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Cuaderno de investigación de Leoncio López-Ocón sobre las reformas educativas y científicas de la era de Cajal. ISSN: 2531-1263


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Economistas, matemáticos y juristas de la mano en noviembre de 1935.

Durante su gestión al frente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, entre el 16 de diciembre de 1931 y el 12 de junio de 1933, el socialista Fernando de los Ríos puso particular empeño en fomentar los estudios e investigaciones relacionados con las ciencias sociales planteando que las facultades de Derecho se abriesen a nuevas disciplinas científicas como la economía y la sociología.

Como una derivación de esas preocupaciones cabe considerar la organización por parte de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de unos cursos especiales de Estudios Económicos, Políticos y Administrativos. Su primera edición tuvo lugar en noviembre de 1932 como destacara José María Puyol Montero en su libro Enseñar derecho en la república. La facultad de Madrid (1931-1939).

Ahora fijaré la atención en el último de esos cursos, el que tuvo lugar a lo largo de noviembre de 1935, inaugurado por el efímero ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Luis Bardají (1880-1942), del partido republicano radical, al que acompañaba el decano de la Facultad Adolfo G. Posada. Por esa época Fernando de los Ríos, como presidente del Ateneo, estaba concentrado en la organización de una serie de actos académicos para conmemorar el centenario de esa institución tan importante en la historia de la democracia española. Y Madrid era un hervidero científico y cultural no obstante el dificil contexto político derivado de la persistencia de las secuelas de la revolución de octubre de 1934 protagonizada por una fracción del PSOE e independentistas catalanes.

Expongo a continuación  el programa de esos cursos, tanto en lo concerniente a los estudios económicos como a las correspondientes a los estudios políticos y administrativos.  Un repaso a los profesores que los impartieron permite constatar el peso relevante adquirido en el sistema académico republicano por antiguos y recientes pensionados de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.

Así los cursos de Estudios Económicos, previstos inicialmente -pues algunos de ellos al decir de José María Puyol no llegaron a celebrarse, fueron los siguientes:

Luis Olariaga Pujana

Luis Olariaga Pujana

“Política monetaria” por Luis Olariaga (1885-1976), a impartir el viernes 8 de noviembre de 4 a 5. Olariaga, tras haber sido pensionado por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) para hacer estudios de Economía Política en Berlín, obtuvo en 1917 la cátedra de Política Social y Legislación Comparada del Trabajo. Cuando a finales de ese año se fundó El Sol se hizo cargo de la Hoja semanal dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas que publicaba ese diario todos los miércoles, como ya apunté en otra entrada de esta bitácora que publiqué el 28 de febrero de 2018 (ver aquí). Durante la dictadura de Primo de Rivera colaboró con ese régimen. Poco tiempo después de impartir el curso que estoy presentando y  tras iniciarse la guerra civil Olariaga huyó del Madrid republicano y pasó a la zona rebelde donde ejerció de director del Comité Central de la Banca Española. Tiempo después fue designado catedrático de Economía Política de la Facultad de Derecho.

Enrique Rodriguez Mata

Enrique Rodríguez Mata

“Dinero y Bancos” por Enrique Rodríguez Mata  (1890-1975), el viernes 8 de noviembre de 5 a 6. Rodríguez Mata también había sido pensionado por la JAE para formarse en Alemania entre 1912 y 1914. Catedrático de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Salamanca en 1923 pasó en 1930 a la de Zaragoza por permuta de la cátedra con Gabriel Franco, del que sería subsecretario cuando este ocupó el ministerio de Hacienda entre febrero y mayo de 1936. Militante de Acción Republicana e Izquierda Republicana, los partidos liderados por Manuel Azaña,  Rodríguez Mata previamente a su participación en ese curso del otoño de 1935 fue gobernador del Banco de Crédito Local de España en mayo de 1932. Posteriormente sería consejero de Campsa, de marzo a junio de 1936, y del Banco de España en junio de 1936. Exiliado en Francia durante un tiempo regresaría a España reincorporándose a su cátedra en 1960 tras ser depurado.

Jose Castañeda Chornet

Jose Castañeda Chornet

“Economía de la empresa privada” por sr. Castañeda, el sábado 9 de noviembre de 4 a 5. Este sr. Castañeda era José Castañeda Chornet (1900-1987) quien tras haber finalizado sus estudios de ingeniería industrial en 1925 fue pensionado para estudiar en Francia la aplicación del factor humano en la industria. A su regreso ingresó en el Cuerpo de Ingenieros Industriales al servicio de Hacienda siendo trasladado en 1931 al Tribunal Económico-Administrativo Central. Cuando participó en el ciclo que estoy evocando cursaba sus estudios de doctorado en Derecho que finalizó en 1936 y era profesor ayudante de Economía Política en la cátedra de Antonio Flores de Lemus y de Economía de la Empresa, asignatura que en ese curso de 1935-1936 se impartía por primera vez en la Universidad española. Depurao tras la  guerrra civil al haber sido comandante del ejército republicano fue posteriormente rehabilitado obteniendo en 1945 la cátedra de Teoría Económica de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. Durante la era de Franco llevaría a cabo una importante labor docente hasta su jubilación en 1970 considerándose que en las décadas de 1950 y 1960 fue el principal introductor y difusor en España del análisis microeconómico moderno. En 1950 se doctoró en Ciencias Económicas y en 1960 en Ingeniería Industrial. Según consta en el archivo de la JAE el 5 de febrero de 1935 solicitó una pensión a la JAE para completar su formación como economista en la Universidad de Viena durante un año, donde pensaba asistir a los cursos, entre otros, de Ludwig von Mises.

“Haciendas locales” por Manuel Díaz Pedregal, el sábado 9 de noviembre de 7 a 8. Este conferenciante probablemente era hijo de José Manuel Díaz Pedregal Sánchez-Calvo y nieto de Manuel Díaz Pedregal Cañedo, muy vinculados a la Institución Libre de Enseñanza.

“Política ferroviaria” por Federico Reparaz, el lunes 11  de 6 a 7. Federico Reparaz Linazasoro (1899-1979), hijo del periodista y dramaturgo Federico Reparaz Chamorro, era un ingeniero industrial, profesor de Economía en la Escuela de Ingenieros Industriales desde 1931 y vinculado a la poderosa compañía ferroviaria del Norte,de la que era al iniciarse la guerra civil secretario del Consejo de Administración.  Durante los años republicanos fue autor de una decena de artículos sobre obras públicas y transportes terrestres en la Revista de Obras Públicas. En 1942 fundaría la empresa SEMAT

“Matemáticas aplicadas a la economía” por José Barinaga, el martes 12 de 4 a 5. Como ya apunté en una entrada anterior el catedrático de la Facultad de Ciencias José Barinaga (1890-1965) fue uno de los matemáticos más activos en el Madrid republicano. Remito pues  a la información ofrecida en ella. Ver aqui.

“Política comercial” por Jesús Prados Arrarte (1909-1983), el martes 12 de 5 a 6. Este joven economista tuvo una carrera académica meteórica en los años republicanos. Si el 2 de octubre de 1931 fue nombrado Ayudante de clases prácticas de Economía política el 4 de abril de 1936 una orden le nombró, tras haber ganado la correspondiente oposición, catedrático numerario de Economía política y Hacienda pública de la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. Entre 1932 y 1934 vivió durante largos meses en Alemania y en Inglaterra, pensionado por la Universidad Central y por la JAE. En Berlín siguió cursos, entre otros, con Sombart, y en Londres estudió en la prestigiosa The London School of Economics and Political Science, según consta en su amplio expediente que se conserva en el archivo de la JAE. En él hay una amplia correspondencia con Gonzalo Jiménez de la Espada, el funcionario de la secretaría de esa institución que hizo el seguimiento de su beca. Iniciada la guerra civil se incorporó al ejército republicano. En 1937 formaba parte del Estado mayor de la 45 división. Su dominio de diversas lenguas le permitió después ganarse la vida en diversos momentos de los quince años de su exilio latinoamericano, transcurrido en Argentina y Chile donde fue funcionario de la CEPAL, organismo de Naciones Unidas, tal y como evocara en una entrevista que le hiciera la periodista Rosa María Pereda en el diario El País el 28 de noviembre de 1981 (ver aquí). Esa conversación se llevó a cabo días después  de haber sido nombrado académico de la Lengua. A mediados de la década de 1950 se acogió a una amnistía del régimen franquista y regresó a España donde se reincorporó a su sistema académico pero volvió a exiliarse durante dos años al haber participado en la reunión que la oposición antifranquista organizó en Munich en 1962.

Gabriel Franco y Lopez

Gabriel Franco y López

“Política económica, agraria e industrial” por Gabriel Franco (1897-1972), el martes 12 de 6 a 7. Este conferenciante había mantenido una relación con la JAE entre 1919 y 1924. A finales de 1919 obtuvo la consideración de pensionado para ampliar durante un año estudios de Economía Política y Hacienda en Alemania. Luego, del 11 de noviembre de 1920 al 10 de agosto de 1921 disfrutó de una pensión de la JAE para continuar los mencionados estudios, presentando a su regreso a Madrid una memoria sobre “Ciencia y política económica”. En 1924 la JAE le volvió a otorgar la consideración de pensionado para estudiar durante seis meses en Alemania y Bélgica asuntos relacionados con la reforma agraria. A partir de septiembre de 1928 fue catedrático de Economía Política y Elementos de Hacienda Pública, primero de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza y desde febrero de 1930 de la de Salamanca. Entre 1931 y 1933 fue diputado de Acción Republicana, el partido liderado por Manuel Azaña, por la circunscripción de León. En ese bienio también fue gobernador del Banco Exterior de España, consejero del Estado en el Consejo del Banco de España, delegado de España en la Conferencia del Desarme, celebrada en Ginebra el 2 de febrero de 1932, miembro de la delegación española que participó en la Conferencia Económica de Londres celebrada en 1933. Posteriormente, en las elecciones de febrero de 1936, volvería al Congreso de Diputados, también representando a León, dentro de las filas de Izquierda Republicana. Días después fue nombrado ministro de Hacienda por Manuel Azaña, ocupando ese cargo entre el 19 de febrero y el 13 de mayo de 1936. Su exilio lo vivió entre Francia, México  y Puerto Rico. Regresó a España en 1967 sin conseguir ser repuesto en el cuerpo de catedráticos de universidad.

“Conceptos fundamentales de la economía” por Julio Tejero (1908-1992), el miércoles 13 de 5 a 6. Este conferenciante era desde febrero de 1930 profesor ayudante de la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Meses despues de la conferencia que impartió el 13 de noviembre de 1935 obtuvo la cátedra de Economía Política y Hacienda Pública de la Universidad de Murcia, de la que tomó posesión el 12 de mayo de 1936, permutándola semanas despues, tras un acuerdo con Gabriel Franco, por la de Salamanca, de la que tomó posesión el 1 de julio de 1936. En su proceso de depuración tuvo dificultades pero conservó su cátedra salmantina hasta 1954 en que pidió la excedencia voluntaria. Fue uno de los cinco catedráticos que no firmó en un claustro, compuesto por 36 integrantes, celebrado el 9 de junio de 1948 la concesión del doctorado honoris causa a Francisco Franco. (ver aquí)jefe de estudios de bancos. A partir de 1954 se vinculó primero al Banco Urquijo y luego al Banco Hispano-Americano  de los que fue responsable de sus secciones de investigación económica. Su vinculación con la JAE se limitó a que en el año de 1931 fue becado para asistir al curso de verano de la Escuela de Estudios Internacionales de Ginebra.

Ramon Carande

“Historia económica” por Ramón Carande (1887-1986) el jueves 14 de 4 a 5. Este economista e historiador tenía una larga relación con la JAE. Entre 1911 y 1912, poco después de haber finalizado su licenciatura de Derecho, estuvo un año en Alemania con una pensión de la JAE, asistiendo a cursos de Economía y Filosofía en las universidades de Munich y Berlín. Años después, en 1922, y ya siendo catedrático de Economía Política y Hacienda Pública de la Universidad de Sevilla decidió pasar una nueva temporada en Alemania, con la consideración de pensionado de la JAE pagándose él los gastos de ese desplazamiento y estancia que duró un año. Se dedicó entonces a formarse como historiador siguiendo los cursos que daban en Friburgo Von Below y Finke. A su regreso fue uno de los impulsores del Anuario de Historia del Derecho Español, la revista del Centro de Estudios Históricos que fundó en 1924 Claudio Sánchez Albornoz. En ella publicó en ese año de 1925 su influyente artículo “Sevilla, fortaleza y mercado”. Al año siguiente la JAE le abonaría 882 pesetas por la traducción de las 294 páginas del segundo volumen de la obra Historia de las instituciones sociales y políticas de España y Portugal durante los siglos V al XIV de Ernesto Mayer, publicada por el Centro de Estudios Históricos.

Valentin Andres Alvarez

Valentin Andres Alvarez

“Economía matemática y estadística” por Valentín Andrés Alvarez (1891-1982), el viernes 15 de 6 a 7. Considerado el “genio polifacético y oculto de la generación de 1927” (ver aquí) este singular personaje obtuvo en 1912 una doble licenciatura en Farmacia y Ciencias físico-matemáticas. En el diccionario biográfico de la Academia de la Historia se dice que en 1919 fue pensionado de la JAE en Francia, pero en el archivo de esa institución no se conserva su expediente. Al regreso de París donde hizo estudios de Astronomía decidió convertirse en economista para lo que tuvo que obtener su tercera licenciatura en Derecho. Tras publicar diversas obras literarias como las novelas Sentimental Dancing (1924) y Telarañas en el cielo (1925) con contenidos autobiográficos inició en 1927 su carrera docente de economista como ayudante de Flores de Lemus en la Universidad Central. Políticamente estuvo cerca del liberalismo democrático de Melquíades Alvarez. Tras doctorarse en 1941 con su tesis Valoraciones del comercio exterior de España obtuvo al año siguiente la cátedra de Economía Política de la Universidad de Oviedo y en 1945 la cátedra de Teoría Económica de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad de Madrid.

“Conceptos fundamentales de la economía”, señor Bloch, sábado 23 de 5 a 6. No he podido averiguar quién fue este conferenciate.

 


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Una salutación de Ignacio Bolívar en el inicio del VI Congreso Internacional de Entomología

A finales del verano de 1935 la situación de la República española era paradójica. Como consecuencia de los graves acontecimientos que se habían sucedido en octubre de 1934 -sublevación obrera en varios puntos del país, particularmente intensa en Asturias que se saldó con una violenta represión, y conato independentista en Cataluña- estaban suspendidas las garantías constitucionales, el país se encontraba en estado de alarma y no existía libertad de opinión. Pero la efervescencia científica y cultural era notoria, de lo que hay abundantes testimonios en la prensa de aquellos días.

Así en la mañana del viernes 6 de septiembre de ese año se inauguró en la Residencia de Estudiantes de Madrid, con la presencia del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el VI Congreso Internacional de Entomología, al que estamos dedicando varias entradas en esta bitácora. 

Los diarios vespertinos de esa jornada, Heraldo de Madrid La Voz, dieron cobertura al acontecimiento que congregaría en la capital española por varios días a los más destacados entomólogos del mundo.

 

Congreso Alvarez Sierra Cajal

Congreso Residencia estudiantes

Pero fue el periódico matutino El Sol el que ofreció ese viernes su primera página para dar cabida al presidente del comité organizador, Ignacio Bolívar. Este naturalista “benemérito” -tal y como lo calificara días después Miguel de Unamuno en un artículo que publicara en el diario Ahora como señalé en la entrada anterior de esta bitácora– se encontraba entonces en la cúspide de su influencia política y social como director del Museo Nacional de Ciencias Naturales y presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Y “con su fresca y a la vez antigua vejez”, al decir de Unamuno, en el culmen de su carrera científica que había iniciado más de medio siglo atrás, desde que se constituyó la Sociedad Española de Historia Natural en 1871. 

Portada El Sol

En su artículo “España, paraíso de los naturalistas” explicaba a los variopintos lectores de ese periódico, pertenecientes en su mayor parte a los sectores cultos del país, por qué Madrid había sido elegida sede de esa importante reunión científica. Mostraba además la importancia de las investigaciones de los entomólogos más punteros del mundo para esclarecer problemas vitales relevantes como la herencia, la determinación del sexo y la reproducción asexual, y su convicción de la importancia de los artrópodos, de los que se estimaba más de un millón de especies para esclarecer relevantes problemas biológicos. Informó finalmente que el hecho de que España fuese considerada como un “paraíso” para los naturalistas explicaba el éxito de la convocatoria del comité organizador de ese congreso, en el que desempeñó un papel relevante su hijo Cándido Bolívar Pieltain. 

Dado su interés me permito reproducirlo tal cual.

 

Ignacio Bolivar hacia 1935

 

España, paraíso de los naturalistas por el profesor Ignacio Bolívar

La vasta extensión que ha tomado el estudio de la Entomología ha obligado a segregar casi por completo de los Congresos zoológicos los asuntos relacionados con aquella ciencia y a celebrar reuniones exclusivamente dedicadas a ella, siendo ésta la razón de los Congresos entomológicos; de los que ha comenzado a efectuarse en Madrid, es el sexto de la serie de los que vienen celebrándose cada tres años desde que se verificó en Bruselas la primera de estas reuniones, a la que sucedieron las de Oxford, Ithaca, Budapest y París. En esta última reunión, celebrada en 1932, coincidiendo con el primer centenario de la Sociedad Entomológica de Francia, se tomó por aclamación el acuerdo de que el VI Congreso se verificara en Madrid, desechando proposiciones muy ventajosas de otros países ante el deseo de conocer los progresos del nuestro en esta ciencia, acreditados ya por numerosos escritos y publicaciones, bien conocidos y reputados en el Extranjero, que han valido a los entomólogos españoles puesto y consideraciones honoríficas en las anteriores reuniones.

El conocimiento del insecto como entidad zoológica, de por sí interesante y fecundo para las ciencias naturales, ha centuplicado su importancia por haber suministrado a la Biología general y a la Biología aplicada datos importantísimos que han contribuido por modo extraordinario a su progreso y desarrollo. Cada vez son mayores las aportaciones del estudio de los insectos a aquellas ciencias, pues los biólogos más eminentes han hallado en estos pequeños seres un material precioso e insustituible para sus ensayos y experimentos sobre las cuestiones más abstrusas de los problemas vitales, como la herencia, la determinación del sexo, la reproducción asexual, etc. etc. ¿Dónde encontrar un agente como la diminuta mosca llamada “Drosophila”, que a la extrema facilidad con que puede cultivarse reúne la asombrosa fecundidad de producir hasta 25 generaciones al año, lo que en veinte años da un equivalente de 125 siglos de la vida humana, o como la “Phytodecta”, que viene estudiándose en los laboratorios de nuestro Museo, que ofrece un número de variedades cuya combinación y transmisión da tanta luz sobre ciertas modalidades de la herencia mendeliana relacionadas con los cromosomas sexuales? ¿Dónde hallar un conjunto tan considerable de formas y una tan diversa gradación que sean más apropiados para el estudio de las relaciones del medio con el ser vivo y en el que su influencia en la evolución de las especies sea más patente y más instructiva?

Los trabajos de la escuela de Morgan sobre el primero de los insectos citados, como tantos otros de diversos autores, sobre insectos y crustáceos muy diversos, aparte de su interés teórico, han contribuido enormemente a que veamos hoy completamente dilucidados problemas zootécnicos que parecían oscurísimos. Gracias a las experiencias de H.J. Muller, de R. Goldschmidt y de otros eminentes sabios, se han manifestado caminos francos para las investigaciones sobre el transformismo experimental y se ha demostrado la influencia considerable que ciertas radiaciones pueden ejercer en las mutaciones germinales; Pictet ha señalado que variando las condiciones de cría de ciertas especies de lepidópteros como la “lasiocampa” de la encina, se producen variaciones somáticas análogas a las hereditarias en especies de repartición geográfica conocida; hechos, como se puede comprender, de extraordinaria importancia para el conocimiento de la evolución de las especies; en suma, se ha demostrado que no existe ningún material más a propósito para el estudio de los trascendentales problemas de la Biología como el que ofrece la Entomología en su más amplia concepción, abarcando el estudio total de los artrópodos, en los que están incluidos los crustáceos y también los arácnidos, que de sus precursores, los merostomas, seres de formas extrañas y como de ensueño, han heredado lo que tienen de poco atrayente y aun repulsivo.

En verdad, como dice Marchal, no les ha faltado tiempo a los artrópodos para realizar tan asombrosa producción de formas y diversificación de especies, pues que existiendo desde los tiempos geológicos más antiguos los factores evolutivos, han podido alcanzar todo su desarrollo y ejercer su acción sobre los seres vivos que pudieron creerse formados de una materia plástica, de tal modo obedecen a las influencias externas sin embargo de estar, por lo común, protegidos por cubiertas quitinosas bastante resistentes; tal es su acomodación a la vida libre, ya se efectúe en un medio seco o, por el contrario, en el agua dulce o salada, o en el interior de sustancias inorgánicas o de las orgánicas más diversas. Así vemos que el número de especies hoy conocidas se aproxima a un millón, aun descontando las que han sido descritas como nuevas varias veces, pues las hay con más títulos en su nomenclatura que los que pueden ostentar la más linajuda casa de la más rancia nobleza.

Hoy supera, como se ve, el número de especies conocidas a todas las de los restantes grupos zoológicos. Calcúlese si entre tantas formas diversas no se han de mostrar ejemplos y material de estudio para las investigaciones biológicas; esto explica la extraordinaria importancia que se reconoce hoy a la Entomología.

El Congreso de Madrid ha logrado despertar la atención de gran número de naturalistas de todos los países; los Gobiernos de muchas naciones, así como las Academias, Universidades, sociedades científicas, etc., han enviado Delegaciones, algunas extraordinariamente notables por el número y mérito de sus componentes, según puede verse en los programas publicados por el Comité del Congreso. España siempre fue considerada como el paraíso de los naturalistas, y en esta ocasión justifica esta idea el interés con que han acudido entomólogos de los más remotos países. Esperemos el resultado de los trabajos y deliberaciones del Congreso de Madrid, no dudando de que ha de corresponder a aquel renombre tan justificado y a la asistencia de tan ilustres naturalistas, venidos a nuestro país para dar cuenta de sus últimas y más importantes deliberaciones.


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Rey Pastor hace un balance de la situación científica española y argentina en vísperas de la guerra civil

Julio Rey Pastor sello

 

En las primeras semanas de 1936 el matemático riojano Julio Rey Pastor (1888-1962) -uno de los líderes científicos de la generación de 1914-, quien desde 1921 tenía su base de operaciones en Buenos Aires, viajó a Italia para impartir conferencias en las universidades de Génova, donde fue presentado por Gino Loria (1862-1954) y de Padua y en el Instituto Matemático de la Ciudad Universitaria de Roma, que dirigía el profesor Gaetano Scorza (1876-1939).

De regreso a Sudamérica recaló en Madrid, donde tenía fuertes vínculos y numerosos discípulos. Uno de ellos era un joven matemático, al que ya hemos seguido en esta bitácora (ver aquí), que era en los meses previos al estallido de la guerra civil un asiduo colaborador del diario El Sol. Me refiero a José Gallego Díaz, padre de la actual directora del diario El País Soledad Gallego-Díaz, el cual decidió entrevistar a su maestro. Ese diálogo, publicado en las páginas de El Sol del sábado 11 de abril de 1936, pocos días después de la destitución del Jefe del Estado Niceto Alcalá-Zamora por el Parlamento surgido de las elecciones del 16 de febrero de 1936, nos ofrece información de interés sobre lo que opinaba un relevante científico, como era Julio Rey Pastor, de la situación de la ciencia que se hacía en España y la Argentina por aquella época.

Dado el interés documental de esta entrevista me permito transcribirla tal cual.

P. ¿En cuál parcela de las disciplinas científicas cree usted que el espíritu español ha marcado más honda huella en lo que va de siglo?

R. En las ciencias que pueden llamarse “geográficas”; esto es, en el estudio de nuestro solar, de nuestra historia, de nuestra raza. Nuestros naturalistas, primero, nuestros filólogos, después, nos han librado de la vergïenza de que los investigadores extranjeros tuvieran que descubrirnos y administrarnos nuestros bienes. La escuela de Bolívar, con su gran obra de catalogación, preparó el terreno para que los nuevos naturalistas puedan elevarse a otros planos de las ciencias naturales, siguiendo las huellas de Cajal, figura máxima y eternamente ejemplar de nuestra historia científica. La escuela de Menéndez Pidal, figura pareja en la escrupulosidad instrumental  y en el vuelo teorético, es también universalmente conocida y estimada, según tengo oido a grandes filólogos alemanes; la obra concienzuda de [Tomás] Navarro Tomás, la aguda crítica literaria de [Américo] Castro, los estudios medievalistas de Sánchez Albornoz y tantas otras figuras que han levantado la monumental “Revista de Filología”. La escuela de nuestros arabistas, cuya cumbre máxima es hoy la gran figura de Asín, encontró al fin la protección que merece tamaña empresa de descubrimiento de España. Empresa que justamente se inicia en los comienzos del siglo por obra de filósofos, ensayistas y literatos, cuyos nombres están en la mente de todos y que es la obra epónima del primer tercio ya vivido.

P. ¿Y cuál cree usted que debe ser la Empresa científica española en lo sucesivo?

R. Sin abandonar, claro está, los problemas de casa, es cuestión de honor nacional intensificar la incipiente colaboración en las ciencias “universales” para pensar en ellas y contribuir a sus progresos. Se ha comenzado, como es natural, con ejercicios experimentales, por cierto muy escrupulosos y meritorios, que acumulan valioso material para el futuro avance de la Física, Química y demás ciencias no racionalizadas: los progresos en este orden de actividad son enormes, y justo es rendir tributo a Cabrera, (1878-1945), Palacios (1891-1970) y Moles (1883-1953),  sus principales propulsores en Madrid, sin olvidar a Emilio] Jimeno [Gil] [1886-1976], que en Barcelona realiza meritísima labor orientada hacia la técnica.

Es de esperar que las generaciones así adiestradas en la experimentación cuidadosa han de colaborar pronto en la construcción de la Física, esto es, en la formulación de leyes, descubrimiento de fenómenos y aun quizá en las grandes concepciones teóricas que caracterizan el momento actual. Hasta ahora creo que el único descubrimiento experimental ha sido el de los multipletes del espectro realizado por [Miguel] Catalan (1894-1957) en Inglaterra.

P. ¿Y cree usted que llegaremos a los descubrimientos y a las creaciones teóricas?

R. Es ley natural de evolución, y todo es cuestión de tiempo. Cuando fundé el Laboratorio de Matemáticas, a petición de la Junta para Ampliación de Estudios, hubo que comenzar con trabajos de investigación matemática experimental, que exigiesen muchos aparatos; primero, por ser cuestiones que requieren más paciencia que genio, y permiten hasta a los más torpes imprimir mucho papel, justificando ante el Estado los dineros gastados; después, para satisfacer a las autoridades de la institución, impregnadas, como es natural, del espíritu positivista dominante en el siglo XIX, que rendía culto fetichista al vidrio y al metal. Al cabo de los años tales aparatos han sido arrumbados, pues hay ya un núcleo de jóvenes que colaboran en el movimiento universal de la Matemática teórica con aportaciones que todavía no tienen gran trascendencia; pero ya son tomadas en consideración a la par de otros trabajos que se producen en todo el orbe culto.

P. ¿Cuáles son las figuras sobresalientes en esta generación de investigadores?

R. No hay incoveniente en citarlas en el orden cronológico de su aparición en nuestro firmamento, antes tan nublado: [Ricardo] San Juan (1908-1969), que ya lleva publicadas interesantes comunicaciones en revistas internacionales; Flores, cuyos ingeniosos métodos topológicos tienen gran exito entre los especialistas, [Sixto] Ríos, (1913-2008)  que ha completado un importante capítulo de la hiperconvergencia; [Lluis] Santaló (1911-Buenos Aires 2001), cuyas aportaciones a la novísima geometría integral merecen altos elogios de Blaschke; el catalán [Pere] Pi Calleja (1907-1986), de la escuela de Terradas y Torroja, que se ha iniciado con una estimable nota en acreditada revista alemana (1), y de quien esperamos óptimos frutos.

P. ¿Qué valor relativo tiene este progreso respecto del realizado en otras ciencias?

R. Alejado definitivamente de la Universidad española, por resolución ministerial, y convertido en predicador ambulante por el viejo y el nuevo mundo, vida plenamente internacional que me mantiene en contacto con hombres de ciencia de países diversos y especialidades varias, creo gozar de la lejanía necesaria para abarcar amplio horizonte y poder comparar hombres y cosas sin los errores de perspectiva que ocasiona la cercanía.

Quien se coloque así, en plano de imparcialidad, verá lo que en el momento actual representa la producción científica española de mas alta envergadura, a pesar de su modestia; sin dejar de reconocer el valor que tienen los experimentos de comprobación y rectificación de resultados ajenos o su extensión a casos análogos más o menos difíciles, dirección que también convendría fuese seguida por algunos jóvenes matemáticos.

P. Usted que conoce como nadie el mundo científico suramericano, ¿estima la producción actual de allá comparable con la nacional?

R. Nota característica de toda juventud sana es la ambición, y lógico es que la juventud de un país joven lo sea doblemente; los noveles investigadores de los paises suramericanos quieren estrenarse con un disparo de tan largo alcance, que casi siempre yerran el tiro sin dar en blanco alguno. Muchos debutan, no con la resolución de un problema concreto, sino con la creación de una teoría, empresa mucho más lucida y a la par menos comprometida, sobre todo si no sirve para nada concreto. Hay, sin embargo, en Buenos Aires y La Plata algunos jóvenes laboriosos, que conocen y manejan la matemática con fruto estimable, aunque no proporcionado a sus ilusiones. La generación anterior, llamada de la Reforma de 1918 (que consistió en desalojar a los viejos caciques para ocupar sus puestos), se ha dedicado a la política universitaria y a la divulgación de conocimientos; confiamos en que la nueva generación, a pesar del ambiente mefítico para la investigación desinteresada que ha creado el absurdo sistema de elecciones académicas, único en el mundo, y a pesar de las trabas que habilmente le ponen quienes temen ser superados, logre realizar obra más estimable y duradera.

A este interesante diálogo entre dos matemáticos españoles que realizarían el grueso de su obra en tierras americanas añadió la siguiente coda el entrevistador, pocos meses antes de comprometerse activamente con el bando republicano durante la guerra civil. En efecto José Gallego Díaz finalizó su artículo-entrevista a Julio Rey Pastor rindiendo un pequeño homenaje a ese “predicador ambulante” de las matemáticas modernas.

“Nos despedimos del eximio maestro, cuyos ojos se iluminaron de alegría mientras nos hablaba del actual renacimiento de la matemática española. Y nosotros conmemoramos aquí su gesto magnífico, iniciado hace más de veinte años, cuando, al remontarse en vuelo aquilino sobre las llanuras desoladas y yermas, sembró con viva fe, entre las dudas y los recelos de siempre, el germen inmortal de las inquietudes superiores”.

J. GALLEGO DÍAZ

 

(1) Posiblemente se refiera al trabajo titulado “Über die Konvergenzbedingungen der komplexen Form des Fourierschen Integrals”, en Mathematische Zeitschrift, 40 (1935), págs. 349-374.


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El homenaje a un joven catedrático de Medicina en el Madrid de 14 de febrero de 1936

Si en la última entrada de mi bitácora fijé la atención en el homenaje que un grupo de amigos brindaron a María Teresa León y Rafael Alberti el domingo 9 de febrero de 1936 ahora me traslado a unos días después -al viernes 14 de febrero-. En esa ocasión fueron 23 médicos quienes se movilizaron para homenajear a uno de los suyos, a alguien que sería importante posteriormente en la medicina española, como fue el caso del doctor Manuel Díaz Rubio Lurueña (Madrid 1908-1976), creador de la hepatología en España. Como veremos a continuación ese homenaje sirvió para que la escuela de Jiménez Díaz sacase músculo ante los méritos de un joven médico pensionado en el extranjero que obtuvo su cátedra a los 28 años, en otra muestra del rejuvenecimiento que se produjo en las plantillas universitarias durante la Segunda República.

Nuestra fuente de información es la siguiente noticia aparecida en la segunda página del diario republicano La Libertad, uno de cuyos subdirectores era el padre del periodista Eduardo Haro Tecglen, del jueves 13 de febrero de 1936

EN HONOR DE UN CATEDRATICO

“Habiendo sido nombrado, después de reñidas oposiciones, para ocupar la cátedra de Patología médica de la Facultad de Medicina de Cádiz el joven doctor D. Manuel Díaz Rubio, y deseando expresar a éste nuestro entusiasmo por su triunfo y nuestra admiración por su intensa labor científica, con tanta modestia llevada a cabo al lado de sus maestros, un grupo de amigos y compañeros se reunirá para ofrecerle un sencilo homenaje que le sirva de estímulo en su labor docente y profesional.

Doctores Leonardo de la Peña (Ciudad Real 1875-Madrid 1957), Carlos Jiménez Díaz (Madrid 1898-1967), Lorenzo Gironés (Barcelona 1902-Managua 1955), Felipe Morán, Heliodoro G. Mogena, [especialista del aparato digestivo], Victoriano B. Acosta  [Ayudante de Otorrinolaringología de Antonio García Tapia desde 1933[,  Baldomero Sánchez Cuenca (Alcalá la Real-Jaén 1896-Madrid 1967) [discípulo de Jiménez Díaz],  Miguel Sancho, Alfonso de la Peña (Valladolid 1904-Madrid 1971),  Francisco Bielchowsky, [exiliado  de la Alemania nazi e hijo de Max Bielschovsky quien había solicitado a Cajal que le acogiese en Madrid, habiéndose incorporado a la clínia de Carlos Jiménez Díaz a principios de 1933 como ya señalé en mi edición de Los tónicos de la voluntad de Cajal], Luis Recatero, Carlos Albert, José de Paz, Francisco Vega Diaz (Sevilla 1907-Madrid 1995), Juan López Brenes, Darío del Pozo, Angel Suils (Logroño 1906), [gestionaba una clínica siquiátrica en Ciudad Lineal al empezar la guerra civil donde se refugiaría el fundador del Opus Dei José María Escrivá de Balaguer] Manuel Marcos, Carlos Lorca, Luis Cifuentes (Madrid 1907-2005), Manuel Arredondo (Madrid 1879- ?), Antonio G. Tapia (Ayllón, Segovia, 1875-Madrid 1950), Plácido G. Duarte (Carcelén 1897-Madrid 1986).

El banquete se celebrará mañana, 14 de Febrero, a las diez de la noche en el restaurante Capitol. Las tarjetas para el acto se pueden recoger en la portería del Hospital Clínico de San Carlos hou jueves, y mañana viernes, de diez a una y media de la mañana y hasta las seis de la tarde del mismo día en la Conserjería del edificio Capitol”.

Ese edificio Capitol, uno de los símbolos de la Gran Vía madrileña se había inaugurado el 15 de octubre de 1933. Su restaurante tenía unas magníficas vistas sobre la ciudad como subraya M.G. Giménez en su interesante blog sobre Antiguos cafés de Madrid (ver aquí).

Vcisitudes posteriores de ese colectivo de médicos pueden seguirse en trabajos como en la obra autobiográfica de F. Pérez Peña, Los últimos clínicos de San Carlos. Estampas y Vivencias de la Facultad de Medicina de San Carlos.

Añadiré que muchos de esos médicos habían sido alumnos, discípulos o colegas de Cajal, cuya huella seguía viva y omnipresente en el Madrid de 1936. Días antes del banquete mencionado, el jueves de la semana anterior, el 6 de febrero, se había representado en el teatro Victoria de Madrid, con gran éxito de crítica y público “Nuestra Natacha” de Alejandro Casona, estrenada el otoño anterior en Barcelona. Pues bien nada más iniciarse la obra el público podía apreciar cómo presidía la habitación de la Residencia de Estudiantes donde se desarrolla el acto primero un retrato de Cajal que parece inspirar la labor de algunos de los protagonistas de la obra como el médico Somolinos, doble del que sería en México un gran historiador de la medicina Germán Somolinos, o el entomólogo Mario, e incluso me atrevería a decir de la misma protagonista “Natacha”, la primera mujer doctora en Pedagogía surgida de una universidad española, con la misma voluntad pedagógica que Cajal.


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Una reseña de José Gallego Díaz a una obra conjunta de los matemáticos Julio Rey Pastor y Pedro Puig Adam de 1933

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En 1933, un año especialmente significativo en la producción científica, en el empuje educativo y en la labor cultural de la Segunda República española, apareció en las librerías un importante libro didáctico que un joven matemático reseñó así en las páginas del diario El Sol del miércoles 3 de enero de 1934

J. REY PASTOR y P. PUIG ADAM: “Elementos de Geometría racional”. Tomo I: Geometría plana. Madrid, 1933. Un volumen en 8º, de 296 páginas, encuadernado.

No es la primera vez que colaboran ambos insignes profesores en la publicación de obras de carácter didáctico, y como siempre, la originalidad en la exposición se encuentra unida a una claridad admirable en los conceptos. Así, en estos “Elementos de Geometría racional”, destinados a los alumnos de tercer año de bachillerato, pueden comprender los espíritus aferrados a la rutina en la enseñanza – y que, por desgracia, abundan más de lo que fuera de desear- las ventajas que reporta la elección de un texto que rompe con la cómoda tarea de establecer teoremas apoyándose en argumentos de apariencia irreprochables y que no son sino el disfraz de falsas construcciones, hundidas ante el menor examen crítico. Una vez explicada la admisión de un cierto número de postulados, la teoría se edifica sobre el sólido cimiento del rigor, eliminando de la arquitectura del conjunto todo detalle superfluo que distraiga la atención del lector, la cual discurre por seguros cauces con un mínimo esfuerzo y un máximo rendimiento total.

[Anotemos que ] Los autores han cuidado muy especialmente de seleccionar más de 250 ejercicios, que, distribuidos al final de las elecciones, contribuyen a ejercitar al lector en la práctica de los conocimientos adquiridos y a que se entere del abismo que separa el “saber cómo se resuelven los problemas” del “saber resolverlos por sí mismo”.

Merecen señalarse diversos puntos que no estamos acostumbrados a ver en estas obras de carácter elemental. Tales son la introducción del grupo armónico [el tratar el problema de la costa o de Pothenot, en el capítulo de lugares geométricos]; el destacar las significaciones físicas de las simetrías; la nueva y plausible definición que el Sr. Puig aporta a la equivalencia de polígonos [la nueva definición -por todos conceptos plausibles- que el Sr. Puig da de equivalencia de polígonos]; las determinaciones del centro y del eje radical; idea de la construcción del pantógrafo, etc., etc.

La obra de perfecta presentación tipográfica e ilustrada con cerca de trescientas figuras termina con un bello apéndice sobre los métodos para la resolución de los problemas geométricos.

José GALLEGO DÍAZ

 

Ese firmante, José Gallego-Díaz Moreno, era un joven matemático , de apenas veinte años, pues habia nacido en la ciudad jienense de Ubeda, en la Andalucía oriental, en 1913. Su biografía ha sido evocada por José Alvarez-Cornett en una interesantísima entrada de su blog en el que da cuenta de las aportaciones de científicos extranjeros al desarrollo cultural de Venezuela, país en el que fallecería el mencionado José Gallego-Díaz en 1965, tras haber sido padre en 1951 de la flamante directora de El País Soledad Gallego-Díaz, y exiliarse a las Américas en 1956. (ver aquí).

El original de la mencionada reseña se encuentra entre los papeles de Julio Rey Pastor, que el Instituto de Física Experimental del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha digitalizado.  El texto manuscrito se adecúa casi en su totalidad con la reseña aparecida en el diario El Sol el 3 de enero de 1934. Las diferencias entre ambos textos están marcadas por los corchetes que he insertado en la transcripción.

bibliografia libro de Rey Pastor y Puig Adames

Comparando los dos textos de la aludida reseña es fácil reconstruir el camino que siguió el texto de un joven José Gallego-Díaz desde que lo elaboró hasta que llegó a las páginas de El Sol, un diario al que se puede considerar un lejano antecedente del actual diario El País, y que daba cobertura a las actividades científicas de Rey Pastor. Este matemático, que en aquellos tiempos republicanos combinaba sus tareas docentes e investigadoras entre Madrid y Buenos Aires, convencería a uno de sus discípulos más brillantes para que le ayudase a divulgar un libro que se adecuaba perfectamente al esfuerzo de renovación educativa que estaba impulsando la Segunda República en las aulas de bachillerato. Así lo estamos intentando mostrar en el proyecto de investigación “Dinámicas de renovación educativa y científica en las aulas de bachillerato en el primer tercio del siglo XX: una perspectiva ibérica”, dos de cuyos resultados serán el libro Aulas abiertas, de próxima publicación por la editorial Dykinson y la Universidad Carlos III y el diccionario on-line JAEeduca. Diccionario de profesores de instituto vinculados a la JAE (1900-1936), en el que precisamente hay una entrada dedicada a Pedro Puig-Adam (ver aquí), el tercer personaje de esta historia que he evocado en esta entrada. Así añadimos un dato más a la noticia biográfica de José Álvarez-Cornett ya mencionada, y resaltamos la interesante  labor pedagógica y científica de un matemático, injustamente olvidado, al haberse exiliado al continente americano, y padre de una destacada periodista, como es Soledad Gallego-Díaz, la primera mujer que dirige el diario El País.

 


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La producción española de obras de economía hace un siglo: un balance de Luis Olariaga

Luis Olariaga (Vitoria 21 de marzo 1885-Madrid 3 de agosto de 1976) fue un importante economista en la España de la primera mitad del siglo XX. Tras haber sido pensionado por la JAE para hacer estudios de Economía Política en Berlín obtuvo en 1917 la cátedra de Política social y Legislación comparada del trabajo en la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Cuando a finales de ese año nació el diario El Sol  fue llamado por Nicolás de Urgoiti, vasco como él, y por José Ortega y Gasset para hacerse cargo de la Hoja semanal de Ciencias Sociales y Económicas que ese diario publicaba todos los miércoles.

En el número correspondiente al miércoles 20 de febrero de 1918 publicó un interesante artículo sobre “La investigación científica de la economía española” que me parece oportuno dar a conocer en esta bitácora por la relevante información que ofrece acerca de cuál era la situación de la investigación de una de las ciencias sociales emergentes en la España de hace un siglo, como era la economía. En ella tenía una posición de liderazgo el Seminario de Economía Política de Flores de Lemus, como queda patente en el texto que se ofrece a continuación.

            En nuestras manos ha caído un librito publicado por la Academia Universitaria Católica con el título “Documentos de asunto económico correspondientes al reinado de los Reyes Católicos”. En él van contenidos los trabajos realizados durante los cursos de 1915 a 1916 y 1916 a 1917 por los alumnos del laboratorio de Historia de la Economía social en España que en la citada academia dirige el catedrático de Historia de la Universidad central, don Eduardo Ibarra.

            Es la primera vez que expresamos en la Prensa nuestra opinión sobre publicaciones españolas que traten temas de carácter económico. Repetidas veces hemos sido invitados a ello, pero la falta de justificación para distraer la atención de los lectores nos ha impuesto un discreto silencio. De aquí que tampoco nos ocupemos habitualmente, en esta página, de comentar disertaciones que, basadas en esta clase de problemas, hacen ruido de vez en cuando en nuestros más solemnes centros de cultura.

           Hace no muchos días acudimos a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación a escuchar una conferencia de D. Augusto González Besada acerca de “El crédito público después de la guerra”. Era nuestro propósito entresacar de las ideas que expusiera el Sr. González Besada aquellas que más relevantes nos parecieran para hacer en este lugar alguna pequeña glosa. Pues no nos fue posible sacar en limpio nada, sino que el Sr. González Besada, eminente hacendista y varias veces ministro de la Corona, en toda una Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, ante un auditorio de ex ministros, académicos y otros representantes muy principales del saber oficial, había tenido serenidad bastante para leer unos datos de una revista extranjera y aderezarlos con varias vaguedades de alarmante puerilidad, sin demostrar conocimiento ni estudio alguno de la trascendental cuestión que en el tema se enunciaba.

            Y como nos cuesta mucho tener que expresarnos en ese tono tan seco de antipatía, optamos entonces por callarnos, puesto que, al fin y al cabo, las recreativas veladas de nuestras Reales Academias no suelen ejercer sobre el país gran influencia.

           Mas hoy se nos presenta ocasión de mencionar cordialmente una obra que, aunque es modesta por ser labor de estudiantes, representa una orientación que puede ser fecunda para la investigación de nuestra economía; y aprovechamos la coyuntura para contrastarla con las tendencias que predominan actualmente en la producción española de obras de Economía.

            En dos categorías podemos separar la generalidad de los libros de esa clase que en España han aparecido en estos últimos años: obras de carácter general teórico y obras de política económica. Entre las primeras recordamos el libro de D. Joaquín Portuondo “Estudios de Economía social”, el de don Germán Bernácer “Sociedad y felicidad” y aun el de Pedro de Castilla titulado “El ahorro colectivo”. No es intención nuestra hacer un especial análisis, ni siquiera establecer el valor que pueda tener cada una de estas obras; nos interesa más bien su significación general con relación al fomento de los conocimientos económicos en nuestra patria. Desde este punto de vista se nos figura que cuantas obras de este tipo se han editado en España últimamente, representan un error. Tal clase de trabajos sólo pueden justificarse bajo uno de estos aspectos: como sistemas originales o como escrupulosa exposiciones de doctrinas ajenas. A ninguna de ambas exigencias responden las obras a que hacemos alusión. En unos casos se trata de la repetición confusa de un sistema ajeno, sin que, al parecer, el autor se dé cuenta clara de que sus conceptos fundamentales no son más que recuerdos que sus lecturas favoritas le han dejado. En este sentido es verdaderamente extraordinaria la influencia ejercida en nuestro país desde hace algunos años por Henry George. La explicación está, probablemente, en el talento lírico del agitador norteamericano, en su sencilla y profética visión de los problemas económicos, y en su falta de preparación científica, que le permitía desenvolver sus ideas con incauta pero absoluta confianza. El georgismo como manera de representarse la vida económica – pues suele llamarse también georgismo a muchas cosas que no lo son-, cuando se da en algún país de Europa, se da en el extrarradio de la zona científica, entre los periodistas, los literatos y las gentes de buena voluntad que tienen afición a los problemas generales económicos. También aquí, en España, los hombres que han escrito recientemente libros de Economía política bajo el influjo de Henry George son simplemente aficionados.

            Otras de las obras que nos referimos tienden a exponer las doctrinas de los principales maestros. Pero suelen adolecer de dos importantes defectos: primero, el uso excesivo de juicios de segunda mano o de representaciones fantásticas, por falta de conocimiento directo de las fuentes originales –así vemos, por ejemplo, incluir a Adolfo Wagner entre los historicistas alemanes y a Marshall entre los historicistas ingleses -; segundo, la falta de noticias acerca de toda la producción científica en la Economía política desde hace cincuenta años.

            Repetimos que, a nuestro juicio, es un error intentar hoy en España escribir ambas clases de obras: las que pretenden ser sistemas nuevos, porque –fuera de alguna rara excepción- carecemos de economistas suficientemente preparados y con capacidad para hacer una construcción fuerte y original, y las de exposición doctrinal, porque, aun cuando, afortunadamente, tenemos ya gentes jóvenes que conocen varios idiomas, han estudiado en las primeras Universidades de Europa y trabajan sobre las fuentes mismas…es más sencillo que hagan traducir un buen manual extranjero y dediquen, en cambio, su tiempo a otros trabajos de los que nuestra ciencia se halla en España tan necesitada.

            En cuanto a las obras de política económica que en estos años se han hecho editar, destacan por su amplitud las que escribió sobre “El problema agrario” y sobre “El problema económico de España”, el señor vizconde de Eza. Tanto en la una como en la otra, no pertenece al señor vizconde lo que hay de investigación estadística; en cambio, al señor vizconde se deben los datos puestos a ojo de buen cubero, los buenos deseos de regenerar a España y el caótico surtido de fragmentos de la sociología cristiana francesa repartidos profusamente en el texto con sistemática proporcionalidad. Todo nuestro respeto por personas sin duda bien intencionadas como el señor vizconde de Eza no nos excusa de afirmar que esa mesiánica pretensión de arreglar el país sin haber estudiado previamente con seriedad ninguno de sus problemas, podrá serle a él muy útil en nuestra política pintoresca, pero tenemos cierta aprensión de que no va a serle tan útil a la Economía política.

            De otro linaje son los trabajos recientes del Sr. Sánchez de Toca, algunos de los cuales ha recogido en un volumen titulado “Los problemas actuales de mayor urgencia para el gobierno de España”, y otros ha publicado en folletos separados. El señor Sánchez de Toca se plantea los problemas con más cautela y concreción; prepara con pulcritud su información, entra en ellos con agudeza y con fruición intelectual, y procura aclararlos.., si bien desde su punto de vista. Esto es lo a veces tiene de científicamente recusable: su punto de vista de hombre de negocios.

            Análogo reproche puede hacerse a casi todos los estudios de carácter político-económico que vienen de Cataluña: parecen más bien encargos de Ligas de productores y elaboraciones de oficinas de información. En Cataluña se hacen trabajos realmente objetivos en otras manifestaciones científicas, pero en la Economía política son demasiado raros.

            Y así estamos en España: aguardando a que se formen investigadores profesionales que nos vayan descubriendo la realidad pasada y presente de la economía nacional. No sabemos aún lo que España ha sido económicamente, ni lo que es, ni por consiguiente, lo que en el día de mañana podrá ser. Por esa razón nuestros partidos no están ligados poco ni mucho a doctrinas de política económica; y si alguno pretende estarlo –como el socialista-, se ha traído a cuestas de la luna unas doctrinas tan fantásticas, por lo inadecuadas, que no puede en ellas hallar el corazón español incitación alguna a liberarse de sus apuros económicos.

            No tenemos investigadores que busquen datos, los clasifiquen, los mediten, los elaboren y los conviertan en problemas reales. Unicamente allí, encerrado en su laboratorio del ministerio de Hacienda, el maestro Flores de Lemus – uno de los primeros investigadores de Europa- trabaja desde hace catorce años, anónima e incansablemente, en la dura faena de surtir de realidades a una política irresponsable que las malogra o desaprovecha casi siempre. Sus investigaciones sobre la Hacienda pública de España, algunas de las cuales forman el monumental trabajo que se atribuye a la Comisión que se nombró para el estudio de la sustitución del impuesto de consumos, y sus investigaciones de diversos problemas de nuestra economía, son la cantera de donde se sacan los únicos conocimientos precisos sobre la situación de la España actual, que en esta esfera del saber humano tenemos. Fuera de ese hombre, cuyo trabajo mejor está desperdiciando España inconscientemente, ¿qué puede decirse que haya juzgado honestamente? Ha sido preciso que un alemán –Leonhard– haya venido hace pocos años a nuestra patria a historiarnos la política agraria en tiempo de Carlos III, y que otro alemán – Rühe– nos haya hecho el estudio de nuestro problema monetario, y que otros extranjeros nos hayan legado la mayor parte de las restantes investigaciones que existen de nuestros problemas sociales y económicos.

            Por eso es altamente plausible la labor que está realizando en la Academia Universitaria Católica el señor Ibarra, con sus alumnos. Es menester continuar la obra histórica que Ignacio de Asso, Canga Argüelles y Colmeiro comenzaron. Tal vez los alumnos del Sr. Ibarra no puedan llegar a hacer una lucida elaboración del material histórico. Esa ha de ser necesariamente obra de hombres que tengan buena preparación de Economía, de hombres conocedores de instituciones análogas a las que se hayan de investigar, y que estén al tanto de los problemas generales de la ciencia que se ha de utilizar para valorar la Historia. Lamprecht, que fue uno de los historiadores generales de más renombre que ha tenido el mundo, no pudo dibujar, ni aproximadamente, la organización social de la ciudad medioeval alemana con la precisión y diafanidad con que lo hizo Inama-Sternegg, un economista de menos fama.

            Pero ningún trabajo bien orientado se pierde. Y como la ciencia se compone de muchas distintas averiguaciones que van armonizándose como los temas de una sinfonía, todo cuanto se haga por descubrir el sentido profundo de la vida pasada o de la vida presente ha de aprovecharse en una u otra forma. Las cátedras de Economía y Hacienda de nuestras Universidades se van llenando, por otra parte, de economistas jóvenes que han trabajado al lado del Sr. Flores de Lemus, y sabrán mostrar a las nuevas generaciones los caminos más certeros para llegar a saber algo en serio en esos asuntos. Y cuando tengamos en España unas docenas de hombres habituados a ver con sus propios ojos las cosas cuya significación económica trata de buscarse, y advertidos de la infinidad de matices y complejidades en que se dan los fenómenos de orden social, entonces podrán concebirse en nuestro país sistemas de Economía que no sean eco servil del pensamiento ajeno ni fantasías más o menos ingeniosas y más o menos pueriles. La ciencia económica se ha de tejer con ideas sutiles e impalpables, pero han de estar henchidas de innumerables referencias al mundo vital, al mundo de las realidades.

 

 

 


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Antes que Valentín Fuster ha habido en la sociedad española otros excelentes cardiólogos como Luis Calandre, pensionado de la JAE y colaborador de El Sol

En el diario El País del domingo 25 de febrero de 2018, en su última página, la periodista Luz Sánchez-Mellado, en la sección “Gente con luz”, entrevista a Valentín Fuster (Barcelona 1943), director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y del Instituto Cardiovascular del hospital Mount Sinai, de Nueva York. Algunos llaman a este eminente cardiólogo “El Apóstol del Corazón” por su labor investigadora y divulgadora.

En el marco de esa labor divulgadora llevada a cabo por cardiólogos españoles creo que ocupa un lugar distinguido la colaboración que firmó Luis Calandre Ibáñez (Cartagena 1890-Madrid 1961) en el diario El Sol el 19 de febrero de 1918, en su sección de Biología y Medicina, que dirigía su amigo el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora y de la que era colaborador habitual hace un siglo.

Esa colaboración tenía como título “El corazón y el ejercicio“. Por su interés, y como muestra de la calidad de la labor divulgadora llevada a cabo por los investigadores españoles de hace un siglo, muchos de ellos formados gracias a los apoyos recibidos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que presidía Santiago Ramón y Cajal, me permito reproducirlo en esta bitácora.

Este es pues el contenido del mencionado artículo de Luis Calandre, que por aquel entonces era médico de la Residencia de Estudiantes e impartía clases al grupos de niños y niñas que vivían en ese centro educativo de la JAE.

            El corazón puede ser considerado como un perfectísimo aparato hidrodinámico que, con sus alternativos movimientos de contracción y de dilatación, y merced al adecuado funcionamiento de sus válvulas, hace circular sin interrupción por el interior del aparato circulatorio, la sangre, que habrá de llevar a todos los tejidos del organismo las substancias con que se han de nutrir.

            Se llama fuerza del corazón a la energía con que a cada contracción lanza su sangre a las arterias. De ordinario, para los menesteres de la vida corriente no despliega el corazón toda la potencia de que es capaz. Dispone todavía de la llamada fuerza de reserva, que tiene por misión entrar en actividad siempre que un esfuerzo cualquiera, como una marcha rápida, la subida de unas escaleras, el transporte de un objeto pesado, exige del corazón un mayor trabajo.

            Cuando la magnitud del esfuerzo llega a sobrepasar el poder de esta fuerza de reserva, sobreviene la fatiga. En las personas que hacen una vida sedentaria o en las que padecen de alguna lesión en el corazón, el caudal de fuerza de reserva es escaso, y la fatiga aparece prontamente con ocasión de un esfuerzo poco intenso.

            Bien conocidas son las molestias que se experimentan con motivo de una marcha rápida y prolongada o de la ascensión a una montaña. El corazón y el pulso se aceleran, siéntense palpitaciones intensas, la respiración es anhelosa y jadeante, la palabra se hace difícil; sobreviene una constricción penosa en el pecho, una opresión creciente, y más tarde un desfallecimiento general que hace imposible la continuación de todo movimiento. Después que el ejercicio se suspende, estos fenómenos van amortiguándose con más o menos lentitud. En cambio, si a pesar de la fatiga hubiese que prolongar todavía más el esfuerzo, puede sobrevenir un decaimiento brusco de las fuerzas del corazón, acompañado de una dilatación aguda de sus paredes, que en algún caso puede ocasionar una muerte súbita. La historia del soldado de Marathon que llega en veloz carrera a Atenas, da cuenta de la victoria ganada contra los persas y muere súbitamente, es un ejemplo célebre. Düms cita el caso de un soldado que habiendo tenido que dar una carrera precipitada para no faltar a la revista, cayó muerto al llegar al patio del cuartel.

            Entre las personas sanas, no todas sienten aparecer la fatiga con una cantidad de esfuerzo análogo. Unas se sofocan más fácilmente que otras. En ello influye muy esencialmente el grado de su entrenamiento para el ejercicio. Baeltz cita el caso de ciertos corredores japoneses, cuyo pulso retornaba a la frecuencia normal en el mismo instante en que interrumpían la carrera.

            Cuando un corazón es solicitado repetidamente para rendir un trabajo mayor que el ordinario, se hipertrofia; es decir, acrecienta el espesor de sus paredes musculosas y aumenta su potencia, para adaptarse al mayor esfuerzo y para vencerlo. Ocurre con el corazón lo mismo que con los demás músculos, que con el ejercicio se desarrollan.

            Esto se puede comprobar de un modo experimental si se toman dos perros gemelos y desde muy temprano a uno se le hace que permanezca siempre quieto y al otro se le fuerza a moverse mucho. Si se les sacrifica cuando están ya crecidos, se aprecia que el segundo ha llegado a poseer un corazón grande y fuerte, y el primero, en cambio, un corazón pequeño.

         Un experimento análogo nos lo ofrece a menudo la Naturaleza, ya realizado. Se observa que en aquellas especies animales cuyo género de vida exige una gran cantidad de trabajo, el corazón alcanza un desarrollo y un vigor extraordinarios. El corzo, que se caracteriza por la rapidez de su carrera; el murciélago, con el vivo movimiento de sus alas son, entre todos los mamíferos, los que, en relación con el tamaño de su cuerpo, tienen un corazón mayor. Entre las aves tienen el corazón más grande las que vuelan más y las que cantan más alto. Comparando los corazones del conejo de corral, del conejo de campo y de la liebre, es mayor en esta última que en el conejo de monte, y en éste mayor que en el de corral, que es el que hace la vida más sedentaria.

            Los obreros a quienes su profesión obliga a realizar esfuerzos musculares repetidos, suelen ofrecer una hipertrofia cardíaca considerable. Igualmente se desarrolla el corazón por la influencia de los ejercicios deportivos, a condición de que éstos se realicen con un entrenamiento gradual.

            Potain y Vaquez, en Francia, demostraron con sus investigaciones en soldados entrenados en ejercicios gimnásticos, que la hipertrofia del corazón aumenta con el grado del entrenamiento. Henschen, en Suecia, ha llegado a la misma conclusión con sus exámenes en los corredores de “ski”. Los corredores que se dedicaban a este deporte desde hacía muchos años, particularmente los que obtenían los premios, tenían el corazón netamente aumentado de volumen. Igualmente se ha comprobado este hecho por Midleton en los mejores jugadores de “foot-ball” de la Universidad de Wisconsin; por Spier, en ciclistas, y por Young, en jóvenes acostumbrados a remar.

            Nos es posible, pues, vigorizar nuestro corazón con ejercicios físicos, siguiendo un entrenamiento progresivo, y debemos poner nuestro empeño en conseguirlo, si queremos encontrarnos aptos para realizar sin gran fatiga una carrera rápida o prolongada, una ascensión penosa, un esfuerzo corporal violento, una huida necesaria: aptitudes preciosas de nuestro organismo, a las cuales el hombre sano no debe renunciar.

            Pero para que el entrenamiento se desenvuelva bien, es indispensable que el corazón esté sano. Si no lo está, no se puede llevar muy lejos el sobreesfuerzo, y si se persiste en ello, es muy probable que se presenten de un modo más o menos agudo ciertos trastornos, como disnea intensa, dolor fuerte en el pecho, opresión, aceleración persistente del pulso, angina de pecho, etc., indicadores de un brusco desfallecimiento cardíaco.

            En el Ejército se concede una extraordinaria importancia a la determinación de la capacidad de trabajo del corazón para poder excluir por inútiles los que no puedan ser capaces de soportar las fatigas del servicio.

            En la guerra actual, en la que tanta necesidad hay de aprovechar el mayor número de hombres posible, esta determinación se hace, por casi todos los beligerantes, con gran minuciosidad y precisión; se desecha sólo a los totalmente inaptos, y se aprovechan así muchos de los que antes se declaraban inútiles. A éstos, después de una observación atenta mientras se les entrena con los ejercicios de instrucción, se les clasifica y envía al frente o se les destina a servicios auxiliares que no exigen trabajos fuertes.

            En los soldados que han estado en el frente se observa a menudo un cuadro de síntomas que los americanos han denominado “corazón irritable de los soldados”. Se caracteriza por la aparición, al hacer algún esfuerzo, de disnea, palpitaciones, vértigos, pulso frecuente, dolorimiento precordial; y todo esto, sin que se les pueda apreciar lesión alguna en el corazón. Se atribuye esto a una debilidad circulatoria constitucional. Esta debilidad había permanecido larvada hasta que las fatigas y las grandes emociones las ponen de manifiesto.

 

Luis CALANDRE


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Aguafuertes en el Ateneo, Galdós por Victorio Macho y un Anuario agrícola de un ingeniero agrónomo: El Sol 17 febrero 1918

El ejemplar del diario El Sol abría su portada del domingo 18 de febrero ofreciendo una amplia cobertura de la conferencia que había dado el día anterior en el Palacio de la Música Catalana de Barcelona el ministro de Hacienda del gobierno español Juan Ventosa Calvell (n.1879), y dirigente de la Lliga Regionalista, sobre el tema “El momento actual y nuestra actuación”.

En páginas interiores la información cultural era amplia y variada. El crítico de arte del periódico Francisco Alcántara dedicaba su sección “La vida artística” a comentar elogiosamente la exposición de aguafuertes que había organizado en El Ateneo de Madrid Francisco Pompey (n.1887), uno de cuyos visitantes sería Manuel Machado, quien también en su diario que publicaba en El Liberal nos dejó sus impresiones acerca de ese evento artístico.

Como siempre los juicios y las opiniones de Francisco Alcántara son interesantes de leer. Por ello me permito transcribir una parte de su crónica donde aborda la relación entre los artistas y los públicos

Muy hermoso e instructivo es poder contemplar en el saloncito del Ateneo lo que podría titularse “Un siglo de aguafuertes españolas”, porque, en efecto, algunas de las expuestas de Goya se hicieron, casi casi, “tal día como” del siglo pasado. Muy bello y muy instructivo, porque aparte de Goya, que vale, no por un siglo, por una edad, de Fortuny y de Galván, el escaso rendimiento de aguafortistas de nuestro país enseña que no los tenemos; no por carecer de temperamentos artísticos, de aptitud para grabadores, todo lo cual superabunda; no tenemos grabadores en aguafuerte en abundancia, porque el aguafuerte es una labor exquisita y costosa y requiere para ser estimada, un público sensible, capaz de exquisiteces, y rico de tradición, sociedad rica de tradición, de añeja prosperidad, de añejo buen gusto y añejo y sabio regodeo sensualista. Tenemos pintores porque nuestra sangre es un volcán de sensualismo estetico cromático y los produce como los climas tropicales su flora y fauna enormes y profusas; pero no los sabemos educar, disciplinar, porque una sociedad semibárbara no educa a nadie. …¿Qué sería de nuestros pintores sin el público universal? A los pocos que triunfan, él, el público universal, nos los educa y luego nos los paga….Al cabo, los grandes pintores hasta que no venden fuera no hacen dinero. Brindar con aguafuertes a nuestros políticos, a nuestro profesores, altos empleados, banqueros, militares, magistrados, sacerdotes, tanto valdría como ofrecérselas a un poste; si hay cien personas en España que de eso distingan, será un milagro. Hay que hacer la nación desde la escuela. Por hoy, la nación que ambicionamos es una ilusión. Y no es que yo crea que una ilusión vale menos que una realidad; no, una ilusión, cuando acalora entrañas poderosas, es más que todas las realidades; lo que hay es, que sólo encarnada en la realidad fructifica la ilusión.Usted, simpático iluso, Francisco Pompey, ha empujado un poquito nuestra gran ilusión patriótica hacia la realidad apetecida. Sea enhorabuena.

Por su parte el suplemento cultural dominical Hoja literaria publicaba colaboraciones de: Miguel de Unamuno “Más sobre el hombre de la mosca” [del exrector de Salamanca también El Sol de ese día recogía un resumen del mitin electoral celebrado en el local de las Sociedades obreras de Salamanca para proclamar a Unamuno candidato de las izquierdas para las elecciones a celebrar el domingo siguiente, 24 de febrero. En ese mitin, donde Unamuno pronunció uno de sus mejores discursos según el corresponsal del dario, también interviniero el obrero D. Miguel Lozano, el catedrático D. Demófilo de Buen, D. Fernando Felipe y D. Urbano González de la Calle] ; de Enrique Díez-Canedo “La estatua” sobre la escultura que estaba haciendo Victorio Macho de Galdós, que está instalada actualmente en madrileño parque del Retiro; de Manuel Galán Pacheco “Un hombre libre” a propósito de la carta que había escrito Pío Baroja a “La Publicidad” de Barcelona, defendiendo su actitud neutral ante la Gran Guerra que devastaba Europa; de José Moreno Villa “El búcaro”;   el poema “De la emoción fugitiva” de Francisco A. de Icaza y el folletón “Las máscaras” de Ramón Pérez de Ayala, donde hacía una disección de la Real Academia de la Lengua, mostraba su admiración sobre los bailes de Pastora Imperio, y hacia una digresión sobre el baile gitano y los gitanos.

 

Galdós por Victorio Macho

Escultura de Galdós por Victorio Macho en el parque del Retiro de Madrid

 

En cuanto a la información científica estaba concentrada en la sección dedicada a la Agricultura y Ganadería, que cubría la última página de esa edición dominical del periódico, y donde su responsable Luis de Hoyos Sainz (n. 1868) estaba omnipresente. Por una parte, en el marco de su recorrido Por la España agrícola, firmaba desde Mohedas de la Jara, donde estaba instalado el miércoles de Ceniza de 1918, un largo artículo sobre “Una región natural:´La Jara´”, que por su importancia transcribo en su totalidad otra entrada de este blog, (ver aquí),  donde llamo la atención acerca de cómo Hoyos Sainz omite en sus referencias bibliográficas las aportaciones sobre la cuestión de las regiones naturales de otro de los colaboradores de El Sol Juan Dantín Cereceda.

Por otro lado hacía una amplia reseña del Anuario-Agenda Agricola para 1918 del ingeniero agrónomo José María de Soroa, que elegía como libro de la semana.

Anuario Agenda Agrícola

 

El inicio de esa reseña decía así:

No corresponde, en realidad, el epígrafe de la sección al libro que presentamos, pues no de la semana, sino del año entero, es este reducido y manuable, pero rico y concentrado, libro del ingeniero agrónomo Sr. Soroa, que con esta edición entra en el cuarto año de su publicación.

Es una guía práctica, un vademécum del agricultor y del ganadero, recordatorio permanente de los datos y cifras que en la vida diaria de la explotación del campo y del ganado se han de utilizar. Analogo a la universal “Agenda agrícola” de Werry, que en Francia viene reemplazando a las ya clásicas de Vermoral, de Sylvestre y de Henry, pasando a las consuetudinarias publicaciones de Thiel en Alemania, especialmente al “landwirtschaftlicher Hüfs und SchreibKalender” y a sus reproducciones italianas, tiene esta agenda del Sr. Soroa, como precedentes en España, a varios almanaques agrícolas demasiado vulgares y rutinarios, salvo, tal vez, el que “La Agricultura Española” publicaba en Valencia a principios del siglo, y mejor aún, por tener un criterio más científico y técnico, el que publico el ingeniero y catedrático señor Sánchez Bousana, y el excelente Anuario que daba a luz anualmente el “Resumen de Agricultura“, de Barcelona.

Como todos ellos, trata de vencer la insuperable dificultad de reducir y quintaesenciar en pocas páginas todos los datos y valores de la enciclopedia agrícola, y el mérito especial de estas obras, alcanzado en parte por el Sr. Soros, es la ordenación y el buen criterio para escoger los materiales originarios.

Finalmente Luis de Hoyos Sainz resumía dos artículos de dos revistas italianas La Agricoltura Italiana y Rivista Agricola sobre “La limpieza del olivo” y “La desmargarización de los aceites”.

 

 

 

 

 

 

 


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Una aportación del catedrático de instituto Luis de Hoyos Sainz al estudio de las regiones naturales españolas: el caso de La Jara

Como expuse en una entrada anterior de esta bitácora -ver aquí–  José Ortega y Gasset (n. 1883), tras un viaje a Asturias en el verano de 1915, explicó muy bien por qué la geografía de aquel entonces concedía cada vez mayor importancia a la idea de “región natural”, sosteniendo el filósofo madrileño que se había convertido “en el fenómeno matriz de la investigación geográfica”. En su opnión frente al concepto abstracto de España, que es una “construcción mental nuestra”, la región natural “afirma su calidad real de una manera muy sencilla: metiéndosenos por los ojos”. Y añadía el filósofo madrileño “de la región podemos tener una imagen visual adecuada, y viceversa, sólo es región, sólo es unidad geográfica aquella parte del planeta cuyos caracteres típicos pueden hallarse presentes en una sola visión”.

Meses después el científico y docente Luis de Hoyos y Sainz (n. 1868) fijó también su atención en las regiones naturales como objeto de estudio de los geógrafos. No sabemos sí Luis de Hoyos había leído a Ortega. Si conocemos que ambos habían coincidido en la Escuela Superior del Superior en el curso 1909-1910 antes de que Ortega diese el salto a su cátedra de Metafísica de la Universidad Central. Y que Ortega debió de intervenir, probablemente, en la incorporación de Luis de Hoyos, próximo al Partido Reformista por aquel entonces, a las páginas de El Sol como responsable de la sección Agricultura y Ganadería, que publicaba ese diario todos los domingos en su última página.

En efecto el domingo 17 de febrero de 1918 Luis de Hoyos Sainz, que estaba haciendo un recorrido por la España agrícola en sus colaboraciones dominicales en El Sol, dedicó el artículo de ese día a ofrecer a sus lectores una detenida explicación de por qué era importante el estudio de las regiones naturales en el marco del movimiento regionalista pujante en la sociedad española de aquel entonces, exponiendo como caso digno de ser tenido en cuenta el de la Jara,región natural que abarcaba tierras de Cáceres y Toledo, y también de Badajoz y Ciudad Real, y que tuvo ocasión de visitar en el mes de febrero de 1918.  De hecho fechó su texto desde Mohedas de la Jara el miércoles de ceniza de ese año. Hasta ese lugar del centro de la Península Ibérica habían llegado los terribles efectos de la Gran Guerra que desangraba y empobrecía a la Europa de hace un siglo. Procuró asimismo que su crónica de viaje fuese rica en hechos y observaciones sobre sociología agraria exponiendo la injusta distribución de la propiedad de la tierra existente en diversas poblaciones de la Jara, y las dificultades de los lugareños por acceder a los bienes comunales por la presión de los aristócratas terratenientes y de los caciques.

El Sol Agricultura y Ganaderia

He aquí pues las reflexiones y consideraciones de interés para geógrafos, viajeros y sociólogos expuestas por Luis de Hoyos Sainz en el artículo “Por la España agrícola. Una región natural: ‘La Jara'” que dice así:

Esta crónica lo es de veras “Por la España agrícola”; lo es de andar y ver, en pleno campo y a través de montes y sembrados, recorriendo sierras y lugares, hablando con los pastores y labriegos, y buscando, en suma, el dato directo y vivido de la tierra y de los hombres en una región natural o país de la Península, en La Jara.

Las regiones naturales agrícolas

 Son las regiones naturales las unidades elementales, no ya sólo de la Geografía física, sino de esa misma Geografía humana creada por Ratzel y metodizada por Brunhes; las divisiones que resultan del concertante de los elementos que caracterizan cada zona del globo: suelo, clima, vegetación y fauna, y hasta el hombre mismo y sus manifestaciones elementales iniciales o naturales de vivir. Su estudio y caracterización es la base esencial y genética de la Geografía regional o Laenderkunde, que actualmente puede ser sintetizada en los libros de Gallois y de Févre y Hauser, como guías de conjunto o iniciación en estas cuestiones, Regions naturelles et noms de pays, el del primero, y Regions et pays de France, el del segundo, o por las publicaciones orientadas ya en su aspecto histórico o social, y aun económico, de Beer y Bloch. Más útiles son aún para conocer este concepto de país o unidad elemental geográfica, indecisa y difícil a veces, las monografías concretas iniciadas en la pura Geografía física en 1888 por Lapparent, y adaptadas al conocimiento agrícola de cada región, por el profesor Rusler, en las clásicas descripciones de su Geologie agricole; siendo en el día modelos que seguir la descripción de La Picardie, del profesor de la Universidad de Lille M. Demangeon; la descripción de Le Bern por M. Vacher, o la del Var supérieur, por Sion.

En España, aunque, a juzgar por el actual movimiento regionalista, y aun localista, parece cosa conocida y dominada, el conocimiento de las regiones sólo está abocetado, y éstas, difusa e imprecisamente conocidas y determinadas, pudiendo sólo citarse los trabajos que los ingenieros del Mapa geológico de España dieron a conocer en las monografías provinciales, y que, en unión con los datos recogidos en el inolvidable Diccionario geográfico de D. Pascual Madoz, vienen repitiéndose en todas las publicaciones geográficas e históricas; y de las agrícolas, salvo los ensayos de Vilanova y sus compañeros, sólo hay algún artículo inspirado en el Cuestionario para el estudio de las regiones agrícolas de España que publiqué en 1904 como apéndice a Las bases de la Geología agrícola de España.

 Inútil es decir el interés y la utilidad de una serie de monografías parciales; hechas siempre por individuos de cada país o región, aun de las que se tienen por muy acusadas o características, aunque mal limitadas y definidas, como el Vierzo (sic) o Las Encartaciones, en el Norte; la misma Tierra de Campos, Torozos, La Berzosa, la Bureba o la Tierra de Pinares, en Castilla; las Barderas (sic), el Castellar o Ribagorza, en Aragón; el Maestrazgo, la Plana o la Huerta, en Valencia; la Vera, la Alcarria, la Sagra, la Alcudia, la Serena y la misma Mancha, en el Centro y Extremadura; las Alpujarras, la Vega, la Serranía, las Marismas o los Pedroches, en Andalucía. Y claro es que mayor interés había en sacar a luz del conocimiento científico esas regiones o zonas que sólo para los naturales tienen personalidad y que ocupan todo el territorio de lo que pudiéramos llamar la España inominada, por ser evidente que las divisiones políticas y administrativas nada dicen ni representan, pues el hecho natural persiste y se impone a la nominación artificial, por legal y útil que sea.

 

Fuente del Sauzeral. Sierra de Altamira. Mohedas de las Jara

Fuente del Sauzeral. Sierra de Altamira. Mohedas de la Jara

 

La Jara toledana.- La Jara y la guerra

 Si hay tipo y fijeza en alguna región natural, ha de alcanzarle por la tierra o por las plantas, o mejor aún, por ambas cosas a la vez, ya que la flora es secuela del terreno; no tiene jamás igual valor, realidad y persistencia la región histórica, mutable y tornadiza, en tiempo más o menos largo. Por esto, La Jara, que debe su nombre al predominio de esa mata leñosa que los botánicos llaman “cistus”, rica en variedades, pero uniforme en aspecto y característica en las facies de matorral con que cubre el suelo, es una realidad natural en el suelo toledano o en el extremeño; que no sería fácil resolver el conflicto de jurisdicción al señalar provincia a La Jara: porque por tierras de Toledo y Cáceres, y con intrusiones por Ciudad Real y tal vez por Badajoz, se extiende La Jara, formando una región de matorrales en que el madroño y la retama, como matas, y la encina, como árbol, cubren las sierras ásperas y rojizas, y hasta bajan a las vegas del Tajo y los pequeños ríos que le acrecen.

Que la planta dominó el terreno para formar la región, lo prueba el que los matorrales se salieron de su dominio geológico de pizarras areniscas y rocas antiguas, que en tres zonas se extienden desde el Tajo a los Montes formados por rocas silúricas, que a media ladera ceden el paso a las cámbricas y, junto al río, a los granitos y gneis, desde Aldeanueva de Barbarroya a entrar en Cáceres por el mismo Puente del Arzobispo. Pero salió La Jara de estas tierras arcaicas limitadas, ha ya muchos años, por el patriarca de la Geología, D. Daniel de Cortázar, y corrióse por arenas y tierras modernas diluviales, donde se asientan precisamente Alcaudete y Belvis de la Jara, que por ser sitios de vega y llano fueron los primeros sustraídos al matorral y conquistados para el cultivo, quedando el nombre, pero perdiendo lo que al país de La Jara caracteriza.

Por crecer la jara, es ya indicio de que la tierra es buena, pues allí donde ésta se empobrece, sólo queda la retama y aun el brezo, si baja más la natural fertilidad del suelo; por esto la jara típica desaparece, la tierra se rotura y el cultivo sustituye al monte bajo. Y este proceso ha sido constante y se ha detenido y retrasado por la gran propiedad improductiva y perezosa, y lo difícil del transporte y acarreo; pero la guerra, ¡la gran guerra!, repercutió en La Jara. El carbón y las leñas triplicaron su valor, y lo que se perdía en el monte, porque sacarlo de él no era negocio, se puso en condiciones de mercado, y la tala y la roza de árboles y arbustos desmataron fanegas y fanegas de tierra; y como los pastos son lentos de formar, el arado rompió la tierra virgen, y el trigo, o la vid o el olivo comienzan a cubrir llanadas, lomas o laderas, borrando La Jara, que queda encerrada en los ásperos barrancos separados del camino real en las fuentes del Gébalo, el Huso o el Sagrera.

Las dehesas y los pobres

En dos épocas, cuenta la Historia el hecho, aunque calle las causas, se despobló La Jara: en el siglo XI, y posteriormente, aunque en proporción menor, en el XIV; por evidente no exige prueba que la primera despoblación fue obra de la Reconquista; la guerra ahuyentó a las gentes, y los capitanes y nobles se adueñaron de las tierras, adehesaron y cerraron en cotos redondos o cuadrados las propiedades cultivadas por los campesinos; perdieron el cultivo o redujéronle a siervo de la ganadería y aun de la caza, y establecieron ese absurdo régimen de la gran propiedad señorial, pero inculta; grande, pero improductiva, y legal o legalizada, pero inmoral e injusta.

Aquella despoblación la hicieron los señores; la del siglo XIV, los bandidos, los célebres Golfines; pero justo es reconocer que la obra de éstos fue menos cruenta para el campesino, y menos dañosa para la economía nacional, que la de aquellos. Con los Golfines acabó la Santa Hermandad, y con sus retoños, la Guardia civil; con la obra de los que detentaron la tierra, luchan aún los que la fecundan y no la gozan, ¡y luchan para tiempo!

Hay en los pueblos serranos y en los ribereños de La Jara modelos típicos, ejemplos probatorios de la necesidad de traducir a España la novísima ley inglesa de la propiedad y la producción de la tierra. Ese intervencionismo social en busca del mayor bien de todos que la guerra crea o afirma en todos los Estados, beligerantes o neutrales, es aquí necesario y urgente. Esa ley inglesa, que por tal es más pensada y real y armónica que las anteriores, está en germen en el deseo de estos campesinos de La Jara, que sospechan el derecho a que la tierra produzca para todos, propietarios y obreros, y produzca lo que sea más útil, y lo produzca a un precio remunerador, por igual para el poseedor de la tierra y para el trabajador de la misma.

Hay por aquí lo que yo llamaría el problema de las dehesas, rico en variantes, y por ende, en soluciones, pero todas dirigidas a la obra de justicia y de sentido común económico de que no quede tierra sin producir y de que produzca para todos.

El Estado, los nobles y los caciques, enemigo de los pueblos

 Contra el Estado, por las dehesas y terrenos de propios, catalogados y administrados por el Cuerpo de Ingenieros de Montes, hay varios casos; pero es típico el de un pueblo de los montes, con picota en la plaza y hambre en la gente: Espinoso del Rey. Allí todos, pobres y ricos, jornaleros y propietarios, piden que la dehesa sea roturada y repartida en suertes, para que los no propietarios lo sean y tengan un labrantío propio que asegure el vivir aleatorio de trabajar lo ajeno.

Bastaría roturar y repartir equitativamente la dehesa de Espinoso del Rey para resolver, como quiere y en la medida que estima necesaria el señor Comisario de Abastecimientos, Sr. Silvela, el déficit del cultivo. Cuatro mil fanegas allí se conquistan, y no es preciso buscarlas por otros pueblos y provincias, salvo si la Comisaria rectifica sus cálculos, que buena falta hace, porque los números parecen un poco anárquicos en la flamante oficina, y a los tres ceros de las 4.000 hectáreas no se añaden dos, para elevar a 400.000 las que realmente pueden y deben buscarse como aumento en la producción y justo reparto de tierras que transforme en propietarios a los braceros y aquiete las justas protestas y acalle las voces petitorias de los que sufren las dos hambres; la de justicia y la de pan.

Los nobles, lo que dieron por suya la tierra que para la patria conquistaban, son, aun contra razón y necesidad de los vecinos de Oropesa, la vieja villa de los castillos y los palacios, y contra justicia, una sentencia que no se cumple del Tribunal Supremo, los detentadores de sus dehensones, que, usados en común por todo el vecindario, resolvía la escasez de pastizales que para los ganados tienen, y que utilizados por los pobres en labrar partes adecuadas, resolvería la vida de cientos de familias.

Los caciques, forma degenerativa de los feudales, son los que al pueblo de Belvís de La Jara le privan del usufructo de una dehesa, acotada, deslindada y demarcada como bienes del pueblo, pero utilizada en pastos o en labores por la media docena de favorecidos del expediente y el balduque.

Y aquí termina esta crónica de viaje por La Jara, rica en datos y enseñanzas, en lo que a la sociología agrícola atañe.

Luis DE HOYOS SAINZ. – Mohedas de la Jara, Miércoles de Ceniza del 1918


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Matemáticas y elecciones: la imperfección de la ley D’Hondt según Fernando de los Ríos en El Sol 16 febrero 1918

El Sol del sábado 16 de febrero de 1918, a ocho días de una cita electoral para elegir los diputados del Congreso, concedió gran importancia a esas elecciones.

En su portada se editorializaba sobre un artículo publicado el día anterior por Pablo Iglesias en las páginas de El Socialista y el periodista Mariano de Cavia firmaba un artículo sobre el sufragio femenino que era un alegato para que las mujeres españolas tuviesen plena capacidad para usar sus derechos políticos como acababa de suceder en la Gran Bretaña donde se acababa de conceder el derecho al voto a seis millones de ciudadanas británicas.

Más adelante los corresponsales del diario hacían un balance de cómo sería la lucha electoral en los distritos de las provincias de Granada, donde el catedrático Fernando de los Ríos se presentaba por la circunscripción de Granada capital como sociólogo independiente con pocas posibilidades de éxito; Salamanca, en cuya capital los elementos de las izquierdas presentaban como candidato al ex-rector de la Universidad Miguel de Unamuno; y Pontevedra, cuya provincia,  según el corresponsal del diario , “sigue siendo -como dijo Maura- un territorio todavía no incorporado a España para los efectos políticos”, ya que “la oligarquía se adhiere al mando con más firmes tentáculos que en ninguna otra comarca española”.

El Sol Derecho y Legislación

Dado ese ambiente electoral no ha de extrañar que en la sección Derecho y Legislación su responsable el ya mencionado catedrático de la Universidad de Granada, y candidato electoral por esa ciudad, Fernando de los Ríos (n.1879) firmase el artículo “En torno al sufragio. El derecho electoral y la democracia” en el que abordó dos cuestiones, de palpitante actualidad en la España de hoy en día, cien años después de este artículo de Fernando de los Ríos.

En primer lugar trazó una historia de la implantación del sufragio universal moderno a lo largo del siglo XIX, recordando a sus lectores que en España se puso en vigor de manera definitiva por la ley de 26 de junio de 1890.

Y en segundo lugar planteó las soluciones que se habían adoptado sobre la participación de las minorías y la representación proporcional dado que la admisión del criterio mayoritario como criterio electoral decisivo, dejaba sin representación a las minorías, por numerosas que fuesen. De ahí que en 1855 un ministro danés que era también un gran matemático, Andrae, expuso y llevó a la legislación el sistema de la representación proporcional, atendiendo al cociente electoral que Fernando de los Ríos explica así:

El elector, según esta ley, vota mediante una lista en que inscribe, por orden de preferencia, los nombres de los candidatos, hasta llenar el número de los que se eligen en aquel colegio. Concluida la votación, el presidente divide el número de los votos emitidos por el de diputados que corresponde elegir, y obtenido así el cociente, va leyéndose en las papeletas los primeros lugares, hasta que alcancen el cociente electoral los en ella inscritos, y después se hace otro tanto con los colocados en segundo lugar, etc.

A principios del siglo XX ese cociente electoral -o cifra repartidora- se estableció según el método establecido por el jurista y matemático belga Víctor d’Hondt (1841-1901) que consiste en dividir los votos de cada una de las diferentes listas sucesivamente por 1, 2, 3, 4, 5, etc. y luego ordenar los cocientes de mayor a menor y asignar en ese orden los escaños disponibles.

Victor d´Hondt,

Para mostrar la imperfección de esta fórmula Fernando de los Ríos la aplicó a la circunscripción de Madrid capital donde en las elecciones que se celebrarían el 24 de febrero de 1918 se elegirían 9 diputados, a elegir entre cinco supuestas candidaturas electorales, cuyo apoyo electoral De los Ríos estimó de la siguiente manera: Coalición de las izquierdas: 35 mil votos; Unión monárquica: 26 mil votos; Partido liberal romanonista: 12 mil votos; Acción social: 8 mil votos; Centro de Hijos de Madrid: 7.500 votos. Aplicando la fórmula d’Hont a esos resultados se obtenía la siguiente adscripción de escaños:

El Sol 16 febrero d'Hondt

La conclusión que extrae Fernando de los Ríos de ese resultado es la siguiente:

He ahí los nueve cocientes superiores y la proporcionalidad de su representación. Como se ve, hay una imperfección manifiesta aun en esta fórmula. Si un sistema de escrutinio es siempre, como justamente cree el profesor italiano Enríquez, una convención aritmética por la cual se miden las fuerzas sociales en presencia, no hay duda de que la medición se hace de modo tan rudo todavía, que desprecia cantidades de importancia. Muchas otras cuestiones suscita la representación proporcional, mas de ellas y de otras trataremos otro día.

La sección se complementaba con un apartado dedicado a reseñas y noticias de libros y revistas, del que se encargaba Pablo de Azcárate (n. 1890),  quien sí sería elegido diputado en las inminentes elecciones, integrando una candidatura republicana en la circunscripción de León capital. Azcárate reseñó los siguientes artículos: “De las modificaciones realizadas durante la guerra en el derecho de opción de los hijos de extranjeros, nacidos en Francia” de Eugene Audinet en el Journal du Droit international; “Del valor contractual de la firma de Alemania al pie del futuro Tratado de paz”, del Journal des Debats de 23 de junio 1917; “El torpedeo de navíos hospitales por los alemanes”, del Journal du Droit international; “Creación de una organización oficial para determinar y repartir las indemnizaciones que deben exigirse a Alemania y sus aliados, en favor de los prisioneros de guerra víctimas de violaciones de las leyes de la guerra y el derecho de gentes”, del Journal du Droit international.

En el aspecto educativo la noticia más destacada que ofrecía el ejemplar de El Sol del 16 de febrero de 1918 era la difícil situación económica que atravesaba el Instituto de Cartagena, dependiente económicamente de su Ayuntamiento, y en el que por falta de fondos de este los profesores del Instituto llevaban varios meses sin cobrar por lo que solicitaban que ese centro docente pasase a depender directamente del Estado. La difícil situación económica del ayuntamiento cartagenero se debía a que había tenido que saldar una deuda contraída con la Diputación de Murcia, que revelaba las tensiones existentes entre las dos ciudades y sus fuerzas políticas según decía el corresponsal de El Sol:

El hecho, ocurrido en vísperas de elecciones, va a repercutir en el resultado de las mismas. Es la Diputación de Murcia conservadora y obediente, por lo tanto, al caciquismo conservador. Los aprietos en que ha puesto al Ayuntamiento de Cartagena son obra de hombres de esa política. Y Cartagena se prepara a darles briosamente la batalla en las urnas, como represalia por esa situación desafortunada en que queda la ciudad y el entredicho en que se ha puesto a su Ayuntamiento, que no puede satisfacer sus obligaciones.

 


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Ortega sociólogo, el ácido nítrico y la Escuela industrial de Buenos Aires en El Sol 15 febrero 1918

 

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Retrato de José Ortega y Gasset por Joaquín Sorolla

En la primera página de El Sol del viernes 15 de febrero firmaba José Ortega y Gasset (n. 1883) una de sus habituales colaboraciones en ese diario, que fue una de sus empresas políticas como analizara hace años Gonzalo Redondo. En esa ocasión el artículo que firmaba se titulaba “Hacia una mejor política. Un poco de sociología“, en el que citaba  Civilización primitiva de Taylor, refiriéndose probablemente a una traducción al castellano de la obra clásica de la antropología Primitive culture del británico Edward Taylor (1832-1917), publicada en 1871. El artículo se iniciaba con esta reflexión:

Uno de los fenómenos más extraños que la Historia presenta, es la tolerancia de los hombres para la perduración de instituciones políticas reconocidamente ineficaces. Todos estamos de acuerdo en que este o el otro organismo nacional no sirve ya para cumplir su misión; parecería natural que inmediatamente se le sustituyese o modificase; cuando menos, que meditásemos con toda urgencia su relevo. Sin embargo, no solemos hacer esto. Al contrario, sentimos vagamente la impresión de que aquel organismo es, como el rocío o la marea, un hecho cósmico irremediable.

El Sol Ingeniería y Arquitectura

La última página del diario se cerraba ese día con la sección semanal dedicada a la Ingeniería y Arquitectura. En ella su responsable el ingeniero Federico de la Fuente firmaba el artículo “La formación sintética del ácido nítrico. Proceso teórico“, cuyos objetivos los planteaba de esta manera:

Al coger hoy la pluma para continuar nuestra interrumpida charla sobre la oxidación del nitrógeno atmosférico y ulterior formación del ácido nítrico, nos hallamos verdaderamente perplejos; y es que resulta difícil explicar sin aparato técnico lo que ocurre cuando la mezcla de nitrogeno y oxígeno, que constituye el aire atmosférico, se pone en contacto con el arco eléctrico, cuya temperatura media es de unos 3.600 º centígrados. Aun para los versados en la química aparece un tanto velado lo que allí ocurre, y los mismos sabios no están acordesm ni mucho menos, al apreciar los variados detalles que acompañan al fenómeno fundamental producido dentro del horno eléctrico. En la marcha general del fenómeno y resultados finales, sí existe la uniformidad de pareceres, y a esas líneas generales y resultancias acomodaremos nuestro relato.

Junto a ese artículo aparecía una amplia noticia sobre la Escuela Industrial de Buenos Aires, basada en su Memoria del curso 1916-1917, redactada por su director el ingeniero Eduardo Latzina (n.1874). En esa Escuela, que es la que hoy se llama Otto Krause, cuyo plan de estudios y organización, hacía pensar en un “tecnicum” alemán o suizo más que en una escuela de habla española, se cursaban cuatro especialidades: mecánica, eléctrica, química y construcciones.

Su “soberbio” edificio – como se aprecia en la siguiente tarjeta postal, – se había inaugurado en 1909 cuando Buenos Aires ya tenía casi 1.250.000 habitantes. Estaba emplazado, no tanto en la calle de Chile, como se dice en El Sol, sino en Paseo Colón, entre México y Chile, vereda este, y disponía de amplios y bien dotados laboratorios y talleres.

Escuela_Industrial_de_la_Nación_(ca._1910)

Pero por detrás de tan hermosa fachada también existían problemas. Refería en su memoria el ingeniero Latzina que para engrandecer la industria argentina había tratado de implantar la enseñanza de la cerámica, recogiendo  y analizando en sus laboratorios más de 150 muestras de tierras provenientes de todas las regiones de la República; que había construido un torno de alfarero y una pileta para el lavado de las tierras, y que había instalado un pequeño horno para fabricar objetos de loza. Pero cuando iban a comenzar los ensayos fueron declarados cesantes el jefe del taller y el químico nombrados para esas enseñanzas.

La lectura de esa frustrada iniciativa tecnológica le hizo recordar al anónimo comentarista de El Sol probablemente el mismo Federico de la Fuente otros pintorescos desaguisados hechos en España. Y entonces nos dice lo siguiente, trasladándose de la Argentina a nuestro país para denunciar las corruptelas de ciertos jerifaltes del partido liberal como Julio Burell (n. 1859).

En cierta ocasión quisieron los fabricantes de Béjar tener un buen profesor de tintorería en la escuela de su ciudad, a cuyo efecto ofrecieron al Gobierno pagar un sobresueldo al catedrático  y contribuir, con dinero y elementos de trabajo, a los gastos de material. Pero el señor ministro nombró a un su amigo (para eso dijo que estaba en el ministerio, para dar “cosas” a los amigos), de tan supina ignorancia, que apenas tomó posesión de su cátedra, retiraron los fabricantes sus ofrecimientos y su dinero, y los alumnos desertaron en masa.

El conflicto lo resolvimos de un modo sencillo y admirable. No se admitió matrícula en la clase de tintorería, al profesor ignorante se le envió, ascendido, a disparatar en otra escuela y al despreocupado ministro lo hicimos presidente del Consejo y jefe del partido liberal.

Y casi al mismo tiempo que se desbarataba la enseñanza de cerámica en la Escuela Industrial de Buenos Aires, cuando todas las naciones civilizadas procuraban ampliar los estudios prácticos a costa de los puramente especulativos, suprimía Burell de un plumazo la cátedra de Motores hidráulicos y máquinas de vapor de la Escuela Industrial de Madrid (donde era profesor Federico de la Fuente), y creaba en su lugar una de Derecho vigente para regalarla, en amañado e ilegal concurso, a un político profesional.

Publicaba también esa sección una amplia selección de reseñas de libros y revistas, entre las que cabe destacar los siguientes artículos: “Máquinas térmicas” del capitán H. Riall Sankey en The Journal of the Institution of Mechanical Engineers, “La tracción eléctrica con acumuladores” del ingeniero Vallauri publicada en Giornale del Genio Civile el 31 de octubre de 1917; “Las carreteras militares en tiempos de guerra”, de William D. Sohier, que era el presidente de la Comisión de Carreteras del Estado de Massachusetts, publicado en Engineering News Record el 13 diciembre 1917; “Las bases científicas del racionamiento” en Nature, enero 1918; “El problema de la construcción de casas” por el ingeniero inglés William Walker en The Surveyor. The  Municipal and County Engineer, 18 enero 1918.

 


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Poetas gallegos, el periodista Daniel Defoe, el mapamundi de Juan de la Cosa en El Sol 14 febrero 1918

Los corresponsales de El Sol continuaban el jueves 14 de febrero haciendo cábalas sobre qué candidatos tenían más posibilidades de ser elegidos en los diferentes distritos electorales en vísperas de las elecciones parlamentarias, previstas para el día 24 de ese mes.

Así ese día se ofrecía información de cuál era la situación en las diferentes circunscripciones de la provincia de Valencia y Huelva. En la provincia levantina se elegírían diputados en la capital,  y en los distritos de Albaida, Alcira -donde se enfrentaban el presidente de la Cámara Agrícola de Valencia José Montesinos Checa, alineado con el político conservador Juan de la Cierva y Peñafiel y el médico y científico Gustavo Pittaluga (n. 1876) alineado con las izquierdas, que sería derrotado-  Chelva, Chiva, Enguera, Játiba, Liria, Gandía, Requena, Sagunto, Sueca, y Torrente. Por su parte en la provincia andaluza,  donde los conservadores tenían la hegemonía política, se elegirían diputados en la circunscripición de la capital, y en los distritos de Aracena y Valverde del Camino.

Por su parte el corresponsal del diario en Galicia Jaime Solá (n.1874) , en el marco de un panorama que estaba intentando hacer El Sol sobre el arte y la literatura regionales, firmaba un artículo -acompañado de una caricatura de Castelao-  sobre “Los poetas gallegos” en el que explicaba que los poetas representativos de Galicia eran tres: “Rey Soto (n.1879), que es poeta español y el nexo literario entre el atavismo galleguista y el castellanismo ciudadano; Ramón Cabanillas (n.1876), que representa la rebeldía y los lirismos de la raza y es nuestra desesperación y nuestro furor hechos melodía, y Noriega Varela (n. 1869), que es…nuestra montaña”.

Castelao El Sol 14 febrero 1918

La colaboradora Beatriz Galindo dedicaba ese día su columna “Diario de la mujer” a ofrecer consejos dietéticos como parte de su campaña pedagógica por introducir hábitos alimenticios saludables entre la población femenina. En su texto titulado “Lo que se debe comer” insistía en la importancia de conocer las cantidades de comida que cada organismo necesitaba pues “tal desconocimiento de la fuerza nutritiva de los alimentos y de la potencia digestiva del cuerpo, la cual varía según la edad del individuo y según sus ocupaciones, es causa de muchas de las dolencias y desarreglos que padecemos”. Y para hacerse comprender de sus lectores y lectoras comparaba al cuerpo humano con una máquina que necesita combustible para marchar y grasa para conservarse en buen orden. Pero “si ese combustible es malo, la máquina se deteriora poco a poco y acaba por no poder marchar”, situación que le pasaba también al organismo humano que también comparaba con una casa que necesita calefacción, aire, limpieza y, de vez en cuando, las reparaciones necesarias.

El Sol Historia y Geografía

En la sección Historia y Geografía, inserta en la última página de ese ejemplar, el lector tenía ante sí dos artículos firmados por el responsable de la sección, el ensayista mexicano Alfonso Reyes (n.1889) y otro por su colaborador Juan Dantín Cereceda (n. 1881), catedrático de Agricultura por aquel entonces en el Instituto de Guadalajara.

El primero de los artículos de Alfonso Reyes se titulaba “El periodismo inglés. Daniel Defoe“, que inicia así: “Con las botas de siete leguas andamos recorriendo los campos del periodismo inglés. Entre el XVII y el XVIII, como una transición entre los precursores del siglo anterior y los periodistas literarios del siguiente, encontramos a Daniel Defoe”. Y a continuación traza una viva semblanza del autor del Robinson Crusoe que escribió cuando tenía cerca de sesenta años, estableciendo un paralelismo entre autor y obra:

Después de todo, Defoe era como su Robinson: hombre en quien la fiebre de actividad llegaba a extremos místicos, y a quien la reiterada experiencia de las olas y las borrascas acaba por reducir a un estado de escepticismo casi profesional. Pero si la moral era algo vagabunda, a fuerza de ser comprensiva, el talento era eficacísimo y pronto. Y aqui el problema de todos los “virtuosos” que carecen de filosofía: Defoe, por la Prensa y con la pluma en la mano, era capaz de toda mala estratagena periodística; capaz, a un tiempo, por su amoralidad y su inteligencia. Pero esto no quita que pudiera ser, en lo privado, un hombre de bondad media, casi siempre liberal por principio, y filántropo algunas veces.

Recientemente también Carmen Joy (ver aquí) ha evocado la figura de Daniel Defoe como un abanderado de la libertad de expresión y padre del periodismo económico, cuestión que ya había subrayado Alfonso Reyes en el mencionado artículo.

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Su segunda contribución, titulada “Los viajes de Juan de la Cosa, descubridor de Venezuela” estabaadedicado  a comentar el cuarto volumen de la monumental obra de Segundo de Ispizúa (n.1869) sobre “Los vascos en América”, dedicado al descubrimiento de Venezuela, que Reyes critica de esta manera:

Cierto calor de polémica, cierto soplo de regionalismo matizan el tono de la obra. Abundante en documentación, laboriosa, extensa, la obra ganaría con que se hubiera dado tiempo para que se depositaran los datos allá en el fondo de los apéndices, dejando en primer término el agua clara de las conclusiones. Se echa de menos una distribución mayor en los materiales y los asuntos. La reproducción de cartas antiguas aumenta considerablemente el atractivo y la utilidad del volumen.

Todo él resulta escrito en torno a la figura de Juan de la Cosa, el navegante y cartógrafo vizcaíno, cuyas glorias no escatima el autor. No es de este lugar el discutir minucias. Con método estrictamente “constructivo”, aceptamos los puntos de vista del historiador, y procuramos darnos cuenta de la perspectiva que ellos nos descubren.

 

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Retrato en cerámica expuesto en las escuelas que llevan su nombre en Santoña (Cantabria).

 

Y así Ispizúa presenta a un Juan de la Cosa, que no es vasco, sino cántabro, (Santoña n. entre 1450 y 1460) , muy próximo a Colón con quien se embarcó en 1492 en la Santa María, y “maestro de hacer cartas”, como le llamaban los documentos de la época. Su tercer viaje americano fue en 1499 como piloto del capitán Alonso de Ojeda. Con ellos viajaba Américo Vespuccio, como simple curioso o mercader. Ese navío fue el que arribó a Paria, en Venezuela, y desde allí prosiguió hasta más allá del Cabo de Vela, en la actual Colombia. De ese viaje el piloto Juan de la Cosa levantó un mapa, publicado en 1500, que es el primero de lo que se conocería como continente americano, y que actualmente se conserva en el Museo Naval de Madrid, gracias a gestiones que hizo en Paris en 1853 Ramón de la Sagra (ver aquí).

 

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Mapa mundi de Juan de la Cosa. Pintado sobre pergamino. 93 cm. de alto por 183 de ancho. Museo Naval de Madrid.

 

 

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Ubicación de la isla de Guanahaní y de las Indias occidentales en el mapa mundi de Juan de la Cosa de 1500

 

En ese mapamundi figura por primera vez Venezuela y el contorno circular de Cuba que ocho años después se reconocería oficialmente. Luego Juan de la Cosa, en 1501, hizo su cuarto viaje bajo el mando del capitán Bastidas. En él recorrió parte del actual litoral colombiano y centroamericano, desde el cabo de Vela a Nombre de Dios pasando por la actual Panamá, haciendo una nueva carta en la que representa la costa colombiana y panameña que había recorrido.

De la calidad de los mapas de Juan de la Cosa cabe señalar, y así lo subrayan Ispizúa y Reyes, que el gran humanista y cronista de Indias  Pedro Mártir de Anglería (n.1457) los consideraba como los más recomendables de su época.

Juan Dantín Cereceda, por su parte, firmó el artículo “La Geografía y las nacionalidades”. En él expuso por una parte cómo el medio geográfico era el basamento de las diferentes nacionalidades existentes en Europa, cuyas aspiraciones al autogobierno modificarían el futuro mapa político. Este planteamiento metodológico lo expuso así a sus lectores de El Sol:

El medio físico- el relieve y naturaleza del suelo, el clima, la vegetación, la fauna misma- , en una coactuación a la vez simultánea y recíproca, crea en cada pueblo, en cada grupo étnico, la esencia y los accidentes de su especial modalidad. Este medio geográfico -la montaña o la llanura, la campiña o la ribera, la meseta o la costa, las lluvias o la sequía, la estepa o el bosque- actúan enérgicamente sobre el hombre y condicionan todas sus actividades, incluso las más delicadas y espirituales. La influencia del medio geográfico es siempre  para el pensador la explicación de las costumbres, del carácter y significación de las instituciones, del sentimiento y expresión del arte, del habla y del folklore, de las peculiares industria y agricultura, del modo cómo la población se distribuye y se agrupa, del modo cómo forma, desenvuelve y gobierna el propio contenido espiritual.

Luego hizo un recorrido rápido por España, “el país de mayor y más compleja diversidad que hay en Europa” para convencer a sus lectores de los presupuestos de la geografía humana, de la que Dantín fue un precursor en la sociedad de su época, “según los cuales la Geografía gobierna más de lo que pensamos la esfera espiritual”.  Poniendo como ejemplo de la fuerza de esa constatación el hecho de al ser Cervantes castellano, “por más señas, de la seca y terrestre Alcalá de Henares….la contemplación del mar no le emociona ni despierta en él idea de grandeza, antes le sugiere la banal chanzoneta de que le pareció a Don Quijote ‘asaz mayor que las lagunas de Ruidera'”.

Y finalmente contrapuso el distinto funcionamiento “en la guerra universal de que venimos siendo testigos” de entidades políticas multinaciones: unas, como los Estados Unidos de América, el Imperio británico y el Imperio alemán, habían logrado preservar su cohesión “practicando la autonomía de los Estados componentes y la federación para ciertos grandes fines comunes”, mientras que en Rusia y Austria-Hungría “en donde el despotismo venía actuando con manifiesto olvido y menoscabo del derecho de las nacionalidades componentes, la pretendida unión nacional ha sido ineficaz y aun dañosa a la victoria”.

Concluyó este artículo vaticinando el estallido del imperio austro-húngaro, lo que se produciría al cabo de pocos meses, de manera que a la doble Monarquía solo le quedaría, según Dantín, “la alta y baja Austria, Salzburg y la Stiria”.

 

 


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El Instituto de Sueroterapia de Madrid, el arqueólogo andariego Torres Balbás y el triunfo del feminismo inglés: El Sol 13 de febrero 1918

La primera página de El Sol del miércoles -de ceniza- 13 de febrero de 1918 se abría con un amplia cobertura sobre un nuevo hundimiento de un buque mercante español por submarinos alemanes. La última víctima era el vapor Ceferino, con matrícula en Avilés, cuyos 37 náufragos habían llegado a la isla canaria del Hierro tras haber sido hundido su buque que llevaba diversas mercancías, como sal, a Manila.

Más adelante se encontraba con otro tipo de informaciones, relevantes para conocer el dinamismo cientifico y cultural de España y del mundo en aquella época.

Asi, por ejemplo, su colaborada Beatriz Galindo fijaba su atención ese día en su sección “Diario de la mujer” en el Instituto municipal de Sueroterapia que con el apoyo financiero del Ayuntamiento madrileño se había inaugurado en el verano de 1917. Tras visitarlo en su sede de la calle de Cristóbal Bordiu, y entrevistarse con su director, el doctor García Vicente, elogiaba su organización, la labor asistencial que llevaba a cabo para curar a los niños de familias obreras afectados por la difteria y el funcionamiento de su laboratorio donde se hacían los preparados de suero y los análisis, y de la gran sala de traqueotomía.

Mundo Grafico 11 julio 1917

Mundo Gráfico 11 julio 1917

 

Por su parte el critico de arte Francisco Alcántara (n. 1854) dedicaba su sección “La vida artística” a dar amplia cobertura con el título “La arqueología andariega de Torres-Campos Balbas, en el salón del Círculo de Bellas Artes”, a la noticia que ya había dado días antes de la concesión de un premio que había obtenido Leopoldo Torres Balbás (n.1888) en un concurso convocado por la sección de Arquitectura de ese círculo de sociabilidad de las clases dirigentes madrileñas.

El ganador del concurso era presentado como un arquitecto que era también arqueólogo andariego, representante de “una juventud artística ansiosa de hallar en la vida lo que nosotros, que les precedimos no encontramos en las cátedras”. La obra premiada, fruto de las andanzas del autor por el interior de la Península, era su trabajo Los porticos laterales en las iglesias románicas castellanas que contenía más de cien fotografías y cerca de veinte dibujos de plantas.

 

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Pórtico de la iglesia de Rebolledo de la Torre, Burgos

 

 

 

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Iglesia de San Millán de Segovia

 

 

Así resumía Francisco de Alcántara los contenidos de ese trabajo sobre la arquitectura medieval cristiana de Leopoldo Torres Balbás, cuando tenía 30 años:

Los pórticos de las iglesias románicas de Segovia San Martín..San Millán, San Lorenzo, etc. no son más que los últimos ejemplares de una disposición arquitectónica, cuya lenta evolución puede irse siguiendo al través de Castilla la Vieja. Buscar su origen, estudiar su evolución en las sierras de Burgos, en el alto curso del Duero y a través de las tierras segovianas, ha sido el fin que se ha propuesto el Sr. Torres Balbás en su trabajo. El tema ofrecía grande interés, por constituir los porticos laterales en nuestro arte románico, importado casi todo él de Francia, la única particularidad propiamente española, o mejor dicho, castellana, de muchas iglesias, pues en país alguno se encuentran con análogos caracteres, y cuando aparecen, son casos aislados sin conexión con el grupo español. Su disposición general, de galería muy abierta, sobre columnas cortas, adosada al muro meridional de la nave del templo, parece indicarnos que tuvieron origen en clima más suave que el de la alta meseta castellana. A través de ocho siglos de oscura vida rural, el pórtico ha sido vestíbulo de la iglesia, sala del Concejo, refugio de caminantes, mentidero del lugar y sitio de reposo de muchos de sus vecinos despues de muertos. Aún hoy día, en la región cantábrica, en la que se han seguido construyendo desde el siglo X. con rara persistencia y estructura más pobre que en Castilla, muchos de ellos utilízanse como escuela pública y sala de Concejo.

También Francisco Alcántara en su artículo reprodujo las palabras de Torres Balbás en las que este explicaba las motivaciones de su investigación, surgidas de su estudio de la obra de Lámperez (n. 1861) en la que “historió nuestra arquitectura cristiana ” y su método de trabajo basado en el uso de la fotografía. Y enumeró los títulos de las fotografias de iglesias románicas medievales que Torres Balbás exponía en el madrileño Círculo de Bellas Artes, burgalesas, segovianas, navarras, sorianas, logroñesas, abulenses, y de la provincia de Guadalajara.

Lo que omite Francisco Alcántara es que el afán andariego del arquitecto Torres Balbás, opuesto a la arqueología de cátedra, de gabinete, libresca, se había originado en los cursos que había recibido Torres Balbás años atrás, hacia 1910, de su maestro Manuel Gómez-Moreno (n.1870), en los primeros seminarios del Centro de Estudios Históricos de la JAE. En ellos el maestro había transmitido a su discípulo también su pasión por la fotografía, instrumento que según Gómez-Moreno permitía “hacer partícipes a todos de la emoción estética y de los valores informativos que la realidad artística provoca”, como comenté hace tiempo en un texto de 1999 dedicado a ese historiador del arte y arqueólogo. Ese texto -“Manuel Gómez-Moreno en el taller del Centro de Estudios Históricos” (accesible aquí)– fue publicado por J. Blánquez Pérez y L. Roldán Gómez en un libro-catálogo, según recoge Diego Conte Bragado en 2013 en su interesante estudio sobre “Sepúlveda y el Duratón en la fotografía de Leopoldo Torres Balbás”, accesible aquí.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

La última página de El Sol de 13 de febrero de 1918 estaba cubierta por la sección semanal dedicada a las Ciencias Sociales y Económicas. En ella, su responsable el economista y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Central Luis Olariaga (n.1885) firmaba el artículo “El triunfo del feminismo en Inglaterra” en el que se hacía eco de cómo y por qué las sufragistas inglesas, tras medio siglo de “esforzadas luchas” acababan de conseguir que se incluyese en el censo electoral del Reino Unido a todas las mujeres mayores de treinta años.

El preámbulo de ese artículo decía:

Seis millones de mujeres van a tener representación directa en la política activa inglesa y van a influir considerablemente en la trascendental faena del Parlamento que, cuando se haga la paz, ha de tomar a su cargo la reorganización política e industrial de Inglaterra. De esos millones de mujeres va a depender en buena parte la orientación política y social que después de la guerra ha de darse a Europa. No ha podido escogerse momento más dramático para ensayar el grado de conciencia pública de toda una enorme masa humana que hasta ahora fue considerada poco apta para ciertas funciones importantes de la vida social.

A continuación Luis Olariaga ofreció a sus lectores una breve historia del movimiento feminista moderno inglés, partiendo de la constatación que había hecho la feminista socialista alemana Lily Braun (1865-1916) en su libro El problema de la mujer de que “el movimiento feminista burgués arranca del momento en que las mujeres reclamaron su derecho al trabajo”.

Su texto estaba ilustrado con datos elocuentes sobre el protagonismo logrado por las mujeres en la vida cultural y económica inglesa a fines del siglo XIX. Por ejemplo el censo de 1891 ofrecía estas cifras sobre la presencia femenina en las profesiones intelectuales de Inglaterra y Gales

El Sol 13 febrero 1918

Según Olariaga esos millares de mujeres de la clase media inglesia habían sido la punta de lanza del movimiento sufragista, que se habían transformado en millones “desde que la guerra las hizo sustituir a los hombres en sus puestos”.

También la Gran guerra había favorecido en el terreno industrial, en el que la presencia de las mujeres era también muy relevante (ver los dos siguiente cuadro), la ruptura de los diques “que se oponían a la filtración del trabajo femenino en ciertos oficios o en ciertas industrias, y puso a los obreros de uno y otro sexo en condiciones de igualdad”, de manera que según Olariaga “ya no quedaba a las obreras sino mantener en lo posible su conquista, y para ello necesitaban poder aprovechar eficazmente su fuerza social  y política”.

El Sol 13 febrero 1918 proletariado femenino 1

 

 

El Sol 13 febrero 1918 2

El desarrollo del proletariado femenino en la Gran Bretaña a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX

 

 

El Sol 13 febrero 1918 el proletariado britanico

Una comparación del número de trabajadores y trabajadoras en Inglaterra y Gales por sectores productivos según el censo de 1891, según Luis Olariaga

 

Este artículo de Luis Olariaga tiene plena actualidad pues en estas fechas se está conmemorando el Reino Unido el centenario del derecho al voto de las mujeres en ese Estado europeo, lo que está dando lugar a una amplia producción historiográfica como podemos apreciar en este listado  de Rise Up Women ! (ver aquí)

Rise Up Women

 

El trabajo de Luis Olariaga se complementaba en esa sección de Ciencias Sociales y Económicas con un listado de novedades bibliográficas sobre esas materias científicas y con otro artículo del joven catedrático de Eonomía Política y Hacienda Pública de la Universidad de Murcia Ramón Carande (n.1887) -bien conocido por mi generación por su gran obra histórica sobre Carlos V y sus banqueros, o por su magnífica Galería de raros-  sobre “Las contribuciones especiales en nuestra Hacienda municipal” que era continuación de otro que había publicado previamente en El Sol de 23 de enero de 1918.

 

 


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Películas norteamericanas para los ingenieros madrileños, expansión del hispanismo en Cambridge, la adicción a la morfina tratada por Lafora: El Sol de 12 febrero 1918

La primera página de El Sol del martes 12 de febrero de 1918 contenía variadas informaciones. Una de ellas era la cobertura de las negociaciones que se estaban llevando a cabo en Brest-Litowski entre Rusia, tras el ascenso al poder de los comunistas, y los imperios centrales. Otra se refería a la decisión adoptada por parte de los propietarios de ABC y El Sol en nombrar a Maura como árbitro en la polémica que tenían sobre la relación existente entre el Estado y la industria papelera, y cómo afectaba al precio de los periódicos.

En páginas interiores el corresponsal en Galicia presentaba a los lectores de El Sol la figura del líder del regionalismo gallego Rodrigo Sanz López (n.1872), y cuál era su programa político, anticipando que a pesar de sus cualidades no saldría elegido diputado en las elecciones que se celebrarían el 24 de febrero.

En el aspecto cultural destacaré dos informaciones que ofrecía ese periódico.

Una se refería a la expansión de la enseñanza de la lengua española en Inglaterra. La agencia Fabra, en efecto, notificaba que en 1917 la Universidad de Cambridge había recibido un donativo que rentaba 700 libras al año para estimular los estudios sobre la lengua y la cultura española, decidiendo el  Senado dedicar 400 libras a la instrucción adicional del español y a la adquisición de libros españoles y el resto a financiar becas para estudiantes latinoamericanos.

La otra aludía a la llegada a España de una colección de películas instructivas norteamericanas para proyectarlas gratuitamente en los principales establecimientos docentes en el marco de una política de propaganda norteamericana, destinada según el informante anónimo a ofrecer “un testimonio de amistad y para conseguir mayor trato y conocimiento entre el pueblo español y el norteamericano”. Durante la mañana del día anterior -el lunes 11 de febrero- se habían proyectado varias de esas películas en la madrileña Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. En ellas profesores y alumnos pudieron constatar el poderío industial y tecnológico norteamericano pues  pudieron ver “las operaciones que practican en los Estados Unidos para sacar de las canteras de granito los bloques de piedra, y cómo se cortan a máquina del tamaño exacto para colocarlas en los edificios en construcción; la industria del mármol; la explotación de las minas de hulla; la fabricación de cemento Portland; la carga, transportes y embarque de materiales”. También se emitieron vistas en color del volcán Kilauea y de las minas de Hawai y películas sobre una excursión a la cima del monte Wilson, y a una visita a la famosa presa de Roosvelt y al sistema de riego del valle de Río Salado, en Arizona.

 

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el volcán Kilauea en Hawai

 

Estaba previsto que esas y otras películas se proyectaran sucesivamente en las Escuelas de Ingenieros de Minas, de Montes, Agrónomos, Industriales, Superior del Magisterio, Universidades e Institutos.

El Sol Biologia y Medicina

La sección Biología y Medicina, habitual de todos los martes en ese diario, estaba dominada por un largo artículo del responsable de esa sección, el siquiatra Gonzalo R. Lafora (n.1886) sobre “El morfinismo”, que se había convertido en un problema de salud pública en la ciudad de Madrid, como venía denunciando El Sol.

Por su interés extracto algunos de sus contenidos.

El morfinismo, como plaga social, es relativamente nuevo en el mundo. Sólo hace cincuenta años que se le conoce, y ha venido a sustituir al abuso del opio y sus derivados, vicio que fue muy propagado en Europa antes de conocerse la morfina.

El vicio de comer opio se inició al final del siglo XVIII en Inglaterra, debido a sus relaciones comerciales con las Indias….Hombres eminentes, como lord Erskine, y el piadoso William Willberforce, y poetas como Tomás de Quincey y Coleridge, cayeron en el hábito…

En las ciudades es, sobre todo, dónde la tentación hacer caer a más desgraciados. Nosotros recordamos con espanto nuestra visita a un local de fumadores de opio en el barrio chino de Nueva York. En una habitación cuadrada, sin ventanas, con una atmósfera irrespirable y casi en plena oscuridad, tumbados o acurrucados como erizos sobre los bancos adosados a la pared, yacían numerosos chinos en pleno sueño de opio: unos con una mueca de malestar, demacrados y casi cadavéricos, y otros con sonrisa reveladora de sueños paradisíacos. Todos permanecieron inmóviles e indiferentes a nuestra llegada. Difícilmente puede darse un espectáculo más deprimente y revulsivo.

El opio es, sin embargo, menos dañino que la morfina, sobre todo si se toma con relativa moderación, como es frecuente….

En Madrid, el morfinismo se ha desarrollado bastante en estos últimos años, especialmente entre los señoritos desocupados de nuestra clase media y entre algunos aristócratas. Hay algunas farmacias, conocidas de todos ellos, donde se pueden adquirir a discreción los tubos de pastillas comprimidas de morfina. La solidaridad más estrecha une a unos con otros para proporcionarse el veneno cuando alguno no ha podido conseguirlo. Un grupo de cocotas morfinómanas y eterómanas contribuye poderosamente a propagar estos vicios entre estos jóvenes neurósicos, que, fácilmente sugestionados por los propagandistas de los placeres refinados y nuevos, ensayan el tóxico y pronto son presa del vicio invencible.

Hay varios tipos de morfinómanos. El más corriente es el del médico, dentista o enfermero, que para aliviarse alguna afección dolorosa empieza a emplear las inyecciones de morfina o pantopon, y prontamente se hace morfinómano. En circunstancias corrientes constituyen un tercio de los morfinómanos. ….

Hay otro tipo de morfinistas inducidos. Son espíritus débiles, neurósicos o psicopáticos, que a la menor sugestión de otro morfinómano caen en el vicio del morfinismo. Este es el morfinómano que está ahora constituyendo una preocupación social en Madrid.

El peor grupo de morfinistas es el de los sportivos, que sucumben en el vicio por una atracción irresistible hacia los tóxicos costosos y de efectos enervantes, hacia los paraísos artificiales obtenidos por estos medios. ….Baudelaire, De Quincey, Coleridge y Poe son sus autores predilectos y los inductores literarios de su sport de intoxicación.

Un tipo tampoco raro de morfinómano es el que recurre al opio o la morfina para aliviarse de grandes penas o depresiones psíquicas. Vamos a referir un interesante caso de nuestra práctica. Hace dos años fuimos llamados un día para ver a un abogado de una capital provinciana que se había trasladado a Madrid con el intento de curarse de su morfinismo. ….

La vida del morfinista habitual es una alternativa de estados opuestos: de euforias y placeres cada vez más breves, con angustias y terrores cada vez más graves y prolongados. …

El opio y la morfina actúan sobre la voluntad para paralizarla; sobre la consciencia, para encallercerla, y arruinan y devastan todo lo que hay en el hombre de más noble y precioso. De Quincey y Coleridge (1) lo han repetido con insistencia en sus escritos. El primero  ha expresado de modo insuperable los efectos del opio. En su libro Confessions of an opium eater (Confesiones de un mascador de opio), escrito de un tirón en una de sus fases de hipomanía que, alternándose con otras de depresión, sufría De Quincey desde su infancia, hace toda la historia de su vicio. Le seguiremos en los pasajes más importantes, en aquellos en que revela las diferentes fases por que pasó……

Para evitar la propagación de este degradante vicio, se han empleado con éxito en el Japón, Estados Unidos y aun en China, donde el intento tropieza con poderosos intereses comerciales, las medidas prohibitivas más severas. En España, sólo con cumplir la ley que prohibe la venta de morfina sin prescripción facultativa se conseguiría hacer desaparecer o disminuir esta ruina de algunas familias.

El tratamiento del morfinómano exige una reclusión muy vigilada. Los métodos empleados son tres: la supresión brusca, la rápida y la lenta. Las más práctica y humana es la rápida, que va disminuyendo gradualmente la dosis en nueve o diez días, hasta llegar a la supresión. El empleo de sustitutivos (dionina, cocaína, heroína, etc), es perjudicial, porque muchas veces añade una nueva intoxicación a la ya establecida. Ultimamente, Schleth ha recomendado una mezcla de escopolamina, pilocarpina, etil-morfina y alcohol que a nosotros nos ha dado buen resultado en algunos casos, utilizándola en dosis gradualmente decrecientes.

(1) Consúltese sobre esto los trabajos de Eva Read (sic, por Charlottereid), “Manifestations of manic depressive insanity in literary genius” (American Journal of Insanity (sic por Psychiatry), Abril 1912) y Berine (sic) por Arvède Barine, “Poètes et névrosés” (Paris, 1913).

En el apartado Libros y Revistas de esta sección el lector se podía encontrar con una reseña de J.M. Sacristán  (n. 1887) y  con otras dos reseñas de J.N., es decir Juan Negrín (n.1892) . Una de ellas correspondía a un artículo de H. Roger acerca del papel de las suprarrenales en la acción del neumogástrico sobre el corazón publicado en el tomo XVII del Journal de Physiologie et de Pathologie Générale. La otra de J.C. Bock sobre determinación del nitrógeno de los aminoácidos de la sangre publicado en el tomo XXVIII del Journal of Biological Chemistry.

 


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Castelao, la fotografía aérea, la situación de la instrucción pública en la Argentina y los premios del Instituto San Isidro en El Sol de 11 febrero 1918

El lunes11 de febrero de 1918 se incorporó  al diario El Sol un nuevo colaborador que fue presentado así por el periódico a sus lectores: “Desde hoy colabora en EL SOL el dibujante gallego Alfonso Castelao. Sus caricaturas son una demostración del fino humorismo y la gracia tipica de la región galaica. Castelao es un artista cuyos trabajos satisfarán, sin duda, a nuestros lectores.

Esta era su primera caricatura visible en la primera página junto a una larga afirmación sobre la campaña alemana que según el editorialista de El Sol procuraba desestabilizar la campaña electoral que se estaba desarrollando en el país.

 

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Caricatura de Castelao. El Sol 11 febrero 1918

 

Pero además de abundantes noticias políticas como el artículo “Opiniones sobre el nacionalismo vasco” de Angel de Zabala (n. 1866), sucesor de Sabino Arana en la jefatura del Partido Nacionalista Vasco, en el que discrepaba de las posiciones conciliadoras que había expresado dias antes en El Sol Eduardo Landeta,  el diario también ofrecía también informaciones sobre actividades científicas, culturales y educativas tanto en España como en el extranjero.

Así el corresponsal del periódico Ramón de Goyenuri (seudónimo de Ramón Belausteguigoitia Landaluce (n. 1891) en su artículo “La fotografía desde el aeroplano. Cómo obtiene sus mapas militares el ejército inglés” enviado desde el cuartel general inglés explicó que no había secretos para un ejército que tuviese asegurado su dominio aéreo sobre el enemigo tras ver el funcionamiento de un taller destinado a la obtención de mapas construidos con arreglo a las fotografías que tomaban los aviadores en el frente. Y subrayó la importancia de la fotografía aérea para la elaboración del catastro que debía ser obra de aeroplanos argumentándolo así: “El aeroplano, en cambio, viene a revolucionar el procedimiento. Una fotografía de aeroplano abarca una zona de uno o dos kilómetros. Todo está allí señalado. Un ingeniero, un delineante, hacen los cálculos de distancia necesarios y lo transforman bien pronto en un plano. Yo tengo para mí que el aeroplano es no sólo el gran medio de hacer un catastro rápido, sino de evitar las omisiones y los grandes fraudes de la tierra.”

Por su parte el crítico de arte del periódico Francisco Alcántara (n. 1854) dedicaba su columna “La vida artística” a resumir ampliamente el folleto ilustrado con nueve vistas y dos dibujos que acababa de publicar Vicente Lámperez y Romea (n.1861), “benemérito historiador de la arquitectura cristina” sobre el castillo de Belmonte (Cuenca), un “romántico ejemplar de arquitectura de la Edad Media”.

 

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Castillo de Belmonte (Cuenca)

 

 

Y además el diario se hizo eco del acto académico celebrado el día anterior en el Instituto de San Isidro de Madrid en el que se repartieron diplomas a los alumnos premiados en el concurso de 1917 a 1918, al que asistieron cerca de mil escolares, “con notable proporción del elemento femenino, que cada año en mayor número acude a aquellas aulas”. El claustro de profesores estaba presidido por el director Manuel Zabala (n. 1852). En la fiesta participó una banda formada por alumnos de la Fundación Caldeiro.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

 

En la sección Pedagogía e Instrucción Pública su responsable Lorenzo Luzuriaga (n.1889) firmaba el artículo “Los sueldos de los maestros”, continuación de la serie que estaba dirigiendo a las próximas Cortes. En él enfatizaba la importancia del maestro como pieza fundamental del sistema educativo, como había evidenciado la labor de Tomás Arnold, el “maestro de la Inglaterra contemporánea” como reorganizador de las public schools inglesas. Y argumentaba que “no podremos disponer, en el número que es debido, de eficientes y entusiastas maestros, en tanto que no lo preparemos bien y los paguemos mejor” de tal manera que después de la creación de escuelas “los dos problemas más esenciales de nuestra enseñanza nacional son indudablemente la preparación y el sueldo de los maestros”. Su artículo se enriquecía con dos tablas en las que comparaba los sueldos que cobraban los 26.253 maestros que había en España a principios de 1918 con las demandas que solicitaba la Asociación Nacional del Magisterio, de las que se hacía portavoz Luzuriaga:

El Sol 11 febrero 1918 sueldos actuales maestros

 

El Sol 11 febrero 1918 sueldos solicitados

 

También en esa sección se reproducía un trabajo que había aparecido en The Times Educational Supplement, firmado por Percy F. Martin (n.1861), sobre la Instrucción Pública en la República Argentina, primero de una serie de trabajos que esa publicación inglesa pensaba dedicar a la instrucción pública en la “América española”, que El Sol tenía interés en darlos a conocer por las siguientes razones:

“La creciente importancia que los pueblos de habla española van adquiriendo en el concierto mundial se ha manifestado últimamente en múltiples formas, y entre ellas ocupa un lugar principal el estudio de su cultura. Este estudio ha empezado, como era natural, por el conocimiento y difusión del castellano, mediante la creación de numerosas cátedras en los principales países civilizados, yendo a la cabeza, en este aspecto, Francia, Estados Unidos e Inglaterra.

Pero no se ha parado aqui el movimiento de aproximación a los países hispanoamericanos: sino que se ha extendido a otras manifestaciones de su cultura, y entre ella a su Instrucción publica.

Un ejemplo de ello lo ofrece el The Times Educational Supplement, que con la firma de Mr. Percy F. Martin ha empezado a publicar una serie de trabajos sobre la Instrucción publica en la América española.

Como nada de lo que se refiere a ésta puede sernos extraño a nosotros, sino que, por el contrario, debe sernos del mayor interés, como ya lo ha demostrado EL SOL en otro lugar, vamos a reproducir- según vayan apareciendo- los trabajos del Times, resumiéndolos o ampliandolos cuando sea necesario.

Finalmente en el apartado Libros y Revistas de esa sección se reseñaban y se daba noticia de los siguientes trabajos: del discurso sobre un sistema de educación nacional de lord Haldane en Glasgow, reproducido por la publicación londinense The Times Educational Supplement de 31 de enero de 1918; del artículo de J. Portier sobre el recargo de los programas en la segunda enseñanza francesa publicado en París por la Revue Universitaire en enero de 1918; el Report del Consell permanent de la Mancomunidad catalana publicado en Barcelona en diciembre de 1917 por Cuaderns d’Estudi; y un trabajo sobre el auxilio de los Estados Unidos a la educación profesional publicado por la revista neoyorquina Educational Review en enero de 1918.

 


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El Centro de Estudios Americanistas de Sevilla, un panorama sobre la literatura hispanoamericana, y la producción de vino y algodón en España: El Sol 10 de febrero de 1918

El ejemplar del diario El Sol del domingo 10 de febrero de 1918 contenía numerosas informaciones sobre la campaña electoral que se estaba desarrollando en el país. El editorial del día estaba dedicado a la nota diplomática enviada por Italia al gobierno español con motivo del torpedeo del “Duque de Génova” en aguas jurisdiccionales españolas. En la primera página del periódico destacaba también el artículo enviado por Julio Camba (n.1884)  desde París “Bergson, filósofo ´chic´”

También daba cobertura al propietario de El Sol, el ingeniero vasco Nicolás María de Urgoiti (n.1869), a quien los trabajadores de la Papelera Española le acababan de hacer un homenaje con motivo de sus bodas de plata como empresario de ese imperio papelero formado por doce fábricas, seis talleres, doce almacenes y tres delegaciones.

Asimismo reproducía el real decreto del Ministerio de Instrucción Pública que publicó la Gaceta de 9 de febrero por el que se reorganizaba el Centro de Estudios Americanistas, establecido en el Archivo de Indias, que venía publicando un Boletín desde 1913 (accesible aquí)

La Hoja Literaria albergaba colaboraciones de Miguel de Unamuno sobre “El hombre de la mosca y el del colchón”,de Alberto Ghiraldo sobre “Páramos. La visión del viajero”, el poema “La distancia” de Luis Fernández Ardavín y dos artículos de Enrique Díez Canedo (n.1879): el correspondiente a sus Apuntes de la semana que con el título “Un romance fronterizo” dedicaba a comentar el folleto de Pío Baroja El cura Santa Cruz y su partida y el titulado “Crítica literaria. Las literaturas hispanoamericanas. Algunos libros recientes para su historia“.

En esta colaboración efectuaba una valoración de los trabajos de varios críticos e historiadores americanos, como el norteamericano Alfred Coester (n. 1874) autor de The Literary History of Spanish America publicada en 1916; el peruano Ventura García Calderón (n.1886), “autor de dos libros notables: Del romanticismo al modernismo en el Perú y Parnaso peruano”; el dominicano Pedro Henríquez Ureña (n. 1884), quien había promovido la edición de una Antología del Centenario auspiciada por el gobierno mexicano y había formado en ese país “un núcleo de jóvenes entusiastas de la literatura y aptos para esclarecer los problemas de su producción nacional según los nuevos métodos científicos”; los mexicanos Genaro Estrada (n.1887) autor de la magnífica antología Poetas nuevos de México de 1916 y Luis G. Urbina (n.1864) que acababa de publicar en Madrid el libro La vida literaria de México y había colaborado en la edición de la Antología del Centenario con un trabajo sobre “La literatura mexicana durante la guerra de la Independencia”; el venezolano Rufino Blanco-Fombona (n. 1874) que había publicado el tomo de ensayos Grandes hombres de América (siglo XIX) y seguía dirigiendo la “Biblioteca Andrés Bello”, “en que reimprime y divulga las mejores obras de los principales escritores americanos, y a la que no habría reparo que poner si las ediciones fuesen más correctas y esmeradas”; el cubano José María Chacón y Calvo (n.1892), de quien encomiaba su última obra Cervantes y el Romancero y sus libros sobre los autores de su país estudiados en Origenes de la poesía en Cuba y Romances tradicionales en Cuba y sus estudios más recientes sobre Avellaneda y Heredia.

En un suelto se hacía saber que según los datos oficiales publicados en el último número del “Boletín del Ayuntamiento” por la Junta técnica de Salubridad e Higiene el total de las casas saneadas de Madrid, con arreglo al bando de 5 de octubre de 1898 e instrucciones complemenarias, ascendían a 8,839. Como viviendas saneadas se consideraban aquellas que estaban aisladas de la alcantarilla, con sifones hidráulicos, efectos de descarga de agua y ventilación en los respectivos servicios sanitarios e higiénicos.

El Sol Agricultura y Ganaderia

En la sección Agricultura y Ganadería su responsable el catedrático de la Escuela Superior de Magisterio Luis de Hoyos Sainz (n.1868) proseguía su recorrido por la España agrícola, dedicando su colaboración de ese domingo a “La cosecha de uva y la producción de vino en España”.

Expuso en ese artículo cómo la cosecha de 1917 había sido la más alta de la que se tenía noticia pues la producción de uva había ascendido a 40.693.141 quintales métricos, de los que se habían obtenido casi 24 millones hectolitros de mosto,  cuando en 1898, “el año del desastre nacional”,  la cosecha de uva había sido de algo más de 35 millones de quintales, superando la producción de mosto por poco los 20 millones de hectolitros. Y subrayó cómo la producción de vino en España era mucho menor que en Francia e Italia. Explicó además la existencia de dos modelos en las provincias vinateras españolas representadas por Barcelona y Ciudad Real. Aquella, “con una enorme diferencia sobre todas las restantes provincias” era la gran productora de vino, aunque no fuese la primera en superficie: de 734 mil hectolitros producidos en 1898 había llegado a producir en 1917 3.852.400 hectolitros, quintuplicándose su producción.  Sin embargo Ciudad Real siendo la primera en extensión de viñedos solo había alcanzado una producción de vino de 2.381.832 hectolitros, obtenidos de 4 millones y medio de quintales de uva, frente a 5.791.000 que había alcanzado Barcelona. Diferencias que se debían a la variación de rendimientos. Finalizaba Hoyos Sainz su artículo señalando que continuaría analizando esas estadísticas “para sacar consecuencias y enseñanzas de sus números, que solos por sí, como todos los valores absolutos, poco o nada dicen, resultando la fecundidad para el conocimiento de sus relaciones y proporciones, que juntando lo aparentemente separado crea las leyes que rigen al número, y en este caso a la producción”.

El apartado “Original ajeno” de esa sección lo cubría nuevamente el ingeniero agrónomo Enrique Cremades quien firmaba el artículo “La producción y consumo del algodón”. En él señalaba que después de haber demostrado en artículos anteriores que el algodón podía cultivarse en “una parte de nuestro territorio con excelentes beneficios” tenía interés en esa colaboración mostrar “la importancia de esta materia, y cómo se reparte la producción y el consumo en el mundo, especialmente en cuanto a Europa y nosotros se refiere en relación con el consumo, para deducir luego consecuencias sobre la conveniencia de cultivarlo en nuestro país en gran escala”.

El apartado “Leyendo Revistas” estaba dedicado  a reseñar un trabajo sobre el cribado del trigo para siembra de G. Gaudot publicado en el número 2  de 1918 del Journal de l’Agriculture Pratique.

 


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Homenaje a Costa en el Ateneo y artículo de Fernando de los Ríos en El Sol del 9 de febrero de 1918

En la primera página de El Sol del sábado 9 de febrero de 1918 se entremezclaban noticias e informaciones como las siguientes: el editorial “Política internacional. Mientras Alemania contesta a España… Curiosa serie de coincidencias”, un artículo del director del diario Félix Lorenzo (n. 1879) sobre el pleito que tenían entablado los períodicos acerca de su precio de venta, y el comunicado oficial sobre el hundimiento del vapor español Sebastián, matrícula de Bilbao, que transportaba sal en su viaje de Torrevieja a Nueva York por submarinos alemanes.  Ese hundimiento se había producido en las proximidades de la isla de La Palma y era consecuencia del bloqueo que había decretado el gobierno alemán de la costa de Africa, cuyas graves consecuencias para los intereses españoles en ese continente fueron analizadas en una reunión de la Liga Africanista Española.

En otra parte del diario se ofrecía amplia cobertura del homenaje brindado a Joaquín Costa (1846-1911) -con motivo del séptimo aniversario de su fallecimiento- en el Ateneo de Madrid, con participación de Luis de Zulueta (n.1878), José Ortega y Gasset (n.1883), y el criminólogo aragonés Rafael Salillas (n.1854)

El Sol Derecho y Legislación

Y en la sección Derecho y Legislación su responsable Fernando de los Ríos (n.1879) firmaba el artículo “La requisa como medio para la gestión de los fines del Estado”, continuación de otro escrito previamente.  Los epígrafes de su nueva aportación eran: III. El interés público y el particular.- IV. Criterios para la fijación del precio de la mercancía requisada: a) El curso comercial,- b) Teoría del precio de adquisición.- c) Teoría del valor medio o normal.- V. La Jurisprudencia


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De una médica escocesa, pintores españoles, y el libro de un telegrafista sobre cables submarinos: El Sol 8 de febrero de 1918

En el ejemplar del diario El Sol del viernes 8 de febrero de 1918 abundaban las noticias relacionadas con la política nacional e internacional.

La primera página se abría con un editorial titulado “Los atropellos alemanes. Gobierno amedrentado y opinión dormida”, a propósito de los ataques de submarinos alemanes a la buques de la marina mercante española. En páginas interiores se ofrecía una amplia cobertura del mitín celebrado en la noche del jueves 7 de febrero en la Casa del Pueblo de Madrid, donde Alejandro Lerroux, Pablo Iglesias y Melquiades Alvarez pidieron el voto para la candidatura de la conjunción republicano-socialista en las elecciones que se iban a celebrar el 24 de febrero.  Y se ofrecía un espacio a Mariano Salaverría para que en su artículo “Cambó y el nacionalismo vasco” explicase la reciente evolución política de los nacionalistas vascos por influencia de la labor desarrollada el año anterior por Cambó en el País Vasco.

En “Diario de la mujer” Beatriz Galindo usaba su columna para rendir homenaje a la labor filantrópica que había desarrollado durante la guerra la médica y sufragista escocesa Elsie Inglis (1864-1917), que acababa de fallecer en Edimburgo, “y a cuya decisión de carácter, energía y devoción deben la vida no pocos luchadores de los Balkanes y de Rusia”, gracias a las “Unidades de Hospitalización”, exclusivamente femeninas que logró formar con el apoyo de las Sociedades sufragistas de Escocia.

 

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Retrato de la Dra. Elsie Inglis. Welcome Collection

 

Por su parte el crítico de arte Francisco Alcántara (n.1854) dedicó su columna “La vida artística” a comentar, muy elogiosamente, la conferencia que había dado el día anterior en el Ateneo el crítico de arte del diario El Universo Francisco Leal sobre “Nuevas tendencias de la pintura española“. En ella trazó un razonado paralelismo entre ciertos caracteres de la técnica musical y los de la técnica pictórica y, apoyándose en numerosas proyecciones, explicó la teoría estética y filosófica del cubismo, y la “asiatización de las artes occidentales” por la “avasalladora” influencia del pintor judío León Bakts (n.1866) a través de los ballets rusos.  Finalmente estudió las obras de pintores españoles jóvenes, proyectando cuadros de Sotomayor (n.1875), Benedito (n. 1875) y Beltrán (n.1885), así como de Marceliano Santamaría  (n. 1866) y Anglada Camarasa (n.1871).

El Sol Ingeniería y Arquitectura

En la sección Ingeniería y Arquitectura aparecían dos contribuciones de su responsable, el ingeniero Federico de la Fuente.

La primera era su artículo “La formación sintética del ácido nítrico, Primeras tentativas” donde explicaba cómo los químicos habían abordado en el pasado la formación sintética del ácido nítrico, cuya fabricación era, en su opinión, el problema fundamental que tenía que resolver la química mineral en el primer cuarto del siglo XX para poder despreocuparse del agotamiento de las nitrerías naturales.

La segunda, titulada “Maximalismo arquitectónico. Para una alusión” era su respuesta a un comunicado de la Sociedad Central de Arquitectos a propósito de un artículo que había escrito cinco semanas atrás sobre las protestas surgidas entre varios arquitectos al encargo que se había hecho a Francisco Javier Luque (n.1871) para que se hiciese cargo de la construcción de la nueva sede del ministerio de Marina.

En el apartado Libros y Revistas se reseñaban los siguientes artículos: “El hormigón armado en 1917”, procedente de la notable revista inglesa Concrete and Constructional Engineering; “El puente basculador, sistema Scherzer, de Keadby (Inglaterra), de Le Génie Civil; “Notas acerca del empleo de los motores Diesel en los submarinos” escritas por el teniente Shermann, de la Marina de guerra norteamericana; los contenidos del ejemplar de octubre de 1917 de la revista Ingeniería, publicada en Buenos Aires, que “constituye una brillante muestra del estado de las ciencias aplicadas a la industria en la República Argentina”. Y el libro del Oficial Técnico de Telégrafos, y futuro dirigente de la masonería española,, Mateo H. Barroso (n.1874) Cables submarinos. Guía para el cálculo y determinación de sus características.

Mateo H. Barroso port392_1

 


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El periodismo inglés en el siglo XVII, el filólogo Paul Meyer y la producción del mapa de España en El Sol de 7 de febrero de 1918

En la primera página del ejemplar de El Sol correspondiente al jueves 7 de febrero de 1918 sus lectores podían leer noticias variadas tales como: el editorial titulado “La alarma oficial. El presidente del Consejo debe descubrir a los que juegan con la tranquilidad española”; el artículo que enviaba Julio Camba (n.1884) desde París “Los franceses y los francófilos” y la continuación de la polémica sobre el precio de los periódicos entre El Sol ABC. 

El Sol Historia y Geografía

Si saltaba a la página 8, la última del diario de ese día, se encontraba con dos largos artículos de la sección Historia y Geografía.

El primero, “Los orígenes del periodismo inglés” estaba firmado por el responsable de la sección el intelectual mexicano Alfonso Reyes (n. 1889), quien basándose en la Historia de la Literatura Inglesa que acababa de editar la Universidad de Cambridge ofrecío una serie de datos sobre el desarrollo del periodismo inglés en el siglo XVII, tomando en cuenta el dictum de Voltaire: “Le secret de ennuyer, c’est de vouloir tout dire”, y terminando su texto con esta reflexión: “no cabe duda que el destino de los periodistas se parece al de los embalsamadores de Egipto, cuyos servicios todos reclamaban y todos consideraban como preciosos, pero de cuyas personas se alejaban todos con cierto horror. Así, desde que aparece el periódico, se le busca como al pan cotidiano; pero al periodista, a poco que se le descuide, se le enjaula”. 

El segundo era una amplia necrológica que el romanista e hispanista italiano Pío Rajna (n.1847) había dedicado a su colega Paul Meyer (17 enero 1840-9 de septiembre de 1917) en el ejemplar de Il Marzocco de Florencia, de 11 de noviembre de 1917. El nombre de Meyer representaba toda una época de la Filología según se le presentaba en El Sol, y para Rajna era el decano de los estudios de Filología Románica.

En el apartado Libros y Revistas Juan Dantín Cereceda (n.1881), que era catedrático de Agricultura del Instituto de Guadalajara, se hacía eco de un breve artículo que había publicado el teniente de artillería Carlos Valentí de Dorde sobre “El mapa de España” en las páginas de la revista Madrid científico de 15 de enero de 1918. También se reseñaba brevemente un trabajo de Gabriel Porras sobre “Bolívar y la independencia de Cuba”, publicado en Cuba Contemporánea.


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Siete días de ciencia y cultura en “El Sol”: la segunda semana de enero de 1918

La opinión pública española siguió con interés a lo largo de la segunda semana del 1918 las novedades procedentes del exterior y las relacionadas con la situación política española.

En la esfera internacional las noticias más destacadas en la prensa de aquel momento estaban relacionadas con las vicisitudes de la Gran Guerra -como la progresiva implicación norteamericana en el conflicto-, las negociaciones que el nuevo poder soviético realizaba con las potencias centrales en la ciudad bielorrusa de Brest-Litovsk y las grandes batallas que se estaban librando en el frente italiano. Pero también con los efectos en la república portuguesa del golpe militar de Sidonio Pais el 5 de diciembre de 1917, que provocó el exilio de Bernardino Machado, muy apreciado en los círculos liberales y democráticos españoles.

Evidentemente el hecho más destacado en la esfera internacional de aquella semana fue el importante discurso del presidente Woodrow Wilson en el Congreso norteamericano el 8 de enero de 1918. En él expuso las catorce condiciones que Estados Unidos consideraba imprescindibles para que acabase la guerra y que inspirarían meses después las negociaciones que concluirían con el Tratado de Versalles en 1919.

En cuanto a la política española  lo más significativo fue el decreto de disolución de las Cortes firmado por Alfonso XIII con la consiguiente convocatoria de elecciones y el incremento de la tensión social, sucediéndose revueltas y motines en diversas partes del país, como consecuencia del progresivo incremento de los bienes de mayor consumo como el pan que generaba hambre entre las clases populares. Las dificultades de abastecimiento con motivo de la guerra eran crecientes debido al torpedeo sistematíco de buques mercantes españoles por submarinos alemanes y a vergonzantes maniobras de especuladores.

En el marco de ese horizonte internacional  y nacional las hojas científicas y culturales de El Sol, que ya fueron presentadas en la entrada anterior, proporcionaron información variada a sus lectores, que resumo a continuación.

El Sol Biologia y Medicina

El martes 8 de enero de 1918 la sección de Biología y Medicina dio cabida a un texto del cardiólogo y expensionado de la JAE Luis Calandre (n.1890) que ejercía de médico de la Residencia de Estudiantes. El artículo se titulaba “Baños de sol”. Dirigido fundamentalmente a médicos, pero también a maestros y padres, tenía como objetivo dar a conocer una serie de nociones sobre la Helioterapia o tratamiento por los baños de sol para que sus lectores pudieran hacer un uso adecuado de ese recurso terapéutico, administrándolo adecuadamente. Calandre lo consideraba un antídoto eficaz para luchar contra la tuberculosis que entonces diezmba a la población española.

Para hacerse una idea de su tenor reproduzco su primer y último párrafo.

La energía radiante que nos viene del sol, es una fuente de vida y de salud; nosotros, sin embargo, solemos esquivarla. El organismo del hombre está hecho para vivir en la atmósfera, y se encuentra, por tanto, en su verdadero elemento cuando está expuesto a la acción del aire y de la luz. Desearíamos que esto no lo ignorase ningún padre, ningún maestro, ni ningún médico. Dirigiéndonos especialmente a estos últimos, nunca insistiremos bastante en aliviar los beneficios que pueden obtenerse con el empleo de los baños de sol. ¡Cuántos tuberculosos hay por los pueblos –pueblos de hermoso clima y de buen sol- que se van consumiendo en sus alcobas cerradas, sombrías, saturadas del olor de medicinas, y que podrían curarse bien, viviendo a plena luz!

………

En Puericultura, el baño de sol es un factor higiénico de primer orden. ¡Qué bellos resultados se obtendrían si las madres considerasen entre los cuidados diarios que tienen para con sus niños, el tenerles un rato desnudos al sol, bien en su habitación, en una azotea, en el jardín, en el campo o en la playa! Hoy se admite que la infección tuberculosa se hace, por regla general, durante el período de la infancia: los gérmenes se fijan en los ganglios linfáticos, en los cuales pueden permanecer acantonados viviendo una vida latente durante muchos años. Pero si, por un motivo cualquiera, se debilita la resistencia del organismo, pueden entonces los gérmenes salir de los ganglios, repartirse por otros órganos y producir acaso una meningitis, un tumor blanco, una tuberculosis pulmonar, una peritonitis. Tengan bien presente las madres que nada hay que pueda fortalecer tanto a los niños y hacerlos resistentes, como la vida al aire libre y al sol.

También en las colonias escolares debiera hacerse habitual la práctica de los baños de sol, con objeto de intensificar los beneficios que los niños pueden obtener durante esas temporadas de permanencia en el campo o en la playa.

Los consejos de Calandre fueron inmediatamente amplificados al día siguiente en El Sol de 9 de enero de 1918 por Beatriz Galindo que tituló la columna de su Diario de la mujer “El sol y el aire en el hogar” para insistir en las virtudes de los baños de sol, un símbolo de la higienización de la sociedad española en la que estaban involucrados los “iluministas” que hacían El Sol.

Conviene anotar también que el interés de Calandre por la higiene escolar que se deduce de la lectura de este artículo explica que meses después, en 1919, la JAE le designase encargado del Servicio de Inspección y Asistencia Médica Escolar en el Instituto-Escuela creado en mayo de 1918, cuestión que abordaremos cuando lleguemos a ese momento.

En la sección Libros y Revistas que acompañaba al texto de Calandre el responsable de la sección el siquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora (n. 1886) efectuaba hasta nueve reseñas de otros tantos artículos aparecidos en revistas científicas británicas, alemanas y francesas. De ellos me ha llamado la atención la noticia que ofrece Lafora del texto publicado por el oftalmólogo Nathaniel Bishop Harman en British Medical Journal de 17 febrero 1917 sobre la Acción del cinematógrafo sobre los ojos de los niños. En él se ofrecían una serie de consejos para que ese tipo de espectador disfrutase del nuevo “mass media” que irrumpía con fuerza en el panorama cultural de hace un siglo.

El Sol Ciencias Sociales y Económicas

El miércoles 9 enero de 1918 el economista Luis Olariaga (n.1885) , responsable de la sección Ciencias Sociales y Económicas, abordó el problema de la regulación del derecho de huelga en España a propósito de las gestiones que estaba haciendo la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España para readmitir a los centenares de trabajadores que había despedido a propósito de la huelga general que había tenido lugar en agosto de 1917.

El Sol Historia y Geografía

En la sección Historia y Geografía del jueves 10 de enero 1918 aparecían dos amplias colaboraciones. Una del catedrático de Agricultura del Instituto General y Técnico de Guadalajara Juan Dantín Cereceda (n.1881), que ocupa un lugar destacado en el diccionario on line JAEeduca, que estamos elaborando (ver aquí). Su contribución se titulaba “El relieve de España. Estado actual de la carta topográfica de España”. En ella este renovador de los estudios geográficos prestó atención al estado en el que se encontraba la elaboración de la carta topográfica de España.

Informó entonces a sus lectores de la labor desempeñada por el Instituto Geográfico y Estadístico que se hallaba en ese momento “en una fase de gran actividad”. Destacó al respecto los notables trabajos que estaba realizando el ingeniero José María Torroja Miret (n.1884) quien estaba levantando el relieve de la sierra de Guadarrama y de otras partes del sistema central divisorio -según denominación del propio Dantín- mediante el método fotoestereoscópico, basado en el estereoautógrafo. Este invento hecho en 1912 por el capitán austríaco von Orel permitía el trazado automático de las isohipsas y líneas notables del terreno reproducido en fotografías estereoscópicas. De él había informado el propio José María Torroja en “Notas sobre el método fotográfico estereoscópico”, publicadas por Asociación Española para el progreso de las ciencias. Congreso de Madrid (celebrado en 1913), Tomo IX, 1916, y previamente en 1913 en el Institut d’Estudis Catalans. (ver aquí).

También aludió a la labor del servicio geográfico que financiaba la Diputación de Barcelona para levantar, en curvas de nivel, el mapa topográfico de Cataluña, de la que tuvo noticia por el tomo publicado hace muy poco por el Consell de Pedagogia de la Mancomunidad Catalana, “en el que se detallan sus numerosos y ricamente dotados centros de investigación y de cultura”. Y al “excelente mapa del Imperio de Marruecos” que había levantado también en curvas de nivel el Estado Mayor del Ejército, estudiado recientemente por Luis Urteaga.

marruecos

Por su parte, el responsable de la sección, el polígrafo mexicano Alfonso Reyes (n.1889) dedicaba su colaboración “La América de Chateaubriand” a exponer cómo “a partir del descubrimiento la idea americana ha sido para la mentalidad de Europa una positiva idea fuerza”, habiendo alimentado una literatura de sueños políticos o utopías, impulsando aventuras como la emprendida por los pasajeros del Mayflower, u obras literarias. Entre ellas ocupaba un lugar destacado la producción de Chateaubriand pues a través de su prisma habían contemplado a América los europeos de la primera mitad del siglo XIX. Alfonso Reyes, inspirándose en la obra Etudes critiques de Bédier de 1903, -accesible aquí- subrayaba cómo el viaje de Chateaubriand por tierras americanas, a partir de su desembarco en 1791, además de ser un viaje sentimental tenía propósitos científicos. Y no me privo de transcribir su argumentación: “Ultimo historiador del llamado ´hombre de la naturaleza´, Chateaubriand observa las hordas americanas al margen de sus lagos, notando sus varias formas de gobierno; arqueólogo, explora las salvajes ruinas del Scioto; filósofo, conversa, bajo los árboles del Erie, con los sofistas de la cabaña; naturalista, recoge para el señor de Malesherbes descripciones de la fauna y la flora del Canada; viajero, aspira al descubrimiento del mundo polar”. Pero a renglón seguido Reyes se plantea la cuestión, siguiendo una amplia tradición crítica, de discernir lo que había de cierto y de imaginario en los viajes de Chateaubriand para dar luz “sobre los procedimientos literarios del gran viajero, sobre su psicología de escritor, sobre los problemas de la creación estética”. Y entonces realiza una disección sobre las principales obras americanistas de Chateuabriand, particularmente Atalapara concluir que tanto en su viaje como en su obra se inspiró en otros autores y textos a los que refundió como fueron las obras de los jesuitas Lafitau y Charlevoix, quienes a su vez también fueron compiladores de otros viajeros precedentes.

La información de esta sección finalizaba con las noticias ofrecidas en la sección Libros y Revistas. En ella se presentaron, entre otros trabajos: el primer número de la Revista Histórica impulsada por recién creada Facultad de Historia de la Universidad de Valladolid; la edición realizada por el historiador Galo Sánchez  (n. 1892) en la Revue Hispanique de la autobiografía de Santiago González Mateo, en la que se ofrecía un friso lleno de detalles sobre las postrimerías de la España del Antiguo Régimen a finales del siglo XVIII y el trabajo que dedicase en el Boletin de la Real Academia de la Historia el bilbaíno marqués de Laurencín –Francisco Rafael de Uhagón (n.1858)- a la personalidad de ese singular autor gaditano que fue Mariano Pardo de Figueroa (n.1828), más conocido por su seudónimo de doctor Thebussen.

El Sol Ingeniería y ArquitecturaEl viernes 11 de enero de 1918 el ingeniero Federico de la Fuente, responsable de la sección Ingenieria y Arquitectura, firmaba un largo artículo “La fabricación del gas. Del extractor al gasómetro”, continuación del que había publicado la semana anterior en esa misma sección. Los dos estaban relacionados con los problemas que estaba teniendo el funcionamiento de la madrileña fábrica del gas.

En esa ocasión su objetivo era ofrecer detalles del camino que seguía el gas para que, una vez purificado, estuviese en disposición de ser entregado al consumo en el gasómetro. En ese tránsito cumplían una importante función los aparatos denominados extractores y exhaustores.

Consciente de la complejidad de sus explicaciones técnicas sobre la fabricación y labor de esos “ingeniosos artificios automáticos” este ingeniero temió haber abusado un poco de la tolerancia de sus lectores y para exculparse recurrió al aforismo, que le parecía brutal, de “las bromas, pesadas o no darlas” para justificar que “en la técnica, hay que entrar en algunos detalles o dejar la técnica a un lado”. Y evocó lo que había escuchado a un sargento instructor quien explicó así su función  a los reclutas que hacían su servicio militar en el arma de Ingeniería: “aquí, en Ingeniería, se explica todo; no es como en Infantería, donde no se explica nada”.

El apartado Libros y Revistas de esta sección prestaba atención a 9 artículos publicados en revistas francófonas y anglófonas como: Révue Génerale de l’Electricité, uno sobre las fábricas de electricidad y las Compañías de seguros contra incendios y otro sobre la militarización de los ingenieros electricistas en el Ejército francés;  la Revue Scientifique acerca de los nitratos de Chile; La Nature sobre la organización de los campamentos americanos; The Electrician sobre el desarrollo de la ingeniería en China; Concrets and Constructional Engineering sobre una pocilga de hormigón armado; The Surveyor and municipal and County Engineer sobre el problema de la habitación después de la guerra; y Scientific American sobre los buques de los grandes lagos y la navegación trasatlántica.

El Sol Derecho y Legislación

El sábado 12 de enero de 1918 Fernando de los Ríos (n.1879), responsable de la sección Derecho y Legislación, era el firmante del artículo titulado “Los plenos poderes del Gobierno de Francia durante la guerra”, que continuaba la serie de artículos que estaba dedicando a cómo los gobiernos europeos -Italia, Inglaterra y Suiza ya los había abordado- se estaban enfrentado a la contienda bélica.

En este nuevo artículo este catedrático de Derecho Político de la Universidad de Granada explicaba a sus lectores cómo el pueblo francés era el que había mostrado una mayor desconfianza respecto al poder ejecutivo durante la Gran Guerra no habiéndose promulgado una ley de plenos poderes a diferencia de otros países. Consideraba Fernando de los Ríos que ese recelo tenía sus raíces en las experiencias imperiales napoleónicas y en los excesos autoritarios cometidos por los dos Napelones. De ahí que las normas o principios legales en los que se apoyaba la acción de la autoridad en Francia se encontrase contenida en la ley de Orden público de 9 de agosto de 1849.

Y concluía su análisis señalando cómo desde el inicio de la guerra la lucha en Francia por adecuar el régimen de libertad y democracia con el principio de la necesidad había sido un problema vivo y palpitante que se había intentando resolver mediante la búsqueda de “una fórmula empírica y circunstancial que solucione en cada momento la dificultad planteada”. Con estas consideraciones finales Fernando de los Ríos mostraba su francofilia: “el equilibrio, la armonía, ha sido siempre una musa querida del alma francesa; el siglo XIX desarrolla ese principio de Montesquieu, y hoy lo renueva genialmente el profesor Hauriou“.

La sección de libros y revistas estuvo a cargo de Pablo de Azcárate (n.1890), estrecho colaborador de Fernando de los Ríos en esa sección.

El lector del número correspondiente al domingo 13 enero 1918 tuvo acceso en la Hoja Literaria a colaboraciones de la condesa de Pardo Bazán (n.1851) “La joya del Museo”; de Miguel de Unamuno (n.1864) “Daoiz y Velarde”; de Ramón Pérez de Ayala (1880), que dedicaba su sección de Las Máscaras a “Teatro en serio y teatro poético” y de Enrique Díez-Canedo (n. 1879) quien dedicó sus Apuntes de la semana a los “Almanaques Literarios”, comentando con simpatía el texto -en catalán- del Almanac de La Revista para el año 1918 al considerarlo una “muestra valiosísima del estado de las letras vivas en el antiguo Principado” con abundantes ilustraciones entre las que destacaba las “finísimas viñetas de los meses” de Josep Obiols.

Almanac de La Revista 1918

Y anotaba que mientras las nuevas generaciones catalanas habían hecho revivir la costumbre del almanaque literario en Madrid habían dejado de publicarse preguntándose si era por la idea del tiempo que llevaban consigo “porque el Tiempo engendra el Pasado, ese país, más vasto cada vez, sobre el cual luce, pálido, el sol de la Melancolía”.

También el mismo Díez-Canedo reseñaba, con cierta sorna crítica, la edición que acababa de hacer de la segunda parte de las Novelas ejemplares de Cervantes en la colección de Clásicos Castellanos el académico Francisco Rodríguez Marín  (n. 1855), erudito no bien visto por los filólogos del Centro de Estudios Históricos de la JAE en cuya órbita se encontraba el propio Díez-Canedo.

El Sol Agricultura y Ganaderia

También ese lector pudo acceder en ese ejemplar de El Sol en su sección de “Agricultura y Ganadería” a colaboraciones de Luis de Hoyos Sainz (n.1868), el responsable de esa hoja semanal, y del ingeniero agrónomo Enrique Cremades.

Luis de Hoyos dedicó su artículo sobre la España agrícola a “Los trigales de España”. Ofreció en él un balance pormenorizado de la producción de trigo, cuantificando los cultivos de las principales provincias trigueras, lideradas por Toledo, Valladolid, Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Badajoz, Sevilla y Zaragoza, todas ellas con extensiones superiores a 150.000 hectáreas, según se podía visualizar en el mapa con el que acompañó su estudio. Además ofreció información sobre los trigales de regadío, que con 256.700 hectáreas no pasaban del 6 por 100 del total del cultivo del “cereal rey”.

Luis de Hoyos 13 enero 1918

El artículo se iniciaba con una serie de consideraciones metodológicas que transcribo porque tienen un doble interés: muestran cómo Luis de Hoyos era un firme defensor de considerar a la región natural como un objeto heurístico en investigaciones científicas de diverso tipo y cómo la estadística era una ciencia de moda en la sociedad española de aquel momento, dominada por el poder de los números. Por ejemplo quien visitase el Ayuntamiento de Madrid por aquellos días podía contemplar en el antedespacho del alcalde un gráfico mural elaborado por el jefe del Negociado de Estadística municipal Federico Montes,  y por el Oficial del Ayuntamiento Carlos de Diego en el se exponía la mortalidad y natalidad en la ciudad de Madrid durante el último quinquenio, comparadas mensualmente (El Sol, 12 enero 1918, p. 7).

He aqui las reflexiones de Luis de Hoyos con las que iniciaba el mencionado artículo:

Cuando hay pluralidad o variación en las cosas, sólo existe un método racional y eficaz en la investigación de las causas: y aun en la simple ordenación y conocimiento somero de los fenómenos, el método matemático o estadístico es fecundo siempre, aun no pudiendo llegar a utilizarle como proceso de investigación, y habiendo de limitarse a veces, por desconocer las variables de las funciones, a utlizarle como mero procedimiento de exposición. Por eso en estos bocetos de estudio de las cuestiones de más alto interés en Agricultura, las de producción del trigo la emplearemos para averiguar o para exponer al menos el cómo se manifiestan en el total de la nación o en sus unidades provinciales; si bien respecto a éstas hemos de advertir que ni es homogénea ni comparable entre sí tal división política, y que es preciso llegar, para afinar el análisis y evitar graves errores, a tomar en esto, como en todos los fenómenos naturales y sociales, el partido o distrito judicial, ya que con ellos podrán realizarse agrupaciones más útiles para el verdadero concepto de estos estudios, que es la región natural, base precisa de todas las investigaciones, no sólo en Agricultura, sino en todos los fenómenos físico-naturales y sociales.

Por su parte el ingeniero agrónomo Enrique Cremades en la sección Original ajeno dedicó su colaboración “El cultivo del algodón” a explicar con gran detallismo y con “precisión matemática e incontrovertible” la producción de algodón desde 1914 en la colonia agronómica de San Pedro de Alcántara en el litoral malagueño para mostrar la alta rentabilidad obtenida del cultivo de esa planta tan relevante para la industria textil española.

Finalmente el lector del ejemplar correspondiente al lunes 14 de enero de 1918 se encontraba en una página con el elogio del crítico de arte de El Sol Francisco de Alcántara (n.1854) a la labor llevada a cabo por el Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas que ya tenía veinticinco años de existencia. Además Alcántara ofrecía el sumario del último número del Boletín –el de 1 de septiembre de 1917 (ver aquí el ejemplar)- fijando su atención en la Cartilla excursionista dedicada a Avila que publicaba en él el historiador del arte Elías Tormo (n.1869), vinculado al Centro de Estudios Históricos de la JAE, “a causa de su carácter popular” y por la abundancia de excursionistas madrileños que en todas las estaciones se encaminaban a esa ciudad castellana, especialmente escolares, como los alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, los del Centro Escolar de la Residencia de Estudiantes, de algunos centros municipales y de la Universidad.

Avila Elias Tormo

 

Poco después el lector de El Sol recibía información sobre los preparativos  del Primer Congreso Nacional de Medicina que se iba  a celebrar en Madrid en abril de 1918 en el que se pensaba crear la Asociación Médica Española o sobre una serie de proyecciones de películas norteamericanas de gran interés científico, agrícola e industrial que se estaban proyectando en el anexo del Círculo Francés, antiguo teatro de Benavente, instando el gacetillero a que los obreros y los alumnos de la escuela de Ingeniería de Minas asistiesen a tales proyecciones que mostraban los adelantos modernos de la ciencia, relacionada particularmente con la industria del carbón.

También se publicó el amplio artículo enviado desde Cáceres por un tal Alberto Muñoz con el título de “Por la España desolada. La región de las Hurdes. Depauperación española” con información de interés sobre esa deprimida región extremeña, cuyas carencias educativas eran notables, por lo que el autor del artículo solicitaba al Director general de primera enseñanza el farmacéutico y naturalista Marcelo Rivas Mateos (n. 1875),  extremeño, que interviniese para solucionarlas.

El Sol Pedagogía e Instrucción Pública

Y en la sección Pedagogía e Instrucción Pública tenía acceso a un amplio artículo del responsable de la sección, el pedagogo Lorenzo Luzuriaga (n.1889), sobre “Las bibliotecas públicas”, o a diversas noticias de cómo afectaba la guerra al sistema universitario en Francia o a iniciativas educativas adoptadas por combatientes canadienses o a prisioneros ingleses en campos de concentración alemanes.

El artículo de  Lorenzo Luzuriaga era expresivo de “los aires de crítica y de reconstrucción que corren por toda la superficie del pueblo español”. Construyó su artículo este notable pedagogog al hilo de una decisión tomada en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que presidía el catalán Felipe Rodés (n.1878), por su segundo, el subsecretario José Martínez Ruiz, más conocido como Azorín (n.1873). En efecto este escritor que también hacía de político en esas fechas rechazó un acuerdo, poco honesto, tomado por la Junta Superior de Archivos y Bibliotecas, y esa circunstancia la aprovechó Luzuriaga para ejercer una crítica demoledora del funcionamiento de las bibliotecas oficiales, en cuya desorganización constataba la divisoria creciente entre la España oficial y la España vital, “entre la España que  se está cayendo y la que empieza a adquirir consistencia”. Su juicio sobre esa desorganización era contundente: “Mientras el público pide cada día más y mejores obras para leer, en tanto que el impulso por el perfeccionamiento de la cultura popular y profesional va constantemente en aumento, las bibliotecas públicas permanecen en las misma situación que las dejó el siglo XVIII, oponiendo a aquel impulso saludable la poderosa resistencia de su completa inmovilidad”.

Esa situación se debía a múltiples factores: falta de consigaciones en los Presupuestos para la compra de libros, pero también una errónea distribución de los recursos, pues los gastos en personal eran desproporcionados, como se estaba denunciando en el semanario España cuya información resumía Luzuriaga. De modo que si las diversas secciones de la biblioteca de la Universidad de Madrid le costaban al Estado en personal 157.250  pesetas, en cambio para la compra de libros y material de oficina la cantidad asignada era de 4 mi pesetas; o bien si las partidas de los Presupuestos para material de archivos, bibliotecas  y museos había aumentado desde 1900 en 178.650 pesetas para toda la red estatal, las del personal correspondiente se había incrementado en 615.974 ptas. Y además los gastos en libros se hacían o sin orden y concierto o por motivos espurios como Luzuriaga mostraba atendiendo a los criterios seguidos en las compras realizadas en 1917 con destino a las bibliotecas populares. En su opinión esas compras habían tendido a “recompensar un servicio  o una fiel amistad o parar un posible ataque en la Prensa o en el Parlamento”.

Esa sección se cerraba con la reseña o extracto de diversos libros y artículos de revistas entre los que destacaba el que acababa de publicar un omnipresente Miguel de Unamuno “Sobre el clasificacionismo en la enseñanza” en el Boletín Escolar, (accesible aquí),  una publicación que había fundado Lorenzo Luzuriaga en 1917. En él Unamuno, quien fechaba su texto el 1 de enero de 1918, realizaba una acre crítica al Epítome de Gramática Castellana de la Academia Española destinado a la enseñanza primaria, pues en su opinión no sólo estaba lleno de disparates sino que estaba afectado de “clasificacionismo”, es decir de la manía de clasificar por clasificar, sin fin ulterior. Y se preguntaba Unamuno: ¿Qué aprende el niño, por ejemplo, con saber que a unos vocablos se les llama substantivos y a otros adjetivos, o que tal otro es “pluscuamperfecto”. La respuesta era obvia: fundamentalmente nada; nada más que palabras. E iba explicando los dislates que la aplicación de esa manía producían en la enseñanza de diversas materias escolares como el catecismo, la geografía, la geometría, donde “se insiste en el disparate de que las líneas pueden ser rectas, quebradas o curvas, sin saber sus leyes genéticas”, la historia de España y la Historia Natural en la que “el clasificacionismo llega al delirio”.

Además Unamuno arremetía contra la pedagogía manjoniana porque al Sr. Manjón (n.1846) se le había ocurrido enseñar esas cosas aplicándolas a los juegos “sin ver que jugando los niños aprenden las mismas vaciedades que aprendían sin jugar”. De manera que “no quieren entender los maestros que en pedagogía lo que importa es lo que se ha de enseñar y no cómo se ha de enseñarlo, y que enseñar jugando puede parar en jugar a que se enseña”.

También criticaba el llamado ejercicio de análisis gramatical en las oposiciones a escuelas, y pedía al director general de Primera Enseñanza, el ya mencionado Marcelo Rivas Mateos, a quien dedicaba el artículo que lo suprimiese, “pues la ciencia no consiste en catalogar el universo -y además mal- para devolvérselo a Dios en orden, numerado y alfabetizado”. La alternativa que proponía Unamuno como ejercicio era que los opositores escribiesen un cuento o una leyenda pues así se podría apreciar si conocían bien su lengua y la empleaban correctamente. Y concluía sentenciosamente: “Hay que acabar con el clasificacionismo: algo de filosofía no vendría mal para ello”.