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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Geografía moderna en las aulas del Instituto de Ourense hacia 1907

El patriarca de las letras gallegas Ramón Otero Pedrayo (1888-1976) tuvo a principios del siglo XX en las aulas del Instituto General y Técnico de Ourense un maestro que le dejaría honda huella: el catedrático de Geografía e Historia Eduardo Moreno López (Madrid 1870-Ourense 1911).

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El destacado intelectual y político galleguista, y también catedrático de Geografía e Historia de diversos institutos de enseñanza media a partir de 1919, y primer catedrático de Geografía en la Universidad de Santiago a partir de 1950, evocaría a ese profesor en diversas ocasiones.

Dejó de él una hermosa semblanza en su Livro dos amigos. Y en el artículo , “Una excursión de la Sra. Pardo Bazán“, publicado en el diario orensano La Región, 26 febrero 1959, p. 1, recordaba que Eduardo Moreno López  “explicaba maravillosamente la Geografía y fue uno de los primeros españoles en conocer y apreciar los métodos y valores de la ciencia de Ritter, Humboldt y Ratzel“.

En un selecto núcleo de discípulos gallegos, pertenecientes algunos de ellos a la generación vinculada a la revista Nos, el catedrático de Geografía e Historia Eduardo Moreno López dejó una profunda impronta. Pero hoy sus aportaciones son prácticamente desconocidas, a pesar de meritorias iniciativas como el blog creado por David Corton.

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Gracias a un artículo pionero publicado en la revista Sarmiento por Carmen Benso en 1999 conocemos algo de su trayectoria vital.

Eduardo Moreno López era hijo del también catedrático de Historia y Geografía del Instituto de Cádiz Alfonso Moreno Espinosa (1840-1905), amigo personal del líder del krausismo español Francisco Giner de los Ríos. Llegó a Orense en1897 siguiendo los pasos de un íntimo amigo, el que sería posteriormente dirigente socialista Julián Besteiro, quien durante dos años ejerció en ese instituto gallego de catedrático de Psicología, Lógica y Etica. Los dos amigos habían ganado con gran brillantez sus respectivas oposiciones. Pero si Besteiro tras su corta estancia gallega emprendió nuevos rumbos Moreno López permaneció en Ourense. En su Instituto fue catedrático desde septiembre de 1897 a noviembre de 1911.  Al año siguiente sus amigos y discípulos organizarían un homenaje en su memoria.

Eduardo Moreno Lopez numero homenaje

En sus años orensanos ese militante y dirigente local del Partido Republicano Radical, fundado en 1908 por Alejandro Lerroux , que había sido alumno de su padre en el Instituto de Cádiz, se preocupó por ofrecer soluciones a los problemas educativos existentes en la Galicia profunda como lo revela el trabajo redactado en 1906 Medios prácticos para difundir la cultura en la provincia de Orenseanalizado por Carmen Benso en el mencionado trabajo.

Pero dedicó fundamentalmente sus energías a introducir sustanciales mejoras en la enseñanza de la geografía en cuya potencialidad formativa tenía una gran confianza.

El 24 de noviembre de 1900 pronunció en el Liceo-recreo de Artesanos de Orense la conferencia titulada “La geografía moderna”. Una década después, en 1910,  publicó el trabajo Federico Ratzel. Su vida y su obra. Breve noticia biográfica y bibliográfica para popularizar la obra del fundador de la Antropogeografía.

También editó diversos manuales como un Compendio de Geografía Económica en 1902, y dos libros que tendrían amplia circulación: Fundamentos de la Geografía. Ensayo de un compendio científico de Geografía general Las Partes del Mundo y los Estados de Europa: ensayo  de un compendio científico de Geografía descriptiva. Con ellos se propuso “contribuir a orientar la enseñanza de la Geografía en España en un sentido ratzeliano”. Sus primeras ediciones fueron de 1908.

Un año antes, en julio de 1907,  enviaba a la Tipografía de Barcelona El Anuario de la Exportación un singular y meritorio instrumento didáctico: un Atlas escolar o colección de cartas de estudio para uso de los alumnos de Geografía general y de Europa de los Institutos de Segunda Enseñanza y de todos los alumnos de Geografía en los distintos centros de enseñanza. Su prólogo revela un pensamiento geográfico moderno y unas dotes pedagógicas notables que han sido apreciadas por quienes se han familiarizado con la labor de ese catedrático de Instituto, como Albino Núñez Domínguez o el ya mencionado Ramón Otero Pedrayo, quien en 1920 revisaba y ponía al día la décima edición de los dos manuales publicados por Eduardo Moreno López en 1908.

Dado su interés me permito transcribir a continuación el prólogo completo del mencionado Atlas escolar, según las notas tomadas de un ejemplar consultado en la Biblioteca Nacional de Madrid  el sábado 9 de marzo de 2013

” Este Atlas Escolar que, tras muchas vacilaciones originadas por una legítima desconfianza en nuestra capacidad, damos hoy a la estampa, lo ofrecemos a profesores y estudiantes, llenos de fe en la eficacia y virtualidad docente del pensamiento que ha inspirado nuestro trabajo; pero, llenos también de temor, temor vivísimo de no haber alcanzado en la ejecución, aquel mínimum de acierto necesario para que la idea generadora surta los efectos apetecidos y responda a la finalidad propuesta.

Esta finalidad que ambiciosamente perseguimos, es: suministrar a la enseñanza de la Geografía en nuestros centros oficiales un instrumento de trabajo de que carece, y que le es absolutamente necesario si ha de responder a las exigencias modernas hoy satisfechas en todos los pueblos cultos. Tales exigencias son de dos órdenes: científicas unas, pedagógicas otras. Las científicas consisten en dar á la Geografía el carácter y sentido de ciencia humana ó para el hombre, ciencia de la vida y para la vida, que estudia los hechos geográficos, no para su simple registro en forma de repertorio, sino como factores de la vida social. El estudio de la Tierra hecho desde el punto de vista humano, y como ciencia práctica y de aplicación, constituye un artículo de primera necesidad, en la cultura contemporánea.

Las exigencias pedagógicas se refieren á la ordenación de datos y á la forma de su presentación. La primera, ó sea lo referente al orden, estriba en cuidar muy escrupulosamente de que la exposición de los datos geográficos vaya de lo general á lo particular, de lo más genérico á lo específico, y en presentar primero, dentro de cada materia, aquella categoría de hechos que deben reputarse como causas ó antecedentes, y sin cuyo conocimiento previo, sería difícil explicar aquellos otros hechos que son sus efectos o consiguientes. Ej: la Hidrografía es un hecho geográfico determinado por la Configuración vertical, y, sería por tanto, un grave error pedagógico, en el que sin embargo, se incurre harto frecuentemente, el invertir el orden en su exposición.

Y por lo que se refiere á la forma de presentar ó exponer los hechos geográficos, debe ser tal, que el hecho se apropie en su conjunto, en sus grandes líneas generales, y no aislado, sino relacionado con los precedentes que lo determinen ó condicionen. Esta articulación de los datos dando un carácter eminentemente orgánico á la ciencia geográfica facilita de modo extraordinario su aprendizaje y suscita desde el primer instante el más vivo interés, que se mantiene despierto y avivado cuando la exposición de los hechos le va mostrando sus conexiones íntimas y el admirable proceso de su generación.

Pero hay más. La Geografía debe tener esta finalidad práctica como disciplina docente: suministrar á las generaciones nuevas el conocimiento exacto de los factores políticos hoy en juego sobre el Planeta con sus recursos de todo género y principalmente los económicos. Como estos factores han de integrar la vida del mañana, la vida que han de vivir nuestros alumnos, importa proveer á éstos de elementos de juicio para que aprecien con exactitud el valor de los agentes que han de concurrir á la West-Politik (Política mundial) y á la vida universal, de la que forma parte y depende, la de la nación á que pertenecemos, y aun la propia vida individual. De aquí el inmenso valor social y político de esta enseñanza. Y de aquí, la necesidad absoluta, imperiosa, de dar á ésta un carácter eminentemente práctico y de aplicación.

A este sentido y orientación obedece en su contenido, disposición y, hasta en sus menores detalles esta Colección de elementos gráficos, en la que hemos intentado satisfacer todas las exigencias antes mencionadas, y, que ofrecemos á nuestra juventud escolar para el aprendizaje de una de las ciencias de mayor necesidad en la vida moderna.

Atendiendo precisamente á esa finalidad práctica que debe revestir toda enseñanza, hemos dado el amplio lugar que puede advertirse en nuestro Atlas, á la Geografía Económica.

Como esto constituye, desgraciadamente, una novedad en la enseñanza de la Geografía en nuestro país, vale la pena de que apoyemos y justifiquemos nuestra iniciativa con algún razonamiento.

El fundamental es esta verdad indiscutible: la lucha por la vida reviste cada día más carácter económico. A las antiguas cuestiones nacionales que dividían a los pueblos, suceden, con creciente preponderancia, las cuestiones económicas, las de intereses materiales. Ese es el terreno sobre el que se han de librar las luchas futuras, el campo de batalla, ó el pacífico palenque, abierto á las generaciones actuales, ó las venideras. Es inútil cerrar los ojos á esta abrumadora realidad. Pues bien; ¿puede un maestro, más aun, puede una enseñanza, que no es último término sino una preparación para la vida, prescindir de esa imposición de los hechos, volverles la espalda y aferrarse á rutinas que hacen inútil, cuando no dañosa la instrucción? Eso no puede sostenerse; repetimos y repetiremos cien veces lo antes dicho: hay que suministrar ciencia viva y para la vida. Este es el lema de la pedagogía moderna, y el maestro que de él se desentienda, puede abandonar por inútil, y hasta por pernicioso, su augusta función.

Y, he ahí, la razón capital que tenemos para enseñar con amplitud Geografía Económica en nuestra cátedra oficial, y he ahí, porque damos larga cabida á esta clase de datos en nuestros programas, y porque hemos hecho otro tanto en este Atlas, y porque aprovechamos toda ocasión de difundir este concepto y orientación de la enseñanza geográfica.

Precisamente este anhelo vehemente de difusión, nacido de nuestro hondo convencimiento, es la fuerza que ha vencido la resistencia de nuestro temor, y nos ha lanzado á la temeraria empresa de la publicación de esta Colección de Cartas de Estudio, análogas á algunas muy en uso en la culta Francia [1]  y reproducción de las que hace muchos años vienen dibujando nuestros alumnos en nuestra cátedra de Orense, y de cuya eficacia instructiva y educativa tenemos hartas pruebas para poder dudar.

Con el convencimiento y la fe generada por la experiencia y contrastada en la práctica, ponemos en manos de los profesores y escolares de España y América, este trabajo, deficientísimo y plagado de errores, como nuestro, pero que marca una orientación y un rumbo á seguir por otros más competentes y afortunados.

A todos pedimos el concurso de sus observaciones; y sea cual sea el éxito de nuestra tentativa, nos queda la tranquilidad de haber acometido tan audaz empresa en cumplimiento de un deber social: el deber de vulgarizar lo que honrada y firmemente creemos útil á nuestros semejantes”.

El Atlas que presenta de esta manera Eduardo Moreno López estaba destinado a alumnos de unos diez años de una asignatura que se impartía en primero de bachillerato, según había establecido el Plan de Estudios impulsado en 1903 por el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Gabino Bugallal, en un gabinete del partido conservador.

La obra constaba de 48 cartas y 153 cartones tirados en litografía a cinco colores. En entradas posteriores de este blog describiremos sus contenidos y haremos un análisis de sus aportaciones.


[1] Nos referimos a los Atlas escolares de Vidal Lablache y Eysserich, y muy especialmente a las Cartas de Estudio de Dubois y Sieurin, que han sido nuestra más constante y útil guía.

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Informe de 1922 sobre la geografia española del norteamericano Joerg

El geógrafo W.L.G. Joerg, enviado por la American Geographical Society, recorrrió parte del continente europeo en 1921 cuando los norteamericanos empezaron a ver el mundo girar alrededor de ellos como ha analizado Susan Schulten en la fascinante historia de The geographical imagination in America, 1880-1950.

A su regreso presentó en los Estados Unidos un detallado informe titulado Recent geographical work in Europe acerca del desarrollo de esa disciplina científica en veintidós paises europeos.

La valoración que ofrece de la situacion de la geografia en España es interesante por una doble razón.

Explica como a principios del siglo XX se intensificó una corriente de opinión para separar la enseñanza de la geografia de la de historia, de la que habia estado supeditada a lo largo del siglo XIX. Asi en 1914, al reorganizarse el plan de estudios de las escuelas normales de Magisterio, un real decreto estableció la separación de ambas enseñanzas y lo mismo sucedió en el Instituto del Cardenal Cisneros. En 1915, al producirse la reorganización de los estudios de comercio superior, se creó una cátedra de geografia en la Escuela Central de Intendentes Mercantiles de Madrid, impulsada por Francisco Bergamin Garcia, el padre del escritor Jose Bergamin, poeta de la España peregrina.

Por otro lado valora las aportaciones de una serie de instituciones y personas que contribuyeron al desarrollo de la geografia en la España de las dos primeras decadas del siglo XX.

Destacó sobre todo a la Real Sociedad Geografica de Madrid y a su secretario general Ricardo Beltran y Rózpide, quien era tambien profesor de geografia en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid. Consideró que su informe de 1913 al ministro de Educacion sobre la enseñanza de la geografia, publicado por la Revista de Geografia Colonial y Mercantil fue uno de los documentos mas importantes elaborados para impulsar el movimiento de reforma de los estudios geograficos. Su guia, en tres volúmenes, para mejorar el estudio de la geografia tuvo una notable circulacion a finales de la década de 1910.

Enumeró las contribuciones del naturalista y oceanógrafo Odón de Buen,del historiador Jerónimo Becker, del catedrático desde 1907 de Geografía política y descriptiva de la Universidad Central de Madrid Eloy Bullón, de los profesores de la Escuela de Intendentes Mercantiles de Madrid Ricardo Bartolomé y Mas y A. López  Sánchez. y del bibliotecario de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Antonio Blázquez, cuya adaptación del libro de texto de Vidal de la Blache y Carmen d`Almeida era de factura moderna y tenía calidad.

Resaltó asimismo el importante papel desempeñado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, adscrito a la JAE, en el desarrollo de los estudios geográficos y del conocimiento del territorio español. Le llamaron la atención las publicaciones de la serie de geología editadas por el Museo. Elogió la excelente geografía física de la península ibérica del catedrático de instituto de Guadalajara Juan Dantín Cereceda, completamente moderna en método y contenidos. Y aludió a trabajos de Eduardo Hernández Pacheco sobre la geología del norte de la Península, de Hugo Obermaier sobre la glaciación de las montañas de España en el periodo cuaternario, de Constancio Bernaldo de Quirós sobre la sierra de Guadarrama, y al estudio fisiográfico con diagrama de bloques sobre el tajo de Ronda del catedrático del instituto de Cabra Juan Carandell, quien asi mismo había hecho las ilustraciones a vista de pájaro de la sierra de Guadarrama el mencionado trabajo de Bernaldo de Quirós.

Consideró que la contribución de Eduardo de los Reyes Prósper, profesor de fitogeografía en la Universidad de Madrid, sobre las estepas de España era una obra relevante y en cuanto a los numerosos trabajos del geógrafo catalán Emilio Huguet del Villar puso el énfasis en sus trabajos La definición y división de la geografía dentro de su concepto unitario actual (Barcelona 1915) y El valor geográfico de España: Ensayo de ecética (Madrid 1921).

Finalmente prestó atención a ciertas contribuciones efectuadas por naturalistas y geógrafos españoles al conocimiento del territorio de Marruecos como consecuencia de haberse establecido un protectorado español sobre la zona norte de ese país tras el Tratado de  Fez de 1912. Destacó al respecto los trabajos del ingeniero de minas  Agustín Marín y Bertrán de Lis “Estudios relativos a la geología de Marruecos” y del catedrático de Cristalografía y Mineralogia descriptiva de la Universidad Central Lucas Fernandez Navarro “Marruecos físico: Valor económico del protectorado español”, publicados respectivamente en el Boletín del Instituto Geológico de España y en la Revista de Geografía Colonial y Mercantil. Y los mapas de Ecola y Méndez España en Marruecos: Mapa de la zona en el norte del imperio asignada a España según el tratado de 1912, 1:450.000 y de J.M. de Gamoneda: Mapa del Imperio de Marruecos, 1:600.000. Estos trabajos cartográficos inspiraron rápidamente la producción de mapas para las aulas de los institutos.