jaeinnova

Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal


1 comentario

Acto festivo republicano en la sierra de Madrid: la inauguración de la Fuente de los Geólogos en junio de 1932

En el año 2013 una parte de la sierra de Guadarrama, divisoria natural entre las dos Castillas y unida estrechamente a la ciudad de Madrid desde hace largo tiempo, fue declarada parque nacional. Con tal motivo el Instituto Geológico y Minero de España ha auspiciado en 2015 la publicación del magnífico libro colectivo El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Cumbres, paisaje y gente, editado por Miguel Mejías Moreno, accesible aquí.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

En uno de sus capítulos el gran geógrafo Eduardo Martínez de Pisón efectúa un apasionante recorrido por su imagen cultural. En él expone cómo los artistas, fuesen literatos o pintores, y científicos se han aproximado a ella, fundamentalmente desde el siglo XVII, que es la época en la que “arranca el sentimiento del Guadarrama con caracteres modernos”. En la página 92 de su texto Martínez de Pisón alude a que un hito fundamental en la valoración cultural de esa sierra fue el homenaje que se hizo en 1932 en la Fuente de los Geólogos a los naturalistas Casiano de Prado (1797-1866), José Macpherson (1839-1902), Salvador Calderón (1851-1911) y Francisco Quiroga (1853-1894) por ser los “primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y amor a la naturaleza”. Así dice la placa inserta en esa fuente, inaugurada el domingo primaveral de 12 de junio de 1932 según se ha recordado recientemente en una curiosa guía del turista friki. (ver aquí).

Esa alusión de Martínez de Pisón es muy somera, así como otra dedicada a ese evento efectuada en el capítulo tercero del mencionado libro titulado”El descubrimiento científico de la sierra de Guadarrama: origen del desarrollo de la geología en España”. Por ello me ha parecido pertinente en esta entrada acercarme con más detalle al contexto en el que se produjo la inauguración de la fuente de los geólogos, monumento republicano que aún pervive para solaz de quienes la visitan y se refrescan en sus saludables aguas.

En la organización del acto cumplió un destacado papel la Sociedad Peñalara. De hecho el arquitecto autor de la fuente, Julián Delgado Ubeda, era un destacado montañero integrante de esa sociedad. Ante el encargo que le hizo la Comisaría de Parques Nacionales optó por construir un arco austero de piedra que descansa sobre un pilón, en el que vierte agua un caño de bronce.

Fuente de los Geólogos

No ha de extrañar por tanto que fuese un  periodista deportivo – Angel Cruz y Martín- quien diese cuenta de las características de ese evento en las páginas de la revista ilustrada Crónica con las siguientes palabras:

En la carretera de Madrid a La Granja, cerca del bello puerto de Navacerrada, cara a los Siete Picos majestuosos y rodeada de pinos olorosos y fuertes, brota una fuente, de linfa clarísima y fresca, que en homenaje a la memoria de cuatro ilustres hombres de ciencia, amantes de la Naturaleza por lo que tiene de vida, llevará el nombre de Fuente de los Geólogos. Es un sencillo y precioso monumento- el segundo de los que en el Guadarrama ha levantado la Junta de Parques Nacionales por iniciativa del insigne y modesto sabio, como todos los sabios de verdad, señor Hernández Pacheco, obra del joven y admirable arquitecto don Julián Delgado Ubeda, que en construcciones montañeras tiene un insuperable prestigio, ganado en una labor estimadísima por cuantos las conocen y disfrutan.

Este monumento –que ofrece agua y descanso al caminante- está elevado a la memoria de Casiano de Prado, José Macpherson, Salvador Calderón y Francisco Quiroga, primeros geólogos que estudiaron el Guadarrama y fueron sembradores de cultura y de amor a la Naturaleza, según reza la lápida conmemorativa. La Fuente de los Geólogos ha sido inaugurada con la solemnidad sencilla en cosas de montaña y con el realce prestado con la presencia y el aplauso de personas conspicuas en las esferas de la inteligencia, que saben lo que es la religión montañera, de la que “San” Francisco Giner fue su mejor apóstol.

Cronica 1

En efecto, el ente promotor de la construcción de ese lugar de la memoria científica en pleno corazón de la sierra de Guadarrama había sido la Comisaría de Parques Nacionales, que presidía el aristócrata asturiano Pedro Pidal (1870-1941), y el delegado de Sitios y Monumentos Nacionales de interés adscrito a esa comisaría, que era el hiperactivo catedrático de Geología de la Universidad Central Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), militante en aquellos meses del partido radical de Lerroux. Más adelante veremos cómo Hernández Pacheco padre, -cuyo hijo Francisco, otro eminente geólogo, estuvo entre el público asistente a ese acto de inauguración-, aprovechó el acto para reivindicar la labor de los geólogos en la sociedad española.

Ahora conviene fijarse en que lo que ocurrió aquella mañana del 12 de junio de 1932 fue un acto de exaltación de la labor cultural, científica y pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), como lo muestran no sólo las intervenciones del rector de la ILE Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) y de Julián Besteiro (1870-1940) -presidente del Congreso de los Diputados, destacado dirigente socialista y antiguo alumno de la ILE-, sino también la intervención musical de la masa coral del Instituto-Escuela, el innovador centro educativo que venían impulsando los institucionistas desde su creación en 1918 gracias al apoyo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ese coro estaba dirigido por el notable compositor y pedagogo valenciano Rafael Benedito Vives (1885-1963), quien aparece en el centro de la siguiente fotografía rodeado de sus alumnas.

alumnas Instituto-Escuela fuente geologos

Manuel Bartolomé Cossío, dada su avanzada edad y sus achaques de salud, no pudo desplazarse al solar donde se emplazó la fuente, pero preparó unas cuartillas que fueron leídas por el presidente de la ILE, el jurista asturiano Manuel Pedregal (1871-1948). Expongo a continuación el contenido de las breves reflexiones de Cossío, de gran interés, por exponer con claridad la labor llevada a cabo por los institucionistas para “domesticar” el Guadarrama. Esa labor  fue impulsada por Francisco Giner de los Ríos quien, para estimular el amor a la Naturaleza patria desde una de las columnas vertebrales de la península ibérica, contó con la inestimable ayuda de sus amigos geólogos. A esos amigos -Macpherson, Calderón y Quiroga- los institucionistas republicanos quisieron rendir homenaje aquel 12 de junio de 1932, pronto hará 85 años.

De los cuatro geólogos cuya gloria cantará desde hoy esta agua sonora, tres fueron de la Institución desde que ella nació hasta que ellos murieron. En la Institución enseñaron, en ella investigaron y, lo que vale más todavía, en ella espiritual y plenamente convivieron.

El año que viene hará precisamente medio siglo que un amanecer del mes de julio de 1883 salía de Villalba por esta misma carretera de Navacerrada un grupo de alumnos y maestros; todos a pie, con su cayado y con su lío al hombro. Era la primera vez que la Institución acometía la conquista de la Sierra. Había ya visitado monumentos y ciudades próximas y lejanas; había deambulado por otras regiones de llanura y montaña; pero la Sierra, esta Sierra, estaba todavía para ella inmaculada.  

¿Quién acompañaba al grupo como maestro geólogo? Salvador Calderón.

Cuando la conciencia pública señala a Giner como apóstol y profeta del amor a la Sierra, ¿habrá quien pueda extrañarse de que su nombre se invoque en este acto al lado del de sus fraternales amigos los geólogos, de quienes tanto aprendiera, a quienes tanto enseñara y a quienes, si viviese sería el primero en glorificar hoy aquí con todo el fuego de su alma inflamada!”

En efecto  Giner, aunque había fallecido en 1915, estaba ominipresente en cualquier evento institucionista. En su proceso de mitificación también participaron los redactores de la revista Crónica al denominarlo “San Francisco Giner”.

Giner Cronica 1932

La sentida intervención de Cossío, quien hacía de patriarca de los institucionistas en el primer bienio republicano, fue complementada con el discurso más improvisado del mencionado Julián Besteiro, cuyas palabras fueron escuchadas con atención. Tras contrastar varias fuentes estimo que su discurso pudo ser el siguiente:

Yo no puedo hablar en nombre del Gobierno , porque, como es sabido, no desempeño funciones gubernamentales. Seguramente las Cortes, que por méritos de la suerte más que por merecimientos personales represento, se sentirán compenetradas con la significación de este acto. Pero yo quiero dar a esta intervención mía más bien un carácter sentimental, de reminiscencia, de los días de mi infancia que evocan la ocasión, el lugar y, sobre todo, las bellas palabras del Sr. Cossío, leídas por mi amigo José Pedregal.

Cuando yo tenía trece años mis compañeros y yo seguíamos por estos caminos a nuestros maestros, y aquellos jóvenes maestros seguían a don Francisco Giner y al nuevo espíritu que don Francisco Giner trataba de infundir en el país.

Como ha ocurrido con frecuencia en las épocas de decadencia y en el momento de iniciarse un impulso renovador, los mejores espíritus de aquellos tiempos fueron a buscar ejemplos estimulantes en el Extranjero. Fue el ejemplo de la filosofía alemana llegado a nosotros con Sanz del Río; fue el ejemplo de la filosofía y de la pedagogía inglesas introducido aquí más directamente por D. Francisco Giner.

Y animados de aquel espíritu nuevo seguían a don Francisco Giner por estas montañas los maestros jóvenes y les seguíamos también un puñado de niños, animados de un entusiasmo que nos hacía realizar empresas tal vez superiores a nuestras fuerzas, y cuya significación solamente hoy podemos comprender plenamente.

Era, sin duda, que el injerto de ideales ajenos iba prendiendo en la planta que ahonda sus raíces en el pasado de nuestra historia, como una promesa de una nueva vida nueva y fecunda.

Con frecuencia, en nuestras marchas y expediciones contaban en nuestro espíritu la palabra del viejo poeta:

“Allá a la vegüela de Matadespino, por ese camino que va a Lozoyuela”.

Sin saberlo nosotros íbamos buscando por estos montes, no lo serranillo del Arcipreste, sino la nueva España del porvenir.

Ahora, en esta ocasión, yo veo congregados en torno a la fuente de los geólogos a amigos de la infancia, como Pedregal, como García del Real, como José Cebada, como Palomares, como Pedro Blanco, y me parece que estoy viendo marchar a nuestro lado a D. Francisco Quiroga, con su bondad juvenil y su cabellera blanca, o me siento transportado a orilla del Tormes y veo aparecerse a D. José Macpherson mezclando sus enseñanzas con un tono afectivo de sencillez.

En los días a que estos recuerdos se remontan éramos un grupo reducido, fuertemente unido por el entusiasmo, pero aislado en la gran masa del país.

Luego ese espíritu se ha ido extendiendo y hoy vemos participar de él a los hombres de características sociales más diversas: restos algunos de viejas aristocracias, clases medias dedicadas a profesiones liberales, hombres de la oficina y hombres del taller y de la fábrica. Y al ver este alentador espectáculo comprendemos la significación de aquellas primeras excursiones por la Sierra y aprendemos a querer y honrar cada día más a nuestros maestros.

Besteiro discurso

Discurso de Julián Besteiro en la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Fotografía de Cortés reproducida en Mundo Gráfico 15 junio 19232 p. 16

De estas intervenciones se deduce que Giner y las diferentes oleadas de ginerianos concibieron la Sierra de Guadarrama desde 1883 como la atalaya desde la que otear el horizonte y trazar planes de acción para la reforma de España. Téngase en cuenta, por ejemplo que, semanas después al evento del domingo 12 de junio de 1932 que estoy rememorando, en una reunión que tuvieron en los pinares del Guadarrama Fernando de los Ríos, Pedro Salinas y otra media docena de intelectuales en el verano de 1932 se diseñó la construcción de la Universidad Internacional de Santander que entraría en funcionamiento al verano siguiente de 1933.

En su afán de conocer la Sierra de Guadarrama y convertirla en símbolo cultural y en un instrumento de higiene física y mental, los institucionistas no sólo promovieron su detallado conocimiento científico, sino que también ayudaron a redescubrir a los poetas castellanos que glosaron su paisaje y su paisanaje. Así promovieron el estudio de la obra del célebre arcipreste de Hita, cuyo Libro del Buen Amor introdujeron en el canon de la literatura clásica en lengua castellana. En esa tarea se inscribe, por ejemplo, la edición popular que hizo en 1917 para la editorial Saturnino Calleja el mexicano Alfonso Reyes en sus años de trabajo en el Centro de Estudios Históricos de la JAE, a los que ha prestado atención recientemente Mario Pedrazuela en su trabajo “Alfonso Reyes y la Filología: entre la Revista de Filología Española y la Nueva Revista de Filología Hispánica” (ver aquí). Dada la estrecha relación entre el Centro de Estudios Históricos y el Instituto-Escuela, dependientes ambos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, no ha de sorprender que en la actuación musical del Coro del Instituto-Escuela que amenizó la excursión campestre a la fuente de los geólogos aquel 12 de junio de 1932 se cantase la “Serranilla” del mencionado Libro del Buen Amor y otras coplas populares.muchachas Instituto-Escuela Estampa

Esa actuación musical era prolongación de la que el mismo coro había ofrecido el 23 de noviembre de 1930 en el homenaje que se hizo a la memoria del arcipreste de Hita cerca del alto del León de la sierra de Guadarrama cuando se inauguró el monumento natural conocido desde entonces como “Peña del Arcipreste”. En él se leía la inscripción”1330-1930/Al ARCIPRESTE/ DE HITA/CANTOR DESTA SIERRA/DO GUSTÓ LAS AGUAS/ DEL RIO DE BUEN AMOR”. El homenaje fue auspiciado por la Real Academia Española, que dirigía el filólogo Ramón Menéndez Pidal, también director del Centro de Estudios Históricos de la JAE, y por la Comisaría de Parques Nacionales a través de la figura del geólogo Francisco Hernández Pacheco, el mismo promotor de la Fuente de los Geológos inuagurada el 12 de junio de 1932. Y, tal y como ha subrayado Alvaro Ceballos Viro en un muy interesante artículo (ver aquí), tal homenaje de 1930 al arcipreste de Hita era de inspiración institucionista. De tal manera que en la Real Orden publicada el 12 de octubre de 1930, mediante la cual se declaraba la Peña del Arcipreste “sitio y monumento natural de interés nacional”, se hacía mención explícita al principal promotor de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, quien el 6 de junio de 1915, a las pocas semanas de su fallecimiento, había recibido no muy lejos de allí el tributo póstumo de sus discípulos.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Peña del Arcipreste. Monumento al Arcipreste de Hita. Monumento Natural de Interés Nacional. Sierra de Guadarrama. Madrid. España.

Llegada la República la exaltación de la Sierra de Guadarrama como espacio de demofilia se consolidó. Ya Agustín de Foxá había constatado, según nos recuerda Alvaro Ceballos, que antes de la llegada del nuevo régimen político “la sierra era republicana. Allí acudían los hombres pulcros a maldecir la España oficial. Allí extraían todas sus metáforas para una Patria joven, fresca, limpia y europea, la España del sol y la alegría, en oposición al Madrid clerical y reaccionario”. Ese marco de demofilia practicado en la Sierra de Guadarrama por los republicanos es el que explica, según Alvaro Ceballos, que el Arcipreste, reivindicado por los institucionistas y cantado por la Masa Coral del Instituto-Escuela, “no fuera el experto jurista, ni el versado mudejarista, ni el prerroformista de inspiración goliárdica, ni el producto de muchos otros textos singulares posibles, sino precisamente el autor de las serranillas. Serranilas que, no se olvide, escenificaban los turbulentos amores entre un letrado y una mujer del pueblo: no es difícil, por lo tanto, leerlas como una traducción simbólica, complaciente y aun lúdica de la relación entre las elites intelectuales y los estratos populares de la sociedad española”.

Pero los institucionistas no fueron los únicos protagonistas el día de la inauguración de la Fuente de los Geólogos. Aquel domingo 12 de junio de 1932 también intervinieron activamente en la sierra madrileña científicos y naturalistas para reivindicar las tareas que habían hecho sus antecesores y las que ellos mismos estaban efectuando para conocer mejor el territorio español. Las palabras que pronunció el decano de la Facultad de Ciencias Pedro Carrasco Garrorena (1883-1966), catedrático de Física Matemática de la Universidad Central y director del Observatorio Astronómico de Madrid, y que posteriormente se exiliaría a México donde falleció, no nos han llegado. Sí disponemos, gracias a su inclusión en las páginas del diario El Sol de 15 de junio de 1932, del discurso de Eduardo Hernández-Pacheco, el primer orador que intervino en aquel acto conmemorativo al haber sido su principal promotor.

Hernandez Pacheco fuente geologos

Eduardo Hernández-Pacheco mientras lee su discurso en la inauguración de la Fuente de los Geólogos.

Un extracto de su discurso, ejemplo elocuente del papel desempeñado por los naturalistas para fomentar el sentimiento de amor a la patria y de las permanentes quejas de los científicos españoles acerca del desdén al que, según ellos, le han sometido los poderes públicos, fue este:

Es la memoria de hombres de los tiempos modernos  a quienes rendimos hoy homenaje al inaugurar este sentido monumento que tan admirablemente armoniza con el paisaje, en este espléndido bosque de la olímpica montaña castellana y que tan acertadamente simboliza, sin pretenciosas alegorías arquitectónicas ni escultóricas, el limpio espíritu, la labor frucífera, la ciencia de estos cuatro sembradores de cultura y amor a la Naturaleza.

Los cuatro fueron exploradores y descubridores de la constitución geológica y geográfica de la Península Hispánica, de esta amada tierra nuestra, que debemos considerar como un minúsculo continente porque en el conjunto de sus diversas regiones se integra la variedad de climas, de topografía y de producciones naturales que en los extensos continentes del planeta componen sus distintos países y naciones.

Venimos a honrar hoy la grata memoria de sabios devotos de Gea, diosa resplandeciente y venerable, madre de todos y de todo. Y les rendimos nuestro homenaje porque con su callada y noble labor asentaron los primeros jalones del conocimiento de la Geología y de la Geografía Física de nuestra España.

No fueron hombres alentados y favorecidos por la protección oficial, ni brillaron conocidos por las muchedumbres, sino trabajadores austeros y callados, cuya labor fue apreciada por el escogido núcleo de los intelectuales de todos los países.

Ninguno de los tres eximios españoles: Macpherson, Calderón y Quiroga, recibieron recompensas ni honor alguno, concedido a sus grandes méritos, por el Estado o las corporaciones oficiales; ni tan siquiera la entonces Real Academia de Ciencias les llamó a su seno, honor que ellos hubieran agradecido mucho, aun siendo de notoria justicia, pero que ni se les otorgó ni ellos solicitaron. Por esto el acto de hoy tiene, no sólo el carácter de exaltación de sus méritos, sino también el de reivindicatorio.

El arquitecto Delgado Ubeda, que a su exquisito arte y mucha ciencia une el ser gran amante de la Naturaleza, e intrépido montañero, es el autor de este sencillo y bello monumento.

En recuerdo de tan eximios ciudadanos denominamos a esta fuente Fuente de los Geólogos, que brota en el corazón de la Sierra Carpetana, por ellos estudiada; junto a las altas divisorias de los dos ríos caudales castellanos: Duero y Tajo; en medio de este espléndido bosque de recios y aromáticos pinos, frente a la bella y fuerte montaña de Siete Picos, coronada de abruptos canchales graníticos, y en el corazón de la vieja cordillera castellanolusitana, que une a ambas Castillas y enlaza a las dos naciones hespéricas.

En representación del Instituto Geológico también tomó la palabra el ingeniero de Minas Agustín Marín y Beltrán de Lis (1877-1963), en cuya intervención no hubo ninguna alusión a la labor llevada a cabo por los geólogos institucionistas. De ahí que el único periódico entre los que he consultado que se hizo eco de su intervención fue el diario católico antirrepublicano El siglo  Futuro.  En su edición del 14 de junio de 1932 extractó una parte del  discurso de Agustín Marín en estos términos.

Gran satisfacción es para el Instituto Geológico la que le han dispensado los organizadores de esta fiesta de tan fina y elegante espiritualidad, invitándole a tomar parte en ella, y sólo lamento que no pueda asistir el director de ese Centro, que  os hablaría con una elocuencia y una altura que a mi humilde persona le está vedado alcanzar. Todos mis compañeros de Instituto y de Ingeniería se unen de todo corazón a este homenaje por dos razones: por las personas a quien está dedicado y por la forma con que se ha llevado a la práctica.

Vemos que al dedicar esta fuente a los geólogos habéis querido hacerlo de un modo integral a todos los que creen que el fundamento, la base de la civilización está en fomentar la naturaleza. A esta sierra se puede venir como un artista a aprender cómo se crea la poesía y la emoción. Así, nuestro gran Velázquez supo en el cuadro del príncipe Baltasar Carlos, resaltar el contraste que produce la pompa y la vanidad que acumularon en el niño con la austeridad y la grandeza del paisaje de La Maliciosa. El excursionista busca solaz, trata de disolver sus preocupaciones en el aire de las serranías, y la persona culta relaciona la estructura orogénica con la historia y la leyenda, y así exclamó uno de los grandes cantores del Guadarrama, Enrique de Mesa, desde lo alto de la divisoria:

“A un lado el solar del Cid; al otro, la tierra de Don Quijote”.

Pero el geólogo llega a más: comprende que los seres, las cosas, las montañas, no son completas si no se enlazan a su pasado y no se vislumbra en ellas su porvenir; no piensa sólo en el momento, sino que investiga cómo se llegaron a formar estas cordilleras, por qué los ríos circulan por dónde lo hacen, a qué fenómenos de erosión, de formación morfológica, están sometidas las rocas, por qué los canchales y las peñas, jugando a esculturas, tienen esas formas tan caprichosas, y hasta se ocupa de qué será de estas piedras en el más allá, en el porvenir.

Pero además, la forma de perpetuar la memoria de los geólogos que se ocuparon del Guadarrama, tiene tan poética sencillez, tan justa expresión, tan exacta aplicación (y en esto hay que hacer el cumplido elogio al artista que lo interpretó), que habla mucho más el corazón que lo puedan hacer las magnificencias escultóricas y arquitectónicas, como lo fue la tumba de Napoleón.

El manantial es símbolo de misterio, y así Plinio exclama: “En ninguna parte muestra la Naturaleza ser tan milagrosa como en las fuentes”. Para los geólogos ya no hay casi enigmas, y ahora escudriñan los conductos por donde deben circular el agua, las entrañas de la tierra, que visita, y buscan la relación de la ciencia pura con la ciencia de aplicación, y así las grandes lucubraciones que se fraguan en la mente de los sabios o de los ingenieros, se resuelve en veneros de riqueza, que inundan esos campos de Dios.

Pero además, la fuente lleva unida la idea de reposo material y aún más la de actividad mental. Yo me figuro a nuestro gran Casiano de Prado, padre de la geología del Guadarrama, hace casi un siglo, fatigado de sus andanzas por la sierra, recibir con deleite el descanso que le brinda la fuente, sentarse en una piedra, dejar el martillo, la brújula, abrir su libreta, y lo mismo que los filetes de agua se suceden unos a otros en el chorro de esa fuente, así las ideas se engarzaban en la mente de aquel hombre y luego se relacionan con las de los que vinieron después, y con los que ahora la visitan y con la de los que llegarán más adelante, y retenidas en los libros, como el agua en los embalses, elévase así la cultura de los pueblos, y, por tanto, la dignidad de los hombres.

¡Gentes de la ciudad: venid a estas sierras, oled a tomillo, reposad en estas fuentes y reverenciad, y a ser posible, seguid el camino de hombres como los que hoy honramos y así trabajaréis por el bien de la humanidad!”.

Curiosamente en ese mismo ejemplar del Siglo Futuro uno de sus colaboradores, con el seudónimo fray Junípero, presentó un suelto que evidenciaba las fobias anti institucionistas del nacional catolicismo, y su obsesión, dado su antisemitismo, con la política favorable a los sefarditas que intentó implantar el gobierno republicano de aquella época, particularmente el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Revela el suelto que transcribo el grado de virulencia de  la guerra de ideas instalada en la sociedad española en aquel año de 1932, anunciadora de las tormentas de fuego futuras:

Anteayer se inauguró en la Sierra la Fuente de los Geólogos. El acto, con pretensiones científicas, fue un himno al triunfo de la Institución Libre de Enseñanza, que es lo que se cantó allí. Por cierto que en las reseñas echamos de menos al piisimo don Elías Tormo, que otorgó a la funestísima Institución el monopolio de la enseñanza oficial y nos trajo a la Central al insigne rabino honorario don Erasmo, que ayer fue muy de mañana a Toledo a visitar y orar largamente en la sinagoga del Tránsito, que se rumorea será entregada a los sefardíes para sus ritos.

En fin, múltiples significados tuvo el evento que se celebró aquel domingo de 12 de junio de 1932 en un incomparable marco de la sierra más castellana frente a Siete Picos y la Maliciosa. Es de esperar que en los meses que faltan para conmemorar el 85 aniversario de aquella iniciativa cultural, cuyos promotores intentaron mezclar ciencia, naturaleza, arte y alegría, se pueda seguir profundizando en ellos.

sierra Guadarrama

 

Para saber más:

Santos CASADO, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons Historia, 2010.

Santos CASADO, “Ciencia y política en los orígenes de la conservación de la naturaleza en España”. En Eduardo Hernández-Pacheco, La comisaría de Parques Nacionales y la protección de la naturaleza en España, edición facsímil, Madrid, Organismo Autónomo Parques Nacionales, 2000.

Santos CASADO, La ciencia en el campo: Quiroga, Calderón, Bolívar, Madrid, Nivola (Colección Novatores), 2001.

Eduardo HERNÁNDEZ-PACHECO, “En la inauguración de la Fuente de los Geólogos”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 56 (867), p. 221-222

Leticia SÁNCHEZ DE ANDRÉS, Música para un ideal: Pensamiento y actividad musical del krausismo e institucionismo españoles (1854-1936), Madrid, Sociedad Española de Musicología, 2009

La Sierra de Guadarrama en el Museo del Prado. Itinerarios didácticos. Acceso on line en:

https://www.museodelprado.es/recorrido/la-sierra-de-guadarrama-en-el-museo-del-prado/8c434691-d84e-483d-ac69-8c73ec307a10

 

Rey Pastor dibujo 1932


Deja un comentario

Enero 1932: el empuje educativo y científico-técnico en el Madrid republicano

Hojeando la prensa de la época se aprecia una cierta efervescencia cultural en el Madrid de enero de 1932, que tuvo su paralelismo en el ámbito educativo y en las actividades científicas y técnicas.

Destacaré a continuación algunas de las manifestaciones más significativas de ese empuje educativo y científico-técnico que tuvo lugar en la ciudad de Madrid, cuyos habitantes eran informados puntualmente de los diversos problemas socio-políticos a los que tenían que enfrentarse los gobernantes de la coalición republicano-socialista entonces en el poder. En efecto, el gabinete presidido por Azaña en aquel entonces tuvo que afrontar en ese mes de enero de 1932 diversas protestas sociales en tierras catalanas y andaluzas, organizadas fundamentalmente por los anarquistas; gestionar las crisis derivadas, primero, de la muerte el último día del año 1931 de cuatro guardias civiles en el pueblo extremeño de Castillblanco, suceso que dio lugar al reportaje del periodista Francisco Lucientes “Geografía humana de la España remota. Castillblanco, pueblo de ilusos”, publicado  el domingo 17 de enero en las páginas del diario El Sol, con cinco ilustraciones de Sancha, y luego la crisis suscitada por la muerte de varios huelguistas por disparos de la guardia civil en la población riojana de Arnedo. Y además tuvo que hacer frente a las múltiples protestas de la oposición de los católicos, especialmente fuertes en el País Vasco y Navarra y en Castilla la Vieja, disconformes con las medidas anticlericales, como la disolución de la Compañía de Jesús y la incautación de sus bienes que se produjo por un decreto de 23 de enero con el que se aplicaba el controvertido artículo 26 de la constitución republicana aprobada semanas antes.

Castillblanco plaza

Centrándome en el ámbito educativo cabe destacar la interesante entrevista que un periodista del recién nacido diario Luz -apareció su primer número el 7 de enero –, financiado por Urgoiti, y vocero de los planteamientos de Ortega y Gasset, le hizo al nuevo director del instituto del Cardenal Cisneros de Madrid, el catedrático de Latín Vicente García de Diego (1878-1978), un notable filólogo, con motivo de una serie de reformas efectuadas en ese importante centro educativo madrileño gracias a una aportación económica de cincuenta mil pesetas del gobierno republicano. Gracias a ella se construyó una sala de proyecciones para 350 espectadores, se adquirió “un magnífico aparato alemán de proyecciones” y el instituto se suscribió a una cinemateca. (Luz 19 enero 1932).  Por ese tiempo había en efecto un cierto interés por el cine educativo y científico. A este respecto es de interés el artículo “Las películas científicas. Cómo se filma el crecimiento de una planta”, firmado por Alfredo Cabello, publicado por Luz el sábado 30 de enero.

Las reformas e innovaciones educativas introducidas en un lugar señero de la enseñanza secundaria madrileña se producían en el marco de un amplio movimiento reformista que estaba impulsando el ministro socialista de Instrucción Pública y Bellas Artes Fernando de los Ríos. Así a finales de ese mes se promulgó el decreto de creación de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Central de Madrid, que tan hondas repercusiones tendría en la formación de maestros y en la institucionalización de las ciencias de la educación en la sociedad española. A su vez  El Heraldo de Madrid informaba el martes 26 de enero que el ingeniero de caminos José Cebada, profesor de Termotecnia y de Proyectos de elementos de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, “de gran prestigio científico y abolengo republicano” era propuesto como director general de enseñanza técnica, una nueva dirección general de la que iban a depender las : Escuelas especiales de Ingenieros civiles, procedentes de los Ministerios de Fomento y Economía Nacional;  las Escuelas Superiores y Elementales de Trabajo;  las Oficinas de Selección profesional;  los Institutos de Reeducación y Orientación profesional y el Psicotécnico de Madrid; y el Centro de Perfeccionamiento obrero, según determinaría la Gaceta del 10 de febrero de 1932.

Entre tanto proliferaban iniciativas científicas de diverso orden. Se suscitaron debates sobre las investigaciones prehistóricas en Madrid a propósito de una iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, presidido por Pedro Rico (ver Luz 27 enero  p. 6 y el artículo de Rafael Alvarez en el mismo diario del día siguiente 28 titulado “La prehistoria madrileña. Un fracaso que estaba previsto”); o sobre colecciones etnográficas como la polémica en la que se involucraron Victorina Durán y el crítico Juan de la Encina a propósito del Museo de Artes decorativas y el Museo del Traje (El Sol domingo 17 enero p. 5 y El Sol miércoles 20 enero p. 1). Se informaba de reuniones de las sociedades científicas como la Sociedad Española de Antropología (Luz 30 enero sábado p. 13) o del Laboratorio de Matemática de la Junta de Ampliación de Estudios que celebraba sus sesiones en la madrileña calle de duque de Medinaceli nº 4 como informaba el diario El Sol del viernes 15 enero de 1932 p. 4.

Laboratorio de Matematica 1

Laboratorio de Matematica 2

Y se daba cobertura a las numerosas conferencias que científicos diversos impartieron en diversos lugares de Madrid en aquel enero de 1932.

Pio del Río Hortega selloPor ejemplo la impartida el 14 de enero por Pío del Río Hortega (Portillo (Valladolid) 1882-Buenos Aires 1945), uno de los discípulos más brillantes de Santiago Ramón y Cajal,  en la sede del Centro de Intercambio Intelectual Germanoespañol. Del Río Hortega, que por ese entonces era director del Instituto Nacional del Cáncer y un destacado militante del partido radical de Alejandro Lerroux, publicaría meses después esa conferencia, en la que demostró las interrelaciones entre arte y ciencia en su práctica experimental, en las páginas de la revista ResidenciaDe esa conferencia un periodista del diario El Sol, ya citado, informaba en los siguientes términos:

Pío del Río Hortega enero 1932

 

Otras conferencias a las que la prensa prestó atención fueron las dos que impartió el nutricionista y endrocrinólogo Enrique Carrasco Cadenas (1895-1959), profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, en el paraninfo de la Residencia de Señoritas, institución que dejó honda huella en la cultura española del primer tercio del siglo XX, como podrá apreciar quien visite en estos días la exposición que se ha organizado en la Residencia de Estudiantes. Ese profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, donde obtendría en 1934 la cátedra de Higiene de la alimentación, disertó sobre el tema “Por qué y cuándo se debe comer” y “Qué, cómo y cuánto se debe comer” los miércoles 20 y 27 de enero tras ser presentado por el relevante parasitólogo Gustavo Pittaluga Fattorini (Florencia 1876-La Habana 1956). El diario Luz (21 y 28 enero), con cuyo propietario Nicolás de Urgoiti el conferenciante tenía vínculos familiares, dio amplia cobertura a las dos conferencias, ilustrando el resumen de una de ellas con una caricatura de ese genial dibujante que fue Bagaría.

Caricatura de Carrasco Cadenas

 

Rey Pastor dibujo 1932Pero indudablemente la conferencia que suscitó mayor atención en la opinión pública de aquel momento fue la que dio Julio Rey Pastor (Logroño 1888-Buenos Aires 1962) el viernes 29 de enero con motivo de la inauguración del curso de 1932 por la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Ateneo madrileño, institución con la que Rey Pastor tenía vinculación desde tiempo atrás, como ya expuse en otro post anterior (ver aquí). Ese matemático, que vivía entre Buenos Aires y Madrid,  y que había fundado años atrás el Laboratorio de Matemática de la JAE, disertó aquel día de enero de 1932  “Sobre la unidad de la ciencia” ante un auditorio nutrido. El lleno del  salón de actos le recordó a un asistente los habidos con anterioridad en las conferencias de Einstein, del príncipe de Mónaco, impulsor de la oceanografía, o del filósofo francés Henri Bergson. El diario El Sol  dedicó al evento parte de su primera página en su número del sábado 30 de enero donde se hacía una presentación del “eminente” matemático acompañada de un dibujo de Aristo-Téllez , ofreciendo además una transcripción taquigráfica de la la conferencia en su folletón durante varios días (por ejemplo en los días 30 y 31 de enero). Los números 1.299 y 1300 correspondientes a la primera y segunda quincena de febrero de la revista Madrid científico también reprodujeron  la conferencia que un periodista del diario Luz   (30 enero p. 12) resumió de esta manera

Rey Pastor conferencia 1

Rey Pastor conferencia 2

Ahora bien el gran acontecimiento científico-técnico en aquel mes de enero de 1932 fue la presentación en sociedad del gran plan de reformas diseñado por el arquitecto y urbanista Secundino Zuazo (Bilbao 1887- Madrid 1970) para reorganizar la configuración urbana del Madrid futuro en torno al eje Sur-Norte (Atocha-Chamartín), que sustituiría al eje oeste-este (que unía el antiguo Alcázar con el palacio del Buen Retiro a través de la calle Mayor y luego la de Alcalá) sobre el que había pivotado hasta entonces la organización espacial de la capital del Estado. Como resultado de ese plan se efectuó el enlace ferroviario subterráneo que acabó con la discontinuidad de la red, la prolongación de la Castellana que reestructuró el crecimiento de la ciudad y la construcción de un conjunto de edificios destinados a los Nuevos Ministerios. Zuazo, que contó con el apoyo decidido del presidente del gobierno Manuel Azaña y de Indalecio Prieto, ministro socialista de Obras Públicas, expuso detalladamente su vasto plan de reformas urbanas de Madrid en las  páginas de dos números del diario El Sol, correspondientes a los domingos 17 y 24 de enero, según se puede apreciar a continuación. Parecía haber pues a principios de enero de 1932 una correlación entre ímpetu científico-técnico y apuesta por la “metropolización” de la ciudad en el Madrid republicano de aquel entonces.

Zuazo 1 a

Zuazo 2

 


Deja un comentario

Una aportación a la educación ambiental en las escuelas españolas de hace un siglo

La Escuela Moderna. Revista pedagógica hispano-americana (1891-1934) fue una de las publicaciones pedagógicas más relevantes en el ámbito cultural hispánico en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, promotora de una enseñanza científica racional. Uno de sus impulsores, y director de la publicación desde 1907, fue el pedagogo castellano Esteban Bartolomé Mingo, quien desde 1879, y durante más de cuarenta años, dirigió la Escuela Central de Párvulos o Jardín de Infancia de Madrid, punta de lanza de la introducción de los métodos del pedagogo alemán Fröbel (1782-1852) en la sociedad española como se explica en este documental hecho por jóvenes historiadoras de la educación. (ver aquí).

La Escuela Moderna enero 1915

Ojeando el ejemplar de esta singular publicación pedagógica, correspondiente a enero de 1915, me he encontrado con la reseña de la obra de un maestro comprometido con la educación ambiental. Se trata del libro Mi amigo el árbol. Su autor fue Martín Chico Suárez, un maestro de las escuelas nacionales de Madrid, nacido en Cehegín (Murcia) en 1864, y vocal correspondiente del Consejo Superior de Protección a la Infancia. La obra tenía un conjunto de ilustraciones debidas a su hijo Pedro Chico Rello, futuro profesor de Escuelas Normales y metodólogo de la enseñanza de la geografía. Tenía como lema el oximoron “Festina Lente“, es decir Corre despacio o Apresúrate lentamente. Este adagio había sido usado como marca de impresión por el humanista veneciano Aldo Manuzio, editor de textos clásicos griegos, y considerado el inventor del libro de bolsillo.

Como prueba del interés que suscitó entre los lectores de aquella época Mi amigo el árbol cabe añadir que tuvo el primer premio del concurso celebrado en 1913 por la Sociedad de Amigos de la Fiesta del Árbol de Barcelona. La obra fue publicada en Barcelona por el editor J. Ruiz Romero, sucesor de J. Bastinos.

La reseña que se presenta a continuación coincide temporalmente con la medida tomada el 5 de enero de 1915 por el ministro de la Gobernación José Sánchez Guerra (1859-1935) del gabinete conservador presidido por Eduardo Dato para declarar oficial y de carácter obligatorio esa fiesta que se venía celebrando desde tiempo atrás, con una particular intensidad en Cataluña.

A continuación transcribo parte de la reseña de este curioso libro pedagógico, tal y como apareció en las páginas de La Escuela Moderna de enero de 1915, pp. 78-80.

miamigoelarbol-648x1024Realmente hemos sentido un verdadero placer leyendo este libro. No es un libro más de lectura entre los innumerables que forman la literatura escolar. Es una obrita de volumen poco abultado, pero de un contenido muy nutrido abundantísimo de doctrina pedagógica en forma de lecciones sencillas, claras y hasta poéticas y encantadoras en el modo especial de presentarles….

El autor..ha estudiado el árbol en todos sus aspectos, con todas sus complejas relaciones y las múltiples aplicaciones que de él se hacen, ya para la alimentación humana, ya como elemento de vida en lo que afecta a la oxigenación del aire, ya por lo que tiene de utilidad en maderas, belleza, hermosura, vivienda de los pájaros, seguridad en el terreno, modificación del clima, recreo e higiene, en suma, de cuanto puede el hombre sacar partido para la satisfacción de sus necesidades. Dedica diez lecciones a la historia de los árboles, mencionando alguno de los más antiguos y ocupándose del árbol sagrado, el árbol compañero del hombre, el árbol y la vivienda humana, el árbol símbolo de gloria, el árbol como recordatorio de la memoria de los hombres, y el árbol en la ciencia, en el arte y hasta en lo que se relaciona con la independencia de la patria.

Mi amigo el arbol paginaEl desenvolvimiento de las lecciones es ingenioso y muy interesante. En primer término expone, en lenguaje sencillo y correcto, la lección, el tema, la materia de que ha de ocuparse; hace luego un resumen de la misma; acompaña máximas morales que surgen de la lección expuesta; añade ejercicios prácticos que se relacionan con el contenido de la lección, unas veces para despertar en los niños la afición hacia la formación de un museo escolar de aves, insectos, plantas, hojas, flores, maderas de todas clases, y otros para favorecer el estudio de la Geografía y viajes y conocer mediante ellos la región en donde los árboles se crían. Forman parte integrante de la obrita lecciones de cosas que amplían y completan el contenido de las lecciones; recitaciones en verso alusivas a la materia y escritas por nuestros mejores poetas, con el objeto de que el niño se aficione a la lectura, y un léxico riquísimo que explica el significado de cada palabra, con la vista fija siempre en que no se pronuncien jamás los vocablos sin entender su contenido substancial.

Por último, enciérrase el librito en un hermoso marco literario, formado por una atenta dedicatoria a S.A.Serma. la Infanta Isabel de Borbón, generosa donante del premio adjudicado al libro; una sentida carta del malogrado Joaquín Costa, dirigida a los niños de Ricla, recomendándoles el cultivo del árbol; la letra y música de la Fiesta del Árbol, y una larga bibliografía de la que se ha servido el autor…

Merece todo género de aplausos nuestro estimado compañero, porque su obrita revela un …entusiasmo extraordinario hacia el cultivo del árbol, compañero y amigo inseparable del hombre, y objeto por parte de Goethe de grandes meditaciones y estudios, y, sobre todo, exterioriza el Sr. Chico un amor entrañable hacia los niños ofreciéndoles un trabajo laborioso, en el cual se halla reconcentrada en síntesis la vida material y espiritual de tan ilustrado maestro.

De todo corazón recomendamos a nuestros compañeros la adquisición de este libro, cuyo fondo es inagotable e inmenso para la educación de los niños, y cuya elegancia en la forma para su presentación artística, llena de bonitos grabados, se debe a la Casa editorial de J. Ruiz Romero, sucesor que continúa aumentando y perfeccionando la tan acreditada Casa de Bastinos, de Barcelona.

Dos apostillas cabe hacer a esta reseña de Esteban Bartolomé Mingo en un momento en el que la publicación que dirigía se comprometió con el arraigo de la Fiesta del Arbol en el sistema educativo español como constan dos colaboraciones del volumen de 1915. Una de ellas era un artículo dedicado a la celebración de la Fiesta del Arbol en la población de Sotillo de la Adrada en la provincia de Avila (p. 542) y la otra consistió en el texto “Una Fiesta del Arbol” firmado por el pedagogo Casiano Costal (p.682).

Por una parte conviene destacar que Mi amigo el árbol, cuya primera edición data al parecer de 1910, tuvo una amplia circulación. En la década de 1920, probablemente relacionado con el hecho de que la dictadura de Primo de Rivera intentó convertir la Fiesta del Árbol en un elemento de nacionalización según Antonio Alcusón Sarasa (ver aquí), se hicieron varias ediciones de la obra. En 2005, hace una década, la editorial Arba de Madrid, hizo una reimpresión facsímil de la edición barcelonesa de 1925 de J. Ruiz Romero, con el apoyo de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono y la Asociación Española de Arboricultura, según se destaca en un post del blog Naturaleza viva (ver aquí).

Por otro lado hay que resaltar que en la campaña destinada a hacer arraigar la Fiesta del Arbol, declarada oficial como se ha indicado el 5 de enero de 1915, se implicaron muchos agentes sociales. Así, casi simultáneamente a la reseña de la que se ha informado en este post, una de las más importantes revistas ilustradas de la España de 1915 – Mundo gráfico– presentó en sus páginas al inspirador, y gran propagandista de la fiesta del árbol, el ingeniero de montes murciano Ricardo Codorniu y Starico (Cartagena 1846-Murcia 1923), con motivo de un homenaje que se le hizo. Se trataba de la concesión de las insignias de la Gran Cruz del Mérito Agrícola costeadas por dos mil suscriptores.

Codorniu 1915

 

Para saber más:

Más información sobre la labor pedagógica de Martín Chico Suárez y Pedro Chico Rello en Juan Mainer Baqué, La forja de un campo profesional: pedagogía y didáctica de las Ciencias Sociales en España (1900-1970), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)2009

Más información sobre la Fiesta del Árbol en Santos Casado de Otaola, Naturaleza patria. Ciencia y sentimiento de la Naturaleza en la España del Regeneracionismo, Madrid, Marcial Pons, 2010. (Colección “Ambos Mundos” de Marcial Pons Historia-Fundación Jorge Juan).


Deja un comentario

El interés de Ortega y Gasset por la geografía y por el concepto de región natural tras un viaje a Asturias en 1915

El año 1915 fue muy intenso para José Ortega y Gasset (1883-1915), marcado por el lanzamiento del semanario España, cuyo primer número salió a la calle el 29 de enero, según expliqué en un post anterior. (ver aquí). En el verano de ese año Ortega decidió descansar en Asturias para reponer fuerzas como él mismo nos contó: “Durante este verano he vivido mes y medio en Asturias. Ese tiempo y otro tanto más son insuficientes para conocer el cuerpo y el alma de una comarca, aun dedicándolos por entero a su estudio. Si se trata de Asturias, donde los paisajes y los corazones están tejidos con raros matices y transiciones, la insuficiencia resulta mucho mayor. Ahora bien; yo no he dedicado ese mes y medio a estudiar la vida asturiana, sino más bien a lo contrario, a descansar de mi vida castellana”.

Vecinos a caballo en La Pasera -Mieres- hacia 1915.

Vecinos a caballo en La Pasera- Mieres- hacia 1915 tomada de El blog de “Acebedo”

 

Pero las impresiones de ese viaje de la meseta castellana a tierras cantábricas le causaron tan honda impresión que empezó a trasladarlas a los lectores del semanario España a partir de su número 35, publicado el 23 de septiembre de 1915, con el título de “Unas notas de andar y ver”. Esas notas tenían  los siguientes apartados: “De viaje”, “Dueñas”, “La hermana visitadora”, “Las dos lunas” y “Geometría de la Meseta” .

Articulo de José Ortega y Gasset en el semanario España de 23 de septiembre de 1915

Articulo de José Ortega y Gasset en el semanario España de 23 de septiembre de 1915

Impulsó a Ortega dejar por escrito sus observaciones y reflexiones un afán de combatir la fluidez de la vida que se exacerba al viajar: 

Mi intención se reduce a decir una cosa sin importancia ni trascendencia, a saber: que en los viajes se hace extremada la momentaneidad de nuestro contacto con los objetos, paisajes, figuras, palabras, y paralelamente crece y nos acongoja la pena que sentimos que así sea. Quisiéramos de algún modo fijar alguna de aquellas cosas que pasan a escape, como si tuviesen una cita allá lejos, con alguien que no somos nosotros.  A este fin llevamos un cuaderno y un lápiz; apuntamos unas breves palabras, y cuando un día, andando el tiempo, las leemos, el paisaje, la palabra, la fisonomía que desapareció adquiere cierta supervivencia, una como espectral vida que conserva de la real vagos ecos, remotos latidos.

Tuvieron continuación esas notas con su texto “Vaga opinión de Asturias”. La primera parte se publicó en  el número 42, de 11 de noviembre, y tenía los siguientes apartados: “Prólogo”, “Las tres sospechas”, “Un paisaje”. La segunda, en el número 43, de 18 de noviembre, donde incluyó el epígrafe “La mirada castellana procede con tacto”.

No sabemos por qué razones -quizás por los problemas que tuvo Ortega con la orientación de la revista en el otoño de ese año que le llevaron a abandonar la dirección del semanario- pero esa serie de notas de andar y ver sobre Asturias se vieron interrumpidas.  Y así los redactores del semanario España se vieron obligados a insertar en el nº 44, de 25 de noviembre, esta advertencia a sus lectores: “Vaga opinión sobre Asturias. En los números próximos continuaremos la publicación de esta serie de notas sobre la tierra y la vida asturiana de José Ortega y Gasset. III. El otro paisaje. IV. Psicología del cascabel”. Y en efecto la primera sección -El otro paisaje- la pudieron leer los lectores de España en dos entregas sucesivas: en el número 50 de 6 de enero de 1916, y en el de la semana siguiente. Sin embargo el anunciado capítulo sobre la “Psicología del cascabel” lo incorporó a sus Ensayos filosóficos sobre biología y pedagogía que publicó por primera vez en el tercer tomo de El Espectador en 1921.

En ese tomo de 1921 también aparecieron sus “Notas de andar y ver. De Madrid a Asturias o los dos paisajes”, publicadas originariamente en el semanario España, entre septiembre de 1915 y enero de 1916, como acabamos de ver. Tenemos acceso ahora a ellas  en el tomo II de las Obras completas de Ortega, editadas por Taurus (p.377-391). En las páginas 900-904 los editores, con muy buen criterio, compulsaron ambos textos, los de 1915-1916 y la edición orteguiana de 1921 porque hay alguna que otra diferencia entre ellos. Y aunque han cazado casi todas las diferencias se les escapó alguna que para mi criterio es importante, como señalaré más adelante.

Ahora mi intención fundamental es fijarme en los dos últimos textos de esa serie de reflexiones orteguianas, los publicados el 6 y el 13 de enero de 1916 en España, para mostrar aspectos de Asturias que llamaron la atención a Ortega, subrayar cuán atento estaba al movimiento científico de la sociedad española de aquel momento y poner un ejemplo de las modificaciones que introdujo entre sus Notas de andar y ver de 1915-1916, y su edición de 1921 que son las que han servido de guía a los editores más recientes de sus obras completas.

Pero vayamos por partes. Primero sigamos a Ortega cuando desde Pajares dirigió la mirada al norte y se preguntó: “¿Qué significa la palabra Asturias”? Esta es la respuesta que nos da, llena de plasticidad, influido por sus lecturas de geógrafos coetáneos, de cuentos de Clarín como Boroña, (accesible aquí) e impresionado por los contrastes entre los dilatados horizontes manchegos y el abrupto relieve asturiano con sus angostos valles, donde el vacío no existe:

Signifique lo que quiera, encuentro en el valor de plural que ese vocablo tiene una certera sugestión para el viajero. Hay muchas Asturias, no sólo las de Oviedo y las de Santillana. Hay muchísimas más: sería trabajoso contarlas.

Un estrecho valle, de blando suelo, verde y húmedo: colinas redondas, apretadas unas contra otras, que lo cierran a los cuatro vientos. Aquí, allá, caseríos con los muros color sangre de toro y la galería pintada de añil; al lado, el hórreo, menudo templo, tosco, arcaico, de una religión muy vieja, donde lo fuera todo el Dios que asegura las cosechas. Unas vacas rubias. Castaños, castaños cubriendo con su pompa densa todas las laderas. Robles, sauces, laureles, pinedas, pomares, hayedos, un boscaje sin fin en que se abren senderos recatados….Sobre las altas mieses, unas guadañas que avanzan y siegan la luz en reflejos. Y como si el breve valle fuera una copa, se vierte en él la bruma suave, azulada, plomiza, que ocupa todo el ámbito. Porque en este paisaje el vacío no existe; de un extremo a otro todo forma una unidad compacta y tangible. Sobre la sólida tierra está la vegetación magnífica; sobre ésta, la niebla, y ya en la niebla tiemblan prendidas las estrellas lacrimosas. Todo está a la mano, todo está cerca de todo, en fraterna proximidad y como en paz; junto a la pupila de la vaca se abre el lucero de la tarde. ..

Ese angosto recinto unánime es Asturias. Si salimos de él habremos de entrar en otro parejo. Cada uno de estos valles es toda Asturias, y Asturias es la suma de todos esos valles. Por ello decía que las Asturias son innumerables, y que parece esencial a esta comarca el concepto de pluralidad o repetición de unidades análogas. Podemos representarnos la Mancha como un inmenso espacio único; Asturias, por el contrario, nos aparece como en una serie de pequeños espacios homogéneos e independientes. 

En segundo lugar prestemos atención al giro del discurso de Ortega cuando da el salto desde su descripción literaria de las características del paisaje asturiano  a sus consideraciones científicas sobre el concepto de “región natural” de la mano de la emergente geografía que, como ya he señalado en varias entradas de esta bitácora (ver aquí y aquí), estaba experimentando un notable despegue en la sociedad española de aquellos años, alentada en gran medida por la labor de la JAE, de cuyas publicaciones científicas los lectores del semanario España tenían cumplida cuenta, como veremos en otras entradas de esta bitácora. En efecto, tras los párrafos transcritos líneas arriba, prosiguen las notas de Ortega y Gasset respecto a su “vaga opinión sobre Asturias” con las siguientes reflexiones en las que contrapone la concreción de la “región natural”, que se nos mete por los ojos, y la abstracción de lo que llamamos España, a la que solo se puede representar con símbolos y alegorías, es decir con construcciones mentales.

Día por día, la geografía contemporánea va concediendo mayor importancia a la idea de “región natural”. Puede decirse que ha llegado a ser el fenómeno matriz de la investigación geográfica. Un arcángel revolando por los vacíos siderales, verá la Tierra como un astro; mas para el hombre, la Tierra como astro es una abstracción física. Esto mismo que llamamos España es una abstracción política e histórica. No cabe de ella una imagen adecuada; para representarla tenemos que acudir al símbolo o la alegoría, que son construcciones mentales. Y, en consecuencia, puesto que es España una construcción mental nuestra, influimos nosotros en ella más que ella en nosotros. Frente a todas esas entidades abstractas, la región natural afirma su calidad real de una manera muy sencilla: metiéndosenos por los ojos. De la región podemos tener una imagen visual adecuada, y viceversa, sólo es región, sólo es unidad geográfica aquella parte del planeta cuyos caracteres típicos pueden hallarse presentes en una sola visión. 

Estimaría que los geógrafos ensayasen esta manera mía de definir la región. A vueltas de complicadas sabidurías, acabarán por hallar su más exacto concepto en eso que bajo la retina se lleva el emigrante y en las horas de soledad o angustia parece revivir cromáticamente dentro de su imaginación. 

Sólo bajo la especie de región influye de un modo vital la tierra sobre el hombre. La configuración, la escultura del terreno, poblada de sus plantas familiares, y sobre ella el aire húmedo, seco, diáfano o pelúcido, es el gran escultor de la humanidad. Como el agua da a la piedra, gota a gota, su labranza, así el paisaje modela su raza de hombres, gota a gota; es decir, costumbre a costumbre. Un pueblo es, en primer término, un repertorio de costumbres. Las genialidades momentáneas que en él se produzcan componen sólo su perfil. 

Hay comarcas que despiden al hombre del campo y lo recluyen en la ciudad. Esto acontece en Castilla: se habita en la villa y se va al campo a trabajar bajo el sol, bajo el hielo, para arrancar a la gleba áspera un poco de pan. Hecha la dura faena, el hombre huye del campo y se recoge en la ciudad. De esta manera se engendran las soledades castellanas, donde el campo se ha quedado solo, sin una habitación o humano perfil durante leguas y leguas. En Asturias, opuestamente, el campo es el aposento, lugar doméstico [en la presentación original de este texto en el semanario España Ortega usa en vez de doméstico el asturianismo “atopadizo” que significa lugar cómodo, agradable, donde se está a gusto] de estancia y de placer. La tierra es un regazo, donde el hombre trabaja y descansa, sueña y canta.

Mercado en la plaza del Campo en Pravia en 1915. Captada de la Memoria Digital de Asturias

Mercado en la plaza del Campo en Pravia en 1915. Captada de la Memoria Digital de Asturias

En el diálogo que establece con la geografía contemporánea, en la que detecta que la idea de “región natural” se ha convertido en el fenómeno matriz de la investigación geográfica, Ortega y Gasset se basa en dos obras: Evolución y concepto de la geografía, de 1915, y Concepto de la región natural en Geografía, de 1913, debidas a Juan Dantín Cereceda. Se trataba de dos breves textos. El primero, de 28 páginas, publicado por los Anales de la Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas en su tomo XV.

En la presentación originaria de sus Notas de andar y ver en las páginas del semanario España podemos leer este añadido a esa referencia bibliográfica suya a las obras de Dantín: “Sobre el caso concreto de Asturias sería interesante conocer, entre otras, la opinión del autor de esos estudios y la de D. Luis Hoyos y Sáinz”. Curiosamente esta apostilla ha desaparecido en la edición de las obras completas de Ortega efectuada por Taurus, pero conviene rescatarla porque muestra la estrecha relación de Ortega en 1915-1916 con dos representantes de los catedráticos de instituto que simultaneaban con eficacia e ilusión por aquel tiempo su labor investigadora y sus tareas docentes. Se inscriben en una significativa galería de profesores innovadores que ayudaron a renovar la enseñanza secundaria durante el primer tercio del siglo XX, a los que nos hemos acercado en el libro colectivo Aulas modernas, de próxima publicación por la editorial Dykinson.

Juan Dantín Cereceda (1881-1943)  era en 1915-1916 catedrático de Agricultura y Técnica Agrícola e Industrial del Instituto de Guadalajara y estrecho colaborador del catedrático de la Universidad Central e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales Eduardo Hernández Pacheco (1872-1965). Entre septiembre de 1913 y julio de 1914 fue pensionado de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en Francia, donde trabajó al lado del gran  geógrafo Emmanuel de Martonne (1873-1955), impulsor de la geografía regional, y  cuya huella en el folleto de Dantín Evolución y concepto de la geografía de 1915 es muy visible. Cuando Dantín se instaló en Madrid a partir de 1918, primero como catedrático del Instituto-Escuela, y luego como catedrático del Instituto San Isidro, sus relaciones con Ortega se hicieron muy estrechas. Miguel Ortega-en su libro Ortega y Gasset, mi padre (Barcelona, 1983, p. 76)- lo recuerda cómo un “hombre muy culto y muy sencillo a la vez” con quien Ortega “lo pasaba maravillosamente” en excursiones que hicieron en la década de 1920. Además de ser compañero de excursiones Dantín fue un muy estrecho colaborador de Ortega en el diario El Sol y en Revista de Occidente, como ha explicado muy bien Nicolás Ortega Cantero en su importante artículo “Juan Dantín Cereceda y la geografía española”.(ver aquí).

El otro profesor mencionado por Ortega -Luis Hoyos y Sáinz (1868-1951)- era de un grupo generacional diferente a él y a Dantín, que eran coetáneos. ¿Por qué lo menciona Ortega en esa nota a pie de página? Había varias razones, probablemente. En aquel momento de 1915 el prestigio científico de Luis de Hoyos estaba en alza. Como catedrático de Agricultura del instituto de Toledo, entre 1898 y 1909, había ganado fama como especialista de los problemas agrarios de España. Y tras ser nombrado catedrático de Fisiología e Higiene Escolar de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en 1909 organizó en esa institución académica un importante seminario de Etnografía y Artes Populares que a partir de 1914 impulsó las investigaciones antropológicas, disciplina científica en la que Hoyos y Sainz sobresalió como ha destacado Carmen Ortiz, compañera del departamento de historia de la ciencia del Instituto de Historia del CSIC, en su libro Luis de Hoyos Sáinz y la antropología española. (ver aquí). Por esa época ocupaba posiciones directivas en el Ateneo de Madrid donde en 1914 fue elegido presidente de la Sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, cargo que mantuvo hasta 1919. También hacia 1915 era un destacado militante del Partido Reformista y un experto en cuestiones educativas. Como tal fue nombrado en 1911 vocal de las comisiones que creó el Estado para favorecer reformas en la enseñanza y en las oposiciones a cátedrás, en las que permaneció hasta 1927. Parte de sus conocimientos sobre el mundo de la enseñanza secundaria los plasmó en las páginas del semanario España con una serie de cuatro artículos sobre “Los problemas del bachillerato” publicados entre septiembre y octubre de 1915, simultáneamente al inicio de las notas de andar y ver de José Ortega y Gasset. La firma de Luis de Hoyos y Sainz aparece, en efecto, estampada en la página 2 del semanario -la más importante- de los  ejemplares de  9  y 23 septiembre así como en los de 7 y 28 de octubre de 1915.

Hoyos y Sainz 1915

Primer artículo de una serie de cuatro publicados por Luis de Hoyos y Sainz en las páginas de España a partir del 9 de septiembre de 1915

 

Probablemente en una próxima entrada de esta bitácora fijaré mi atención en esas observaciones sobre los problemas del bachillerato en la España de aquel entonces. Ahora quería contextualizar las impresiones asturianas de Ortega en aquel año de 1915, tan cruento y desolador para tantas familias europeas, de graves problemas sociales en España e higiénicos en Cataluña, donde había una devastadora epidemia de tifus en Barcelona (ver aquí) -que no ha captado el periodista de La Vanguardia Carles Casajuana en un reciente artículo periodístico (ver aquí)-,  pero fértil para la creatividad de las elites intelectuales y científicas españolas, de cuyos logros e interrelaciones seguiré dando noticias en esta serie de aproximaciones a lo que fue el mundo científico y educativo de la España de hace un siglo.


Deja un comentario

En el instituto de Valencia sí fue posible simultanear la docencia con la investigación

En las recientes VI Jornadas Científicas de la Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico Educativo (SEPHE) de las que ofrecí información en otro post (ver aquí), me ha llamado la atención la comunicación “Revistas científicas de Ciencias Naturales recibidas en el Instituto de Valencia entre 1900 y 1936. Un ejemplo de catalogación y conservación del patrimonio histórico educativo”, presentada por el profesor y vicesecretario del IES Luis Vives de Valencia, José María Azkárraga, -activo promotor de las rutas por la Valencia republicana- y el profesor de la Universidad de Valencia José Ignacio Cruz Orozco.

ies-luis-vives-2

José María Azkárraga ofrece una explicación histórica en el patio del IES Luis Vives

En este blog se viene sosteniendo que numerosos profesores de instituto lograron compaginar las tareas docentes con las investigadoras en sus centros educativos antes del inicio de la guerra “incivil”.La comunicación que comento- que se puede leer en su integridad en el libro de actas de las jornadas  Pedagogía museística. Prácticas, usos didácticos e investigación del patrimonio educativo, coordinado por Ana María Badanelli Rubio, María Poveda Sanz y Carmen Rodríguez Guerrero – confirma tal hecho. Sus autores centran su atención en la labor investigadora que se llevó a cabo en la cátedra de Historia Natural, Fisiología e Higiene del Instituto de Valencia durante el último cuarto del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, gracias a la acción de tres notables profesores de ciencias naturales y relevantes investigadores.

El primero fue el catedrático madrileño Emilio Ribera Gómez (1853-1921), quien impartió clases en el Instituto de Valencia entre 1877 y 1904. Muy preocupado por la didáctica de las ciencias naturales publicó en 1879 la primera edición de sus Elementos de historia natural. Se reeditó en 14 ocasiones y está considerado uno de los manuales de mayor nivel científico de los publicados en la España del siglo XIX para los estudiantes de bachillerato.

Caricatura de Emilio Ribera_1894

Caricatura de Emilio Ribera hacia 1894 proporcionada por José María Azkárraga. Publicada originariamente en el libro de Carles Sirera Miralles “Un título para las clases medias”

Emilio Ribera b

De esta obra de Emilio Ribera se hicieron 14 ediciones.

El segundo fue el catedrático Celso Arévalo Carretero (1885-1944). Este naturalista, nacido en Ponferrada,  a pesar de estar solo seis años en el Instituto de Valencia -entre 1912 y 1918- dejó una profunda huella en ese centro docente gracias a las múltiples iniciativas que emprendió como profesor e investigador. Muy poco después de instalarse en la capital levantina creó en ese Instituto el Laboratorio de Hidrobiología Español, el primero que se dedicaba en este país al estudio de la ecología de las aguas dulces. Los objetivos del laboratorio eran, según su coetáneo E. Fernández Galiano: “desarrollar el estudio de las condiciones biológicas de las aguas dulces, la redacción de un catálogo taxonómico de la fauna y flora dulce acuícola, la investigación de las variaciones intrínsecas y estacionales del plankton, de la distribución geográfica de los seres fluviales, etc.”. Además promovió en 1913 la fundación de la sección de Valencia de la Real Sociedad Española de Historia Natural, que tuvo como sede el propio Instituto. Y también impulsó la edición de los Anales del Instituto General y Técnico de Valencia, cuya edición se inició en 1916 para recoger los resultados de las investigaciones científicas de su profesorado. De esta publicación se editaron 16 volúmenes que permitieron mantener una política de canje con revistas científicas de todo el mundo, como veremos a continuación.

Y el tercero el valenciano Luis Pardo García (1897-1958), quien se formó como biólogo al lado de Celso Arévalo en los años valencianos de este profesor. Cuando Arévalo se desplazó a Madrid para hacerse cargo de la cátedra de Historia Natural del Instituto del Cardenal Cisneros Pardo asumió la responsabilidad de mantener operativo el Laboratorio de Hidrobiología valenciano creado por su maestro. Esa tarea la asumió hasta 1927, año en el que también se trasladó a Madrid para trabajar en el recién creado Consejo Superior de Pesca y Caza, convirtiéndose en un especialista en Piscicultura. En 1932 publicó la importante obra Los lagos de España.

Anales - peces 1921

Como resultado de las actividades y  conexiones  de estos tres naturalistas el Instituto de Valencia acumuló una importante colección de revistas científicas de ciencias naturales que tras la guerra “incivil” estuvieron depositadas, primero, en el refugio antiaéreo que se construyó en el subsuelo del Instituto, y luego en la capilla cuando el Instituto fue derruido casi en su totalidad en 1975 para ser reformado.

refugio-luis-vives-7

Fotografía de Mercedes Grau del refugio antiaéreo del IES Lluis Vives. Una arquitectura olvidada y desconocida

Afortunadamente gracias a la labor llevada a cabo en la década de 1990 por Vicente Martínez-Santos Ysern y Jesús Ignacio Catalá Gorgues se ordenaron las publicaciones que lograron ser salvadas, y se prepararon para el estudio que se ha empezado a hacer en la actualidad.

Un avance de ese trabajo es el que han ofrecido José Mª Azkárraga y José Ignacio Cruz en su comunicación a las VI Jornadas de la SEPHE. En ella, a modo de anexo, ofrecen un detallado listado  de 115 publicaciones científicas conservadas en el Instituto de Valencia.

Proceden de 33 países como los siguientes, unos de ellos independientes, otros en situación colonial en aquella época.

28 de España Actas y Memorias. Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (1922-1924); Anuari Junta de Ciències Naturals (1917-1918); Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (1908-1932); Boletín de la Real Sociedad de Historia Natural (1901-1936); Boletín de la Sociedad Aragonesa de Historia Natural (1915-1918); Boletín de la Sociedad Ibérica de Historia Natural (1919-1936), Boletín de la Sociedad Oceanográfica de Guipuzcoa (1911-1923); Boletín de Pescas. Ministerio de Marina (1916-1928);  Boletín Oficial de Minas y Metalurgia (1924-1936); Butlletí de la Institució Catalana d’Historia Natural (1921-1931); Catalogus Semium Quae Horto Botanico Matritense (1903-1921), Conferencias y Reseñas Científicas de la Real Sociedad de Historia Natural (1931-), Ibérica. El progreso de las ciencias y de sus aplicaciones: revista semanal ilustrada (1914-1928), Ideales pesqueros (1925-1926), Memoria de la Real Sociedad de Historia Natural (1903-1929), Memorias del Instituto Español de Oceanografía (1919-1930), Memorias del Instituto Geológico de España (1916-1917), Memorias del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (1922-1928), Notas y Resúmenes. Ministerio de Marina. Dirección General de Pesca (1924-1932), Reseñas científicas de la Real Sociedad de Historia Natural (1926-1935), Revista Española de Biología (1932), Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Valencia (1933-1936), Trabajos del Instituto Español de Oceanografía (1916-1930), Trabajos del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona (1918-1936), Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales . Serie Botánica (1912-1935), Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Serie Geológica (1912-1923), Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Serie Zoológica (1912-1930), Treballs de la Institució Catalana de Historia Natural (1919-1931).

Iberica

13 de Estados Unidos American Museum Novitates (1921-1960), Annual Report of the Department of Conservation of the State of Indiana (1923-1928), Annual Report of the Smithsonian Institution (1916-1956), Bulletin of the American Museum of Natural History (1916-1923), California Fish and Game (1921-1932), Field Museum of Natural History Zoological from Chicago (1909-1916), Illimois Biological Monographs (1916-1952), Proceedings of the American Academy of Arts and Sciences (1921-1935), Publications Puget Sound Biological Station. University of Washington (1918-1925), School of Mines and MettalurgyUniversity of Missouri (1922-1927), State Entomologist. Indiana (1913-1916), Transactions of the San Diego Society of Natural History (1920-1929), University of California Publications. Zoology. Botany (1916-1932).

annual-report-of-the-smithsonian-institution-12729-MLA20066057205_032014-F

7 de Francia Bulletin de la Société des Sciences Naturelles de l’Ouest (1915-1934), Bulletin de la Société d’Etudes Scientifiques d’Angers (1920-1923), Bulletin de la Société Linneaine du Normandie (1918-1924); Expeditions scientifiques du “Travailleur” et du “Talisman” (1888-1906), Miscellanea Entomologica (1920-1929), Revue Algologique. Laboratoire de Cryptogamie (1924-1925), Revue Scientifique (1885-1914).

expeditions scientifiques

6 de Australia; Geological Suvey Western Australia (1899-1929), Journal and Proceedings of the Royal Society of Western Australia (1921-1938), Memoirs of the Queensland Museum (1918-1932), Proceedings of the Pan-Pacific Science Congress (1923), The Australian Zoologist (1920-1930), Transactions and Proceedings of the Royal Society of South Australia (1899-1929).

5 de Italia Atti dell’Academia Scientifica. Veneto.Trentino. Istria (1917-1940); Bolletino del Laboratorio de Zoologia Generale e Agraria (1920-1926); Bolletino della Societá Lombarda per la Pesca e l’Acquicultura (1914-1919), La Nuova Notarisia (1916-1923), Scientia. Rivista di Scienza (1918-1924)].

nuovanotarisiara01mode_0005

4 de Alemania Archiv für Hydrobiologie und Planktonkunde [1911-1912], Das Pflanzenreich , herausgegeben A. Engler (1905-1907), Mitteilungen aus der Zoologischen Sammlung des Museums für Naturkunde in Berlin (1898-1925), Natur und Museum (1927-1936)]; Argentina Anales del Museo de la Plata (1925-1930), Memoria de la Dirección General de Minas, Geología e Hidrología (1920-1922). Physis. Sociedad Argentina de Historia Natural (1920-1922),  Revista del Museo de la Plata (1921-1932), Brasil Archivos do Jardin Botanico de Rio do Janeiro (1922), Boletin do Museu Nacional do Rio de Janeiro (1923-1926), Museu Rio de Janeiro (1876-1930), Revista do Museu Paulista (1919-1922), India Bolletin de Medicina e Farmacia da India Portuguesa (1917-1925), Journal and Proceedings of the Asiatic Society of Bengal (1927-1929), Memoirs of the Asiatic Society of Bengal (1922-1929), Report of the State Board of Forestry (1917-1918), República Checa Biologické Spisy Vysoké Zverolékarské (Publications Biologiques Ecole Hautes Etudes Vétérinaires) (1922-1935), Bratislavské Lakarske Listy (1930-1936), Seznam Osob a Ustavu (1922-1932), Spisi vydavané Pritodovedeckon. Brno (1930-1935),

Pflanzenreich

3 de Canadá Dominion Alberta and Saskatchewan Fisheries Comission (1910-1913), McGill University Publications (1922-1932), Report of the Provincial Museum of Natural History (1914-1925); México Anales del Instituto Geológico de México (1917-1923),  Boletín de la Dirección de Estudios Biológicos (1917-1920), Boletín del Instituto Geológico de México (1918-1925), Polonia Acta Ornithologica Musei Zologici Polonici (1933-1935); Annales Zoologici Musei Polonici Historiae Naturalis (1930-1935), Poloskiego Panstwowego Muzeum Przyrodniczego (1924-1934) y Suiza Actes de la Société Helvetique des Sciences Naturelles (1922-1930), Fischerei. Zeitung (1914-1916), Vierteljahrschrift der Naturforschenden Gesselschaft in Zurich (1921-1935).

2 de Bélgica Annuaire de l’Académie Royale (1922-1936),  Bulletin de la Classe des Sciences (1922-1936); Japón Japanese Journal of Zooology (1932-1933), The Journal of the Anthropological Society of Tokio (1921-1930);  Marruecos Bulletin de la Société des Sciences Naturelles du Maroc (1914-1932), Mémoires de la Société des Sciences Naturelles du Maroc (1921-1933);  Mónaco Bulletin du Musée Oceanographique du Monaco (1904-1927),  Résultats des campagnes du Prince de Monaco Albert I (1889-1914); Suecia Bulletin of the Geological Institution of the University of Upsala (1932-1935), Undersökningar rörande Sveriges fiskerier (Investigaciones pesqueras en Suecia) (1921-1927),

1 de Argelia: Archives des Instituts Pasteur de l’Afrique du Nord (1922-1924); Ceilán Spolia Zeylanica (1914-1940); China (Hong Kong) Report of the Botanical and Forestry Department 1925-1930; Colombia Boletín de la Sociedad Colombiana de Ciencias Naturales (1912-1930); islas Fiji Transactions of the Fijian Society (1912-1924),  Filipinas The Philippine Journal of Science (1922-1930) , Luxemburgo Bulletins Mensuels. Société des Naturalistes Luxembourgeois (1916-1930);  Perú Boletín del Cuerpo de Ingenieros de Minas de Perú (1921), Portugal Bulletin de la Société Portugaise des Sciences Naturelles (1908-1921)]; Reino Unido The Fishing News (1926-1927), Rodesia Proceedings of the Rhodesia Scientific Association (1915-1929); Rusia Bulletin de l’Institut des Recherches Biologiques de Perm (1926-1932)];  Uruguay Anales del Museo de Historia Natural de Montevideo (1909-1931)]; Túnez Archives de l’Institut Pasteur de Tunis (1925-1926).

Esas 115 publicaciones recibidas en la cátedra de Historia Natural del Instituto de Valencia estaban redactadas en 12 idiomas:

35 en castellano, 31 en inglés, 17 en francés, 6 en alemán y en portugués, 5 en italiano, 4 en checo, 3 en catalán y en polaco, 2 en sueco y japonés, 1 en ruso

Y su distribución temática sería la siguiente: 49 de Historia Natural, 13 de Oceanografía y Pesca, 10 de Ciencias, 11 de Zoología, 10 de Geología, 7 de Botánica, 4 de Hidrobiología, 4 de Medicina y Microbiología, 3 de Antropología, 2 de Citología e histología, 1 de Enseñanza de las Ciencias y 1 Protección de animales y plantas.

Esta importante colección de revistas llegadas al Instituto de Valencia, gracias a las gestiones de sus profesores de Ciencias Naturales, es otra prueba más de la internacionalización de las actividades científicas de un amplio número de investigadores españoles en el primer tercio del siglo XX, varios de ellos vinculados a los institutos de enseñanza media.

Algunas de estas publicaciones están accesibles on line en grandes repositorios bibliográficos como el de la Biodiversity Heritage Library o la Biblioteca digital del Real Jardín Botánico de Madrid.

Para saber más:

Santos Casado,”Celso Arévalo, catedrático de segunda enseñanza y fundador de la ecología acuática en España”, Participación Educativa. Revista del Consejo Escolar del Estado, número extraordinario, 2011, pp. 90-99. (ver aquí).

Jesús Ignacio Catalá Gorgues, Los cultivadores de la historia natural en Valencia (1900-1940), Tesis doctoral, Universitat de València, 1999 (ver aquí).

E. Fernández Galiano, “Moviment cientific natural durante l’any 1916-1917”, Junta de Ciències Naturals, Anuari II, 1917, p. 667, Ajuntament i Diputació de Barcelona, 1918 (accesible aquí).

José Mª López Piñero, “Emilio Ribera Gómez (1853-1921) y la enseñanza de la historia natural en la Valencia del siglo XIX”, en Emilio Ribera Gómez, Elementos de Historia Natural (Valencia 1893). Estudio introductorio, Valencia, Cátedra de Eméritos de la Comunidad Valenciana, 2003, pp.I-XIV.

Carles Sirera Miralles, Un título para las clases medias. El Instituto de Bachillerato Lluìs Vives de Valencia, 1859-1902, Publicacions de la Universitat de Valencia, 2011.


Deja un comentario

Un lustro de bonanza para el material científico del Instituto de Murcia entre 1906 y 1910

Entre 1906 y 1912 se invirtieron 540.557 pesetas para compra de material científico en los 56 institutos generales y técnicos, antecedentes de los actuales Institutos de Enseñanza Secundaria, existentes en el Estado español en aquel entonces. Un desglose detallado de esas inversiones, instituto por instituto, se encuentra en la tabla que acompaña a la comunicación “1906-1910. Un lustro de mejoras en el ajuar científico de los institutos y en el material para la enseñanza de la geografía”, que voy a presentar el viernes 23 de octubre en las VI Jornadas científicas de la SEPHE (Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico-Educativo), de las que he dado cuenta en otro post. (ver aquí).

Tras haber informado en otras ocasiones en este blog de las peticiones efectuadas en aquellos años por los institutos de Ourense (ver aquí ) y Zaragoza (ver aquí) para mejorar su material científico gracias a una partida extraordinaria de los presupuestos del Estado voy a hacerme eco en esta ocasión de la situación del instituto de Murcia.

Me ha animado a ello la lectura de la tesis de José Pedro Marín Murcia, “El material científico para la enseñanza de la botánica en la región de Murcia (1837-1939)” defendida exitosamente por su autor el pasado 15 de octubre de 2014 en el Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales de la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia, y accesible on line aqui. El tribunal estuvo presidido por Antonio Viñao, y compuesto además por Antonio Moreno González, Gabriela Ossenbach, Gaspar Sánchez Blanco y el autor de este post. Los directores de la tesis han sido los profesores José Mariano Bernal Martínez y José Damián López Martínez, expertos en la historia de la didáctica de las ciencias experimentales en la España contemporánea.

tesis Jose Pedro Marin

Comparando los datos del Instituto de Murcia con los de otros institutos del distrito universitario de Valencia, al que estuvo adscrito hasta la constitución de la Universidad de Murcia en 1915, llama la atención que fue uno de los centros educativos privilegiados en la asignación de recursos para material científico efectuada por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Así se aprecia en la siguiente información.

De las 53.020 ptas que llegaron entre 1906 y 1910 a los cinco institutos de ese distrito casi una cuarta parte – 14,400 ptas-  correspondieron al Instituto de Murcia. Fue el que recibió más recursos. Le siguieron los institutos de Valencia, con 13,560 ptas., Alicante con 9,300,  Albacete con 8.360 ptas y  Castellón con 7.400 ptas.

Desglosando esas cifras año por año en ese período de tiempo nos encontramos con la siguiente situación:

En 1906 se distribuyeron en el distrito universitario de Valencia  9,650 ptas  (de un total de 100 mil pesetas que se consignaron en el presupuesto extraordinario para comprar material científico para el conjunto de institutos) de la siguiente manera: Valencia y Albacete recibieron 2.080 ptas cada uno, y los institutos de Alicante, Castellón y Murcia 1,800 ptas.

Esta situación se mantuvo en el año 1907.

En el año 1908 se cambiaron los criterios de distribución de los recursos, pues los técnicos del Ministerio introdujeron otros factores para su asignación. En ese año el Instituto de Valencia recibió 4.000 ptas, el de Murcia 3.600 ptas, los de Alicante y Albacete 1.400 ptas y el de Castellón 1.000 ptas. Esas 11,400 ptas significaron el máximum de recursos anuales que llegaron al distrito universitario de Valencia en el mencionado período de tiempo.

Para el año 1909 la asignación fue menor, en total 9.800 ptas, ya que las 4.000 ptas recibidas en 1908 por el Instituto de Valencia se vieron reducidas a 2.400 ptas. Los demás institutos recibieron las mismas cantidades que en 1908.

En el año 1910 el total asignado a los institutos del distrito valenciano fue de 10.600 ptas distribuidas de la siguiente manera: Murcia 3.600 ptas, Valencia 2.400 ptas, Castellón 1.800 ptas., Alicante y Albacete 1.400 ptas.

La creación del Instituto de Material Científico por decreto de 7 de marzo de 1911, que sería presidido por Santiago Ramón y Cajal, introdujo nuevos criterios más selectivos de distribución de los recursos económicos. De manera que para el año 1912 solo se asignaron 1.500 ptas al Instituto de Alicante y 600 ptas al de Valencia.

Dos documentos permiten aproximarnos mejor al comportamiento que tuvieron los profesores de las cátedras de Agricultura, Física y Quimica, Fisiología e Historia Natural y Geografía e Historia del Instituto de Murcia ante la ventana de oportunidad que se les ofreció  entre 1906 y 1910 para proveerse de material científico con el que mejorar la enseñanza práctica y experimental de sus asignaturas.

Fachada del Instituto de Murcia. En sus dependencias se instaló provisionalmente la Universidad de Murcia en 1915.

Fachada del Instituto de Murcia. En sus dependencias se instaló provisionalmente la Universidad de Murcia en 1915.

El 10 de marzo de 1906, por ejemplo, Amdrés Baquero Almansa, que era director del Instituto General y Técnico de Murcia desde 1904 según consta en una interesante noticia biográfica de Francisco Javier Díez de Revenga (ver aqui), solicitó al Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes la adquisición del siguiente material científico de experimentación por un importe total de 2.113 ptas. Dado que el Ministerio le asignó ese año, como vimos líneas atrás, 1.800 ptas no todo este material solicitado fue adquirido. Pero por ahora no sabemos qué es lo que realmente llegó al Instituto de Murcia como consecuencia de la siguiente demanda, cuyo coste era el siguiente:

65 ptas. Un hornillo de mufla al gas para incineraciones

110 ptas. Hornillo Parrot de doble circulación para fundir

75 ptas. Hornillo para análisis orgánicos

40 ptas. Hornillo para crisoles de platino

200 ptas. Horno de mufla al gas con su fuelle

105 ptas. Soplete para gas, forma Paris, con su fuelle

25 ptas. Flamero Berzelius

25 ptas. Id. con soplete de Debrey

200 ptas. Colección de aparatos de telegrafía sin hilos

100 ptas. Colección de reactivos en sus frascos de vidrio

250 ptas. Estuche de Mineralogía

300 ptas. Balanza sencilla de precisión

100 ptas. Balanza de Westphall (sic), que alude probablemente a la balanza de Mohr-Westphal que es un dispositivo que se utiliza para la determinación de densidades de líquidos, como se explica en detalle aquí.

Balanza de Wertfal

Balanza hidrostática o balanza Mohr-Westfal. Tomada la imagen de campus.usal.es

12 ptas. 2 frascos de densidades (para sólidos y para líquidos)

25 ptas. Estuche con escala de dureza de Mohs

escala-de-dureza-de-mohs

Material didáctico de geología. Colecciones de minerales y rocas. Estuche actual para determinación de la dureza de los minerales de la casa IBD de equipamiento pedagógico-científico

350 ptas. Microscopio petrográfico

Modelo de microscopio petrográfico binocular del Museo Geominero de Madrid tomado de www.esacademic.com

Modelo de microscopio petrográfico binocular del Museo Geominero de Madrid. Imagen procedente de http://www.esacademic.com

80 ptas. Estuche de micrografía

16 ptas. 2 navajas para secciones micrográficas

35 ptas. Cristalizadores, cubetas con fondo de corcho, vidrios de reloj, portaobjetos y cubre objetos, médula de sauco, bálsamo de Canadá, et.

El Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares custodia otro documento, parecido al que hemos transcrito anteriormente, en el que sí hay una mayor correspondencia entre lo que se solicitó desde el Instituto de Murcia y lo que fue realmente adqurirido.

Me refiero a la petición efectuada por el mismo director firmada en Murcia el 15 de febrero de 1910 que ascendía a 3,630 ptas. Considerando que aquel año ese estableciemiento educativo recibió 3.600 ptas para la adquisición de material científico pareciera que todo lo que se demandó en aquella ocasión llegaría al ajuar del Instituto. Lo que se demandó en aquel año, al que cabe calificar de “annus mirabilis” de la ciencia española, fue lo siguiente:

600 ptas. Galvanómetro universal de precisión, usado para detectar y medir la corriente eléctrica.

825 ptas. Tercera parte de un Gabinete de Anatomía de 42 modelos

500 ptas. Colección de plantas para el Botánico. Este jardín botánico era uno de los mejores centros para la enseñanza de la botánica en la España de aquel entonces según muestra José Pedro Marín en su tesis doctoral, a la que aludí anteriormente.

Vista del Jardín Botánico del Malecón de Murcia adscrito a su Instituto. Imagen tomada de la revista universitaria de divulgación científica Eubacteria

Vista del Jardín Botánico del Malecón de Murcia adscrito a su Instituto. Imagen tomada de la revista universitaria de divulgación científica Eubacteria

60 ptas. Binador de tres arados, para una caballería

175 ptas. Sembradora Rud Sach, para dos surcos

30o ptas. Nuevo evaporador para secar frutos

20 ptas. Lupa, gran modelo

60 ptas. Lámpara de incandescencia al alcohol y doce manguitos

500 ptas. Aparato completo de proyecciones. Probablemente este aparato se refiera a esta linterna mágica que llegó al Instituto en 1910 con placas de vidrio, algunas móviles, de especial interés y atractivo, según comentan los autores del catálogo del Musax, el Museo del Instituto Alfonso X el Sabio de Murcia, al que se puede acceder aquí.

Linterna_magica1910

Linterna mágica, Hélios deposé, Paris, 1910 (44 x 13,5x 25)

40 ptas. Mapa de Africa con las modernas divisiones

150 ptas. Aparatos y útiles de química

400 ptas. Productos químicos

La información proporcionada acá confirma lo que ya habían constatado los estudiosos de las vicisitudes del actual Instituto Alfonso X el Sabio. Es decir que el período de la dirección del catedrático de Retórica y Preceptiva Literaria Andrés Baquero Almansa, entre 1904 y 1915, fue uno de los más fecundos en su historia.

Andrés Baquero Almansa. Retrato de Falgas. Galería de Rectores. Universidad de Murcia

Andrés Baquero Almansa. Retrato de Falgas. Galería de Rectores. Universidad de Murcia

Así se sostiene en el libro colectivo El Instituto Alfonso X El Sabio: 150 años de historia de 1987 y en la obra de Carlos López Fernández Ciencia y enseñanza en algunas instituciones docentes murcianas de 2002.

La información ofrecida en este post se ha de completar con la ofrecida por las Memorias del Instituto. Por ejemplo, entre la numerosa información valiosa que ofrece José Pedro Marín en la tesis ya mencionada, señala en la página 224 que en la Memoria leída en la inauguración del curso 1911-1912 se indicó que el Instituto había adquirido para su gabinete agronómico varios tableros murales sobre plantas naturales, químicas, alimentarias, venenosas, el champiñón y dos de plantas en germinación. Por su parte la memoria leída en la inauguración del curso académico de 1912 a 1913 informaba de la compra de un cuadro de plantas parásitas y dos láminas de la filoxera de la vid.

Gran parte de estas colecciones científicas se encuentran actualmente accesibles en el MUSAX, el Museo del Instituto inaugurado en el año 2009, dividido en cuatro secciones: la biblioteca, y las áreas de física y química, ciencias naturales e imagen. Se puede acceder a su catálogo aquí.  Del gabienete de física del antiguo instituto provincial de Murcia efectuó en el año 2009 una muy útil guía didáctica el catedrático José Abelardo Vidal de Labra, accesible aquí.

El Instituto Alfonso X el Sabio de Murcia es uno de los socios fundadores, y muy activo,  de la Asociación Nacional para la Defensa del Patrimonio de los Institutos Históricos, sobre la que se puede encontrar información aquí, y de la que es socio el autor de este blog.


Deja un comentario

Anuncio taller seminario Aulas innovadoras en la época de la JAE

El viernes 27 de junio de 2104 se celebrará en la sala Gómez-Moreno (2C10-2C24) del Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC el taller seminario “Aulas innovadoras en la época de la JAE. Nuevas perspectivas sobre las reformas de la enseñanza secundaria en la sociedad española del primer tercio del siglo XX”, actividad del proyecto de investigación “Educación integral para los jóvenes bachilleres: cambios promovidos por la JAE en la enseñanza secundaria (1907-1936)”, [HAR2011-28368)],  coordinado por el impulsor de esta bitácora.

Participarán en él los siguientes investigadores con las comunicaciones que se indican a continuación:

Víctor Guijarro: La expansión de la cultura tecnocrática, las máquinas y las políticas educativas y sociales en la época de la JAE

Santiago Aragón: Los premios “Ribera”: el mecenazgo privado en los tiempos de la institucionalización de la actividad científica en España

Natividad Araque: Las primeras científicas becadas por la JAE

Santos Casado: El geólogo Vicente Sos. Historia de vida de un profesor e investigador de la Junta para Ampliación de Estudios.

José Manuel Azcona: El Instituto de Enseñanza secundaria de Bilbao, la sociedad liberal El Sitio y la JAE (1907-1936)

Leoncio López-Ocón: La renovación de la enseñanza de la geografía en las aulas de bachillerato en la primera década del siglo XX.

Mario Pedrazuela: La influencia del Centro de Estudios Históricos en la modernización de los estudios literarios y lingüísticos

Nani González: Guillermo Díaz Plaja: La enseñanza de la lengua y la literatura en Cataluña en el contexto de la JAE

Rebeca Herrero: La incorporación de las mujeres a la educación secundaria durante la Segunda República: un estudio de caso sobre el Instituto “Quevedo” de Madrid.