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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal


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Acto festivo republicano en la sierra de Madrid: la inauguración de la Fuente de los Geólogos en junio de 1932

En el año 2013 una parte de la sierra de Guadarrama, divisoria natural entre las dos Castillas y unida estrechamente a la ciudad de Madrid desde hace largo tiempo, fue declarada parque nacional. Con tal motivo el Instituto Geológico y Minero de España ha auspiciado en 2015 la publicación del magnífico libro colectivo El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cumbres, paisaje y gente, editado por Miguel Mejías Moreno, accesible aquí.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

En uno de sus capítulos el gran geógrafo Eduardo Martínez de Pisón efectúa un apasionante recorrido por su imagen cultural. En él expone cómo los artistas, fuesen literatos o pintores, y científicos se han aproximado a ella, fundamentalmente desde el siglo XVII, que es la época en la que “arranca el sentimiento del Guadarrama con caracteres modernos”. En la página 92 de su texto Martínez de Pisón alude a que un hito fundamental en la valoración cultural de esa sierra fue el homenaje que se hizo en 1932 en la Fuente de los Geólogos a los naturalistas Casiano de Prado (1797-1866), José Macpherson (1839-1902), Salvador Calderón (1851-1911) y Francisco Quiroga (1853-1894) por ser los “primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y amor a la naturaleza”. Así dice la placa inserta en esa fuente, inaugurada el domingo primaveral de 12 de junio de 1932 según se ha recordado recientemente en una curiosa guía del turista friki. (ver aquí).

Esa alusión de Martínez de Pisón es muy somera, así como otra dedicada a ese evento efectuada en el capítulo tercero del mencionado libro titulado”El descubrimiento científico de la sierra de Guadarrama: origen del desarrollo de la geología en España”. Por ello me ha parecido pertinente en esta entrada acercarme con más detalle al contexto en el que se produjo la inauguración de la fuente de los geólogos, monumento republicano que aún pervive para solaz de quienes la visitan y se refrescan en sus saludables aguas.

En la organización del acto cumplió un destacado papel la Sociedad Peñalara. De hecho el arquitecto autor de la fuente, Julián Delgado Ubeda, era un destacado montañero integrante de esa sociedad. Ante el encargo que le hizo la Comisaría de Parques Nacionales optó por construir un arco austero de piedra que descansa sobre un pilón, en el que vierte agua un caño de bronce.

Fuente de los Geólogos

No ha de extrañar por tanto que fuese un  periodista deportivo – Angel Cruz y Martín- quien diese cuenta de las características de ese evento en las páginas de la revista ilustrada Crónica con las siguientes palabras:

En la carretera de Madrid a La Granja, cerca del bello puerto de Navacerrada, cara a los Siete Picos majestuosos y rodeada de pinos olorosos y fuertes, brota una fuente, de linfa clarísima y fresca, que en homenaje a la memoria de cuatro ilustres hombres de ciencia, amantes de la Naturaleza por lo que tiene de vida, llevará el nombre de Fuente de los Geólogos. Es un sencillo y precioso monumento- el segundo de los que en el Guadarrama ha levantado la Junta de Parques Nacionales por iniciativa del insigne y modesto sabio, como todos los sabios de verdad, señor Hernández Pacheco, obra del joven y admirable arquitecto don Julián Delgado Ubeda, que en construcciones montañeras tiene un insuperable prestigio, ganado en una labor estimadísima por cuantos las conocen y disfrutan.

Este monumento –que ofrece agua y descanso al caminante- está elevado a la memoria de Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y de amor a la Naturaleza, según reza la lápida conmemorativa. La Fuente de los Geólogos ha sido inaugurada con la solemnidad sencilla en cosas de montaña y con el realce prestado con la presencia y el aplauso de personas conspicuas en las esferas de la inteligencia, que saben lo que es la religión montañera, de la que “San” Francisco Giner fue su mejor apóstol.

Cronica 1

En efecto, el ente promotor de la construcción de ese lugar de la memoria científica en pleno corazón de la sierra de Guadarrama había sido la Comisaría de Parques Nacionales, que presidía el aristócrata asturiano Pedro Pidal (1870-1941), y el delegado de Sitios y Monumentos Nacionales de interés adscrito a esa comisaría, que era el hiperactivo catedrático de Geología de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), militante en aquellos meses del partido radical de Lerroux. Más adelante veremos cómo Hernández Pacheco padre, -cuyo hijo Francisco, otro eminente geólogo, estuvo entre el público asistente a ese acto de inauguración-, aprovechó el acto para reivindicar la labor de los geólogos en la sociedad española.

Ahora conviene fijarse en que lo que ocurrió aquella mañana del 12 de junio de 1932 fue un acto de exaltación de la labor cultural, científica y pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), como lo muestran no sólo las intervenciones del rector de la ILE Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) y de Julián Besteiro (1870-1940) -presidente del Congreso de los Diputados, destacado dirigente socialista y antiguo alumno de la ILE-, sino también la intervención musical de la masa coral del Instituto-Escuela, el innovador centro educativo que venían impulsando los institucionistas desde su creación en 1918 gracias al apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese coro estaba dirigido por el notable compositor y pedagogo valenciano Rafael Benedito Vives (1885-1963), quien aparece en el centro de la siguiente fotografía rodeado de sus alumnas.

alumnas Instituto-Escuela fuente geologos

Manuel Bartolomé Cossío, dada su avanzada edad y sus achaques de salud, no pudo desplazarse al solar donde se emplazó la fuente, pero preparó unas cuartillas que fueron leídas por el presidente de la ILE, el jurista asturiano Manuel Pedregal (1871-1948). Expongo a continuación el contenido de las breves reflexiones de Cossío, de gran interés, por exponer con claridad la labor llevada a cabo por los institucionistas para “domesticar” el Guadarrama. Esa labor  fue impulsada por Francisco Giner de los Ríos quien, para estimular el amor a la Naturaleza patria desde una de las columnas vertebrales de la península ibérica, contó con la inestimable ayuda de sus amigos geólogos. A esos amigos -Macpherson, Calderón y Quiroga- los institucionistas republicanos quisieron rendir homenaje aquel 12 de junio de 1932, pronto hará 85 años.

De los cuatro geólogos cuya gloria cantará desde hoy esta agua sonora, tres fueron de la Institución desde que ella nació hasta que ellos murieron. En la Institución enseñaron, en ella investigaron y, lo que vale más todavía, en ella espiritual y plenamente convivieron.

El año que viene hará precisamente medio siglo que un amanecer del mes de julio de 1883 salía de Villalba por esta misma carretera de Navacerrada un grupo de alumnos y maestros; todos a pie, con su cayado y con su lío al hombro. Era la primera vez que la Institución acometía la conquista de la Sierra. Había ya visitado monumentos y ciudades próximas y lejanas; había deambulado por otras regiones de llanura y montaña; pero la Sierra, esta Sierra, estaba todavía para ella inmaculada.  

¿Quién acompañaba al grupo como maestro geólogo? Salvador Calderón.

Cuando la conciencia pública señala a Giner como apóstol y profeta del amor a la Sierra, ¿habrá quien pueda extrañarse de que su nombre se invoque en este acto al lado del de sus fraternales amigos los geólogos, de quienes tanto aprendiera, a quienes tanto enseñara y a quienes, si viviese sería el primero en glorificar hoy aquí con todo el fuego de su alma inflamada!”

En efecto  Giner, aunque había fallecido en 1915, estaba ominipresente en cualquier evento institucionista. En su proceso de mitificación también participaron los redactores de la revista Crónica al denominarlo “San Francisco Giner”.

Giner Cronica 1932

La sentida intervención de Cossío, quien hacía de patriarca de los institucionistas en el primer bienio republicano, fue complementada con el discurso más improvisado del mencionado Julián Besteiro, cuyas palabras fueron escuchadas con atención. Tras contrastar varias fuentes estimo que su discurso pudo ser el siguiente:

Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno , porque, como es sabido, no desempeño funciones gubernamentales. Seguramente las Cortes, que por méritos de la suerte más que por merecimientos personales represento, se sentirán compenetradas con la significación de este acto. Pero yo quiero dar a esta intervención mía más bien un carácter sentimental, de reminiscencia, de los días de mi infancia que evocan la ocasión, el lugar y, sobre todo, las bellas palabras del Sr. Cossío, leídas por mi amigo José Pedregal.

Cuando yo tenía trece años mis compañeros y yo seguíamos por estos caminos a nuestros maestros, y aquellos jóvenes maestros seguían a don Francisco Giner y al nuevo espíritu que don Francisco Giner trataba de infundir en el país.

Como ha ocurrido con frecuencia en las épocas de decadencia y en el momento de iniciarse un impulso renovador, los mejores espíritus de aquellos tiempos fueron a buscar ejemplos estimulantes en el Extranjero. Fue el ejemplo de la filosofía alemana llegado a nosotros con Sanz del Río; fue el ejemplo de la filosofía y de la pedagogía inglesas introducido aquí más directamente por D. Francisco Giner.

Y animados de aquel espíritu nuevo seguían a don Francisco Giner por estas montañas los maestros jóvenes y les seguíamos también un puñado de niños, animados de un entusiasmo que nos hacía realizar empresas tal vez superiores a nuestras fuerzas, y cuya significación solamente hoy podemos comprender plenamente.

Era, sin duda, que el injerto de ideales ajenos iba prendiendo en la planta que ahonda sus raíces en el pasado de nuestra historia, como una promesa de una nueva vida nueva y fecunda.

Con frecuencia, en nuestras marchas y expediciones contaban en nuestro espíritu la palabra del viejo poeta:

“Allá a la vegüela de Matadespino, por ese camino que va a Lozoyuela”.

Sin saberlo nosotros íbamos buscando por estos montes, no lo serranillo del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir.

Ahora, en esta ocasión, yo veo congregados en torno a la fuente de los geólogos a amigos de la infancia, como Pedregal, como García del Real, como José Cebada, como Palomares, como Pedro Blanco, y me parece que estoy viendo marchar a nuestro lado a D. Francisco Quiroga, con su bondad juvenil y su cabellera blanca, o me siento transportado a orilla del Tormes y veo aparecerse a D. José Macpherson mezclando sus enseñanzas con un tono afectivo de sencillez.

En los días a que estos recuerdos se remontan éramos un grupo reducido, fuertemente unido por el entusiasmo, pero aislado en la gran masa del país.

Luego ese espíritu se ha ido extendiendo y hoy vemos participar de él a los hombres de características sociales más diversas: restos algunos de viejas aristocracias, clases medias dedicadas a profesiones liberales, hombres de la oficina y hombres del taller y de la fábrica. Y al ver este alentador espectáculo comprendemos la significación de aquellas primeras excursiones por la Sierra y aprendemos a querer y honrar cada día más a nuestros maestros.

Besteiro discurso

Discurso de Julián Besteiro en la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Fotografía de Cortés reproducida en Mundo Gráfico 15 junio 19232 p. 16

De estas intervenciones se deduce que Giner y las diferentes oleadas de ginerianos concibieron la Sierra de Guadarrama desde 1883 como la atalaya desde la que otear el horizonte y trazar planes de acción para la reforma de España. Téngase en cuenta, por ejemplo que, semanas después al evento del domingo 12 de junio de 1932 que estoy rememorando, en una reunión que tuvieron en los pinares del Guadarrama Fernando de los Ríos, Pedro Salinas y otra media docena de intelectuales en el verano de 1932 se diseñó la construcción de la Universidad Internacional de Santander que entraría en funcionamiento al verano siguiente de 1933.

En su afán de conocer la Sierra de Guadarrama y convertirla en símbolo cultural y en un instrumento de higiene física y mental, los institucionistas no sólo promovieron su detallado conocimiento científico, sino que también ayudaron a redescubrir a los poetas castellanos que glosaron su paisaje y su paisanaje. Así promovieron el estudio de la obra del célebre arcipreste de Hita, cuyo Libro del Buen Amor introdujeron en el canon de la literatura clásica en lengua castellana. En esa tarea se inscribe, por ejemplo, la edición popular que hizo en 1917 para la editorial Saturnino Calleja el mexicano Alfonso Reyes en sus años de trabajo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE, a los que ha prestado atención recientemente Mario Pedrazuela en su trabajo “Alfonso Reyes y la Filología: entre la Revista de Filología Española y la Nueva Revista de Filología Hispánica” (ver aquí). Dada la estrecha relación entre el Centro de Estudios Históricos y el Instituto-Escuela, dependientes ambos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, no ha de sorprender que en la actuación musical del Coro del Instituto-Escuela que amenizó la excursión campestre a la fuente de los geólogos aquel 12 de junio de 1932 se cantase la “Serranilla” del mencionado Libro del Buen Amor y otras coplas populares.muchachas Instituto-Escuela Estampa

Esa actuación musical era prolongación de la que el mismo coro había ofrecido el 23 de noviembre de 1930 en el homenaje que se hizo a la memoria del arcipreste de Hita cerca del alto del León de la sierra de Guadarrama cuando se inauguró el monumento natural conocido desde entonces como “Peña del Arcipreste”. En él se leía la inscripción”1330-1930/Al ARCIPRESTE/ DE HITA/CANTOR DESTA SIERRA/DO GUSTÓ LAS AGUAS/ DEL RIO DE BUEN AMOR”. El homenaje fue auspiciado por la Real Academia Española, que dirigía el filólogo Ramón Menéndez Pidal, también director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y por la Comisaría de Parques Nacionales a través de la figura del geólogo Francisco Hernández Pacheco, el mismo promotor de la Fuente de los Geológos inuagurada el 12 de junio de 1932. Y, tal y como ha subrayado Alvaro Ceballos Viro en un muy interesante artículo (ver aquí), tal homenaje de 1930 al arcipreste de Hita era de inspiración institucionista. De tal manera que en la Real Orden publicada el 12 de octubre de 1930, mediante la cual se declaraba la Peña del Arcipreste “sitio y monumento natural de interés nacional”, se hacía mención explícita al principal promotor de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, quien el 6 de junio de 1915, a las pocas semanas de su fallecimiento, había recibido no muy lejos de allí el tributo póstumo de sus discípulos.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Llegada la República la exaltación de la Sierra de Guadarrama como espacio de demofilia se consolidó. Ya Agustín de Foxá había constatado, según nos recuerda Alvaro Ceballos, que antes de la llegada del nuevo régimen político “la sierra era republicana. Allí acudían los hombres pulcros a maldecir la España oficial. Allí extraían todas sus metáforas para una Patria joven, fresca, limpia y europea, la España del sol y la alegría, en oposición al Madrid clerical y reaccionario”. Ese marco de demofilia practicado en la Sierra de Guadarrama por los republicanos es el que explica, según Alvaro Ceballos, que el Arcipreste, reivindicado por los institucionistas y cantado por la Masa Coral del Instituto-Escuela, “no fuera el experto jurista, ni el versado mudejarista, ni el prerroformista de inspiración goliárdica, ni el producto de muchos otros textos singulares posibles, sino precisamente el autor de las serranillas. Serranilas que, no se olvide, escenificaban los turbulentos amores entre un letrado y una mujer del pueblo: no es difícil, por lo tanto, leerlas como una traducción simbólica, complaciente y aun lúdica de la relación entre las elites intelectuales y los estratos populares de la sociedad española”.

Pero los institucionistas no fueron los únicos protagonistas el día de la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Aquel domingo 12 de junio de 1932 también intervinieron activamente en la sierra madrileña científicos y naturalistas para reivindicar las tareas que habían hecho sus antecesores y las que ellos mismos estaban efectuando para conocer mejor el territorio español. Las palabras que pronunció el decano de la Facultad de Ciencias Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966), catedrático de Física Matemática de la Universidad Central y director del Observatorio Astronómico de Madrid, y que posteriormente se exiliaría a México donde falleció, no nos han llegado. Sí disponemos, gracias a su inclusión en las páginas del diario El Sol de 15 de junio de 1932, del discurso de Eduardo Hernández-Pacheco, el primer orador que intervino en aquel acto conmemorativo al haber sido su principal promotor.

Hernandez Pacheco fuente geologos

Eduardo Hernández-Pacheco mientras lee su discurso en la inauguración de la Fuente de los Geólogos.

Un extracto de su discurso, ejemplo elocuente del papel desempeñado por los naturalistas para fomentar el sentimiento de amor a la patria y de las permanentes quejas de los científicos españoles acerca del desdén al que, según ellos, le han sometido los poderes públicos, fue este:

Es la memoria de hombres de los tiempos modernos  a quienes rendimos hoy homenaje al inaugurar este sentido monumento que tan admirablemente armoniza con el paisaje, en este espléndido bosque de la olímpica montaña castellana y que tan acertadamente simboliza, sin pretenciosas alegorías arquitectónicas ni escultóricas, el limpio espíritu, la labor frucífera, la ciencia de estos cuatro sembradores de cultura y amor a la Naturaleza.

Los cuatro fueron exploradores y descubridores de la constitución geológica y geográfica de la Península Hispánica, de esta amada tierra nuestra, que debemos considerar como un minúsculo continente porque en el conjunto de sus diversas regiones se integra la variedad de climas, de topografía y de producciones naturales que en los extensos continentes del planeta componen sus distintos países y naciones.

Venimos a honrar hoy la grata memoria de sabios devotos de Gea, diosa resplandeciente y venerable, madre de todos y de todo. Y les rendimos nuestro homenaje porque con su callada y noble labor asentaron los primeros jalones del conocimiento de la Geología y de la Geografía Física de nuestra España.

No fueron hombres alentados y favorecidos por la protección oficial, ni brillaron conocidos por las muchedumbres, sino trabajadores austeros y callados, cuya labor fue apreciada por el escogido núcleo de los intelectuales de todos los países.

Ninguno de los tres eximios españoles: Macpherson, Calderón y Quiroga, recibieron recompensas ni honor alguno, concedido a sus grandes méritos, por el Estado o las corporaciones oficiales; ni tan siquiera la entonces Real Academia de Ciencias les llamó a su seno, honor que ellos hubieran agradecido mucho, aun siendo de notoria justicia, pero que ni se les otorgó ni ellos solicitaron. Por esto el acto de hoy tiene, no sólo el carácter de exaltación de sus méritos, sino también el de reivindicatorio.

El arquitecto Delgado Ubeda, que a su exquisito arte y mucha ciencia une el ser gran amante de la Naturaleza, e intrépido montañero, es el autor de este sencillo y bello monumento.

En recuerdo de tan eximios ciudadanos denominamos a esta fuente Fuente de los Geólogos, que brota en el corazón de la Sierra Carpetana, por ellos estudiada; junto a las altas divisorias de los dos ríos caudales castellanos: Duero y Tajo; en medio de este espléndido bosque de recios y aromáticos pinos, frente a la bella y fuerte montaña de Siete Picos, coronada de abruptos canchales graníticos, y en el corazón de la vieja cordillera castellanolusitana, que une a ambas Castillas y enlaza a las dos naciones hespéricas.

En representación del Instituto Geológico también tomó la palabra el ingeniero de Minas Agustín Marín y Beltrán de Lis (1877-1963), en cuya intervención no hubo ninguna alusión a la labor llevada a cabo por los geólogos institucionistas. De ahí que el único periódico entre los que he consultado que se hizo eco de su intervención fue el diario católico antirrepublicano El siglo  Futuro.  En su edición del 14 de junio de 1932 extractó una parte del  discurso de Agustín Marín en estos términos.

Gran satisfacción es para el Instituto Geológico la que le han dispensado los organizadores de esta fiesta de tan fina y elegante espiritualidad, invitándole a tomar parte en ella, y sólo lamento que no pueda asistir el director de ese Centro, que  os hablaría con una elocuencia y una altura que a mi humilde persona le está vedado alcanzar. Todos mis compañeros de Instituto y de Ingeniería se unen de todo corazón a este homenaje por dos razones: por las personas a quien está dedicado y por la forma con que se ha llevado a la práctica.

Vemos que al dedicar esta fuente a los geólogos habéis querido hacerlo de un modo integral a todos los que creen que el fundamento, la base de la civilización está en fomentar la naturaleza. A esta sierra se puede venir como un artista a aprender cómo se crea la poesía y la emoción. Así, nuestro gran Velázquez supo en el cuadro del príncipe Baltasar Carlos, resaltar el contraste que produce la pompa y la vanidad que acumularon en el niño con la austeridad y la grandeza del paisaje de La Maliciosa. El excursionista busca solaz, trata de disolver sus preocupaciones en el aire de las serranías, y la persona culta relaciona la estructura orogénica con la historia y la leyenda, y así exclamó uno de los grandes cantores del Guadarrama, Enrique de Mesa, desde lo alto de la divisoria:

“A un lado el solar del Cid; al otro, la tierra de Don Quijote”.

Pero el geólogo llega a más: comprende que los seres, las cosas, las montañas, no son completas si no se enlazan a su pasado y no se vislumbra en ellas su porvenir; no piensa sólo en el momento, sino que investiga cómo se llegaron a formar estas cordilleras, por qué los ríos circulan por dónde lo hacen, a qué fenómenos de erosión, de formación morfológica, están sometidas las rocas, por qué los canchales y las peñas, jugando a esculturas, tienen esas formas tan caprichosas, y hasta se ocupa de qué será de estas piedras en el más allá, en el porvenir.

Pero además, la forma de perpetuar la memoria de los geólogos que se ocuparon del Guadarrama, tiene tan poética sencillez, tan justa expresión, tan exacta aplicación (y en esto hay que hacer el cumplido elogio al artista que lo interpretó), que habla mucho más el corazón que lo puedan hacer las magnificencias escultóricas y arquitectónicas, como lo fue la tumba de Napoleón.

El manantial es símbolo de misterio, y así Plinio exclama: “En ninguna parte muestra la Naturaleza ser tan milagrosa como en las fuentes”. Para los geólogos ya no hay casi enigmas, y ahora escudriñan los conductos por donde deben circular el agua, las entrañas de la tierra, que visita, y buscan la relación de la ciencia pura con la ciencia de aplicación, y así las grandes lucubraciones que se fraguan en la mente de los sabios o de los ingenieros, se resuelve en veneros de riqueza, que inundan esos campos de Dios.

Pero además, la fuente lleva unida la idea de reposo material y aún más la de actividad mental. Yo me figuro a nuestro gran Casiano de Prado, padre de la geología del Guadarrama, hace casi un siglo, fatigado de sus andanzas por la sierra, recibir con deleite el descanso que le brinda la fuente, sentarse en una piedra, dejar el martillo, la brújula, abrir su libreta, y lo mismo que los filetes de agua se suceden unos a otros en el chorro de esa fuente, así las ideas se engarzaban en la mente de aquel hombre y luego se relacionan con las de los que vinieron después, y con los que ahora la visitan y con la de los que llegarán más adelante, y retenidas en los libros, como el agua en los embalses, elévase así la cultura de los pueblos, y, por tanto, la dignidad de los hombres.

¡Gentes de la ciudad: venid a estas sierras, oled a tomillo, reposad en estas fuentes y reverenciad, y a ser posible, seguid el camino de hombres como los que hoy honramos y así trabajaréis por el bien de la humanidad!”.

Curiosamente en ese mismo ejemplar del Siglo Futuro uno de sus colaboradores, con el seudónimo fray Junípero, presentó un suelto que evidenciaba las fobias anti institucionistas del nacional catolicismo, y su obsesión, dado su antisemitismo, con la política favorable a los sefarditas que intentó implantar el gobierno republicano de aquella época, particularmente el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Revela el suelto que transcribo el grado de virulencia de  la guerra de ideas instalada en la sociedad española en aquel año de 1932, anunciadora de las tormentas de fuego futuras:

Anteayer se inauguró en la Sierra la Fuente de los Geólogos. El acto, con pretensiones científicas, fue un himno al triunfo de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que se cantó allí. Por cierto que en las reseñas echamos de menos al piisimo don Elías Tormo, que otorgó a la funestísima Institución el monopolio de la enseñanza oficial y nos trajo a la Central al insigne rabino honorario don Erasmo, que ayer fue muy de mañana a Toledo a visitar y orar largamente en la sinagoga del Tránsito, que se rumorea será entregada a los sefardíes para sus ritos.

En fin, múltiples significados tuvo el evento que se celebró aquel domingo de 12 de junio de 1932 en un incomparable marco de la sierra más castellana frente a Siete Picos y la Maliciosa. Es de esperar que en los meses que faltan para conmemorar el 85 aniversario de aquella iniciativa cultural, cuyos promotores intentaron mezclar ciencia, naturaleza, arte y alegría, se pueda seguir profundizando en ellos.

sierra Guadarrama

 

Para saber más:

Santos CASADO, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons Historia, 2010.

Santos CASADO, “Ciencia y política en los orígenes de la conservación de la naturaleza en España”. En Eduardo Hernández-Pacheco, La comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España, edición facsímil, Madrid, Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.

Santos CASADO, La ciencia en el campo: Quiroga, Calderón, Bolívar, Madrid, Nivola (Colección Novatores), 2001.

Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO, “En la inauguración de la Fuente de los Geólogos”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 56 (867), p. 221-222

Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Música para un ideal: Pensamiento y actividad musical del krausismo e institucionismo españoles (1854-1936), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2009

La Sierra de Guadarrama en el Museo del Prado. Itinerarios didácticos. Acceso on line en:

https://www.museodelprado.es/recorrido/la-sierra-de-guadarrama-en-el-museo-del-prado/8c434691-d84e-483d-ac69-8c73ec307a10

 


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El contexto del primer documental efectuado por las Misiones Pedagógicas republicanas en Navalcan (Toledo)

Las Misiones Pedagógicas pueden ser consideradas como el gran proyecto cultural republicano para expandir los valores cívicos del nuevo régimen político entre la población campesina.  Una de sus estudiosas, María García Alonso, ha subrayado cómo uno de los objetivos de esa empresa emblemática de educación informal fue potenciar las intuiciones artísticas de los campesinos, estimulando su imaginación mediante el recurso de dispositivos variados como el uso del cine.

misiones-pedagogicas espectadores

Precisamente María García Alonso  -una de las organizadoras de la gran exposición sobre las Misiones republicanas que se llevó a cabo en 2007 y que dio lugar a un magnífico catálogo– en su interesante texto “Intuiciones visuales para pueblos olvidados. La utilización del cine en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República Española” (ver aquí) explica que fue en el pueblo toledano de Navalcán donde, entre el 27 de enero y 1 de febrero de 1932, Guillermo Fernández López-Zúñiga, considerado el fundador del cine científico en la España contemporánea, efectuó el primer documental rodado en contexto misionero.  En él se incluía una boda lagarterana en la que todo el pueblo se había vestido de gala. «Esta oportunidad nos permitió filmar en 16 mm color una película que titulamos Boda en Navalcán, en la que se detallaba la extraordinaria riqueza de los trajes de todos, luciendo su mejor artesanía” diría años después su autor. 

El mismo Guillermo Zúñiga, según comenta una de sus principales estudiosas la historiadora de la ciencia y del cine Mª Luisa Ortega, afirmaría en 1990 en Madrid, tras haber retornado de su largo exilio en Francia y Argentina, lo siguiente a propósito de las pretensiones pedagógicas que alentaban esos misioneros, imbuidos de responsabilidad social: ” El propósito era corregir, en lo posible, por nuestros limitados medios la gran injusticia que se producía entre los niños que nacían en las grandes ciudades y los niños que nacían en los pueblos pequeños, aislados, sin carreteras ni luz eléctrica, ni agua corriente…Se permanecía en el pueblo, desde un par de días a una semana, según las necesidades. Llegamos a proyectar cine con baterías en pueblos que aún no tenían alumbrado público, a los que fue necesario llevar los aparatos a lomos de burro por no haber carretera. El sentir la emoción y las reacciones que producían las proyecciones de películas documentales en aquellos espectadores que veían cine por primera vez, me ha marcado para siempre. Me parecía que, dominando la técnica cinematográfica y teniendo, por mi profesión, una formación científica aceptable, tenía la obligación social, tenía la ineludible obligación de hacer ese tipo de cine de educación o divulgación científica que tan útil podía ser para incrementar la cultura de nuestro pueblo”.

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En mi seguimiento de las actividades culturales y científicas desplegadas por la Segunda República en el mes de febrero de 1932 me he encontrado con tres testimonios elocuentes de esa misión pedagógica que suscitó la atención de ciertos periodistas y escritores dado que fue visitada por el ministro Fernando de los Ríos. Estos documentos permiten aproximarnos al contexto en el que se llevó a cabo el primer documental cinematográfico rodado por los misioneros, hoy perdido, y entender mejor las luces y sombras de ese complejo esfuerzo de intercomunicación cultural entre los hombres y mujeres de las ciudades con afanes de transformación social y los campesinos, muchos de ellos en difícil situación económica, depositarios de un saber ancestral.

Corpus Barga y Zugazagoitia en 1933

Corpus Barga y Julián Zugazagoitia, fotografiados por Santos Yubero en Madrid en 1933.

El primer testimonio corresponde al escritor republicano Corpus Barga, que tenía una columna diaria en el diario Luz, efímera pero gran iniciativa periodística financiada por Nicolás María de Urgoiti. En el momento de hacer la columna que se ofrece a continuación Corpus Barga era un simpatizante de la conjunción republicano socialista que gobernaba. Años después, antes de establecerse definitivamente en su exilio peruano a partir de 1948, acompañaría a Antonio Machado en su paso pirenaico en aquella trágica huida del invierno de 1939 al ser derrotada la República. No hace mucho Manuel Vicent dedicó una emotiva semblanza (ver aquí) a ese gran periodista escritor que fue Corpus Barga, como se aprecia en el siguiente texto publicado en Luz el 2 de febrero de 1932 en su sección “Entre dos luces”.

Un pueblo por Corpus Barga.

Navalcán. 700 casas. 400 parados. 300 pequeños propietarios y arrendatarios. La dehesa, un encinar en desbandada, es de los señoritos de Madrid. Los navalqueños tienen más capacidad de trabajo que territorio municipal. No pasan mucha hambre ni los parados. Viven todos de la fama de otro pueblo –Lagartera-, a quien le ha perdido su fama. Los lagarteranos se han acostumbrado a vivir de las labores que hacen las lagarteranas. La mujer que trabaja no sustituye al hombre porque el hombre sin trabajo y con dinero de su mujer se lo gasta. Los lagarteranos se han arruinado todo lo que se han enriquecido los navalqueños: unos miles de pesetejas. Las navalqueñas trabajan también para las lagarteranas, y muchas labores de Lagartera que las lagarteranas venden en Madrid son de Navalcán.

Las casas de Navalcán tienen así labores de Lagartera -y loza del pueblo importante más próximo, que es Talavera de la Reina, la reina de la loza. Navalcán no tiene todavía carretera; construyen la de Parrillas. Todo el paisaje es de encinas. Al fondo, Gredos. El pueblo está encharcado. El alcalde opina socarronamente que, como viven hacinados las personas y los animales -algunas vacas y ovejas, además de los animales domésticos-, huye la peste con sus microbios. Hoy se ha echado un pregón para que los mozos y las mozas vistan de ropa de gran gala. Por primera vez un Gobierno, el Gobierno de la República, envía un ministro a Navalcán. Este ministro no viene a pedir nada a los navalqueños. Viene a regalarles unos libros, un gramófono, un cinematógrafo, y más tarde les regalará una radio.

Muchos navalqueños hace cuatro días que saben lo que es el cinematógrafo y el fonógrafo; los han visto y oído hace cuatro días por primera vez. Se los ha enseñado la Misión de maestros y estudiantes que anima doña María Luisa Navarro. Desde hace cuatro días hay títeres en el pueblo. Unos títeres nunca vistos en Navalcán. El pueblo está de fiestas, con alguna ráfaga melancólica, como es siempre la observación del campesino. “Ustedes se irán-les dice el campesino a los animadores, estudiantes y maestros-, ustedes se irán y se olvidarán de nosotros”. No; la República no se puede olvidar de la verdadera España, es decir, de los pueblos. Aquí se halla la tarea viva para todo lo que haya en España de espíritu emprendedor. Misiones para los pueblos. Como los estudiantes rusos de la época romántica. Pero no a la manera rusa de entonces, sino a la de hoy en el plan quinquenal, a la manera americana. Cien equipos de Misiones volantes con camionetas, cinematógrafo, libros, que tiendan la red de una organización espiritual permanente por toda España. “Concluir con el aislamiento de los pueblos”. Tal es el plan de la República. Esto viene a inaugurar a Navalcán, confirmando la emocionante labor de una Misión de ensayo, el ministro de Instrucción, D. Fernando de los Ríos. Por esto se han vestido de charras del Oriente las navalqueñas, con sus peinados japoneses; con sus collares, pañuelos y refajos de colores brillantes, y los navalqueños, de charros severos, completamente occidentales. Por esto mozos y mozas bailando, como en los días de boda, en la plaza de Navalcán, entre Toledo y Avila, entre dos Españas.

Antes de que llegara el ministro de la República llegó, por la mañana, al pueblo un jabalí de la dehesa que venía huyendo de la cacería de los señoritos. Durante una hora tuvieron que hacer los parados, unos cuantos; el jabalí no dio trabajo para los 400. 

Gredos desde Navalcán

El segundo testimonio corresponde a un reportaje de un periodista de Luz que acompañó al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en la visita que llevara a cabo Fernando de los Ríos a Navalcán. En él se captan elementos de la personalidad de ese dirigente socialista, detalles de los integrantes de la misión,  – en la que había dos profesores del Instituto de Talavera -, y donde probablemente Edgar Neville y un técnico de la casa Kodak colaboraron con Fernández López Zúñiga en el rodaje del mencionado documental. Y se ofrece información de las diversas actividades llevadas a cabo por el equipo de misioneros que trabajaron en Navalcán y de las reacciones de los lugareños de ese pueblo toledano ante ese evento, cuyas resonancias nos son desconocidas.

En viaje con D. Fernando de los Ríos. La magna empresa de las Misiones Pedagógicas. 

(Luz, 2 de febrero de 1932 p. 8)

Iniciación al viaje.-

Ocho de la mañana, en casa de don Fernando de los Ríos. Una buena iniciación para el viaje, porque vamos a un pueblo junto a Talavera y la morada del ministro es un museo popular. De nuestro arte y del arte de otros pueblos influidos por España, porque este hombre parece haber ido a América sólo para ver mejor a España y medir su grandeza. Pero ha de advertirse que D. Fernando de los Ríos encuentra la grandeza en las magnas líneas históricas y en las menudas cosas, para él igualmente egregias. …. Pero este apasionado del arte popular no es un erudito que adora el azulejo, el ladrillo colgado de un museo. También adora a la musa, es decir, al mismo pueblo. Por eso vamos a Navalcán, en la provincia de Toledo, donde una misión pedagógica está desde hace una semana.

Un plan decenal de cultura.-

En el coche. La frase con que otros acaban es por la que empieza D. Fernando: “Está todo por hacer en instrucción pública”. Pero esto no le entristece ni paraliza; esto carga la máquina y al punto salta el resorte de la resolución: “¡Hay que hacerlo todo!” Y la ingente labor le exalta y le pone febril. En esto se conoce al político creador, que, como los verdaderos artistas, se entusiasma y se eleva ante la dificultad…

 Construiremos anualmente -nos dice- 3.000 escuelas y formaremos cada año 4.000 maestros. Al terminar 1932 habrá 11.000 maestros más. En el año 1900 había 22.000; en 1930 había 32.000. En veintiún meses de República habremos aumentado el número de maestros más que la Monarquía en treinta años. 

Tengo en estudio una organización económica en forma que el Estado no tenga que desembolsar el total de las cantidades necesarias para la construcción de escuelas

Dentro de unos días -dice, entre otros detalles- se abren 18 escuelas en el Municipio de Chamartín, y en pocos meses Madrid contará con 225 escuelas más.

En el nuevo presupuesto [que se estaba elaborando y se aprobaría a finales de marzo de ese año tras tener que hacer Fernando de los Rios sucesivos recortes] se destinan subvenciones para los patronatos universitarios, clínicas y laboratorios, para que las Universidades puedan cumplir todos sus fines culturales y artísticos, trayendo profesores extranjeros, reteniendo aquí los estudiantes más capacitados en la Universidad a la terminación de sus estudios, porque sepan ustedes –nos dice- que principalmente los Estados Unidos ofrecen honorarios subidos a los pocos especialistas en Historia, Filología, etc., que vamos formando. Luego nos habla del teatro universitario ambulante, del teatro lírico nacional y de la orquesta nacional también ambulantes. Dentro de unos años España será otra.

¿De qué siglo?

Hemos pasado Talavera de la Reina. Un guía nos aguarda al borde de unos encinares. Tenemos que dejar la carretera y andar por largas dehesas, malos caminos de carro cruzados por riachuelos donde el automóvil da fondo. Al fin, Navalcán; un pueblo grande, de 3.800 habitantes, lejano de las rutas, encerrado en sí mismo. Las calles son un barrizal de detritus. Si el agua corriera y no se estancara, las llamaríamos arroyos. Pero, a veces, por una entornada puerta, se entrevé una limpia cocina de paredes encaladas, donde penden docenas de platos de Talavera, cuyos mismos dibujos azules repite secularmente el tejedor en los pañuelos y chales de las mujeres. Jung [el siquiatra, sicólogo y ensayista suizo] dice que muy pocos hombres viven en el presente. Vivir en el presente no es vivir en esta fecha, sino “vivir” los problemas actuales. ¿En qué siglo está viviendo este pueblo? Cuando estos pueblos se sublevan, matan e incendian, también es un levantamiento de aldeanos de siglos remotos, medievales. ¡Y dicen que es comunismo!

Los equipos misioneros

Al descender del auto nos espera el pueblo reunido con las autoridades. Allí está la Misión Pedagógica. Doña María Luisa Navarro de Luzuriaga, directora de la Escuela del Hogar; señorita [Matilde] Moliner, profesora del Instituto de Talavera [implicada en la organización y cuidado de las primeras bibliotecas circulantes de las Misiones Pedagógicas]; señorita Quilez, alumna de la Escuela Superior del Magisterio; señor Fisac, profesor del Instituto de Talavera; Sr. Fernández López [Guillermo Fernández López Zuñiga (1909-2005)] , de la Federación Universitaria Escolar; D. César Rodríguez, maestro del grupo escolar Cervantes de Madrid, y Sr. Pacheco, técnico de la Casa Kodak. Esto es una Misión: un equipo de gente entusiasta y casi toda juvenil, de profesores y alumnos distinguidos que se lanzan, con temple deportivo, a instruir un pueblo remoto. Los jóvenes de la Misión se presentan con atuendo de deportistas: en jersey, descubiertos, la tez curtida y soleada. El fútbol, las carreras, la moto están desembocando en esto. La fuerza, la sana alegría, el ánimo aventurero, dispendiados inútilmente en el deporte, dan aquí un rendimiento. El espíritu ha puesto en esta energía su turbina y la utiliza. Estos jóvenes trabajan en la Misión desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche, sin ahorro de actividad, “ex abundantia cordis”. Son electricistas que instalan el cine, recitadores, cantantes, maestros, todo en una pieza. Así quince días. Al retirarse dejan en las escuelas una biblioteca, un gramófono, un cine. Y hay el proyecto de dotar de aparatos de radio a estos pueblos apartados, herméticos. Y desde luego volver, volver varias veces. ¡Si esto se hiciera a un mismo tiempo en mil aldeas de España!

¿Qué hacen las Misiones Pedagógicas?

He aquí el programa de un día de la Misión Pedagógica en las dos escuelas de Navalcán. Explicaciones de Historia de España, historia del libro, cuidados y reparaciones que exige. Recitación de romances explicados, poesías de Marquina, Gabriel y Galán, Mesa [Enrique de Mesa, considerado “el poeta de la sierra“]. Lecciones de lenguaje. Música regional. Proyección de las películas “A las puertas del Artico” y “La vida en el fondo del mar”. Asisten todos los niños y niñas de las escuelas públicas y cuatrocientas personas mayores.

La biblioteca que se deja a la escuela consta de unos cien volúmenes. Libros de Historia de España; de Geografía, de Agricultura, reproducciones artísticas, “Vida de las abejas”, “Vida de las hormigas”, “Grandes exploradores de España”, cuentos de Andersen, extractos y trozos de “Don Quijote”; “Odisea”, “Iliada”, “Historia de la Tierra”, “Vida de los astros”, exploraciones de Amundsen, vidas de Stephenson, Edison, Franklin, etc., etc.

En una ceremonia sencilla el ministro entrega la biblioteca a las escuelas del pueblo. La arenga del ministro es un llamamiento para que los oyentes cumplan sus deberes cívicos; un llamamiento a la cordura, a la reflexión, en términos sencillos, ungidos de emoción, que a todos hieren en lo hondo.

 

Navalcan joven


Mujer joven de Navalcan engalanada

Una revolución en una caja de puros

Una espléndida comida en casa del médico Sr. Rey Larramendi. Sirven la mesa sus cuatro hijos -dos muchachos y dos muchachas- vestidos “a la gala antigua”. A los postres el Sr. Rey ofrece al ministro un cigarro envuelto en papel de plata con la cifra del monarca destronado. Cuenta cómo ha llegado a sus manos este cigarro del monarca al huir de Madrid. Entonces el ministro le ofrece, a su vez, otro cigarro regalo de un amigo, fabricante de Cuba, en cuya sortija se lee: “F. de los Ríos”. El médico coloca este cigarro en el mismo sitio donde estaba el otro. Y así, de esta manera, se realizó el cambio de régimen en una simple caja de puros.

Navalcan mujeres

Socialista y tradicionalista

A la tarde, baile popular en la plaza. Mozos y mozas visten el traje antiguo. Orquesta: dos guitarras curtidas, un violín elemental que el músico toca como quien parte una hogaza con un cuchillo, dos tapas de cacerola, un almirez. A lo que cantan le dicen la “jota verata”

El ministro, que entiende de cantos como de tapices y hierros, sitúa la copla entre la malagueña y el fandangillo. Ante el portentoso cuadro de color, Edgar Neville, inmigrado de Hollywood, exclama, como síntesis de admiración:

– ¡ Charlie Chaplin vería esto llorando !

Y no es la menor emoción oír al ministro socialista recomendar que no se pierdan estos trajes, estos cantos, estos bailes; que no se pierda la tradición española. El fue a buscarla hasta los Estados Unidos y la encontró un día que en un desierto norteamericano un indio de largas trenzas le pidió:

-Caballero: ¿tendriais cuatro reales?

Una nueva clase social

A la vuelta, otra vez por encinares, el guía se desorienta y nos encontramos perdidos en un arenal donde para avanzar el auto un metro tiene que retroceder dos. La sombra de un aldeano a caballo nos lleva al buen camino.

En el coche hablamos poco, con esa voz triste de los regresos.

– Se han censurado mis decretos de Justicia sobre la cuestión agraria. Toda revolución es formación de nuevas clases sociales en que se apoya el nuevo régimen. Y aquellos decretos han formado una nueva clase social para la República.

Envío

Un hombre, D. Manuel Bartolomé Cossío, iniciador de estas Misiones Pedagógicas, vive con el cuerpo enfermo, inmovilizado, pero su espíritu corre juvenil reencarnado por cuerpos jóvenes y sanos, dividido y, sin embargo, entero, haciendo la España grande con que sueña.

Cossio Cronica 1931

Cossio Cronica dibujo de Espada

El tercer documento del que doy cuenta es el extracto del testimonio de uno de los integrantes de la misión que nos ofrece información relevante sobre las interacciones entre los misioneros y misioneras y los habitantes de Navalcán, particularmente la cincuentena larga de trabajadores militantes del PSOE, con los que discutieron de política y compartieron audiciones musicales para levantar el ánimo.

Las reflexiones de un misionero

Navalcán (Toledo).- 27 de enero a 1 de febrero de 1932.- “Llegamos a Navalcán el día 27 a las seis de la tarde. A nuestra llegada el pueblo, que está en fiesta, nos rodea y nos dice: ” ¡Aquí están los republicanos!” “Vienen a hacernos función” A pesar de los esfuerzos del inspector y de los maestros nos reciben un poco como a una compañía de circo.

(…) En la Casa del Pueblo. El domingo, 31, después de una última actuación de Misiones, la señora de Luzuriaga y la señorita Moliner se vieron rodeadas por los cincuenta y tantos obreros que componen el partido socialista de Navalcán y fueron invitadas a visitar la cocina que les sirve de local social.

Poca luz, paredes de adobe, reflejo rojo de lumbre de leña, caras fatigadas y curtidas. Parece aquello un aguafuerte.

Entre tanto traen discos; un asociado lee y comenta un artículo sobre la C.N.T. y la F.A.I. Uno de los reunidos hace manifestaciones encendidas en odio. La señora de Luzuriaga aprovecha el momento para explicarles cómo las ideas más extremas  pueden ser nobles. Se hace llamada a la cordura y comprensión humanas, al respeto de las conciencias, etc. Todo ello en plan de familiaridad y sencillez. Entre aquellos hombres hay quien llora. Estuvo preso el año diecisiete. Recuerdos pasados se evocan en esos momentos. Emoción en todos. Cordialidad.

Les hacemos oir música y acaba la sesión con el espíritu levantado y señales de esperanza.

(extracto de Memoria del Patronato de Misiones Pedagógicas (septiembre 1931-Diciembre 1933). “Dicen los misioneros” reproducido en Mariano Pérez Galán, La enseñanza en la Segunda República española, Madrid, Edicusa, 1977, pp. 359-360).

Para saber más:

Eugenio Otero, coordinador, Las Misiones Pedagógicas, 1931-1936, Residencia de Estudiantes-Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2007, 552 pp., 437 ilustraciones.

María Luisa Ortega y Clemente Tribaldos, “Sensibilidad y técnica. Las películas científicas de Guillermo Zúñiga” (ver aquí) María Luisa Ortega, coord, Guillermo Zúñiga: la vocación por el cine y la ciencia, Madrid, UNED-ASECIC, 2011