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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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La publicación de “La Universidad española” de Francisco Giner de los Ríos hace cien años

El sábado 18 de febrero de 2017 en el 102 aniversario del fallecimiento de Francisco Giner de los Ríos se presentó en la librería Marcial Pons de Madrid el nº 90 de la revista asturiana Abaco que contiene un amplio dossier, coordinado por Daniel Marías y Alvaro Ribagorda, sobre el legado de Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza en la educación, la cultura y la ciencia española contemporánea. Tuve la fortuna de colaborar en él con el artículo “Las influencias institucionistas en el sistema científico español: entre el pasado y el futuro” y con una reseña de la exposición La ciencia de la palabra. Cien años de la Revista de Filología Española”, que apareció originalmente en mi otra bitácora (ver aquí).

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Ahora ojeando las páginas del número de la revista España de 15 de febrero de 1917, es decir de hace un siglo, me he encontrado con un texto del filósofo Manuel García Morente, discípulo de Giner tras haberse obtenido su licenciatura de Filosofía en la Universidad de París en 1906, y al que hemos dedicado una entrada en el diccionario online JAEeduca que un equipo de investigadores está elaborando, bajo mi coordinación. (ver aquí)

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En él el catedrático de Etica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid además de rendir culto a la personalidad de su maestro exponía, al cumplirse el segundo aniversario del fallecimiento de Giner, cómo se había constituido en Madrid la Fundación Francisco Giner de los Ríos “por antiguos colaboradores, discípulos, amigos y devotos del maestro” para publicar sus obras, clasificadas en cuatro secciones: Filosofía, Educación, Literatura y Arte y Epistolario.

Y anunciaba que en el marco de la primera sección ya se había publicado “el precioso libro Principios de Derecho Natural, sin duda el más característico de su producción jurídica, traducido hace pocos años en Alemania, libro guía de varias generaciones en nuestro país”.

Y dentro de la segunda sección acababa de aparecer el único trabajo completo inédito que había dejado D. Francisco Giner, La Universidad Española, “estudio que habrá de hacer una huella honda en nuestra vida pedagógica”, en palabras de Manuel García Morente que por aquel entonces tenía 31 años. Y añadía este filósofo: “En estos días de bruma, de negrura espiritual, viene el libro de D. Francisco como un rayo de sol a animarnos, a reconfortarnos, a afirmar nuestra confianza en tiempos mejores. Quien, con alguna intensidad sienta el dolor y el amor de nuestro patrimonio intelectual, léalo con el corazón más que con la mente. Está escrito con el corazón, a cuyo servicio fue puesta una mente esclarecida. Quien lo lea, léalo con la sinceridad secreta de un examen de conciencia. Y si en el fondo de su alma asiente siquiera al noble ideal que palpita en sus páginas, ese asentimiento será la mejor prueba del optimismo y de la fe en el espíritu patrio que abrasó siempre a D. Francisco”.

En La Universidad Española sus editores recogieron textos de  Giner en los que analizaba  “su estado actual,  las orientaciones que podían dársele y las reformas que deberían introducirse en ella”, dividiendo sus contenidos en cinco partes: 1ª) sobre reformas en nuestras universidades; 2ª) los estudios de Facultad; 3ª) inconvenientes de la aglomeración de alumnos; 4ª) en nuestras clases y 5ª la Universidad de Oviedo.

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Los editores de la revista España, tras la evocación que hiciera García Morente de la figura y de la obra de su maestro, escogieron al azar una serie de fragmentos de esa obra inédita de Giner, publicada por primera vez hace un siglo, que transcribimos ahora nuevamente, reveladores de una autoimagen de cuáles eran los problemas universitarios  hace más de cien años, que hoy en día, aunque tengan otro cariz, siguen asolando a esa institución.

La mayoría de nuestros estudiantes pertenecen a las clases medias; hace mucha vida de teatro, de café, de casino; de Ateneo, a veces; casi ninguna de campo; va a los toros; nada de juegos ni ejercicios corporales; otro tanto de viajes y excursiones; aparte los periódicos, lee poco, y esto principalmente novelas, y suele tener una proporción media de los vicios y virtudes propios de la masa masculina de nuestro pueblo. Sufre alegre, casi sin enterarse, parte por la austera sobriedad de la raza, parte por su atraso, el sucio hospedaje y mala bazofia a que los más tienen que atenerse; es político y patriota en todos los sentidos, desde el más puro y noble al pésimo

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Los exámenes (que hace poco e indirectamente han dejado, por fortuna, de ser obligatorios para los alumnos oficiales, pero que aun tardarán quizá en desaparecer por completo, sobre todo en las clases más numerosas) son anuales y por asignaturas; blandos en promedio, en unas Facultades y localidades más que en otras, y cuando son severos, no siempre por esto razonables, sino en ocasiones hasta peores, por estar muchas veces la severidad en extremar la pedantería y el carácter memorista, por un lado o la exigencia, por otro, de servil docilidad a las opiniones y creencias de los jueces.

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El libro de texto suele tener una función preponderante; tal, a veces, que excusa al alumno de asistir a la cátedra. Cuando le sustituyen los apuntes autografiados, que en estos últimos tiempos han venido a ser tan frecuentes, no suelen tener sobre aquél más ventaja que ser más caros y estar llenos de los más graciosos y estupendos disparates-si bien éstos no faltan tampoco en muchos textos impresos.

No desesperemos. Todavía media harto de nuestras pobres Universidades de hoy día a lo que eran Alcalá y Salamanca en el siglo XVIII y a principios del siglo XIX. Nuestro apartamiento de Europa y de su cultura nos hizo estancarnos, y, por estancados, decaer, viniendo a una situación a la cual era imposible pedir hombres de aquellos horizontes y aquellas energías intelectuales y morales que, en medio del desastre, fundaron la Universidad de Berlín, símbolo prefigurado de la unidad espiritual de la patria alemana y aun del Imperio. El interés público crece ya entre nosotros cada día con relación a la escuela primaria aunque ¡tan despacio!…Esperemos que, intensificándose, llegará a su vez a la Universidad. Los gobiernos, cuya acción es en esto aquí indispensable, pero tan limitada, acabarán también por participar de ese interés, con otra formalidad y otra consistencia que la descosida atención intermitente que hoy a estos asuntos –a tontas y a locas, por lo común- consagran.

El mal más grave que padece nuestra Universidad es la atonía, a la que tan grandemente contribuye –aun sin llevarse con el rigor que pretende, a veces, la inocencia de la Administración- la comprensión reglamentaria, cuyo casuismo tiende a hacer de la Universidad una oficina atomísticamente desparramada en negociados, mecánica, desespiritualizada, sin alma. A Dios gracia se pueden infringir los reglamentos ¡dónde estaríamos si se hubiesen cumplido! Asusta pensarlo. Pero esa derogación consuetudinaria, hija de la fuerza de la realidad, que va lentamente poniendo las recetas abstractas y muertas a un lado, e introduciendo por la práctica otros principios vivos, jamás alcanza a cortar todas las ramas secas y que estorban. Y, en ocasiones, no basta el manso desuso y requiere agria lucha, que gasta en rozamientos parte considerable de la energía que necesita para su obra.

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Los notables de nuestra política no son hombres de Estado, sino de Parlamento; no son gobernantes y estadistas, sino oradores; no obtienen su renombre y sus puestos por lo que hacen, sino por lo que dicen. Considérese ahora cuánto ha debido servir para alimentar este prurito de elocuencia una enseñanza vaciada en el mismo molde. De las aulas de Derecho, a las “sociedades de hablar”; de éstas, a las Cámaras, y de aquí, al Gobierno: tales son las etapas graduales que recorre en su vida el joven corto de escrúpulos, dispuesto a jugar al pro y al contra con todos los problemas.

Actualmente la Fundación Giner de los Ríos aspira a hacer una edición digital de los 21 tomos de las obras completas del principal educador habido en la España contemporánea, veinte de los cuales se editaron entre 1916 y 1936, y el último en 1965. (ver aquí) Ojalá tan loable empeño se culmine. Entretanto, gracias a la biblioteca virtual Cervantes, disponemos de una versión digital de parte de la edición que hizo en 1990 Teresa Rodríguez de Lecea para Espasa-Calpe de los Escritos sobre la universidad española de Francisco Giner de los Ríos, una antología de artículos publicados entre 1893 y 1904. (ver aquí).

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