El periodismo. Revistas universitarias. La caricatura. La literatura de los deportes. Los viajes. Las ciencias. La educación. La última evolución lingüistica.”

El segundo era el trabajo del historiador vasco Segundo de Ispizúa (n.1869) “Amérigo Vespucci” en el que contradecía los planteamientos que había hecho el jueves anterior Alfonso Reyes en las páginas de El Sol sobre ese navegante florentino al resumir el libro que había publicado recientemente el americanista Henry Vignaud (n.1830) sobre ese marino que daría nombre al continente americano.

En el apartado de libros y revistas de la sección se extractaban cuatro artículos de los que destaco el que había publicado Bonifacio Hompanera en la revista La Ciudad de Dios sobre “El helenismo en España durante el siglo XIX”, y la reseña que hacía Juan Dantín Cereceda (n. 1881) del artículo que había publicado L. de Launay sobre las aportaciones a la geología de Albert de Helmstaedt o Alberto de Sajonia, profesor y rector de la Universidad de París a mediados del siglo XIV, en un ejemplar de la revista La Nature de 12 de enero de 1918 .

 

 

 

 

 

 


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Siete días de ciencia, cultura y educación en “El Sol”: la tercera semana de enero de 1918

Entre el martes 15 y el lunes 21 de enero de 1918 el sector democrático de la opinión pública española, representado por el diario El Sol, concentró su atención en el inicio de la campaña electoral que se puso en marcha para renovar el Congreso de los Diputados,  y en constatar el progresivo deterioro de la situación social al proliferar las revueltas por hambre en diversas ciudades del arco mediterráneo, desde Málaga a Barcelona pasando por Alicante, ciudad en la que en una de esas protestas colectivas se produjeron tres muertos y veinticinco heridos según informaba El Sol  el 20 de enero.

En el plano internacional, quienes hacían ese periódico resaltaban los aspectos que manifestaban un debilitamiento de las potencias centrales como la sublevación habida en Kiel donde la marinería había matado a 38 oficiales de la marina imperial alemana. Los intelectuales españoles seguían con gran expectación el desarrollo de los acontecimientos bélicos como revelaba el ciclo de conferencias que inició esa semana Manuel Azaña, en la órbita del Partido Reformista por aquel entonces, sobre la política militar de la República Francesa. En esos conocimientos expuestos por Azaña en el Ateneo se cimentaría su fama de experto en cuestiones de defensa que le llevaría a ser ministro de la Guerra cuando se proclamó la Segunda República el 14 de abril de 1931.

Precisaré ahora el papel de las cuestiones científico-técnicas, culturales y educativas en las páginas de ese diario a lo largo de la tercera semana de 1918.

En la sección de Biología y Medicina del martes 15 de enero lo más relevante fue la contribución de Gonzalo Rodríguez Lafora sobre “La mentira patológica” o mitomanía. En él informaba de las características de lo que desde Antón Delbrueck, quien había descrito por primera vez este cuadro patológico en 1891, se conocía con el nombre de pseudología fantástica, una manifestación patológica de la fantasía y de la crítica, muy común entre los individuos psicopáticos y aun entre los normales.  Consistía ese trastorno de la conducta en exagerar todo, en llenar de detalles fantásticos las narraciones y creer o casi creer el que lo cuenta que estos productos de su alterada fantasía son verdad. Según Lafora este fenómeno autosugestivo era muy común en España, y en su opinión – que avivaba prejuicios antisureños al confundur una parte por el todo- muy característico de los andaluces, argumentándolo de esta manera: “Quién no exagera en esta bella región? La vivacidad imaginativa del andaluz y la rapidez de su charla favorecen grandemente esta falta de inhibición o de autocrítica. Los chistes y cuentos populares que se refieren a este afán de exagerar en los andaluces son numerosos, y en ellos la perspicacia popular ha fijado con precisión el carácter psicológico más saliente del andaluz”.

Ese día también El Sol se hacia eco de un artículo aparecido en El Siglo Médico, el decano de la prensa médica, sobre la situación de la salud pública en Madrid.

El miércoles 16 de enero además de informar sobre la conferencia dada por Azaña en el Ateneo, a la que aludí anteriormente, se insertó un artículo de Pedro Mourlane Michelena (n.1888) en el que se hacía eco de la campaña existente en Bilbao para crear una Universidad en esa ciudad vasca.

Y en la hoja dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas el economista Luis Olariaga (n.1885)  dedicaba su colaboración de ese día a continuar un artículo iniciado la semana anterior en el que presentaba a sus lectores las soluciones dadas por los principales países del mundo para abordar el problema de la huelga en los servicios ferroviarios.

El ejemplar del jueves 17 de enero se iniciaba con el editorial “La falta de todo. Con el pan ocurrirá lo mismo” que revelaba la crítica situación de desabastecimiento de productos de primera necesidad que estaba viviendo el país. Pero el lector también era informado de la conferencia impartida en el Ateneo Científico de Valencia por el doctor Gustavo Pittaluga (n. 1876), quien era catedrático de Parasitología y Patología Tropical de la Universidad de Madrid, sobre Alimentación e Higiene, destinada a combatir los estragos causados por el hambre en todo el país. Pittaluga se había afiliado recientemente al Partido Republicano Radical que dirigía Alejandro Lerroux (n. 1864), y su viaje a tierras levantinas estaba relacionado con el hecho de que se presentaba como candidato a las elecciones recién convocadas al Congreso de los Diputados como candidato por el distrito de Alcira.

Por su parte en la hoja dedicada a Geografía e Historia se podía leer un texto de Alfonso Reyes (n. 1889) sobre “Gracián y la guerra” al hilo de una reflexión que había hecho el crítico del Times sobre la literatura generada por la gran guerra y sobre la era de la literatura bélica que según Reyes empezaba con Stendhal. También se publicaba en esa sección una amplia noticia acerca de todas las ediciones realizadas a lo largo del año 1917 sobre  los clásicos castellanos -como Cervantes, fray Luis de León, Lope de Vega, Quevedo, Rojas Zorrilla, entre otros- con abundante información y con una valoración respecto a la aparición de un público lector exigente que “no sólo ha manifestado nueva afición a las lecturas clásicas, sino que, en proporción apreciable, ha acabado por interesarse en los problemas mismos de la edición”.  En esa edición de clásicos castellanos realizaban una notable labor los filólogos del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y la editorial Calleja, que tenía como director literario a Juan Ramón Jiménez.

Y se tenía acceso a un informe de Juan Dantín Cereceda (n.1881)  sobre el Anuario estadístico de España. Año III, 1916, del que ya se había ofrecido información días antes en El Sol, (y que está accesible aquí) lo que revelaba el interés existente por el notable desenvolvimiento de la ciencia de los números en la sociedad española de los años en torno a la Gran Guerra, como consecuencia probablemente del fortalecimiento del aparato burocrático del Estado liberal. Dantín constataba que “la estadística es algo muda y estática: ni nos habla de las causas que originaron el número, ni nos anticipa las probables consecuencias”. Y añadía: “Pero es, con todo, indispensable la recolección y ordenación de estos materiales que, más tarde, el geógrafo, el economista y el sociólogo habrán de interpretar y analizar”.  De la lectura de tanta información ofrecida en ese Anuario, sobre todo de los capítulos relacionados con la política y la cultura, obtuvo una impresión deprimente que transmitió así a sus lectores: “muchas de las farsas de nuestro tablado nacional continúan representándose, no sin aplauso de zurupetos, rufianes y papanatas. El 59 por 100 de la población española no sabe leer ni escribir ¡todavía! y hay provincias (Málaga) en que esta proporción alcanza al 79,46“.

El lector del viernes 18 enero quedaba informado de cómo Italia había movilizado hasta entonces al 12 por ciento de su población para afontar su participación en la contienda mundial; podía contemplar una caricatura de Bagaría (n. 1882) denunciando la lacra del caciquismo -que reproduzco a continuación-; tenía noticia de una importante conferencia impartida en el Ateneo de Madrid por el historiador y crítico de arte Aureliano Beruete y Moret (n. 1876) sobre “Goya, grabador” y sabía de una serie de renuncias producidas en el Instituto de Higiene Escolar para denunciar la inoperancia de ese ente administrativo.

Bagaria El cacique y su candidato 18 enero 1918

A su vez en la hoja dedicada a Ingeniería y Arquitectura Federico de la Fuente en su artículo “La compañía madrileña del gas. Una concesión de ciento quince años” analizaba los privilegios y criticaba el deficiente funcionamiento de la empresa responsable de suministrar una fundamental fuente de energía para el alumbrado de la ciudad de Madrid. Por su parte en un artículo no firmado titulado “Las presas de pantalla ondulada” se encomiaba la labor del ingeniero e inventor Juan Manuel de Zafra y Esteban, pionero en su defensa de las construcciones en hormigón armado, quien además “de las numerosas obras de ingeniería que ha proyectado y construido, ha hecho algo que vale más todavía. Ha formado en su cátedra de la Escuela de Caminos una generación de ingenieros, que no miran al hormigón armado como una resultante del empirismo y de la osadía, sino como algo científicamente estudiado y prácticamente conocido, que puede manejarse en la construcción con la misma seguridad y certeza que el acero”. Ese elogio se producía porque el autor de ese artículo había repasado la colección de la revista nortemaericana “Engineering” de 1917 y leyó en el número de 31 de agosto la conferencia que había dado ante la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles L.R. Jorgensen, acerca de las presas de los lagos californianos Gem y Agnew formados por el río Rush. En ellas se había explicado cómo se habían construido pantallas de hormigón armado en forma ondulada, idea que había sido expuesta seis años antes por Juan Manuel Zafra en el Instituto Español de Ingenieros Civiles.

El ejemplar del sábado 19 enero que se abría con el editorial “Los tiempos nuevos. Necesidad de un gobierno de integración nacional” tenía un considerable sesgo económico. Ante el incremento del malestar social por el problema del desabastecimiento que encarecía todos los productos de primera necesidad la Cámara de Comercio de Barcelona propuso la celebración de una Asamblea de Cámaras de Comercio. Y en otra noticia se hacían previsiones sobre la evolución del mercado bursátil para el año recién iniciado.

Por su parte en la hoja sobre Derecho y Legislación Fernando de los Ríos dedicaba su colaboración semanal a explicar “La teoría de los plenos poderes” aplicada por ciertos países para hacer frente a los desafíos bélicos.

El domingo 20 de enero el diario informaba de una conferencia dada por el joven químico argentino Horacio Damianovich (n. 1883), profesor de Física-Química de la Universidad de Buenos Aires, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Asistieron a su disertación, entre otros, el rector el químico José Rodríguez Carracido (n. 1856), el decano de la Facultad el matemático Luis Octavio de Toledo (n. 1857) el catedrático Alberto Segovia Corrales (n. 1853), los ingenieros Leonardo Torres Quevedo (n. 1852) y Enrique Hauser (n.1866), y el embajador argentino Marco Avellaneda que representaba a su país en Madrid desde 1916. Se ratificaba así la relativa intensidad en aquel momento de las interrelaciones entre científicos españoles y argentinos como ya se vio en la cobertura dada por El Sol dias atrás al viaje efectuado a Buenos Aires por el matemático Julio Rey Pastor en 1917.

Y el ejemplar de ese día ofrecía a sus lectores una Hoja literaria en la que destacaban las colaboraciones de Miguel de Unamuno sobre “La sombra de Sagasta“, de Enrique Díez-Canedo que dedicaba su apunte semanal en esa hoja a la elección del prestigioso médico Carlos María Cortezo y presidente de la Academia de Medicina para ocupar el sillón h de la Academia de la Lengua, haciendo consideraciones irónicas al respecto, y un interludio cómico firmado por  Ramón Pérez de Ayala.

En la hoja dedicada a Agricultura y Ganadería Luis de Hoyos Sainz (n.1868) dedicaba su sección “Por la España agrícola” a evaluar lo que sería la próxima cosecha de trigo, basándose en el estudio efectuado por el Servicio Agronómico sobre las superficies y estado de los trigales de 1918. Se temía un gran déficit, pero Hoyos Sainz discrepaba de tan pesimistas estimaciones por otras informaciones que había recabado, instando a los agricultores a sembrar trigo para “hacer patria y quitar hambre”. Por su parte el ingeniero agrónomo Enrique Cremades continuaba ofreciendo información, como  en colaboraciones anteriores, sobre el cultivo del algodón en España.

Finalmente el lunes 21 enero el lector de El Sol tras leer un editorial en el que se planteaba una antinomia entre “Los viejos gobiernos y la nueva política”, o conocer el análisis que efectuaba su colaboradora Beatriz Galindo sobre el protagonismo de las mujeres en las manifestaciones contra el hambre que proliferaban por aquellos días en muchos puntos del país, llegaba a la última página del diario dedicada a la sección de Pedagogía e Instrucción Pública.

En ella tenía acceso a dos interesantes aportaciones.

Una de ellas era un amplio y denso artículo del responsable de la sección, el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n. 1889), titulado “Para las próximas Cortes. La reconstrucción de nuestra enseñanza nacional”. Luzuriaga advertía en él cómo las próximas Cortes tendrían que resolver una serie de problemas “de una gravedad sin precedentes en la historia parlamentaria de España”, entre los que destacaba el de “nuestra educación nacional”.

Presentaba luego un diagnóstico de ese problema destacando cómo desde 1898 apenas había mejorado la educación nacional, siendo muy débiles los progresos en la lucha contra el analfabetismo -si en 1900 había en España 11.874.890 analfabetos, en 1911 eran  11.867.455 según el censo oficial- e incrementándose el déficit escolar: si en 1903 había para cada escuela 796 habitantes, en 1917 ascendían a 800.

Y denunciaba, tras comparar el sistema educativo español con el de otros países, la carencia de “un ideal y de un sistema de educación nacional”. Y así, desde el punto de vista organizativo “nuestra enseñanza se presenta como una suma o, mejor, como un conglomerado de instituciones aisladas que están entre sí como compartimentos estancos”. Ilustraba esta constatación manifestando cómo en la enseñanza primaria no había ninguna referencia a la secundaria y cómo esta tampoco tenía ninguna comunicación real con la universitaria y especial superior. Y al lamentarse de las carencias de las diversas secciones del sistema educativo señalaba que “los institutos son en su mayoría mera yuxtaposición de clases y profesores, sin más unidad o relación que la puramente administrativa o espacial, y lo mismo se puede decir de la enseñanza superior, si bien en los últimos años ha habido un comienzo de vida corporativa en alguna universidad”.

Para superar “el atomismo” y “la anarquía pedagógica” de ese sistema de instrucción pública consideraba que la solución idónea consistía en impulsar una política pedagógica, que era una tarea que debía de contar con el apoyo de un esfuerzo sindical, organizado, del personal docente, y con una favorable influencia del ambiente social y político. De esa manera “se evitarán también esas recetas burocráticas, ese tejer y destejer, esos palos de ciego que vienen dándose tan ineficazmente, un año tras otro, desde nuestro Ministerio de Instrucción Pública, que en realidad no tiene de ministerio más que la sombra de su nombre”.

Esa contribución de Luzuriaga se complementaba con el artículo sin firma titulado “El dibujo en las escuelas de París”. En ese trabajo se ofrecía información, basada en un número extraordinario de la nueva revista Les Arts Françaises, de una exposición que se había celebrado en París en el verano de 1917 titulada “El dibujo en las escuelas de París, durante la guerra”. En ella se presentaron trabajos alumnos de todas las escuelas públicas de la capital francesa, no sólo de las vinculadas a la enseñanza primaria, sino también las relacionadas con la enseñanza profesional. Eran dibujos de observación, de memoria, geométricos y de composición decorativa, que se mostraban en los grabados de la mencionada revista, cinco de los cuales podían apreciar los lectores de El Sol y que se reproducen líneas abajo. El comentarista anónimo de este diario, quizás el mismo Luzuriaga o alguien de su entorno, señalaba “el espíritu que anima esta enseñanza es de la vida misma. De aquí surge una gran variedad de modelos, tomados de todos los reinos de la naturaleza y de todas las industrias, y así se introduce también una gran riqueza de aspectos, de formas y de colores”.  Además de explicar cómo se efectuaba la enseñanza del dibujo en Francia el articulista valoraba la importancia que tenía su reciente incorporación al sistema escolar en varios países, como España, de esta manera:

El dibujo ha sido una de las últimas materias de enseñanza -acaso la última- que han sido introducidas en los programas escolares de todos los países. Pero al mismo tiempo ha sido también la materia que, dentro de ellos, mas rápidamente se ha elevado al plano de las enseñanzas fundamentales. Considerado, en efecto, hasta hace poco tiempo – y así es aún mirado en España- como una “asignatura de adorno”, se le reconoce, generalmente hoy, de una parte, como uno de los más poderosos medios educativos, y de otra, como uno de los instrumentos más importantes para la “expresión” -tanto como la lectura o la escritura- y para la “aplicación” técnica, como puede serlo la aritmética o la física.

Si ha sido grande el cambio que en la consideración pedagógica ha experimentado el dibujo, no lo ha sido menor el que han sufrido sus métodos de enseñanza. Durante bastante tiempo éstos se han limitado a la pasiva e ineficaz reproducción de láminas o de vaciados de obras clásicas, sin desarrollar la iniciativa personal ni cultivar la observación de la naturaleza. Esto ocurre todavía en la mayor parte de nuestros establecimientos de enseñanza, si bien últimamente se ha iniciado -por lo menos en la educación primaria- una radical transformación.

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Siete días de ciencia y cultura en “El Sol”: la segunda semana de enero de 1918

La opinión pública española siguió con interés a lo largo de la segunda semana del 1918 las novedades procedentes del exterior y las relacionadas con la situación política española.

En la esfera internacional las noticias más destacadas en la prensa de aquel momento estaban relacionadas con las vicisitudes de la Gran Guerra -como la progresiva implicación norteamericana en el conflicto-, las negociaciones que el nuevo poder soviético realizaba con las potencias centrales en la ciudad bielorrusa de Brest-Litovsk y las grandes batallas que se estaban librando en el frente italiano. Pero también con los efectos en la república portuguesa del golpe militar de Sidonio Pais el 5 de diciembre de 1917, que provocó el exilio de Bernardino Machado, muy apreciado en los círculos liberales y democráticos españoles.

Evidentemente el hecho más destacado en la esfera internacional de aquella semana fue el importante discurso del presidente Woodrow Wilson en el Congreso norteamericano el 8 de enero de 1918. En él expuso las catorce condiciones que Estados Unidos consideraba imprescindibles para que acabase la guerra y que inspirarían meses después las negociaciones que concluirían con el Tratado de Versalles en 1919.

En cuanto a la política española  lo más significativo fue el decreto de disolución de las Cortes firmado por Alfonso XIII con la consiguiente convocatoria de elecciones y el incremento de la tensión social, sucediéndose revueltas y motines en diversas partes del país, como consecuencia del progresivo incremento de los bienes de mayor consumo como el pan que generaba hambre entre las clases populares. Las dificultades de abastecimiento con motivo de la guerra eran crecientes debido al torpedeo sistematíco de buques mercantes españoles por submarinos alemanes y a vergonzantes maniobras de especuladores.

En el marco de ese horizonte internacional  y nacional las hojas científicas y culturales de El Sol, que ya fueron presentadas en la entrada anterior, proporcionaron información variada a sus lectores, que resumo a continuación.

El Sol Biologia y Medicina

El martes 8 de enero de 1918 la sección de Biología y Medicina dio cabida a un texto del cardiólogo y expensionado de la JAE Luis Calandre (n.1890) que ejercía de médico de la Residencia de Estudiantes. El artículo se titulaba “Baños de sol”. Dirigido fundamentalmente a médicos, pero también a maestros y padres, tenía como objetivo dar a conocer una serie de nociones sobre la Helioterapia o tratamiento por los baños de sol para que sus lectores pudieran hacer un uso adecuado de ese recurso terapéutico, administrándolo adecuadamente. Calandre lo consideraba un antídoto eficaz para luchar contra la tuberculosis que entonces diezmba a la población española.

Para hacerse una idea de su tenor reproduzco su primer y último párrafo.

La energía radiante que nos viene del sol, es una fuente de vida y de salud; nosotros, sin embargo, solemos esquivarla. El organismo del hombre está hecho para vivir en la atmósfera, y se encuentra, por tanto, en su verdadero elemento cuando está expuesto a la acción del aire y de la luz. Desearíamos que esto no lo ignorase ningún padre, ningún maestro, ni ningún médico. Dirigiéndonos especialmente a estos últimos, nunca insistiremos bastante en aliviar los beneficios que pueden obtenerse con el empleo de los baños de sol. ¡Cuántos tuberculosos hay por los pueblos –pueblos de hermoso clima y de buen sol- que se van consumiendo en sus alcobas cerradas, sombrías, saturadas del olor de medicinas, y que podrían curarse bien, viviendo a plena luz!

………

En Puericultura, el baño de sol es un factor higiénico de primer orden. ¡Qué bellos resultados se obtendrían si las madres considerasen entre los cuidados diarios que tienen para con sus niños, el tenerles un rato desnudos al sol, bien en su habitación, en una azotea, en el jardín, en el campo o en la playa! Hoy se admite que la infección tuberculosa se hace, por regla general, durante el período de la infancia: los gérmenes se fijan en los ganglios linfáticos, en los cuales pueden permanecer acantonados viviendo una vida latente durante muchos años. Pero si, por un motivo cualquiera, se debilita la resistencia del organismo, pueden entonces los gérmenes salir de los ganglios, repartirse por otros órganos y producir acaso una meningitis, un tumor blanco, una tuberculosis pulmonar, una peritonitis. Tengan bien presente las madres que nada hay que pueda fortalecer tanto a los niños y hacerlos resistentes, como la vida al aire libre y al sol.

También en las colonias escolares debiera hacerse habitual la práctica de los baños de sol, con objeto de intensificar los beneficios que los niños pueden obtener durante esas temporadas de permanencia en el campo o en la playa.

Los consejos de Calandre fueron inmediatamente amplificados al día siguiente en El Sol de 9 de enero de 1918 por Beatriz Galindo que tituló la columna de su Diario de la mujer “El sol y el aire en el hogar” para insistir en las virtudes de los baños de sol, un símbolo de la higienización de la sociedad española en la que estaban involucrados los “iluministas” que hacían El Sol.

Conviene anotar también que el interés de Calandre por la higiene escolar que se deduce de la lectura de este artículo explica que meses después, en 1919, la JAE le designase encargado del Servicio de Inspección y Asistencia Médica Escolar en el Instituto-Escuela creado en mayo de 1918, cuestión que abordaremos cuando lleguemos a ese momento.

En la sección Libros y Revistas que acompañaba al texto de Calandre el responsable de la sección el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (n. 1886) efectuaba hasta nueve reseñas de otros tantos artículos aparecidos en revistas científicas británicas, alemanas y francesas. De ellos me ha llamado la atención la noticia que ofrece Lafora del texto publicado por el oftalmólogo Nathaniel Bishop Harman en British Medical Journal de 17 febrero 1917 sobre la Acción del cinematógrafo sobre los ojos de los niños. En él se ofrecían una serie de consejos para que ese tipo de espectador disfrutase del nuevo “mass media” que irrumpía con fuerza en el panorama cultural de hace un siglo.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El miércoles 9 enero de 1918 el economista Luis Olariaga (n.1885) , responsable de la sección Ciencias Sociales y Económicas, abordó el problema de la regulación del derecho de huelga en España a propósito de las gestiones que estaba haciendo la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España para readmitir a los centenares de trabajadores que había despedido a propósito de la huelga general que había tenido lugar en agosto de 1917.

El Sol Historia y Geografía

En la sección Historia y Geografía del jueves 10 de enero 1918 aparecían dos amplias colaboraciones. Una del catedrático de Agricultura del Instituto General y Técnico de Guadalajara Juan Dantín Cereceda (n.1881), que ocupa un lugar destacado en el diccionario on line JAEeduca, que estamos elaborando (ver aquí). Su contribución se titulaba “El relieve de España. Estado actual de la carta topográfica de España”. En ella este renovador de los estudios geográficos prestó atención al estado en el que se encontraba la elaboración de la carta topográfica de España.

Informó entonces a sus lectores de la labor desempeñada por el Instituto Geográfico y Estadístico que se hallaba en ese momento “en una fase de gran actividad”. Destacó al respecto los notables trabajos que estaba realizando el ingeniero José María Torroja Miret (n.1884) quien estaba levantando el relieve de la sierra de Guadarrama y de otras partes del sistema central divisorio -según denominación del propio Dantín- mediante el método fotoestereoscópico, basado en el estereoautógrafo. Este invento hecho en 1912 por el capitán austríaco von Orel permitía el trazado automático de las isohipsas y líneas notables del terreno reproducido en fotografías estereoscópicas. De él había informado el propio José María Torroja en “Notas sobre el método fotográfico estereoscópico”, publicadas por Asociación Española para el progreso de las ciencias. Congreso de Madrid (celebrado en 1913), Tomo IX, 1916, y previamente en 1913 en el Institut d’Estudis Catalans. (ver aquí).

También aludió a la labor del servicio geográfico que financiaba la Diputación de Barcelona para levantar, en curvas de nivel, el mapa topográfico de Cataluña, de la que tuvo noticia por el tomo publicado hace muy poco por el Consell de Pedagogia de la Mancomunidad Catalana, “en el que se detallan sus numerosos y ricamente dotados centros de investigación y de cultura”. Y al “excelente mapa del Imperio de Marruecos” que había levantado también en curvas de nivel el Estado Mayor del Ejército, estudiado recientemente por Luis Urteaga.

marruecos

Por su parte, el responsable de la sección, el polígrafo mexicano Alfonso Reyes (n.1889) dedicaba su colaboración “La América de Chateaubriand” a exponer cómo “a partir del descubrimiento la idea americana ha sido para la mentalidad de Europa una positiva idea fuerza”, habiendo alimentado una literatura de sueños políticos o utopías, impulsando aventuras como la emprendida por los pasajeros del Mayflower, u obras literarias. Entre ellas ocupaba un lugar destacado la producción de Chateaubriand pues a través de su prisma habían contemplado a América los europeos de la primera mitad del siglo XIX. Alfonso Reyes, inspirándose en la obra Etudes critiques de Bédier de 1903, -accesible aquí- subrayaba cómo el viaje de Chateaubriand por tierras americanas, a partir de su desembarco en 1791, además de ser un viaje sentimental tenía propósitos científicos. Y no me privo de transcribir su argumentación: “Ultimo historiador del llamado ´hombre de la naturaleza´, Chateaubriand observa las hordas americanas al margen de sus lagos, notando sus varias formas de gobierno; arqueólogo, explora las salvajes ruinas del Scioto; filósofo, conversa, bajo los árboles del Erie, con los sofistas de la cabaña; naturalista, recoge para el señor de Malesherbes descripciones de la fauna y la flora del Canada; viajero, aspira al descubrimiento del mundo polar”. Pero a renglón seguido Reyes se plantea la cuestión, siguiendo una amplia tradición crítica, de discernir lo que había de cierto y de imaginario en los viajes de Chateaubriand para dar luz “sobre los procedimientos literarios del gran viajero, sobre su psicología de escritor, sobre los problemas de la creación estética”. Y entonces realiza una disección sobre las principales obras americanistas de Chateuabriand, particularmente Atalapara concluir que tanto en su viaje como en su obra se inspiró en otros autores y textos a los que refundió como fueron las obras de los jesuitas Lafitau y Charlevoix, quienes a su vez también fueron compiladores de otros viajeros precedentes.

La información de esta sección finalizaba con las noticias ofrecidas en la sección Libros y Revistas. En ella se presentaron, entre otros trabajos: el primer número de la Revista Histórica impulsada por recién creada Facultad de Historia de la Universidad de Valladolid; la edición realizada por el historiador Galo Sánchez  (n. 1892) en la Revue Hispanique de la autobiografía de Santiago González Mateo, en la que se ofrecía un friso lleno de detalles sobre las postrimerías de la España del Antiguo Régimen a finales del siglo XVIII y el trabajo que dedicase en el Boletin de la Real Academia de la Historia el bilbaíno marqués de Laurencín –Francisco Rafael de Uhagón (n.1858)- a la personalidad de ese singular autor gaditano que fue Mariano Pardo de Figueroa (n.1828), más conocido por su seudónimo de doctor Thebussen.

El Sol Ingeniería y ArquitecturaEl viernes 11 de enero de 1918 el ingeniero Federico de la Fuente, responsable de la sección Ingenieria y Arquitectura, firmaba un largo artículo “La fabricación del gas. Del extractor al gasómetro”, continuación del que había publicado la semana anterior en esa misma sección. Los dos estaban relacionados con los problemas que estaba teniendo el funcionamiento de la madrileña fábrica del gas.

En esa ocasión su objetivo era ofrecer detalles del camino que seguía el gas para que, una vez purificado, estuviese en disposición de ser entregado al consumo en el gasómetro. En ese tránsito cumplían una importante función los aparatos denominados extractores y exhaustores.

Consciente de la complejidad de sus explicaciones técnicas sobre la fabricación y labor de esos “ingeniosos artificios automáticos” este ingeniero temió haber abusado un poco de la tolerancia de sus lectores y para exculparse recurrió al aforismo, que le parecía brutal, de “las bromas, pesadas o no darlas” para justificar que “en la técnica, hay que entrar en algunos detalles o dejar la técnica a un lado”. Y evocó lo que había escuchado a un sargento instructor quien explicó así su función  a los reclutas que hacían su servicio militar en el arma de Ingeniería: “aquí, en Ingeniería, se explica todo; no es como en Infantería, donde no se explica nada”.

El apartado Libros y Revistas de esta sección prestaba atención a 9 artículos publicados en revistas francófonas y anglófonas como: Révue Génerale de l’Electricité, uno sobre las fábricas de electricidad y las Compañías de seguros contra incendios y otro sobre la militarización de los ingenieros electricistas en el Ejército francés;  la Revue Scientifique acerca de los nitratos de Chile; La Nature sobre la organización de los campamentos americanos; The Electrician sobre el desarrollo de la ingeniería en China; Concrets and Constructional Engineering sobre una pocilga de hormigón armado; The Surveyor and municipal and County Engineer sobre el problema de la habitación después de la guerra; y Scientific American sobre los buques de los grandes lagos y la navegación trasatlántica.

El Sol Derecho y Legislación

El sábado 12 de enero de 1918 Fernando de los Ríos (n.1879), responsable de la sección Derecho y Legislación, era el firmante del artículo titulado “Los plenos poderes del Gobierno de Francia durante la guerra”, que continuaba la serie de artículos que estaba dedicando a cómo los gobiernos europeos -Italia, Inglaterra y Suiza ya los había abordado- se estaban enfrentado a la contienda bélica.

En este nuevo artículo este catedrático de Derecho Político de la Universidad de Granada explicaba a sus lectores cómo el pueblo francés era el que había mostrado una mayor desconfianza respecto al poder ejecutivo durante la Gran Guerra no habiéndose promulgado una ley de plenos poderes a diferencia de otros países. Consideraba Fernando de los Ríos que ese recelo tenía sus raíces en las experiencias imperiales napoleónicas y en los excesos autoritarios cometidos por los dos Napelones. De ahí que las normas o principios legales en los que se apoyaba la acción de la autoridad en Francia se encontrase contenida en la ley de Orden público de 9 de agosto de 1849.

Y concluía su análisis señalando cómo desde el inicio de la guerra la lucha en Francia por adecuar el régimen de libertad y democracia con el principio de la necesidad había sido un problema vivo y palpitante que se había intentando resolver mediante la búsqueda de “una fórmula empírica y circunstancial que solucione en cada momento la dificultad planteada”. Con estas consideraciones finales Fernando de los Ríos mostraba su francofilia: “el equilibrio, la armonía, ha sido siempre una musa querida del alma francesa; el siglo XIX desarrolla ese principio de Montesquieu, y hoy lo renueva genialmente el profesor Hauriou“.

La sección de libros y revistas estuvo a cargo de Pablo de Azcárate (n.1890), estrecho colaborador de Fernando de los Ríos en esa sección.

El lector del número correspondiente al domingo 13 enero 1918 tuvo acceso en la Hoja Literaria a colaboraciones de la condesa de Pardo Bazán (n.1851) “La joya del Museo”; de Miguel de Unamuno (n.1864) “Daoiz y Velarde”; de Ramón Pérez de Ayala (1880), que dedicaba su sección de Las Máscaras a “Teatro en serio y teatro poético” y de Enrique Díez-Canedo (n. 1879) quien dedicó sus Apuntes de la semana a los “Almanaques Literarios”, comentando con simpatía el texto -en catalán- del Almanac de La Revista para el año 1918 al considerarlo una “muestra valiosísima del estado de las letras vivas en el antiguo Principado” con abundantes ilustraciones entre las que destacaba las “finísimas viñetas de los meses” de Josep Obiols.

Almanac de La Revista 1918

Y anotaba que mientras las nuevas generaciones catalanas habían hecho revivir la costumbre del almanaque literario en Madrid habían dejado de publicarse preguntándose si era por la idea del tiempo que llevaban consigo “porque el Tiempo engendra el Pasado, ese país, más vasto cada vez, sobre el cual luce, pálido, el sol de la Melancolía”.

También el mismo Díez-Canedo reseñaba, con cierta sorna crítica, la edición que acababa de hacer de la segunda parte de las Novelas ejemplares de Cervantes en la colección de Clásicos Castellanos el académico Francisco Rodríguez Marín  (n. 1855), erudito no bien visto por los filólogos del Centro de Estudios Históricos de la JAE en cuya órbita se encontraba el propio Díez-Canedo.

El Sol Agricultura y Ganaderia

También ese lector pudo acceder en ese ejemplar de El Sol en su sección de “Agricultura y Ganadería” a colaboraciones de Luis de Hoyos Sainz (n.1868), el responsable de esa hoja semanal, y del ingeniero agrónomo Enrique Cremades.

Luis de Hoyos dedicó su artículo sobre la España agrícola a “Los trigales de España”. Ofreció en él un balance pormenorizado de la producción de trigo, cuantificando los cultivos de las principales provincias trigueras, lideradas por Toledo, Valladolid, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Badajoz, Sevilla y Zaragoza, todas ellas con extensiones superiores a 150.000 hectáreas, según se podía visualizar en el mapa con el que acompañó su estudio. Además ofreció información sobre los trigales de regadío, que con 256.700 hectáreas no pasaban del 6 por 100 del total del cultivo del “cereal rey”.

Luis de Hoyos 13 enero 1918

El artículo se iniciaba con una serie de consideraciones metodológicas que transcribo porque tienen un doble interés: muestran cómo Luis de Hoyos era un firme defensor de considerar a la región natural como un objeto heurístico en investigaciones científicas de diverso tipo y cómo la estadística era una ciencia de moda en la sociedad española de aquel momento, dominada por el poder de los números. Por ejemplo quien visitase el Ayuntamiento de Madrid por aquellos días podía contemplar en el antedespacho del alcalde un gráfico mural elaborado por el jefe del Negociado de Estadística municipal Federico Montes,  y por el Oficial del Ayuntamiento Carlos de Diego en el se exponía la mortalidad y natalidad en la ciudad de Madrid durante el último quinquenio, comparadas mensualmente (El Sol, 12 enero 1918, p. 7).

He aqui las reflexiones de Luis de Hoyos con las que iniciaba el mencionado artículo:

Cuando hay pluralidad o variación en las cosas, sólo existe un método racional y eficaz en la investigación de las causas: y aun en la simple ordenación y conocimiento somero de los fenómenos, el método matemático o estadístico es fecundo siempre, aun no pudiendo llegar a utilizarle como proceso de investigación, y habiendo de limitarse a veces, por desconocer las variables de las funciones, a utlizarle como mero procedimiento de exposición. Por eso en estos bocetos de estudio de las cuestiones de más alto interés en Agricultura, las de producción del trigo la emplearemos para averiguar o para exponer al menos el cómo se manifiestan en el total de la nación o en sus unidades provinciales; si bien respecto a éstas hemos de advertir que ni es homogénea ni comparable entre sí tal división política, y que es preciso llegar, para afinar el análisis y evitar graves errores, a tomar en esto, como en todos los fenómenos naturales y sociales, el partido o distrito judicial, ya que con ellos podrán realizarse agrupaciones más útiles para el verdadero concepto de estos estudios, que es la región natural, base precisa de todas las investigaciones, no sólo en Agricultura, sino en todos los fenómenos físico-naturales y sociales.

Por su parte el ingeniero agrónomo Enrique Cremades en la sección Original ajeno dedicó su colaboración “El cultivo del algodón” a explicar con gran detallismo y con “precisión matemática e incontrovertible” la producción de algodón desde 1914 en la colonia agronómica de San Pedro de Alcántara en el litoral malagueño para mostrar la alta rentabilidad obtenida del cultivo de esa planta tan relevante para la industria textil española.

Finalmente el lector del ejemplar correspondiente al lunes 14 de enero de 1918 se encontraba en una página con el elogio del crítico de arte de El Sol Francisco de Alcántara (n.1854) a la labor llevada a cabo por el Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas que ya tenía veinticinco años de existencia. Además Alcántara ofrecía el sumario del último número del Boletín –el de 1 de septiembre de 1917 (ver aquí el ejemplar)- fijando su atención en la Cartilla excursionista dedicada a Avila que publicaba en él el historiador del arte Elías Tormo (n.1869), vinculado al Centro de Estudios Históricos de la JAE, “a causa de su carácter popular” y por la abundancia de excursionistas madrileños que en todas las estaciones se encaminaban a esa ciudad castellana, especialmente escolares, como los alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, los del Centro Escolar de la Residencia de Estudiantes, de algunos centros municipales y de la Universidad.

Avila Elias Tormo

 

Poco después el lector de El Sol recibía información sobre los preparativos  del Primer Congreso Nacional de Medicina que se iba  a celebrar en Madrid en abril de 1918 en el que se pensaba crear la Asociación Médica Española o sobre una serie de proyecciones de películas norteamericanas de gran interés científico, agrícola e industrial que se estaban proyectando en el anexo del Círculo Francés, antiguo teatro de Benavente, instando el gacetillero a que los obreros y los alumnos de la escuela de Ingeniería de Minas asistiesen a tales proyecciones que mostraban los adelantos modernos de la ciencia, relacionada particularmente con la industria del carbón.

También se publicó el amplio artículo enviado desde Cáceres por un tal Alberto Muñoz con el título de “Por la España desolada. La región de las Hurdes. Depauperación española” con información de interés sobre esa deprimida región extremeña, cuyas carencias educativas eran notables, por lo que el autor del artículo solicitaba al Director general de primera enseñanza el farmacéutico y naturalista Marcelo Rivas Mateos (n. 1875),  extremeño, que interviniese para solucionarlas.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

Y en la sección Pedagogía e Instrucción Pública tenía acceso a un amplio artículo del responsable de la sección, el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n.1889), sobre “Las bibliotecas públicas”, o a diversas noticias de cómo afectaba la guerra al sistema universitario en Francia o a iniciativas educativas adoptadas por combatientes canadienses o a prisioneros ingleses en campos de concentración alemanes.

El artículo de  Lorenzo Luzuriaga era expresivo de “los aires de crítica y de reconstrucción que corren por toda la superficie del pueblo español”. Construyó su artículo este notable pedagogog al hilo de una decisión tomada en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que presidía el catalán Felipe Rodés (n.1878), por su segundo, el subsecretario José Martínez Ruiz, más conocido como Azorín (n.1873). En efecto este escritor que también hacía de político en esas fechas rechazó un acuerdo, poco honesto, tomado por la Junta Superior de Archivos y Bibliotecas, y esa circunstancia la aprovechó Luzuriaga para ejercer una crítica demoledora del funcionamiento de las bibliotecas oficiales, en cuya desorganización constataba la divisoria creciente entre la España oficial y la España vital, “entre la España que  se está cayendo y la que empieza a adquirir consistencia”. Su juicio sobre esa desorganización era contundente: “Mientras el público pide cada día más y mejores obras para leer, en tanto que el impulso por el perfeccionamiento de la cultura popular y profesional va constantemente en aumento, las bibliotecas públicas permanecen en las misma situación que las dejó el siglo XVIII, oponiendo a aquel impulso saludable la poderosa resistencia de su completa inmovilidad”.

Esa situación se debía a múltiples factores: falta de consigaciones en los Presupuestos para la compra de libros, pero también una errónea distribución de los recursos, pues los gastos en personal eran desproporcionados, como se estaba denunciando en el semanario España cuya información resumía Luzuriaga. De modo que si las diversas secciones de la biblioteca de la Universidad de Madrid le costaban al Estado en personal 157.250  pesetas, en cambio para la compra de libros y material de oficina la cantidad asignada era de 4 mi pesetas; o bien si las partidas de los Presupuestos para material de archivos, bibliotecas  y museos había aumentado desde 1900 en 178.650 pesetas para toda la red estatal, las del personal correspondiente se había incrementado en 615.974 ptas. Y además los gastos en libros se hacían o sin orden y concierto o por motivos espurios como Luzuriaga mostraba atendiendo a los criterios seguidos en las compras realizadas en 1917 con destino a las bibliotecas populares. En su opinión esas compras habían tendido a “recompensar un servicio  o una fiel amistad o parar un posible ataque en la Prensa o en el Parlamento”.

Esa sección se cerraba con la reseña o extracto de diversos libros y artículos de revistas entre los que destacaba el que acababa de publicar un omnipresente Miguel de Unamuno “Sobre el clasificacionismo en la enseñanza” en el Boletín Escolar, (accesible aquí),  una publicación que había fundado Lorenzo Luzuriaga en 1917. En él Unamuno, quien fechaba su texto el 1 de enero de 1918, realizaba una acre crítica al Epítome de Gramática Castellana de la Academia Española destinado a la enseñanza primaria, pues en su opinión no sólo estaba lleno de disparates sino que estaba afectado de “clasificacionismo”, es decir de la manía de clasificar por clasificar, sin fin ulterior. Y se preguntaba Unamuno: ¿Qué aprende el niño, por ejemplo, con saber que a unos vocablos se les llama substantivos y a otros adjetivos, o que tal otro es “pluscuamperfecto”. La respuesta era obvia: fundamentalmente nada; nada más que palabras. E iba explicando los dislates que la aplicación de esa manía producían en la enseñanza de diversas materias escolares como el catecismo, la geografía, la geometría, donde “se insiste en el disparate de que las líneas pueden ser rectas, quebradas o curvas, sin saber sus leyes genéticas”, la historia de España y la Historia Natural en la que “el clasificacionismo llega al delirio”.

Además Unamuno arremetía contra la pedagogía manjoniana porque al Sr. Manjón (n.1846) se le había ocurrido enseñar esas cosas aplicándolas a los juegos “sin ver que jugando los niños aprenden las mismas vaciedades que aprendían sin jugar”. De manera que “no quieren entender los maestros que en pedagogía lo que importa es lo que se ha de enseñar y no cómo se ha de enseñarlo, y que enseñar jugando puede parar en jugar a que se enseña”.

También criticaba el llamado ejercicio de análisis gramatical en las oposiciones a escuelas, y pedía al director general de Primera Enseñanza, el ya mencionado Marcelo Rivas Mateos, a quien dedicaba el artículo que lo suprimiese, “pues la ciencia no consiste en catalogar el universo -y además mal- para devolvérselo a Dios en orden, numerado y alfabetizado”. La alternativa que proponía Unamuno como ejercicio era que los opositores escribiesen un cuento o una leyenda pues así se podría apreciar si conocían bien su lengua y la empleaban correctamente. Y concluía sentenciosamente: “Hay que acabar con el clasificacionismo: algo de filosofía no vendría mal para ello”.


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Siete días de ciencia y cultura en “El Sol”: la primera semana de enero de 1918

Inicio con esta entrada un experimento comunicativo consistente en ir exponiendo semana a semana, si pudiera ser, lo que me parece más sustantivo de la relación que se estableció entre los científicos, y otros agentes culturales, y sus públicos en la sociedad española de hace un siglo a través de las páginas del diario El Sol, cuyo centenario se celebró recientemente y al que me he aproximado en otras entradas de esta bitácora.(ver aquí).

Tres advertencias previas.

Evidentemente la presencia de la ciencia en la esfera pública de la sociedad española de hace un siglo no estaba conformada sólo por ese joven periódico, recién fundado, y cuya tirada no superaba los ochenta mil ejemplares. Pero su interés por las cuestiones científico-técnicas es un buen observatorio para apreciar el tipo de relación que se estableció entre los científicos y tecnólogos con la ciudadanía de aquella época.

En segundo lugar, dado que el hilo conductor de mi exposición consistirá fundamentalmente en hacer un seguimiento de las hojas dedicadas por el diario El Sol a siete grandes áreas de conocimiento que abordaron sus colaboradores en los diferentes días de la semana serán esas materias científicas las que predominarán en mi presentación del año científico 1918 que intentaré mostrar a través de una serie de cuadros o viñetas, que ojalá pudieran ser 52 para completar todo el año que fue muy intenso en la vida científica y cultural de este país, como intentaré mostrar en los próximos meses.

Finalmente, cuando me sea posible, ampliaré mi periscopio a informar de la presencia de la ciencia y de otros científicos en las páginas de otros periódicos y sobre todo en revistas técnicas, profesionales, culturales -como la Revista General, (de la que ya he informado en esta bitácora)- o gráficas.

Y empiezo mi relato.

En medio de un temporal de nieve que asoló el país, que hizo de Madrid una ciudad alpina, el martes 1 de enero de 1918 publicó El Sol un largo artículo el siquiatra Gonzalo R. Lafora (n.1886) sobre “Los misterios de la sexualidad”, abordando un asunto que ya era de “dominio público”. Gracias a la labor de científicos como Kraft-Ebbing (n.1840), Forel (n.1848), Freud (n.1856) Hirschfeld (n. 1868), Ellis (n-1859) y otros muchos, las cuestiones sexuales podían ser “tema de vulgarización” y llevarse a cabo una educación sexual en “las escuelas de adolescentes”. El texto cubría la totalidad de la sección “Biología y Medicina” que dirigía el propio Gonzalo R. Lafora.

El Sol Biologia y Medicina

El 2 de enero,  miércoles, el crítico de arte de El Sol, Francisco Alcántara (n.1854), informaba a sus lectores de una visita al estudio de Joaquín Sorolla (n.1863) para apreciar un cuadro recién acabado sobre Gumersindo de Azcárate (n.1840), fallecido pocas semanas atrás -el 15 de diciembre de 1917- , intelectual al que estimaba en alto grado por su audacia y “por su persistencia en el estudio, el combate y la virtud”. Pero también pudo ver otros treinta cuadros de diferentes personalidades españolas como Santiago Ramón y Cajal, Leonardo Torres Quevedo, José Echegaray, Manuel Bartolomé Cossío o Ramón Menéndez Pidal, encargados al pintor valenciano por el magnate norteamericano Huntington algunos de los cuales se pudieron contemplar en la exposición que tuvo lugar el año pasado en el Museo del Prado sobre los tesoros de la Hispanic Society de Nueva York.

Resultado de imagen de Azcarate por Sorolla

 Gumersindo de Azcárate visto por Joaquín Sorolla

Y también  ese día el economista Luis Olariaga (n. 1885) en su colaboración “Problemas de la paz. En plena transformación social” de la sección Ciencias Sociales y Económicas se preguntaba por los cambios que sobrevendrían en la estructura social del mundo cuando finalizase la contienda bélica que afectaba a la sociedad española de mil maneras, aunque el país oficialmente fuese neutral en la conflagración mundial. De manera cauta este economista y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Central exponía una serie de hechos e ideas -como la estatización de la economía para los fines de guerra y la pujanza del movimiento sindicalista en Inglaterra- para que sus lectores pudiesen apreciar “las tendencias que actualmente se observan en los núcleos más vitales e inquietos de la sociedad europea”.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El jueves 3 de enero Madrid se encontraba paralizada por la nieve y el tránsito era imposible por la ciudad. Además los madrileños sufrían severos problemas de abastecimiento de productos tan importantes en la dieta de muchos de ellos como la carne y la leche. Para colmo de sinsabores horas antes el palacio real de la Granja había sufrido un severo incendio que destrozó una parte importante de su patrimonio. De todas maneras lectores de El Sol mostrarían interés por la sección de Geografía e Historia que aparecia los jueves.

El Sol Historia y Geografía

El director de esa sección el mexicano Alfonso Reyes (n.1889) dedicaba su colaboración trazar en una segunda entrega la historia de Serbia, apoyándose en el libro homónimo de miss L. F. Waring, accesible on line en la actualidad (aquí), en el marco de la preocupación existente por tener más elementos de información sobre el problema balcánico que había desestabilizado Europa.

También se ofrecía una necrológica anónima del arabista aragonés Francisco Codera y Zaidín (23 junio 1836-6 noviembre 1917) del que se destacaba su labor de creador de una escuela, en la que se ubicaban sus discípulos Julián Ribera y Miguel Asín, pero también sus dotes de inventor y obrero manual, capaz de contruirse una prensa especial para editar en España sus libros en lengua árabe y de hacer una reconstrucción cuidadosa de desvencijados códices de El Escorial salvados de un incendio para lo que “ordenó las hojas por tamaños, contó el número de líneas de cada plana, midió la longitud y latitud de lo escrito, y con estos datos, formó una tabla metódica, con ayuda de la cual pudo atribuir a muchos códices las hojas que les correspondían”.

En la parte dedicada a reseñar libros y revistas de esa sección se hacía un comentario extenso a un artículo publicado en la Revista de Filosofía de Buenos Aires por el médico, filósofo y ensayista argentino José Ingenieros sobre la “Influencia de Lamennais durante la emigración argentina”.

Además aquel día El Sol incrementó su paginación en cuatro páginas para dar cabida a un amplio artículo  del general de división Miguel Primo de Rivera, muy influyente en aquella coyuntura, sobre “El problema militar de España al finalizar el año 1917” abordando aspectos diversos como su organización, su presupuesto, el sistema de ascensos, la política de recompensas, y los asuntos concernientes a la disciplina en el seno de las fuerzas armadas.

El viernes 4 de enero El Sol dio cabida en su primera página a una carta que dirigiera al director del diario  -Félix Lorenzo (n.1879)- uno de sus cualificados lectores como era Ramón Menéndez Pidal (n. 1869). En ella el director del Centro de Estudios Históricos de la JAE cuestionaba la elección por parte del nuevo periódico del término América latina para designar al subcontinente americano de habla española en la sección dedicada a hacer un seguimiento de su vida política.

Y ofreció a sus lectores otras informaciones de interés. Una de ellas era la crónica de su corresponsal en Cataluña Joaquín Montaner (n. 1892) quien ubicaba en 1833 los orígenes del catalanismo político a propósito de una polémica entre el diario barcelonés El Vapor y los periódicos madrileños El Boletín de Comercio y la Revista Española. Otra consistía en las recomendaciones higiénicas que hacía la colaboradora que usaba el seudónimo Beatriz Galindo, abanderada de la mujer moderna en las páginas de ese diario, para que sus lectoras practicasen los paseos al aire libro como el sistema más apropiado para cuidar su cutis.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

Pero indudablemente la información científico-técnica de más enjundia la proporcionó el ingeniero y profesor de la Escuela Industrial de Madrid Federico de la Fuente, responsable de la sección que dedicaba el diario todos los viernes a asuntos relacionados con la ingeniería y arquitectura. En su colaboración de ese día dedicó un amplio artículo a explicar los mejores procedimientos existentes para destilar las hullas productoras de gas. Esa cuestión estaba de actualidad en Madrid porque las retortas de la Fábrica de Gas que alimentaba la iluminación de la ciudad se habían estropeado como consecuencia de la mala calidad del carbón procesado en ellas. Como consecuencia de esa grave avería al no funcionar su alumbrado la ciudad permanecía prácticamente a oscuras en las largas tardes y noches invernales. E informó entonces del funcionamiento del horno inventado por Coze, que estaba considerada como la mejor retorta, o vaso cerrado, donde se calentaba la hulla productora del gas, mostrando un corte longitudinal y otro tranversal de ese tipo de horno.

Horno de gas de Coze corte longitudinal

 

Horno de gas de Coze corte transversal

Prestó también atención a la labor eliminadora y oclusora que desempeñaba el barrilete que se introducía en las retortas. Por una parte filtraba las impurezas que acompañaban al gas procedente de la destilación realizada en cada retorta. Por otro lado actuaba como una válvula de retención regulando la salida del gas procedente de la retorta.

Barrilete

Y destacó la importancia de los condensadores para hacer bajar la temperatura del gas con vistas a controlar otras sustancias que le acompañaban como vapores de naftalina.

Condensador

En la sección de Libros y Revistas de esa interesante sección se ofrecían además noticias de las Lecciones de Electrotecnia, publicadas por el profesor de la Escuela Industrial de Tarrasa Ricardo Caro y Anchía y la memoria titulada Enseñanza técnica moderna de Vicente Machimbarrena (n.1865) y José Cebada Ruiz -institucionista, hijo político del líder republicano Nicolás Salmerón y que sería responsable de la reorganización de las enseñanzas técnicas en el primer bienio republicano (ver aquí) , resultado de las observaciones efectuadas en la célebre Escuela Politécnica de Zurich por esos profesores de la Escuela de Ingenieros de Caminos. Canales y Puertos de Madrid cuando la visitaron en 1916. La memoria, de 200 páginas, estaba ampliamente documentada con cifras, 9 planos y 13 láminas.

Resultado de imagen de Ricardo Caro y Anchía

Enseñanza técnica moderna y su Organización especial en la Escuela Politécnica de Zurich memoria / Vicente Machimbarrena y Gogorza

El sábado 5 de enero de 1918  apareció el artículo “Los grandes progresos de la telegrafía sin hilos. Descubrimiento maravilloso. El audión” de  Vicente Vera y López (n. 1855), uno de los más activos divulgadores científicos en la sociedad española de principios del siglo XX. En él, uno de los fundadores de la Agrupación Socialista madrileña en 1879 (ver aquí),  explicó en detalle las características y el funcionamiento de un invento norteamericano, “de uso libre para todo el mundo” que se había aplicado para instalar en las islas Hawai una estación radio-telegráfica, cuyas señales se habían registrado desde el primer día de su funcionamiento a distancias de diez mil kilómetros. Este hecho significaba que “todos los continentes del globo quedan relacionados unos con otros por medio de la telegrafía sin hilos”, constatando que los avances técnicos impulsaban la configuración de una sociedad global en el planeta, de lo que era otra prueba la transformación de la Gran Guerra en la Primera Guerra Mundial.

El Sol Derecho y Legislación

Asimismo aparecía ese día en la hoja de Derecho y Legislación un artículo titulado “Los plenos poderes del gobierno en Suiza durante la guerra”, cuya autoría correspondía a Fernando de los Ríos (n.1879) responsable de esa sección, catedrático de la Universidad de Granada, futuro dirigente socialista y buen ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante el primer bienio republicano, a cuya labor dedicamos meses atrás varias entradas en esta bitácora.

El domingo 6 de enero, tras un rotundo pronunciamiento de los responsables del periódico en la primera página a toda portada pidiendo la disolución de las Cortes porque el Parlamento no podía resolver “los graves conflictos nacionales”, sus lectores podían fijar su atención en la Hoja literaria, que daba empaque a la edición dominical de El Sol, o/y atender a las reflexivas informaciones contenidas en la Hoja semanal dedicada a Agricultura y Ganadería, que dirigía el catedrático de Instituto, comisionado en la Escuela Superior de Magisterio, Luis de Hoyos y Sainz.

Así en la Hoja literaria se superponían colaboraciones de Miguel de Unamuno (n.1864) “Paisajes del alma”; Enrique Díez-Canedo (n.1879), “Apuntes de la semana. Los Reyes Magos”; del mexicano Francisco A. de Icaza (n.1863) “El feminismo de los clásicos. Quevedo y las mujeres”; José Moreno Villa (n.1887) “La marcha” y Ramón Pérez de Ayala (n. 1880) “Las máscaras. Teatro de justicias y ladrones”. Por cierto Díez-Canedo y Moreno Villa coincidirían también a lo largo de 1918 en las páginas de la efímera pero muy interesante Revista General, financiada por la editorial Calleja, de la que di noticias no hace mucho en esta bitácora, como ya he comentado (ver aquí).

El Sol Agricultura y Ganaderia

Por su parte en la sección de Agricultura y Ganadería el lector podía/puede leer las colaboraciones de Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) “Por la España agrícola. La adquisición de trigos” y del ingeniero agrónomo Enrique Cremades “Original ajeno. El cultivo del algodón en España”. En su artículo Hoyos Sainz reconocía la servidumbre de su hoja periódica respecto a la actualidad por lo que se veía obligado a abordar un problema acuciante como era el de la producción triguera en España basándose en los datos proporcionados por la “recientísima Estadística de la producción de cereales y leguminosas”. Su afán era favorecer la adopción de medidas previsoras, y basadas en el “objetivismo” para no dejarse arrastrar ni por “el optimismo de los que niegan el déficit del trigo nacional” ni por “el pesimismo de los que le estiman crónico y perdurable”.

Y para acabar este apunte semanal trasladémonos al lunes 7 de enero de 1918. Ese día los lectores de El Sol eran informados a través de un suelto de cómo el Anuario Estadístico de España correspondiente a 1916, editado por la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico,  era una “publicación utilísima”, en la que todos los españoles -agricultores y ganaderos, comerciantes e industriales, capitalistas y obreros, navegantes, economistas, los que se ocupan en cuestiones demográficas y sanitarias, productores y consumidores, funcionarios públicos, estadistas y publicistas- “hallarán material de estudio, elementos de juicio, bases para sus cálculos, guía para sus determinaciones”.  Esta accesible aquí. 

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

Pero también tenían acceso en la muy interesante hoja semanal dedicada a Pedagogía e Instrucción Pública que dirigía ese gran pedagogo que fue  Lorenzo Luzuriaga (n. 1889)  a las siguienes informaciones.

Por una parte el propio Luzuriaga firmaba el artículo de fondo “La educación en los Estados Unidos” donde elogiaba el sistema educativo del país de las “posibilidades ilimitadas” por dos razones fundamentalmente. Por el esfuerzo efectuado para escolarizar su población entre 1870 y 1917, de manera que en el curso 1916-1917 recibían educación 24 millones de personas, lo que significaba el 24 por 100 de sus habitantes, guarismo que contrastaba con el 17 por 100 en Francia, el 19 por 100 en Inglaterra y el 20 por 100 en Alemania. Y porque en su opinión “la educación americana es la más general y liberal de las existentes: ninguna división de clase, de riqueza, de confesión religiosa y de sexo es reconocida en ella. Y es hoy una de las más eficientes”.

Por otro lado en un suelto titulado “Las ideas de los niños sobre la guerra” se informaba de un experimento realizado en Londres con niños de algunas escuelas públicas y que había presentado C.W. Kimmis en el Journal of Experimental Pedagogy.  El experimento, consistente en una encuesta por escrito realizada a 1.340 niños y niñas de unos once años, pertenecientes a escuelas mixtas, había tenido como objetivo averiguar qué ideas tenía la población encuestada sobre el auxilio que podrían prestar en caso de guerra.

Finalmente en la sección Libros  y Revistas se resumían diversos artículos entre los que destaco dos: la necrológica efectuada por Lucien Poincaré del rector de la Universidad de París, Louis Liard, que había fallecido el 21 de septiembre de 1917, publicada en la Revue international de l’enseignement y el informe aparecido en la revista Ideas de Buenos Aires acerca de las conferencias impartidas por Julio Rey Pastor (n. 1888) en septiembre de 1917 en tierras argentinas invitado por la Institución Cultural Española. Esa primera visita de Rey Pastor a Argentina tendría hondas consecuencias en el futuro de las relaciones científicas hispano-argentinas, y en la carrera del matemático español más importante de aquella época que desarrollaría sus actividades durante unos años a caballo entre Madrid y Buenos Aires.

 

 

 


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El impulso del Ateneo de Madrid a la cultura científica hace un siglo

Hace unos meses, el 1 de diciembre de 2014, se organizó en el Ateneo de Madrid una mesa redonda en el marco de un ciclo sobre la generación del 14 y el centenario de la primera guerra mundial. En ella se abordó la actitud de los científicos y tecnólogos españoles ante el conflicto bélico que asoló el continente europeo hace un siglo.

El evento fue coordinado por Alejandro Díez Torre. Quienes participamos en él -Ernesto García Camarero, Alberto Gomis, Francisco Villacorta y el autor de esta entrada- , no reparamos entonces en una doble iniciativa que tuvo lugar durante el curso 1914-1915 organizada por la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de esa institución madrileña, tan importante en la configuración de una sociabilidad liberal y en la historia política y cultural española contemporánea.

Me refiero por una parte al ciclo de conferencias que tuvo lugar entre enero y mayo de 1915. En él participó un cualificado grupo de científicos que expuso a los ateneístas la situación en la que se encontraban diversas disciplinas científicas que cultivaban -desde la fisiología a la antropología, pasando por las matemáticas y la química- y cuáles eran los problemas metodológicos con los que tenían que enfrentarse en sus investigaciones.

Desfilaron en efecto por la cátedra del Ateneo a lo largo del primer semestre de 1915 los químicos José Rodríguez Carracido (1856-1928), Eugenio Piñerúa y Álvarez (1851-1937), José Rodríguez Mourelo (1857-1932) y Enrique Moles (1883-1953); los astrónomos Antonio Vela y Herranz (1865-1927), y Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966); los geólogos Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965) y Lucas Fernández Navarro (1869-1930); el físico Blas Cabrera (1878-1945), el matemático Julio Rey Pastor (1888-1962), el fisiólogo José Gómez Ocaña (1860-1919), el ingeniero de montes y biólogo Joaquín María de Castellarnau y Lleopart (1848-1943), el marino y geógrafo José Gutiérrez Sobral (1858-1918) y el antropólogo Luis de Hoyos y Sainz (1868-1951).

También fueron llamados a participar, aunque declinaron la invitación, el ingeniero Esteban Terradas (1883-1950), el botánico Blas Lázaro (1858-1921), el zoólogo Ignacio Bolívar (1850-1944) y el neurólogo y sicólogo Luis Simarro (1851-1921). En esa docena y media de nombres se concentraba una parte relevante de la ciencia de calidad que se hacía en la España de hace un siglo.

La segunda iniciativa de la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo de Madrid en el curso 1914-1915 fue la organización de un ciclo de cursos de especialización que impartieron algunos de los científicos ya mencionados como el matemático Julio Rey Pastor, el astrónomo Pedro Carrasco, el geólogo Lucas Fernández Navarro, el antrópologo Luis de Hoyos y Sainz. A ellos se sumaron el también antropólogo Telesforo de Aranzadi y Unamuno (1860-1945) y el endocrinólogo  Gregorio Marañón (1887-1960), muy joven por aquel entonces.

Podemos acercarnos a ese notable esfuerzo científico colectivo de hace un siglo gracias a una serie de publicaciones en las que conviene reparar nuestra atención.

En efecto casi todos los cursos – impartidos por Gregorio Marañón sobre Las secreciones internas, (accesible aquí); Julio Rey Pastor sobre Introducción a las matemáticas superiores, sobre el que ya llamó la atención su discípulo Ernesto García Camarero en su blog El granero común (ver aquí); Pedro Carrasco Garrorena sobre La teoría de la relatividad en física; Lucas Fernández Navarro sobre Paleogeografía: Historia geológica de la Península Ibérica (ver aquí); y Luis de Hoyos y Sainz  y Telesforo de Aranzadi sobre Etnografía: las bases, los métodos y sus aplicaciones a España- fueron publicados por la biblioteca Corona.

Rey Pastor Biblioteca Corona

Etnografia Aranzadi

Asimismo la mayor parte de las conferencias impartidas en el Ateneo de Madrid entre enero y mayo de 1915 se reunieron en un volumen editado meses después, ya en 1916. Otras conferencias, como la que impartió Lucas Fernández Navarro sobre La geografía física: su estado actual, sus métodos, sus problemas, se presentaron en otras publicaciones como el Boletín de la Real Sociedad Geográfica (ver aquí).

ateneo 1915-2-2Como se aprecia en el siguiente índice en el mencionado volumen se reunieron doce conferencias, dos terceras partes de las que había diseñado su organizador: Luis de Hoyos y Sainz, presidente de una activa sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo en aquel curso de 1914-1915. Fueron estas:

I. Evolución de la Matemática en la Edad Contemporánea. Conferencia de la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo de Madrid. Marzo de 1915. por J. Rey Pastor, Catedrático de la Universidad Central, p. 8-40.

II. Problemas y métodos astronómicos. Su estado actual. Conferencias de  25 de marzo y 15 de abril de 1915. Por Don Antonio Vela y Herranz, Astrónomo del Observatorio de Madrid y Catedrático de Astronomía física de la Universidad Central. p. 41-108.

III. Estado actual, métodos y problemas de la Física. Conferencias de 24 y 31 de enero de 1915. Por Blas Cabrera y Felipe, Catedrático de la Universidad Central. De la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. p. 109-144.

IV. Física matemática. Teoría de la relatividad Conferencia de marzo de 1915. Por Pedro Carrasco, Astrónomo del Observatorio de Madrid. p. 145-168.

V. Métodos y problemas actuales de la ciencia química. Conferencias de 8 de abril y 4 de mayo de 1915. Por E. Piñerúa y Álvarez. Catedrático de Química en la Universidad Central. p. 169-206.

VI. Estado actual, métodos y problemas de la síntesis mineral, Conferencia de 22 de abril de 1915. Por José Rodríguez Mourelo. De la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. p. 207-248.

VII, Estado actual de los problemas y métodos de la clínica biológica. Conferencia de 21 enero 1915 por José Rodriguez Carracido. Catedrático de la Universidad Central. De las Reales Academias Española, de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y de Medicina. P. 249-270.

VIII. Geografía social. Conferencia de 21 de marzo de 1915 por Don José Gutiérrez Sobral, p.271-296.

IX. Métodos y problemas de la Geología. Constitución interna de la Tierra. Conferencia de 25 febrero 1915 por Eduardo Hernández Pacheco. p. 297-316.

X.  Botánica: La teoría celular y los problemas biológicos. Conferencias de 11 y 29 de marzo de 1915 por D. Joaquín Mª Castellarnau. p. 317-376.

XI. Fisiología. Los problemas de la nutrición. Conferencia de abril de 1915 por José Gómez Ocaña. P. 378-401.

XII. La Antropología. Métodos y Problemas. Conferencia de Mayo 1915 por Luis de Hoyos Sáinz. Catedrático de Fisiología.- Presidente de la Sección. p. 403-442.

El libro iba precedido de un prólogo firmado por Luis de Hoyos y Sainz en el que se entremezclan consideraciones sobre los déficits de la cultura científica española de hace cien años con una apuesta por el papel educador que podía desempeñar el Ateneo de Madrid; lamentos por las actitudes rutinarias en la enseñanza de las ciencias, dominada por “una erudición arcaica”, con una defensa de la dimensión creativa de la ciencia; explicación de su plan de acción para acercar los logros científicos al gran público desde la sección ateneista que presidió en el curso 1914-1915 con los logros obtenidos gracias a su esfuerzo organizativo; lamento por no haber logrado todo lo que se había propuesto alcanzar junto al reconocimiento de la ayuda recibida para hacer llegar este libro a sus lectores.

Vale destacar que en esos reconocimientos aparecen dos figuras históricas del liberalismo progresista español y del republicanismo democrático: Rafael María de Labra (1840-1918) presidente del Ateneo en aquel año de 1915, y Manuel Azaña (1880-1940), su eficaz y entusiasta secretario entre 1913 y 1920.

En ese año de 1915 Luis de Hoyos y Sainz y Manuel Azaña eran militantes del Partido Reformista de Melquíades Alvarez, formado por republicanos dispuestos a colaborar con la monarquía de Alfonso XIII.

De hecho el siguiente texto y las actividades desarrolladas en el Ateneo de Madrid hace un siglo pueden ser contempladas como un esfuerzo de la izquierda liberal por aproximar los problemas científicos al mundo de las clases medias progresistas e ilustradas, vivero de los apoyos políticos del Partido Reformista que no logró vencer al bipartidismo de la Restauración.

Reproduzco a continuación el interesante texto de Luis de Hoyos y Sainz, por aquel entonces también catedrático de Fisiología e Higiene escolar de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio de Madrid.

Al organizar la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del ATENEO DE MADRID los trabajos del pasado curso, pensó que la mejor labor que podía realizar, era cubrir la necesidad más apremiante y dañosa de nuestra cultura científica, que es, ciertamente, la que atañe al conocimiento de la metodología y problemas actuales de las ciencias en la investigación y exposición de las mismas. El carácter de reflejo y tornavoz de nuestra vida científica débese, sin duda, a este desconocimiento de los métodos y problemas, no ya por el gran público, que debe al menos conocer su existencia, sino por una gran parte del cuerpo docente y escolar, que expone la ciencia como obra muerta y cuadriculada, y que la aprende como conjunto de cosas pasadas o de verdades canónicas, contrariamente a la gran variedad de que la ciencia se crea, pero no está creada.
La metodología concreta y definida de cada ciencia, no la representada, como dice Cajal, por la panacea de una lógica formal para todas las ciencias, es la que transforma el culto estático y contemplativo a una obra concluida, en cooperación dinámica y trabajo que aportar a una labor no terminada ni terminable.
La ignorancia de los métodos de investigación y el desconocimiento de los problemas planteados, es lo que crea esa manifestación común a toda nuestra estructura pedagógica nacional, de erudición arcaica, frente a la previsión original científica que caracteriza al resto del mundo. Expone datos, doctrinas, y a veces ideas, rebuscadas para el caso, unas veces en recientes lecturas, producto natural de la gran cultura y erudición del dicente, en otras; pero libresca siempre, tomada de las hojas del manual o cogidas de las páginas de la revista, exigiendo ambos trabajos esfuerzo superior al de la observación directa y vivida de la naturaleza y la realidad, con las que el libro o el maestro impidieron establecer fecundas relaciones, despreciando las aguas surgidoras del propio manantial para beber en las rodadas del caudal ajeno.
Siente como pocos esta impotencia de creación científica, este pesar de obra muerta o de bagaje cultural que hay que repartir, para quedar aligerado en su masa, el que, conociendo la enseñanza universitaria, viva también la normal o profesional de los verdaderos maestros, los de la enseñanza primaria. En ella, en los dominios de la Pedagogía –por inexplicable antinomia-, exagérase la cuadrícula y acótase el campo hasta hacer relato lo que es hecho, y espejo lo que es luz. La expresión formal de las cosas, sustituye a la acción enérgica, por renovadora, de las mismas, y la Metodología y la Didáctica, que por esencia son creadoras, redúcense a expositoras de un caudal científico muy ordenado y fijo, como museo de arqueología clásica, en el que no se crea porque no se duda.
Ninguna labor, pues, de más honda y extensa utilidad científica podía hacer el Ateneo y para ello pidió la Sección de Ciencias naturales la colaboración de los que son maestros indiscutidos en cada ciencia, por dominar por completo los modos de crearla. Así cumplía el Ateneo la función propia que, como nadie, tiene en la cultura nacional; la de difusión de la alta ciencia para el gran público, la de expansión de la callada y germinal labor de los investigadores, en una tribuna, adecuada entre todas, para llevar a la cultura general superior de España, las orientaciones de los especialistas que deben informarla y dirigirla.
Coetánea y paralelamente a esta obra de exposición de métodos de trabajo, tenía que presentar la Sección la aplicación concreta de los mismos, dando, no sólo la ley general y teoremática, sino la concreción aplicativa, como fruto del dominio de los métodos y el conocimiento de los actuales problemas. A ello respondían los Cursos breves monográficos, que para un público preparado se dieron por los señores Marañón, Rey Pastor, Carrasco, Fernández Navarro, Aranzadi y Hoyos Sáinz, acerca de Las secreciones internas, Introducción a las matemáticas superiores, La teoría de la relatividad en física, Paleogeografía:Historia geográfica (sic por geológica) de la Península ibérica y Etnografía: las bases, los métodos y sus aplicaciones a España.
No refleja este libro todo el plan elaborado por la Sección, ni siquiera todo el trabajo realizado en la misma. Por diversos motivos que lamentarán los lectores, no llegaron a darse las conferencias de Mecánica, pedida al catedrático de Barcelona señor Terradas; de Botánica, por el académico señor Lázaro; de Zoología, por el director del Museo de Ciencias naturales, señor Bolívar y de Psicología, por el doctor Simarro.
No figuran en el presente tomo, aunque fueron dadas en la cátedra del Ateneo, la de Físico-química, del profesor de la Facultad de Farmacia don Enrique Moles, y la de Geografía física, del catedrático de la Facultad de Ciencias don Lucas Fernández Navarro.
Injusticia sería callar que en la preparación del trabajo que originó este tomo, colaboraron el vicepresidente y secretarios de la Sección, señores Serrano Piñana, ingeniero de Caminos, Honorato de Castro, astrónomo del Observatorio de Madrid; García Miranda, auxiliar de la Facultad de Ciencias, y Moret, doctor en la misma; y preciso es decir que su publicación se debe, al valioso apoyo de la Junta directiva del Ateneo, y especialmente a su venerable presidente señor Labra, y a su infatigable secretario, señor Azaña.

Este texto es expresivo de la atmósfera científica de hace un siglo en una coyuntura en la que la elite científica española empezaba a rejuvenecerse gracias a la irrupción en el panorama científico de los integrantes de la generación de 1914 como Julio Rey Pastor, Enrique Moles, Pedro Carrasco Garrorena, Gregorio Marañón, Esteban Terradas, todos ellos nacidos en la década de 1880. Estos jóvenes científicos junto a otros integrantes de su grupo generacional, como José Ortega y Gasset, contribuyeron indudablemente a dinamizar la vida científica en la sociedad española de hace un siglo como he expuesto en otras entradas anteriores de esta bitácora. También estas iniciativas ateneistas muestran que la labor que desplegaba la JAE hace un siglo para hacer más sólido el tejido científico español estaba acompañada por otras iniciativas surgidas de la sociedad civil.

Para saber más:

Carmen Ortiz García, Luis de Hoyos Sainz y la Antropología española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1987.

Francisco Villacorta Baños, El Ateneo de Madrid (1885-1912), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985. Accesible aquí

Sobre la relación de Manuel Azaña con el Ateneo de Madrid se encuentra información en:

Santos Juliá: “La nueva generación: de neutrales a antigermanófilos pasando por aliadófilos”, Ayer, 91, 2013 (3): 121-144. Accesible aquí

y en un homenaje del Ateneo en el centenario de su acceso a la secretaría del Ateneo (ver aquí).