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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal


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Una petición de un pedagogo institucionista, el extremeño Rubén Landa, desoida por la dictadura de Primo de Rivera: acto segundo y último

          José Manuel Sánchez Ron, en su interesante texto “Encuentros y desencuentros: relaciones personales en la JAE“, publicado en el libro 100 JAE. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en su centenario, editado por la Residencia de Estudiantes en el año 2010, y que recogía las Actas del II Congreso Internacional sobre la JAE, celebrado en Madrid entre el 4 y el 6 de febrero de 2008, señala que, entre las cuestiones a profundizar en el estudio de la JAE, se encontraba su dimensión de “colegio invisible“.  Es decir las redes de conexiones personales que unieron a protagonistas de su historia, que en ocasiones llegaron a adquirir una dimensión familiar.

        La carta dirigida por el catedrático de Instituto de Sicología y pedagogo Rubén Landa a José Castillejo desde Salamanca el 24 de septiembre de 1924, de la que dimos cuenta en un post anterior, mostraría algunos de los mecanismos de funcionamiento de la JAE como “colegio invisible”. Pero la instauración del Directorio Militar dirigido por el general Miguel Primo de Rivera no facilitaba la concesión de favores por parte de los responsables de la JAE, como el que había pedido en su carta Rubén Landa a José Castillejo. De hecho éste, como secretario de la JAE, debió de solicitar a Rubén Landa que hiciese una petición formal al presidente de la institución, Santiago Ramón y Cajal, para que el ministerio atendiese su solicitud. Esta consistía en que Rubén Landa cubriese la vacante  existente en la cátedra de francés en el Instituto de Salamanca,  obtener autorización para impartir clases de inglés de manera gratuita e impulsar una asociación de alumnos del Instituto en la que los estudiantes de bachillerato adquiriesen “hábitos de responsabilidad y de servicio social” .

      Y en efecto Landa hizo tal petición formal por los conductos oficiales, como consta en el siguiente documento que se conserva en su expediente del archivo de la JAE, revelador de las prácticas pedagógicas de los institucionistas, como su afán de favorecer el asociacionismo escolar, y del uso que hizo de la beca o pensión, de larga duración, concedida por la JAE entre 1922 y 1924.

“Excmo Sr. Presidente de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas.

            El que suscribe, catedrático de Psicología en el Instituto de Salamanca, a V.E. expone:

            Que por R.O. de 19 de septiembre le fue concedida a propuesta de esa Junta una pensión de un año prorrogada luego por ocho meses para estudiar  la segunda enseñanza en Francia e Inglaterra.

            Que en Francia residió más de ocho meses, casi todo el tiempo en París, dedicándose principalmente a presenciar clases en los liceos Enrique IV, Luis el Grande, Montaigne, Carlomagno, Fenelon y otros, colegios Chaptal y Stanislas, escuela alsaciana, ecole des Roches, liceos de Chartres y Angulema, liceo de señoritas de Neuilly-sur-Seine, etc. Siguió cursos en la Escuela Normal Superior de la rue d’Ulm, en la Sorbona y en la escuela organizada en esta para profesores de francés en el extranjero; asistió a clases en las otras tres escuelas normales superiores (Sèvres, Saint-Cloud y Fontenay-aux-Roses); celebró numerosas entrevistas con personalidades de la enseñanza francesa; siguió muy especialmente la campaña que entonces tuvo lugar con motivo del proyecto Bérard de reforma de la segunda enseñanza, etc., etc.

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            Que en Inglaterra residió el resto del tiempo dedicado también principalmente a visitar establecimientos de segunda enseñanza. Visitó entre otras escuelas, cuya lista completa obra en la secretaría de esa Junta, la de Harrow, Eton College, Winchester College, Rugby, Westminster, Saint Paul, King Alfred, St. Georges, Stonyhurst, Manchester Grammar School, Hozusey, Finchley, Kentisch Town y Bedales, para citar solo algunas. En la Bedales residió durante cerca de una semana. Siguió en el verano el curso de inglés de la Universidad de Londres dirigido por el profesor W[alter] Ripman. Asistió a algunos cursos del London Day Training  College y a los de otros colegios de la Universidad de Londres. Visitó las Universidades de Oxford, Cambridge y Leeds y varias escuelas normales, centrales y de continuación. Celebró numerosas entrevistas para tratar de cuestiones de enseñanza y asistió a asambleas y conferencias sobre educación. Visitó varias exposiciones de enseñanza, etc.

 

Alumnos del Eton College en 1932, pocos años después de la visita de Rubén Landa

Alumnos del Eton College en 1932, pocos años después de la visita de Rubén Landa

          

Panorámica de la Rugby School

Panorámica de la Rugby Schoool

         

Una clase de la Manchester Grammar School en 1908, pocos años antes de que la visitara Rubén Landa

Una clase de la Manchester Grammar School en 1908, pocos años antes de que la visitara Rubén Landa

Laboratorio de la escuela de Bedales en la que Rubén Landa residió durante una semana hacia 1924

Laboratorio de la escuela de Bedales en la que Rubén Landa residió durante una semana hacia 1924

         Que como resultado de su labor en el extranjero ha presentado ya á la Junta un trabajo sobre “La reforma de la segunda enseñanza en Francia” y otro acerca de “La enseñanza de las lenguas vivas en los Institutos” y tiene en preparación varios estudios sobre “La enseñanza de la Filosofía en los Institutos”, “La enseñanza de la lengua y literatura castellanas en los Institutos”, las “Day Continuations Schools”, “el Dalton plan” y “Porqué ha fracasado la reforma Bérard”.

            Que deseando que mis alumnos reciban, en mayor medida de lo que permite la clase que regento, el fruto del estudio que he hecho de cuestiones de enseñanza he proyectado realizar en este Instituto la siguiente labor:

            1º) Dar una clase de francés conforme á lo expuesto en mi trabajo ya mencionado acerca de “La enseñanza de las lenguas vivas”. Aquí solo haré las siguientes indicaciones: duración: 4 años, desde el 1er curso hasta el 4º; pero durante el 5º y 6º los alumnos podrían seguir haciendo traducciones, bajo mi dirección y en relación con mis clases de Psicologia y Etica (lo cual supone por lo menos doble trabajo del que se exige ahora á los profesores de la asignatura). No se emplearía libro de texto propiamente dicho: en el primer curso ningun libro y en los siguientes alguna de las muchas ediciones baratas que existen de clásicos franceses. Se seguiría el método directo, sobre todo en los dos ó tres primeros años, es decir, que la enseñanza sería de carácter práctico. Para los alumnos libres no habría dos exámenes como ahora sino un único examen que consistiría solamente en traducir oralmente y por escrito pasajes señalados por el profesor en 4 o 5 obras escogidas por el examinando entre las de una lista anunciada previamente. Este ensayo duraría de 4 á 6 años y el que subscribe desearía que al final del mismo se comprobasen los resultados mediante un exámen que haría una comisión nombrada por la Junta. El método que habría de seguirse solo puede aplicarse en clases cuyo número de alumnos no pase de 25 o 30.

            2º) Dar una clase de inglés para alumnos de Facultad y de los dos últimos cursos del bachillerato: Tres horas semanales durante dos cursos que sería la duración de este ensayo.

            3º) Organizar una asociación de alumnos del Instituto. Esta asociación podría desde este mismo curso realizar esta labor: a) El servicio de la biblioteca circulante para alumnos que he ensayado ya con éxito durante dos cursos.- b) Excursiones y visitas a los monumentos de Salamanca. Estas visitas podrían constituir bajo mi dirección un curso breve de historia del arte y á través de él, de la cultura. – c) Lecturas literarias. Consistirían en reuniones de alumnos en las que yo les leería y comentaría trozos literarios escogidos, por ejemplo: de la Odisea, Ulises en la gruta de Polifemo; de la Ilíada, la despedida de Héctor y Andrómaca; los Persas, de Esquilo; algunos pasajes del Lazarillo de Tormes y del Quijote; el cuento “Adios, Cordera” de Clarin; algunos romances de Zorrilla y del Duque de Rivas y “Los motivos del Lobo” de Rubén Darío, para citar algunas y dar idea del carácter de estas lecturas. Convendría dar a esta labor la forma de actividades de una asociación de alumnos para que sea enteramente voluntaria y para que los alumnos, al encargarse de su organización, adquieran hábitos de responsabilidad y de servicio social. Orientándola  de este modo la asociación podría tener un valor grande para la educación moral. Más adelante, si contase con la ayuda de otras personas y con medios materiales, la asociación podría dedicarse, entre otros, a estos fines: Cooperativa para compra de libros y objetos de escritorio; mutualidad escolar; coros; audiciones musicales; obras de beneficencia; juegos y ejercicios al aire libre; viajes escolares; vida de campamento (lo que los ingleses llaman “camping”); etc. etc.

            La clase de inglés la daría gratuitamente y lo mismo el trabajo que exigiese la asociación. De las clases de francés me encargaría acumuladas á las mías durante el tiempo que durase el ensayo, pues como el plan que propongo se aparta mucho del actual me seria imposible llevarlo á cabo sin tener el carácter de profesor oficial y estar autorizado para ello.

            Todo lo cual me permito exponer á V.E. por si la Junta lo considera acertado y  juzga conveniente proponer al Ministerio de Instrucción Pública que me encargue de realizar en este Instituto los ensayos indicados.

            Dios guarde á V.E. muchos años.

            Salamanca 1 de Octubre de 1924.

            Rubén Landa Vaz”. 

        Solicitud tan bien fundada fue sin embargo desestimada por el Ministerio. El 3 de enero de 1925 el Subsecretario respondía en estos términos tajantes al presidente de la JAE, ateniéndose a las disposiciones correspondientes, como hace cualquier rígido burócrata.

“Vista la comunicación de V.S. a la que acompaña copia de la instancia que D. Rubén Landa Vaz, Catedrático del Instituto de Salamanca dirigió a esa Junta en 1º de Octubre último, solicitando autorización para dar una clase de Francés en cuatro cursos a los alumnos del Bachillerato, otra de Inglés para los de los últimos años del mismo y para los de Facultad, y organizar una Asociación de alumnos del Instituto con diversos fines educativos:

Considerando que la Real orden de 21 de Diciembre de 1923, firmada por el Presidente del Directorio, dispone que a ningún centro docente oficial procede autorizar la enseñanza de disciplinas que no estén incluidas en el plan de estudios previamente aprobados por la Superioridad, cuya disposición dio origen a la supresión en algunos Institutos de algunas enseñanzas ajenas al plan del bachillerato, que ya se habían autorizado;

Esta Subsecretaría ha acordado manifestar a V.S. que no procede la autorización solicitada por el referido Catedrático del Instituto de Salamanca.- Lo que comunico a V.S. para su conocimiento y el del interesado”.

Meses después, como veremos en el siguiente post, Rubén Landa optaría por abandonar esa Salamanca, desde donde mantenia correspondencia con el exiliado Unamuno , e instalarse en otra ciudad castellana: Segovia, más próxima a Madrid.


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Una petición de un pedagogo institucionista, el extremeño Rubén Landa, desoida por la dictadura de Primo de Rivera: acto primero

En el año 2006 la Editora Regional de Extremadura publicó el libro de Modesto Miguel Rangel Mayoral, Rubén Landa Vaz. Un pedagogo extremeño de la Institución Libre de Enseñanza en México. En él se hizo una amplia semblanza de un pedagogo innovador, nacido en una familia republicana en Badajoz en 1890, y fallecido en el exilio en la capital de la república mexicana en 1978.

Ruben Landa Vaz libro

Rubén Landa se formó en los principios krausistas de la Institución Libre de Enseñanza. Cuando  finalizó en 1912 sus estudios universitarios de Derecho y Filosofía y Letras en Madrid se incorporó al plantel de la Residencia de Estudiantes como educador de la sección de niños. Simultaneó esa tarea con labores administrativas como auxiliar de la secretaría de la JAE, gobernada por el tandem formado por Santiago Ramón y Cajal y José Castillejo.

Entre mayo y julio de 1918 se desplazó a Portugal, el país de su madre, para estudiar los problemas educativos de su enseñanza secundaria. Sus observaciones generaron varios escritos, como han destacado recientemente en un artículo A.J. Leonardo, D.R. Martins y C. Fiolhais. Ese viaje le abrió las puertas del Instituto-Escuela creado por la JAE ese año de 1918. Allí fue elegido aspirante al Magisterio. Preparó por entonces oposiciones a cátedra de instituto obteniendo la de Psicología y Lógica en el Instituto de Salamanca, ubicado hasta 1933 en el viejo caserón de las Escuelas Menores, de estilo plateresco. Ahí empezó  a dar clases en 1920 siguiendo un programa de 41 lecciones que editó entonces en esa ciudad castellana. Está reproducido en el mencionado libro de Rangel Mayoral, en las páginas 235-237.

Instituto Salamanca Patio Escuelas Menores

Poco después de instalarse en Salamanca decidió solicitar en marzo de 1921 una pensión a la JAE para estudiar en Francia e Inglaterra diversos asuntos relacionados con la segunda enseñanza, como la disciplina escolar y la vida de los internados.  La pensión le fue concedida y se desplazó a ambos paises duante todo el curso 1921-1922 y parte del siguiente.

A su regreso quiso aplicar parte de los conocimientos adquiridos, sobre todo en la enseñanza de las lenguas vivas, en las aulas de su instituto salmantino. Es en este momento en el que vamos a acercarnos a un episodio importante de la trayectoria de Rubén Landa a través de varios documentos que se encuentran en su expediente conservado en el archivo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas que se custodia en la actual Residencia de Estudiantes.

El primer documento, equivalente al primer acto de esta pequeña historia, es la siguiente carta dirigida por Rubén Landa a su antiguo jefe, el secretario de la JAE José Castillejo (Ciudad Real 1877-Londres 1945), gran organizador de la política científica española del primer tercio del siglo XX, como mostré no hace mucho tiempo en mi contribución al libro colectivo Tiempos de investigación: JAE-CSIC, cien años de ciencia en España, editado por Miguel Angel Puig-Samper.

Salamanca 24 S[eptiem]bre 1924.- Sr. D. José Castillejo

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Querido amigo: Estando aún yo en la aldea llegó su carta de V. que todos le agradecimos mucho. Ya puede V. suponer nuestra amargura (a); pero mejor es no hablar de ella y empezar desde luego a mirar para adelante y a trabajar. Precisamente le escribo a V. para hablarle de planes de trabajo.

            Aun ahora quisiera seguir dedicándome, como hasta aquí, solo a la enseñanza y gastar hasta el último cartucho antes de abrir bufete , por ejemplo. Por esto no quiero perder ninguna ocasión que me permita vivir trabajando solo en lo que más me interesa. Y quizás ahora se presenta una.

            Al llegar aquí me entero de que el profesor de francés de este instituto ha pedido la jubilación y se me ocurre si yo podría sustituirle aunque solo fuese temporalmente.

            Como Vs. saben la enseñanza de las lenguas vivas es una de las cosas de que más me he ocupado en el extranjero y mi estudio sobre ella es precisamente lo que tengo más elaborado, hasta el punto de que dentro de pocos días mandaré a Vs. un trabajo, que les anuncié hace tiempo, sobre “La enseñanza de las lenguas vivas en los Institutos”. Como mi propósito es que los resultados de mi viaje al extranjero se traduzcan, más que en trabajos escritos, en mi labor diaria en el Instituto, había pensado, como ya dije ahí al Sr. Espada (c) a principios de verano, dar una clase de inglés y  así voy a hacerlo desde luego. También le dije que sería de más interés hacer el ensayo con una [subrayado en el original] clase de francés, pero que habiendo un profesor numerario de esta asignatura me parecía preferible no intentarlo. Sería de más interés la clase de francés porque siendo esta una asignatura del plan de estudios oficial, cabría lograr que los alumnos o al menos parte de ellos la estudiasen cuatro años seguidos que es lo menos, y ya es poco, que considero necesarios para logar algún resultado con muchachos muy jóvenes. La clase de inglés, como no entra en el plan del bachillerato, difícilmente podré lograr que los alumnos asistan a ella durante dos cursos y para que en este tiempo aprendan algo tendré que admitir solo a alumnos muy escogidos de los últimos años del bachillerato o de los primeros de facultad.

            La jubilación de mi compañero quizás me permitiese dar ahora esa clase de francés. En mi situación actual no puedo hacer gratis ese trabajo que exigiría, según mi plan, unas dos horas diarias (el doble que a los profesores) actuales; pero ¿podrían encargarme a mí de esta cátedra por acumulación?

            Ahora bien, yo no quiero pedir a este gobierno (d) nada que ni de lejos pueda parecer un favor. Por esto, en el caso de que mi proyecto se pudiese realizar quisiera, como garantía, que fuese por iniciativa y a propuesta de la Junta, como antiguo pensionado que soy, y que yo tuviese más trabajo y más responsabilidad de lo que es corriente en puestos análogos. Para que la Junta me encargase de hacer este ensayo lo primero es, claro está, que esté conforme a mi plan. Por el trabajo que enviaré a Vs. podrán juzgar acerca de él. Y tendría más trabajo y más responsabilidad pues daría doble número de clases del que se exige al profesor de francés y quisiera además que al final del ensayo dos o tres personas designadas por la Junta informasen acerca de los resultados.

            Por supuesto, los alumnos no tendrían ningún libro de texto el primer año y los siguientes solo el de lectura. El examen para los libres consistiría en traducir tres o cuatro libros elegidos por ellos entre obras de autores escogidos. Pero sobre esto ya irán más detalles en el trabajo que enviaré a Vs.

            Yo preferiría no encargarme de la clase de francés de una manera definitiva, sino solo temporalmente, mientras durase el ensayo, unos 4 o 5 años. Ademas, no creo que pudiesen darme por acumulación la cátedra de francés de una manera definitiva, pues, según tengo entendido, todas las cátedras que quedan vacantes salen a concurso acumulándose solo cuando este queda desierto y a Salamanca siempre habrá alguien que quiera venir.- En el caso de que a Vs. les pareciese bien y factible lo que le indico urgiría evitar que anunciasen el concurso para ocupar la cátedra.

            De todos modos daré la clase de inglés. He organizado también una biblioteca circulante para los alumnos y quiero llevarles a ver los monumentos y demás cosas de arte que hay aquí y estas visitas serán como un curso breve de la civilización. Pienso que todo esto sean actividades voluntarias, naturalmente, de una asociación de alumnos. Y luego quien sabe lo que cabría hacer dentro de la asociación: lecturas literarias explicadas (a la manera francesa), excursiones, juegos, algo de música, etc.- No quisiera estar cruzado de brazos después de mi viaje al extranjero. Lo malo es que no tengo laboratorio donde trabajar y que aquí, para esta labor, no puedo contar más que conmigo mismo.

            El Directorio publicó hace tiempo una disposición , creo que una Real Orden, prohibiendo que en los establecimientos del Estado se diesen más enseñanzas que las del plan oficial de estudios. Esto lo hizo para que en Cataluña no se enseñase el catalán, (e) aunque no se referían a él. ¿No serviría esta R.O. de pretexto, con motivo de las clases de inglés y de historia del arte, para acudir al Gobierno a fin de que me autorizase a hacer estas cosas? A mí me convendría que constase oficialmente que a mi regreso del extranjero he tratado de hacer algo.

            Tendré que ir a Madrid dentro de pocos días para acompañar a mi hermana Matilde (f)  que va a ver al médico; pero como esté ahí solo un dia dudo mucho que tenga tiempo de hablar con V.

            Muchas cosas para Irene (g) y todos los suyos. Para V. un afectuoso saludo de su amigo que siente molestarle con esta larga carta. – Rubén Landa.-  Gran Capitán, 2.

 

(a) Es posible que se refiera al dolor que sentía por el fallecimiento de su padre Rubén Landa Coronado, prestigioso abogado, librepensador, masón y republicano.

(b) Rubén Landa había hecho estudios de Derecho en la Universidad Central. El bufete de su padre era importante en Badajoz.

(c) se trata del pedagogo Gonzalo Jiménez de la Espada, hijo del naturalista e historiador americanista Marcos Jiménez de la Espada, que ayudaba a José Castillejo en las tareas administrativas de la JAE, tras haber regresado del Japón donde durante varios años dio clases de español en la Escuela Imperial de Idiomas de Tokio.

(d) se refiere al de Miguel Primo de Rivera, quien siendo capitán general de Cataluña, dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923.

(e) Esta importante observación de Rubén Landa, reveladora de los conflictos lingüisticos de la sociedad española, es omitida por Modesto Miguel Rangel Mayoral cuando expone en su libro este episodio de la vida de Rubén Landa, en las páginas 122-126.

(f) Matilde Landa Vaz (Badajoz 1904-Palma de Mallorca 1942) era su hermana pequeña. En 1930 se casó con Francisco López Ganivet. Durante la Segunda República y la guerra civil fue una destacada militante del Partido Comunista de España.  Miguel Hernández le dedicó el poema titulado Matilde. Condenada a muerte por los tribunales franquistas intercedió por ella el filósofo Manuel García Morente, consiguiendo que se  le conmutara la pena capital.

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(g) Irene Claremont (Londres 1885-id. 1967), licenciada en Historia y Economía por la Universidad de Cambridge, se había casado con José Castillejo en 1922. Tras el fallecimiento de su marido en 1945 efectuó estudios de psicología analítica con Carl Gustav Jung, y escribió el hermoso y conmovedor libro I Married a Stranger, titulado en castellano Respaldada por el viento por su hija y traductora Jacinta Castillejo de Martínez Nadal, que nació en ese año de 1923 en el que está fechada la carta que se ha transcrito. Respaldada por el viento Irene de Claremont