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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Matemáticos que compartieron mesa y mantel en el Madrid de marzo de 1936

El pasado martes 2 de octubre de 2018, mi colega y amigo Jean-Louis Guereña me mostró uno de sus libros, recién editado por Biblioteca Nueva,  Cultura, ocio, identidades. Espacios y formas de sociabilidad en la España de los siglos XIX y XX.

Guereña Sociabilidad

Al hojearlo me dí cuenta, y así se lo hice saber a Jean-Louis, que faltaba un capítulo dedicado a la sociabilidad de los científicos, quienes la practicaron, y la siguen practicando, en diversos espacios y de diversas formas a lo largo de la época contemporánea.

Al adentrarme en estos meses en el quinquenio republicano 1931-1936, he percibido, por ejemplo, que era habitual homenajear en torno a una mesa y mantel a los jóvenes científicos que accedían a una cátedra universitaria, o que obtenían una distinción. Imitaban así los científicos a otros intelectuales, como quienes decidieron dar la bienvenida en el Madrid de febrero de 1936 a Rafael Alberti y María Teresa de León tras un largo viaje a tierras mexicanas y cubanas, cuestión de la que he dado cuenta recientemente en mi otra bitácora. (ver aquí)

Ya en esta bitácora advertí hace unas semanas cómo la escuela del médico y notable investigador Jiménez Díaz mostró musculatura en el convulso Madrid de la primavera de 1936 al celebrar el triunfo de uno de los suyos -Manuel Díaz Rubio Lurueña- en unas reñidas oposiciones. (ver aquí)

Ahora doy cuenta de cómo otro colectivo científico que se había fortalecido en los años republicanos, como era el de los matemáticos -tal y como constató Julio Rey Pastor en una entrevista que le hiciese José Gallego Díaz en el diario El Sol de la que informé en la anterior entrada de esta bitácora (ver aquí) – compartió ese rito de celebrar un ágape para reforzar su identidad como grupo social y colectivo profesional.

En efecto, con motivo de la obtención de la cátedra de Análisis matemático, que se impartía en el segundo curso de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, por parte de un joven Ricardo San Juan Llosá (1908-1969), -ganó la cátedra con menos de 30 años- un grupo de sus compañeros y amigos decidieron mostrarle su reconocimiento y afecto, y “testimoniarle la admiración por su intensa labor científica”, celebrando un banquete en el Hotel Gran Vía de Madrid, ubicado enfrente del actual edificio de Telefónica, el sábado 7 de marzo de 1936.

Hotel Gran Via

En su desarrollo tomaron la palabra el decano de la Facultad de Ciencias, el astrónomo Pedro Carrasco Garrorena -presente en esta bitácora con motivo de haber sucedido a Echegaray en su cátedra  (ver aquí) , el homenajeado Ricardo San Juan, y el secretario de la Comisión organizadora José Gallego Díaz, y a quien también vamos siguiendo a través de diversas entradas de este cuaderno de investigación.

Este joven matemático, que luego sería padre de la actual directora del diario El País, e hiperactivo en aquellas semanas de gobierno del Frente Popular, leyó las adhesiones al homenaje de los ausentes en el banquete, varios de ellos cualificados representantes de la elite científica republicana, al encontrarse fuera de Madrid, probablemente. Entre ellos estaban Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), Honorato de Castro (1885-México 1962), Pedro González Quijano (1870-1958), Huidobro, Fontenla, Morales y Fraile, Reyas, [Mariano] Mataix, Sixto Ríos (1913-2008), Luis Bru Villaseca (1909-1997) y Carmen Martínez Sancho (1901-1995).

Luego el decano Pedro Carrasco Garrorena, impulsor de la organización del banquete, “hizo una brillante apología del agasajado y expresó su seguridad en que las excelentes dotes de investigador del sr. San Juan encontrarán eco propicio en esa juventud actual, a la que, por fortuna, le interesa más el saber que el aprobar”, según el testimonio de uno de los periodistas asistentes al evento.

El evento finalizó con unas palabras de agradecimiento del doctor San Juan y las felicitaciones al homenajeado de una “numerosa concurrencia, entre la que se contaban las figuras más destacadas de la investigación científica española”, tal y como destacó el gacetillero de El Sol que dio noticia a sus lectores de ese acto social al día siguiente de su celebración.

Entre los asistentes se encontraba el grueso del comité organizador del homenaje formado por un relevante grupo de científicos, según noticia ofrecida por el diario Ahora, que dirigía en los meses previos al estallido de la guerra civil ese gran periodista que fue Manuel Chaves Nogales. La casi veintena de nombres que enumero a continuación representaban en gran medida la vanguardia del conocimiento matemático existente en la España republicana, si bien había otras notorias ausencias en ese comité organizador del homenaje a Ricardo San Juan, como era el caso de Esteban Terradas (1883-1950).

Estos son los personajes que constituyeron el mencionado comité organizador: Julio Rey Pastor (1888-Buenos Aires 1962), creador de una escuela de matemáticos en España y Argentina y gran renovador de la enseñanza de las matemáticas parte de cuyo archivo está accesible on line (ver aquí), José Alvarez Ude (1876-1958), catedrático de Geometría Descriptiva de la Universidad Central -así se denominaba a la de Madrid- desde 1916, José Barinaga (1890-1965), catedrático de Análisis Matemático 1º de la Universidad Central desde 1931, Pedro Pineda (1891-1983), catedrático de Geometría Diferencial y de Geometría y Trigonometría de la Universidad Central desde 1933, Tomás Rodríguez Bachiller (1899-1980), catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central, un gran tertuliano y un matemático humanista según Antonio Rodríguez Huéscar (ver aquí) , Sixto Cámara (1878-1964), catedrático de Geometría Analítica de la Universidad Central desde 1935, Pedro González Quijano (1870-1958), profesor de Hidráulica e Hidrología de la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos de Madrid desde 1924, Blas Cabrera (1878-México 1945), catedrático de Electricidad y Magnetismo de la Universidad Central desde 1905, y rector de la Universidad Internacional de Verano de Santander desde 1934, Julio Palacios (1891-1970), catedrático de Termología de la Universidad Central desde 1916, Pedro Carrasco (1883-México 1966), catedrático de Física-Matemática de la Universidad Central desde 1917 o 1918 sustituyendo en ella a José Echegaray, y decano de su Facultad de Ciencias en los años republicanos, Honorato de Castro (1885-México 1962), catedrático de Cosmografía y Física del Globo de la Universidad Central desde 1920, Francisco Navarro Borrás (1905-1974), catedrático de Mecánica Racional de la Universidad Central desde 1930, José Sánchez Pérez (1882-1958), catedrático de Matemáticas en varios institutos desde 1908 -entre ellos el madrileño Instituto-Escuela adscrito a la JAE, del que este año conmemoramos su centenario- y relevante historiador de las matemáticas hechas en España, Pedro Puig Adam (1900-1960), catedrático de Matemáticas en el madrileño Instituto San Isidro desde 1926, el militar Vicente Inglada (1879-1949), geodesta y sismólogo de renombre internacional, un joven Sixto Ríos (1913-2008), profesor auxiliar del catedrático de Análisis Matemático IV de la Universidad Central Tomás Rodríguez Bachiller, el también joven Luis Santaló (1911-Buenos Aires 2001), recién regresado de Hamburgo donde había hecho estudios de doctorado con el geómetra Wilhelm Blaschke, Antonio I. Flores de Lemus (1876-1941), notable economista y catedrático de Economía Política de la Universidad Central desde 1920 y el también joven José Gallego Díaz (1913-Caracas 1965), quien dirigía desde 1932 la revista Matemática Elemental y era un activo divulgador de las matemáticas en las páginas del diario El Sol, como estoy destacando en este cuaderno de investigación.

Indudablemente uno de los méritos del joven catedrático Ricardo San Juan, -del que años después Sixto Ríos haría una sentida necrológica (ver aquí)-, fue sentar en torno suyo a matemáticos de diferentes ideologías y distintos grupos generacionales, que reaccionarían de muy diferente manera meses después cuando sobrevino el estallido de la guerra civil que produjo la desarticulación de un colectivo de matemáticos que se estaba esforzándose por internacionalizar su producción científica. Unos marcharon al exilio, como Pedro Carrasco, Honorato de Castro, Luis Santaló, otros serían figuras relevantes de las matemáticas producidas en la era de Franco, como Sixto Ríos.

 

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El homenaje a un joven catedrático de Medicina en el Madrid de 14 de febrero de 1936

Si en la última entrada de mi bitácora fijé la atención en el homenaje que un grupo de amigos brindaron a María Teresa León y Rafael Alberti el domingo 9 de febrero de 1936 ahora me traslado a unos días después -al viernes 14 de febrero-. En esa ocasión fueron 23 médicos quienes se movilizaron para homenajear a uno de los suyos, a alguien que sería importante posteriormente en la medicina española, como fue el caso del doctor Manuel Díaz Rubio Lurueña (Madrid 1908-1976), creador de la hepatología en España. Como veremos a continuación ese homenaje sirvió para que la escuela de Jiménez Díaz sacase músculo ante los méritos de un joven médico pensionado en el extranjero que obtuvo su cátedra a los 28 años, en otra muestra del rejuvenecimiento que se produjo en las plantillas universitarias durante la Segunda República.

Nuestra fuente de información es la siguiente noticia aparecida en la segunda página del diario republicano La Libertad, uno de cuyos subdirectores era el padre del periodista Eduardo Haro Tecglen, del jueves 13 de febrero de 1936

EN HONOR DE UN CATEDRATICO

“Habiendo sido nombrado, después de reñidas oposiciones, para ocupar la cátedra de Patología médica de la Facultad de Medicina de Cádiz el joven doctor D. Manuel Díaz Rubio, y deseando expresar a éste nuestro entusiasmo por su triunfo y nuestra admiración por su intensa labor científica, con tanta modestia llevada a cabo al lado de sus maestros, un grupo de amigos y compañeros se reunirá para ofrecerle un sencilo homenaje que le sirva de estímulo en su labor docente y profesional.

Doctores Leonardo de la Peña (Ciudad Real 1875-Madrid 1957), Carlos Jiménez Díaz (Madrid 1898-1967), Lorenzo Gironés (Barcelona 1902-Managua 1955), Felipe Morán, Heliodoro G. Mogena, [especialista del aparato digestivo], Victoriano B. Acosta  [Ayudante de Otorrinolaringología de Antonio García Tapia desde 1933[,  Baldomero Sánchez Cuenca (Alcalá la Real-Jaén 1896-Madrid 1967) [discípulo de Jiménez Díaz],  Miguel Sancho, Alfonso de la Peña (Valladolid 1904-Madrid 1971),  Francisco Bielchowsky, [exiliado  de la Alemania nazi e hijo de Max Bielschovsky quien había solicitado a Cajal que le acogiese en Madrid, habiéndose incorporado a la clínia de Carlos Jiménez Díaz a principios de 1933 como ya señalé en mi edición de Los tónicos de la voluntad de Cajal], Luis Recatero, Carlos Albert, José de Paz, Francisco Vega Diaz (Sevilla 1907-Madrid 1995), Juan López Brenes, Darío del Pozo, Angel Suils (Logroño 1906), [gestionaba una clínica siquiátrica en Ciudad Lineal al empezar la guerra civil donde se refugiaría el fundador del Opus Dei José María Escrivá de Balaguer] Manuel Marcos, Carlos Lorca, Luis Cifuentes (Madrid 1907-2005), Manuel Arredondo (Madrid 1879- ?), Antonio G. Tapia (Ayllón, Segovia, 1875-Madrid 1950), Plácido G. Duarte (Carcelén 1897-Madrid 1986).

El banquete se celebrará mañana, 14 de Febrero, a las diez de la noche en el restaurante Capitol. Las tarjetas para el acto se pueden recoger en la portería del Hospital Clínico de San Carlos hou jueves, y mañana viernes, de diez a una y media de la mañana y hasta las seis de la tarde del mismo día en la Conserjería del edificio Capitol”.

Ese edificio Capitol, uno de los símbolos de la Gran Vía madrileña se había inaugurado el 15 de octubre de 1933. Su restaurante tenía unas magníficas vistas sobre la ciudad como subraya M.G. Giménez en su interesante blog sobre Antiguos cafés de Madrid (ver aquí).

Vcisitudes posteriores de ese colectivo de médicos pueden seguirse en trabajos como en la obra autobiográfica de F. Pérez Peña, Los últimos clínicos de San Carlos. Estampas y Vivencias de la Facultad de Medicina de San Carlos.

Añadiré que muchos de esos médicos habían sido alumnos, discípulos o colegas de Cajal, cuya huella seguía viva y omnipresente en el Madrid de 1936. Días antes del banquete mencionado, el jueves de la semana anterior, el 6 de febrero, se había representado en el teatro Victoria de Madrid, con gran éxito de crítica y público “Nuestra Natacha” de Alejandro Casona, estrenada el otoño anterior en Barcelona. Pues bien nada más iniciarse la obra el público podía apreciar cómo presidía la habitación de la Residencia de Estudiantes donde se desarrolla el acto primero un retrato de Cajal que parece inspirar la labor de algunos de los protagonistas de la obra como el médico Somolinos, doble del que sería en México un gran historiador de la medicina Germán Somolinos, o el entomólogo Mario, e incluso me atrevería a decir de la misma protagonista “Natacha”, la primera mujer doctora en Pedagogía surgida de una universidad española, con la misma voluntad pedagógica que Cajal.