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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Noticias sobre el Observatorio astronómico de Madrid en el diario El Sol hace cien años

Hace un tiempo Nicolás Ortega Cantero llamó la atención sobre las colaboraciones del catedrático de instituto Juan Dantín Cereceda en el diario El Sol , iniciadas poco después de que el 1 de diciembre de 1917 comenzase su andadura el que ha sido considerado “el mejor diario de toda la historia periodística española”, en palabras de Juan Marichal (1)

Una de las características del diario El Sol fue la importancia concedida a la alta divulgación científica, cuestión que me parece que no ha sido subrayada convenientemente en el congreso internacional celebrado los pasados días 13 y 14 de noviembre para conmemorar el centenario del nacimiento de esa empresa cultural.

Durante más de un año el periódico impulsado por el empresario Nicolás María Urgoiti y el filósofo José Ortega y Gasset incluyó en la última página de todos sus números una “hoja” para tener informados a sus lectores de los grandes problemas y novedades científico-técnicas, que se  organizaron en siete áreas del conocmiento.

Así los lunes el innovador pedagogo que fue Lorenzo Luzuriaga (Valdepeñas 1889-Buenos Aires 1959) se hizo cargo de la sección “Pedagogía e Instrucción Pública“; los martes el discípulo de Cajal, el siquiatra Gonzalo R. Lafora (Madrid 1886-1971) de “Biología y Medicina“; los miércoles el economista y catedrático de Política social y Legislación comparada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid Luis Olariaga y Pujana (Vitoria 1885-Madrid 1976) organizaba la sección de “Ciencias Sociales y Económicas“; los jueves el gran humanista mexicano adscrito entonces al Centro de Estudios Históricos de la JAE Alfonso Reyes (Monterrey 1889-Ciudad de México 1959) tomó la riendas de la sección de “Historia y Geografía“; los viernes el profesor de la Escuela Industrial de Madrid Federico de la Fuente de “Ingeniería y Arquitectura“; los sábados el catedrático de Derecho Político español comparado con el extranjero de la Universidad de Granada Fernando de los Rios (Ronda 1879-Nueva York 1949) de la sección “Derecho y Legislación” y los domingos el catedrático de Instituto y de la Escuela Superior del Magisterio Luis de Hoyos Sáinz (Madrid 1868-1951) de “Agricultura y ganadería“.

Esas hojas diarias contribuyeron de manera decisiva a consolidar el interés por las cuestiones científico-técnicas en la esfera pública de la sociedad española de hace un siglo, y son una magnífica fuente para tomar el pulso al desenvolvimiento de las actividades científicas de aquella época.

Como muestra ofrezco esta reseña publicada por Dantín Cereceda en la sección de Historia y Geografía del diario El Sol el jueves 24 de enero de 1918 que nos permite hacernos una idea de la labor llevada a cabo por una de las instituciones científicas de más solera en la ciudad de Madrid, como es el Observatorio astronómico, en la época en la que fue dirigida por el catedrático de Astronomía esférica y Geodesia de la Universidad Central Francisco Iñiguez e Iñiguez (1853-1922). La trayectoria científica de este astrónomo, que presentó una interesante memoria en el Ateneo de Madrid en el curso 1886-1887 sobre “Aplicación del análisis matemático a las demás ciencias“,  fue estudiada no hace mucho por  Nieves Gordón y Carlos Chocarro en Viaje por el universo del siglo XIX al XXI: Francisco Iñiguez  e Iñiguez y el Observatorio Astronómico de Madrid (Pamplona 2008) y por Iván Fernández Pérez en Aproximación histórica al desarrollo de la astronomía en España(Universidad de Santiago de Compostela 2009).

 

En una entrada anterior  de esta bitácora di cuenta de la situación de esa institución científica en 1913 (ver aquí) y de cuál era su equipamiento científico, parte del cual se puede ahora contemplar en su museo.  Ahora gracias a la siguiente reseña podemos conocer el tipo de producción científica que se hacía en él en 1917 por parte del equipo de siete astrónomos que formaban la plantilla de esa institución científica en 1918: el ya mencionado Francisco Iñiguez Iñiguez estaba acompañado, en efecto, en su quehacer diario por Carlos Puente y Ubeda (1885-1925), Antonio Vela y Herranz (1865-1927), Francisco Cos y Mermería (1864-1943), profesor de Meteorología de la Universidad Central,  Miguel Aguilar y Cuadrado (1869-1925), Victoriano Fernández Ascarza (1870-1934),y Pedro Jiménez Landi, (Madrid 1869-1964) quien fue profesor de Matemáticas en la Institución Libre de Enseñanza entre 1904 y 1924. Dos de ellos, – Miguel Aguilar y Pedro Jiménez- , eran hijos de otros relevantes astrónomos de la segunda mitad del siglo XIX.

He aquí la presentación que hiciera Juan Dantín -cuya labor docente e investigadora vamos siguiendo en esta bitácora- de la producción científica del Observatorio Astronómico de Madrid hace un siglo, en 1917, al presentar a los lectores de El Sol su Anuario.

Anuario del Observatorio de Madrid para 1918.- Un volumen de 731 págs., con un índice de materias. Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico. Madrid 1917.

            La publicación enunciada, análoga en su plan y contenido a la de años anteriores –como ya, en su prólogo, nos advierte el Sr. Iñiguez, jefe del Observatorio- , comienza por una sección astronómica, en que se comprenden efemérides y tablas sobre el sol, la luna, los planetas principales, satélites, cometas periódicos y estrellas, con el aspecto del cielo  y posición relativa de las constelaciones sobre el horizonte de Madrid, a las veintidós horas del día 15 de cada mes.

            Este año de gracia de 1918 tres eclipses tendrán lugar: uno, total de sol (de 8 a 9 de junio), visible en parte del casquete polar septentrional; otro, parcial de luna (24 de junio), visible en casi todo el hemisferio austral, y un tercero, anular, de sol (3 de diciembre), sólo perceptible en la América del Sur. Los tres son invisibles en España.

            Hay en este “Anuario” tres capítulos interesantes, que dan al volumen cierta novedad:

  1. A) Un capítulo con instrucciones para observar debidamente las estrellas variables, por F. Iñiguez.
  2. B) Otro titulado “Contribución al estudio del clima de Madrid”, de serio interés y cuidadosa precisión. Se estudian en él cada uno de los elementos meteorológicos (vientos, presión, temperatura, tensión, humedad, nebulosidad, lluvia), en muy diferentes aspectos y relaciones, de modo que no vienen tomados analíticamente, sino en su compleja coactuación y recíproca y simultánea. Tal es precisamente el clima. El señor don F. Cos, que lo firma, ha utilizado observaciones de cuarenta años seguidos (1860-1899), dilatada serie que merece garantías.
  3. C) Un último, sobre la actividad solar (manchas, flóculos, protuberancias solares, radiación calórica solar), que se debe a trabajos de los Sres. Ascarza (Victoriano) y Tinoco (J.).

            Las observaciones meteorológicas efectuadas en el Observatorio durante el año de 1916 cierran este pequeño volumen, que, repleto de datos interesantes, se hojea con agrado.

J. DANTIN CERECEDA

 

 

Al parecer esos astrónomos realizaban sus observaciones y estudios rodeados de “gentes deshonestas” que elegían el Cerro de San Blas para sus entretenimientos, según se quejara en uno de sus escritos F. Iñiguez, tal y como evoca Pedro Montoliu en su interesante artículo “Oservatorio Astronómico: la acrópolis desde la que Madrid descubrió el espacio”.

(1) Juan MARICHAL, Unamuno, Ortega, Azaña, Negrín. El intelectual y la política en España (1898-1936), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1990, p. 55.

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Una crítica de Enrique Moles a la enseñanza de la química en la España de 1918

Próximamente, el miércoles 15 de noviembre de 2017, se inaugurará la exposición “Enrique Moles, químico complutense” en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid. Permanecerá abierta hasta el 25 de enero de 2018, como se puede apreciar en la información adjunta.

Disponemos así una oportunidad para acercarnos a la trayectoria científica del químico más relevante de la “generación de 1914”, cuyos hitos biográficos se pueden seguir en este cronograma elaborado por los comisarios de la exposición, entre los que se encuentra mi colega de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas Francisco A. González Redondo.

Como elemento adicional para profundizar en la personalidad de este relevante científico reproduzco a continuación una colaboración periodística suya en las páginas del diario El Sol el lunes 13 de mayo de 1918, titulada Problemas actuales. La enseñanza de la química.

El artículo, publicado en la sección semanal de ese diario dedicada a la Pedagogía e Instrucción Pública que dirigía de manera eficaz el pedagogo Lorenzo Luzuriaga, es expresivo de los afanes reformistas de los científicos de la “generación de 1914”, beneficiarios de la apertura internacional de la ciencia española que favoreció la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. De hecho la clave del artículo radica en la comparación que establece Moles entre el tipo de enseñanza quimica que se efectuaba en las universidades europeas donde él había estudiado durante varios períodos entre 1909 y 1017, como la alemana de Leipzig y la suiza de Ginebra, y las españolas. En aquellas la enseñanza era mucho más práctica y más barata. La denuncia de Moles iba encaminada a tomar medidas para resolver unas deficiencias que lastraban el desenvolvimiento de la ciencia de la química, que se había revelado fundamental en el desarrollo de la Gran Guerra que asolaba al continente europeo, y cuyas carencias afectaban a la dependencia económica del país en sectores estratégicos.

Para entender el contexto de este artículo hay que tener en cuenta además que en 1918, sobre todo durante los meses en los que fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes el político liberal Santiago Alba, los científicos de la órbita de la JAE confiaron en que el gobierno de concentración nacional existente entonces, dirigido por el conservador Antonio Maura, diera un impulso al sistema científico y educativo español.

Si un pero hay que objetar a esta colaboración periodística de Moles es su desconsideración hacia una tradición química en España, cuestión que él reconsideraría durante la Segunda República, pues sabemos que los químicos fueron importantes en la revolución industrial de  Cataluña en las primeras décadas del siglo XIX , y también relevantes  en otras partes del Estado español del siglo XIX como en Cuba. En esta isla destacó en su industria azucarera la labor del químico salmantino José Luis Casaseca Silván.

He aquí el texto de ese sobresaliente químico catalán que fue Enrique Moles, otro de los científicos represaliados por el franquismo posteriormente, donde abordó con abundantes datos y sólida argumentación las deficiencias de la enseñanza de la química en la sociedad española de hace un siglo.

Nos rige un Gobierno excepcional, del que puede esperarse algo. ¿Tendremos la suerte de que la renovación le llegue a la química?. En España no se hace ni se hizo química; carecemos de tradición química.

 El imperio de esta ciencia en el momento actual es bien patente; en el gigantesco conflicto que trastorna al mundo desde hace cuatro años, las mayores sorpresas, los medios más poderosos de ofender y de defenderse, se deben a los químicos. En todos los países donde más avanzada se halla la química, se crearon durante la guerra nuevos organismos, sociedades poderosas y centros de enseñanza nuevos con la misión única de favorecer el desarrollo científico de aquélla, que es la base de su desenvolvimiento industrial.

En la esfera química, triste es tener que confesarlo, nada se ha hecho en nuestro país, y, así este año como los anteriores, España tendrá que mendigar a Inglaterra unos miles de tonelada de sulfato de cobre para las vides, sulfato de cobre fabricado con cobre de Riotinto y con ácido sulfúrico obtenido con piritas españolas. Seguirán perdiéndose centenares de miles de caballos de fuerza hidráulica que podrían suministrar a buen precio miles de toneladas de nitratos y de cianamida, y mientras tanto, nuestros agricultores esperan angustiadamente la llegada problemática de nitro de Chile. Seguirán sin explotar los yacimientos potásicos; la industria metalúrgica, que podría ser poderosa, dada la abundancia de mineral, se desarrolla tardíamente, y seguirán escaseando benzoles, superfosfatos, sulfato amónico, etcétera. Y así en cien cosas más.

En diferentes ocasiones la voz autorizada de alguno de nuestros profesores bien orientados, se hizo oír en el Parlamento, en Academias y Congresos, exponiendo el estado lamentable de la enseñanza química en nuestro país. Poco o ningún eco hallaron sus palabras en las esferas directoras. Con todo, la insistencia de las predicaciones despertó entre la gente joven deseos de saber, y algo se ha conseguido, aunque los entusiastas sean pocos. No hemos de insistir en los argumentos, tendiendo a demostrar que lo que nos hace falta es tener grandes laboratorios espléndidamente dotados, profesores pagados principescamente y alumnos dispuestos a pagar bien los estudios.

Los enterados, los que han podido vivir algún tiempo en ambiente químico europeo, abrigarán, como nosotros abrigábamos, la creencia de que los estudios de química son costosísimos fuera de España, y que en ellos estriba la diferencia esencial con respecto a nosotros. El estudio comparativo de los datos correspondientes conduce, sin embargo, a resultados inesperados y paradójicos.

Tomando como tipo dos Universidades que conocemos, por haber estudiado en ellas: la de Leipzig (tipo alemán) y la de Ginebra (tipo suizo), vamos a comparar las materias de estudio y los gastos que supone el grado de Chemiker Dr. Phil., o de Dr ès Sciences Phisiques, con las de un grado análogo en España, el de doctor en ciencias químicas o doctor en farmacia. En todos los datos tomamos términos medios lo más exactos posible, suponiendo normalidad en los estudios. De existir alguna exageración en los datos, ésta es en sentido favorable siempre para España.

Un alumno regular conseguirá su grado en la Universidad alemana o suiza en ocho o nueve semestres de trabajo (equivalentes a cuatro o cinco años universitarios de nueve meses útiles); en España el doctorado le exigirá cinco o seis cursos (de seis meses útiles). Durante este tiempo cursará: (1)

En la universidad alemana de Leipzig semanalmente de 4 a 6 horas de clases orales y 40 horas de clases prácticas;  en el año universitario 180 horas de clases orales y 1.510 horas de clases prácticas y durante toda la carrera 720 horas de clases orales y 5.760 horas de clases prácticas.

En la universidad suiza de Ginebra semanalmente de 4 a 7 horas de clases orales y 35 horas de clases prácticas; en el año universitario 200 horas de clases orales y 1.260 horas de clases prácticas y durante toda la carrera 800 horas de clases orales y 5.040 horas de clases prácticas.

En la universidad española semanalmente de 12 a 15 horas de clases orales y de 12 a 15 horas de clases prácticas; en el año universitario 350 horas de clases orales y 297 horas de clases prácticas y durante toda la carrera 1660 horas de clases orales y 1.485 horas de clases prácticas.

Advertiremos, además, que para el estudiante en Alemania o Suiza hay casi 60 por 100 de clases orales, y casi todas las clases prácticas son de química. En España el alumno cursa unas ochocientas-novecientas horas de clase oral y unas setecientas horas de clases prácticas de química. En Alemania o Suiza los exámenes quedan reducidos a dos o tres; en España padecemos como mínimum 17 a 19 exámenes.

Partiendo de los anteriores datos, el coste de toda la carrera, agrupado por conceptos, es: (2)

En Alemania

por las clases orales se pagan 80 pesetas, por las clases prácticas 1.800; por los títulos 350; por los libros, etc. 270. Total: 2.500

En Suiza

por las clases orales se pagan 150 ptas,    por las clases prácticas 1.840;   por los títulos 250; por los libros,etc. 250. Total: 2.450

En España

por las clases orales se pagan 540 ptas., por las clases prácticas 170;       por los títulos 1.647; por los libros, etc.,200. Total: 2,557

Estas cifras podrían pasarse sin comentarios. En ellas aparece claramente que, contra lo esperado, los estudios son más costosos en España que en el extranjero, y, lo que es peor aún, la distribución de los gastos en una carrera esencialmente práctica como la de químico, hace ver que en el extranjero se pagan, como es lógico, las enseñanzas prácticas en primer lugar, ingresando directamente en la Universidad la totalidad del importe, mientras que en España se pagan en primer término los títulos, luego las clases orales, quedando una clase irrisoria para los Laboratorios, siendo el Estado el que percibe el importe casi total.

Es más, un alumno no oficial (categoría desconocida fuera de España), siendo aplicado, podrá avanzar cursos y aprobar en poco tiempo los estudios de química (mejor, de metafísica química) sin haber pisado un solo laboratorio. De este modo el Estado español ejerce a sabiendas un comercio inmoral, vendiendo títulos que no pueden acreditar conocimientos que no pueden adquirirse bien.

Quedan en pie el problema de los locales, la retribución de los profesores, las dotaciones. Tampoco en estos casos las cifras podrán darnos la razón de nuestro atraso. La Universidad de Leipzig tiene tres profesores ordinarios de Química; la de Ginebra, también tres; en la de Madrid, existen ocho. Resulta natural que los menos puedan estar mejor pagados que los más. En cambio, en Alemania y Suiza los numerosos profesores extraordinarios, Chef de travaux, Oberassistenten y Assistenten cobran lo mismo o menos que nuestros auxiliares universitarios. Por lo que respecta a locales, se da en España, por ejemplo, el absurdo de que cada profesor de Química pretenda tener una cátedra especial que utiliza, a lo sumo, una hora al día. Con menos cátedras, menos decanatos, salones de grados, etc., habría de resultar local suficiente. Y para aclarar lo que a dotaciones se refiere, citaré el Laboratorio de Química Física de Ginebra, conocido en todo el mundo, y que viene disfrutando por parte del Estado de una dotación de 1.000 francos anuales…

Un comentario final, que define mejor que otro cualquiera el ambiente científico de nuestro país. En un Anuario que tira centenares de miles de ejemplares, se lee lo siguiente:

Química. Internacional Institución Química. Enseñanza por correspondencia (!!!)

Nos parece el colmo de la desaprensión el anunciar la enseñanza de la Química por correspondencia, sólo explicable por el estado mísero de aquélla en España.

Y volvemos ahora a pregunta: ¿tendremos la suerte de que algo de la renovación le llegue a la Química? El problema, más que económico, es de organización, pero de organización despiadada, renunciando el Estado al negocio de los títulos, prescindiendo de derechos adquiridos y demás trabas sagradas. ¿Habrá en el ministerio de Instrucción pública y en las Cámaras interés y brío suficientes?

No puede esperarse una química industrial floreciente sin tener antes una química científica sólida. Tememos, sin embargo, que todo ha de reducirse al nombramiento de una Comisión, que estudiará el asunto, redactando luego un luminoso y documentado informe que, para mayor claridad, irá dividido en varias partes….

E. MOLES

(1) (2) En su artículo Enrique Moles insertó dos tablas. Por problemas de edición mi labor ha sido interpretarlas.

 

 

 


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Acto festivo republicano en la sierra de Madrid: la inauguración de la Fuente de los Geólogos en junio de 1932

En el año 2013 una parte de la sierra de Guadarrama, divisoria natural entre las dos Castillas y unida estrechamente a la ciudad de Madrid desde hace largo tiempo, fue declarada parque nacional. Con tal motivo el Instituto Geológico y Minero de España ha auspiciado en 2015 la publicación del magnífico libro colectivo El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cumbres, paisaje y gente, editado por Miguel Mejías Moreno, accesible aquí.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

En uno de sus capítulos el gran geógrafo Eduardo Martínez de Pisón efectúa un apasionante recorrido por su imagen cultural. En él expone cómo los artistas, fuesen literatos o pintores, y científicos se han aproximado a ella, fundamentalmente desde el siglo XVII, que es la época en la que “arranca el sentimiento del Guadarrama con caracteres modernos”. En la página 92 de su texto Martínez de Pisón alude a que un hito fundamental en la valoración cultural de esa sierra fue el homenaje que se hizo en 1932 en la Fuente de los Geólogos a los naturalistas Casiano de Prado (1797-1866), José Macpherson (1839-1902), Salvador Calderón (1851-1911) y Francisco Quiroga (1853-1894) por ser los “primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y amor a la naturaleza”. Así dice la placa inserta en esa fuente, inaugurada el domingo primaveral de 12 de junio de 1932 según se ha recordado recientemente en una curiosa guía del turista friki. (ver aquí).

Esa alusión de Martínez de Pisón es muy somera, así como otra dedicada a ese evento efectuada en el capítulo tercero del mencionado libro titulado”El descubrimiento científico de la sierra de Guadarrama: origen del desarrollo de la geología en España”. Por ello me ha parecido pertinente en esta entrada acercarme con más detalle al contexto en el que se produjo la inauguración de la fuente de los geólogos, monumento republicano que aún pervive para solaz de quienes la visitan y se refrescan en sus saludables aguas.

En la organización del acto cumplió un destacado papel la Sociedad Peñalara. De hecho el arquitecto autor de la fuente, Julián Delgado Ubeda, era un destacado montañero integrante de esa sociedad. Ante el encargo que le hizo la Comisaría de Parques Nacionales optó por construir un arco austero de piedra que descansa sobre un pilón, en el que vierte agua un caño de bronce.

Fuente de los Geólogos

No ha de extrañar por tanto que fuese un  periodista deportivo – Angel Cruz y Martín- quien diese cuenta de las características de ese evento en las páginas de la revista ilustrada Crónica con las siguientes palabras:

En la carretera de Madrid a La Granja, cerca del bello puerto de Navacerrada, cara a los Siete Picos majestuosos y rodeada de pinos olorosos y fuertes, brota una fuente, de linfa clarísima y fresca, que en homenaje a la memoria de cuatro ilustres hombres de ciencia, amantes de la Naturaleza por lo que tiene de vida, llevará el nombre de Fuente de los Geólogos. Es un sencillo y precioso monumento- el segundo de los que en el Guadarrama ha levantado la Junta de Parques Nacionales por iniciativa del insigne y modesto sabio, como todos los sabios de verdad, señor Hernández Pacheco, obra del joven y admirable arquitecto don Julián Delgado Ubeda, que en construcciones montañeras tiene un insuperable prestigio, ganado en una labor estimadísima por cuantos las conocen y disfrutan.

Este monumento –que ofrece agua y descanso al caminante- está elevado a la memoria de Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y de amor a la Naturaleza, según reza la lápida conmemorativa. La Fuente de los Geólogos ha sido inaugurada con la solemnidad sencilla en cosas de montaña y con el realce prestado con la presencia y el aplauso de personas conspicuas en las esferas de la inteligencia, que saben lo que es la religión montañera, de la que “San” Francisco Giner fue su mejor apóstol.

Cronica 1

En efecto, el ente promotor de la construcción de ese lugar de la memoria científica en pleno corazón de la sierra de Guadarrama había sido la Comisaría de Parques Nacionales, que presidía el aristócrata asturiano Pedro Pidal (1870-1941), y el delegado de Sitios y Monumentos Nacionales de interés adscrito a esa comisaría, que era el hiperactivo catedrático de Geología de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), militante en aquellos meses del partido radical de Lerroux. Más adelante veremos cómo Hernández Pacheco padre, -cuyo hijo Francisco, otro eminente geólogo, estuvo entre el público asistente a ese acto de inauguración-, aprovechó el acto para reivindicar la labor de los geólogos en la sociedad española.

Ahora conviene fijarse en que lo que ocurrió aquella mañana del 12 de junio de 1932 fue un acto de exaltación de la labor cultural, científica y pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), como lo muestran no sólo las intervenciones del rector de la ILE Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) y de Julián Besteiro (1870-1940) -presidente del Congreso de los Diputados, destacado dirigente socialista y antiguo alumno de la ILE-, sino también la intervención musical de la masa coral del Instituto-Escuela, el innovador centro educativo que venían impulsando los institucionistas desde su creación en 1918 gracias al apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese coro estaba dirigido por el notable compositor y pedagogo valenciano Rafael Benedito Vives (1885-1963), quien aparece en el centro de la siguiente fotografía rodeado de sus alumnas.

alumnas Instituto-Escuela fuente geologos

Manuel Bartolomé Cossío, dada su avanzada edad y sus achaques de salud, no pudo desplazarse al solar donde se emplazó la fuente, pero preparó unas cuartillas que fueron leídas por el presidente de la ILE, el jurista asturiano Manuel Pedregal (1871-1948). Expongo a continuación el contenido de las breves reflexiones de Cossío, de gran interés, por exponer con claridad la labor llevada a cabo por los institucionistas para “domesticar” el Guadarrama. Esa labor  fue impulsada por Francisco Giner de los Ríos quien, para estimular el amor a la Naturaleza patria desde una de las columnas vertebrales de la península ibérica, contó con la inestimable ayuda de sus amigos geólogos. A esos amigos -Macpherson, Calderón y Quiroga- los institucionistas republicanos quisieron rendir homenaje aquel 12 de junio de 1932, pronto hará 85 años.

De los cuatro geólogos cuya gloria cantará desde hoy esta agua sonora, tres fueron de la Institución desde que ella nació hasta que ellos murieron. En la Institución enseñaron, en ella investigaron y, lo que vale más todavía, en ella espiritual y plenamente convivieron.

El año que viene hará precisamente medio siglo que un amanecer del mes de julio de 1883 salía de Villalba por esta misma carretera de Navacerrada un grupo de alumnos y maestros; todos a pie, con su cayado y con su lío al hombro. Era la primera vez que la Institución acometía la conquista de la Sierra. Había ya visitado monumentos y ciudades próximas y lejanas; había deambulado por otras regiones de llanura y montaña; pero la Sierra, esta Sierra, estaba todavía para ella inmaculada.  

¿Quién acompañaba al grupo como maestro geólogo? Salvador Calderón.

Cuando la conciencia pública señala a Giner como apóstol y profeta del amor a la Sierra, ¿habrá quien pueda extrañarse de que su nombre se invoque en este acto al lado del de sus fraternales amigos los geólogos, de quienes tanto aprendiera, a quienes tanto enseñara y a quienes, si viviese sería el primero en glorificar hoy aquí con todo el fuego de su alma inflamada!”

En efecto  Giner, aunque había fallecido en 1915, estaba ominipresente en cualquier evento institucionista. En su proceso de mitificación también participaron los redactores de la revista Crónica al denominarlo “San Francisco Giner”.

Giner Cronica 1932

La sentida intervención de Cossío, quien hacía de patriarca de los institucionistas en el primer bienio republicano, fue complementada con el discurso más improvisado del mencionado Julián Besteiro, cuyas palabras fueron escuchadas con atención. Tras contrastar varias fuentes estimo que su discurso pudo ser el siguiente:

Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno , porque, como es sabido, no desempeño funciones gubernamentales. Seguramente las Cortes, que por méritos de la suerte más que por merecimientos personales represento, se sentirán compenetradas con la significación de este acto. Pero yo quiero dar a esta intervención mía más bien un carácter sentimental, de reminiscencia, de los días de mi infancia que evocan la ocasión, el lugar y, sobre todo, las bellas palabras del Sr. Cossío, leídas por mi amigo José Pedregal.

Cuando yo tenía trece años mis compañeros y yo seguíamos por estos caminos a nuestros maestros, y aquellos jóvenes maestros seguían a don Francisco Giner y al nuevo espíritu que don Francisco Giner trataba de infundir en el país.

Como ha ocurrido con frecuencia en las épocas de decadencia y en el momento de iniciarse un impulso renovador, los mejores espíritus de aquellos tiempos fueron a buscar ejemplos estimulantes en el Extranjero. Fue el ejemplo de la filosofía alemana llegado a nosotros con Sanz del Río; fue el ejemplo de la filosofía y de la pedagogía inglesas introducido aquí más directamente por D. Francisco Giner.

Y animados de aquel espíritu nuevo seguían a don Francisco Giner por estas montañas los maestros jóvenes y les seguíamos también un puñado de niños, animados de un entusiasmo que nos hacía realizar empresas tal vez superiores a nuestras fuerzas, y cuya significación solamente hoy podemos comprender plenamente.

Era, sin duda, que el injerto de ideales ajenos iba prendiendo en la planta que ahonda sus raíces en el pasado de nuestra historia, como una promesa de una nueva vida nueva y fecunda.

Con frecuencia, en nuestras marchas y expediciones contaban en nuestro espíritu la palabra del viejo poeta:

“Allá a la vegüela de Matadespino, por ese camino que va a Lozoyuela”.

Sin saberlo nosotros íbamos buscando por estos montes, no lo serranillo del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir.

Ahora, en esta ocasión, yo veo congregados en torno a la fuente de los geólogos a amigos de la infancia, como Pedregal, como García del Real, como José Cebada, como Palomares, como Pedro Blanco, y me parece que estoy viendo marchar a nuestro lado a D. Francisco Quiroga, con su bondad juvenil y su cabellera blanca, o me siento transportado a orilla del Tormes y veo aparecerse a D. José Macpherson mezclando sus enseñanzas con un tono afectivo de sencillez.

En los días a que estos recuerdos se remontan éramos un grupo reducido, fuertemente unido por el entusiasmo, pero aislado en la gran masa del país.

Luego ese espíritu se ha ido extendiendo y hoy vemos participar de él a los hombres de características sociales más diversas: restos algunos de viejas aristocracias, clases medias dedicadas a profesiones liberales, hombres de la oficina y hombres del taller y de la fábrica. Y al ver este alentador espectáculo comprendemos la significación de aquellas primeras excursiones por la Sierra y aprendemos a querer y honrar cada día más a nuestros maestros.

Besteiro discurso

Discurso de Julián Besteiro en la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Fotografía de Cortés reproducida en Mundo Gráfico 15 junio 19232 p. 16

De estas intervenciones se deduce que Giner y las diferentes oleadas de ginerianos concibieron la Sierra de Guadarrama desde 1883 como la atalaya desde la que otear el horizonte y trazar planes de acción para la reforma de España. Téngase en cuenta, por ejemplo que, semanas después al evento del domingo 12 de junio de 1932 que estoy rememorando, en una reunión que tuvieron en los pinares del Guadarrama Fernando de los Ríos, Pedro Salinas y otra media docena de intelectuales en el verano de 1932 se diseñó la construcción de la Universidad Internacional de Santander que entraría en funcionamiento al verano siguiente de 1933.

En su afán de conocer la Sierra de Guadarrama y convertirla en símbolo cultural y en un instrumento de higiene física y mental, los institucionistas no sólo promovieron su detallado conocimiento científico, sino que también ayudaron a redescubrir a los poetas castellanos que glosaron su paisaje y su paisanaje. Así promovieron el estudio de la obra del célebre arcipreste de Hita, cuyo Libro del Buen Amor introdujeron en el canon de la literatura clásica en lengua castellana. En esa tarea se inscribe, por ejemplo, la edición popular que hizo en 1917 para la editorial Saturnino Calleja el mexicano Alfonso Reyes en sus años de trabajo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE, a los que ha prestado atención recientemente Mario Pedrazuela en su trabajo “Alfonso Reyes y la Filología: entre la Revista de Filología Española y la Nueva Revista de Filología Hispánica” (ver aquí). Dada la estrecha relación entre el Centro de Estudios Históricos y el Instituto-Escuela, dependientes ambos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, no ha de sorprender que en la actuación musical del Coro del Instituto-Escuela que amenizó la excursión campestre a la fuente de los geólogos aquel 12 de junio de 1932 se cantase la “Serranilla” del mencionado Libro del Buen Amor y otras coplas populares.muchachas Instituto-Escuela Estampa

Esa actuación musical era prolongación de la que el mismo coro había ofrecido el 23 de noviembre de 1930 en el homenaje que se hizo a la memoria del arcipreste de Hita cerca del alto del León de la sierra de Guadarrama cuando se inauguró el monumento natural conocido desde entonces como “Peña del Arcipreste”. En él se leía la inscripción”1330-1930/Al ARCIPRESTE/ DE HITA/CANTOR DESTA SIERRA/DO GUSTÓ LAS AGUAS/ DEL RIO DE BUEN AMOR”. El homenaje fue auspiciado por la Real Academia Española, que dirigía el filólogo Ramón Menéndez Pidal, también director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y por la Comisaría de Parques Nacionales a través de la figura del geólogo Francisco Hernández Pacheco, el mismo promotor de la Fuente de los Geológos inuagurada el 12 de junio de 1932. Y, tal y como ha subrayado Alvaro Ceballos Viro en un muy interesante artículo (ver aquí), tal homenaje de 1930 al arcipreste de Hita era de inspiración institucionista. De tal manera que en la Real Orden publicada el 12 de octubre de 1930, mediante la cual se declaraba la Peña del Arcipreste “sitio y monumento natural de interés nacional”, se hacía mención explícita al principal promotor de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, quien el 6 de junio de 1915, a las pocas semanas de su fallecimiento, había recibido no muy lejos de allí el tributo póstumo de sus discípulos.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Llegada la República la exaltación de la Sierra de Guadarrama como espacio de demofilia se consolidó. Ya Agustín de Foxá había constatado, según nos recuerda Alvaro Ceballos, que antes de la llegada del nuevo régimen político “la sierra era republicana. Allí acudían los hombres pulcros a maldecir la España oficial. Allí extraían todas sus metáforas para una Patria joven, fresca, limpia y europea, la España del sol y la alegría, en oposición al Madrid clerical y reaccionario”. Ese marco de demofilia practicado en la Sierra de Guadarrama por los republicanos es el que explica, según Alvaro Ceballos, que el Arcipreste, reivindicado por los institucionistas y cantado por la Masa Coral del Instituto-Escuela, “no fuera el experto jurista, ni el versado mudejarista, ni el prerroformista de inspiración goliárdica, ni el producto de muchos otros textos singulares posibles, sino precisamente el autor de las serranillas. Serranilas que, no se olvide, escenificaban los turbulentos amores entre un letrado y una mujer del pueblo: no es difícil, por lo tanto, leerlas como una traducción simbólica, complaciente y aun lúdica de la relación entre las elites intelectuales y los estratos populares de la sociedad española”.

Pero los institucionistas no fueron los únicos protagonistas el día de la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Aquel domingo 12 de junio de 1932 también intervinieron activamente en la sierra madrileña científicos y naturalistas para reivindicar las tareas que habían hecho sus antecesores y las que ellos mismos estaban efectuando para conocer mejor el territorio español. Las palabras que pronunció el decano de la Facultad de Ciencias Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966), catedrático de Física Matemática de la Universidad Central y director del Observatorio Astronómico de Madrid, y que posteriormente se exiliaría a México donde falleció, no nos han llegado. Sí disponemos, gracias a su inclusión en las páginas del diario El Sol de 15 de junio de 1932, del discurso de Eduardo Hernández-Pacheco, el primer orador que intervino en aquel acto conmemorativo al haber sido su principal promotor.

Hernandez Pacheco fuente geologos

Eduardo Hernández-Pacheco mientras lee su discurso en la inauguración de la Fuente de los Geólogos.

Un extracto de su discurso, ejemplo elocuente del papel desempeñado por los naturalistas para fomentar el sentimiento de amor a la patria y de las permanentes quejas de los científicos españoles acerca del desdén al que, según ellos, le han sometido los poderes públicos, fue este:

Es la memoria de hombres de los tiempos modernos  a quienes rendimos hoy homenaje al inaugurar este sentido monumento que tan admirablemente armoniza con el paisaje, en este espléndido bosque de la olímpica montaña castellana y que tan acertadamente simboliza, sin pretenciosas alegorías arquitectónicas ni escultóricas, el limpio espíritu, la labor frucífera, la ciencia de estos cuatro sembradores de cultura y amor a la Naturaleza.

Los cuatro fueron exploradores y descubridores de la constitución geológica y geográfica de la Península Hispánica, de esta amada tierra nuestra, que debemos considerar como un minúsculo continente porque en el conjunto de sus diversas regiones se integra la variedad de climas, de topografía y de producciones naturales que en los extensos continentes del planeta componen sus distintos países y naciones.

Venimos a honrar hoy la grata memoria de sabios devotos de Gea, diosa resplandeciente y venerable, madre de todos y de todo. Y les rendimos nuestro homenaje porque con su callada y noble labor asentaron los primeros jalones del conocimiento de la Geología y de la Geografía Física de nuestra España.

No fueron hombres alentados y favorecidos por la protección oficial, ni brillaron conocidos por las muchedumbres, sino trabajadores austeros y callados, cuya labor fue apreciada por el escogido núcleo de los intelectuales de todos los países.

Ninguno de los tres eximios españoles: Macpherson, Calderón y Quiroga, recibieron recompensas ni honor alguno, concedido a sus grandes méritos, por el Estado o las corporaciones oficiales; ni tan siquiera la entonces Real Academia de Ciencias les llamó a su seno, honor que ellos hubieran agradecido mucho, aun siendo de notoria justicia, pero que ni se les otorgó ni ellos solicitaron. Por esto el acto de hoy tiene, no sólo el carácter de exaltación de sus méritos, sino también el de reivindicatorio.

El arquitecto Delgado Ubeda, que a su exquisito arte y mucha ciencia une el ser gran amante de la Naturaleza, e intrépido montañero, es el autor de este sencillo y bello monumento.

En recuerdo de tan eximios ciudadanos denominamos a esta fuente Fuente de los Geólogos, que brota en el corazón de la Sierra Carpetana, por ellos estudiada; junto a las altas divisorias de los dos ríos caudales castellanos: Duero y Tajo; en medio de este espléndido bosque de recios y aromáticos pinos, frente a la bella y fuerte montaña de Siete Picos, coronada de abruptos canchales graníticos, y en el corazón de la vieja cordillera castellanolusitana, que une a ambas Castillas y enlaza a las dos naciones hespéricas.

En representación del Instituto Geológico también tomó la palabra el ingeniero de Minas Agustín Marín y Beltrán de Lis (1877-1963), en cuya intervención no hubo ninguna alusión a la labor llevada a cabo por los geólogos institucionistas. De ahí que el único periódico entre los que he consultado que se hizo eco de su intervención fue el diario católico antirrepublicano El siglo  Futuro.  En su edición del 14 de junio de 1932 extractó una parte del  discurso de Agustín Marín en estos términos.

Gran satisfacción es para el Instituto Geológico la que le han dispensado los organizadores de esta fiesta de tan fina y elegante espiritualidad, invitándole a tomar parte en ella, y sólo lamento que no pueda asistir el director de ese Centro, que  os hablaría con una elocuencia y una altura que a mi humilde persona le está vedado alcanzar. Todos mis compañeros de Instituto y de Ingeniería se unen de todo corazón a este homenaje por dos razones: por las personas a quien está dedicado y por la forma con que se ha llevado a la práctica.

Vemos que al dedicar esta fuente a los geólogos habéis querido hacerlo de un modo integral a todos los que creen que el fundamento, la base de la civilización está en fomentar la naturaleza. A esta sierra se puede venir como un artista a aprender cómo se crea la poesía y la emoción. Así, nuestro gran Velázquez supo en el cuadro del príncipe Baltasar Carlos, resaltar el contraste que produce la pompa y la vanidad que acumularon en el niño con la austeridad y la grandeza del paisaje de La Maliciosa. El excursionista busca solaz, trata de disolver sus preocupaciones en el aire de las serranías, y la persona culta relaciona la estructura orogénica con la historia y la leyenda, y así exclamó uno de los grandes cantores del Guadarrama, Enrique de Mesa, desde lo alto de la divisoria:

“A un lado el solar del Cid; al otro, la tierra de Don Quijote”.

Pero el geólogo llega a más: comprende que los seres, las cosas, las montañas, no son completas si no se enlazan a su pasado y no se vislumbra en ellas su porvenir; no piensa sólo en el momento, sino que investiga cómo se llegaron a formar estas cordilleras, por qué los ríos circulan por dónde lo hacen, a qué fenómenos de erosión, de formación morfológica, están sometidas las rocas, por qué los canchales y las peñas, jugando a esculturas, tienen esas formas tan caprichosas, y hasta se ocupa de qué será de estas piedras en el más allá, en el porvenir.

Pero además, la forma de perpetuar la memoria de los geólogos que se ocuparon del Guadarrama, tiene tan poética sencillez, tan justa expresión, tan exacta aplicación (y en esto hay que hacer el cumplido elogio al artista que lo interpretó), que habla mucho más el corazón que lo puedan hacer las magnificencias escultóricas y arquitectónicas, como lo fue la tumba de Napoleón.

El manantial es símbolo de misterio, y así Plinio exclama: “En ninguna parte muestra la Naturaleza ser tan milagrosa como en las fuentes”. Para los geólogos ya no hay casi enigmas, y ahora escudriñan los conductos por donde deben circular el agua, las entrañas de la tierra, que visita, y buscan la relación de la ciencia pura con la ciencia de aplicación, y así las grandes lucubraciones que se fraguan en la mente de los sabios o de los ingenieros, se resuelve en veneros de riqueza, que inundan esos campos de Dios.

Pero además, la fuente lleva unida la idea de reposo material y aún más la de actividad mental. Yo me figuro a nuestro gran Casiano de Prado, padre de la geología del Guadarrama, hace casi un siglo, fatigado de sus andanzas por la sierra, recibir con deleite el descanso que le brinda la fuente, sentarse en una piedra, dejar el martillo, la brújula, abrir su libreta, y lo mismo que los filetes de agua se suceden unos a otros en el chorro de esa fuente, así las ideas se engarzaban en la mente de aquel hombre y luego se relacionan con las de los que vinieron después, y con los que ahora la visitan y con la de los que llegarán más adelante, y retenidas en los libros, como el agua en los embalses, elévase así la cultura de los pueblos, y, por tanto, la dignidad de los hombres.

¡Gentes de la ciudad: venid a estas sierras, oled a tomillo, reposad en estas fuentes y reverenciad, y a ser posible, seguid el camino de hombres como los que hoy honramos y así trabajaréis por el bien de la humanidad!”.

Curiosamente en ese mismo ejemplar del Siglo Futuro uno de sus colaboradores, con el seudónimo fray Junípero, presentó un suelto que evidenciaba las fobias anti institucionistas del nacional catolicismo, y su obsesión, dado su antisemitismo, con la política favorable a los sefarditas que intentó implantar el gobierno republicano de aquella época, particularmente el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Revela el suelto que transcribo el grado de virulencia de  la guerra de ideas instalada en la sociedad española en aquel año de 1932, anunciadora de las tormentas de fuego futuras:

Anteayer se inauguró en la Sierra la Fuente de los Geólogos. El acto, con pretensiones científicas, fue un himno al triunfo de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que se cantó allí. Por cierto que en las reseñas echamos de menos al piisimo don Elías Tormo, que otorgó a la funestísima Institución el monopolio de la enseñanza oficial y nos trajo a la Central al insigne rabino honorario don Erasmo, que ayer fue muy de mañana a Toledo a visitar y orar largamente en la sinagoga del Tránsito, que se rumorea será entregada a los sefardíes para sus ritos.

En fin, múltiples significados tuvo el evento que se celebró aquel domingo de 12 de junio de 1932 en un incomparable marco de la sierra más castellana frente a Siete Picos y la Maliciosa. Es de esperar que en los meses que faltan para conmemorar el 85 aniversario de aquella iniciativa cultural, cuyos promotores intentaron mezclar ciencia, naturaleza, arte y alegría, se pueda seguir profundizando en ellos.

sierra Guadarrama

 

Para saber más:

Santos CASADO, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons Historia, 2010.

Santos CASADO, “Ciencia y política en los orígenes de la conservación de la naturaleza en España”. En Eduardo Hernández-Pacheco, La comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España, edición facsímil, Madrid, Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.

Santos CASADO, La ciencia en el campo: Quiroga, Calderón, Bolívar, Madrid, Nivola (Colección Novatores), 2001.

Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO, “En la inauguración de la Fuente de los Geólogos”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 56 (867), p. 221-222

Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Música para un ideal: Pensamiento y actividad musical del krausismo e institucionismo españoles (1854-1936), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2009

La Sierra de Guadarrama en el Museo del Prado. Itinerarios didácticos. Acceso on line en:

https://www.museodelprado.es/recorrido/la-sierra-de-guadarrama-en-el-museo-del-prado/8c434691-d84e-483d-ac69-8c73ec307a10

 


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La apertura al mundo del Madrid científico-técnico y artístico en marzo de 1932

Los asuntos científico-técnicos estuvieron bien presentes en la esfera pública madrileña en el mes de marzo de 1932, en el que la actualidad política estuvo dominada por la tensión creciente entre el partido radical de Lerroux y el PSOE, que formaba parte de la coalición gubernamental que sostenía al gobierno de Azaña.

Diversos textos e imágenes dan prueba de ello como se aprecia en los dos asuntos que abordo en esta entrada. El primero se refiere a la campaña emprendida para superar el déficit tecnológico en el uso de la radio como medio de comunicación y conocimiento. El segundo a la acogida dispensada en Madrid a los integrantes del IX Congreso internacional de Cirugía que se reunieron en la capital española en ese mes de marzo de 1932 antes de visitar también Sevilla y Barcelona.

Superar las deficiencias de la radiodifusión en España fue un tema recurrente en las páginas de la prensa de aquel mes.  Con ese motivo el 2 de marzo, en la interesante sección semanal Ondas sonoras del diario Luz,  se entrevistó a Pedro Regueiro, que había sido jefe de la sección de Radio del ministerio de Comunicaciones. Unas interesantes estadísticas, publicadas a la semana siguiente, en la misma sección de ese diario, probaban el retraso del uso de la radio en la sociedad española comparándola con la de otros países europeos.

radio Europa 1932

Dos días después, el viernes 11 de marzo, era el filólogo Américo Castro quien, en el mismo periódico, escribía un artículo titulado “Hacia la mejor España” en el que instaba  a expandir el uso de la radio por su potencial cultural. Más adelante, el miércoles 16 de marzo, sería el pedagogo, y diputado de Acción Republicana, Luis Bello quien, también en el diario Luz, publicaría su artículo “La radio en el pueblo” en el que informaba que Madrid sería sede en septiembre de 1932 del próximo congreso internacional de Radiotelegrafía y Telegrafía que daría lugar a la creación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

No ha de extrañar entonces que las páginas de las publicaciones ilustradas republicanas reflejasen con humor cómo penetraba progresivamente en los domicilios de sus lectores el uso de la radio, como revela la historieta “Una estación de radio” de un dibujante de Crónica , creador de los personajes infantiles Lolín y Bobito.

Lolin y Bobito Una cronica de radio

O que informasen de los avances de esa tecnología en otras partes del mundo como Estados Unidos. Así el lector de Estampa, al abrir el ejemplar de 12 de marzo de 1932, podía encontrarse con un reportaje sobre el gran proyecto neoyorquino, impulsado por el “rey del petróleo” John D. Rockefeller, para construir una “Radio City”.

Nueva York radio city

 

Ese mismo día, en otro medio de comunicación, se avisaba que al miércoles siguiente, el 16 de marzo, Federico García Lorca daría en la sede de la Residencia de Señoritas una conferencia sobre su libro Poeta en Nueva York, en la que Lorca dio a conocer por primera vez al público madrileño algunos de los versos del que ha sido considerado el poemario más importante de la lírica española del siglo XX, publicado en 1940 tras el asesinato de su autor en el trágico verano de 1936.

Ese evento fue organizado por la sección madrileña del Comité de Cooperación Intelectual que había nacido el mes anterior. El diario Luz, en su ejemplar del jueves 17 de marzo de 1932, se hizo eco de la conferencia con un breve suelto:

Lorca Poeta en N York Luz

 

Pero el gran acontecimiento científico internacional que tuvo lugar en Madrid en marzo de 1932 fue la celebración en la sede del Senado, cámara legislativa que había sido disuelta por la República, del IX Congreso internacional de Cirugía.

Su inauguración oficial, a la que asistieron las máximas autoridades republicanas, tuvo lugar el martes 15 de marzo. El siempre mordaz Azaña da cuenta en su diario del acto en los siguientes términos: “El Consejo [de Ministros] de hoy ha empezado tarde, porque he ido al Senado; a la sesión inaugural del Congreso Internacional de Cirugía. El alcalde [Pedro Rico], que había de hablar el primero, ha llegado tarde. Este alcalde es muy castizo, le invitan a un banquete diplomático y no va ni se excusa. Hemos oído los discursos de rúbrica, entre ellos una necrología de los cirujanos muertos desde el último Congreso. El orador no nos ha dicho si han muerto a mano de otros cirujanos. El presidente de la República ha echado un discurso, en que ha hablado de nuestra revolución como de una operación quirúrgica incruenta”.

Congreso Cirujia inauguracion Senado

Dos días después -el 17 de marzo- Azaña asistiría a una parte de la función de gala que se ofreció a los congresistas en el teatro Español donde se representó la Serrana de la Vera, protagonizada por Margarita Xirgú. Y al día siguiente, el jueves 18 de marzo,  a la recepción que hubo en el Palacio presidencial en honor de los congresistas que estuvo muy concurrida.

De ese intenso programa social de los congresistas se hizo  eco la prensa como la revista ilustrada Mundo Gráfico en su ejemplar de 23 de marzo de 1932.

Congresistas Cirugia 1932

 

Este congreso fue organizado por la Sociedad Internacional de Cirugía, con sede en Bruselas, que tenía afiliados de 42 naciones.  Una de las claves de su éxito radicó en que, gracias a complejas negociaciones, se asociaron a su desarrollo cirujanos del ámbito cultural germánico, que habían estado excluidos desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Y así acudieron a Madrid unos 250 congresistas procedentes de todo el mundo. Los delegados oficiales fueron los siguientes: de Alemania (Sauerbruch), Argentina (Arce), Austria  (Denk), Canadá (Archibald y Saint-Jacques), Dinamarca (Permin y Hannsen), Egipto (Papayoannou), Estados Unidos (Lilienthal), Finlandia (Bardy) , Francia (Proust), Gran Bretaña (Tourner), Grecia (Maccas), Irlanda (Meade), Italia (Alessandri), Japón (Ishikawa), Noruega (Ingebrigsten), Países Bajos (Shoemaker), Polonia (Jurasz), Portugal (Dos Santos), Rumania (Daniel), Suecia (Kaijjser y Hybbinette), Siria (Altounyan y Chevalier), Checoslovaquia (Jirasek), URSS (Plotkin), Venezuela (Conde-Jahn), Yugoeslavia (Kostitch y Budissavloitch), Nueva Zelanda (Mitchell) y Turquía (Burhaneddin).

En sus tareas desempeñaron un papel fundamental los integrantes del comité internacional como su presidente el belga Jean Verhoogen, y el prestigioso cirujano suizo Fritz de Quervain, que ejerció de presidente del congreso de Madrid. Y se implicaron activamente los miembros españoles del comité organizador, entre los que se encontraban el grueso de los integrantes de la Sociedad de Cirugía de Madrid que se había constituido en junio de 1931.

Ese comité organizador estaba presidido por el decano de la Facultad de Medicina de Madrid el catalán Sebastián Recasens y Girol. Sus vocales fueron el catedrático de patología y clínica quirúrgica, vicerrector de la Universidad de Madrid, y futuro rector entre 1934 y 1936, el barcelonés León Cardenal Pujals , el catedrático de Patología Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid el zamorano Laureano Olivares, el catedrático de Urología y de Terapeútica quirúrgica general y especial el manchego Leonardo de la Peña, el prestigioso cirujano de origen gallego, interesado en investigaciones sobre el cáncer, José Goyanes, el presidente de la Asociación española de urología Pedro Cifuentes Díaz, el catedrático de Patología y Clínica quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad Central José Blanc Fortacín, el también catedrático de Patología quirúrgica de la misma Facultad el madrileño Enrique Slocker y la Rosa, el aragonés Víctor Manuel Nogueras que además de médico militar había sido el fundador y director entre 1918 y 1931 del madrileño Hospital Central de la Cruz Roja, el prestigioso cirujano militar Mariano Gómez Ulla,  el urólogo Ignacio Sánchez Covisa, el médico y diputado por el partido de Manuel Azaña Acción Republicana Fernando Coca, Enrique Noguera, N. Saldaña y Enrique Ribas y Ribas, catedrático de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Y sus secretarios: Plácido G. Duarte. jefe del servicio de Cirujía general del hospital de la Princesa, y Alberto Catalina Prieto.

Congresistas Cirujia figuras

 

Los congresistas tuvieron un apretado programa de trabajo. Los intervinientes hicieron demostraciones prácticas y usaron en sus explicaciones dibujos, esquemas, láminas y películas sobre los métodos quirúrgicos. La primera sesión científica fue dedicada, por ejemplo, a debatir sobre “el estado actual de la cirugía del esófago” con intervenciones de cirujanos franceses, rumanos, italianos, alemanes, franceses, norteamericanos y argentinos. En otra de las sesiones se presentaron los progresos recientes en la Anestesia Quirúrgica. En ella el italiano Achile Mario Dogliotti Ferrara comunicó algunos casos anestesiados por la inyección raquídea epidural. Esta técnica de la anestesia peridural segmentaria, que daría fama a ese cirujano italiano, ya había sido usada por el cirujano militar español Fidel Pagés Mirevé (1886-1923).

Además de asistir a las comunicaciones presentadas en el Congreso y participar en sus debates sus participantes pudieron visitar la exposición médico-quirúrgica que se exhibió en el pasillo central y en los laterales del Senado. En ella se mostraron productos médicos y aparatos de cirugía españoles y extranjeros, así como se podía consultar prensa técnica profesional, como las principales publicaciones médicas de la época entre las que destacaban El Siglo Médico,  La Gaceta Médica Española, dirigida por el doctor Juan Noguera López La Medicina Ibera, fundada y dirigida por el médico y diputado republicano, ya mencionado, Fernando Coca.

Una de las actividades en las que puso particular empeño el comité organizador fue la organización de una visita guiada para que los congresistas conociesen la que sería futura sede de la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid que por aquel entonces se estaba construyendo en la nueva Ciudad Universitaria.

Congresistas Cirugia en Facultad Medicina

 

También un grupo de congresistas asistió en el anfiteatro grande de la Facultad de Medicina de la calle Atocha a la proyección de la película Al borde de la tumba, de la productora UFA, en la que se mostraba una operación de apendicectomía y varios partos.

Pormenorizada información sobre el desarrollo del Congreso ofrecieron diversos medios de comunicación, pero quizás sobresalió en su cobertura el gran diario republicano El Heraldo de Madrid, quizás por los lazos de paisanaje que unían a su director, el periodista catalán Manuel Fontdevila, con el presidente del comité organizador, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el barcelonés Sebastian Recasens, que estaba encantado según declarara a ese diario de “la perfectísima organización que estamos viendo” tras haber asistido “a veinticinco o treinta Congresos internacionales de Medicina general, de Cirugía, de Ginecología y de Radiología”.

Heraldo de Madrid 15 marzo 1932

 

Meses después de la celebración de ese congreso, en el mismo año de 1932, la gran editorial Labor publicó el Tratado de Patología Quirúrgica General del cirujano y médico militar aragonés Manuel Bastos Ansart, quien luego sería represaliado por el régimen franquista.  Este Tratado de más de ochocientas páginas, posiblemente, ha de ser considerado como uno de los frutos científicos de ese congreso. Fue considerado en su momento “la mejor obra española compuesta sobre esta materia” por el crítico del diario Luz el médico y periodista Félix Herce Ruiz, militante del PSOE, exiliado posteriormente a México.

Tratado de cirugia Bastos 1

Tratado de cirugia Bastos 2


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Una visita a la Residencia de señoritas de la JAE en su centenario

cartel exposicion Residencia Señoritas

Entre el 1 de diciembre de 2015 y el 27 de marzo de 2016 se puede visitar en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, la exposición Mujeres en vanguardia. La Residencia de señoritas en su centenario (1915-1936), organizada con motivo del centenario de la creación en 1915 de esa institución que alentó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para promover y mejorar la formación de las mujeres. Dirigida por la pedagoga María de Maeztu la labor formativa de un millar de mujeres llevada a cabo en ese complejo educativo dejaría honda huella en la cultura española del primer tercio del siglo XX.

En tiempos republicanos su modelo se trasladó a Barcelona como se aprecia en este reportaje de la publicación ilustrada Crónica, mostrado en la mencionada exposición.

Residencia Señoritas Barcelona

 

La exposición está dividida en las secciones siguientes:

Educación para la mujer. Las primeras iniciativas (1869-1913). En esta sección se muestra cómo el proyecto pedagógico que subyace en la creación de la Residencia de Señoritas hunde sus raíces en el proyecto de renovación de la sociedad española a través de la educación inspirado por la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Las primeras iniciativas relacionadas con este proceso se debieron a Fernando de Castro, quien en el Sexenio democrático, en 1870, fundó la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Posteriormente Francisco Giner de los Ríos y los hombres y mujeres de la ILE continuaron la tarea de defender los derechos de la mujer, comenzando por el de una educación en igualdad.

La Residencia de Señoritas (1913-1936). Una apuesta de futuro. 

Laboratorio FosterLa trayectoria de la Residencia de Señoritas fue paralela a la de la Residencia de Estudiantes, estudiada recientemente por Alvaro Ribagorda. Como en la Residencia de Estudiantes, en la de Señoritas las residentes, además de con los servicios de alojamientos,contaban con un laboratorio en el que hacer sus prácticas -el llamado laboratorio Foster estudiado por Carmen Magallón-, con una nutrida biblioteca en la que apoyarse para sus estudios y con un programa de clases, conferencias (por ejemplo el neuropsiquiatra y diputado socialista José Sanchís Banús (1893-1932), disertó el 20 de febrero de 1932, pocas semanas antes de fallecer prematuramente, en el paraninfo de la Residencia sobre La historia clínica de Carlos II de España), conciertos o lecturas poéticas orientado a ampliar su formación.

En todas sus actividades la Residencia de Señoritas contó con el apoyo fundamental del International Institute for Girls in Spain, una institución norteamericana asentada en Madrid desde principios del siglo XX que le aportó tanto medios materiales como métodos y ejemplos de los que se beneficiaron las jóvenes estudiantes españolas. Por mediación del Instituto Internacional, además, se llegó a acuerdos con diferentes colleges femeninos norteamericanos para conceder becas de intercambio, que se pueden rastrear en archivos norteamericanos como los del Smith College (ver aquí).

Gran parte de las mujeres que se incorporaron activamente a la vida cultural y política del primer tercio del siglo XX estuvieron relacionadas con la Residencia de Señoritas. Victoria Kent (Málaga 1889-Nueva York 1987), la abogada, pedagoga y dirigente socialista Matilde Huici (Pamplona 1890-Santiago de Chile 1965), la pintora Delhy Tejero (Toro-Zamora 1904, Madrid 1968), o la periodista Josefina Carabias (Arenas de San Pedro-Avila 1908, Madrid 1980) fueron algunas de sus residentes más destacadas. María Goyri (1874-1954), María Zambrano (1904-1991) , Victorina Durán (1899-1993) o Maruja Mallo (1902-1995) formaron parte de su profesorado. Zenobia Camprubí (Malgrat de Mar-Barcelona 1887, San Juan de Puerto Rico 1956), Gabriela Mistral (Vicuña-Chile 1889-Nueva York 1957), Victoria Ocampo (Buenos Aires 1890- Béccar 1979), María Martínez Sierra (San Millán de la Cogolla-Logroño 1874-Buenos Aires 1974), Clara Campoamor (Madrid 1888- Lausana- Suiza 1972) o Concha Méndez (Madrid 1898-Coyoacán-México 1986)  participaron en sus actividades.

En los salones de la Residencia de Señoritas nacieron el Lyceum Club Femenino en 1926 y la Asociación Universitaria Femenina.

Años de guerra (1936-1939)

Como la mayor parte de las alumnas, en julio de 1936 María de Maeztu (Vitoria-Gasteiz 1881-Mar del Plata-Argentina 1948), se encontraba de vacaciones fuera de Madrid, a donde regresó de inmediato tras producirse el golpe de Estado. En septiembre de 1936 presentó su dimisión como directora de la Residencia de Señoritas y, poco después, abandonó España. Para sustituirla se nombró un comité presidido por Regina Lago (Palencia 1898-Cuernavaca, México 1966) y constituido por otras residentes y exresidentes. A comienzos de 1937, siguiendo al Gobierno de la República, la Residencia de Señoritas se trasladó a Valencia, a la localidad de Paiporta. Acabada la guerra, y disueltos por decreto los centros de la JAE, en varios de los edificios que había ocupado la Residencia de Señoritas se creó, en 1940, el Colegio Mayor Teresa de Cepeda.

El destino de la Residencia y de las residentes tras la guerra civil.

En esta sección se da cuenta de los destinos de las antiguas residentes. Unas aprovecharon las redes culturales y sociales tendidas en los años previos y recalaron en distintos países americanos y europeos. Otras se quedaron en España sufriendo distintas situaciones: desde represalias graves a un discreto exilio interior.

Las organizadoras han diseñado una atractiva web en la que se pueden visualizar cinco interesantes audiovisuales (ver aquí):

 

exposicion Residencia Señoritas

Como complemento de la exposición sus comisarias han promovido un muy cuidado catálogo con numerosas fotografías, portadas de libros y folletos, programas de las actividades culturales que se celebraron en la residencia, documentos diversos, pinturas, dibujos, etc. Sus datos bibliográficos y contenidos son los siguientes:

portada_MujeresDE LA CUEVA, Almudena Y MÁRQUEZ PADORNO, Margarita (eds.), Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario (1915-1936). Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2015, 400 páginas. ISBN: 978-84-939988-6-8.

Además de dos presentaciones iniciales el catálogo contiene trabajos de:

Almudena de la Cueva y Margarita Márquez Pardomo:  “La Residencia de Señoritas (1915-1936). Una habitación propia para las españolas”.

Idoia Murga: “Muros para pintar: las artistas y la Residencia de Señoritas”.

Rosa Mª Capel Martínez: “¿Sin distinción de sexo? Mujeres y educación en España: de la Restauración a la Segunda República”.

Elvira Ontañón:“La educación de la mujer en el proyecto pedagógico de Francisco Giner de los Ríos”.

Almudena de la Cueva: “La célula germinativa de la cultura femenina: la Asociación para la Enseñanza de la Mujer”.

Mª del Mar del Pozo Andrés: “La educación de la mujer en la Junta para Ampliación de Estudios: las primeras maestras europeas”.

Isabel Pérez-Villanueva Tovar: “María de Maeztu en la Residencia de Señoritas. Educación y feminismo”.

Margarita Márquez Padorno: “El sueño americano de la universidad para mujeres en España: la octava hermana”

Pilar Piñón: “El Instituto Internacional de España y la Residencia de Señoritas.

Raúl Vázquez Ramil: “A thoroughfare of freedom: intercambios de becarias entre colleges femeninos norteamericanos y la Residencia de Señoritas de Madrid, 1919-1936”

Carmen Magallón: “El Laboratorio Foster y su papel en la formación de las científicas españolas”.

Salvador Guerrero: “Un lugar en la memoria de la geografía de la Institución”.

Concha Fagoaga: “La relación del grupo de señoritas de la Residencia de Estudiantes con el Lyceum Club”)

y Margarita Sáenz de la Calzada:“De la Residencia de Señoritas al Colegio Mayor Santa Teresa”.

A dichos trabajos se añaden una cronología, una parte dedicada a la obra plástica de las artistas de la Residencia, una selección de las imágenes expuestas, sendas relaciones de las obras y documentos expuestos y de autores y un índice onomástico, siempre útil en este tipo de obras.

Quien visite la exposición y lea el catálogo podrá apreciar las características de una de las iniciativas y singulares más significativas para promover las capacidades educativas y científicas de la mujer en la edad de plata de la cultura española.

El curioso podrá encontrar información adicional en estos enlaces, entre otros:

http://www.todoliteratura.es/noticia/9382/exposiciones/exposicion:-mujeres-en-vanguardia.-la-residencia-de-senoritas-en-su-centenario-1915–1936.html

http://www.efe.com/efe/espana/cultura/mujeres-en-vanguardia-la-historia-de-residencia-senoritas-madrid/10005-2778645


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Enero 1932: el empuje educativo y científico-técnico en el Madrid republicano

Hojeando la prensa de la época se aprecia una cierta efervescencia cultural en el Madrid de enero de 1932, que tuvo su paralelismo en el ámbito educativo y en las actividades científicas y técnicas.

Destacaré a continuación algunas de las manifestaciones más significativas de ese empuje educativo y científico-técnico que tuvo lugar en la ciudad de Madrid, cuyos habitantes eran informados puntualmente de los diversos problemas socio-políticos a los que tenían que enfrentarse los gobernantes de la coalición republicano-socialista entonces en el poder. En efecto, el gabinete presidido por Azaña en aquel entonces tuvo que afrontar en ese mes de enero de 1932 diversas protestas sociales en tierras catalanas y andaluzas, organizadas fundamentalmente por los anarquistas; gestionar las crisis derivadas, primero, de la muerte el último día del año 1931 de cuatro guardias civiles en el pueblo extremeño de Castillblanco, suceso que dio lugar al reportaje del periodista Francisco Lucientes “Geografía humana de la España remota. Castillblanco, pueblo de ilusos”, publicado  el domingo 17 de enero en las páginas del diario El Sol, con cinco ilustraciones de Sancha, y luego la crisis suscitada por la muerte de varios huelguistas por disparos de la guardia civil en la población riojana de Arnedo. Y además tuvo que hacer frente a las múltiples protestas de la oposición de los católicos, especialmente fuertes en el País Vasco y Navarra y en Castilla la Vieja, disconformes con las medidas anticlericales, como la disolución de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes que se produjo por un decreto de 23 de enero con el que se aplicaba el controvertido artículo 26 de la constitución republicana aprobada semanas antes.

Castillblanco plaza

Centrándome en el ámbito educativo cabe destacar la interesante entrevista que un periodista del recién nacido diario Luz -apareció su primer número el 7 de enero –, financiado por Urgoiti, y vocero de los planteamientos de Ortega y Gasset, le hizo al nuevo director del instituto del Cardenal Cisneros de Madrid, el catedrático de Latín Vicente García de Diego (1878-1978), un notable filólogo, con motivo de una serie de reformas efectuadas en ese importante centro educativo madrileño gracias a una aportación económica de cincuenta mil pesetas del gobierno republicano. Gracias a ella se construyó una sala de proyecciones para 350 espectadores, se adquirió “un magnífico aparato alemán de proyecciones” y el instituto se suscribió a una cinemateca. (Luz 19 enero 1932).  Por ese tiempo había en efecto un cierto interés por el cine educativo y científico. A este respecto es de interés el artículo “Las películas científicas. Cómo se filma el crecimiento de una planta”, firmado por Alfredo Cabello, publicado por Luz el sábado 30 de enero.

Las reformas e innovaciones educativas introducidas en un lugar señero de la enseñanza secundaria madrileña se producían en el marco de un amplio movimiento reformista que estaba impulsando el ministro socialista de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Así a finales de ese mes se promulgó el decreto de creación de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Central de Madrid, que tan hondas repercusiones tendría en la formación de maestros y en la institucionalización de las ciencias de la educación en la sociedad española. A su vez  El Heraldo de Madrid informaba el martes 26 de enero que el ingeniero de caminos José Cebada, profesor de Termotecnia y de Proyectos de elementos de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, “de gran prestigio científico y abolengo republicano” era propuesto como director general de enseñanza técnica, una nueva dirección general de la que iban a depender las : Escuelas especiales de Ingenieros civiles, procedentes de los Ministerios de Fomento y Economía Nacional;  las Escuelas Superiores y Elementales de Trabajo;  las Oficinas de Selección profesional;  los Institutos de Reeducación y Orientación profesional y el Psicotécnico de Madrid; y el Centro de Perfeccionamiento obrero, según determinaría la Gaceta del 10 de febrero de 1932.

Entre tanto proliferaban iniciativas científicas de diverso orden. Se suscitaron debates sobre las investigaciones prehistóricas en Madrid a propósito de una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, presidido por Pedro Rico (ver Luz 27 enero  p. 6 y el artículo de Rafael Alvarez en el mismo diario del día siguiente 28 titulado “La prehistoria madrileña. Un fracaso que estaba previsto”); o sobre colecciones etnográficas como la polémica en la que se involucraron Victorina Durán y el crítico Juan de la Encina a propósito del Museo de Artes decorativas y el Museo del Traje (El Sol domingo 17 enero p. 5 y El Sol miércoles 20 enero p. 1). Se informaba de reuniones de las sociedades científicas como la Sociedad Española de Antropología (Luz 30 enero sábado p. 13) o del Laboratorio de Matemática de la Junta de Ampliación de Estudios que celebraba sus sesiones en la madrileña calle de duque de Medinaceli nº 4 como informaba el diario El Sol del viernes 15 enero de 1932 p. 4.

Laboratorio de Matematica 1

Laboratorio de Matematica 2

Y se daba cobertura a las numerosas conferencias que científicos diversos impartieron en diversos lugares de Madrid en aquel enero de 1932.

Pio del Río Hortega selloPor ejemplo la impartida el 14 de enero por Pío del Río Hortega (Portillo (Valladolid) 1882-Buenos Aires 1945), uno de los discípulos más brillantes de Santiago Ramón y Cajal,  en la sede del Centro de Intercambio Intelectual Germanoespañol. Del Río Hortega, que por ese entonces era director del Instituto Nacional del Cáncer y un destacado militante del partido radical de Alejandro Lerroux, publicaría meses después esa conferencia, en la que demostró las interrelaciones entre arte y ciencia en su práctica experimental, en las páginas de la revista ResidenciaDe esa conferencia un periodista del diario El Sol, ya citado, informaba en los siguientes términos:

Pío del Río Hortega enero 1932

 

Otras conferencias a las que la prensa prestó atención fueron las dos que impartió el nutricionista y endrocrinólogo Enrique Carrasco Cadenas (1895-1959), profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, en el paraninfo de la Residencia de Señoritas, institución que dejó honda huella en la cultura española del primer tercio del siglo XX, como podrá apreciar quien visite en estos días la exposición que se ha organizado en la Residencia de Estudiantes. Ese profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, donde obtendría en 1934 la cátedra de Higiene de la alimentación, disertó sobre el tema “Por qué y cuándo se debe comer” y “Qué, cómo y cuánto se debe comer” los miércoles 20 y 27 de enero tras ser presentado por el relevante parasitólogo Gustavo Pittaluga Fattorini (Florencia 1876-La Habana 1956). El diario Luz (21 y 28 enero), con cuyo propietario Nicolás de Urgoiti el conferenciante tenía vínculos familiares, dio amplia cobertura a las dos conferencias, ilustrando el resumen de una de ellas con una caricatura de ese genial dibujante que fue Bagaría.

Caricatura de Carrasco Cadenas

 

Rey Pastor dibujo 1932Pero indudablemente la conferencia que suscitó mayor atención en la opinión pública de aquel momento fue la que dio Julio Rey Pastor (Logroño 1888-Buenos Aires 1962) el viernes 29 de enero con motivo de la inauguración del curso de 1932 por la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo madrileño, institución con la que Rey Pastor tenía vinculación desde tiempo atrás, como ya expuse en otro post anterior (ver aquí). Ese matemático, que vivía entre Buenos Aires y Madrid,  y que había fundado años atrás el Laboratorio de Matemática de la JAE, disertó aquel día de enero de 1932  “Sobre la unidad de la ciencia” ante un auditorio nutrido. El lleno del  salón de actos le recordó a un asistente los habidos con anterioridad en las conferencias de Einstein, del príncipe de Mónaco, impulsor de la oceanografía, o del filósofo francés Henri Bergson. El diario El Sol  dedicó al evento parte de su primera página en su número del sábado 30 de enero donde se hacía una presentación del “eminente” matemático acompañada de un dibujo de Aristo-Téllez , ofreciendo además una transcripción taquigráfica de la la conferencia en su folletón durante varios días (por ejemplo en los días 30 y 31 de enero). Los números 1.299 y 1300 correspondientes a la primera y segunda quincena de febrero de la revista Madrid científico también reprodujeron  la conferencia que un periodista del diario Luz   (30 enero p. 12) resumió de esta manera

Rey Pastor conferencia 1

Rey Pastor conferencia 2

Ahora bien el gran acontecimiento científico-técnico en aquel mes de enero de 1932 fue la presentación en sociedad del gran plan de reformas diseñado por el arquitecto y urbanista Secundino Zuazo (Bilbao 1887- Madrid 1970) para reorganizar la configuración urbana del Madrid futuro en torno al eje Sur-Norte (Atocha-Chamartín), que sustituiría al eje oeste-este (que unía el antiguo Alcázar con el palacio del Buen Retiro a través de la calle Mayor y luego la de Alcalá) sobre el que había pivotado hasta entonces la organización espacial de la capital del Estado. Como resultado de ese plan se efectuó el enlace ferroviario subterráneo que acabó con la discontinuidad de la red, la prolongación de la Castellana que reestructuró el crecimiento de la ciudad y la construcción de un conjunto de edificios destinados a los Nuevos Ministerios. Zuazo, que contó con el apoyo decidido del presidente del gobierno Manuel Azaña y de Indalecio Prieto, ministro socialista de Obras Públicas, expuso detalladamente su vasto plan de reformas urbanas de Madrid en las  páginas de dos números del diario El Sol, correspondientes a los domingos 17 y 24 de enero, según se puede apreciar a continuación. Parecía haber pues a principios de enero de 1932 una correlación entre ímpetu científico-técnico y apuesta por la “metropolización” de la ciudad en el Madrid republicano de aquel entonces.

Zuazo 1 a

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El impulso del Ateneo de Madrid a la cultura científica hace un siglo

Hace unos meses, el 1 de diciembre de 2014, se organizó en el Ateneo de Madrid una mesa redonda en el marco de un ciclo sobre la generación del 14 y el centenario de la primera guerra mundial. En ella se abordó la actitud de los científicos y tecnólogos españoles ante el conflicto bélico que asoló el continente europeo hace un siglo.

El evento fue coordinado por Alejandro Díez Torre. Quienes participamos en él -Ernesto García Camarero, Alberto Gomis, Francisco Villacorta y el autor de esta entrada- , no reparamos entonces en una doble iniciativa que tuvo lugar durante el curso 1914-1915 organizada por la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de esa institución madrileña, tan importante en la configuración de una sociabilidad liberal y en la historia política y cultural española contemporánea.

Me refiero por una parte al ciclo de conferencias que tuvo lugar entre enero y mayo de 1915. En él participó un cualificado grupo de científicos que expuso a los ateneístas la situación en la que se encontraban diversas disciplinas científicas que cultivaban -desde la fisiología a la antropología, pasando por las matemáticas y la química- y cuáles eran los problemas metodológicos con los que tenían que enfrentarse en sus investigaciones.

Desfilaron en efecto por la cátedra del Ateneo a lo largo del primer semestre de 1915 los químicos José Rodríguez Carracido (1856-1928), Eugenio Piñerúa y Álvarez (1851-1937), José Rodríguez Mourelo (1857-1932) y Enrique Moles (1883-1953); los astrónomos Antonio Vela y Herranz (1865-1927), y Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966); los geólogos Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965) y Lucas Fernández Navarro (1869-1930); el físico Blas Cabrera (1878-1945), el matemático Julio Rey Pastor (1888-1962), el fisiólogo José Gómez Ocaña (1860-1919), el ingeniero de montes y biólogo Joaquín María de Castellarnau y Lleopart (1848-1943), el marino y geógrafo José Gutiérrez Sobral (1858-1918) y el antropólogo Luis de Hoyos y Sainz (1868-1951).

También fueron llamados a participar, aunque declinaron la invitación, el ingeniero Esteban Terradas (1883-1950), el botánico Blas Lázaro (1858-1921), el zoólogo Ignacio Bolívar (1850-1944) y el neurólogo y sicólogo Luis Simarro (1851-1921). En esa docena y media de nombres se concentraba una parte relevante de la ciencia de calidad que se hacía en la España de hace un siglo.

La segunda iniciativa de la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo de Madrid en el curso 1914-1915 fue la organización de un ciclo de cursos de especialización que impartieron algunos de los científicos ya mencionados como el matemático Julio Rey Pastor, el astrónomo Pedro Carrasco, el geólogo Lucas Fernández Navarro, el antrópologo Luis de Hoyos y Sainz. A ellos se sumaron el también antropólogo Telesforo de Aranzadi y Unamuno (1860-1945) y el endocrinólogo  Gregorio Marañón (1887-1960), muy joven por aquel entonces.

Podemos acercarnos a ese notable esfuerzo científico colectivo de hace un siglo gracias a una serie de publicaciones en las que conviene reparar nuestra atención.

En efecto casi todos los cursos – impartidos por Gregorio Marañón sobre Las secreciones internas, (accesible aquí); Julio Rey Pastor sobre Introducción a las matemáticas superiores, sobre el que ya llamó la atención su discípulo Ernesto García Camarero en su blog El granero común (ver aquí); Pedro Carrasco Garrorena sobre La teoría de la relatividad en física; Lucas Fernández Navarro sobre Paleogeografía: Historia geológica de la Península Ibérica (ver aquí); y Luis de Hoyos y Sainz  y Telesforo de Aranzadi sobre Etnografía: las bases, los métodos y sus aplicaciones a España- fueron publicados por la biblioteca Corona.

Rey Pastor Biblioteca Corona

Etnografia Aranzadi

Asimismo la mayor parte de las conferencias impartidas en el Ateneo de Madrid entre enero y mayo de 1915 se reunieron en un volumen editado meses después, ya en 1916. Otras conferencias, como la que impartió Lucas Fernández Navarro sobre La geografía física: su estado actual, sus métodos, sus problemas, se presentaron en otras publicaciones como el Boletín de la Real Sociedad Geográfica (ver aquí).

ateneo 1915-2-2Como se aprecia en el siguiente índice en el mencionado volumen se reunieron doce conferencias, dos terceras partes de las que había diseñado su organizador: Luis de Hoyos y Sainz, presidente de una activa sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo en aquel curso de 1914-1915. Fueron estas:

I. Evolución de la Matemática en la Edad Contemporánea. Conferencia de la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo de Madrid. Marzo de 1915. por J. Rey Pastor, Catedrático de la Universidad Central, p. 8-40.

II. Problemas y métodos astronómicos. Su estado actual. Conferencias de  25 de marzo y 15 de abril de 1915. Por Don Antonio Vela y Herranz, Astrónomo del Observatorio de Madrid y Catedrático de Astronomía física de la Universidad Central. p. 41-108.

III. Estado actual, métodos y problemas de la Física. Conferencias de 24 y 31 de enero de 1915. Por Blas Cabrera y Felipe, Catedrático de la Universidad Central. De la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. p. 109-144.

IV. Física matemática. Teoría de la relatividad Conferencia de marzo de 1915. Por Pedro Carrasco, Astrónomo del Observatorio de Madrid. p. 145-168.

V. Métodos y problemas actuales de la ciencia química. Conferencias de 8 de abril y 4 de mayo de 1915. Por E. Piñerúa y Álvarez. Catedrático de Química en la Universidad Central. p. 169-206.

VI. Estado actual, métodos y problemas de la síntesis mineral, Conferencia de 22 de abril de 1915. Por José Rodríguez Mourelo. De la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. p. 207-248.

VII, Estado actual de los problemas y métodos de la clínica biológica. Conferencia de 21 enero 1915 por José Rodriguez Carracido. Catedrático de la Universidad Central. De las Reales Academias Española, de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y de Medicina. P. 249-270.

VIII. Geografía social. Conferencia de 21 de marzo de 1915 por Don José Gutiérrez Sobral, p.271-296.

IX. Métodos y problemas de la Geología. Constitución interna de la Tierra. Conferencia de 25 febrero 1915 por Eduardo Hernández Pacheco. p. 297-316.

X.  Botánica: La teoría celular y los problemas biológicos. Conferencias de 11 y 29 de marzo de 1915 por D. Joaquín Mª Castellarnau. p. 317-376.

XI. Fisiología. Los problemas de la nutrición. Conferencia de abril de 1915 por José Gómez Ocaña. P. 378-401.

XII. La Antropología. Métodos y Problemas. Conferencia de Mayo 1915 por Luis de Hoyos Sáinz. Catedrático de Fisiología.- Presidente de la Sección. p. 403-442.

El libro iba precedido de un prólogo firmado por Luis de Hoyos y Sainz en el que se entremezclan consideraciones sobre los déficits de la cultura científica española de hace cien años con una apuesta por el papel educador que podía desempeñar el Ateneo de Madrid; lamentos por las actitudes rutinarias en la enseñanza de las ciencias, dominada por “una erudición arcaica”, con una defensa de la dimensión creativa de la ciencia; explicación de su plan de acción para acercar los logros científicos al gran público desde la sección ateneista que presidió en el curso 1914-1915 con los logros obtenidos gracias a su esfuerzo organizativo; lamento por no haber logrado todo lo que se había propuesto alcanzar junto al reconocimiento de la ayuda recibida para hacer llegar este libro a sus lectores.

Vale destacar que en esos reconocimientos aparecen dos figuras históricas del liberalismo progresista español y del republicanismo democrático: Rafael María de Labra (1840-1918) presidente del Ateneo en aquel año de 1915, y Manuel Azaña (1880-1940), su eficaz y entusiasta secretario entre 1913 y 1920.

En ese año de 1915 Luis de Hoyos y Sainz y Manuel Azaña eran militantes del Partido Reformista de Melquíades Alvarez, formado por republicanos dispuestos a colaborar con la monarquía de Alfonso XIII.

De hecho el siguiente texto y las actividades desarrolladas en el Ateneo de Madrid hace un siglo pueden ser contempladas como un esfuerzo de la izquierda liberal por aproximar los problemas científicos al mundo de las clases medias progresistas e ilustradas, vivero de los apoyos políticos del Partido Reformista que no logró vencer al bipartidismo de la Restauración.

Reproduzco a continuación el interesante texto de Luis de Hoyos y Sainz, por aquel entonces también catedrático de Fisiología e Higiene escolar de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio de Madrid.

Al organizar la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del ATENEO DE MADRID los trabajos del pasado curso, pensó que la mejor labor que podía realizar, era cubrir la necesidad más apremiante y dañosa de nuestra cultura científica, que es, ciertamente, la que atañe al conocimiento de la metodología y problemas actuales de las ciencias en la investigación y exposición de las mismas. El carácter de reflejo y tornavoz de nuestra vida científica débese, sin duda, a este desconocimiento de los métodos y problemas, no ya por el gran público, que debe al menos conocer su existencia, sino por una gran parte del cuerpo docente y escolar, que expone la ciencia como obra muerta y cuadriculada, y que la aprende como conjunto de cosas pasadas o de verdades canónicas, contrariamente a la gran variedad de que la ciencia se crea, pero no está creada.
La metodología concreta y definida de cada ciencia, no la representada, como dice Cajal, por la panacea de una lógica formal para todas las ciencias, es la que transforma el culto estático y contemplativo a una obra concluida, en cooperación dinámica y trabajo que aportar a una labor no terminada ni terminable.
La ignorancia de los métodos de investigación y el desconocimiento de los problemas planteados, es lo que crea esa manifestación común a toda nuestra estructura pedagógica nacional, de erudición arcaica, frente a la previsión original científica que caracteriza al resto del mundo. Expone datos, doctrinas, y a veces ideas, rebuscadas para el caso, unas veces en recientes lecturas, producto natural de la gran cultura y erudición del dicente, en otras; pero libresca siempre, tomada de las hojas del manual o cogidas de las páginas de la revista, exigiendo ambos trabajos esfuerzo superior al de la observación directa y vivida de la naturaleza y la realidad, con las que el libro o el maestro impidieron establecer fecundas relaciones, despreciando las aguas surgidoras del propio manantial para beber en las rodadas del caudal ajeno.
Siente como pocos esta impotencia de creación científica, este pesar de obra muerta o de bagaje cultural que hay que repartir, para quedar aligerado en su masa, el que, conociendo la enseñanza universitaria, viva también la normal o profesional de los verdaderos maestros, los de la enseñanza primaria. En ella, en los dominios de la Pedagogía –por inexplicable antinomia-, exagérase la cuadrícula y acótase el campo hasta hacer relato lo que es hecho, y espejo lo que es luz. La expresión formal de las cosas, sustituye a la acción enérgica, por renovadora, de las mismas, y la Metodología y la Didáctica, que por esencia son creadoras, redúcense a expositoras de un caudal científico muy ordenado y fijo, como museo de arqueología clásica, en el que no se crea porque no se duda.
Ninguna labor, pues, de más honda y extensa utilidad científica podía hacer el Ateneo y para ello pidió la Sección de Ciencias naturales la colaboración de los que son maestros indiscutidos en cada ciencia, por dominar por completo los modos de crearla. Así cumplía el Ateneo la función propia que, como nadie, tiene en la cultura nacional; la de difusión de la alta ciencia para el gran público, la de expansión de la callada y germinal labor de los investigadores, en una tribuna, adecuada entre todas, para llevar a la cultura general superior de España, las orientaciones de los especialistas que deben informarla y dirigirla.
Coetánea y paralelamente a esta obra de exposición de métodos de trabajo, tenía que presentar la Sección la aplicación concreta de los mismos, dando, no sólo la ley general y teoremática, sino la concreción aplicativa, como fruto del dominio de los métodos y el conocimiento de los actuales problemas. A ello respondían los Cursos breves monográficos, que para un público preparado se dieron por los señores Marañón, Rey Pastor, Carrasco, Fernández Navarro, Aranzadi y Hoyos Sáinz, acerca de Las secreciones internas, Introducción a las matemáticas superiores, La teoría de la relatividad en física, Paleogeografía:Historia geográfica (sic por geológica) de la Península ibérica y Etnografía: las bases, los métodos y sus aplicaciones a España.
No refleja este libro todo el plan elaborado por la Sección, ni siquiera todo el trabajo realizado en la misma. Por diversos motivos que lamentarán los lectores, no llegaron a darse las conferencias de Mecánica, pedida al catedrático de Barcelona señor Terradas; de Botánica, por el académico señor Lázaro; de Zoología, por el director del Museo de Ciencias naturales, señor Bolívar y de Psicología, por el doctor Simarro.
No figuran en el presente tomo, aunque fueron dadas en la cátedra del Ateneo, la de Físico-química, del profesor de la Facultad de Farmacia don Enrique Moles, y la de Geografía física, del catedrático de la Facultad de Ciencias don Lucas Fernández Navarro.
Injusticia sería callar que en la preparación del trabajo que originó este tomo, colaboraron el vicepresidente y secretarios de la Sección, señores Serrano Piñana, ingeniero de Caminos, Honorato de Castro, astrónomo del Observatorio de Madrid; García Miranda, auxiliar de la Facultad de Ciencias, y Moret, doctor en la misma; y preciso es decir que su publicación se debe, al valioso apoyo de la Junta directiva del Ateneo, y especialmente a su venerable presidente señor Labra, y a su infatigable secretario, señor Azaña.

Este texto es expresivo de la atmósfera científica de hace un siglo en una coyuntura en la que la elite científica española empezaba a rejuvenecerse gracias a la irrupción en el panorama científico de los integrantes de la generación de 1914 como Julio Rey Pastor, Enrique Moles, Pedro Carrasco Garrorena, Gregorio Marañón, Esteban Terradas, todos ellos nacidos en la década de 1880. Estos jóvenes científicos junto a otros integrantes de su grupo generacional, como José Ortega y Gasset, contribuyeron indudablemente a dinamizar la vida científica en la sociedad española de hace un siglo como he expuesto en otras entradas anteriores de esta bitácora. También estas iniciativas ateneistas muestran que la labor que desplegaba la JAE hace un siglo para hacer más sólido el tejido científico español estaba acompañada por otras iniciativas surgidas de la sociedad civil.

Para saber más:

Carmen Ortiz García, Luis de Hoyos Sainz y la Antropología española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1987.

Francisco Villacorta Baños, El Ateneo de Madrid (1885-1912), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985. Accesible aquí

Sobre la relación de Manuel Azaña con el Ateneo de Madrid se encuentra información en:

Santos Juliá: “La nueva generación: de neutrales a antigermanófilos pasando por aliadófilos”, Ayer, 91, 2013 (3): 121-144. Accesible aquí

y en un homenaje del Ateneo en el centenario de su acceso a la secretaría del Ateneo (ver aquí).