jaeinnova

Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal


6 comentarios

Ortega y Gasset: su impulso al semanario España entre enero y noviembre de 1915

En plena barbarie de la primera guerra mundial, sobre la que se están produciendo numerosos materiales didácticos para explicar a los jóvenes de hoy en día el horror que estremeció Europa hace cien años (ver aquí), y en medio de un intenso debate en la opinión pública de aquella época sobre la neutralidad española en la gran guerra, el siempre inquieto José Ortega y Gasset (1883-1955) tomó la decisión, a principios de 1915, de impulsar la edición del semanario España, considerado el periódico político más importante de la edad de plata de la cultura española.

María Teresa López de la Vieja en el libro Política y sociedad en José Ortega y Gasset: en torno a “Vieja y nueva política” reconstruyó el contexto en el que se gestó el lanzamiento del nuevo semanario. Por ella sabemos que para su nacimiento fue decisivo el apoyo económico del poeta ateneísta Luis García Bilbao, que había conocido a Ortega en 1910 en un curso que éste había impartido sobre Descartes en la Escuela Superior de Magisterio de la calle madrileña de Montalbán, según recordara otro testigo de aquel curso como fue el historiador Ramón Carande, autor de una magnífica Galería de raros.  Tiempo después Luis García Bilbao también fue otro de los asistentes del resonante discurso que dio Ortega  en el Teatro de la Comedia de Madrid el 23 de marzo de 1914, quedando deslumbrado con su llamamiento para renovar y europeizar la sociedad española con una nueva política. Como es sabido ese discurso es considerado el acta de nacimiento de la generación del 14, como ha subrayado recientemente Santos Juliá (ver aquí).

Los objetivos de la nueva empresa periodística – que inicialmente iba a denominarse “España-1914” según evocara en 1931 Eugenio d’Ors colaborador de primera hora de la publicación con el seudónimo de “Xenius”- eran varios. Por una parte ser vehículo del programa de la Liga de Educación Política, fundada por Ortega en 1913, cuyo prospecto se puede ver aquí, estrechamente conectada en aquel momento con el Partido Reformista. Por otro lado defender la causa de la entente franco-británica, y actuar como plataforma de ataque de la izquierda liberal y algunos socialistas como Luis Araquistáin (1886-1959) al gobierno presidido por el liberal-conservador Eduardo Dato.

Eduardo Dato primer ministro en 1915

Eduardo Dato primer ministro en 1915

Los redactores iniciales de la revista eran José Ortega y Gasset, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramón Pérez de Ayala, Luis de Zulueta, Eugenio d’Ors, Gregorio Martínez Sierra y Juan Guixé. Así consta en la portada del primer número que se puede consultar en la magnífica hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. (ver aquí). El sumario de ese primer número que salió a la calle el 29 de enero de 1915 como “semanario de la vida nacional” era este:

España saluda al lector y dice….- Redacción y colaboración.- Política de la neutralidad, por José Ortega y Gasset.-El tablado de Arlequín. El milagro de la campana, por Pío Baroja.- LA GUERRA. Apuntes de un legionario. La potencia militar de los beligerantes. La neutralidad de Italia.- VIEJA POLÍTICA.- COLUMNA MILIARIA.- LA PICOTA.- LAS OBRAS Y LOS DÍAS, por “Xenius”. [glosas de Eugenio d’Ors que se pueden consultar aquí]- A una España joven, versos de A. Machado. – (para el texto ver aquí; para su lectura por Fernando Rey ver  aquí).- CARTAS IMAGINARIAS, por R. Pérez de Ayala. [recogidas por Florencio Friera Suárez: ver aquí]- CONVERSACIONES EDIFICANTES,por G. Martínez Sierra.- EL CINEMATÓGRAFO por “El Espectador” [seudónimo de Ortega quien puso esta apostilla a esa sección: Notas de un espectador a quien interesan las cosas, no por lo que son, sino por lo que pueden ser].- Banquete regio , plana en color, de Bagaria.- Un greco inédito, por Manuel B. Cossío.- LA VIDA REAL DE ESPAÑA.- Idea de un príncipe político español en 1915.- ESTE MADRID DE NUESTROS PECADOS.- VARIA.
Bagaria

Banquete regio. Plato del día: La paloma de la paz por Bagaria

 

Fue 1915 para Ortega un año de intenso activismo político pues, como reflexionaría en  1916 al presentar El Espectador, “la vida española nos obliga, queramos o no, a la acción política”. Pero también de incansable actividad docente y divulgadora de sus ideas filosóficas, y de proximidad a diversos organismos de la JAE, como la Residencia de Estudiantes y el Centro de Estudios Históricos, de lo que dejó huella en las páginas de España, como tendré ocasión de mostrar en próximas entradas de esta bitácora.

Así en abril de ese año participó en el ciclo de conferencias “Guía espiritual de España” organizado por la sección de Literatura del Ateneo de Madrid. Presentó entonces “Temas del Escorial” que daría lugar a “Meditación del Escorial” uno de los ensayos de El Espectador. Luego en junio dictó en la Residencia de Estudiantes la conferencia “Muerte y resurrección”, en la que se hizo eco de la obra de Pío Baroja. Parte de su contenido lo publicará un año después en el ensayo Ideas sobre Pío Baroja. Y pasado el verano, en octubre, inició el curso “Sistema de Psicología”en el Centro de Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios Históricos, editado mucho tiempo después por Paulino Garagorri y analizado por Javier Echegoyen Olleta. (ver aquí.).

En noviembre de 1915 presentó su dimisión como director de España por diversas circunstancias. Se distanció del Partido Reformista tras criticar a su líder Melquíades Alvarez, y haber polemizado al respecto en las páginas de España con Luis de Zulueta.

Luis de Zulueta, en el Partido Reformista en 1915 polemiza con Ortega en las páginas de España

Luis de Zulueta, en el Partido Reformista en 1915 polemiza con Ortega en las páginas de España

Y también influyó la oposición de Ortega a la agresiva aliadofilia de Luis Araquistáin que, al incorporarse al consejo de redacción, propuso insertar fotograbados de la guerra en todos los números, e informes exhaustivos de las campañas militares y buscar apoyo económico de la embajada británica para sostener la publicación que, a finales de 1915, tenía ya dificultades económicas, según mostró en su momento  Enrique Montero.

Ante esas dificultades Ortega preparó su nueva iniciativa cultural de El Espectador.  Y le sustituyó en la dirección de España, primero de manera interina, el editor José Ruiz Castillo y luego, de manera definitiva, el periodista, ideólogo y político socialista Luis Araquistáin.

Luis Araquistáin sustituyó a José Ortega y Gasset en la dirección del semanario España a partir de noviembre de 1915

Luis Araquistáin sustituyó a José Ortega y Gasset en la dirección del semanario España a principios de 1916

A lo largo de 1915 casi toda la producción periodística de Ortega se plasmó en el semanario España, como destacara José Lasaga en el catálogo de la exposición El Madrid de Ortega, que tuvo lugar en el año 2006. Esos trabajos se han recogido en gran parte en el tomo primer de sus obras completas, editadas a partir de 2004 por Taurus.

Los artículos publicados por Ortega en España durante 1915 comentaban la actualidad política como las series que escribió sobre “Política de la neutralidad”, “Ideas políticas” o “Libertad, divino tesoro”. Pero también abundaron los de contenido cultural y filosófico, entreverados de observaciones científicas como las semblanzas de los filósofos “Enrique Bergson” o “Hermann Cohen” que no firmó; las observaciones sobre El Cinematógrafo que firmó con el seudónimo de “El Espectador”, y sus ensayos “La voluntad del Barroco” o “Notas de andar y ver”, sobre las que fijaré mi atención en el siguiente post.

Pd.: Mientras redactaba esta entrada leo en El País en la sección Cartas del lector un texto de Javier Cercas (ver aquí) en el que denuncia “el grado alarmante de confusión mental” del artículo publicado el 29 de diciembre de 2014 en el mismo diario por Benito Arruñada y Víctor Lapuente (ver aquí) y pide que se lea a Ortega en serio. Así lo ha hecho recientemente Jordi Gracia, autor de un ensayo biográfico, considerado uno de los libros más importantes publicados en 2014. (ver aquí, y aquí, )

650_TA09505.jpg

También conviene recordar que en 1982 se efectuó una edición  facsímil del semanario España. Esa edición contó con un prólogo de Salvador de Madariaga, un estudio preliminar a cargo de Manuel Tuñón de Lara y Enrique Montero, -al que aludí líneas arriba- e índices cronológico y onomástico.


3 comentarios

Aprendiendo geografia de Europa a través de textos literarios en la Barcelona de 1936

Uno de los alumnos que cursaba sus estudios en el Institut-Escola “Pi i Margall” de Barcelona en el curso 1935-1936,  al que dedicamos nuestro post anterior,  se llamaba Vicenç Biete i Farré. Tenía por aquel entonces ese joven estudiante unos quince años, pues había nacido en 1921, en el mismo año que mi padre. En una entrevista que le hicieron en su domicilio particular en junio de 1997 explicó a Joan Tort i Donada y Pere Tobaruela que los responsables de esa institución educativa  intentaron formar a los estudiantes como personas de una manera integral. Los profesores convivían todo el día con los alumnos, quienes en lugar de tener exámenes eran observados y evaluados continuamente. Se animaba a los alumnos a que continuamente se preguntasen por el porqué de las cosas. De ahí que esa experiencia suya de bachiller representase para Vicenç Biete un punto de inflexión en su manera de afrontar la realidad. El bagaje intelectual recibido en esas aulas le acompañaría a él y a otros compañeros durante el resto de su vida.

Pero ese prometedor bachillerato iniciado durante la Segunda República acabaría mal pues la guerra civil lo interrumpió violentamente. De la placidez del curso 1935-1936, a la que intentamos aproximarnos en nuestro post anterior, Vicenç Biete transitó bruscamente a la tragedia de la guerra. Un hermano suyo moriría en la batalla del Ebro durante 1938, y él, adolescente, sería movilizado en el frente del Segre que se estableció así en ese año.

batalla del Segre

De allí Vicenç Biete iría a un campo de concentración. En la posguerra tuvo que abandonar los estudios dedicándose primero a labores comerciales y luego ya en la década de 1950 al mundo de la impresión, donde pudo desarrollar sus dotes creativas.

Con el paso de los años Viçenc Biete llevó a cabo una interesante obra como geógrafo desde el Centre Excursionista de Catalunya, cuyo importante archivo fotográfico se puede consultar en línea en el importante repositorio cooperativo Memoria Digital de Catalunya (MDC).  Entre 1982 y 1991 fue presidente de la Societat Catalana de Geografia.

Lo que queremos destacar aquí es que esa afición por la geografía ya la manifestó Viçenc Biete en su bachillerato truncado del Institut-Escola “Pi i Margall” de Barcelona. En efecto el artículo de fondo del número 7 y último del “Butlletí de la Biblioteca dels alumnes de l’Institut-Escola ‘Pi i Margall'” titulado Estampes d’Europa se ilustraba con un dibujo, un tanto naïf, del continente europeo de Vicenç Biete.

Dibujo de Vicente Biete

El mapa acompañaba a un recorrido literario por  lugares representativos y emblemáticos de Europa. Por aquellos años literatura y geografía estaban estrechamente relacionadas y vuelven a darse la mano actualmente como se aprecia en la novela “El mapa y el territorio” de Michel Houellebecq, según ha mostrado Josep Vicent Boira en un valioso artículo.

Ya Azorín había publicado en 1917 en la editorial Renacimiento El paisaje de España visto por los españoles.Con ese libro en sus manos los lectores recorrían diversos escenarios peninsulares e insulares guiados por selectos textos. El Bierzo con Gil y Carrasco. Galicia en compañía de Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Ramón Mª del Valle- Inclán. Vasconia, cómo no, con la pluma de Pío Baroja. Asturias con Clarín y Castilla con Galdós. Murcia con José Marín Baldo. Alicante con Emilio Castelar. Y Córdoba con la guía de Juan Valera. Sevilla con varios autores, entre ellos Cervantes. Granada nuevamente con Castelar. Cataluña con Pablo Piferrer. Aragón con Gustavo Adolfo Bécquer. Valencia con Vicente Blasco Ibáñez. Mallorca con Rubén Darío y Miguel S. Oliver. La significación  de esta obra ha sido analizada en un interesante texto por el catedrático de Geografía Humana de la Universidad Autónoma de Madrid Nicolás Ortega Cantero.

Casi veinte años después los alumnos del Institut-Escola “Pi i Margall” se desplazaron por Europa familiarizándose con sus paisajes y gentes en compañía de otros escritores, que leyeron indistintamente en catalán y en castellano.

Portada Boletin alumnos IE Pi y Margall

Iniciaron su paseo geográfico precisamente con un párrafo de Barcelona i el mar del gran escritor y periodista de origen mallorquín Miquel dels Sants Oliver,  cuyo padre había fundado el diario La Almudaina en el que había colaborado el profesor de geografía e historia Rafael Ballester, según vimos en otras entradas de este blog.

Luego se fueron a campos portugueses de la mano de A cidades e as serras, una de las obras más representativas del gran novelista Eça de Queiroz. De allí se trasladaron al País Vasco con Les presons imaginàries de Pere Coromines, -padre del gran filólogo Joan Coromines-, y continuaron por  tierras de Francia con el ensayo Hores viatgeres de 1926 del periodista Agustí Calvet o Gaziel, costas de Bretaña con Le chant de l’équipage de 1918 de Pierre Mac Orlan, tierras de Provenza con Camins de França de 1934 del escritor y político de Esquerra Republicana de Catalunya Joan Puig i Ferrater, y la catedral de Estrasburgo con Strasbourg del poeta católico francés Paul Claudel. Siguieron luego rumbo a las pequeñas ciudades belgas de la mano de Festa d’hivern del poeta de origen flamenco Emile Verhaeren, y a Flandes y Amsterdam con sendos extractos de Relacions de 1927 del agudo observador social Josep Pla, uno de los mejores escritores en lengua catalana.

Después viajaron imaginariamente de París a Londres con Fermé la nuit de 1923 del escritor francés Paul Morand. A Inglaterra se aproximaron con el libro de 1931 del alemán, nacionalizado suizo, Emil LudwigLebensgeschenke . Observaron Londres con textos de Arceval y los ingleses de 1925  de Salvador de Madariaga, y Londres de Paul Morand, y el norte de Inglaterra con otro párrafo de Relacions de Josep Pla. Saltaron nuevamente al continente y se fueron a Dinamarca en compañía del libro de viajes La conquista del horizonte  de 1932 de Wenceslao Fernández Flórez, a Noruega con I went to Russia del escritor irlandés Liam O’Flaherty, -reseñado en el diario La Vanguardia de Barcelona el 12 de marzo de 1932–  y a Letonia con un párrafo de Rússia de Josep Pla, resultado de su viaje a la Unión Soviética en 1925 por encargo del diario barcelonés La Publicitat.

Arceval y los ingleses - Salvador de Madariaga

Se internaron luego en Leningrado con otro texto de I went to Russia del irlandés, ya mencionado, Liam O’Flaherty; en la estepa rusa en compañía del periodista y político socialista Julio Alvarez del Vayo, autor de La nueva Rusia; y fueron a Moscú, “la capital roja”, con otro párrafo de I went to Russia de Liam O’Flaherty.

Se encaminaron a continuación hacia Lübeck, ya en tierras alemanas, con un poema de Paisatge de Josep M. de Sagarra, y navegaron por el Rin con un fragmento de la monumental novela Jean-Christophe que abriría las puertas del Nobel de Literatura de 1915 al francés  Romain Rolland. Luego se dirigieron a las montañas suizas en compañía de Zaubeberg o La montaña mágica de 1924 del alemán Thomas Mann -premio Nobel de Literatura en 1929- y a las llanuras húngaras con Llanterna mágica, publicada en 1926, de Josep Pla, cuya obra se sigue editando y analizando.

Josep Pla Llanterna mágica

Entraron en Italia con un texto publicado en 1935 de Dels meus records del pintor Josep de Togores, pasearon por las tiendas napolitanas con la novela La mujer de ámbar de Ramón Gómez de la Serna, publicada en 1928, y navegaron por el litoral siciliano en compañía de El pont de la mar blava publicada en 1928 por el destacado intelectual y político republicano y catalanista Lluís Nicolau d’Olwer.

Se introdujeron luego en el mundo balcánico de la mano de un texto de Europa del aristócrata alemán Eduard von Keiserling.  Se aproximaron a la Valaquia danubiana gracias a Les chardons du Baragan, publicada en 1928, del escritor rumano Panaït Istrati. Visitaron Constantinopla con Incidences que el escritor francés André Gide publicó en 1924. Y terminaron ese tour en Esmirna, lugar donde “Europa y Asia se encuentran” según expresara en Two years el irlandés Liam O’Flahertyguía por esas tierras de los escolares barceloneses que elaboraron el último boletín de la biblioteca del “Institut-Escola Pi i Margall” en el año 1936, de tan hondas resonancias en la historia de España.

Para finalizar esta entrada finalizo con dos de las estampas más breves, seleccionadas por los alumnos de ese Instituto-Escuela para internarse por el continente europeo, escritas por dos periodistas viajeros.

La primera corresponde al catalán Josep Pla. En Rússia describe así el paisaje de Letonia:

“A mesura que el tren va penetrant Letònia endins i s’obren, com un ventall, davant la via les ales del paisatge, la terra es va tornant cada vegada més desolada. Darrera la finistra del vagó, sota una pluja que sembla que dura de tota la vida, s’allarga un paisatge lacustre, despoblat, amb un perfil d’ondulacions queixelades amb mates baixes i algun arbre esquiu i raquític, sobre un cel esblaimat”.

La segunda al madrileño Julio Alvarez del Vayo quien, en su libro La nueva Rusia de 1926,  evocó así su paso por la estepa rusa:

“Se había obscurecido de pronto el horizonte, y los nubarrones negros iban cerniéndose sobre nosotros cada vez más próximos. Por toda la estepa soplaba fuerte aire de tormenta. Los caballos de las troikas que encontrábamos en el camino se encabritaban a cada relámpago, emprendiendo con las crines alborotadas una carrera loca por los campos sedientos de lluvia. Sobre toda la región del Volga pesaba desde hacía semanas la amenaza de una nueva sequía y el recuerdo terrible de la que provocara en 1921 la catástrofe del hambre”.